Los personajes pertenecen a SM y la historia es mía.

Capitulo 26

"¡Resultó!"

Bella

Luego de la vergonzosa experiencia nos pusimos nuestra ropa y decidimos comer algo, ya que no comimos nada.

-¿Preparo mi especialidad? –preguntó Edward tomando unas cuantas rebanadas de pan.

-Claro Cullen –me miró con irritación y sonreí – perdón, claro cariño –me enseñó sus hermosos dientes blancos y preparó los sándwiches con mantequilla de maní y mermelada.

Observé cada uno de sus movimientos, grabándolos todos en mi mente.

-Para la chica más hermosa –sonreí y recibí mi comida – te costará un beso –le di lo que pedía y cuando lo hice olvidé el pan, ya que sus labios de pronto me parecieron dulces y quería descifrar lo que era sin preguntarle.

Comencé a saborear sus labios, succionarlos y morderlos hasta que encontré una respuesta.

-¿Comiste mermelada? –pregunté mientras sus labios pedían más.

-¿Qué con eso? –intentó besarme, pero me alejé sonriendo.

-Señor Cullen, no utilice ese tono de voz conmigo –bromeé y me sentó sobre el mueble apretando mis muslos.

-Señorita Swan, usted se calla –atacó mis labios, pero rápidamente separé nuestras bocas.

-No me hagas callar –dije perdiendo la fuerza de mi voz.

-¿O qué? –me miró desafiante y sonrió de lado.

-O harás esto solo –él sabía a lo que me refería, entonces sonrió otra vez.

-Eres una extorsionista de lo peor –me encogí de hombros con la victoria marcada en la frente – y eso me gusta –volvió a mis labios y eso logró ponerme mucho, sus besos en mi cuello descendiendo hacia mis pechos me enloquecían y sus manos acariciando mis piernas me ponían la piel como de gallina.

-Lo haremos aquí –susurré decidida en sus labios y comencé a desabotonar su camisa que ocultaba un trabajado abdomen, el cual acaricié sin pensármelo dos veces.

Mi ropa no duró mucho y la de él tampoco, ya que en un dos por tres nos quedábamos solo con ropa interior, o en paños menores como diría mi padre. ¡Já! Si tan solo supiera que su hija ahora haría el amor con su novio.

-Espera… -susurró en mi cuello y sentí una serie de escalofríos recorrerme el cuerpo.

-¿Qué? –pregunté no muy consciente de mis palabras.

-Creo que tengo un… -buscó en los bolsillos de su pantalón y sacó un pequeño sobre metálico.

-¿Ibas preparado? –pregunté alzando una ceja y miré su bóxer, que para mi sorpresa tenía un gran bulto.

-Siempre cuando voy a estar en el mismo lugar que tú –sonreí sin saber qué hacer y abrió el preservativo con agilidad.

Mientras probaba si el condón estaba en buen estado –esto lo hacía soplándolo ligeramente-, lo observé con impaciencia.

Mis ojos se abrieron de par en par al ver la magnitud de su gran, gran amiguito. Sentí temor al preguntarme si mi… ¡Basta Bella! Si cierto, ya no debo pensar en eso.

Estaba a punto de ponerse el preservativo cuando escuchamos la puerta principal abrirse.

-Otra vez no –estaba aburrida de ser interrumpidos siempre.

-Yo me encargo –dijo acercándose desnudo a la puerta de la cocina – no lo postergaremos más –me sonrió con ojos traviesos y cerró la puerta con seguro – ahora si –se acercó a mí nuevamente y cuando por fin se puso el condón éste se rompió -¡Mierda, no! –reclamó sacándose la delgada tela blanca y tirándola al suelo.

-Hey, Edward –llamé su atención cuando me quitaba mi sostén, que era la última prenda que me quedaba. Sus ojos se iluminaron al ver mi cuerpo desnudo frente a él, y para él – lo haremos de todos modos –tomé sus manos y las puse con suavidad en mis muslos.

-¿Estás segura? –susurró acariciando mi cintura y poniéndose entre mis piernas.

-Totalmente –respondí.

-Eres… ¿virgen? –preguntó tiernamente y negué con mi cabeza. Sonreímos y nos besamos tierna, pero apasionadamente.

Todo iba perfecto, el beso estaba cargado de todo el amor que nos teníamos y el ambiente daba el toque faltante de la excitación.

-Te amo –susurró para luego seguir devorando mis labios.

-También te amo –respondí en la milésima de segundo que pude.

Sus manos suaves y cálidas acariciaban cada centímetro de mi piel, pasando por mis pechos hasta mis rodillas. Y entonces justo cuando se sumergió dentro de mí abrí mi boca unos pocos centímetros y aprovechó esto para profundizar el beso. El movimiento de sus caderas era suave y lento, sus manos no dejaban nunca su trabajo en mi piel y sus labios tampoco.

-Lo siento Bella, esto me está volviendo loco –susurró agitado justo antes de comenzar un ritmo más rápido y fuerte.

Necesité afirmarme a la encimera para no caerme, ya que sus movimientos iban en aumento y me enloquecía.

-Umh…Edward –gemí por lo bajo mientras sentía mis brazos debilitarse, estaba segura de que terminaría acostada en el mueble, pero no fue así. Edward me cargó en sus brazos y caminó hacia una pared despejada.

-El mueble hace mucho ruido –no había sido consciente de este detalle en todo el tiempo que llevábamos allí.

-¿A dónde vamos? –susurré agitada e impaciente por obtener más.

-Aquí –apoyó mi espalda en la muralla y comenzó a embestirme de forma impaciente, justo como lo quería en estos momentos -¿te gusta? –preguntó mirándome con cierta superioridad.

-Si –jadeé y salió de mí para entrar de golpe haciéndome dar un pequeño grito de placer – Edward –susurré presa del placer esperando aquel punto máximo.

-Haré algo –anunció para luego separarse de mí y adentrar solo una fracción de su amiguito.

-No hagas esto –supliqué –me torturas –pero eso no impidió que me torturara aún más.

-Solo estoy…jugando –se rió bajito y apretó mis muslos contra él – ya no jugaré más –se adentró en mí de una maldita vez por todas y comenzó nuevamente con su ritmo alocado.

Mis piernas se tensaron y fui brutalmente atacada por un orgasmo de los buenos, el cual no pude evitar expresar con gemidos que rápidamente fueron callados por sus labios.

Estaba cerca de sentirme morir del menudo placer hasta que Edward me presionó contra él siendo ahora su oportunidad de acabar, y lo hizo dentro de mí.

-Oh… Bella –susurró escondiendo su rostro entre mis pechos y se quedó allí unos minutos antes de separarse de mí.

Me puse de pie con mis piernas temblando por aquella magnifica experiencia. Edward me besó y acarició antes de ayudarme a vestir.

-Eres una chica excelente contra el muro –reí apoyando mi frente en su pecho desnudo.

-Gracias, tu eres muy bueno también –me apartó unos centímetros.

-¿Solo muy bueno? –preguntó alzando una ceja.

-Si –sonrió y apretó el puente de su nariz.

-¿No puedes decir algo como "me encantó" o "eres genial"? –comenzó a vestirse mientras me hablaba.

-Dije que eres muy bueno, es lo mismo –me apoyé en el mueble y masqué una tostada.

-No es lo mismo, ¿Cuánto te cuesta decir que soy genial?

-He dicho que eres muy bueno, es exactamente lo mismo a que diga que eres genial –me acorraló contra la encimera.

-No es lo mismo, di que soy genial –negué con mi cabeza llenándome la boca – dilo –puso sus manos en mi cintura.

-No, ya dije que eres muy bueno –sonrió sin rastro de paciencia.

-Di que soy genial, dilo –apretó mis pechos y mordí mi lengua – dilo –susurró en mi oído y sonreí.

-Eres genial –mascullé y acarició con suavidad mis pechos para luego darme un beso.

-Gracias Bella –se alejó unos pasos de mí.

-De nada Edward –caminé hacia la puerta y me detuve al sentir la nalgada que me propinó.

-Que buen trasero –me volteé y al mirar su rostro de pervertido sentí mis mejillas adquirir un color rojo intenso.

-Eres un… -empuñé mis manos al no saber qué decirle.

-Dilo bonita, ¿Qué soy? –apreté mis labios y lo apunté con mi dedo.

-Eres un pervertido Edward –sonrió mordiendo su labio y luego me miró entre sus pestañas.

-Soy tu pervertido –sonreí y salí de la cocina, para ir sigilosamente a mi cuarto.

-¿A dónde crees que vas eh? –me siguió y corrí escaleras arriba.

-Lejos de los pervertidos –se rió a carcajadas y me abrazó por detrás presionando mi trasero en su miembro.

-No te dejaré ir -besó mi cuello e hizo a un lado mi ropa para besar mi hombro.

Caminamos así hasta mi habitación y cuando estuvimos allí me quedó mirando fijamente.

-¿Qué? –pregunté sentándome en la cama.

-Es solo que no sé cómo pudiste llegar a lograrlo –lo miré confundida.

-¿Hablas del…?

-De esto –me interrumpió.

-Estoy perdida –admití y sonrió de lado acercándose a mí.

-¿Cómo lograste cambiarme? –se agachó a mi altura y puso su mano en mi mejilla – al fin pude sentir el amor –hizo una pausa – gracias a ti –sonreí inevitablemente ante sus palabras – y gracias a ti puedo sentir quien realmente soy, siempre me sentí fuera de lugar, me acogieron y lo agradezco, pero no estaba completo. Siempre temí mostrar quien soy realmente y por fin puedo logarlo a tu lado –sonreí nuevamente mirando el suelo y siendo atacada por un torbellino de emociones.

-Edward, yo…no sé qué decir, no creo que pueda encontrar palabras para…fue algo muy lindo lo que dijiste –concluí con un nudo en la garganta. No creí que fuera tan especial para Edward, es decir, soy su novia, pero no creí que yo haya podido haber ayudado en todo eso solo con estar a su lado.

-No tienes que decir nada Bella –acercó sus labios a los míos – te amo

-Te amo –nos besamos demostrándonos todo el amor que nos teníamos.

Nuestras bocas no se separaban ni un solo segundo y eso nos llevó a acostarnos sobre la cama.

Inconscientemente comencé a desabrocharle el pantalón y él hizo lo mismo conmigo, nos deseábamos como la primera vez y estaba segura que en esta oportunidad sería más cómodo.

Las manos de Edward me acariciaron de forma suave y tierna, las mías estaban ansiosas por acariciar su abdomen desnudo. Pronto nos vimos envueltos en la pasión y el deseo, por lo cual nuestras ropas no duraron mucho puestas.

-Te amo Bella –susurró en mi oído antes de adentrarse en mí suave y lentamente.

-Te amo Edward –susurré en sus labios mientras comenzaba un ritmo lento y cariñoso.

Esta vez acariciaba mis mejillas y se detenía de vez en cuando solo para dedicarse a besarme con amor; luego venía su ritmo desenfrenado que me volvía loca y me hacía perder la cabeza de placer. Juntos llegamos a nuestro punto máximo en donde mis gemidos fueron callados por sus labios, al igual que sus gruñidos en los míos.

-¿Qué tal lo hice? –susurró mientras acariciaba mi espalda desnuda.

-Mmm… -pensé un momento y sonreí por lo que se me había ocurrido.

-¿Qué significa eso? –preguntó mientras apartaba el cabello de mi rostro.

-Creo que te hicieron falta como 20 centímetros –dije ganándome una larga carcajada y un largo beso por su parte. Me abrazó, ya que yo estaba sobre él, y besó mi frente.

-20 Centímetros –susurró y se largó a reír para luego tomar mi mano y besar mi muñeca sobre el tatuaje. Comenzó a acariciar mi cabello hasta que me vi sumida en el sueño.

-¡Buenos días! ¡Oh por Dios! –gritaron desde la puerta y me desperté de golpe mirando a la espantada Rosalie.


Hoooola! Perdóneme por haberme tardado tanto, este es el penúltimo capítulo y me ha costado mucho trabajo escribirlo.

ES MI PRIMER LEMMON! sean buenitas conmigo.

Espero que el capitulo les haya gustado.

¿Que opinan de las "aventuras" de Edward y Bella?

Gracias por sus rr! no puedo creerlo ya son 164! Muerdo de la emoción -muero lentamente y revivo-

Gracias por seguirme y acompañarme en todo este tiempo que lleva mi historia, y muchas gracias por su apoyo en todos los capitulos, de verdad que me dan los ánimos para terminar de escribir la historia.

En fin! nunca me cansaré de darles las gracias.

Las(os) Amo muchotote!

Dios las(os) bendiga.

~Angie C.M