Capítulo veinticinco – Jeremy
Jeremy escuchó toda la conversación de su hermana con Bonnie. No había podido evitarlo por culpa de su oído demasiado agudo, pero en esos momentos se alegraba de ser un vampiro y haberlo escuchado.
Se quedó encerrado en su habitación, como llevaba desde hacía días, y pensó.
Por supuesto, no iba a dejar que su hermana se enfrentara sola al peligro que Katherine suponía. No sabía mucho sobre ella, pero sí que Damon se había asustado cuando él se lo contó. Para que alguien asustara a Damon tenía que ser peligroso.
Después de leer el diario de Elena, Jeremy había descubierto los poderes de Bonnie. Pero... ¿Rick?
Un grito en la habitación contigua le hizo estremecer. Jeremy corrió a la velocidad de la luz y entró en su habitación. Un cuarto de segundo más tarde estaba a su lado en la cama. Suspiró al ver que Elena sólo había tenido un mal sueño.
Elena le miró con los ojos muy abiertos y cara de terror.
- ¿Je-Jer?
Jeremy asintió, dispuesto a contárselo todo. Elena, aún algo asustada, le hizo un hueco en la cama para que se sentara.
Y se lo contó todo. Fue tan liberador poder expresar las palabras, poder quitar alguna barrera entre él y su hermana. Aún no la había perdonado por lo de Vicky, pero era su hermana e iba a protegerla costara lo que costara.
- Jeremy, no puedes... - le decía ella, cogiendo su mano. Jeremy sintió una presión cálida en su pecho al ver que no le tenía miedo.
- Te protegeré. Se lo debo a Damon.
La cara de Elena cambió por completo ante la mención de ese nombre. Jeremy la miró interrogativamente, y ella se sonrojó y bajó la cabeza.
- ¿Lo sabes? - preguntó Elena en voz baja.
- Ahora sí.
Le sabía mal por Stefan, pero en realidad se alegraba de que fuera Damon. Jeremy sabía que tenía un buen corazón; sólo se empeñaba en disfrazar sus acciones de egoístas para ocultarlo.
Y además, Damon estaba loco por ella. Lo sabía desde que aquella noche apareció en su habitación ofreciéndole el olvido. Él la cuidaría mucho mejor que Stefan.
- Cuéntamelo todo – le pidió él, estirándose al lado de su hermana.
Ella suspiró y comenzó a hablar. Demasiado absorto en acariciar el pelo de su hermana y en escucharla, Jeremy no sintió ningún tipo de necesidad de sangre. Era su hermana, jamás la heriría.
Moriría por ella.
