Pues bueno, auí me tienen finalmente trayendoles el anexo que les había prometido... Disculpen la tardanza, de verdad que estuve un tanto mal y bueno, se me complico subir el anexo a tiempo.

Ahora sin más preámbulos aquí les dejo el anexo. Espero les guste


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Anexo

Para cuando Shinichi y Ran finalmente regresaron de su viaje a Italia, era evidente que estaban mucho más felices y relajados lo cual se les notaba en la cara a simple vista y, como había dicho el mismo Kaito en su momento

— Felicidades viejo, ya no pareces un muerto viviente —Bromeo el mago destornillándose de la risa ante el sonoro bufido del detective— vamos no puedes negarlo y lo sabes jejeje

Al final por más que gruñera o resoplara el detective, no podía negar que Kaito tenía razón, pues él mismo era consciente de que ya no tenía la misma cara de "famélico" como lo había denominado el mago en una de sus tantas bromas que como ya era costumbre acababan cuando Aoko aparecía como por arte de magia al lado de su esposo y lo silenciaba con un certero codazo en las costillas, un método tan efectivo como las aterradoras patadas de karate de Ran, quien tras entrenar con Makoto durante su rehabilitación, no solo había conseguido recuperar su antigua fuerza y agilidad sino que había mejorado aun más como artista marcial llegando a la par de su compañero al tercer año de entrenamiento; algo muy bueno según el mismo Makoto, el doctor Araide y Shiho que se había dado a la tarea de visitar mensualmente a su amiga para hacerle un chequeo junto al doctor Araide.

A pesar de las bromas que ella misma hizo sobre el viaje a su regreso, Ran realmente recordaba con cariño aquel recuerdo pues no solo habían podido pasar un agradable tiempo solos, sino que también el viaje a aquella icónica villa la había ayudado a revivir varias cosas que ocurrieron antes de que todo esto pasara; entre ellas estaba todo el enojo y la gracia que le había causado en aquel entonces el ver como alguien tan lento a nivel sentimental como lo era Shinichi, estaba dispuesto a juagar el papel de Cupido solo para levantarle el animo a Kaito y ayudarle a salir de aquel deplorable estado en el que se había sumido y aunque ella misma quería hacer algo por él y por Aoko que estaba igual o peor que el mago, simplemente tenía que admitir que le había molestado y extrañado que aquel idiota fanático del misterio la hubiera llamado solamente para participar en aquel plan para reunir de nuevo a sus dos amigos y que, a pesar de que termino aceptando al final, éste en ningún momento hubiera mencionado nada sobre ellos mismos y su desastrosa situación de ignorarse mutuamente cada vez que se veían.

Fue precisamente ese mismo enojo lo que la motivo a tomar una decisión, ya que sabía perfectamente que si seguía esperando a que aquel detective cabeza hueca hiciera algo, terminaría llegando a vieja y aun así seguiría esperando por él. Así es, aunque parezca difícil de creer, Ran se había cansado de esperar y a pesar de que había sido el enojo lo que la había motivado a hacer esto, fue ella quien al final dio el primer paso para resolver sus problemas de una vez por todas bajo la pagoda china de aquel parque. Una decisión de la cual no se arrepentía en lo absoluto, pues era gracias a ella que había alcanzado la felicidad junto al hombre que tanto amaba y junto a su pequeño hijo, que se había convertido en el centro de su mundo… Un hecho del cual su esposo era plenamente consciente, aunque nunca había hecho alusión a ello.


5 días después

A tan solo cinco días de haber regresado de su viaje Ran recibió una invitación al encuentro anual que se hacía entre los cinco mejores maestros de Karate que existían en el mundo, de los cuales ella y Makoto eran parte desde mucho antes de que ocurriera todo el incidente de Leandro, siendo el motivo de esta reunión el evaluar a Ran para ver si después de todo lo que había ocurrido seguía mereciendo aquel titulo como una de las mejores del mundo. Suspirando con pesadez releyó la carta un par de veces más, antes de mostrársela a Shinichi que no tardo en gruñir disgustado al comprender lo que aquello significaba y aunque no planeaba prohibirle a ella asistir a aquel secreto evento a demostrar lo que valía, seguía disgustándole el hecho de que él no pudiera ir con ella por culpa de aquellos paranoicos ancianos.

A la mañana siguiente Ran salió muy temprano para reunirse con Makoto antes de ir a la dichosa reunión, dejándolo completamente solo y malhumorado en casa ya que por si fuera poco su hijo y Akari habían ido a una excursión que había organizado la primaria Teitan y no regresarían sino hasta la tarde. Fue así que sintiéndose inquieto por todo aquello y por el silencio abismal que reinaba en aquella enorme casa, Shinichi se vistió y salió directo a la casa de la joven pareja Kuroba para ver si Kaito se animaba dar una vuelta por allí como solían hacer en los viejos antes de terminar yendo a aquel bar que últimamente solían frecuentar junto con Hattori, pero para su gran sorpresa cuando llego fue el mismo Ginzo Nakamori quien lo recibió en la puerta con una evidente cara de sueño, de enojo y pues, de una notable resaca.

— Oh Kudo ¿Qué quieres a estas horas? —Dijo en un susurro casi inaudible en un vano intento por mitigar aquel pulsante y molesto dolor de cabeza que lo atormentaba y que lo hacía aborrecer hasta el molesto resplandor de aquella colorida mañana— Si estas buscando al payaso de mi yerno pierdes tu tiempo, fue a encontrarse con aquella bruja y su esposo para aclarar unas cosas de su próximo espectáculo o algo así… Mierda —Se quejo adolorido cuando su propia y potente voz le taladraba la cabeza aunque estaba susurrando.

— Ya veo —Asintió Shinichi sintiendo que al final iba a parar en la comisaria a ver si había algún caso interesante esperando por él, sin embargo tuvo que desistir de sus planes cuando una conocida silueta femenina comenzó a acercarse a él y al malhumorado Ginzo desde el interior de la casa— Buenos días Aoko.

— Buenos días Shinichi —Contesto la joven inspectora pasando al lado de su padre saludándolo con un corto abrazo que el detective correspondió a la vez que veía al inspector volver a l interior de la casa— Vamos pasa adelante y ponte cómodo traeré un poco de café para ambos.

Con una sonrisa el detective acepto la invitación de su querida cuñada ya que si ella misma se encontraba tan tranquila en su casa a esas horas de la mañana, solo podía significar que no había ningún caso relevante en la comisaria o si los había, estos no eran nada que la policía no pudiera resolver por su propia cuenta. Adentrándose en la residencia Kuroba, el detective se quito el saco y acompaño a Aoko a la cocina, pues con la evidente resaca y el malhumor de Ginzo Nakamori, lo último que quería era quedarse solo con él en la sala y ganarse algún sermón por ir a molestar a esas horas o algo por el estilo.

— Creo que mejor hablamos aquí en la cocina —Musito el detective tomando asiento frente al mesón de la cocina a la vez que seguía con la mirada todos los movimientos de la chica, que iba de un lado a otro buscando todo para preparar el café— No quiero molestar al inspector.

— Creo que es lo mejor Shinichi —Dijo rechistando los dientes al ver como la bolsita donde guardaba el café se encontraba encima de uno de los estantes más altos de la cocina junto con una nota que decía "Tanto café es malo para la salud, deberías dejarlo" junto con la inconfundible firma de su "querido" esposo— Voy a ahorca a ese idiota cuando vuelva.

Divertido Shinichi observo como Aoko enojada murmuraba insultos para el payaso de Kaito, que una vez más había hecho de las suyas, no era difícil para Shinichi imaginárselo riéndose solo al pensar en la reacción de su esposa cuando leyera la pequeña nota ya que él mismo se estaba riendo en ese momento y motivado por la oportunidad que se presentaba ante sus ojos para jugarle una broma a su cuñada, Shinichi sigilosa y hábilmente se deslizo por su asiento y aprovechando la distracción de la joven inspectora, se acerco a ella por detrás, la tomo por la cintura y antes de que pudiera decir o hacer algo, la alzo por encima de su cabeza ayudándola a alcanzar la dichosa bolsa de café.

— ¿Se puede saber que diablos estas haciendo? —Gruño malhumorada, tomando la bolsa mientras fulminaba con la mirada al detective que entre risas la bajaba lentamente hasta depositarla nuevamente en el suelo.

— Es que eres tan pequeña, que si no hacía algo terminaríamos tomando agua en lugar de café Aoko —Musito esbozando una amplia sonrisa divertido para luego alborotarle el cabello con una mano, despertando la furia de Aoko ante aquella molesta broma que ese idiota siempre le jugaba en cuanto tenía la oportunidad.

Pronto Shinichi se vio corriendo por toda la cocina siendo seguido de cerca por una enfurecida inspectora, que si llegaba a alcanzarlo lo ahorcaría por ser tan infantil algunas veces y es que no podía evitar enojarse tanto con él, aunque pareciera exagerada su reacción, ya que a ella siempre le había molestado que él le hiciera eso pues se estaba burlando descaradamente de ella haciéndola sentir como una pequeña niña que trataba de demostrar que podía hacer las cosas por si sola y que al final tenía que recurrir a la ayuda de los demás de todos modos. Esto ocurrió por primera vez en un caso en que el joven detective misteriosamente apareció en la escena del crimen de un misterioso e inexplicable robo a una joyería donde tanto el ladrón como una gema e invaluable gema habían desaparecido sin dejar rastro alguno, ese caso de lo asignaron a ella debido a que su padre estaba ocupado tratando de descifrar uno de los tantos avisos de Kaitou Kid junto a gran parte de la unidad; estaba sola con un par de miembros de la policía forense que buscaba huellas y cualquier posible pista que pudiera ayudar a resolver aquel misterio cuando repentinamente Shinichi apareció en aquel lugar con su característico traje y esa pose arrogante y cargada de confianza que tanto lo caracterizaba.

A regañadientes Aoko lo dejo pasar luego de haber llamado a Saguru y ser convencida por este de que el afamado detective del este le seria de mucha ayuda en aquel desquiciante caso, en el que su paciencia estuvo a punto de desbordarse en más de una ocasión cuando aquel molesto detective refutaba y destrozaba todas sus hipótesis con argumentos sólidos y contundentes, tras uno quince minutos de buscar arduamente algo con que callarle la boca a aquel creído, termino encontrando unas extrañas marcas en el piso bajo una gruesa alfombra y un fragmento de escombro de la pared que le parecieron muy extraños, pero que a simple vista no parecían aportar nada importante al caso, una idea que Shinichi desmintió sin esfuerzo resolviendo todo el enigma solo con esas dos pequeñas cosas resultando ser que el mismo propietario de la joyería había montado toda aquella farsa del robo y del misterioso ladrón que se esfumo en el aire, para ocultar que él mimo había robado y ocultado aquella gema en el interior de una de las paredes de la joyería, así mientras la policía estuviera ocupada persiguiendo al inexistente ladrón, él ya habría vendido la joya en el mercado negro. Fue frustrante perder ante aquel detective, pero lo fue más aun cuando este se acerco a ella y alborotándole juguetonamente el cabello con la mano le dijo "Bien hecho, la próxima vez intenta no dudar tanto" dejándola estática en su sitio en estado de shock y una creciente ira en su interior. Cuando trato de seguirlo, éste ya había desaparecido encontrando a un pequeño niño con grandes anteojos en un callejón, colocándose rápidamente los zapatos para luego marcharse de allí como si nada, pasando a su lado con una infantil sonrisa.

Luego volvió a encontrarse con ese niño en un par de casos más en lo que luego aparecía el detective como por arte de magia, para luego desaparecer de la misma manera a la vez que reaparecía aquel pequeño llamado Conan. Poco después descubrió que ambos eran la misma persona durante un desafortunado encuentro que tuvieron con la organización en otro caso en el que él detective logro recuperar su cuerpo tiempo después gracias a unos datos que logro rescatar antes que aquel lugar estallara. Rápidamente se volvieron amigos muy cercanos ya que entre bromas y aquellos peligrosos casos en los que estuvieron al borde de la muerte, la cercanía entre ellos aumento considerablemente y más aun después de que gracias a las clases de manejo que éste le había dado, Aoko fue capaz de salvarle la vida después de ser gravemente herido en el enfrentamiento contra uno de los miembros de la organización.

— ¿Qué sucede Aoko? —Musito divertido el detective sacándola de sus pensamientos refugiándose al otro lado del mesón atento a cada uno de sus movimientos, listo para correr para cualquier dirección dependiendo del lugar al que ella corriera— ¿Acaso la edad te hace perder facultades?

— ¡Solo tengo treinta y dos años idiota! —Grito furiosa saltando hábilmente por encima del mesón tacleándolo sin clemencia, logrando tirarlo al suelo— Ahora ¿Quién es el viejo?

— Okey, okey ya entendí —Se quejo adolorido el detective sobándose la cabeza ante la sonrisa triunfante de Aoko, que sentada sobre su abdomen comenzaba a dejarlo sin aire— Ahora ¿Podrías quitarte de encima? Casi no puedo respirar Aoko.

— ¿En serio? —Musitó divertida la joven señora Kuroba quitándose de encima de su adolorido cuñado, quien una vez libre se irguió rápidamente hasta quedar sentado a su lado observándola malhumorado— Recuerdo que hubo una época en la que no decías eso.

— ¿Qué época? —Pregunto tratando de hacer memoria. Solo necesito ver la sonrisa divertida de la inspectora para caer finalmente en cuenta de a que se estaba refiriendo— Ya veo, así que de eso se trata ¿No?

— Si —Asintió ella contemplando el desastre que habían hecho en la cocina— Tú estabas sintiéndote realmente mal después de aquel caso en la escuela Teitan, donde te tuve que ayudar a resolver el caso actuando como tu mediadora porque Ran y su padre estaban allí y no querías arriesgarte a ponerlos en peligro si la organización los relacionaba contigo.

— No fue fácil —Agrego el detective rememorando aquel amargo momento— Y si mal no recuerdo tú te habías encontrado unos días antes con el cretino ese que te rompió el corazón cuando eras más joven.

Si, ella había tenido la mala fortuna de encontrarse, una semana antes, con ese hombre después de tantos años en uno de los casos que había tenido que resolver por su cuenta, no fue fácil encararlo después de tanto tiempo, pero ese día se encargo de demostrarle a ese cretino no solo de lo que se había perdido sino que ella era mucho más fuerte de lo que él creía y que a pesar de que ahora él estuviera interesado, pues ella no iba permitir que una basura como él que tato la había lastimado volviera a su vida. Saguru se enfureció mucho cuando ella le conto lo sucedido por teléfono, pero a la vez se sintió orgulloso de su mejor amiga, pues a pesar de lo afectada que estaba había logrado tomar las riendas de la situación y darse a respetar. Sin embargo aquel encuentro había revivido muchos amargos recuerdos que ya creía olvidados, fue entonces cuando tras resolver el caso de la escuela Teitan fue junto a Shinichi a ver que motivos podría haber tenido para comportarse de esa manera y cuando este le conto lo que había sucedido, ella se sintió en confianza para compartirle lo que le había ocurrido. Fue así que en medio de la tristeza y dolor de ambos una cosa llevo a la otra y terminaron envueltos en una extraña relación que no duro más de un par de meses, pues ellos bien sabían que solo se estaban utilizando el uno al otro mutuamente y antes de que su amistad se viera afectada por aquella extraña relación, decidieron que lo mejor era terminar con aquello y seguir como amigos. Poco tiempo después tuvieron que distanciarse debido a las investigaciones del detective sobre la organización que lo obligaron a viajar por el mundo persiguiéndolos sin descanso, no volvieron a verse sino hasta dos años después cuando ocurrió aquel incidente con Falcon y Panter en el que Kaito arriesgo su vida por salvar la de Aoko.

— Fue lindo y de verdad que nos ayudo a reponernos, pero —Dijo Aoko sonriendo levemente al recordar aquellos tiempos— No se que demonios estaríamos pensando, creo que ambos fuimos muy inmaduros en ese entonces.

— Y que lo digas —Concordó el detective— pero ¿Sabes algo? Me gusta mucho como estamos ahora, Kaito es justo lo que tú necesitabas para ser feliz, así como Ran es lo único que podría hacerme feliz a mí. Ahora tenemos hijos maravillosos que se encargan de volver aun más plenas nuestras vidas ¿No lo crees cuñada?

— Si —Asintió Aoko regalándole una cálida sonrisa a su amigo— No podría estar más feliz que ahora, cuñado.

Ambos rieron animadamente ante aquella pequeña broma, hasta que una risa más ronca y grave cargada de ironía los hizo voltear asustados hacía la ventana de la cocina que daba hacia el pequeño jardín principal de la modesta casa, en la cual se encontraba recargado Ginzo observándolos acusadoramente con una leve sonrisa maliciosa dibujada en su rostro.

— Esto es sin duda algo interesante —Musito ensanchando aun más sonrisa— Me pregunto que dirán Ran y Kaito cuando se enteren de esto… Quizás así aprendan a no ser tan escandalosos

Y así sin más se dio media vuelta y se encamino hacía su auto que se encontraba estacionado en la entrada dispuesto a darle una lección a esos dos idiotas por hacer tanto ruido cuando el sentía que su cabeza estaba apunto explotar por culpa de la resaca que tenía; Aoko simplemente no le dio mucha importancia a esto ya que ella misma había presenciado lo cercanos que Kaito y Ran eran aquella vez en la que Shinichi estuvo al borde de la muerte por culpa de Panter y ella no había hecho un gran escándalo sobre eso, por lo que no creía que Kaito y Ran fueran a hacer un gran escándalo por esto tan poco o al menos eso creía ya que al voltear ver de nuevo a Shinichi supo por la cara de pánico de este que quizás estaba equivocada.

— Shi… —Intento llamarlo, pero antes de que pudiera terminar la frase el detective se levanto de un salto para luego correr desesperadamente a detener al inspector, pero ya era demasiado tarde, éste ya se había marchado en su auto.

— ¡Maldición! —Mascullo entre dientes furioso viendo hacia ambos lados de la calle tratando de adivinar que ruta había tomado el retirado inspector.

— ¿No crees que estas exagerando Shinichi? —Pregunto Aoko extrañada al llegar a su lado— No es para tanto y lo sabes.

— No Aoko —La corrigió en el acto el detective dejándose caer pesadamente sobre el mullido césped preocupado. Aoko lo imito— Ran y Kaito son absurdamente celosos lo cual no es un problema cuando tratas con ellos por separado, pero cuando esos dos se juntan pueden llegar a ser realmente aterradores juntos… Créeme yo tuve que pasar por eso en más de una ocasión cuando estábamos en primaria, en secundaria y en el instituto antes de que pasaran todas las otras cosas que ya sabes… La malicia de Kaito y la ira destructiva de Ran no son una buena combinación créeme.

Al ver la preocupación real por parte del detective, Aoko comenzó a preocuparse pues sabía que si Kaito se lo proponía realmente podría doblegarla y hacerla bailar a su son y que Ran fácilmente podría hacer añicos una pared sin sufrir daños, como había visto en una ocasión, no quería ni imaginarse lo que podría hacer ahora que se suponía era mucho más fuerte que antes. Un sudor frio recorrió por su frente a la vez que un escalofrió recorría su espalda ante la sola idea de combinar esas dos cualidades, ahora si entendía porque Shinichi estaba en ese estado.

— Aoko tenemos que buscar a tu padre y convencerlo de que no hable si es que queremos salir vivos de esta —Dijo finalmente Shinichi levantándose decidido— es mejor que se enteren por nosotros mismos y estando muy lejos el uno del otro.

— Entiendo —Asintió la joven inspectora decidida a darle una buena paliza a su padre en cuanto lo viera.


Mientras el detective y la inspectora lo buscaban frenéticamente por toda la ciudad, Ginzo se había tomado su tiempo para dar una vuelta por la ciudad buscando un lugar donde pudiera comerse con calma una buena sopa que lo ayudara a despejar su mente y terminar de pasar aquella molesta resaca que había durado mucho más de la cuenta por culpa por aquellos dos escandalosos que hicieron que aquel molesto palpitar que sentía en su cabeza se intensificara hasta convertirse otra vez en aquellas molestas punzadas que tanto lo atormentaban ahora. Fue así que entre dar tantas vueltas por las calles de la ciudad, termino por encontrar finalmente un pequeño puesto ambulante de Ramen en el cual se detuvo sin pensarlo dos veces, dispuesto a quedarse de allí hasta que se sintiera mejor.

Ordeno un Ramen a la elección del dueño del puesto, quien motivado por aquel "voto de confianza" se puso creativo a la hora de preparar un plato que ayudara a su agobiado cliente a sentirse mejor. Mientras aguardaba a que su pedido estuviera listo, una hermosa mujer se sentó a su lado a un puesto de distancia y realizo su pedido sin detenerse a ver el menú.

— Veo que sigues teniendo el mal hábito de beber hasta que ya no puedes más Ginzo —Dijo aquella mujer suave y dulcemente mientras contemplaba los alrededores de la zona donde se encontraba el pequeño puesto de Ramen— Ya no tienes edad para eso.

— Bah, yo decidiré cuando parar de beber mujer —Bufo observando de reojo a la hermosa mujer a su lado— además en lugar de estar preocupándote por eso, deberías de sacar un tiempo en tu "ocupada" agenda para ir a ver a Akari y a Aoko alguna vez… La pequeña Akari me a preguntado varias veces por ti desde que la deje a tu cuidado y Aoko, pues creo que se merece saber quien mantuvo a su hija a salvo durante todo aquel embrollo hace cinco años.

— Me sorprende que la niña me recuerde —Musito sonriendo levemente— era muy pequeña cuando todo ocurrió.

— Eres su abuela después de todo —Dijo Ginzo como si nada recibiendo su pedido ya listo— y yo tan poco iba a dejar que te olvidara tan fácilmente.

Aquello la tomo por sorpresa, quiso decir algo, pero desistió al ver como su antiguo esposo centraba su atención en el plato que tenía frente a él comiendo rápidamente en un vano intento por ocultar lo avergonzado y nervioso que se sentía; desistió de la idea y esbozando una leve sonrisa volvió su mirada al frente para recibir su propio pedido. Después de aquello los dos comieron en absoluto silencio disfrutando simplemente de la compañía del otro.

— ¿Quieres dar un paseo? —Se atrevió a decir el retirado inspector sin verla a la cara, cuando ella termino de comer.

— Me encantaría —Asintió ella aferrándose al brazo del nervioso y sonrojado Ginzo, luego de pagarle al dueño del pintoresco puesto por lo que había pedido— será como en los viejos tiempos.

— Si —Fue lo único lo que pudo decir el retirado inspector al sentir nuevamente a la que fue su mujer una vez más tan cerca de él a la vez que dulce aroma de su alborotado y hermoso cabello impregnaba sus fosas nasales, embriagándolo y haciéndolo olvidar aquel molesto dolor de cabeza a la vez que su desbocado corazón latía brioso en su pecho. Una sobrecogedora sensación que había extrañado por más de veinte años… Veinticuatro años para ser exactos.

Caminaron en silencio uno junto al otro hasta llegar un pequeño rio que cruzaba la ciudad, un lugar que ellos conocían muy bien, pues de niños solían jugar mucho en aquel lugar, donde Ginzo iba cuando quería pensar y estar solo durante su juventud y así mismo también había sido aquel mismo lugar el que había visto el inicio de su historia como algo más que amigos y que lamentablemente también había sido testigo cuando decidieron separarse definitivamente.

— Todo esto es tan nostálgico ¿No crees? —Le pregunto ella llevándose inconscientemente la mano al corazón. Ginzo tan solo se limitó a asentir en respuesta— Ginzo yo…

— No digas nada —La interrumpió el retirado inspector anticipándose a sus intensiones— ya se lo que vas a decirme, así que no digas nada… Tan solo llámame cuando quieras ver de nuevo a la niña ¿Si?

— Lo hare —Asintió ella soltando lentamente el brazo del hombre al que había amado como a nadie en su vida, el se tenso al sentir que se alejaba y aunque sintió el impulso de detenerla, desistió tan rápido como había tenido la idea de detenerla ya que sabía muy bien que ella se negaría y no podría soportar una vez más el ser rechazado por la mujer que amaba. Ya tenia suficiente con tener que verla partir de nuevo de su lado— hubiera… Me hubiera gustado que lo nuestro hubiera funcionado Ginzo.

— Hubiera funcionado si yo hubiera tenido el valor que tuvo mi hija cuando fue a buscar a ese ladrón de pacotilla al otro lado del mundo —Dijo esbozando una triste sonrisa— era un mocoso que no supo escoger entre su carrera y aquella hermosa ladrona con la que se había casado. Supongo que nuestra hija saco una buena parte de tu terquedad Izumi.

— Creo que se parece más a ti Ginzo —Musito sonriendo tristemente a la vez que terminaba de zafarse del brazo del retirado inspector— mira que enamorarse y casarse con un ladrón jeje… Supongo que es algo que se lleva en los genes… Adiós Ginzo, fue bueno verte.

— Hasta pronto Izumi —Corrigió el pobre inspector haciendo énfasis en ese "Hasta pronto"— espero volver a verte pronto.

Sintió como sus corazones clamaban por el otro la testaruda pareja se dio la espalda mutuamente, Ginzo para no tener que verla partir una vez más y ella para poder marcharse sin mirar atrás… Después de todo eso era lo mejor ¿Cierto?

— Vaya, vaya inspector no me esperaba eso de usted —Dijo una voz frente al adolorido Ginzo obligando a abrir los ojos y alzar la cabeza, solo para encontrarse con la mirada acusadora y la sonrisa arrogante de Shinichi Kudo— mira que venir a enamorarse de una ladrona, es algo que me parece bastante conocido ¿No cree?

— Ku… ¡Kudo! —Grito Ginzo casi reventándole los tímpanos al perspicaz detective— No… ¡No vayas a decirle nada de esto a Aoko!... Ella no puede saber que…

— ¿Su madre sigue con vida? —Lo interrumpió el detective sin sutileza alguna, silenciado al retirado inspector en el acto— Tranquilo no lo hare, siempre y cuando usted guarde en secreto lo que escucho esta mañana. Aoko y yo ya se lo contaremos a Ran y a Kaito por nuestra cuenta.

— Esta bien Kudo haré lo que…

— Bien —Lo interrumpió nuevamente irritando aun más a Ginzo por la altanería de ese muchacho presumido— ahora vayamos a lo que importa, vamos a buscar a su mujer antes de que sea demasiado tarde.

— Pero…

— Nada de peros inspector —Y allí iba la tercera interrupción— Si mal no entendí se separaron por culpa de sus oficios ¿Cierto? Usted era un oficial de policía y ella una ladrona, eso no estaba bien y por lo visto ninguno de los dos pensaba renunciar a sus respectivos oficios ¿O me equivoco? —Ginzo negó con la cabeza dándole la razón al detective a regañadientes— Pues ahí lo tiene, usted ya no pertenece al cuerpo de policía, su yerno es el ladrón que tanto trabajo le dio y los padres de él fueron dos de los más grandes ladrones de la historia ¿Qué más da uno más en la familia?

— Supongo que tienes razón Kudo —Asintió Ginzo dándole una fuerte palmada en la espalda al joven detective sacándole todo el aire como desquite por todas las veces que lo interrumpió hace un momento— vamos por esa terca y testaruda mujer.


Corriendo por los enmarañados callejones de la ciudad, Izumi uso todos sus trucos para marcar una buena distancia de aquel nostálgico lugar en el que había dejado a Ginzo, pues no sabía que ideas podría darle aquel famoso detective a Ginzo, teniendo en cuenta que los había estado espiando desde que llegaron al rio. Corrió y corrió sin descanso y cuando ya estuvo segura que se encontraba a una buena distancia, decidió borrar todo posible rastro ingeniándoselas para subir a la azotea de un edificio departamental donde podría esconderse hasta que fuera seguro para ella volver a bajar.

— Tengo que admitir que esto no lo esperaba —Dijo suspirando pesadamente a la vez que se sentaba en la azotea tratando de calmar un poco a su desbocado corazón que clamaba por un poco calma para poder descansar.

— Pues ya somos dos —Dijo una voz a su espalda que la hizo saltar hacia un lado del susto encarando al poseedor de aquella voz con la sorpresa reflejada en su rostro— vamos, no es para tanto. Después de todo lo que ha pasado deberías haberte imaginado algo como esto… Mamá.

— Aoko —Dijo aun incrédula observando fijamente a la mujer frente a ella.

— Ya me parecía extraño el encontrar a mi padre con una mujer comiendo en un puesto de Ramen —Continuo Aoko ignorándola olímpicamente— y más aun me impresiono verlo paseando con esa misma mujer tan cerca y con aquella sonrisa que no veía desde que era una niña, desde antes de mudarnos al centro de Beika… Tengo que admitir que me sorprendió descubrir que tú eras mi madre, la misma mujer que supuestamente había muerto en un accidente hace más veinte años…

— Aoko yo… —Se detuvo un momento a pensar bien en sus palabras al ver la severa mirada que su hija le dirigía, esperando una buena explicación de su parte. Se dio cuenta que ya no tenía caso mentirle— Yo me marche por el bienestar de tu padre y el tuyo, sabía que el seria capaz de ir preso por protegerme si mi secreto llegaba a descubrirse y si eso pasaba tu quedarías sola o expuesta al peligroso mundo en el que yo habitaba y no quería eso…

— Sinceramente tu y el idiota de Kaito se parecen más de lo que creen —Bufo la joven inspectora guardando el arma que su esposo solía usar en sus robos cuando aun era Kaitou Kid, la cual había usado para subir a la azotea para seguir a su madre— ese idiota hizo lo mismo para "protegerme", por suerte logre darle una buena lección con ayuda de Ran y Shinichi y lo traje de vuelta a mi lado. Sus padres hicieron lo mismo y tras un poco de trabajo logre "traerlos de vuelta a la vida" a los ojos de la sociedad para que mi hija pudiera conocer a sus abuelos y ahora me temo que es tu turno.

— No te entiendo hija —Dijo sin pensarlo percatándose como Aoko suspiraba pesadamente en cuanto la llamo hija.

— Escúchame bien, no puedo perdonarte tan fácilmente por haberme abandonado durante todos estos años —Dijo sujetándola fuertemente por los hombros repentinamente, obligándola a verla a la cara— pero no puedo permitir que mi enojo prive a mi hija de compartir con su abuela y créeme que si convencí a los padres de Kaito, también puedo hacerlo contigo así sea a la fuerza… Mi padre, después de ver su cara cuando te marchaste, es obvio que también te extraña y yo… Pues yo… Solo necesito algo de tiempo para asimilar todo esto, así que por favor te pido que vuelvas con nosotros… Mamá.

El escuchar aquellas palabras de los labios de su hija, estrujaron su corazón haciéndola llorar sin poderlo evitar, preocupando un poco a la joven inspectora, que no supo como reaccionar cuando su madre la abrazo con fuerza motivada por la emoción del momento. Aoko se quedo petrificada por un breve instante, pero al reaccionar suspiro profundamente abrazando a su madre de la misma manera en la que lo había imaginado tantas veces cuando era pequeña o en aquellos momentos en los que tenía que esperar sola a su padre en aquella enorme, vacía y solitaria casa que las noches la aterraba y la hacía desear tener a alguien que la abrazara de la misma manera en la que Izumi lo hacía ahora.

Tras llegar a un acuerdo con su madre, Aoko llamo a Shinichi y le dijo que llevara a su padre a su casa, que pronto ella e Izumi irían también para allá luego de recoger a Daiki y Akari que en un par de horas llegarían de la excursión de la escuela, lo cual era un buen pretexto para pasar un tiempo a solas con ella mientras esperaban a los niños. Un tiempo que la inspectora supo aprovechar para preguntarle una infinidad de cosas que Izumi supo responder con calma, disfrutando del tiempo que estaba pasando con su hija después de tantos años y aunque se veía a leguas que Aoko no sabía bien que hacer, aun así trataba de acercarse a su madre con esas preguntas con las cuales pudo descubrir no solo que ella había sido la que había cuidado a Akari en su ausencia, sino que aquella vez en la que Snake y Lucas la habían secuestrado, su padre la contacto por primera vez luego de tantos años para que lo ayudara a buscarla y aunque no pudo hacer mucho para ayudar, por lo menos se encargo de indicarles a Ginzo y aquella joven que estaba con él, Ran, donde se encontraba atrapado el joven mago lo que les permitió sacarlo de debajo de esa enorme pila de escombros antes de que fuera demasiado tarde.

Cuando finalmente llegaron los niños, Akari salto de alegría al ver a aquella amable señora que la había cuidado hace tiempo cuando era más pequeña y se puso aun más alegre al descubrir que aquella amable señora era su abuela y que iría con ellos a casa de su tío Shinichi a cenar; la pequeña estaba que no cabía de la emoción que sentía y no dejaba de hablar de cómo le presentaría a su abuelito Ginzo y a sus otros dos abuelitos Toichi y Chikage, también a su papá, a su tío Shinichi, a su tía Ran y a todos los que iban para la cena que se llevaría a cabo en la mansión Kudo esa noche; entre los cuales se encontraba su extraña madrina Akako y su esposo el divertido tío Fujie.

Tras todos los problemas que pasaron ese día y tras tener de todos modos la furia Kaito y Ran en todo su esplendor por haberles ocultado aquel "pequeño" secreto, Aoko y Shinichi se permitieron disfrutar la pequeña velada que habían preparado por el regreso de los niños de aquella larga excursión que los había mantenido toda una semana lejos de casa.


— Osaka —

Así cerraba el capitulo de la región de Kanto con todos disfrutando finalmente de la felicidad por la que tanto habían luchado durante tantos años.

Mientras que en Osaka un hombre tenía que enfrentarse a la prueba más ardua y difícil que había tenido en toda su vida, una prueba para la cual todo el entrenamiento que había recibido a lo largo de su vida no solo había sido inútil sino que no había siquiera podido prepararlo mentalmente para algo como eso. Este hombre no era otro que Heiji Hattori, un antiguo asesino que había dejado aun lado sus armas para dedicarse por completo a la mujer que había sido el pilar de su vida desde que tenía memoria Kazuha Toyama, una mujer que había logrado hacerlo feliz como nunca lo había sido al aceptarlo tal cual y como era, otorgándole la segunda alegría más grande de su vida al hacerle saber que sería padre y que ahora a casi ocho meses de embarazo ponía a prueba su resistencia física y mental con el reto más difícil al que se había enfrentado. Complacer los antojos de su esposa.

Así es, por más absurdo que suene, los antojos de Kazuha eran algo del otro mundo para al antiguo asesino, que por más que se esforzaba nunca acertaba una con su esposa que cada vez le pedía cosas más y más difíciles de conseguir, como aquella vez en la que se antojo de un pie de limón preparado por Ran, más ningún otro servía y vaya que pago las consecuencias cuando trato de engañarla con uno que compro cerca, al final tuvo que llamar a Shinichi pedirle el favor que hablara con Ran para que hiciera el dichoso pie, soporto las diez horas del viaje ida y vuelta ¿Y todo para que? Para que ella vomitara al primer bocado y que él al final tuviera que comerse el pie para que no se echara a perder. Kaito y Shinichi a través de una video conferencia le explicaron que esos eran los verdaderos antojos, porque con Ran y Aoko ellos habían tenido que pasar exactamente por lo mismo durante los nueve meses de embarazo, sin contar todas aquellas noches en las que debían levantarse en la madrugada o todas las falsas alarmas en las que por poco no terminaron con algún hueso roto por todas aquellas brusca caídas y tropezones que tuvieron en las frenéticas carreras entre la habitación y el auto, preparando todo para llevar sus respectivas esposas.

Por si fuera poco, luego de superar a duras penas esta ardua prueba, cuando la hora finalmente llego Heiji por poco sufre un colapso nervioso cuando su mujer fue dejada en observación hasta que la hora exacta del parto llegara, en aquel momento si Shinichi y Kaito no hubieran ido a verlo al hospital, de seguro él se hubiera abalanzado sobre cualquier hombre o mujer que viera con una actitud sospechosa, como ese sujeto Himura de la habitación 208 que salía cada tres horas de su habitación, cruzaba el pasillo frente al moreno y luego regresaba siempre observando todo a su alrededor.

— Vamos Hattori cálmate un poco hombre —lo regaño el detective dándole un par de palmadas en el hombro— ese pobre hombre no va a hacer nada, es solo un tipo que tiene problemas para controlar sus esfínteres y cada vez siente algo se apresura a ir al baño porque no quiere avergonzarse así mismo. Ya lo investigue créeme.

— Puede que sea un truco para que bajemos la guardia —Gruño Heiji fulminando con la mirada al pobre hombre que por novena vez trataba de llegar al baño lo más rápido que podía para tratar de evitar un infortunado accidente— no me fio de él.

— Si sigues mirando así a ese hombre vas a causarle un infarto —Bromeo Kaito tratando de aligerar un poco el ambiente— además necesitas estar descansado y relajado para que puedas soportar lo que viene ¿No es así Shinichi?

— Ciertamente —Contesto el detective asintiendo con la cabeza recordando aquellas largas noches en vela en los que él, Kaito y Aoko tenían que idearse una manera para dormir a los pequeños Akari y Daiki. Les cantaron, les dieron de comer, los pasearon de un lado a otro por toda la mansión Kudo susurrándole palabras tranquilizadoras o cualquier otra cosa que se les ocurriera con tal de dormirlos.

— No entiendo ¿A qué se refieren? —Pregunto temeroso el ya aterrado Heiji al ver la sonrisa maliciosa de sus dos amigos.

— Solo digamos que lo que has hecho hasta ahora no es nada comparado con lo que viene amigo —Musito Kaito divertido— Solo espero que no nos llames llorando a mitad de la noche.

Sin saber a qué diablos se referían sus dos amigos, Heiji se vio obligado a soportar sus bromas y hasta a salir de vez en cuando del hospital arrastrado por alguno de los dos para que tomara un poco de aire.

Luego de varias horas de espera, finalmente una enfermera le indico que podía pasar a ver a su esposa y su pequeña hija. Heiji se quedo sin palabras cuando vio a su mujer agotada sosteniendo a su hija entre sus brazos, inmediato sonrió orgulloso y nervioso cuando ella le dirigió una mirada y con una sonrisa lo invito a acercarse.

— Vamos cárgala —Le dijo Kazuha sonriendo con dulzura.

— Pe… Pero yo… No puedo hacerlo —Tartamudeo nervioso e inseguro tratando de contener el impulso de tomar a la pequeña entre sus brazos— ¿Y si la lastimo?

— Heiji Hattori, déjate de tonterías y toma a tu hija —Le ordeno tratando de no alzar mucho la voz para no asustar a la pequeña— Kazumi no podría estar más segura que en los brazos de su padre.

Sin seguir haciéndose de rogar Heiji cargo a la pequeña Kazumi entre sus brazos con un cuidado y delicadez que no sabía que poseía, sintiendo todo el peso de aquel pequeño y delicado ser que ahora reposaba entre sus brazos, una pequeña que se removía inquieta buscando a su madre.

— Hola Kazumi —Dijo con la voz temblorosa sintiendo como su hija dejaba de moverse y comenzaba a sonreír, arrebatándole a su padre una sonrisa llena de felicidad y orgullo— así es yo soy tu papá… Yo soy tú papá.

Papá. Un titulo que jamás pensó que merecería y que ahora se sentía orgulloso de poseer, una sencilla palabra que desde el momento en el vio la sonrisa de su pequeña damita, sintió el indescriptible deseo por escucharla algún día llamarlo de esa manera, quería escucharla llamarlo "papá" de la misma manera en la que Akari y Daiki llamaban a Shinichi y Kaito cada vez que los veían, con los ojos iluminados por aquel brillo único cargado de cariño y admiración junto con aquella sonrisa que solo estaba reservada para ellos.

Quizás era cierto eso de que ahora le tocaba afrentar la dura prueba de la paternidad, pero vaya que atesoraría cada momento de su vida junto a aquella pequeña de hermosa y cautivadora sonrisa desde ahora hasta el final de sus días junto a Kazuha y a sus amigos, que por más que bromearan con él, sabía que siempre podría contar con ellos para lo que fuera.


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En fin, he aquí el anexo y con ello el indiscutible final de esta pequeña historia dividida en dos partes. Espero que les haya gustado tanto como a mi me gusto escribirla y que bueno, espero verlo en el nuevo proyecto que estoy empezando titulado "El Bosque"

Nuevamente me disculpo por haberlos hecho esperar más de lo debido y bueno espero que la espera haya valido la pena.

Les agradezco a todo los que se han tomado la molestia por leer este fic de principio a fin y sobre todo por tenerme la paciencia para esperar cada vez que me retrasaba en en subir un capítulo. Para todos ustedes, muchas gracias, realmente se aprecia el gesto.

Ahora si, sin más que decir me despido, esperando verlos en una próxima ocasión. Hasta la próxima y cuidense mucho.