Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
A mi Miss Swan tata favorita porque la quiero más de lo que ella se imagina, a mis hijas Kath, Valen y Regina Jr, a mi tatita Vero porque es un sol, a mi princesita Gen porque si no me pone falta, a Bego porque me enseña a ser siempre positiva y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma y a esthefybautista.
CAPÍTULO 26 POR TI
Dormía con una sonrisa en el rostro, sus sueños carentes de pesadillas desde que Regina había entrado en su vida, poniéndolo todo patas arriba, obligándola a enfrentarse a sus fantasmas y a desechar sus piedras una a una, Regina, la misma mujer que tras un largo y tortuoso camino le había confesado un sentimiento más grande que ellas mismas, dos palabras, un te quiero, verbalizado, haciendo real las mariposas que atacaban su estómago, dando sentido a cada beso ya sea robado o entregado, a cada tropiezo, cada caída, cada peldaño de esa escalera tan difícil de trepar y tan satisfactoria.
Todo estaba en calma, su vida se iba encauzando gracias a la paciencia y la fortaleza que Regina le regalaba. Las heridas que durante años martirizaron su alma habían sido cauterizadas, su hija había vuelto a ella como un regalo del destino, sus pasos, sus huellas la llevaron a enamorarse perdidamente de aquella que le había regalado un hogar, podían construir una historia nueva, constituir una extraña familia poco a poco, como Regina siempre decía, despacio y sin precipitarse, construyendo los cimientos antes de colocar las tejas, construir algo sólido y fuerte, que no se derrumbe ante la primera piedra.
El pitido de su teléfono la despertó en un instante, era temprano, no acostumbraba a levantarse a esas horas de la mañana mas cogió el aparato, con un ojo medio cerrado, aun luchando contra el sueño y una sonrisa deslumbrante adornó su rostro al leer el destinatario del mensaje, Regina.
Lo abrió con el corazón desbocado, apenas habían hablado desde la cena en su casa, desde que la verdad fue dicha y Kathe descubrió quién era ella en realidad, desde que Regina susurró un te quiero en sus labios justo antes de sellarlos con un beso.
Su mensaje no era largo, un tímido buenos días y por la hora en la que lo envió Emma intuyó que lo hizo entrando en el coche para llevar a Kathe a la escuela. Sin que la sonrisa abandonara su rostro, saltó de la cama y se metió en el baño para arreglarse, tenía al menos media hora para llegar a los estudios donde su morena trabajaba y sorprenderla.
Se vistió con lo primero que encontró y salió de su apartamento sin desayunar, tendría tiempo de hacerlo más tarde, cuando se despidiera de Regina. Su rostro estaba coloreado, de un tono rosado y sus ojos brillaban más vivos que nunca cuando llegó a su destino, ojeando el reloj constató que llegaba justo a tiempo, Regina aun no habría aparecido. Se bajó de su coche y esperó pacientemente, apoyada en una farola, hasta que vio aparecer a la mujer que le robaba el aliento, casi corriendo por miedo a llegar tarde, con sus cabellos despeinados por el viento y danzando por la acera con sus zapatos de tacón.
Regina alzó la mirada y la vio, sonriente, esperándola, deteniéndose en seco puesto que no esperaba para nada encontrar a Emma en la puerta de su trabajo. Se acercó a ella sonriente, con pequeños pasos que resonaban en la acera como la más bella de las sinfonías. Al llegar a su altura, Emma atrapó su rostro entre sus manos y depositó en sus labios un beso, suave y dulce, un beso de buenos días.
-Buenos días Regina
-"¿Qué haces aquí?"
-Recibí tu mensaje
-"Podías haber respondido"
-Me pareció mejor responderte en persona
-"Debo entrar Emma, llego un poco tarde"
-Está bien, solo quería verte
Antes de dejarla ir, tomó sus labios una vez más, sedienta de ella, de cada roce, de cada toque. Regina se dejó envolver por ese beso, dulce y hambriento, correspondiéndolo con ansia durante unos instantes.
Al cortarse el contacto y volver ambas a la realidad, Regina se despidió de ella con una sonrisa y durante unos instantes la joven escritora sujetó su mano impidiéndole marcharse.
-"Emma… Llegaré tarde"
-Te quiero Regina
Sus miradas se cruzaron mientras Emma soltaba a la morena con suavidad, una sonrisa nació en sus labios y no pronunciaron palabra, con un tímido gesto se encaminó a su puesto de trabajo sin que la sonrisa abandonase su rostro, llevando sus dedos a sus labios donde aun perduraba el sabor de Emma, su dulce toque que la enloquecía.
Emma la quería, de una manera inmadura y niña pero la quería, su tierna declaración no cayó en saco roto y su pecho estaba hinchado de alegría, como una adolescente, sonriendo hechizada por un beso de buenos días.
La joven escritora la observó alejarse y en cuanto la perdió de vista se juró a sí misma hacer feliz a esa mujer cada día de su vida, porque por ella sus pies estaban anclados en el suelo, por ella volvía a tener vida, por ella las cicatrices de su alma ya no sangraban, le había dado tanto y ella tan poco que se sentía indigna, la vida le estaba regalando la oportunidad de tener a alguien como Regina a su lado y no pensaba desaprovecharla, todo lo contrario. Ese iba a ser el primero de mil momentos de sorpresas, de pequeños detalles, de ganarse día a día el derecho a esas esquivas palabras que Regina le había regalado hacía solo unos días.
Al entrar en los estudios, la morena se encontró con la mirada interrogante de Gen, escrutándola por completo. De pronto en su compañera nació una sonrisa burlona mientras se acercaba a ella.
-¿Era Emma Swan la mujer con la que te besuqueabas ahí fuera? Creo que era ella, la he reconocido de todas esas veces que te ha estado esperando para irse contigo a tomar café
-"¿Desde cuándo te importa a ti mi vida sentimental?"
-Desde que me considero tu amiga y como buena periodista que soy las exclusivas me llaman, ¿Estás con Emma Swan?
-"Algo así"
-Entonces vas a salir del limbo de la soltería perpetua ¿Con una mujer? A tu madre le va a dar un ataque
-"No me lo recuerdes… ¿Qué tenemos para hoy?"
Dando por zanjada la conversación, ambas se pusieron a trabajar de inmediato aunque Regina no pudo evitar las puyas verbales de su amiga e inconscientemente no pudo sacarse a Emma Swan de su cabeza en todo el día, esperando que llegase la noche para escuchar su voz al otro lado de ese teléfono.
Los días iban pasando, lentos, trayendo consigo una rutina perfectamente diseñada en la que Emma encajaba como la pieza del puzle que siempre había faltado y ninguna se había dado cuenta. Las llamadas de teléfono se fueron intercalando con visitas, no era extraño que la rubia se presentase con la cena en las manos, participando de todos los rituales de Kathe siempre que podía, al principio como mera espectadora y al final siendo ella misma la que iniciaba alguno de ellos, ante la alegría de su hija, feliz de tener a sus dos madres para ella.
No era extraño tampoco que la madrugada las encontrase unidas, fortalecidas en un abrazo, a veces leyendo y a veces conversando de todo y nada, regalándose besos entre tragos de vino tinto y coca cola. Más de una vez el alba sorprendió a Emma dormida en el sofá de Regina, al igual que Kathe aunque la pequeña solía ser menos delicada que los rayos del sol y saltar sobre ella en cuanto la descubría durmiendo en su casa.
Ya no era extraño que juntas llevaran a la pequeña a la escuela, los besos de despedida frente a los estudios donde trabajaba Regina, las continuas riñas de la morena ya que Emma parecía vivir del aire y no se centraba en su trabajo como es debido. Riñas que dieron su fruto ya que la joven escritora empezó a pasear su portátil a todas partes y más de una vez Regina se dormía sobre su hombro mientras ella escribía su nueva novela.
Los días se volvieron semanas, las semanas meses y ellas se acostumbraron a estar cerca, a caminar de la mano, a que los domingos eran su día especial, se acostumbraron a contarse cada detalle de sus días, construyendo poco a poco una relación firme y sólida.
Emma, en ocasiones tan niña y a la vez tan mujer, consiguió sorprenderla, enamorarla más cada día con sus pequeños detalles, con las flores que escondía entre su desayuno, los pequeños detalles del día a día, sus enormes esfuerzos por ser roca cuando ella lo necesitara, su apoyo continuo y constante…
Cuando llegó el momento en el que Emma pasaba más noches en su casa con ellas que en su propio apartamento, Regina empezó a dejarle notitas para alegrarle el día, en el espejo, en la mesa del comedor, en cualquier lugar que se le ocurriese, provocando sonrisas en la rubia que perduraban toda la jornada.
En una de sus noches, con Kathe ya dormida, Emma aporreaba el portátil escribiendo, ajena a todo cuanto acontecía a su alrededor mientras Regina leía apoyada en su hombro, en silencio, ambas en sus propios quehaceres y pensamientos, hasta que la morena se enderezó llamando la atención de la joven escritora, provocando que dejase el ordenador de lado unos instantes.
-¿Estás bien Gina?
-"Sí Emma, es solo que quería pedirte algo y no sé cómo…"
-Sabes que puedes pedirme cualquier cosa
-"Lo sé, es que en unas semanas voy a salir de Nueva York por trabajo y quería que te quedaras tu con Kathe"
-¿Yo? ¿No la dejarás con tus padres?
-"No, con ellos puede estar una noche, dos como mucho, a la tercera ya me echa de menos y es la primera vez que me voy más de dos días, prefiero que se quede contigo"
-Claro Gina, yo me quedaré con la pitufa.
