Hetalia no me pertenece, este solo es de Himaruya. Yo escribo sin fines de lucro, solo para entretener y pasar el rato.

Cap. 25

Desde el punto de vista de Francis

Afuera el viento mecía los árboles, desnudándolos. A veces con delicadeza, otras violentamente. Pétalos de flores, hojas secas y algo de basura era lo único que se veía pasar por ahí, como si de una película independiente se tratase; una a la cual le faltaba una banda sonora, tal vez algo de violín o una guitarra solitaria. Mire las nubes, esas nubes grises que amenazan con soltar en cualquier momento una tormenta, pero no una cualquiera. Sino era una tormenta violenta sería una nevada. Pero si de algo estaba seguro era de que el clima, aquel día no era favorable… y hasta cierto punto, estaba de más, tomando en cuenta que era San Valentín; nada iba menos para un día tan romántico, como ese clima violento que advertía con desatarse fuera.

Di un suspiro y me talle los hombros. Tenía una extraña sensación en todo mi cuerpo, una especie de escalofrió que aparecía de pronto… como si de un mal presagio se tratase, pero eso era imposible. Si bien Arthur se escuchaba extraño cuando me llamo aquel día, y no habíamos tenido oportunidad de hablar, eso no significaba algo malo fuese a pasar, ¿O sí?

…No, no pienses de esa manera, Francis. No incites al karma, a dios, a buda, el osito del pan bimbo o lo que sea que este allá arriba, no vaya a ser que…

-¿A dónde vas?- profirió Antonio de pronto sacándome de mis pensamientos.- ¿Francis?

Me volví a este que me lanzaba una mirada entre reproche y preocupación. Gilbert también nos miró un momento, pero al ver que no era algo meramente de su interés se volvió a su revista.

-Ya te dije, a una cita con Arthur…- respondí al tiempo que tomaba el cepillo del tocador de mi amigo.

-¿Y a qué horas pretendes llegar?- inquirió.

-En una hora, dos, no sé…- sostuve mi cabello en una coleta alta.- Espero que no pronto.

-¿Con permiso de quién?- se paró frente mío. Ahora su expresión era una completamente maternal.

-…Por favor, Antonio…- me volví a Gil.- ¿Me pasas el chaleco que está sobre mi mochila?

-Claro…- exclamó el albino arrojándolo sin despegar la vista de aquella revista. ¿Pues qué leía que era tan interesante?

-Gracias.- me lo puse.- Perfecto, listo para mi cita… como siempre, me veo tan guapo…- me lancé un guiño.- Saldría conmigo de no ser que ya quede con Arthur, y es de mala educación cancelar de último momento…

-Oh, Fra, empiezas a sonar como yo…- dijo Gil.- Me siento orgulloso…- limpió una lágrima imaginaria.

-Y es ahora cuando sueña la música conmovedora…- ambos echamos a reír.

-¿Me vas a traer algo?- interrogó Antonio, un tanto infantil, echándose sobre mi espalda.

-No me esperes…- dije tranquilamente dándole una palmada en el hombro.- Le prometí a papá llegar a casa antes de la cena, más tardar después de esta. Así que no llegaré aquí. Igual les llamo para contarles.- Y dicho eso eche a andar escaleras abajo.

-¿Cómo te atreves a hacernos esto, Fra? ¡Nos abandonas! ¡Nos cambias por el cejas de azotador ese!- chilló Tonio siguiéndome hasta la puerta.- ¡Dile algo, Gil!- exigió al albino que iba saliendo de la alcoba.

-¡Qué te la pases genial, Fra…! ¡Tráeme algo!- sonrió lascivo.- ¡Usa protección!

-…Alemanes, los mejores amigos… ¿Eh?- bufó molesto.

-Me voy aquí antes de que se maten…

-Sí, claro, vete…- comenzó Antonio en tono de reproche.- déjanos hablando solos…

-Solo te está dejando hablar solo a ti…- aclaró Gil.

-Tú cállate.- dijo el castaño. Se volvió a mí.- Que malo eres Fra, desde que estás con Arthur nos ignoras terriblemente…

-Oh, vamos Antonio…- comencé.- Claro que no los ignoro…

-Claro que sí, desde que sales con Arthur a mí siempre me cuentas las cosas a medias y a Gil ya ni lo tocas. ¡Te has vuelto un mal amigo y un pésimo novio de mentiras…!

-… Por favor, Tonio. Déjate de dramas, que ese es mi trabajo.- dije cruzándome de brazos.

-Pues ya ni eso haces… nos has dejado en el olvido y…

-No le hagas caso, Fra. Está en su momento de novia psicópata… ya se le pasará. Tú ve y diviértete…- dijo Gil sonriente.

-Yo no estoy actuando como una novia psicópata…- protesto el castaño.

-Sí, claro, lo que digas…- le dio la vuelta y lo encamino a la casa.- Hagamos unas palomitas y veamos una película, y quien sabe, chance y si nos queda tiempo nos hacemos manicura…

-Ay, Gil… no ma…

-Bye, Fra….- le interrumpió Gil lanzándome un guiño.- Vamos, Tonio, vamos… mueve tu sexy culo…

-Gah, Gil, aléjate de mí…- se quejó el castaño. Eche a reír. Ese par no tiene remedio.

Camine cuesta abajo, por una de las calles más inclinadas. A lo lejos se veía el parque en todo su esplendor, y a pesar del mal clima la gente iba y venía, sin detenerse. Los autos pasaban uno tras otros, rápidamente; como siempre tenía bastante concurrencia.

Mire el reloj. Faltaban 10 minutos para las cinco… Tenía tiempo de sobra para dar una vuelta… pero preferí quedarme en una bella banca que daba frente al mar, a esperarle pacientemente.

Tome mi mochila y la deje caer a un lado. Me desperece un poco, di un lago bostezo, mientras me deslizaba en la banca, hasta el respaldo. Metí las manos en los bolsillos. Hacía frío… podía ver mi aliento y sentir la nariz enrojecer…

Torne mi vista al mar. El cielo gris, el viento ligeramente violento, las pocas hojas de los arboles opacas, y el mar meciéndose lentamente sin perder su encanto. Esa escena era tan surreal que cualquiera podría decir solo se podría crear en una historia escrita por un adolecente, pero era real y se encontraba ahí, frente mío.

Di un largo bostezo dejando escapar un par de lágrimas, tome mi mochila y saque una pequeña caja… La abrí para verificar que el contenido de esta aún se encontrará en buen estado. En efecto, los Macaroons de té rojo que me había tomado toda la noche preparar se encontraban enteros, con un aspecto apetecible y con un aroma dulce y esquicito que incitaba a comerse uno.

Sonreí plácidamente, complacido ante mi creación, y me estiré un poco y vi pasar a la gente… Esperando pronto verle aparecer entre la multitud.

Pasados ya quince minutos comencé a sentirme impaciente. Arthur siempre ha sido muy puntual, y un retraso suyo me parecía algo alarmante. ¿Le habría pasado algo? Tome el móvil de mi mochila y marque el número del inglés, pero este después de sonar eternidades me mando al buzón.

-Arthur, soy Francis…- comencé.- Estoy esperándote en la banca frente al mar, a un lado de la calle que da a la fuente de sodas… Llámame.- colgué.

Di un par de vueltas cerca de la banca, me recargue en el barandal de mirador, me puse a jugar con el celular... Y así pasaron otros diez minutos sin verle aparecer. Volví a marcar, me mando a buzón… no deje mensaje. Eso comenzaba a preocuparme.

Sentí un nudo en mi garganta formarse. ¿Estaría todo bien? ¿Por qué tarda tanto? ¿Acaso el autobús se había retrasado? ¿Venía a pie y se lastimo o canso? ¿Por qué no me ha mandado un mensaje? ¿Por qué no me respondía? ¿Se quedó sin batería? ¿Tal vez sin señal? ¿O simplemente no se le pego la gana de llamarme?

- Contesta de una buena vez, cejón odioso…- Bufé esperando a que me contestara, pero nuevamente me mando a buzón.- ¡Carajo!- proferí fastidiado introduciendo bruscamente el teléfono a mi bolsillo.- ¿Acaso esto podría ponerse peor?- chillé molesto. Sentí una gota fría, a tal grado que quemaba (vaya ironía) sobre mi mejilla. Rodé los ojos.- ¿Por qué te la traes conmigo, Dios?- inquirí mirando al cielo con el ceño fruncido. La lluvia vino con más intensidad.- ¿¡En serio!?- tome mis cosas y eche a correr.

La lluvia se intensifico. Los senderos del parque se volvieron charcos, después pequeñas lagunas, y por ultimo arroyos. Sentí mi cabello húmedo caer sobre mi rostro, trate de apartarlo sin éxito alguno.

-Genial, estoy empapado, he perdido completamente el encanto… y lo peor es que manche de lodo mi ropa… ¡No es justo, va a ser un embrollo limpiarla!- me queje molesto.- ¡Qué fastidio!- apreté la mochila.- Seguramente Arthur se burlará de mí…- "Si es que lo encuentro" Pensé.

Di un suspiro y seguí andando asegurándome de no pisar en ningún charco o algo en donde pudiese resbalarme terminando o más empapado, o más sucio o peor aún herido (y yo por alguna extraña razón atraigo a los golpes… No sé qué te traes conmigo Jesús, pero ya párale un rato, ¿No?), hasta que llegue a mi destino.

Me detuve frente a la puerta de la fuente de sodas, y tome un respiro, correr bajo la lluvia mientras refunfuñas es más agotador de lo que parece. Abrí la puerta y me introduje al establecimiento en busca de un asiento confortable y una bebida caliente que calmase los espasmos que el frío me producía.

Al verme una de las meseras me ofreció unas toallas de papel para sentarme y tomo mi orden. Pedí un chocolate caliente y me fui a sentar a una de las mesas del rincón.

-Aquí tiene su chocolate caliente. Que lo disfrute…- dijo la mesera apareciendo al poco rato, dándome una sonrisa amable.

-Gracias…- respondí viéndola marcharse a atender a otro cliente.

Di un sorbo a mí bebida mientras que observaba a las personas a mí alrededor. Eran en su gran mayoría parejas que compartían una bebida, un postre o un momento. Al notarme solo entre éstas no pude evitar sentirme un tanto nostálgico e imaginarme con Arthur, bebiendo algo y charlando de tonterías. Pero esa idea me hizo reír. Arthur no es precisamente romántico, y cuando yo quiero ponerme meloso con él se fastidia completamente… Y eso es algo que me gusta mucho de él… ¿Seré una mala persona porque me gusta hacer enojar al chico que me gusta? Nah, no creo. Más bien soy un tanto fastidioso y burlesco, más no mala persona. Además, Arthur se lo gana por gruñón, ¿no?

Di una risa ligera y seguí observando a las personas presentes. Una tras otra, imaginando sus historias. Algunas trágicas, otras melosas, algunas cómicas… Pero estaba seguro que ninguna historia como la nuestra.

En fin, después de otro sorbo y otra ojeada al lugar, saque mi celular esperando ver un mensaje suyo o alguna llamada perdida, pero no había nada.

Recargué mi mentón sobre mi mano y di un suspiro resignado… me había dejado plantado. Sacudí la cabeza al instante. No, no podía ser eso. Él no es alguien que falta a su palabra. Hasta ahora siempre que quedamos de vernos nunca ha faltado, así que simplemente no podía haber decidido empezar ahora, ¿Verdad?

Otra exhalación profunda. Otra mirada rápida al local. Otra vez un montón de dudas en mi mente. Otra vez una mirada al celular… Otra vez nada. Lo repetí una y otra vez hasta que me detuve en seco… en una de las mesas había alguien que me era completamente conocido. De hecho, eran dos personas que me resultaban familiares… Al identificarlas lo único que atine fue a sentir una apuñalada en el estómago.

-Mis ojos me deben estar jugando una mala pasada…- gruñí.

Me levante de dónde me encontraba, pague en caja mi bebida y me encamine minuciosamente hacia la mesa, lo más cerca posible para ver sin ser visto. Vi a Lilly, retorciendo las manos nerviosa, completamente sonrojada y abriendo y cerrando la boca, indecisa, como si no supiera que decir.

Me acerque un poco más, arriesgándome a ser descubierto, pero no me importaba. Me planto, no me dijo que llegaría tarde, me preocupe, y lo vengo a encontrar aquí, con ella… Creo que tengo derecho a saber por qué prefirió quedarse a su lado en lugar de llegar a nuestra cita, ¿O no?

Lo único en ese momento que me separaba de Arthur y Lilly era una pared. Una pared mitad de concreto y mitad de cristal. La mitad de mi cabeza asomaba por la parte de cristal, mientras que el resto de mi cuerpo se veía oculto por el concreto.

Arthur preguntó algo a Lilly que apenas pude percibir entre todos esos murmullos. Ella le miro, con los ojos llorosos, completamente sonrojada y hablo… no se ocupaba ser un genio para deducir que había dicho, ya que con solo ver a Arthur (el cual le miraba, anonadado, como si eso le resultara tan irreal como a mí me resultaba sentir celos de una chiquilla de doce años) resultaba obvio.

Él se levantó y dijo algo, seguramente una excusa por lo rápido que movió los labios; ella se levantó también. Lo tomo por la manga, haciendo que se volviera a ésta y ella volvió a repetir lo mismo, o al menos eso creo ya que el rostro de Arthur tomo el mismo semblante que tenía con anterioridad…

Y entonces, volviéndolo todo más absurdo aún, lo beso. Sí, lo beso. Fue un beso corto, suave. Como solo lo son los primeros besos. Yo solo les mire anonadado… En cuanto el beso termino, ambos se separaron lentamente. Arthur tomo a Lilly por las manos y dijo una frase entre labios. La chica, que tenía la mirada gacha, solo asintió; y yo no podía distinguir la expresión de su rostro. El la tomo por los hombros y después la estrecho con fuerza entre sus brazos.

Mi reacción después de eso fue bastante aleatoria. Primero entre en shock, sabía lo que pasaba, pero estaba en un estado de confusión que no me dejaba ver o pensar más allá de los hechos. Cuando paso eso, vino una especie de negación. No, eso no tenía ningún sentido… Él no se siente atraído por ella, no tengo porque estar mal. Luego vino la ira. ¿¡Por qué mierdas dejo que lo besará!? ¿¡Qué rayos tiene en la cabeza!? Luego la aceptación… bueno, ya lo hizo, lo beso, no puedo cambiarlo… Y justo después de eso vino algo que ni yo me esperaba… una sensación de pérdida y vacío. Y entonces supe que yo no tenía nada que hacer ahí.

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"-No sé cómo definirlo. Pero supongo que te puedo dar un adelanto… Mira… mamá… sobre nosotros… tengo un plan… solo en lo que se calma… para no levantar sospecha."

Esas palabras no dejaban de dar vueltas en mi cabeza. ¿A qué se refería con plan? ¿A qué se refería con sospechas? ¿Qué diantres pintaba Ashley? Di un bufido. Esto solo me confundía más. No dejaba de darle vueltas al fin de semana que habíamos compartido juntos ni a la llamada, en busca de un indicio, de lo que fuera que me explicara un poco la situación. Así que opte por dejarlo, y seguí caminando sin rumbo fijo, sin importarme el hecho de estar bajo la lluvia, de arriesgarme a pescar un resfrió. Tenía que haber una explicación, de eso estaba seguro, pero me sentía tan traicionado que…

-¡Fra! ¡Francis!- gritó una voz trayéndome de vuelta a la realidad. Me volví en busca de esta. A lo lejos vi a Gilbert seguido por Antonio. Ambos traían puestos sus impermeables. Me detuve en seco a esperarles.

-¡Jolines, tío, ¿Pero qué te ha pasado?!- soltó Antonio deteniéndose frente mío.- ¡Qué estás empapado hasta la madre!

-…A puesto a que no te lo esperabas, ¿Eh?- dijo Gil hurgando en su mochila. Desvió la mirada un momento de lo suyo.- ¿Dónde está Arthur, por cierto?- preguntó contrariado.

-Cierto, ¿Dónde está el muy gilipollas?- preguntó Antonio con cierto fastidio.- Anda Gil, saca eso ya o va a pescar una pulmonía.

-Cierto, toma…- exclamó el albino sacando un impermeable azul cielo. Lo coloco sobre mí.- Vamos por Arthur y vamos a casa o algún lugar dónde puedas vestirte…

-Yo te prestaré algo de ropa…- soltó Antonio.- No importa si te queda grande, el chiste es no te nos enfermes y…- se hizo un breve silencio.- ¿Francis, estás bien?- preguntó preocupado.

-…Luces decaído…- dijo Gil mirándome del mismo modo.- ¿Qué ha pasado?

Mire a ambos, y ellos me sostuvieron la mirada. Sus ojos exigían una respuesta, y yo no sabía que decirles. Di un suspiro, me acomode el impermeable y, mientras me dejaba caer sobre una banca, solté:

-Lo vi con Lilly…

-¿EHHH?- soltaron mis amigos de pronto sin comprender de qué hablaba… y no los culpo.

-Estaba con Lilly.- reiteré.- Arthur estaba con Lilly… Yo lo vi con ella, se estaban besando… - mi voz se quebraba poco a poco, y yo me sentía idiota por no poder decir las cosas tal cual habían sido. Dicho así solo sonaba como un delirio tonto.

-¿¡Qué mierdas!? ¿¡Qué él hizo qué!?-inquirió Antonio irascible.

-…Francis, esto… ¿Cómo te sientes?- preguntó Gil sentándose a mi lado. Mire al albino y me dispuse a contestas cuando Antonio rugió:

-¿¡Pues tú como crees se siente!? ¡Como plato de segunda mesa!

-Tonio, cálmate; la pregunta era para él, no para ti…- dijo el albino con la mayor calma posible. Se volvió a mí, dejando a Tonio en sus injurias imperceptibles, y soltó: - ¿Y bien?

-…Creo que está bien…- comencé.- Quiero creer que lo estoy malinterpretando…- suspire amargamente.- Justo ahora siento algo de decepción… y mucho cansancio…- sentí la frustración venir de golpe a mi estómago.- Más que nada me siento harto de la situación… de amar, de ilusionarme, de rogar, de que siempre que vamos avanzando pasen cosas de este tipo.- me sincere.- Estoy harto…- sentí un nudo formarse en mi garganta, y note como, poco a poco, la imagen de mis amigos se iba distorsionando.-… pareciera que no voy a ningún lado, y eso me castra… en verdad.

Me deje caer con pesadez en una delas bancas, y oculte mi rostro entre las manos. No quería que me viesen mal, realmente, pero me sentía tan frustrado de pronto. Siempre, siempre es lo mismo. Vamos bien y de pronto todo se va abajo. Siempre que las cosas van en buenos términos, aparece algo o alguien que lo arruina. Scott, Ashley… pero hasta ahora ninguno me había pesado tanto como Lilly.

-Fra, está bien…- dijo Gil abrazándome.- Tranquilo…

-No quiero seguir con esto. Mi cabeza me dice que por más que lo ame, por más que quiera buscarlo y exigir una explicación, no debo búscalo más. Que he dado demasiado… y me duele porque yo… yo le prometí que estaría a su lado. Me siento como un mentiroso, pero a su vez me siento estafado. ¿Debería hacerle caso a mis pensamientos y simplemente dejarlo?

-Vamos, sea cual sea tu decisión, estará bien… así que solo respira…- pidió Antonio tomándome del brazo.

Ambos me daban consuelo y animo a su modo. Tonio no dejaba de maldecir y decir que Arthur se las pagaría por ponerme mal. Gil decía que llorar era poco genial y que no me favorecía. Yo no me había dado cuenta de que lloraba hasta que lo menciono… y me sentí avergonzado. No quería que ellos me viesen mal, eran mis problemas, y creo tener la madurez suficiente para lidiarlos solo, no quiero causarles ninguna molestia.

-Cielos, Fra, te ha pegado duro… - dijo Antonio después de un rato. -… Lamento que hayas tenido que ver eso, y que ahora te sientas así… si hay algo que pueda hacer, dímelo.

-…Igual yo lo siento…- dijo Gil.- No debí incitarte a hacer todas esas cosas… Disculpa por alentarte sin pensar bien las cosas. Si quieres reclamarme estás en tu derecho, y si quieres mi ayuda, no importa la hora, pídela.

-…Venga, no se pongan mal…- dije sintiéndome peor. No necesitaba que se sintieran comprometidos por mi tristeza, o al menos eso sentía. Yo sabía que en el fondo lo decían porque les importo, pero aun así no quería incomodarlos más.- No es tan malo, tenía mucho sin enamorarme y admito que me siento feliz por ello, es solo que… ahora la desilusión no me deja pensar con claridad, pero estaré bien… siempre lo estoy… esto solo será otra herida más a la que me acostumbraré…

-Entonces…- comenzó Gil preocupado.

-¿Se ha terminado?- completo Antonio sin expresión alguna.

- Solo para empezar seamos honestos, ¿Cómo puede terminar algo que nunca comenzó? ¿Cómo se puede perder a alguien que nunca te perteneció? – Comencé- … Además, ni siquiera sé motivos y razones; y puede que yo solo lo esté dramatizando…

-Así es, Fra, eso es… no pienses negativamente, puede que todo este mal enfocado o…

-O puede que en serio sea tan mala leche como para hacerlo…- delibero Antonio.- Sin pensar en ti, el muy egoísta…

-¿De qué maldito lado estas Tonio?- soltó Gilbert molesto.- Uno trata de animarlo a groso modo y tú dices eso que aparte de poco genial es hiriente…

-No estoy diciendo nada malo, puede que también sea el peor de los casos. Y claro que estoy de parte de ustedes dos…

-Pues no lo parece…

-Pues si lo estoy. Me duele verle mal. Me duele como me dolió en su momento saber que Iván te hizo a ti una de las suyas. Aunque se haya aclarado...

-Antonio…- soltamos Gil y yo a la par.

-Son mis amigos y por ende soy leal a ustedes, pero también son mi familia y por eso debo cuidarlos y protegerlos.- nos miró.- Esto va más allá del hecho de que sean homosexuales, o de que odie a sus respectivas parejas… va del hecho de que me duele lo que les pasa y no tengo ni la menor idea de que hacer… así que solo atino a ser honesto y lo siento. Ese soy yo… amable solo con quienes lo merecen hasta que me muestran que no valen como personas… y es ahí cuando me muestro violento y racional aunque no me guste… podría seguir sonriendo tranquilo y decir que todo estará bien… pero te veo llorando y sé que no es así…- me señalo.- No sabes cómo me duele verte mal y no poder hacer absolutamente nada…

-… A mí también me duele verlo mal, Tonio; y es cierto que tengo ganas de partirle la cara a Arthur a pesar de ser mi amigo, pero no podemos ser tan extremistas… digo, lo conozco un poco, no puede ser solo que se le dio la gana y lo hizo…- comenzó Gil.- A mí me duele porque también lo considero, como a ti, parte de mi grupo y parte de mí, y quiero que los traten como se merecen ser tratados. Genialmente, todo el tiempo, porque ustedes son así.- suspiro.- Pero debo dar un buen escenario, el pesimismo no nos llevará a nada… ni la violencia, por grata que resulta para desahogar la ira, tampoco. Ahora es la impresión las que nos hace ver mal las cosas, la que nos da el peor de los escenarios…- me miro.- Pero cuando pase, pensaras mejor las cosas… porque no eres para nada tonto.

-… Aunque igual no creo sea pronto…- solté. Ambos me miraron.- Gracias, por todo chicos, en verdad me siento bien de saber que piensan eso de mí; para mí también son mi familia, pero no quiero hablar de esto, no aun. No me siento meramente con ánimos, hay muchas cosas en mi cabeza…

-¿Entonces qué quieres hacer?- preguntaron a la par.

-Quiero estar solo y pensar, solo eso…

-Pero…

-Chicos, si en verdad jactan de conocerme entonces ustedes saben bien porque quiero irme…

-…No quieres que sigamos viéndote llorar como nenaza, ¿Verdad?- dijo Gil sonriendo tristemente.

-Y mucho menos quieres ponerte como loco frente a nosotros y terminar diciendo cosas de las que te arrepentirás como con lo de Jeanne, ¿No es así, tío?- soltó Tonio agachando la mirada.- Perdón por mencionarla, por cierto.

-No hay problema… ya no soy aquel chiquillo, ya puedo escuchar su nombre sin volverme una bomba de tiempo…- di la vuelta.- Gracias por todo, en verdad… yo… los veo luego…

Di un par de largos y pesados pasos, y solo volví mi vista atrás una vez, para ver como ambos trataban de detenerse mutuamente para no seguirme. Sonreí tristemente, puede que no tenga el amor que quiero… pero al menos tengo un par de malos amigos que harían lo que fuese por mí, y eso es algo para estar agradecido.

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Camine, solo eso hacía. Caminaba colina arriba por la calle principal. Hace algunas cuadras que había pasado mi casa, pero no podía detenerme. Mientras caminaba más pensaba en él, y entre más pensaba en él más ira sentía, y entre más ira sentía más recordaba… Y entre más recordaba más largos y pesados se volvían mis pasos, y más largo se volvía el camino sin rumbo a dónde mis emociones me llevaban.

En un momento dado, después de seguir andando hacía ninguna parte me detuve. Al darme cuenta que estaba perdido me sentí como un niño pequeño. Me sentí impotente y las lágrimas aparecieron. Las seque amargamente. No lloraría, llorar no solucionaría nada. Debía seguir caminando…

Pero no podía, de pronto mi cabeza solo estaba llena de recuerdos. La primera vez que nos vimos, en el aula de clase. El trabajo de historia. Escapar de Zwingli. Navidad. La playa. La disco. Nuestras citas. El fin de semana… Todo estaba ahí. Lo bueno que compartimos, las risas, los malos chistes, los gustos… Lo malo, las lágrimas, las historias, el pasado… Todo eso a pesar de ser diferente era algo que compartíamos en común, que seguimos compartiendo…

Todo eso es precioso.

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Me di cuenta un auto me seguía después de andar una cuadra. Era un auto compacto color gris, algo viejo. Seguí andando sin darle importancia. Justo unos metros antes de llegar a la esquina el dueño de este me grito:

-Hey, ¿Te llevo?

-Amigo, - respondí sin dejar de caminar- por si no te has dado cuenta soy un chico, no una nena solitaria.

-Eso ya lo sé, y me da igual.- respondió.- Sube, te llevo…- abrió la puerta.

-Déjame en paz, pervertido…- solté apresurando el paso.

-…No aceptaré un no por respuesta y lo sabes…- dijo.

-Pues mira como me paso tu invitación por el arco del triunfo…- respondí.

Justo daba vuelta en la esquina cuando sentí como una mano me tomo por el hombro y de un tirón me adentro al auto. Di un respingo mientras empecé a gritar todas las obscenidades que venían a mi mente por la ira. Mi captor solo reía divertido. Cuando me volví para afrontarlo me quede en shock. En definitiva hoy era el día de los encuentros inesperados:

-Hey, ranita…- exclamó galante.- En serio no pensaste te iba a hacer daño, ¿O sí?

-Hey…- solté sin ganas.- ¿Usted qué cree?- arquee la ceja.

-Oh, que delicado…- hizo morritos.- Como sea, ¿Qué hacías tan solo a estas horas y en esta zona? Eso sí que es imprudente…

-Tan imprudente como introducirme en su auto a la fuerza…- respondí. Rodo los ojos.- No estaba haciendo nada en particular, simplemente me dieron ganas de caminar… y para cuando me di cuenta estaba un poco perdido…- entrecerró los ojos, suspicaz.- Bueno, está bien, muy perdido…

-Eso creí, y perdona por hacerlo de esa manera.- suspiró.- Pero bueno, ve el lado amable, no soy un pervertido sexual sino un buen samaritano.- retomo el volante.- Así que abróchate el cinturón y dime: ¿A dónde te llevo?

-…A dónde usted quiera…- respondí. Me miro un tanto confundido.- No tengo muchas ganas de ir a mi casa, siendo franco. Y de vagar bajo la lluvia ya me harte. Creo que por hoy le dejo mi camino en sus manos…- sonrió.

-En buenas manos lo has dejado.- lanzo un guiño.- Dime, ¿Alguna vez has comido en un restaurant turco autentico?- negué.- Pues hoy es tu día de suerte.

-…Así parece.- solté encogiendo los hombros.- Vamos entonces.

-¡Bien dicho!- exclamó dándome una fuerte palmada en la espalda.- ¡Ese es el espíritu! ¡No te arrepentirás!

Y dicho eso último dio un giro en seco… metiéndose a una zona de la ciudad que hasta aquel entonces, me era completamente desconocida.

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-Sadiq, ¿A dónde me llevas?- pregunté nervioso al observando las calles vacías, las casas descuidadas, los edificios grises y viejos, los perros y gatos callejeros hurgando en los basureros. Una sirena sonó a lo lejos.- ¿Este lugar es seguro?

-Bueno, si con seguro te refieres a que nunca me ha pasado nada; sí, lo es.- dijo tranquilo.- Aunque de vez en cuando hay redadas y cosas por el estilo, es normal ver patrullas rondando por aquí… ¡Pero no tengas miedo! Si nos confunden con pandilleros o algo así, solo tenemos que correr hasta que nos pierdan de vista…

-…Esto no me hace sentir cómodo…- chillé cruzando los brazos.- Creo que mejor iré a mi casa…

-¡Oh, venga!- exclamó rodeándome por los hombros con fuerza.- ¡No seas aguafiestas! Ya has venido conmigo hasta acá como para que de último momento te arrepientas… ¿En serio quieres dejar pasar la oportunidad?

-…No es que no quiera conocer el restaurant, pero aún tengo suficiente sentido común como para saber que no quiero terminar en una celda…

-Oh, venga, eso no pasará…- me tomo por la muñeca.- Ven, es por aquí…

A travesamos la calle hasta llegar al fondo de ésta, había varios edificios con un aspecto abandonado y peligroso. Las personas que se visualizaban por las ventanas de estos tenían cara de pocos amigos. Apreté la mano de Sadiq con fuerza y le seguí a pesar de que en mi cabeza sonaba una alarma de que no era buena idea. Entre los edificios se visualizaba unas escaleras bajo tierra. Eran estrechas y pequeñas. Era algo difícil poner los pies en los peldaños. Igual baje como pude, sin soltarme del turco. Como sacado de una película de terror, se veía un pasillo sombrío, y al final de este se visualizaba una lívida luz, que atravesaba unas extravagantes cortinas color rojo con adornos en dorado.

-Sígueme, ya casi llegamos…

-Eso tiene diciéndome desde que llegamos a esos edificios de mala muerte…

-¿Insinúas que te llevaré a un lugar de perdición?

-No quise decir eso…

-Lo haría, pero eres demasiado joven y tu abuelo es mi jefe. No pienso arriesgarme por más tentador que sea…

-¿EH?

-Espero que haya mesas…- dijo cambiando el tema.

-Mamá, ayúdame…- mascullé.- No sé en qué lio acabo de meterme…

Sadiq empujo las cortinas, dibujo una sonrisa burlona, y con paso decidido entro llevándome a cuestas. Dirigí mi vista del suelo al lugar en general y quede maravillado. ¡Parecía había entrado a la habitación de un jeque árabe! Las mesas eran de madera, algo bajas y resplandecientes. Los sillones tenían cojines con un tapiz en rojo y bordados dorados exóticos, algo de muy buen gusto. Había unas alfombras en el piso que combinaban perfectamente con la decoración en el techo y las paredes (en el techo había unas lámparas de metal con figuras que se reflejaban en las paredes debido a la luz que se infiltraba entre estas; mientras que en las paredes había cuadros sobre una mezcla de tapizado y piedra. Había unas cuantas ventanas, pero se encontraban cubiertas por unas cortinas blancas que impedían el paso de la luz). El techo era de madera, también con tapiz, y las lámparas. Todo parecía sacado de un cuento, era demasiado fantástico como para ser real.

Al frente, dónde se encontraba la barra y a su vez la caja, se podía ver un letrero mediano en rojo, con letras blancas que rezaban: "ISTAMBUL" y la U de este era conformado por una cuarto lunar y una estrella (Papá moriría ante tan simple pero bien definido logo).

No cabía duda que todo se había planificado perfectamente para que la experiencia fuese única sin perder la esencia.

-Sadiq, pero que gusto verte…- exclamó una voz femenina de pronto. Ambos nos volvimos a esta. Se trataba de una hermosa mujer de no más de 30 años. Cabello castaño sostenido por una especie de tiara formada por esferas doradas, ojos miel delineados de tal modo que lucían profundos y enigmáticos, sus labios eran finos y rojos, su tez tostada como el café; vestía un top negro, con unos brazaletes del mismo color en los brazos, una falda color rojo hasta los tobillos, y sobre los hombros una especie de capa color verde militar.

-Hasret preciosa, el gusto es mío.- dijo Sadiq haciendo una leve reverencia.- ¿Cómo se encuentra la más bellas de las flores?

-Hermosa y fragante como siempre, gracias. ¿Qué hay de ti?

-Lleno de vida, como podrás ver.- sonrió.

-Así parece… ¿Y quién es este encantador jovencito que viene contigo?- preguntó curiosa acercándose.- Sí que es lindo…- esbozo una enorme y dulce sonrisa.

-Mi nombre es François Bonnefoy… y es un gusto conocer a una dama tan refinada como usted.- le di un beso en la palma de la mano.

-Oh, pero que lindo. Se nota que es amigo tuyo, Sadiq querido…- le jalo la mejilla.- Tomen asiento, en seguida les mando servicio…- se quitó la capa.- Usa esto, querido…- pidió colocándola sobre mis hombros.- Que estás helado. Y los hombres para mi agrado deben de ser como el café…- lanzó un guiño coqueto para después echar a andar, contoneándose de una manera sutil y sensual; me sonroje.

-Creo que le has gustado…- dijo Sadiq echando a andar. Lo seguí.- Que mal, no me gusta tener amigos-rivales…- rio.

-¿Qué?- inquirí.

-Nada, vamos, acabo de ver una disponible.

Nos sentamos en el rincón, cerca de una especie de escenario. Al poco rato apareció un mesero con una botella de alguna especie de licor, dos vasos y una especie de taza con tapadera de metal con un diseño único, meramente arábico.

-Cortesía de la señorita Hasret…- dijo el mesero.

-Dígale que es muy amable de su parte.- respondió Sadiq.- ¿Podría dejar una carta? El chico es nuevo por estos rumbos… y para mí, joven, lo de siempre.

-Como ordene…- soltó el mesero dejando una carta sobre la mesa, para después retirarse.

-¿Viene aquí con frecuencia?- pregunté.

-Mucha más de la que crees…- tomo la botella, y sirvió el contenido de este en el vaso que se encontraba vacío en una cuarta parte. Después tomo uno con agua y vació este en el que contenía licor hasta dejarlo a la mitad, haciendo que el licor incoloro tomara una tonalidad blanca, un tanto lechosa. – Deberías de beber eso antes de que se enfrié, lindurita…- dijo burlón. Hinche las mejillas.- Je, ya en serio. Deberías tomarla caliente…- puso su mano sobre mi frente.- En verdad que estás frio… ¿Te sientes bien?- preguntó.

-Bueno, he estado mejor. Pero no quiero amargar la noche hablando de eso…- tome el vaso de metal.- ¿Y esto cómo se abre?- pregunté curioso.

-Sencillo…- respondió tirando la tapadera. Está salió al instante. Dentro de la tasa de metal se encontraba una taza de la misma medida de cerámica.- Mmm… Un delicioso Kahve, y no uno cualquiera, te lo mando Orta, - lancé una risilla.- ¡ORTA, FRANCIS BONNEFOY; ORTA! – Exclamó tratando de contener la risa.- Cielos, que esto no pasaba en Turquía…- echó una carcajada.- Traducido para ti, te lo mando estándar…

-Así pierde todo su chiste…- dije.- ¿Cómo que estándar?- pregunté.

-Ligeramente endulzado. Cuando es amargo es SADE y cuando es dulce se le llama SEKERLI, pero este es un estándar.

-Dígalo como es…- le reté.

-Contigo aquí, ni hablar….- dijo divertido. Ambos nos miramos, largo rato.- ¿Qué ves, ranita? ¿Acaso te gusto?

-Eso quisieras, pero no. Creo que este amor seguirá siendo unilateral un tiempo más…- dije observando el contenido de la tasa. Por alguna razón todo dentro de este pequeño restaurant parecía tener un misticismo que no conocía las barreras del tiempo. Sonreí.- Me preguntaba, si podría hablar contigo de algo sin que me juzgues loco… porque bueno, a fin de cuentas eres un adulto, uno raro, pero un adulto y pues pensé…

-Oh, gracias por dejármelo en claro.- Dio un sorbo al vaso de agua que tenía y después uno al Raki.- ¿Sobre qué necesitas concejo?- preguntó.

-Es un mal de amores…

-Oh, dios, jamás creí que llegaría el día que te oiría repetir eso…- exclamó fingiendo asombro.

-Pues llego el día, bienvenido.- respondí.

-Jajaja, así parece…- se dejó caer sobre el sofá a sus anchas y se volvió a mí.- ¿No que no te querías amargar la noche?

-Pues no quiero, pero siento que voy a enloquecer si no se lo cuento a alguien…

-Bueno, sí es así, adelante. Soy todo oídos… y la noche es nuestra.- me miro.- Pero advierto que quiero escuchar la historia desde el inicio, con detalles, de lo contrario lo que diga será inútil.

-Bueno, vale…- solté.- Pero solo si promete una cosa…

-¿Y qué podría ser?- inquirió.

-Esto no saldrá de aquí…

-Perfecto, tienes mi palabra, ranita. Además, lo que se dice en Istambul, se queda en Istambul.

-¿Qué no era lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas?

-Eso, pero me entendiste.- exclamó.- Y bien, ¿En qué puedo ayudarte…?

-Bueno, comencemos entonces… con el primer día de escuela.

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Resumir una historia jamás ha sido cosa fácil, más cuando es una historia larga en la cual más que los hechos cuentan los pequeños detalles que la fueron forjando. Al principio era difícil explicar cómo no toleraba verle y como me parecía estúpido los demás lo aclamaran y el abuelo lo compadeciera. Después era una mezcla entre amistad y odio. Era hablar sobre trabajos, riñas, malos entendidos… Cuando llegue a la parte del amor-odio fue cuando no sabía cómo explicar las cosas o como resumirlas. Eran demasiados detalles, demasiados momentos, demasiadas… palabras y emociones.

La cronología de seis meses (es sorprendente el tiempo que ha transcurrido), todo lo que puede pasar en ese tiempo. Desde el primer encuentro hasta ahora. Y todo lo que se relacionaba, las historias alternas dentro de la misma. De pronto esto parecía una especie de libro que no iba a más de la mitad.

Sadiq solo asentía mientras bebía tranquilamente su licor, creo se llama Raki. Mientras yo me mostraba asombrado al ver que no le movió en lo más mínimo saber de quién hablaba.

En el momento que mencione el nombre de Arthur, juro que esperaba del profesor Sadiq una reacción como la de Gilbert aquel día en el tejado… o la de Antonio en su casa. ¡Cielos, incluso esperaba que me diera una patada en la cara como Arthur la primera vez que le besé! Pero no, su reacción sin duda fue completamente distinta, Seychelles quedaba como una maldita perturbada en comparación. Él solo me miro, levanto levemente la ceja y reiteró: "¿Arthur?" cuando lo confirme solo dio otro sorbo a su bebida y dijo: "Interesante, ¿Y después que pasó?", como si fuese la cosa más común del mundo.

Seguí con la historia. Le hablé sobre aquella vez que Arthur me presto su sombrilla y yo termine llevándolo en mi bicicleta, así es, le hablé sobre el primer beso. Sobre cómo se lo tomaron mis amigos y mi hermana. Le hablé de cómo la cosa continua un tiempo como si nada, le hable sobre el día que habíamos escapado de Zwingli y lo que había sentido… Le hable sobre los amigos de Arthur, sobre los celos que sentí de Scott, más que de Mary. Le conté sobre como Arthur tomo un lugar que creí jamás sería tocado nuevamente desde que Jeanne había muerto. Sobre como en un inicio, en base a lo que paso en el restaurante, creí que Arthur tenía una relación con Alfred y como eso me importaba desde un inicio. También le hablé de cuando lo fui a visitar porque pesco un resfrió, en parte mi culpa y en parte suya. A todo esto, el reaccionaba de lo más tranquilo, como si le estuviese hablando del clima o que se yo. De hecho, sus reacciones eran más maduras de lo que me imaginaba… Y eso me ponía un tanto nervioso.

Aunque también podría ser el hecho de darme cuenta de lo inmaduro que actuó al lado de Arthur y lo paterno que suelo ser con él lo que me ponía un tanto inquieto.

-¿Sabe?- di un largo sorbo mi Kahve. Su sabor era bastante amargo (y eso que se supone era ligeramente dulce), iba solo, sin leche o azúcar; completamente oscuro.- Yo le odiaba.

Él me miro. Su mirada era afable, y a la vez seria, como si estuviese asimilando aun lo que acaba de escuchar. Tomó un trago de su Raki, dio un suspiro de satisfacción y sonrió.

-Tal vez tú no lo odiabas. Tal vez desde el principio te atrajo, pero fue tan fuerte la atracción que la interpretaste como rivalidad y a su vez como odio. Tal vez siempre te gusto, solo que no querías verlo. Créeme, tiende a pasar, y es más común de lo que crees.- dijo.

-…Posiblemente, pero ahora me siento como al inicio. Lo amo de corazón, pero le odio con toda mi inteligencia.

-Entonces, basándome en lo que has dicho, no le odias mucho…- se burló.

-¡HEEEY!

Sadiq se echó a reír, alegremente. Dibuje una sonrisa, su risa era contagiosa, pero no mucho, ya que la melancolía vino de vuelta a mí.

Y no pude evitar recordar la situación que me llevo a parar a este restaurant turco, con el único profesor que me llevo bien, a las afueras de la ciudad, en uno de los distritos más peligrosos…

- Pero esto no es ni la mitad de la historia, ¿Verdad?- soltó Sadiq sacándome de mis pensamientos. Negué.- Eso pensé… ¡Camarero! Otro Kahve y una botella de Raki por aquí. ¡Y un LAHMACUM para el muchacho!-Ordenó. Di el último sorbo a mi Kahve. Me volví a Sadiq. -… Entonces, en lo que esperamos, ¿No te apetecería continuar con la historia?

-…Ah, siendo honesto no.- deslicé los dedos en la orilla de la tasa. Pero, ya comencé y sería descortés dejarle a medias… además, esto es solo el inicio…

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Cuando llego la segunda ronda de bebidas y lo que el profesor había pedido desde que habíamos llegado, (algo llamado Kebab), me dispuse a continuar la historia desde el punto en que la había dejado. Entonces continué hablando, ahora sobre lo que paso después de la llegada de The Chaos Theory a la ciudad. Sobre Ashley y su actitud tan aleatoria con Arthur, sobre ese tal Zack del cual no volví a escuchar nombrar. Sobre la increíble revelación que vino con el encuentro de Antonio y su hermana… Me sentí ingenuo, porque en ese entonces yo no creía a Arthur capaz de hacer algo así, o de haber hecho algo así… Vaya que estaba equivocado.

Recordé esa navidad una vez más… recordé el lado de Arthur que jamás creí vería al descubierto. Su padre y lo que se rompió con la muerte de este, y lo triste que estaba ese día por el pleito que tuvo con su madre. Recuerdo que cuando lo vi marcharse con Alfred pensé que este, Alfred, era afortunado por estar al lado de Arthur, porque en aquel entonces yo seguía pensando eran pareja.

Recordé también que le preste mi pañuelo y que hasta la fecha no me lo ha devuelto, pero eso es un detalle menor.

Ese día me di cuenta de que estaba enamorado de él, como cuando te estas quedando dormido. Lentamente de inicio, y de pronto de golpe.

Luego paso lo de la discoteca y lo de Scott, otra confirmación más de que me había prendado del cejón. Ese día fuimos a parar a casa de Iván, y entre Mary y yo cuidamos a Arthur de las garras de la amenaza roja.

Después descubrí que cada uno de los amigos de Arthur era peculiar a su modo… y paso el malentendido con Gil… Del cuál hasta Antonio sabía y yo no. ¡Vaya estúpido!

Después vino el momento de decirle la verdad a Antonio, otro momento glorioso para nuestra amistad… fue cuando nos enteramos Gil y Arthur eran amigos, también. Y vino a ocurrir lo de Iván para rematar todo.

Después paso lo de las clases de inglés debido a una mala lectura en clases. Ese día también ocurrió algo que jamás me hubiese esperado, Arthur se metió a defenderme del ataque de Iván… para después besarme en la enfermería. Ahora que lo pienso, ese beso fue tan impulsivo… como si Arthur… no, eso es imposible… ¿Arthur celoso de Gil? ¡Por favor!

Recuerdo también rompí con Anna, por aquellos tiempos… y ella juro venganza. Venganza de la cual hasta ahora no he visto nada. Curiosamente también me reencontré con Monique, la cual aún me demostró sigue molesta conmigo por algo que fue meramente provocado por ella y Seychelles.

Después de eso vinieron las citas, cada una especial a su modo. La primera fue en la playa, bueno, no meramente en la playa. Ese día fuimos a muchos lugares, a desayunar, a patinar, jugamos petanca… y Arthur se emocionó bastante, como si de un niño pequeño se tratase… y de ahí terminamos en la playa. Ese día nos besamos en el auto, ese día de pronto se comportó extraño… ese día me di cuenta de que estaba asustado de lo que estaba pasando… Del mismo modo en que lo estaba yo.

De pronto me sentía nervioso e inseguro. ¿No estábamos forzando las cosas? Todo era tan desconocido para nosotros. De pronto me di cuenta de que me había lanzado al vacío sin pensar mucho en lo que estaba ocurriendo y lo que podría traer en consecuencia. Actué conforme a mi edad y no conforme a lo que una persona con sentido común hubiese hecho. Tal vez debí pensarlo más… forzarlo menos. No debí creer que era tan fácil como parecía en mi cabeza… pero en ese momento… no me pareció de esa manera… y yo…

Pero bueno, eso lo seguí teniendo en mente con el tiempo. Incluso después de que…. De lo que paso en el cuarto de juegos… Yo sabía que algo no estaba marchando bien… pero nunca pensé que llegaría al punto en que…

-Creo que estoy listo…- solté aun sumergido en recuerdos.- Para decirle que es lo qué está pasando…

-…Entonces, adelante. Que la noche es nuestra aliada.- pidió dando un bocado de su platillo. El mesero llego con una especie de pizza para mí y la coloco en la mesa.- ¿Quieres comer? Dicen que las penas con pan son menos…

-Entonces las disminuiré… en cuanto termine con esto…- le mire.- Jamás me ha gustado dejar las cosas a medias.

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Recordar nuevamente todo lo que paso en el día no fue nada agradable, porque no podía soltar media oración sin detenerme a pensar en que palabras usar, en qué decir. Sadiq estaba bastante calmado, escuchando pacientemente. Cuando al fin terminé, el siguió comiendo, así que opte por hacer lo mismo a pesar de no tener mucho apetito.

Cuando ambos terminamos de comer, y yo con mi segunda taza de Kahve; Sadiq tomo un vaso limpio de la mesa contigua, le puso la mitad de agua y la otra parte de Raki y lo puso frente mío. Le mire anonadado.

-Sé que no tienes edad para beber, pero si me vienes a decir que no has bebido en tu vida te golpeare a media frente. ¿Entendido?- asentí.- Mmm… no sé cómo empezar, porque honestamente siento que lo que te voy a decir no te va a gustar…

-Da igual como lo diga…- solté tomando un largo trago de Raki, vaya, tiene un sabor muy parecido al anís. – Porque, solo para empezar, recurrí a usted en busca de un concejo, no de palabras bonitas que me hagan sentir mejor. Quiero sentar cabeza, no engañarme…

-…Vaya, no sé cómo sentirme al ver que estás depositando tanta confianza en mí.- comenzó. Ambos nos miramos largo rato.- Primero que nada, permíteme decir que no te ganas nada con estar tratando de no pensar las cosas…- di un suspiro.- Porque solo las pensaras más y más al grado en que te obsesiones. Dejalo que fluya, que este lo que tenga que estar, y que se vaya o se quede según le corresponda. Segundo, tienes 17 años, maldita sea. Eres aun un niño, deja de presionarte como si fueses un adulto, lo mismo va para él que no lo tengo en frente pero espero los oídos le zumben. – dio un trago a su Raki.- Tercero… veo aquí una relación muy decadente, en la cual una mano se bate desesperadamente mientras que la otra se mantiene estática, esperando a que algo la impulse, y dudo que eso pase…- sentí un nudo formárseme en la garganta a pesar de no tener muy en claro el concepto al que se refería.- Si quieres llorar, hazlo. Que duela lo que tenga que doler, deja ya de reprimirte… Ah, es triste ver que a tu edad lidies con ese tipo de cosas… es triste ver en sí como tú, él y tus amigos lidian con cosas que no les corresponden…- dio un trago a su Raki y yo di otro al mío.- Francis, lo que te voy a decir, como te advertí en un inicio no te va a gustar, pero lo hago por tu bien… O tú te alejas y esperas a que Arthur reaccione, o sigues aguantando las cosas. Tú decides, a estas alturas has dado demasiado como para seguir en una relación tan unilateral como es mi amor de harem por ti…- di una risilla… a pesar de no estar tan seguro si eso era o no una broma. – Es bueno verte sonreír después de notarte tan pesaroso… ese es el chico que recuerdo y creo que a todos nos gustaría siempre ver… pero bien sabes lo que dicen, ¿No? Detrás de una sonrisa hay una historia triste…- levanto su Raki.- Brindemos, Francis…

-¿Eh, por qué?- inquirí levantando mi vaso.

-Por Arthur, que ha hecho que vuelvas a la vida, por ese amor que estás sintiendo… y por el dolor también. Por todo lo bueno que has obtenido durante estos seis meses. Por los errores que se han vuelto sabiduría y por los que se volverán… ¡Brindemos porque estamos vivos y aún podemos gritar!

-¡Salud!- gritamos a la par.

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Seguimos bebiendo mientras hablábamos del tema. Al parecer Sadiq estaba viendo las cosas de una manera más objetiva de lo que yo las había visto. Me hizo entender que estaba empezando a tener lastima por Arthur y que eso no estaba bien. También comprendí, entre copas y charlas, que estaba siendo muy egoísta conmigo mismo y que estaba pidiendo demasiado. De pronto me di cuenta de muchas cosas de las que no estaba consciente y que era necesario analizara.

Pero eso no sería esta noche ni mañana… no, sería cuando estuviese listo.

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Comencé a escribir (y para no ser interrumpido apague mi celular), tome un cuaderno de mi mochila y comencé a escribir como desquiciado. De pronto, sentí deseos de decirle a Arthur todo lo que estaba pasando y lo que estaba pensando. También escribía, porque quería reducir la pena y quería (por si llegaba a olvidar las cosas) recordar todo lo vivido esta noche.

Las botellas de Raki y los bocadillos pasaron una y otra vez por nuestra mesa. En un momento dado Sadiq comenzó a cantar y yo a gritar mientras escribía que amaba a Arthur, que lo amaba a pesar del sufrimiento, porque había muchas cosas buenas en nuestra relación que rescatar. Mientras escribía lloraba, mientras más lloraba más escribía, como si las lágrimas liberaran las ideas en mi mente.

Sadiq en cambio seguía cantando, y por alguna razón me sentía identificado con la canción a pesar de no entenderla…

-"ŞIMDI AĞLAMAK GELDIYSE IÇIMDEN, ¡NE FARKEDER, NE FARKEDER! BAŞLAMAZ BITEN, EN GÜZEL YERINDEN… BU KAHREDER BU KAHREDER. BUNUN ADI KAHPE KADER"

Firme aquella carta y guarde el cuaderno nuevamente. Di un último trago a mí Raki y me dispuse a levantarme cuando escuche a lo lejos un sonido bastante particular… y después vi cómo la gente comenzaba a gritar cuando de la nada apareció Hasret diciendo:

-Genial, otra vez nos vienen con algo de sus estúpidas redadas, todos calmados que aquí nada de lo que se hace es ilegal…

Mire a Sadiq y él me miro a mí.

-Ranita, toma tus cosas y vámonos de aquí…

-Pero Hasret dijo…

-Hasret no le di alcohol a un menor de edad…

-Buen punto…- solté.

Salimos por la puerta trasera del local, Sadiq se despidió de la hermosa dama la cual nos agradeció nuestra visita. Esta puerta daba a otras escaleras que iban a dar a una salida a dos cuadras del establecimiento. Tuvimos que caminar de vuelta por el auto, pero para cuando llegamos la redada se había acabado y pudimos ver a lo lejos a Hasret, algo molesta, contestando preguntas de rutina.

-Tranquilo, ella estará bien, eso pasa todo el tiempo…

-Eso espero…- dije recargando mi cabeza en el tablero.

-¿Todo bien?

-Me siento fatal…

-Es el efecto del Raki en un novato…- rio.- Relájate un poco y duerme, que ha sido un día demasiado pesado para ti…

No dije nada más y obedecí a su orden… dejándome caer en los brazos de Morfeo.

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Siempre creí que el peor error que pude cometer a lo largo de mi joven vida fue aquel de salir a beber con mis amigos a una discoteca aquella noche del 14 de Julio; a mis quince años. Esa noche en la que bebí de tal modo que terminé despertando en un motel, sin memoria alguna de lo que había pasado y vestido de colegiala (que admito me iba muy bien), sin rastro alguno de mi otra ropa.

… Pero al parecer estaba equivocado.

Justo ahora, sin recordar lo que me tenía tan mal el día anterior; di un respingo un tanto aturdido al notar que ese cuarto no era mío. De hecho, me era completamente desconocido.

Tenía una apariencia mediterránea oriental meramente griega. Los adornos, el color, las ventanas… hasta el olor. En fin, era nuevo para mí.

Entonces, mientras indagaba tratando de recordar lo vi: Justo a mi lado izquierdo había un enorme bulto cubierto hasta la cabeza. Este dio un largo suspiro y se movió un poco. Trague saliva en seco temiéndome lo peor… así que, tomando el poco valor que tenía en ese instante, descubrí ligeramente el rostro de la persona a mi lado…

Ver a Sadiq, semidesnudo; me dijo, casi con el mismo impacto de un golpe en el estómago, que al fin había llegado el evento que le daría una patada en el culo a mi aventura de secundaria...

No podía ser posible. No recordaba nada de la noche anterior excepto que habíamos ido a un restaurant turco y que me había invitado de comer. Después de eso mi memoria era una película muda y empolvada, fuera de contexto y con los cuadros revueltos. Di un amargo suspiro.

-Esto no podría ser peor...- mascullé completamente crispado dándome la vuelta para no tener que verlo… y me encontré con la sorpresa de que había una tercera persona en la cama. Y al parecer era otro hombre con el torso desnudo. - Debería aprender a cerrar la boca...

¡Oh, merde! ¿En qué lío me he ido a meter ahora? ¡No quiero ni saberlo…! Ah, y lo peor de todo es que me duele la cabeza, siento ganas de llorar y no recuerdo absolutamente nada… puta merde, puta merde… Estoy jodido.

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Me fingí el dormido. Para mi sorpresa Sadiq no tardo en despertar a la par con el segundo hombre misterioso. Escuché como mi profesor comenzaba a reclamar respecto a unos gatos, y como los animales se estaban apoderando de la casa. El otro hombre no profería respuesta alguna y viéndose ignorado Sadiq opto por seguir armando alboroto hasta obtener una respuesta… aunque creo se quedará esperándola. En fin… me fingí dormido hasta que los escuche salir del cuarto. Entonces, puse manos a la obra y me levante rápidamente, aun crispado y tratando de recordar a marcha forzada, y sin éxito alguno lo qué había pasado.

¿Había sido acaso parte de un trio gay? Y de ser así, ¿En dónde me toco estar? Apreté los labios. En verdad no quería saberlo, y no pensaba indagar de ser así… Porque no tenía mucho caso rebuscar en una teoría sin fundamentos ni pruebas. Además, okey, había tenido algo de sexo, mientras no me pegaran algo o embarazada a alguien podía ser una aventura sin importancia de la que NADIE debía de saber.

Me senté y comencé a brincotear en esa misma posición sobre la cama. No, no me dolía el trasero, no me sentía cansado… solo me ardían los ojos, como si hubiese pasado gran parte de la noche llorando. Y no recordaba meramente el porqué, solo sabía que aún me sentía triste…

-Algo paso y parece ser que lo bloquee…- dije levantándome.- ¿Qué pudo haber sido?- me pregunté mirándome al espejo.-…Pero, ¿Qué rayos?- exclamé al verme. Traía un pijama rosado hasta las rodillas, con los hombros descubiertos y manga larga, que rezaba parís en la parte de enfrente. – Esto de mal gusto en definitiva no es mío…

Me deje caer en la cama y fije la vista al techo… me seguía sintiendo confundido y la cabeza me punzaba… además de que tenía un sabor amargo en la boca junto con una sensación seca en la misma. ¿Cuánto bebí anoche? No, más bien, ¿Qué fue todo lo que paso anoche?

-…Buenos días, Bonnefoy…- irrumpió una voz profunda, algo somnolienta y un tanto amigable; la cual me era muy conocida, trayéndome a la realidad.- Le taje un… café…- escuché la tasa chocar suavemente sobre el pretil.

-…Mmm… gracias… esto…- solté sentándome solo para comprobar que sí se trataba de él.- Profesor Karpusi…

-…De nada… y esto…- me miro. Como siempre su rostro tenía un semblante tranquilo.- Fuera de la escuela puede llamarme Karpusi solamente, no hay necesidad del "profesor".

-…Ah… sí, está bien. G-gracias…- dije tímidamente. Maldición… ¿Qué merde paso?

Karpusi se quedó de pie, frente mío, como esperando que hiciese algo. Tome la tasa de café y di un ligero sorbo; y abrí los ojos por completo, fascinado. No daba el gusto del típico café instantáneo, de hecho, tenía un sabor diferente, delicioso… y conocido.

-¡Heracles, tú, pequeña rata…!- exclamó una segunda voz, la cual me era inconfundible. Se trataba de Sadiq, sin duda. - ¿¡Dónde está mi café!?

Se escucharon unos largos y pesados pasos atravesar la casa, después el turco se hizo presente en la habitación… Su rostro denotaba molestia.

-…Se lo di a Bonnefoy.- respondió tranquilamente. Trague en seco.- Y deja de hablarme de ese modo, bigotudo… Sí quieres café, aún queda mucho en la cocina. Solo sírvete otro.

-… Jo, ¿Cómo quieres que cambie si tú no lo haces?- soltó llevándose las manos a la cintura.- Te has ganado la peor de las torturas por tomar mis cosas sin mi permiso a pesar de que se las dieses a un invitado…- comenzó a picotearle las costillas repetidamente.- ¡La tortura de las mil agujas!

-…Eres molesto…

-¡Me detendré solo hasta que me sirvas otro café, Heracles…!- soltó.- ¡Yo no pienso irme hasta escuchar un sí!

-…No voy a servirte nada, ¿Estás acaso buscando pelea? Porque es lo que te estás ganando.

-Como si pudieses ganarme…

-En ese aspecto podrás decir lo que quieras, pero yo puedo decir mucho más…

-¿Qué estás tratando de decir, idiota?

-Oigan…- dije levantándome.- Sí el problema es el café, yo puedo…

-¡Nuestro invitado no va ir por ahí atendiéndose por cuenta propia, ahora siéntate y espera!- exclamaron a la par.

-Yo a ti no te tengo que decir nada. Seria perder el tiempo…

-Bueno, entonces, ¿No lo harás? ¡Tendremos que pelear como los hombres para resolverlo!- masculló Sadiq.

-En serio, yo puedo…- comencé en vano.

-Hagámoslo ahora…

-Bien, bien, no tengo problema con eso…

-…Esto…

-¡Eres molesto, deja de hablar y pelea!- soltó arrojándosele encima.

Sadiq solo sonrió mientras le tomaba por los hombros. Ambos cayeron sobre la cama dándome un golpe en la espalda. Esto es todo, hasta aquí llego mi paciencia. ¡Se acabó!

-¿¡Pueden parar un momento, por favor!?- grité. Se volvieron a mí.- ¿Alguien puede ser tan amable de decirme qué hago aquí? ¿Qué paso anoche? ¡Lo que sea!- exigí.- Después de eso si quieren matarse háganlo… ¡Pero es ridículo, se trata de un café!- di un suspiro.- Ustedes tienen problemas de convivencia…

-Pfff… Jajaja…- chilló Sadiq en un tono escandaloso.- ¡Has sacado las uñas, Francis…!- me golpeo en la espalda con fuerza… Creo que algo dentro de mí se rompió.- ¡Venga, venga, quítate esa horrenda pijama y en la sala te espero con bocadillos para hablar con claridad!

-Y perdón por el golpe, nosotros… siempre discutimos… no es problema de convivencia… Es así como convivimos.- aclaró Karpusi, se volvió a Sadiq.- ¿Horrenda?

-Admítelo, lento, pudiste comprar algo mejor…

-Ya no te compraré nada, bigotudo molesto…

-Como si eso importara…- se encogió de hombros.- ¿Qué tal si preparas unos dulces?

-Hazlo tú, tú lo sugeriste…

-¿Vas a empezar?

-Tú eres el que empieza…

-Venga, los haré yo… ¡Pero no te daré nada aunque pidas y llores!

-…Eso no va a pasar…

-…Dios, ¿En serio todo el tiempo son así?- mascullé observando como ese intercambio de diálogos iba transformándose en una pelea… Nuevamente.

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Después de que se armara otro pleito en la cocina; Sadiq apareció con una charola, perseguido por gatos. De hecho, había gatos en todos lados: En el sofá, en la mesa, en la cocina, en el balcón… Todos de diferentes colores, tamaños y razas, como si los coleccionaran o algo por el estilo. Uno se froto en mis piernas y soltó un ronroneo, le acaricie la cabeza.

-Hey, tú sí que eres simpático… no como el gruñón de Iggy…- dije dándole una sonrisa. El gato respondió ladeando la cabeza.- Aw, sí que eres lindo…- le frote la barbilla.

-¿A ti también te gustan los gatos, Bonnefoy?- soltó Sadiq. Me levante.- No, no, no, siéntate. Eres mi invitado.- obedecí.- Creí que Heracles era el único que hacia eso… ahora veo que hay más locos en este planeta…

-¡Hey!

-Los gatos son geniales y adorables, no es de locos hablar con ellos…- escuche dijo a lo lejos Karpusi.

-Sí, claro, lo que digas…- rodo los ojos. -Je, es broma…- puso la charola en la mesa de estar, para después frotarme el cabello.- ¿Quieres otro poco de café?- me preguntó.

-Sí, gracias…- respondí tomando la taza que me ofrecía.-…Hey, eso se ve rico…- dije mirando los dulces hojaldrados que se encontraban en un plato blanco con detalles en azul marino.

-Se llama Baklava… es hojaldre con jarabe y pistacho. Espero no seas alérgico…

-En absoluto…- tome uno y le di una ligera mordida.- Está delicioso…

-Gracias…- dio un sorbo a su café.- Así que… ¿No recuerdas nada…?- preguntó cambiando abruptamente el tema. Negué con la cabeza.- ¿Nada de nada?- volví a negar.- ¿¡Cómo es posible eso!? ¡Tan joven y con tan mala memoria!

-No es que tenga mala memoria… pero cuando bebo mucho tiendo a bloquear las memorias…- respondí. Prueba de ello esa noche en la disco con mis amigos que termino en un cuarto de hotel con nosotros vestidos de colegiala (Me sigo preguntando qué pasó ahí).

-No le eches la culpa al alcohol, uno solo olvida por dos motivos: O es muy relativo o muy doloroso… Bueno, por tres si la vergüenza entra.- comenzó.

-…Pues estoy seguro de que no hice nada vergonzoso, y que el asunto no era algo relativo…- solté un tanto ofendido.

-Entonces lo olvidaste porque era algo doloroso para ti.- tomo un Baklava.- Y el alcohol solo contribuyo un poco.- le dio un mordisco.

-Sadiq, no tengo ni idea de lo que paso anoche. Así que disculpa vaya tan a la directa, pero…- ambos nos miramos.- ¿Qué ocurrió?

-…Ah, ayer te encontré caminando por la calle… lucias bastante desanimado, decepcionado…- miro su café.- Pensé que necesitabas compañía así que te subí al auto…

-…Ah, sí, recuerdo eso…- exclamé.- ¡Por poco me mata del susto, pensé iban a secuestrarme!

-Bueno, no lo hice. Además si no era yo, alguien más te iba a subir a su auto… Tuviste suerte de terminar despertando aquí y no en una tina sin un pulmón.

-…No sea cruel, por favor…- pedí.

-…Venga, que poco aguantas… Así no podrás ser parte de mi harem… en fin…- dio otro sorbo.- ¿En que nos quedamos?

-Me subió a su auto…- respondí.- Y yo soy el que tengo mala memoria…- rodé los ojos.

-Era solo para verificar estuvieses escuchando, no tienes que ser tan pelafustán, ranita.- me miro.- Te lleve a comer algo en…

-¡ISTAMBUL!- solté recordando el exótico lugar.

-Así es… y bueno, quise ser un buen comensal, pedí algo de Raki. Bebimos… y tú comenzaste a hablarme de algo conforme pasaba el tiempo.- le mire.

-¿Sobré qué?- pregunté.

-Tal vez esto te sirva para recordar…- me extendió un cuaderno.

-¿Qué es esto?- pregunté contrariado.

-Pues no estoy seguro, pero parece un cuaderno.- Le mire feo, dio una sonrisa ladina para después dar otro sorbo a su café.- Anoche te pusiste escribir como loco en él. Así que supongo que la respuesta a lo que buscas está ahí… Pero algo te advierto: Lo que bloqueaste está ahí con todo su dolor.- mire el cuaderno y pase las yemas de los dedos sobre la portada del mismo.- La cuestión es: ¿En verdad quieres leerlo?

-…Yo… honestamente no lo sé, pero…- lo abrí.- No se puede huir de los problemas.

-…Ese es un buen punto.- tomo otro Baklava.- Entonces, adelante caminante.

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Arthur;

No sé dónde estoy, ni a dónde voy a parar… Solo sé que este no es mi lugar ni mi momento. ¿Sabes? Antes de ti creí en el amor, pero por alguna razón extraña se me fue arrebatado. Después de eso no quise saber más.

Las relaciones me parecían dolorosas, pero contradictoriamente el amor me parecía maravilloso. Sí, el mundo es raro y la vida no tiene sentido, si lo pones de esa manera. En fin… hablaba del amor.

De esas mariposas, los sonrojos, el sentirse torpe, ebrio sin necesidad de alcohol… el morir poco a poco por el deseo de una caricia. Sentir estallar el corazón ante un susurro, unas palabras, un mensaje escrito… una suave sonrisa. El reír ante las tonterías, el llorar ante el dolor.

El ansiar que las horas pasaran rápido para volver a ver a la persona amada.

Todo eso lo había olvidado hasta que apareciste tú. Hablando de pronto, un tanto indiferente, un tanto tímido; siempre distante y cortante. Eras justamente el tipo de persona a la que no podía tragar, y curiosamente el tipo de persona de la que siempre me enamoro.

Conforme te conocí descubrí que compartíamos ciertas sensaciones en común, vivencias parecidas y que cada quién se lo había tomado a su modo. Yo quise seguir adelante a pesar de estar destrozado, cubrir la herida, no llorar y no rascarla para que dejara de sangrar; aunque de vez en cuando solía hacerlo como recordatorio de lo doloroso que era y de que jamás debería repetirlo.

Pero tú, tú eres un caso curioso en verdad. No sueltas el pasado. No lo sueltas, te niegas a hacerlo, como si creyeras que al soltarlo no tendrías nada atrás, que no quedará nada de ti. Como si fuese a borrarse, a desaparecer, como si las personas que te hicieron daño quedaran eximidas de sus pecados con el simple hecho de hacerlo. Tú no te permites querer a los demás, no permites que los demás te quieran, tampoco. Los quieres y te asustas. Y luego, consciente o inconscientemente, los alejas. Los atraes con palabras y gestos dulces y después los alejas con las palabras ásperas con las que les trataste desde un inicio.

No lo malinterpretes, no te estoy reclamando. No aun. Primero quería dejar en claro esto, esto que me viene rondando por la cabeza desde hace tiempo sobre ti.

Cuando te conocí eras una persona fría, que no sonreía, que no hablaba, que se creía más que los demás y no buscaba relacionarse con nadie. Conforme nos tratamos más, descubrí que estabas solo y asustado. Me di cuenta de tu mirada triste tras todas esas actitudes que usabas como coraza para que nadie más te dañara. De pronto, te involucraste más, buscaste a más personas, reías más a menudo… pero aun así, esa mirada triste no se iba. Aun así, el Arthur cariñoso, amable, quién gustaba de la compañía no salía… Porque estaba el otro Arthur, el que estaba lleno de miedo por su pasado, enojado consigo mismo por hacerse daño y permitir que los demás se lo hicieran…

Y yo creí, torpemente, que podía cambiarte. ¡Vaya estúpido! ¿Cómo yo podría cambiarte si ni siquiera puedo arreglarme a mí?

¿Qué tan idiota puede ser una persona enamorada? ¿Qué tanto daño puede permitir que le hagan y qué tanto puede hacerse? ¿Por cuánto tiempo?

Permití que hicieras muchas cosas y yo hice muchas otras. Me adapte a ti y deje pasar de largo tus desprecios e insultos. Porque te amo. Sí te tuviera frente a mí, justo ahora, solo me verías, con tu eterno ceño fruncido, con tus ojos melancólicos, con esa mueca torcida entre labios, radiante como una farola roja y dirías: "Ese es tu problema, no el mío, bastardo idiota".

Y tendrías razón, porque siempre tienes razón. Incluso cuando te equivocas tienes razón… Y volvemos a lo que te digo. ¿Cuánto puede humillarse una persona por amor?

Esto no es amor, Arthur, no sé qué es, pero no es amor. Era amor, pero metí cosas que no debí haber metido, dije cosas que no debí haber dicho y… Estoy asustado.

Tengo miedo de que nunca me ames, de nunca saber qué pasa por tu cabeza cada vez que dices esas frases sin sentido fuera de lugar cuando yo te doy un te amo. Miedo de no entender esas expresiones, miedo… de sentirme tan solo queriéndote.

No, no es como si perdiera la fe en ti. Yo sé que puedes cambiar, pero no cuando yo lo quiera, cuando yo meta las manos, sino cuando tú entiendas lo qué está pasando y decidas hacer algo; solo hasta ese entonces lo que yo diga y haga para ayudarte ira a alguna parte y no se quedará como un te amo vacío más.

Pienso que tal vez me apresure. Me sentí enamorado y ante el retorno de un sentimiento que daba por perdido me emocione y me lance al vacío, sin pensarlo siquiera y ahora no sé cómo salir. Debería detenerme, por primera vez desde que comenzó todo a pensar en que…

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-Toma…- dijo Sadiq sacándome de pronto de esa realidad. Le mire… su imagen estaba deformada, como si estuviese debajo de una pared de hielo, hundiéndose en las heladas aguas, perdiéndose y distorsionándose conforme iba más a fondo.- Y no te detengas…

-Gracias…- tome el pañuelo, seque las lágrimas. Trague en seco. La garganta dolía, la cabeza punzaba, el nudo en el estómago se acrecentaba y las lágrimas en mis ojos se anegaban una vez más… amenazando con manchar la negra tinta de ese papel.

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Pensar en que este tipo de cosas no son tan fáciles. Las relaciones siempre llevan algo consigo y siempre se llevan algo. Una relación no es solo sexo, no solo besos y caricias, no es solo te amo. No son solo sonrisas y felicidad como las películas las pintan. Es saber escuchar, ser estable, estar al lado del otro… saber que no siempre vamos a coincidir en todo pero no por ello huir o decir es imposible, sino aprender de lo que la otra persona nos expone.

Eso es amor, Arthur, para mí eso es amor. ¿Qué es el amor para ti?

¿Me lo dirás si te lo pregunto? ¿O te lo guardarás como siempre lo haces y se lo dirás a alguien quien ni siquiera te conoce, a alguien que no ha pasado lo que yo he pasado contigo? Me siento traicionado, siento que he hecho mucho para ganarme tu confianza… Entonces, ¿Por qué vas diciéndoles a los demás lo que debes decirme a mí?

Sí, ahora sí te estoy reclamando. Tú no me escuchas. Cuando te digo algo eres indiferente, y lo comprendo. Siempre finges que los demás no te importan, pero aunque los escuches no te das cuenta de que tu indiferencia no te deja ver más allá de lo que dicen. Y yo, bueno, yo idealizo; sueño. Así soy. Y aunque escuche a los demás, mi mente terminará divagando, soñando, creando escenarios de lo que quiero que suceda (como una colegiala adolecente), y al final pasaré por alto muchos detalles. No soy perfecto, tú tampoco lo eres… nadie lo es. Caigamos juntos de esta nube ahora que podemos y no cuando sea tarde. Pongamos los pies sobre la tierra y veamos la realidad. Estamos asustados, no me tienes confianza, creo que puedo cambiarte, te la vives molesto con el mundo, me la vivo soñando… Y no vamos a ningún lado.

Y yo… no sé si quiera seguir sin ir a ningún lado…

Esto es tonto, no tiene sentido… esto es… nuestra forma de matarnos lentamente. Amándonos sin conocernos si quiera, sin saber siquiera lo que realmente pasa. No sabes mi cumpleaños y ni yo sé el tuyo. No sabes de mi familia, ni la conoces, y yo de la tuya no sé nada. Solo sabemos las cosas tristes de cada uno. Pero, Arthur, no solo estamos hechos de tristeza, sino también de alegría, de memorias, de miedos, de incertidumbres, de lecciones valiosas… Estamos hechos de lo que el mundo y la vida han querido darnos y de lo que decidimos tomar durante el camino.

Quisiera que me tuvieras la confianza suficiente como para pensar que si estás triste en lugar de aislarte me busques. Incluso si estamos mal. Que entiendas que yo quiero estar para ti… que quiero que hagamos muchas cosas. Quisiera que me dijeras que es lo que realmente quieres de mí. Quisiera no sentirme tan miserable y tan celoso. Tan aturdido y tan ansioso… Quisiera saber que puede salir algo más que palabras duras de ese corazón tan árido.

Pero esos quisiera no serán sino hago algo primero, ¿No? Pero, ¿Qué? En mi dolor pienso en la salida fácil, pienso en olvidarte. Pero Sadiq dice que no tiene sentido me fuerce a olvidar. No tiene sentido, porque entre más quiera olvidar menos podré. Él dijo que entendía que me doliera el hecho de querer aplaudir y que solo una de mis manos se batiera… (Aunque no entendí mucho el sentido de esa oración). Él dijo que dejará que mi corazón llorara lo que tuviese el tiempo que deba ser, de manera natural y no provocada y que una vez que estuviera con la mente en claro, pensará en lo que realmente debería hacer por mí, primeramente y después por los demás.

Pero siéndote franco, Arthur, amo todos tus defectos y virtudes y te seguiría a todos lados aun sabiendo de tus inseguridades. Aunque todos los días me preguntará: ¿Por qué la gente oculta lo que en verdad siente en lugar de solo expresarlo? Yo te seguiría porque se trata de ti. Te seguiría sin seguirte… porque te amo. Lo repetiría y lo gritaría… Espera, lo estoy haciendo, Sadiq acaba de pedir otra ronda para que gritemos más fuerte… je…

Perdón, como te decía… yo te amo, pero necesito saber que esto va a una parte. Solo eso. Necesito saber que no soy solo un distractor, algo que está solo cuando lo requieres de manera unilateral. Solo eso. Solo que esa duda se aclaré… y necesito saber que…

Que no necesito saber nada más.

Porque de algo sí estoy seguro Arthur: "Si seguimos ocultando nuestros sentimientos, o pretendemos que no los vemos, nada cambiará".

Bueno, creo que eso es todo lo que tengo que decir, o por el momento…. porque estoy ebrio, de prisas, y una patrulla ha llegado…

Con cariño;

François E. Bonnefoy.

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-…Cuando estás ebrio matas el romance muy rápidamente…- dijo Sadiq tras de mí. Di un respingo.- Así tendrás la conciencia… Y hablando de eso, ¿Ya recordaste?- preguntó. Asentí.- ¿Quieres hablar de ello?

-No…- dije.- Solo quiero volver a casa… y descansar…

-Me parece bien, porque…- me miro.- No es que quiera ser grosero, pero debo abrir ya la tienda…

-Es cierto, es tarde…-Solté mirando el reloj, para después levantarme.- No lo entretengo más…

-Hey, hey, ¿A dónde vas aceleracienta?- inquirió.- Dije que tenía prisa, no que te iba a dejar a tu suerte.- tomo sus llaves.- Ven, te llevo…

-Sadiq…

-No puedo dejar a uno de mis mejores alumnos solo en una situación así…- sonrió.

-…Gracias.

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El camino de su casa a la mía fue largo y silencioso. Lo único que se escuchaba al fondo era la música en la radio. Era una canción un tanto moderna, aunque con un toque clásico Mediterráneo. No entendía ni pio de lo que decía el cantante, pero en ese momento, realmente no podía concentrarme en algo…

En fin, el auto se detuvo.

-¿Es aquí?- preguntó señalando mi casa.

-Sí, así es…- respondí.- Otra vez gracias por todo…

-No es nada…- sonrió.- Aunque si quieres pagarme, aún hay vacantes para mi harem…

-¿No prefiere un pastel, mejor?- inquirí.

-Que sea un Burma y trato hecho.- río. Asentí a pesar de no tener ni la remota idea de qué era eso.- En fin, qué tengas un lindo día, y que descanses…

-Igual usted, gracias por todo. Y también al profesor Heracles…- agregué.

-Vale, yo le digo a esa rata-caracol.- nos miramos un largo rato.- Cualquier cosa, la que sea, sin importar la hora… llámame. Apunte mi número en tu celular…- señalo este. Lo encendí y supe que estaba en problemas, no porque estaba su número en mi directorio… sino porque tenía más de 30 llamadas perdidas.- Suerte… nos vemos.

-…Estoy frito.- lloriqueé caminando hacia mi funeral.

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Tres de esas llamadas eran de Gilbert, cinco eran de Antonio, siete de papá, cinco del abuelo, y diez de Seychelles. Trague por enésima vez saliva. Estoy frito. Mega- frito… tan frito que me pueden poner ya sal encima y comerme.

Como sea, lo hecho, hecho esta… y no tiene caso lamentarme porque de igual manera recibiré mi merecido castigo.

Saque las llaves de mi bolsillo e introduje la de la puerta principal a la cerradura. Abrí la puerta lentamente, la cual produjo un chirrido molesto. Necesitaba aceite. En fin, me adentre, dando pasos ligeros, pero el silencio era tal que resonaban por toda la casa.

-Debieron salir…- dije dando un gran suspiro de alivio. Eso no evitaba problemas, pero los retrasaba un poco.

Deje mis cosas en el perchero y entre a la cocina. Necesitaba un gran trago de agua fría y algo de comida con urgencia antes de tomar un analgésico (Seh, me seguía doliendo la cabeza). Así que iba tomando la jarra de agua fría de la nevera cuando, al darme la vuelta para tomar un vaso, note la tetera sobre la estufa.

-¿Olvidarían lavarla?- solté tomándola.

La tetera seguía caliente. Si mis suposiciones eran correctas, no tenía más de cinco minutos que la habían puesto a hervir.

-¿Acaso habrá…? ¡No, imposible!- solté.- No tiene sentido, la puerta está cerrada con llave.- Me encogí de hombros.- Seguramente llegue poco después de que se fueran, debió ser eso…- tome una manzana del frutero y una pastilla del botiquín. Camine hasta la sala y deje las cosas sobre la mesa de estar. Pero la manzana cayó al suelo y comenzó a rodar por el mismo, así que tuve que agacharme a tomarla. Bueno, tendré que lavarla nuevamente… pero no ahora. Mejor me tomaré la pastilla primero.

Así que me senté nuevamente, y escuche a lo lejos el sonido de unos tacones… Un escalofrió me recorrió la espalda.

-…Buenos días…- soltó una voz femenina, profunda y un tanto cortante. Me volví a mis alrededores… no había nadie.

-…ah… ah…- apreté la manzana. Solo lo estoy imaginando, lo estoy i…

-Te he estado esperando…- susurro tétricamente a mi oído.

-¡AHHH!- grité arrojando la manzana por los aires. Trate de levantarme pero, tropecé y caí al suelo.

-¿Por qué gritas?- replicó sin perder la compostura. Me volví a la persona a mis espaldas. Era alta, morena e imponente… su cabello largo y rizado caía sobre mi rostro confundido… Su mirada era seria, pero su mano estaba extendida para darme socorro.

-¿M- mamá?- chillé.

-Cielo santo, François, ¿Qué no me estás viendo?- inquirió tomándome de la mano, para levantarme de un jalón.- Siempre has sido torpe, como tu padre sin duda… y tu tío Sesel…- entrecerró los ojos un tanto fastidiada.- No entiendo qué pasa con los hombres que me rodean…

-Mamá, no es por ser grosero, pero…- le miré.- Por poco me causas un infarto, ¿Por qué hiciste eso?- inquirí. Sonrió.- ¿Y qué haces aquí? ¡Se supone que te habías quedado en Paris!

-Me pareció divertido devolverte el susto.- soltó.-…Tú sabes, por desaparecerte ayer… hacer que tu padre se pusiera al borde de la histeria y me hiciera venir…- empecé a sentir que empequeñecía conforme hablaba.- Tuve que tomar un avión, François, odio tomar vuelos…- se cruzó de brazos.

-Y-yo…

-Ah, no balbucees, piensa antes de hablar…- dijo tranquilamente tomando asiento.- Y cómo puedes notar, a menos de que tú te hayas ido a Paris en tu juerga de anoche; estoy aquí.

-No me fui de juerga, mamá…- logré decir al fin.

-Ven acá…- exigió con una expresión aburrida.

-Mamá, no…

-Ven…

-Mamá, eso es vergonzoso…

-Ven…

-Pero…

-¿Me vas a decir que no te lo mereces?

-No es como si no…- me miro.- ¡Ya no tengo cinco años, mamá!

-Vienes o me levanto, tú decides, es la misma distancia y no me incomoda.

-Mamá… okey…- me senté a su lado. Me tomo por los hombros y me puso boca abajo sobre sus piernas.- Esto es por preocupar a tu padre…- dijo dándome la primera nalgada. Enrojecí. Esto es tan… estúpido.- Esto es por hacerme venir desde Paris…- me dio una segunda.- Y está es por tus malas acciones…- dio la tercera y última. Me senté nuevamente.- No me pongas esa expresión de niño mimado… te las has ganado.- me miró fijamente una vez más.

-¿Qué?- solté molesto haciendo morritos.

-Sirve dos tazas de té, la mía rojo con un cubo de azúcar… nos vemos dentro de cinco minutos en la terraza trasera… Tú y yo no hemos terminado de hablar.- Y con esas palabras supe que mi sentencia de muerte estaba cerca.

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Ella cruzo las piernas suavemente; el vestido blanco cayo suavemente sobre sus rodillas, enmarcando sus curvas. Su cabello caía con la misma delicadeza sobre sus hombros, algunos tocaban sus piernas, otros el respaldo de la silla.

Tomo la taza de té y dio un sorbo ligero; una vez hecho esto lo dejo caer sobre la mesa, procurando poner el dedo meñique debajo de la taza para no provocar el menor sonido de esta al encontrarse con la fina madera de esa antigua mesa de roble.

-¿Dónde estabas?- preguntó mirando el inmenso árbol en medio del patio.

-…Salí con unos amigos…- proferí dando un sorbo a mi té.

-¿Y por qué no llamaste para decir que te quedarías fuera?- dio otro sorbo a su té.

-Porque no estaba dentro de los planes… simplemente… bueno… paso… no pensé de momento que…

-Jean dijo que tenías el teléfono apagado cuando te marcaron.- me miro.- ¿Se descargó o lo apagaste?

Pude haber mentido y librarme de problemas… pero no podía mentir. No por algo moral, meramente, sino porque ella me miraba fijamente, con esos enormes pero a la vez serios ojos oscuros, unos ojos que parecían observaba más allá de tu alma, una mirada que rebuscaba entre palabras en busca de mentiras. Di un sorbo nervioso y trague con dificultad. No quería hablar con nadie de eso… pero tampoco podía mentir del todo.

-Lo apague…- admití.

-Ah, ya veo…- me miro largo rato, inquisitiva. ¿Qué pensaba hacer? ¿Venía un interrogatorio? ¿Me castigaría? Trate de sostenerle la mirada, pero no pude (jamás he podido). Dio un suspiro pesado, cansado, para después dar otro sorbo.- La próxima vez…- comenzó.- Al menos manda un mensaje y evítame tener que venir en plena madrugada.- inclino un poco la espalda.- Si bien entiendo ya no eres un niño y tienes libertades, debes de tener en claro que debemos mínimo saber dónde estás.- se echó el cabello detrás de los hombros en un movimiento sutil y cautivador.- Lo que hagas o dejes de hacer no es asunto mío, realmente. El por qué apagaste el teléfono honestamente no me concierne porque he de suponer tus razones tuviste…

-A ver, déjame ver si entiendo… ¿No te interesa saber dónde estuve ni qué estuve haciendo ni mucho menos porque no me reporte?- pregunté a pesar de saber la respuesta.

-¿Estás herido?- preguntó, negué.- ¿Drogado? ¿Enfermo terminal? ¿Tienes alguna pierna rota?- volví a negar.- ¿Estás muerto acaso y estoy charlando con tu espíritu (en los cuales no creo, por cierto)?- indago jalándome las mejillas un tanto brusca.- No te traspaso…

-No soy un alma en pena, mamá. Estoy vivo y sano.- me queje, tallándolas. En verdad dolía.

-Entonces…- comenzó ella.

-¿Entonces?- repetí entrecerrando los ojos.

-Sino me afecta directa o indirectamente, ¿Por qué debo ponerme histérica?- inquirió.

-…Porque…

-Y si hubiese algo y no me lo quieres decir, da igual. Él que sufre eres tú, no yo.- dio otro sorbo a su té. ¿Tengo a una chica de mi edad como madre o qué mierdas está pasando?- Me gustaría plantar unas gardenias en esa parte vacía de allá…- comenzó, señalando con la mirada un punto en el patio.- O tal vez unos pensamientos.- se volvió a mí.- ¿Tú qué opinas?

-Deberías preguntarle a Sey, que a fin de cuentas dan directamente a su ventana.- dije.- Pero, si por mí fuera, unas rosas blancas o unos lirios azules se verían hermosos.

-Yo preferiría unas violetas… aunque los lirios también me agradan.- acaricio su cabello.- Cuándo tu padre llegue se va a poner histérico.

-Lo sé.- dije.

-Pero bueno, tú tendrás que lidiar con eso…- se levantó.

-¿Disculpa?

-Me voy por cosas para el jardín por si te pregunta…- me lanzó un guiño.- Nos vemos~

-…Mamá… ¿Por qué rayos siempre me dejas morir solo?- me queje.

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Después de esa charla no pasó gran cosa. Fui a la cocina por algo de comida y agua, tome el analgésico y me dirigí a mi alcoba. Una vez dentro me acerque a la jaula de Pierre y la limpie como era debido. Pierre batió las alas y se apresuró a comer su alimento.

Pobre, si no hubiese venido pronto, creo que habría muerto de hambre. En fin…

Me senté en la cama y al poco rato me deje caer en la misma, a pesar de haber comido y tomado aquella pastilla seguía sintiendo el cuerpo pesado, adolorido, la cabeza hecha un caos; mis ojos pesaban, pesaban de tal modo que era difícil mantenerlos abiertos.

La garganta dolía… pero no era de extrañar, a fin de cuentas grite un poco.

Eso fue tonto, ahora que lo pienso, lo dramatice demasiado, pero aun así no deja de doler. Actué como un niño y lo sé, y sé que debe haber una explicación a lo que pasó pero… ¿Por qué me atormenta tanto?

-Porque me importa, por eso…- solté entre labios.

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-François Epine Bonnefoy…- escuché a lo lejos. Después de eso vino el sonido de un portazo, seguido por el de unas fuertes pisadas escaleras arriba. Era papá, estaba seguro de ello.- Ya me dijo tú madre que estás aquí, así que no te hagas el occiso y sal de dónde sea que estés…

-…Estoy en mi alcoba…- escupí secamente tratando de levantarme, pero aún me sentía pesado.

-…Quítale el seguro porque de lo que te voy a decir no te salvas…- advirtió.

-…No tiene seguro… estás girándola del lado equivocado…- mascullé levemente molesto viendo como la perilla se movía violentamente.

-…Ah, esto…- soltó.- Yo… yo ya lo sabía…- entró.

"Sí, claro, ajá…" pensé entrecerrando los ojos.

-No me juzgues…- dijo entrecerrando los ojos, también.- Que con el susto que hiciste me pasará ayer, François, no tengo cabeza para nada… no dormí buscándote, y tú no te dignabas a responder el teléfono, ¿Dónde estabas?- inquirió, abrí la boca, dispuesto a responder; pero él había metido la directa.- ¿Sabes lo que pensé? ¿Asesinatos, robo, tratado de blancos, drogas…? ¡Lo último que quería era irte a encontrar a la morgue!

-Papá, estás exagerando… yo…- guarde silencio. Bueno, anoche me había seguido la policía, así que no podía decir que ese tipo de situaciones jamás me sucederían… porque de poco en poco, desde que mis amigos y Arthur entraron a mi vida, tener al peligro de frente ya no era algo fuera de lo común.- Yo no hice nada ayer que me pudiera poner en tal riesgo…

-Pero aun así nadie te garantiza que no pudiese haber pasado, y lo sabes…- reclamó.- Se supone que ibas a casa de un amigo a pasar el rato y que volverías antes de la cena.- se cruzó de brazos.- Cuando paso de esa hora me empecé a preocupar… y cuando te llame y no respondiste no sabes lo que sentí, fue horrible…- apretó los labios hasta que estos formaron una línea tensa. Quería gritarme, estaba seguro, gritarme y regañarme por todas las molestias. Decirme que es muy viejo para eso, que yo soy muy joven para aquello… y tal vez lloraría un poco para después castigarme, porque esa es su costumbre.- Creí que te había pasado algo muy malo…- se restregó los ojos.

-Perdón, papá. No fue esa mi intención.- dije aun tratando de levantarme. Diablos, ¿Qué le está pasando a mi cuerpo?- Yo… no pensé nada en ese momento, estaba…- suspiré.- Molesto por algo que ahora a pesar de parecerme triste y doloroso también me parece tan absurdo que…

-¿…Y qué cosa era esa?- preguntó.

-Arthur…- respondí, y me cubrí la boca al instante. Lo había dicho, lo había… Fije mi vista a mi padre, pero él me miraba confundido y decía algo que era imperceptible para mis oídos. Lo vi repetir esas palabras varias veces, pero seguía sin entenderlo. Incluso le pedí hablara más fuerte, pero no le escuchaba, (y parecía él no me escuchaba a mí); de pronto se acercó un poco, estirando la mano y la puso en mi frente. Su expresión preocupada se agravo. Pasó su mano frente a mis ojos, pero se veía borrosa… y de pronto todo se volvió oscuro.

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Hola a tod s, primero que nada para desearles unas felices fiestas y un gran final de año. Espero que todos sus planes se cumplan con éxito, les mando un abrazo y un beso con cariño desde Manzanillo.

Segundo, perdónenme por tardar tanto, no quiero agobiarlos con mis cosas que en un momento dado llegan a sonar como excusas... pero bueno, tuve un par de malos meses que junto con la escuela me dejaron bastante decaída y por desgracia hasta mi lado creativo lo resintió y mucho. Pero aquí les traigo la continuación (aunque sea la primera parte) del fic. Espero subir la segunda para Enero, ya que posiblemente después de la primera semana de este no este un tiempo. Tuve la suerte de que un buen samaritano me comprara un boleto a Quintana Roo y pues no pienso desaprovechar la oportunidad y posiblemente vuelva hasta Febrero.

Tercero gracias por sus revs, en verdad me subieron el ánimo. Os quiero, son grandes. :3

Y por último, cree un club de todos odian a Ashley (Les dije que lo haría). Así que aquí les dejo el enlace (Vía Facebook): groups/614141258649694/

(Sino búsquenlo como: Everybody hates Ashley Jones... aparece como un grupo cerrado)

¡Qué tengan una feliz navidad y un prospero año nuevo!