N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Pasaremos de los 30 capítulos... Tal vez lleguemos a los 35, aunque aun no estoy segura... Mi primera vez escribiendo este tipo de escenas... Espero que no sea rara... Cursivas para los hermanos Anderson (ya entenderéis)...
Olga, muchas gracias. Me alegra que te gustara, la verdad es que yo tampoco quiero que se separen (o que haya terceras personas o lo que sea...) Sin embargo, la historia va creciendo y veremos que pasa en esos ocho meses hasta que Blaine cumpla 18 años (o más si no consigue volver junto a Sebastian en ese tiempo, quién sabe). Espero que te guste... Besos
Bruja Inocente, muchas gracias. Este capítulo es más largo ;) Me alegra haberte sorprendido... Creo que este capítulo te sorprenderá también... Espero que te guste... Y atenta, pronto empezarán tus ansiados celos... Veremos que pasa... ¡Espero que te guste! Besos
CAPÍTULO 26: NUEVAS EXPERIENCIAS
Sebastian estaba realmente deprimido. Apenas había pasado una semana desde que había recibido la carta de Blaine y sentía que no podría aguantar mucho más. Cada rincón, cada lugar, le recordaba al joven de ojos color avellana que le había robado el corazón. Sabía que había estado más borde y enfadado de lo normal, incluso había conseguido un castigo por parte de su profesor de Francés, algo que nunca había pasado ya que era el mejor alumno por el tiempo que estuvo viviendo en París. Pero nada tenía sentido sin ver esa sonrisa que le había robado el aliento más de una vez.
Lo que peor llevaba era que los Warblers no parecían afectados. No sabía que lo que estaban haciendo era ser fuertes para que él no sufriera más. Él sólo veía como sus amigos seguían con la rutina como si nada hubiera pasado, lo que hacía que su ira creciera por momentos. Sólo Sam se salvaba de sus comentarios hirientes o sus miradas despectivas, ya que el rubio era incapaz de fingir normalidad cuando extrañaba a su mejor amigo más que cualquiera de los otros.
Esa tarde, había decidido saltarse el ensayo de los Warblers. Sabía que era algo estúpido cuando tenía que prepararse para los Nacionales, pero también sabía que de haber estado ahí, tampoco habría servido de mucho.
Su teléfono sonó mientras estaba tumbado en la cama intentando pensar en algo que hacer para distraerse y se extrañó de que era un número oculto. No sabía quién podría ser, salvo...
– ¿Blaine? – El castaño preguntó casi sin aliento, con los nervios a flor de piel y un gran deseo que albergaba esperanza en su corazón.
– Seb... – El aludido respondió con todo el amor del mundo, haciendo llorar a su novio.
– No sabes cuánto tiempo he estado esperando a escuchar tu voz. Te echo tanto de menos. – El ojiverde se confesó, temeroso de no tener tiempo suficiente para mantener esa conversación. – Te amo. ¿Cuándo vamos a vernos?
– Yo también te amo y te echo de menos... También quería escuchar tu voz. Ojalá pudiera decirte cuando nos vamos a ver pero mi padre tiene Dalton vigilado por lo que tú no vas a poder salir de ahí sin que él se entere y no es seguro que nos veamos, al menos por un tiempo. ¿Lo entiendes?
– Tal vez si nos vemos, aunque sea un rato...
– Mi amor, no quiero arriesgarme a que me encuentre. Sé que esto apesta pero la alternativa es peor. No quiero volver ahí... Por favor, dime que lo entiendes. – El moreno suplicó, realmente preocupado.
– Tienes razón, creo que estoy siendo egoísta. Lo importante es tu bien. ¿Cómo estás? – Smythe intentó ser coherente, aunque por dentro realmente no lo sentía.
– Te echo de menos, pero feliz de estar lejos de mis padres, de haber descubierto el secreto de mi abuela y de haber recuperado mi relación con mi hermano.
– ¿Tu hermano? No sabía que tenías un hermano. ¿Por qué no te ha ayudado estos años? – Sebastian tenía un tono muy acusador, empezaba a encontrar un culpable de lo sucedido.
– Es diez años mayor que yo, vive en Los Angeles. Ni siquiera sabía que había salido del armario. Nunca habíamos estado muy unidos, ten en cuenta que cuando yo empezaba a jugar al balón, él empezaba a ligar con chicas. Apenas tenía ocho años cuando se fue a California.
– ¿Puedes confiar en él?
– Seb... ¿Te molesta?
– No... Es que... Aparece de la nada y... No sé.
– Puedes estar tranquilo, confío en él. Me ha dejado el teléfono antes de irse y... Bueno, me ha dicho que tenemos una hora a solas... ¿Qué estabas haciendo?
– Me he saltado el ensayo de los Warblers y estaba en la habitación a solas. ¿Tú hacías algo interesante?
– Echarte de menos. – El castaño podría jurar que su novio estaba haciendo un puchero. Su sonrisa aumentó, sintiéndose especial, aunque fuera por un detalle tan insignificante como ese. Amaba al otro y esos pequeños gestos le demostraban que era correspondido.
– ¿Has dicho que tienes una hora a solas?
– Sí.
– Te parece si... – Smythe se mordió el labio. No sabía como proponerle lo que estaba pensando, ni siquiera sabía si aceptaría o lo asustaría, pero su deseo era más fuerte que nada.
– ¿Si?
– ¿Quieres que...?
– ¡¿Qué?! – Podía notar la ansiedad y la impaciencia de Anderson.
– ¿Sexo telefónico?
– ¡Oh! – El más bajo pronunció una sola letra, emitida en voz más baja de lo habitual y muy corta, de manera que el otro no la habría escuchado si no hubiera estado atento.
– ¿Oh?
– Sí.
– ¿Sí?
– Sí. – O uno de los dos decía una frase completa o esa conversación podría transformarse en algo mucho más incoherente de lo que ya era.
– ¿Estás seguro? – Sebastian tenía miedo. Nunca había presionado a su amado y no pensaba hacerlo. Sin embargo, la expectativa de tener que esperarlo era tan desesperante que algo dentro de él le obligaba a preguntar.
– Te amo y confío en ti. Si estuviera allí convertiríamos esta conversación en algo más caliente, con caricias y desnudos incluidos... Esto va a ser una nueva experiencia en nuestra relación y estoy más que dispuesto a vivirla... Siempre que sea a tu lado.
– ¡Dios! ¡Cuánto te amo! – El ojiverde sonrió al escuchar la risa de su amado.
– Yo también te amo.
– Eso ya lo habías dicho.
– Lo siento. – La timidez de Blaine volvía a salir a escena, recordándole al castaño que todavía quedaba mucho camino para que su novio estuviera bien al cien por cien. No había entendido su broma.
– En vez de pedirme perdón, lo mejor será que me digas qué llevas puesto.
– No llevo nada sexy, siento decepcionarte.
– Eso tiene solución... ¡Quítate la ropa!
– ¡Seb! – El moreno rió, pero algo en su tono de voz le dijo que iba a hacer lo que le había pedido.
– Me gustas mucho vestido, pero me gustas mucho más desnudo. No puedes culparme de eso.
– ¡Está bien! Pero desnúdate tú también. Por mucho que me gustes en tu uniforme de Dalton, te prefiero sin nada.
– ¿Luego el pervertido soy yo?
Los dos rieron por sus bromas y coqueteos y después estuvieron un rato en silencio, quitándose las prendas que llevaban.
– Ya estoy listo. – Blaine susurró.
– Yo también.
– Si estuviera contigo... ¿Qué me harías?
Sebastian sonrió, consciente de lo metido en la situación que estaba su amado y de lo tímida que había sonado su voz.
– Te besaría, te comería el cuello de manera lenta y suave, saboreando tu piel y dejándote sin aliento.
– Mmm...
– Mis manos bajarían por tu espalda, hasta llegar a tu redondeado y firme culo. Lo apretaría con fuerza, pegándote a mi cuerpo todo lo posible.
– Seb...
– ¿Qué me harías tú?
– Bajaría hasta tu pezón y jugaría con él, pasaría mi lengua por todo su alrededor y luego le daría un mordisco.
– ¡Ah!
Los dos estaban masturbándose con fuerza, deseando que sus manos fueran las de sus amados, deseando que el otro pudiera llevar a cabo lo que estaban narrando. Siguieron diciendo cosas más calientes, incluso algunas que sabían que de estar juntos no llevarían a cabo, pero que buscaban despertar el deseo y excitar aun más a su amado.
– Seb... Voy a...
– Aguanta, B. Sólo un poco más...
Un gemido muy fuerte indicó que el ojimiel no aguantaría mucho más, como había indicado. Ese sonido ayudó al castaño a sentir su cuerpo llegando más al límite, aproximándose a lo inevitable.
– No puedo, yo...
– ¡Ah! Blaine...
– ¡Ah! Sebastian...
Los dos llegaron al orgasmo, gritando el nombre del otro. La tristeza de su separación no se había disipado, pero esos momentos compartidos ayudaban mucho a llevar la espera hasta la próxima vez que se pudieran ver.
– Te amo.
– Yo también te amo.
Dos días habían pasado de su conversación con Blaine y Sebastian estaba muy pendiente de su teléfono. Esperaba que en cualquier momento, el moreno volviera a llamar. Su teléfono sonó mientras estaba en los vestuarios de Dalton después de su sesión con el club de lucha. Cogió el aparato y respondió cuanto antes, con una ligera sonrisa porque había visto que recibía la llamada desde un número oculto.
– ¿Blaine?
– Siento decepcionarte, soy Cooper, su hermano.
– ¿Le ha pasado algo a Blaine? – El castaño se preocupó porque no podía imaginarse un motivo para esa llamada que no fuera su novio sufriendo.
– No, Blaine está bien. Te llamo para avisarte que probablemente no podré dejarle el teléfono y no quiero que te preocupes si no vuelve a llamarte.
– ¿Ha pasado algo?
– Mi padre sospecha de mí y me ha puesto vigilancia. No tienes que preocuparte, teníamos todo previsto y el enano podrá cuidarse solo estos meses. Simplemente quería que lo supieras para que no te preocupes.
– Gracias. – ¿Cuántas veces había dicho el mayor que no se preocupara? Desde luego, eso no ayudaba a que no se preocupase.
– Sólo prométeme que lo cuidarás y lo harás feliz cuando vuelva a ti.
– Lo prometo.
Smythe colgó, sintiendo como la tristeza volvía a invadirlo. Otra vez se encontraba sin poder escuchar a su amado y sabía que todo sería mucho más complicado. Sólo quedaba esperar ocho meses... Pero ocho meses son una eternidad cuando se tiene diecisiete años...
