Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 26
— Cásate conmigo. — Peeta sigue de rodillas, frente a mí, me observa a los ojos y en su— Cásate conmigo. — Peeta sigue de rodillas, frente a mí, me observa a los ojos y en su mirada veo amor, pero al mismo tiempo miedo. ¿Miedo a qué?
— Peeta… — Balbuceó.
— En serio Katniss, cásate conmigo. — Repite, pero ahora ya hay más seriedad.
— No estoy para bromas. — Respondo cansada y frustrada.
Se pone de pie y quedamos frente a frente, frunce el ceño y se enoja.
— ¿Acaso ves que me rio Katniss?
— ¿No estarás hablando en serio? — Suelto una risita y él se enoja más.
— ¿Por qué te ríes? — Bien ahora si se ha enojado.
— Peeta. — Suelto un suspiro y busco ayuda divina. — Apenas nos conocemos. ¿Me pides eso porque quieres asegurarte que te obedezca en todo, pero ahora como mi marido?
— No, desde luego que no. — Relaja un poco la mandíbula. — Pero Katniss, piénsalo. Si te casas conmigo, ya no te sentirás culpable porque haya pagado seguridad para tu familia.
— No es solo eso. — Me exaspero. — Una vez te dije que yo me hice a la idea de no casarme, estaba cambiando de opinión de formar una familia contigo, pero después de saber lo que hiciste a mis espaldas, no estoy tan segura de seguir con esa idea, no quisiera que mi marido me oculte cosas y haga cosas a mis espaldas.
— Pero lo hice para que te sintieras segura. — Dice arrepentido.
— Créeme que lo que ahora siento, no es precisamente seguridad. — Digo sarcástica.
Se desespera más y se pasa las manos por el cabello.
— ¿Cómo crees que me siento yo? — Pregunta haciendo un esfuerzo por no explotar. — Te he tenido mucha paciencia Kat. Reconozco que te engatuse para llevarte a la cama y hacerte mía. También soy culpable por el trato que teníamos, pero no toda la culpa es mía. Tú accediste por voluntad propia. Fuiste tú la que tenías el poder de acostarte conmigo o simplemente no hacerlo.
— ¿Me estas llamando puta? — Pregunta asombrada. Realmente no sé a dónde quiere llegar con esto.
— No, lo que quiero decir, es que yo he consecuentico en muchas cosas contigo. Nunca volví a mencionar la cicatriz que tienes en el seno, jamás pregunte por Snow, nunca te obligue a hacer nada y a contarme cosas de tu vida. Y si te acorrale aquella tarde que me dejaste, fue porque estaba desesperado, quería que me abrieras tu corazón como abrías tu cuerpo conmigo. Te deje de decir Schatzy porque eres más que eso, tú te merecías que te dijera de otra manera, eres mi preciosa. Te amo, y tú me amas a mí.
— ¿Ahora me reclamas por no abrirme contigo? — Lo reto.
— Claro que no. Todo lo que hago lo hago por ti. Por ti acepte la cabaña como pago, por ti cambie mi rutina del día, por ti mande arreglar mi armario y colocar tu guardarropa junto al mío y solo por ti comparto mi cama contigo. Pero lo que me exaspera, es que en mi imaginación yo diga: nuestra habitación, nuestra casa, nuestra cocina… y tú no lo hagas, me da miedo que salgas huyendo por esos detalles. — Cierra los ojos y se pasa las manos por el cabello, alborotándolo más. — Esas cosas son insignificantes comparadas por lo que siento por ti, Lo que quiero es que dejes de tener miedo, piénsalo, si te casas conmigo estarás a salvo para siempre.
— ¿Y si no me siento a salvo?
— Te juro que lo estarás. — Me asegura. — Pero quiero que cada vez que te refieras a algo mío, digas que es nuestro y no solo mío. Y si para eso quieres tener una relación seria, casarnos es la única alternativa que tengo.
— Peeta, te amo. Pero no estoy lista para casarme ahora. — Le digo algo más tranquila. — Quiero conocerte mejor. Quiero confiar en ti como hasta hace unos momentos lo hacía.
— Kat, preciosa. — Se acerca a mí pero no me toca, mantiene su distancia y lo agradezco. — Eso lo tenemos. Tú mejor que nadie me conoce, tanto física como emocionalmente, contigo soy un libro abierto y lo sabes. Y si de confianza se trata, me has dejado amárrate, azotarte, jugar con tu cuerpo con cosas que ni siquiera conocías, eso es la confianza. Y si me dejaste hacer con tu cuerpo lo que quería, quiere decir que me tienes la suficiente confianza como para quedar a mi merced.
— No lo sé… — Por una parte tiene razón, pero por otra esta Snow. — Me estas poniendo en una situación muy difícil. Estas tú, Snow y mi familia.
Peeta suelta un suspiro de derrota, mira al cielo y después a mí.
— No sé cómo decírtelo. Pero quiero que estés en mi vida… — Se detiene y busca inspiración divina. — Quiero hijos contigo, quiero una casa enorme con perros corriendo por el jardín. Quiero que en ese sueño estés tú en algún momento. Pero no puedo obligarte a nada. — Se muerde el labio y me acomoda un mechón suelto detrás de la oreja. — Quiero darte tiempo a que estés segura de casarte conmigo, el problema es que no sé cuánto tiempo estoy dispuesto a esperar.
Su respuesta, son como cuchillos en mi corazón, ¿está dispuesto a dejarme con tal de que me sienta a salvo?, no puedo imaginarme una vida sin Peeta, pero tampoco quiero que me obligue a hacer cosas que no estoy dispuesta a cambiar. Peeta se sienta a mi lado y mira hacia el ventanal. No puedo creer que esté dispuesto a dejarme si no me caso con él. Necesito pensar, necesito estar sola, alejada de él.
Me pongo de pie, Peeta me observa, pero no me sigue cuando salgo de la habitación, escaleras arriba llegó a la habitación por la que pagaba tres orgasmos diarios. Me coloco en el centro y mi mente comienza a trabajar a mil por hora.
Casarme con Peeta. Por un lado tiene razón, lo amo y en mi mente empezaba a aparecer la idea de estar con él toda la vida. Pero por otra parte, son esos arranques de gran señor todo poderoso lo que me molesta. Eso me lleva a la primera vez que lo conocí, en la junta en Empresas Mellark, sentí varias cosas cuando lo vi, me impresione por su galanura, intento intimidarme, pero nunca podré olvidar su cara de ogro. Todo pensamiento desapareció en cuanto lo conocí, me gusta estar con él, pero me asusta que por llevar a cabo mi felicidad otros paguen las consecuencias.
Casarme con Peeta. Es una salida fácil a los problemas que enfrento hoy en día, pero no quiero perderlo. Por una parte si me caso con él, Snow sabrá de mi relación con él y podría… ni siquiera quiero pensarlo, pero Peeta quiere casarse, y aunque no lo dijo con palabras, no está muy dispuesto a esperar demasiado.
Casarme con Peeta. Él ha hecho que mis pesadillas no aparezcan más. Desde que estoy con él, duermo la noche completa sin problemas. Ha logrado lo que años de terapia no habían hecho jamás. Es mi atrapa pesadillas, no necesito, lo amo y no quiero estar alejada de él nunca.
Casarme con Peeta. De las dos maneras lo perderé. Todo esto sería más fácil de hacer si Snow no existiera. Solo hay una forma de ser feliz, y es que Snow desaparezca. Pero, ¿Sera posible deshacerme de él?
Casarme con Peeta… Casarme con Peeta… Casarme con Peeta…
Le doy vueltas a todo este asunto y un dolor insoportable se apodera de mi cabeza, me hago un ovillo en la cama y cierro los ojos. Me hundo en un profundo sueño y me quedo dormida.
Siento como soy levantada de la cama, como bajan las escaleras conmigo en brazos y como me depositan en la cama. Por más que intento abrir los ojos y despertarme no puedo. Estoy cansada física y emocionalmente. Pero siento las fuertes manos de Peeta, quitarme los zapatos, quitarme los jeans, abrirme la camisa y quitármela, desabrochar el sujetador y deshacerse de este. Cuando me siento desnuda siento como me ponen una camiseta y me cobijan con el edredón. De inmediato la esencia de Peeta inunda mis fosas nasales y me siento segura.
Peeta se acuesta a mi lado y me atrae hacia él, deposita un beso en mi frente y me abraza. Yo hago lo mismo y beso el desnudo pecho de mi novio.
— ¿No estabas enojado? — Susurro.
— Tuve una pesadilla. — Dice serio y es cuando abro los ojos y miro el miedo en su mirada.
— ¿Sirve de algo que me digas con que soñaste? — Pregunto con cautela. Me regala una fugaz sonrisa y me abraza más fuerte.
— Siempre que no duermo contigo tengo pesadillas. Y siempre es la misma. — Se detiene y me acaricia la mejilla. No dice nada y lo aliento a seguir. — Mis pesadillas son sobre perderte. De mil maneras. Despierto asustado y cuando no te veo me asusto más. Desde que estamos juntos cambiaste mi lugar por el de mi madre.
— ¿Quieres decir que antes soñabas son perder a tu madre? — Me sorprendo.
— Si, antes de que te conociera, era mi madre a la que perdió, después llegaste a mi vida y ahora es a ti a la que pierdo en sueños. — Me observa con amor. — Pero después recuerdo que eres tú la que me abraza, la que está a mi lado y descansa mi alma.
— ¿Quieres decir que ahora duermes más que antes?
— Si, desde que llegaste me cambiaste la vida. — Respira profundamente y nos observamos el uno al otro, no hay nada sexual en esto, solo nos observamos y nos abrazamos hasta que Peeta vuelve a hablar. — Cuéntame tu sueño más loco.
— ¿Sueño más loco? — ¿En serio este hombre podría estar más loco?
— Si, cualquier tontería que soñabas de niña y que ahora es una locura. — Ríe. Ah, quiere reír. Me uno a su sonrisa y algo se viene a mi mente.
— No es precisamente un suelo loco, pero, cuando era niña vivía un vecino que tenía un coche de lujo, Mercedes para ser exactos. Siempre escuchaba a mi padre decir: "Cuando sea rico y tenga dinero me voy a comprar un coche como ese", después de tanto escuchar, la pequeña Katniss repetía las mismas palabras de su padre. Siempre decía que me iba a comprar un Mercedes Benz SL. Mi madre siempre nos reñía y nos decía que dejáramos de soñar despiertos y que dejáramos atrás ese sueño loco. Mi padre nunca lo hizo, ese siempre fue su sueño loco, pero yo si deje de hacerlo, justo en el momento que mi padre murió, deje ese sueño loco y me dedique a sobrevivir y cuidar de mi misma.
— No es tan loco después de todo. — Dice Peeta muy serio.
— ¿Por qué lo dices? — Loa brazo y paso una de mis piernas sobre su abdomen.
— ¿Todavía tienes ese sueño loco?
— ¿Quién no quisiera tener un coche de lujo? — Pregunto incrédula y Peeta me sonríe.
— Cierto. Entonces tu padre tenía un gusto excelente en coches.
— Además de caro.
— Sip, son muy caros. Algunos. El que tu quiere por ejemplo ronda en los…
— Ya se lo que cuesta. — Lo reprendo y suelto un gran bostezo, Peeta se ríe y me abraza más si es posible.
— Duerme preciosa. Mañana será una semana nueva.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Como últimamente lo he hecho, despierto y de inmediato voy al cuarto de baño, vacío mi estómago y me lamento. Peeta está sujetándome el cabello y me mira preocupado.
— Katniss, esto ya no es normal. Deberías de ver a un médico. — Dice con cautela.
— Estoy bien, es por el estrés. — Le suelto mientras frunce el ceño.
— Señorita, no intentes hacerte la fuerte. — Suena enojado mientras me sienta en el lavabo doble.
— Te juro que es el estrés. — Gimoteó en un intento de huir de su mirada.
— Estrés mis pelotas. Si para el día de hoy no consigues una cita para ver a un médico, te juro que te llevare a rastras a ver uno.
— Peeta… — Lloriqueo pero no vale la pena, cuando algo se propone, lo cumple hasta lograrlo.
— Solo el día de hoy. — Dice muy serio mientras se aleja de mí y se desnuda para meterse a la ducha.
Me bajo del lavabo y me quito la camiseta y las bragas, me meto a la ducha con él y lo abrazo.
— No intentes persuadirme con mimos preciosa. Llevas días enferma. — Dice colocándome shampoo para lavarme el cabello.
— Estoy bien. — Insisto.
— Katniss… — Utiliza su voz de No lo intentes señorita y cedo.
— Esta bien, en cuanto la tenga te llamaré. — Sonríe mientras masajea mi cabello, lo enjuaga y me coloca contra la pared.
— Así me gusta señorita. — Sonríe y me carga contra la pared dejándome sentir su erección en toda la gloria. Me humedezco de inmediato y comienzo a gemir cuando sus curiosos dedos juguetean en mi entrada. — Hace mucho que no estoy dentro de ti.
Y de una sola estocada me penetra. Hacemos el amor en la ducha hasta saciarnos.
Llego veinte minutos tarde, todo por culpa de las actividades de Peeta en la ducha. Gale me está esperando en mi lugar con cara de pocos amigos. Pero la cambia de inmediato en cuanto me ve.
— ¿Estas bien? — Pregunta preocupado.
— ¿Porque lo dices? — Me acomodo en mi lugar y comienzo a revisar mi correo.
— Estas demacrada, muy delgada, pero por tu sonrisa deduzco por que llegaste tarde. — Sonríe pícaramente y me sonrojo. — Tenía razón, echaste un rapidin en la ducha si no me equivoco.
— ¡Gale! — Grito mientras mi rostro se vuelve escarlata.
— Tienes cara de eso Katnip. — Por cierto tenemos varias juntas durante el día, así que mueve tu precioso culo a la sala de juntas, tenemos una reunión en media hora.
— No me digas precioso culo. — Me sonrojo, de nuevo.
— ¿Porque? — Pregunta extrañado, pero cuando ve mi sonrojo vuelve a sonreír malévolamente. — ¿Así te dice Mellark?
— ¡Gale! — Vuelvo a gritar.
— Esta bien, por ahora lo dejo.
Durante la mañana nos pasamos de junta en junta, salimos a medio día y muero de hambre, beber solo un té y galletas no sirve de nada si tienes que estar activa durante el día.
Gale y yo decidimos ir a comer. Elegimos un restaurante de sushi y nos disponemos a atacarlo en cuanto nos lo sirven.
Como siempre, tengo una guerra con los palitos y termino comiendo con la mano, Gale se parte de risa y me observa con cariño.
— Y, ¿Cómo vas con Mellark? — Pregunta de repente. Suelto un suspiro y Gale pone mala cara — Huy, ¿no te hace feliz?, ¿No te satisface? — Pongo los ojos en blanco, Gale jamás deja de pensar en sexo y jamás lo hará.
— Ayer me dijo la palabra con M. — Digo preocupada.
— ¿Mamada? — Pregunta Gale mientras escupo mi pedazo de sushi.
— Gale, deja de pensar en sexo por dos minutos. — Gale me palmea la espalda y contiene una carcajada.
— Lo siento. Continua.
— No dijo esa palabra, dijo matrimonio.
Gale se queda sin habla, él sabe de sobra lo que el matrimonio significa para mí.
— ¿Y?...
— Pues nada. — Suspiro. — Me dijo que lo pensara, o al menos así entendí. Pero él quiere, hijos, esposa, una casa con jardín y dos perros corriendo.
— Ya la tiene planeada. — Responde Gale sarcástico.
— Eso no me preocupa. Me dijo que no estaba dispuesto a esperar mucho tiempo.
— ¿Y qué piensas hacer?, aunque déjame decirte que desde que estas con Peeta se te ve más feliz, plena y segura de ti misma, ese hombre te cambio para bien.
— Lo sé, pero no me quiero casar por agradecimiento. Quisiera casarme estando enamorada. Se supone que por eso se casa la gente. — Tomo mi cabello y comienzo a enredar los dedos por este.
— Si, pero ¿eso significa que no estas enamorada de Mellark? — Pregunta confuso.
— Lo estoy, amo a Peeta, pero lo que hizo ayer no tiene nombre.
— ¿Qué hizo? — Pregunta mi amigo mientras se mete otro trozo de sushi en la boca.
— Le dio a Prim una beca de una fundación privada y contrato seguridad privada para mi madre y Prim.
Gale mastica, pero su rostro no refleja sorpresa. Cuando traga abre la boca.
— ¿Y por eso no te quieres casar? — Coloca los codos sobre la mesa y me estudia.
— Lo hizo a mis espaldas Gale, no me pregunto si quería hacerlo o no.
— Eso no es excusa Katnip. Ese hombre está loco por ti, bajaría al mismo infierno si se lo pidieras. Y entiendo que haya actuado a tus espaldas, eres muy orgullosa, nunca hubieras accedido si te lo hubiese preguntado, ¿Cierto? — Levanta una ceja interrogativa y asiento con la cabeza. — ¿Lo ves?, tienes que dejarte ayudar por él Katnip, si él te ofrece todo eso, qué más da que lo aceptes. Eres feliz con él, lo veo en tu mirada. Jamás te había visto así.
— Todo suena maravilloso, pero olvidas algo muy insignificante Gale. — Sonrió sarcástica.
— Ese imbécil no ha hecho aparición hasta el momento. Además tiene prohibido entrar a Chicago por lo que sabemos.
— ¿Y qué tal si no es así Gale? A lo mejor está más cerca de lo que pensamos.
— ¿Te ha llegado algo? — Gale es como un adivino.
— A mí no, pero a Prim sí. Llego antes de que dejara a Peeta, cuando estuve viviendo contigo. — Sueno desesperada, quiero que lo entienda.
— ¿Y qué hizo? — Abro la boca y freno en seco. — ¿Lo ves?, ese hombre solo intenta asustarte, y si Peeta contrato seguridad para tu familia es porque le importas y quiere que estés tranquila. — Gale me toma de ambas manos y me observa con cariño. — Katniss, regálate esto. Regálate la felicidad que mereces, y deja que el mundo se ahogue en su propia miseria.
— Quizás tenga razón. — Viéndolo por ese lado, quizás Gale tenga razón.
— La tengo cariño. — Toma de nuevo sus palillos y comienza a comer. — Y ahora termínate eso. No querrás que Peeta tenga sexo con un esqueleto.
Le saco la lengua y me dispongo a comer de nuevo.
Justo cuando salimos del restaurante recibo un correo de Peeta.
De: Peeta Mellark
Asunto: Tic Toc.
Fecha: 13 Abril 2015 14: 35
Para: Katniss Everdeen
Señorita Everdeen, quisiera pensar que ya consiguió la cita con el médico y ha olvidado decirme. De lo contrario me veré obligado a utilizar mis influencias y te sacaré mañana de tu trabajo para que te revise un médico.
Te Amo
Peeta Mellark
Presidente, Empresas Mellark.
De: Katniss Everdeen
Asunto: RE: Tic Toc.
Fecha: 13 Abril 2015 14: 41
Para: Peeta Mellark
Señor Mellark, le recuerdo que tengo que trabajar, no he tenido el tiempo para concertar una cita. Pero como no estoy dispuesta a que te aparezcas en mi oficina, te juro que al llegar llamare a mi médico de cabecera.
También te amo, K.E.
Mi sonrisa estúpida hace que Gale ponga los ojos en blanco y murmure "amor".
De: Peeta Mellark
Asunto: Triste Tic Toc.
Fecha: 13 Abril 2015 14: 49
Para: Katniss Everdeen
Hubiera sido divertido que todos vieran que eres mi novia. Además te hubiera castigado con sexo por desobedecerme y no concretar una cita de inmediato.
De igual manera me alegra saber que me harás caso, ¿ves lo bien que lo podemos pasar? ;)
Te Amo más que hace unos minutos
Peeta Mellark
Presidente, Empresas Mellark.
De inmediato siento mis bragas humedecerse. Me gusta el sexo con castigo.
De: Katniss Everdeen
Asunto: RE: Triste Tic Toc.
Fecha: 13 Abril 2015 15: 03
Para: Peeta Mellark
Puedes olvidar la diversión en la oficina y centrarte en castigarme en la intimidad de nuestra habitación. Me gusta la idea del castigo con sexo. ;)
También te amo, K.E.
P.S. ¿Eso significa que tendremos sexo salvaje?
De: Peeta Mellark
Asunto: Novio contento
Fecha: 13 Abril 2015 15: 11
Para: Katniss Everdeen
Me gusta mucho que hayas utilizado el término de "nuestra habitación", no sabes la sonrisa estúpida que tengo en el rostro. Y si mi preciosa novia quiere que la castigue con sexo duro, tendrá el castigo con sexo duro que ella quiera.
Te amo preciosa. Nunca lo olvides.
Peeta Mellark
Entusiasmado y más enamorado que nunca Presidente, Empresas Mellark.
No me di cuenta de mi error, pero después de hablar con Gale me agrado la idea de regalarme mi propia felicidad, tal vez la locura de Peeta no sea tan descabellada. No le contesto porque hemos llegado a las oficinas.
Solo llegar tengo a mi secretaria personal tratando de comunicarme con el hospital Rue. Es curioso que tenga el mismo nombre de la amiga de Prim. Mi secretaria me informa que la Dra. Alma Coin ha estado tratando de comunicarse conmigo durante todo el día.
— ¿Alma Coin? — Pregunto extrañada. — Pero mi doctor es el Dr. Tresh.
— Alma Coin es la directora del hospital y me dijo que en cuanto la localizara la comunicara con ella. — Dice una pálida joven.
— Este bien. Comunícamela.
Un minuto, ella es doctora, eso quiere decir que puedo concertar una cita con ella. Bingo. Esta doctora me salvara el culo.
En minutos tengo a la doctora Coin al teléfono.
— ¿Señorita Everdeen? — Una voz tranquila y serena es lo que escucho al otro lado de la línea.
— Sí, soy yo. — La doctora suelta un suspiro y me extraño.
— Me alegra encontrarla. He tratado de comunicarme con usted durante todo el día. Permítame presentarme. Soy la Dra. Alma Coin, directora general del Hospital Rue.
— Mucho gusto. — Me quedo callada y no sé cómo continuar. — Bien, ya me contacto. — Empiezo a juguetear con el lápiz que tengo a la mano. — ¿Qué se le ofrece?
— Quisiera hablar con usted. Frente a frente. ¿Cree que pueda venir hoy? — Repasó mi agenda digital y la tengo saturada de juntas. Y ni loca me pienso perder mi cita de sexo salvaje con Peeta. Después de lo de ayer, mi cuerpo necesita acción el día de hoy. Lo de la mañana no fue nada.
— Lo siento, pero hoy no puede ser. El día de hoy me es imposible, pero si usted puede recibirme tengo un hueco a las cuatro de la tarde el día de mañana. ¿Cree que pueda atenderme?
— Si, a esa hora es perfecta. — La doctora suena desesperada por complacerme y me extraño.
— ¿Para qué me quiere ver?
— Es simplemente una entrevista que tendré con usted.
— No sabía que teníamos ese servicio. — Trato de no sonar sarcástica pero me es imposible.
— No lo tenemos con todos, solo con los preferentes.
— ¿Y soy preferente?
— En este momento sí. — Suelta un suspiro casi imperceptible y continua. — ¿La perece bien que hablemos mañana?
— Por supuesto. — Digo en automático y de inmediato recuerdo a Peeta. — Por cierto, estando ya en un hospital, ¿podrá atender unas molestias que tengo?, mi novio insiste en que vea un médico.
— Claro, estaré encantada de atenderla.
— Gracias.
— A usted señorita Everdeen, nos vemos mañana.
— Claro.
Dicho lo ultimo, se escucha como se corta la línea y frunzo el ceño. Que yo sepa los doctores no te hablan para concertar una cita contigo, sino todo lo contrario. De igual manera, es una doctora, y Peeta quería que me viera un médico.
De: Katniss Everdeen
Asunto: Misión cumplida.
Fecha: 13 Abril 2015 15: 53
Para: Peeta Mellark
Te agradara saber que he concertado una cita con un médico en el hospital Rue mañana a las cuatro de la tarde.
Te amo, tu Preciosa.
P.S. Como quiera quiero sexo salvaje
De: Peeta Mellark
Asunto: RE: Misión cumplida.
Fecha: 13 Abril 2015 16: 01
Para: Katniss Everdeen
¿Ves lo fácil que es obedecerme?, me alegra saberlo. No me he olvidado de nuestro acuerdo y te prometo que no podrás levantarte mañana
Te amo preciosa.
Peeta Mellark
Ansioso Presidente, Empresas Mellark.
¿No podré levantarme mañana?, esto promete y mucho.
El resto del día continúo en juntas y haciendo papelería de mis clientes, presto especial atención al proyecto de mi novio y veo que va viento en popa.
Cinna me recoge e la hora de mi salida y me despido ansiosa por llegar a casa.
Al llegar a Torre León, Peeta me espera en la isla de la cocina con la cena lista. Como siempre Sae se luce con la comida, y es que los camarones marinados con ensalada están deliciosos.
Los camarones me recuerdan lo buen afrodisiacos que son y observo a Peeta con los ojos entrecerrados.
— ¿Ordenaste camarones por algo en específico? — Sonríe y estira una mano.
Me acerco a él y lo beso con necesidad, enredamos nuestras lengua y gimo cuando siento su erección chocar contra mi vientre.
— ¿Esto responde a tu pregunta? — Dice con la voz entrecortada. — Yo no necesito afrodisiacos contigo preciosa.
Me ayuda a sentarme en el taburete y me ordena comer. Comemos en silencio mientras ambos nos lanzamos miradas de lujuria pura. Termino lo más rápido que puedo mi comida y Peeta sonríe de medio lado.
— ¿Ansiosa? — Coloca una mano sobre mi rodilla y el calor de esta me hace jadear. Lo necesito. Ahora.
— Mucho. — Confieso.
Peeta se coloca frente a mí y me toma de la barbilla.
— Ayer dijiste que querías que confiáramos el uno en el otro. — Toma mi mano y besa el dorso cual caballero andante. — Hoy quiero hacerte cosas muy intensas. ¿Estas dispuesta?
— Sí. — Respondo sin pensar. Mi novio sonríe maliciosamente y me ayuda a bajar.
— Bien creo que tengo que cumplir mi palabra. — Me toma de la mano y comenzamos a caminar a… nuestra habitación. — Ven te quiero en nuestra cama, desnuda y ahora.
Capítulo Intrigoso. O eso espero. No quiero adelantar nada, pero en el siguiente capitulo la relación de nuestros queridos Peeta y Katniss se vuelve... ¿Interesante?, en fin, espero no quieran matarme cuando lean el siguiente capitulo.
Quiero agradecer a todas las personas que se dan el tiempo de leer la historia, últimamente han subido bastante los números y me alegra.
Saludos!
Como siempre espero sus reviews!
