Capitulo 26

La Piedra Filosofal

El error de Draco Malfoy

Casi antes de que pudieran marcharse, Malfoy ya se estaba riendo a carcajadas. ¿Habéis visto la cara de ese gran zoquete? Los otros Slytherins le hicieron coro. ¡Cierra la boca, Malfoy! dijo Parvati Patil en tono cortante. Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? dijo Pansy Parkinson, una chica de Slytherin de rostro duro. Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Parvati. ¡Mirad! dijo Malfoy, agachándose y recogiendo algo de la hierba.

Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom. La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió. Trae eso aquí, Malfoy dijo Harry con calma. Todos dejaron de hablar para observarlos. Malfoy sonrió con malignidad. Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque ¿Qué os parece en la copa de un árbol? ¡Tráela aquí! rugió Harry, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba. No había mentido, sabía volar. Desde las ramas más altas de un roble lo llamó: ¡Ven a buscarla, Potter! Harry cogió su escoba. ¡No! gritó Hermione Granger. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.

Harry no le hizo caso. Le ardían las orejas. Se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió. El aire agitaba su pelo y su túnica, silbando tras él y, en un relámpago de feroz alegría, se dio cuenta de que había descubierto algo que podía hacer sin que se lo enseñaran. Era fácil, era maravilloso. Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos y gemidos de las chicas que lo miraban desde abajo, y una exclamación admirada de Ron. Dirigió su escoba para enfrentarse a Malfoy en el aire. Éste lo miró asombrado. ¡Déjala gritó Harry o te bajaré de esa escoba! Ah, ¿sí? dijo Malfoy, tratando de burlarse, pero con tono preocupado.

Harry sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer. Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Malfoy como una jabalina. Malfoy pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo firme la escoba. Abajo, algunos aplaudían. Aquí no están Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy exclamó Harry Parecía que Malfoy también lo había pensado. ¡Atrápala si puedes, entonces! gritó.

Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba. Harry vio, como si fuera a cámara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Se inclinó hacia delante y apuntó el mango de la escoba hacia abajo. Al momento siguiente, estaba ganando velocidad en la caída, persiguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mezclándose con los gritos de los que miraban. Extendió la mano y, a unos metros del suelo, la atrapó, justo a tiempo para enderezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo. ¡HARRY POTTER! Su corazón latió más rápido que nunca.

La profesora McGonagall corría hacia ellos. Se puso de pie, temblando. Nunca en todos mis años en Hogwarts, La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia. ¿Cómo te has atrevido? Has podido romperte el cuello. No fue culpa de él, profesora silencio, Parvati. Pero Malfoy Ya es suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo. En aquel momento, Harry pudo ver el aire triunfal de Malfoy, Crabbe y Goyle, mientras andaba inseguro tras la profesora McGonagall, de vuelta al castillo.

Lo iban a expulsar; lo sabía. Quería decir algo para defenderse, pero no podía controlar su voz. La profesora McGonagall andaba muy rápido, sin siquiera mirarlo. Tenía que correr para alcanzarla. Esta vez sí que lo había hecho. No había durado ni dos semanas. En diez minutos estaría haciendo su maleta. ¿Qué dirían los Ancestros como aria para llegar con ellos? Subieron por los peldaños delanteros y después por la escalera de mármol. La profesora McGonagall seguía sin hablar. Abría puertas y andaba por los pasillos, con Harry corriendo tristemente tras ella. Tal vez lo llevaba ante Dumbledore. Pensó en Hagrid, expulsado, pero con permiso para quedarse como guardabosque. Quizá podría ser el ayudante de Hagrid. Se le revolvió el estómago al imaginarse observando a Ron y los otros convirtiéndose en magos, mientras él andaba por ahí, llevando la bolsa de Hagrid. La profesora McGonagall se detuvo ante un aula.

Abrió la puerta y asomó la cabeza. Discúlpeme, profesor Flitwick. ¿Puedo llevarme a Wood un momento?, ¿Wood? pensó Harry aterrado. ¿Wood sería el encargado de aplicar los castigos físicos? Pero Wood era sólo un muchacho corpulento de quinto año, que salió de la clase de Flitwick con aire confundido.

Seguidme los dos dijo la profesora McGonagall. Avanzaron por el pasillo, Wood mirando a Harry con curiosidad. Aquí. La profesora McGonagall señaló un aula en la que sólo estaba Peeves, ocupado en escribir groserías en la pizarra. ¡Fuera, Peeves! dijo con ira la profesora. Peeves tiró la tiza en un cubo y se marchó maldiciendo. La profesora McGonagall cerró la puerta y se volvió para encararse con los muchachos.

Potter, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador. La expresión de intriga de Wood se convirtió en deleite. ¿Está segura, profesora? Totalmente dijo la profesora con vigor. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. ¿Ésta ha sido tu primera vez con la escoba, Potter? Harry asintió con la cabeza en silencio.

No tenía una explicación para lo que estaba sucediendo, pero le parecía que no lo iban a expulsar y comenzaba a sentirse más seguro. Atrapó esa cosa con la mano, después de un vuelo de quince metros explicó la profesora a Wood. Ni un rasguño. Charlie Weasley no lo habría hecho mejor. Wood parecía pensar que todos sus sueños se habían hecho realidad. ¿Alguna vez has visto un partido de quidditch, Potter? preguntó excitado.

Wood es el capitán del equipo de Gryffindor aclaró la profesora McGonagall y como la casa Fenix no tiene el suficiente número de alumnos para tener un equipo y Yo soy jefa de las dos casas. Y tiene el cuerpo indicado para ser buscador dijo Wood, paseando alrededor de Harry y observándolo con atención. Ligero, veloz... Vamos a tener que darle una escoba decente, profesora, ya sea una Nimbus 2.000 o una Cleansweep 7.

Hablaré con el profesor Dumbledore para ver si podemos suspender la regla del primer año. Los cielos saben que necesitamos un equipo mejor que el del año pasado. Fuimos aplastados por Slytherin en ese último partido. No pude mirar a la cara a Severus Snape en varias semanas, La profesora McGonagall observó con severidad a Harry, por encima de sus gafas. Quiero oír que te entrenas mucho, Potter, o cambiaré de idea sobre tu castigo. Luego, súbitamente, sonrió. Tu padre habría estado orgulloso dijo. Era un excelente jugador de quidditch.

Es una broma. Era la hora de la cena. Harry había terminado de contarle a Ron todo lo sucedido cuando dejó el jardín con la profesora McGonagall. Ron tenía un trozo de carne y pastel de riñón en el tenedor; pero se olvidó de llevárselo a la boca. ¿Buscador? dijo. Pero los de primer año nunca, Serías el jugador más joven en un siglo terminó Harry, metiéndose un trozo de pastel en la boca. Tenía muchísima hambre después de toda la excitación de la tarde. Wood me lo dijo. Ron estaba tan sorprendido e impresionado que se quedó mirándolo boquiabierto. Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene dijo Harry. Pero no se lo digas a nadie, Wood quiere mantenerlo en secreto.

Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vieron a Harry y se acercaron rápidamente. Bien hecho dijo George en voz baja. Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos golpeadores. Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de quidditch este curso dijo Fred. No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Tienes que hacerlo bien, Harry. Wood casi saltaba cuando nos lo contó. Bueno, tenemos que irnos.

Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio. Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gregory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra primera semana. Fred y George acababan de desaparecer, cuando se presentaron unos visitantes mucho menos agradables.

Malfoy, flanqueado por Crabbe y Goyle. ¿Comiendo la última cena, Potter? ¿Cuándo coges el tren para volver con los muggles? Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tierra firme y tienes a tus «amiguitos» dijo fríamente Harry. Por supuesto que en Crabbe y Goyle no había nada que justificara el diminutivo, pero como la Mesa Alta estaba llena de profesores, no podían hacer más que crujir los nudillos y mirarlo con el ceño fruncido. Nos veremos cuando quieras dijo Malfoy. Esta noche, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de contacto. ¿Qué pasa? Nunca has oído hablar de duelos de magos, ¿verdad? Por supuesto que sí dijo Ron, interviniendo. Yo soy su segundo. ¿Cuál es el tuyo? Malfoy miró a Crabbe y Goyle, valorándolos. Crabbe respondió.

A medianoche, ¿de acuerdo? Nos encontraremos en el salón de los trofeos, nunca se cierra con llave. Cuando Malfoy se fue, Ron y Harry se miraron. ¿Qué es un duelo de magos? preguntó Harry. ¿Y qué quiere decir que seas mi segundo? Bueno, un segundo es el que se hace cargo, si te matan dijo Ron sin darle importancia. Al ver la expresión de Harry, añadió rápidamente: Pero la gente sólo muere en los duelos reales, ya sabes, con magos de verdad. Lo máximo que podéis hacer Malfoy y tú es mandaros chispas uno al otro. Ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero daño.

De todos modos, seguro que él esperaba que te negaras. ¿Y si levanto mi varita y no sucede nada? La tiras y le das un puñetazo en la nariz le sugirió Ron. Disculpad. Los dos miraron. Era Hermione Granger. ¿No se puede comer en paz en este lugar? dijo Ron. Hermione no le hizo caso y se dirigió a Harry no pude dejar de oír lo que tú y Malfoy estabais diciendo, No esperaba otra cosa murmuró Ron.

Y no debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perderás para Fenix si te atrapan, y lo harán. La verdad es que es muy egoísta de tu parte. Y la verdad es que no es asunto tuyo respondió Harry. Adiós añadió Ron. De todos modos, pensó Harry, aquello no era lo que llamaría un perfecto final para el día. Estaba acostado, despierto, Neville no había regresado de la enfermería. Ron había pasado toda la velada dándole consejos del tipo de: «Si trata de maldecirte, será mejor que te escapes, porque no recuerdo cómo se hace para pararlo». Tenían grandes probabilidades de que los atraparan Filch o la Señora Norris.

Harry sintió que estaba abusando de su suerte al transgredir otra regla del colegio en un mismo día. Por otra parte, el rostro burlón de Malfoy se le aparecía en la oscuridad, y aquélla era la gran oportunidad de vencerlo frente a frente. No podía perderla. Once y media murmuró finalmente Ron. Mejor nos vamos ya. Se pusieron las batas, cogieron sus varitas y se lanzaron a través del dormitorio de la torre. Bajaron la escalera de caracol y entraron en la sala común de Fenix. Todavía brillaban alguna brasas en la chimenea, haciendo que todos los sillones parecieran sombras rojas. Ya casi habían llegado al retrato, cuando una voz habló desde un sillón cercano. No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry. Una luz brilló. Era Hermione Granger; con el rostro ceñudo y una bata rosada. ¡Tú! dijo Ron furioso. ¡Vuelve a la cama! Estuve a punto de decírselo a la Profesora contestó enfadada Hermione.

Harry no podía creer que alguien fuera tan entrometido. Vamos dijo a Ron. Empujó el retrato y se metió por el agujero. Hermione no iba a rendirse tan fácilmente. Siguió a Ron a través del agujero, gruñendo como una gansa enfadada. No os importa Fenix; ¿verdad? Sólo os importa lo vuestro. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y vosotros vais a perder todos los puntos que yo conseguí de la profesora McGonagall por conocer los encantamientos para cambios. Vete. La mayor puntuación que ganamos nadie sabe para quién era solo aparecieron los 22 puntos en el reloj.

Muy bien, pero os he avisado. Recordad todo lo que os he dicho cuando estéis en el tren volviendo a casa mañana. Sois tan Pero lo que eran no lo supieron. Hermione había retrocedido hasta el retrato del Fenix, para volver; y descubrió que la tela estaba vacía. EL ave se había ido a una vuelta nocturna y Hermione estaba encerrada, fuera de la torre del Fenix. ¿Y ahora qué voy a hacer? preguntó con tono agudo. Ése es tu problema dijo Ron. Nosotros tenemos que irnos o llegaremos tarde. No habían llegado al final del pasillo cuando Hermione los alcanzó. Voy con vosotros dijo. No lo harás. ¿No creeréis que me vaya a quedar aquí, esperando a que Filch me atrape? Si nos encuentra a los tres, yo le diré la verdad, que estaba tratando de deteneros, y vosotros me apoyaréis. Eres una caradura dijo Ron en voz alta. Callaos los dos dijo Harry en tono cortante. He oído algo. Era una especie de respiración. ¿La Señora Norris? resopló Ron, tratando de ver en la oscuridad.

No era la Señora Norris. Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos. ¡Gracias a Dios que me habéis encontrado! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama. No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «caramelos de limon», pero ahora no te servirá, porque el ave Fenix se ha ido no sé dónde. ¿Cómo está tu muñeca? preguntó Harry Bien contestó, enseñándosela. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto. Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más tarde ¡No me dejéis! dijo Neville, tambaleándose. No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces. Ron miró su reloj y luego echó una mirada furiosa a Hermione y Neville.

Si nos atrapan por vuestra culpa, no descansaré hasta aprender esa Maldición de los Demonios, de la que nos habló Quirrell, y la utilizaré contra vosotros. Hermione abrió la boca, tal vez para decir a Ron cómo utilizar la Maldición de los Demonios, pero Harry susurró que se callara y les hizo señas para que avanzaran. Se deslizaron por pasillos iluminados por el claro de luna, que entraba por los altos ventanales. En cada esquina, Harry esperaba chocar con Filch o la Señora Norris, pero tuvieron suerte. Subieron rápidamente por una escalera hasta el tercer piso y entraron de puntillas en el salón de los trofeos.

Malfoy y Crabbe todavía no habían llegado. Las vitrinas con trofeos brillaban cuando las iluminaba la luz de la luna. Copas, escudos, bandejas y estatuas, oro y plata reluciendo en la oscuridad. Fueron bordeando las paredes, vigilando las puertas en cada extremo del salón. Harry empuñó su varita, por si Malfoy aparecía de golpe. Los minutos pasaban. Se está retrasando, tal vez se ha acobardado susurró Ron. Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harry ya había levantado su varita cuando oyeron unas voces. No era Malfoy. Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.

Era Filch, hablando con la Señora Norris. Aterrorizado, Harry gesticuló salvajemente para que los demás lo siguieran lo más rápido posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Neville acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos. Tienen que estar en algún lado lo oyeron murmurar. Probablemente se han escondido. ¡Por aquí! —señaló Harry a los otros y, aterrados, comenzaron a atravesar una larga galería, llena de armaduras. Podían oír los pasos de Filch, acercándose a ellos. Súbitamente, Neville dejó escapar un chillido de miedo y empezó a correr, tropezó, se aferró a la muñeca de Ron y se golpearon contra una armadura. Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo.

¡CORRED! exclamó Harry, y los cuatro se lanzaron por la galería, sin darse la vuelta para ver si Filch los seguía. Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harry delante, sin tener ni idea de dónde estaban o adónde iban. Se metieron a través de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían que estaba a kilómetros del salón de trofeos. Creo que lo hemos despistado dijo Harry, apoyándose contra la pared fría y secándose la frente. Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad. Te lo dije añadió Hermione, apretándose el pecho. Te lo dije. Tenemos que regresar a la torre Fenix dijo Ron lo más rápido posible. Malfoy te engañó dijo Hermione a Harry. Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle. Harry pensó que probablemente tenía razón, pero no iba a decírselo.

Vamos. No sería tan sencillo. No habían dado más de una docena de pasos, cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos. Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría. Cállate, Peeves, por favor. Nos vas a delatar. Peeves cacareó. ¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, os agarrarán del cuellecito. No, si no nos delatas, Peeves, por favor. Debo decírselo a Filch, debo hacerlo dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente. Es por vuestro bien, ya lo sabéis. Quítate de en medio ordenó Ron, y le dio un golpe a Peeves. Aquello fue un gran error. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! gritó Peeves. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS! Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta que estaba cerrada. ¡Estamos listos! gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta. ¡Esto es el final! Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves. Oh, muévete ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró: ¡Alohomora! El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.

¿Adónde han ido, Peeves? decía Filch. Rápido, dímelo. Di «por favor». No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron. No diré nada si me lo pides por favor dijo Peeves, con su molesta vocecita. Muy bien por favor.

¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido. Él cree que esta puerta está cerrada susurro Harry. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! Porque Neville le tiraba de la manga desde hacía un minuto. ¿Qué pasa? Harry se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba.

Durante un momento, pensó que estaba en una pesadilla: aquello era demasiado, después de todo lo que había sucedido. No estaban en una habitación, como él había pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido. Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos. Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harry supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran inconfundibles. Harry abrió la puerta.