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Damon regresó a la mansión Salvatore nada más llevar a los hermanos Gilbert a clase. Al llegar, se encontró con la sheriff Forbes en la puerta.

-Sheriff, qué sorpresa –la saludó él mientras avanzaba hasta ella y abría la puerta.

-Siento molestarte, pero tenemos un problema. Tenemos que hablar.

-Cómo no, adelante –le indicó él para que entrase a la casa.

-¿Qué necesita? –preguntó Damon tras ofrecerle tomar asiento en el salón.

-Ha habido otro ataque. Una mujer, la garganta destrozada, completamente desangrada. Encaja con el patrón. Oficialmente ha sido otro animal, pero no sé cuánto tiempo podremos seguir tapándolo. El Consejo no sabe qué hacer.

-Entonces, ¿qué hacemos?

-Pareces tener muchos conocimientos sobre vampiros, esperaba que me lo dijeras tú.

-Veré qué puedo hacer. Te llamaré cuando descubra algo. Avísame con lo que sea.

-Claro –accedió la mujer-. Muchas gracias, Damon.

-Es un placer ayudar.

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Esa misma tarde, Damon fue a buscar a Elena a la salida de clase y aprovechó también para buscar a su hermano e informarles a ambos de lo que estaba sucediendo.

-¿Quién puede ser? –preguntó Stefan confuso.

-Ni idea, pero está siendo muy descuidado.

-¿Cómo vamos a encontrarle?

-¿Aún tienes la brújula de Jonathan? –le preguntó Damon a la chica, la cual asintió-. Genial, vamos de caza.

-¿Estás seguro? –intervino su hermano-. ¿Vas a dejar a Elena que participe?

-¿Me tomas por loco? Por supuesto que no –se defendió Damon ofendido-. Pero ninguno de los dos puede utilizar la brújula porque interferiríamos en la señal. Así que cuando Elena capte una señal, me llamará a mí y me encargaré de todo.

-¿Y si hay más de uno? –preguntó ella preocupada-. ¿Y si es mayor que tú y te hace daño?

-No pasará nada –le prometió este acariciándole la mejilla antes de depositar un beso en esta-. Te lo prometo.

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Elena estaba ante las puertas de lo que parecía ser un almacén abandonado. La brújula señalaba al interior del edificio.

-¿Estás segura? –le preguntó Damon desde el otro lado del móvil.

-Sí, es aquí.

-Bien, vuelve a casa. A partir de aquí me encargo yo.

-No me agrada nada la idea de dejarte solo con un vampiro peligroso –se quejó ella.

Damon se apareció junto a la joven en unos segundos.

-Elena, por favor –le pidió él posando sus manos a ambos lados de la cara de la chica para mirarla atentamente-. Necesito que vuelvas a casa. No puedo entrar ahí y centrarme en enfrentarme a ese vampiro si tu vida está en peligro. ¿Entiendes? Debes irte.

-Está bien, pero llámame en cuanto termines. De inmediato.

-Por supuesto –accedió él antes de besarla.

Al separar Damon sus labios, la chica volvió a unirlos con la clara intención de no dejarle marchar, con miedo a perderle.

-Elena... –la llamó él mientras ellas seguía depositando pequeños besos en sus labios-. Debes irte.

-Te quiero –le dijo ella antes de besarle por última vez.

-Yo también te quiero –respondió el chico tras darle un beso en la frente-. Nos vemos luego.

Elena asintió con la cabeza y comenzó a alejarse a duras penas. Había tomado unos metros de distancia cuando se giró para verle por última vez, pero Damon ya no estaba. Antes de arrepentirse y de entrar en el edificio con él, Elena comenzó a dar grandes zancadas para irse de allí cuanto antes.

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Al entrar, Damon vio que estaba todo muy oscuro y había muchos trastos de por medio. Oyó unos disparos y acto seguido, unas balas de madera le atravesaron el pecho, cayendo así de rodillas. Al alzar la vista hacia su agresor, pudo verle la cara, Logan Fell, el miembro del Consejo que él mismo había matado.

-Tengo montones de balas de madera, así que... Nada de bromas –le advirtió este.

-No deberías hacer esto, créeme –dijo Damon sentado ahora en el suelo, dolorido y sangrando, antes de volver a recibir un nuevo disparo.

-Te lo mereces.

-¿Por qué?

-Tú me has hecho esto –le acusó Logan agachándose para mirarle de cerca.

-Yo te maté, no te transformé –respondió Damon quitándose una bala del hombro.

-Sé lo que sois tú y tu hermano. Os he estado vigilando. Sabía que vendrías aquí. ¡Ya era hora! Porque tengo varias preguntas.

-Yo primero –pidió Damon-. ¿Quién te transformó?

-¿Cómo voy a saberlo? Lo último que recuerdo es que iba a matar a tu hermano y tú me atacaste. Nada más. Hasta que me desperté detrás de un garaje de coches abandonado en la estatal cuatro. Alguien me había enterrado.

-Suele pasar –respondió Damon mientras continuaba arrancándose balas del cuerpo.

-Tú me mordiste. Tuviste que ser tú.

-Has de tener sangre de vampiro en las venas cuando mueres –le explicó Damon-. Yo no te la di. Otro vampiro te encontró y te dio su sangre.

-¿Quién?

-Eso es lo que quiero saber.

-¿Sabes? No había un comité de bienvenida con una tarta y el manual. He tenido que ir aprendiendo solo –dijo este apuntándole con el arma-. Mira, yo era un presentador con un futuro en la televisión y de repente no puedo entrar en mi casa porque mis pies no pasan la puerta.

-Tienen que invitarte.

-Ya lo sé, y vivo solo.

-Mala suerte –rió Damon.

-Y ahora estoy en el cobertizo viendo la tele todo el día y comiéndome todo lo que veo, ¡incluido al personal!

-Podría ser peor –aseguró Damon.

-Solo puedo pensar en sangre y en matar gente. No puedo dejar de matar gente y sigo matando. Y me gusta. Estoy confuso –confesó después cambiando el tono de voz.

-Bienvenido al club –le dijo Damon antes de hacer una pausa-. Un momento, solo han encontrado un cadáver recientemente.

-Me dejé uno. Estaba cansado –se defendió él-. Pero he escondido a los demás. Están ahí detrás –dijo apuntando con la pistola detrás de él-. ¡Se están amontonando!

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Mientras tanto, Elena no podía pensar con claridad, estaba muy preocupada por Damon. Para intentar distraerse un poco, fue al instituto. Habían organizado unas jornadas de orientación académica. Sus amigos estarían allí. Tal vez ellos lograran distraerla un poco.

-¿Todavía quieres ser astronauta? –le preguntó a Matt al acercarse a él.

-¿De verdad te acuerdas de eso?

-Y del papel de aluminio que llevabas en la cabeza.

-Tenía ocho años –se defendió él.

-¿Cómo lo llevas? –preguntó ella poco después, pues sabía que su amigo no lo estaba pasando nada bien con lo de Vickie.

-He estado mejor. ¿Y tú? Te noto preocupada.

-No es nada, tranquilo.

En ese momento, Stefan entraba por la puerta. Elena le había llamado pero este, en lugar de ir junto a su hermano, había decidido ir con ella. Decía que Damon sabía lo que hacía, que podía apañárselas él solo. Eso cabreaba mucho a Elena, ¿tan enfadado estaba con su hermano que ni se preocupaba por su seguridad?

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-¿Por qué no controlo las emociones? –siguió preguntando Logan-. No hago más que pensar en mi ex novia. Quiero estar con ella, morderla y todo eso.

-Supongo que la amas –respondió Damon, cansado ya de tanta cháchara inútil-. Todo lo que sentías antes ahora se magnificará. Vas a tener que aprender a controlarlo.

-¿Y lo de salir al sol? Yo soy madrugador. Tú puedes ponerte al sol, lo cual, por cierto, es genial. El Consejo no sospechará de ti. No está en los diarios.

-¿Los diarios? –preguntó Damon confuso.

-Sí, los Padres Fundadores pasaron sus diarios a sus hijos. Vamos tío, tienes que contármelo. ¿Cómo puedes salir al sol?

-¿Quién te transformó?

-¿Cómo sales al sol? –preguntó de nuevo Logan, enfadándose cada vez más.

-¿Quién te transformó? –insistió Damon.

-¿Sabes? Hasta ahora he sido amable, pero puedo matarte.

-Entonces nunca lo sabrás –respondió Damon levantándose del suelo para quedar frente por frente de él-. No has respondido a mi pregunta.

-Tú primero.

-Parece que estamos en un punto muerto, ¿no crees?

-Tengo cosas que hacer. Gente que matar. Voy a necesitar un poco de ventaja –dijo antes de pegarle tres tiros al vampiro y volver a tumbarle en el suelo.

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Matt se fue para dejar a Elena a solas con Stefan.

-Supongo que no has venido aquí a planificar tu futuro –dijo ella-. Estás protegiéndome.

-Si no te importa.

-Te dije que estaba bien, que fueses a ayudar a Damon.

-Damon no necesita mi ayuda –insistió él.

-¿¡Y cómo lo sabes!? –le gritó ella-. ¿Has hablado con él acaso? No creo que se tarde tanto en matar a un vampiro, ¿no crees?

-Estará bien.

Elena se apartó de él y empezó a jugar con el móvil nerviosa, dándole vueltas sin parar. Stefan volvió junto a ella y se puso a hablar para tranquilizarla.

-¿Sabes? Yo quería ser médico antes de todo esto, pero... Ya no pude, por...

-¿La sangre?

-Sí –reconoció este-. Luego estuve probando cosas diferentes.

-¿Y nada te gustó lo suficiente?

-No, me gustaba todo pero siempre tenía que irme antes de que alguien se diera cuenta de que no estaba... envejeciendo.

-¿Y eso cuánto tiempo supone? –preguntó Elena, preocupada por cuánto tiempo podría mantener Damon su coartada sin ser descubierto.

-Normalmente varios años, a veces menos –respondió antes de hacer una pausa-. ¿Y qué hay de ti? ¿Cuales son tus planes de futuro?

-No quiero hablar de mi futuro.

-¿Por qué no?

-Porque no habrá un futuro esperando para mí si sigo con tu hermano –declaró ella-. Los tres sabemos que acabaré transformándome.

-¿Estás segura de que eso es lo que quieres? –inquirió Stefan.

-¿Ser un vampiro, beber sangre, no envejecer ni tener hijos? Pues claro que no, pero estaría dispuesta a hacerlo por él. Le quiero demasiado.

-Pareces muy decidida.

-Lo estoy –afirmó ella, reconociendo por primera vez cuál iba a ser su decisión cuando surgiese el momento de la verdad, el momento en que tendría que decidir si convertirse o continuar una vida humana pero sin Damon.

-Me alegra saber que tienes las ideas claras, que sabes dónde te metes y a lo que te enfrentas.

Por suerte para Elena, la conversación se terminó ahí, pues su tía Jenna se acercó a ellos.

-Jenna, él es Stefan, el hermano de Damon –le presentó la chica.

-Un placer –le estrechó la mano el chico.

-Escóndeme –le pidió Jenna a su sobrina.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Elena.

-El innombrable a aparecido –respondió esta.

-¿Logan está aquí? –preguntó Elena asustada, pues sabía que si era cierto, Logan era un vampiro.

Jenna asintió. Inmediatamente después, Stefan se dirigió hacia los pasillos y se encontró con Logan hablando con unas chicas. El vampiro, al verle, le saludo de forma burlona. Elena y Jenna se unieron a Stefan.

-Jenna –la saludó Logan-, ¿estás evitándome?

-Es una forma de autoconservación –respondió esta.

-Elena, ¿por qué no vais Jenna y tú a dar una vuelta? –propuso Stefan dirigiéndose a la chica.

-Vamos –le dijo Elena a su tía mientras la sacaba de allí.

-¿Qué estás haciendo? –preguntó Stefan al nuevo vampiro.

-Tu hermano me ha preguntado lo mismo. Es más, ¿qué tal si en vez de preguntarme quién me ha transformado, me dices lo que quiero saber? ¿Cómo se puede salir de día?

-Damon y yo somos los únicos que yo sepa –respondió este, preocupado al no saber el estado de su hermano.

-Y guardáis muy bien el secreto. Lo que me indica que hay una forma. Sabes, por si no te has dado cuenta, soy una celebridad en este pueblo. Sería muy, muy fácil para mí descubrirte.

-¿Quieres saber cómo puedes exponerte al sol?

-Exacto.

-No puedes. Y no vuelvas a amenazarme nunca.

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-Cuando Logan fue a casa, ¿qué te dijo? –preguntó Elena a su tía mientras intentaba llamar a Damon al móvil.

-Falsas adulaciones, sonrisa de niño bueno, ojos de perrito...

-En serio, Jenna, ¿qué te dijo? –exigió saber la chica, aún más nerviosa dado que el móvil de Damon no daba la llamada.

-Estaba empeñado en que le invitara a entrar, pero no lo hice.

-Escúchame muy atentamente, no se te ocurra bajo ningún concepto volver a hablar con él. En serio, Jenna, nunca.

-Hola, Elena –saludó el profesor de Historia por detrás de ellas-. Jenna.

-Señor Saltzman –respondió Elena.

-Sabes –le dijo Alaric a Jenna-, esperaba verte aquí.

-Esto es como la bolera –le sonrió ella.

-Vale, eh, perdonad –se disculpó Elena antes de irse.

Jenna tonteaba con su profesor, así que sabía que estaría bien si la dejaba con él.

Elena salió al exterior del centro, buscando a Stefan. Este había conseguido contactar con Damon.

-Logan Fell es un vampiro –dijo Damon muy enfadado desde el otro lado del móvil, que estaba puesto en manos libres para que también lo oyese Elena-. Y como vuelva a encontrarlo pienso despedazarlo, miembro a miembro.

-¿Qué ha pasado? –se adelantó a preguntar Stefan-. ¿Estás bien?

-No, no estoy bien. Me estaba esperando. Me disparó. Quiero venganza. Solo tengo que encontrarlo.

-No es necesario, está en el instituto –le informó su hermano.

-¿Me tomas el pelo? ¿Y qué está haciendo ahí?

-Merodear entre la gente.

-¿Elena está bien? –preguntó Damon.

-Sí, Damon, estoy bien –respondió Elena, interviniendo por primera vez en la conversación.

-Bien, no te separes de Stefan –le pidió su novio-. Voy para allá.

-¿Y tu tía? –preguntó Stefan a la chica tras colgar.

-Con el señor Saltzman, está bien. Le está poniendo ojitos –bromeó, más relajada sabiendo que Damon estaba a salvo.

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Jeremy vio unos dibujos de Tyler en una de las mesas de las profesiones.

-No sabía que dibujabas.

-Es una optativa –respondió este.

-Pues se te da bien. ¿Haces grafismo? Porque eso es lo mío.

-Eh, ¿qué estás haciendo? –preguntó Tyler.

-Bueno, es algo más que tenemos en común.

-¿Y qué es lo otro? ¿Vickie? ¿Que nos tiramos a la misma chica? Hazte amiguito de algún otro de los que se tiró. Los hay a montones.

Jeremy se enfadó ante ese comentario y lo empujó contra unas taquillas. El alcalde Lockwood y el profesor de Historia los separaron.

-Los dos, venid conmigo –les dijo el padre de Tyler.

-Disculpe, alcalde, ¿dónde los lleva? –preguntó Alaric.

-Voy a hablar con ellos. Estas cosas hay que hablarlas, ¿no cree?

El alcalde se llevó a los chicos fuera.

-Muy bien, vamos a soltad esa tensión. Adelante, pelead –ordenó él.

-¿Qué quiere que hagamos? –preguntó Jeremy confuso.

-No voy a pelear, papá –se negó Tyler.

-Os empujáis ahí dentro como maricas. Esto se hace fuera. Pelead como dos hombres. Ahora mismo –exigió el hombre-. Es lo mejor que me enseñó mi padre, así que... Adelante, pelead.

En ese momento, Alaric llegó hasta ellos.

-Eh, ¿qué está pasando aquí? –preguntó el profesor.

-Solo están resolviendo su problema. Todo va bien, vuelva dentro.

-No quiero volver dentro. Lo que quiero es una respuesta a mi pregunta: ¿Qué está pasando aquí?

-¿Con quién crees que estás hablando? –le retó el alcalde-. ¿Te parezco un estudiante?

-No, me parece un macho alfa bastante estúpido.

-No me hables de esa forma. Puedo despedirte así –dijo el hombre chasqueando los dedos.

-Sí, hágalo –rió Alaric-, entonces nos veremos usted y yo aquí mismo para resolver lo nuestro. ¿Le gustaría?

-Estás marcado –le amenazó el alcalde.

-Vale –se burló el profesor.

Los Lockwood se fueron de allí en silencio, dejando a Alaric y a Jeremy solos, terminando así el enfrentamiento.

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Stefan y Elena volvieron a entrar al instituto y se encontraron con Matt.

-¿Has visto a Logan Fell, el periodista? –le preguntó ella.

-Sí, se ha llevado a Caroline a casa –respondió el chico antes de irse.

-Quédate aquí –le dijo Stefan a Elena.

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Logan conducía por una carretera abandonada. En el asiento del copiloto estaba una Caroline inconsciente. El vampiro llamó a la sheriff al móvil, la cual ya estaba al tanto de lo que sucedía.

-¿Dónde estás? - preguntó ella enfadada.

-Tu hija está muy interesada en el periodismo –le informó Logan-. Creo que es importante motivar a la juventud.

-¿Qué es lo que quieres?

-La satisfacción de convertir a tu hija en vampira –dijo este aparcando el coche.

Justo en ese momento, Stefan le agarró de la camisa y le lanzó fuera del coche. Al levantarse del suelo, Damon le disparó con su propia arma, haciéndole volver a caer.

-Duelen bastante, ¿verdad? –le dijo Damon con una sonrisa irónica al vampiro, para después dirigirse a su hermano-. Llévatela de aquí.

-Logan, ¿qué ha pasado? –preguntó la sheriff desde el otro lado del móvil.

Damon corrió hacia el teléfono.

-Sheriff, soy Damon.

-¿Cómo está Caroline?

-Está bien. Estoy en Elm Street –le informó este antes de colgar.

Ya solo con Logan, Damon sacó del maletero del coche una palanca.

-Probaremos una vez más –dijo fingiendo dar un golpe en el aire-. ¿Quién te transformó?

-Te lo dije, no lo sé.

-Con esta palanca puedo reventarte la cabeza –le explicó Damon-. ¿Es tu respuesta final?

-¿Cómo puedes estar con ellos? –le acusó Logan.

-Yo no estoy con nadie. Me has cabreado y te quiero muerto. ¿Quién te transformó?

-¡No lo sé!

-Bueno, estás jodido –dijo Damon alzando la palanca para golpearle.

Antes de que le diese, el vampiro le gritó.

-¡Sí, lo sé!

-Es mentira.

-No eres el único que quiere abrir esa tumba –aseguró Logan levantándose-. Debajo de la iglesia vieja.

-Si estás mintiendo, lo sentirás.

-No estoy mintiendo. Te lo contaré todo. Te espero en la iglesia vieja.

Un coche patrulla llegó hasta ellos.

-Golpéame –le pidió Damon al vampiro-. Que parezca real.

Ambos fingieron pelearse y Logan lanzó a Damon contra el coche, desapareciendo de allí en el acto.

-¿Y Caroline? –le preguntó la sheriff a Damon.

-Está bien, mi hermano se la ha llevado a casa –dijo él levantándose del suelo-. Lo siento, sheriff. Se me ha escapado.

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Stefan regresó al instituto después de dejar a Caroline en su casa. Elena fue hacia él.

-¿Y Caroline? –preguntó ella.

-Está bien, la he llevado a casa. Estaba muy agitada, pero todo lo que sabe es que Logan la atacó, nada más.

-¿Dónde está Logan?

-Damon se ha... encargado de él. Lo estará enterrando ahora, no te preocupes.

Elena suspiró aliviada. Demasiadas cosas habían sucedido aquel día.

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Logan salió de su escondite habitual, camino de su coche para reunirse con Damon, cuando se topó con un hombre.

-¿Tú quién eres? –preguntó el vampiro sorprendido.

-Un amigo de Jenna –respondió Alaric.

-¿Jenna te envía?

-Vengo por mi cuenta.

-Ah, entiendo. Seguro que piensas que esto te hace muy valiente, pero lo que te hace es bastante estúpido.

-No lo sé, ya veremos.

-¿Qué quieres? –exigió saber Logan.

-Jenna es buena persona, se merece lo mejor y voy a encargarme de que lo tenga.

-Así que me estás amenazando. ¿No vas a pegarme? –le desafió el vampiro mientras lo rodeaba despacio-. ¿O al menos a provocarme un poco?

-No soy de carácter violento.

-Y tampoco eres muy inteligente –le acusó Logan.

-¿Por qué?

El vampiro se giró, dándole la espalda.

-Porque no sabes con quién estás hablando –respondió afilando sus colmillos.

Al darse la vuelta para abalanzarse sobre el profesor de Historia, este le clavó una estaca en el corazón y cayó al suelo muerto.

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Damon estaba en el bosque cuando Liz Forbes le llamó.

-¿Diga?

-Quería darte las gracias –le dijo la sheriff-. No sé cómo lo has hecho.

-No la sigo –dijo Doman confuso.

-Hemos encontrado el cuerpo de Logan junto al viejo almacén de los Fell. Ya lo hemos retirado. Estaba amontonando cadáveres, víctimas inocentes.

-¿Qué?

-Este pueblo te debe mucho y yo también –agradeció la mujer antes de colgar.

Damon derribó un árbol cercano, estaba furioso porque volvía a quedarse sin pistas para descubrir a los vampiros que rondaban el pueblo. Y, encima, ahora había un caza vampiros en el pueblo. La cosa no podía ir a peor...

Después de un momento, se sentó en una roca para intentar tranquilizarse. El sonido de su móvil le sacó de su trance.

-¿¡Qué!? –dijo furioso, sin saber quién llamaba.

-¿Vas a venir a mi casa? –preguntó Elena con voz tímida, sorprendida por el tono de él.

-Claro –respondió él recuperando el tono cordial y tranquilizador que solía utilizar para hablar con la chica-. Voy enseguida.

-Como no te des prisa, vas a encontrarme dormida –le advirtió ella tomando un tono divertido.

-No dudaré en despertarte si es así.

-No tardes –le pidió Elena.

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Antes de ir a casa de su novia, Damon se pasó por la mansión Salvatore e informó rápidamente a su hermano de lo sucedido. Al entrar en la habitación de la chica, vio cómo esta ya estaba tumbada en la cama, pero aún despierta.

-Hola –le saludó Elena con una sonrisa al verle.

-Hola –respondió él metiéndose en la cama con ella y dándole un beso.

-¿Dónde has estado? –preguntó la chica somnolienta, acurrucándose al pecho de él.

-Te lo cuento mañana –prometió Damon-. Vas a dormirte en cuestión de segundos y bastante malo ha sido el día de hoy como para añadir más cosas.

Pero Elena seguramente no terminó de oír su explicación, pues se había quedado dormida. Damon sonrió y acarició la espalda de la chica hasta dormirse él también.

Si todos los días duros acababan como este, en brazos de Elena, Damon no tenía nada de qué preocuparse realmente. Nadie iba a impedirle ser feliz junto al amor de su existencia. Y estaba dispuesto a hacer lo que fuese para que la cosa siguiese siendo así. Él no iba a permitir que nada ni nadie los separasen. Nunca.