Capítulo 26
"A gritos se entiende la gente"
Toothless se había sumergido al agua por quinta vez en ese día. Los músculos de sus piernas le obedecían eficazmente ya que el dragón se encontraba en las profundidades del mar luchando contra los enormes peces con relativa facilidad. El muchacho de cabello negro sabía que tenía que realizar su tarea matinal con rapidez, pero el poco peso que su cuerpo tenía siempre que el agua lo rodeaba logró fascinarlo mucho más que el pez que se le acababa de escapar.
Toothless cerró sus ojos y dejó que la corriente lo meciera un poco. Nadar era lo más cercano al cielo que tenía desde que se había convertido en humano. Tal vez no podía desafiar a la gravedad como cuando tenía alas, pero al menos podía engañarla por un rato de este modo. Con un sentimiento de tranquilidad el dragón no pudo evitar dirigir sus pensamientos a los eventos que habían tomado lugar un día antes.
Había sido obediente, justo como Hiccup había querido, y se había pasado toda la mañana alimentando al bicho acuático que su novio había adoptado, también lo había puesto al sol un rato y se encargó con sumo cuidado de limpiar el gran plato donde éste nadaba para después llenarlo con agua cristalina. Todo parecía ir como un día normal, entonces la puerta de la casa se abrió de golpe. El pelirrojo estaba en la entrada de su habitación en cuestión de segundos, pálido como la cera. Toothless había corrido hacia él y le tomó entre sus brazos. ¿Qué había pasado?
"Ella sabe." Fue lo único que el muchacho pudo decir después de reconfortarse con el calor que su dragón le proporcionaba. Y Toothless no necesitaba oír más. Sabía lo que esas dos palabras significaban. Su mano se posó delicadamente sobre la cabellera de Hiccup y con delicadeza dejó que sus cuerpos cayeran lentamente, quedando ambos sentados recargados contra la pared.
"¿Tú le dijiste?" Preguntó el dragón gentilmente, que seguía abrazando a Hiccup. Sus largas manos trazaban círculos en la espalda de su jinete, y aunque era un gesto pequeño el Entrenador de Dragones juró que era lo único que necesitaba para sentirse infinitamente mejor.
"No. Ella lo descubrió."
Toothless frunció el ceño ante las palabras del joven y miró hacia un lado. ¿Los había descubierto? Pero ¿Cómo? Ambos habían sido bastante cuidadosos. El dragón suspiró y negó con la cabeza. De acuerdo, tal vez su comportamiento no había sido el mejor en estos últimos días, bueno, semanas. El Night Fury sabía muy bien que las hembras humanas tenían una intuición excelente y él simplemente no podía controlar sus impulsos cuando se trataba de Hiccup. Mantenerlo a salvo, cómodo y feliz eran sus prioridades y con gente presente o no él haría todo para que su jinete tuviera lo que necesitara, lo que lo llevaba a recordar todas esas veces en las que con Astrid en frente de ellos, él había abrazado a Hiccup, lo había puesto como su prioridad ante todo y muchas cosas más, lo que era "peor" era el simple hecho de que Hiccup también le respondía todo su afecto, incluso antes de comenzar su relación. ¡Por supuesto que Astrid notaría algo!
"¿Sabes qué es lo peor? Ella ni si quiera me gritó o me amenazó. Simplemente me dijo que entendía y…" Hiccup tartamudeo un poco, interrumpiendo los pensamientos de la criatura de la noche. El pelirrojo se mordió el interior de su labio. "Sé que no debería comportarme así. Sé que tengo que estar agradecido de que un obstáculo se haya quitado para nosotros, pero no puedo evitar sentirme como el más asqueroso ser humano del planeta. Ella se convirtió en mi mejor amiga y es como si la hubiera perdido para siempre. Jamás tendré de regreso su confianza."
Toothless sonrió un poco ante las palabras del chico, eran predecibles, pero no por eso menos valiosas. El dragón subió delicadamente el rostro de su humano para que ambos se vieran a los ojos. "Ella sigue siendo tu mejor amiga. Ella dijo que entendía, ¿no es así? Puedo asegurarte que Astrid está dolida y tal vez algo enojada, de acuerdo… muy enojada; pero ella es una mujer fuerte y leal. Siempre que te mire se le iluminarán los ojos, estoy seguro."
Hiccup también suspiró y hundió su rostro en el pecho de Toothless. El joven tenía tantas palabras atoradas en la garganta, pero al final logró sacarlas de su ser con algo de dificultad, "Todavía la amo" El cuerpo del Night Fury se congeló completamente al escuchar a su Hiccup decir eso, pero antes de que pudiera preguntarle que qué demonios quería decir, el jinete continuó. "Sin embargo, si hay algo que he aprendido con ella es como defino el amor. Ella siempre será mi mejor amiga." Acto seguido, Hiccup se separó un poco de su Night Fury y se apoyó en sus rodillas para estar a la altura de su dragón. Sus manos descansaron sobre el rostro de Toothless. El adolescente se tomó un momento para observar el rostro de la persona a la que más amaba; sus ojos grandes y de un verde tóxico, sus carnosos labios y su respingada nariz. La enorme masa de cabello negro que caía como cascada por su frente.
Hiccup rio un poco, se había dado cuenta de que no existían palabras para describir lo importante, lo necesario, que Toothless era en su vida. No podía formular una serie de letras que expresaran a la perfección el cómo su corazón estallaba cada vez que lo veía. Era como si hubiera naufragado justo en donde su dragón estaba y nunca había suficiente aire como para seguir respirando. Así que con lentitud, el joven cerró sus ojos y acercó sus labios a los de su novio, esperando que entendiera como se sentía con esta poderosa acción. Toothless también sonrió y dejó que su cuerpo se derritiera ante el beso de su Hiccup.
Sin duda era una sensación maravillosa y su cerebro no dejaba de mandarle señales para que siguieran, para que avanzaran. Pero cuando Hiccup puso sus manos en su pecho y se separó lentamente de él, Toothless supo que nada iba a pasar esa noche.
"¡Garritas! ¿Estás bien?"
El grito de su jefe hizo que el dragón abriera sus ojos y recordara que estaba debajo del agua, sin ningún pez en la mano y con el reloj en su contra. Golpeándose ligeramente la frente, Toothless se dirigió a la superficie y con muy poco esfuerzo salió del agua para sentarse en el muelle. Un vikingo le lanzó una manta y el Night Fury la atrapó sin problemas, enrollándola en su cuerpo. A continuación miró al jefe de los pescadores y extendió su brazo, la mano abierta. El hombre rió entre dientes y metió su mano al bolsillo como si buscara algo. "Eres un chico muy raro, garritas."
Toothless torció la boca ante el sobrenombre que le habían puesto. Desde que lo habían contratado él no había dicho ni una sola palabra. Solo llegaba, se quitaba la camisa, se metía al helado mar, pescaba todo lo que podía y extendía la mano para que le pagaran. Como sus uñas eran algo largas y las usaba para matar a los peces, los vikingos habían decidido decirle así: 'garritas'. A Toothless no le molestaba, pero tampoco le agradaba. El único que podía nombrarlo ya le había dado el nombre perfecto.
Después de unos segundos, el jefe sacó su mano del bolsillo con tres monedas de oro y una de plata. "Aquí tienes, hijo. Un poco extra por el estupendo trabajo de hoy." El hombre depositó la paga en la mano extendida del dragón. Toothless miró los pedazos brillantes y asintió. "Gracias."
"Ni lo menciones." Comentó el hombre con un mohín de las manos. El Night Fury tomó su playera y la pasó por su cabeza, cubriéndose con la seca tela. Un audible 'Ooooh' se escuchó a lo lejos. El jefe de los pescadores miró a la dirección del sonido y vio a tres chicas escondidas detrás de unas cajas. El trio de muchachas rio un poco, incapaces de quitarle la mirada al dragón. "Vaya, vaya. No quiero que te sientas un Don Juan, hijo, pero parece
que tienes admiradoras."
Toothless arqueó las cejas. ¿Qué es una admiradora? Al parecer el vikingo se dio cuenta del poco conocimiento que su empleado tenía del tema porque puso su brazo alrededor de los hombros del adolescente, "Dime muchacho. ¿Por qué trabajas tanto para conseguir el dinero? Tengo entendido que Amminos no les cobra el alimento nuestros hermanos de Berk."
El Night Fury no estaba seguro si era una buena idea contestarle, pero a fin de cuentas solo iba a comprar un libro, esa información no resultaba peligrosa, ¿verdad? "Es para alguien." Fue lo único que respondió.
El rostro del jefe se iluminó. "¡Ajá! Entonces si hay una chica especial por ahí. Sabía que un muchachote como tú no podía estar soltero. Me dan lástima esas chicas que te están espiando."
Toothless se sintió como un estúpido. ¿Chicas? ¿Soltero? ¿Espían? ¿De qué rayos hablaba ese tipo? ¿Era una clase de código entre humanos?
"Te lo dije una vez y te lo diré una segunda: No seas tímido, hijo. Si quieres a esa persona especial hay muchas maneras de demostrárselo. ¿Ya son pareja?"
El Night Fury tartamudeo un poco. ¿Eran Hiccup y él pareja? Bueno, él amaba a Hiccup como nunca nadie había amado a otra persona, y Hiccup siempre le decía exactamente lo mismo. Dormían juntos, cocinaban juntos, reían juntos, jugaban juntos. ¿Eso era a lo que los humanos llamaban ser una pareja? Definitivamente una definición diferente a la de los dragones.
"Pues sí, ya somos."
"¡Excelente! Y dime otra cosa, ¿Ya llegaron a segunda base? ¿Tercera?" Preguntó el hombre con picardía.
De repente a Toothless le cayó el veinte. Sus ojos se tornaron oscuros y su boca se hizo tan delgada como una línea. Este tipo estaba tomándole el pelo. Burlándose en sus narices ¡De él! El más poderoso dragón del mundo. ¿Cómo se atrevía a atacarlo con ese horrible juego de palabras? Pagaría caro por su insolencia, le ib-
"Oye, oye, está bien si no quieres contármelo. Supongo que un vejestorio como yo ya no se divierte como en las viejas glorias." El jefe suspiró como si recordara antiguas épocas. "Muy bien, no sé si ya te tiraste a la chica, pero te puedo dar unos buenos consejos para demostrarle como todo un hombre lo mucho que ella te interesa, si sabes a lo que me refiero, claro."
Toothless parpadeó repetidamente e intentó despejar sus ideas. Al parecer el loco era él. Primero el tipo parecía burlarse y ahora quería darle consejos. ¿Por qué demonios los humanos no podían ser directos y ya?
"¿A qué te refieres?" Preguntó el Night Fury con cautela, curiosidad naciendo en la base de su estómago.
"Escucha hijo, lo primero que tienes que hacer es morderle la oreja. ¡Ojo! Eso se hace delicadamente, ¿me entiendes? Despu…"
Cuando Hiccup despertó no se imaginó que vería unos pequeños ojos azules en lugar de unos enormes ojos verde tóxico a centímetros de su rostro, así que el grito que dio y la patada que pegó tuvieron más o menos el efecto deseado: Stoick se echó hacia atrás con torpeza y no la suficiente rapidez, por lo que el pie de su hijo le pegó directamente en la quijada.
"¡Papá!" Exclamó el joven una vez que identificó al intruso. "Por Odín, no me asustes así otra vez."
El Jefe de Berk se llevó su mano a la mandíbula, haciéndole un pequeño masaje. Stoick sacudió un poco su cabeza. "Me enojaría de no ser porque esa fue una excelente patada. Si hubiera estado más cerca me hubieras noqueado."
Hiccup frunció el ceño, dudando si su padre intentaba hacerle un cumplido o si era solo una observación "Aja…" El pelirrojo se apoyó contra la pared lentamente. No necesitaba mirar hacia los lados para darse cuenta de que Toothless no estaba. El simple hecho de que su padre pudiera haber entrado con facilidad al cuarto indicaba que su dragón había salido temprano.
"Hijo," Continuó Stoick, sentándose al borde de la cama. El hombre ignoro el crack que esta hizo y dejo que su pesado cuerpo se hundiera en las sabanas "Lo de la otra noche… yo, bueno, tú sabes a lo que me refería con eso, jamás fue mi intención que pensaras otra cosa."
Hiccup inclinó su cabeza hacia un lado, le costó un momento darse cuenta de lo que hablaba su papá, pero finalmente su cerebro se iluminó y recordó que se trataba del día en el que le contó su plan sobre los dragones y Toothless lo había sacado de la casa, furioso con el Jefe.
Su boca formó una "O". Solo su padre iniciaría una disculpa de una forma tan extraña. "Hablas de cuando cenamos, ¿no es así?"
Stoick asintió pesadamente. Las palabras nunca habían sido su fuerte, pero hizo un esfuerzo por continuar. "Era una idea que se me vino a la cabeza, lo de buscar a las bestias salvajes. No quería dejarte toda la responsabilidad y arriesgarte, es solo que toda esta situación se me escapa de las manos."
Hiccup respiró profundamente, aún no acostumbrado a oír a su padre con un tono tan… cansado y triste. El adolescente aferró sus pequeñas manos a la manta que aun cubría su cuerpo. Situaciones como estas eran tan incómodas e innecesarias. Hiccup bien sabía que su padre jamás lo pondría en peligro, incluso si su vida dependiera de ello.
"No importa, papá. Entiendo." Respondió el pelirrojo con franqueza. No quería que la cosa se alargara tanto y tampoco quería que se convirtiera en un parloteo que llegara a ser una pelea.
"Es que he cometido tantos errores últimamente." Stoick llevó su enorme mano hacia sus ojos.
"Te juro que las cosas saldrán bien, papá." Dijo Hiccup en un intento por calmar a su padre y para tranquilizarse a sí mismo también. "Siempre has sido un buen líder y pronto vamos a salir de esto."
Stoick dejó escapar el aire de sus pulmones y asintió ligeramente. Giró su cabeza con lentitud y miró a su hijo con delicadeza. Sus preocupaciones, sus miedos y su deber lo habían alejado tanto de Hiccup. Y aun así él estaba allí, a su lado y sonriéndole genuinamente.
"Tienes razón. Al final las cosas siempre salen bien."
Ruffnut y Tuffnut no habían hecho mucho con sus vidas desde la guerra contra Hootch y su pueblo anti-dragones. Su amado Zippleback había sido asesinado y aunque ambos se habían recuperado de la pérdida con algo de dificultad, aun sentían el vacío de no tener a su mejor amigo a lado de ellos. Fue entonces cuando decidieron que tenían que hacer algo antes de que se volvieran locos. Desgraciadamente pasaron los días y nada se les ocurría. Al final, ambos gemelos optaron por buscar algo entretenido por separado. Tal vez así tendrían más suerte.
Ruffnut, buscando la tan ansiada diversión, se dirigía a la improvisada tienda de campaña que su familia había construido, preguntándose si su madre le dejaría explorar el bosque por un rato, en medio de su divagación vio a Stoick aparecer por entre la multitud. Todos los vikingos lo rodeaban, inquiriéndole si pronto traerían más agua y comida. El jefe hablaba con ellos con toda la calma posible, pero era difícil apaciguar a tanta gente. La gemela no sabía ya ni cuantas semanas habían vivido en la playa, escondidos entre los árboles, y el deseo de un hogar firme y de una vida normal parecía acabar con su sanidad día tras día. Los que aún conservaban a sus dragones se desesperaban al no poder darles la libertad que necesitaban y los que los habían perdido se sentían excluidos de los demás.
"Solo necesito un poco de tiempo. Hablaré con Amminos y las cosas se arreglarán." Escuchó que decía el jefe. La multitud asentía y continuaba con su parloteo, acosándolo con más preguntas.
Ruffnut rodó los ojos y se cruzó de brazos. Deseó que Astrid estuviera con ella, sobre todo después de la pequeña tragedia que había ocurrido. La rubia suspiró y luego cerró con fuerza sus puños. Su mejor amiga había llegado por la noche del día anterior. Como era natural, Ruffnut corrió hacia ella y le dio un amistoso puñetazo en el brazo. Pero Astrid ni siquiera sonrió, solo se limitó a contarle lo que le había ocurrido.
La gemela vio como el montón de gente empezaba a dispersarse y la idea del bosque se esfumó de su cabeza. Ruffnut simplemente no podía creer que Hiccup y su amiga se separaran. No le dijo porque, solo que las cosas ya no estaban funcionando. Claro, era natural que una pareja no llegara a durar mucho, pero Ruffnut bien sabía que el Entrenador de Dragones estaba loco por su amiga desde que eran pequeños, y Astrid verdaderamente se había enamorado de él. Hasta donde ella sabía las cosas iban bien. Al parecer estaba mal informada o no le prestaba tanta atención a su mejor amiga como ella creía.
Ruffnut suspiró y dio la vuelta. De repente se sintió sola y el bosque no se veía tan divertido como antes. Decidida a regresar a su improvisada casa la rubia apretó el paso, pero fue interrumpida cuando un fuerte dolor en su espalda la tiró al piso.
"¡Tuffnut! Quítate ahora mismo, saco de estiércol." Gritó la chica al reconocer el familiar peso sobre su cuerpo. El joven solo rio y presionó a su hermana contra el suelo con más dureza. Irritada y de mal humor, Ruffnut levantó su pierna izquierda y golpeó a su gemelo en la espalda.
"¡Ow! Eso me dolió, me dolió mucho." Gritó Tuffnut como de costumbre. El chico se levantó con torpeza y corrió en círculos. No era nada nuevo, así que la rubia solo se limitó a sacudirse la tierra de la ropa y esperar a que el pancho se le pasara.
Mientras tanto, Snotlout y Fishlegs aparecieron a su lado. Ambos adolescentes estaban callados, nunca habían sido muy buenos amigos, pero la tragedia los había obligado a unirse más y más.
El grupo se miró unas cuantas veces, no estaban seguros si alguien debía decir algo o permanecer callados. Fue entonces cuando Fireworm, el dragón de Snotlout, apareció detrás de su jinete y acarició con lentitud la figura del joven. Ruffnut notó con un poco de inquietud que las escamas del dragón estaban un poco sucias, pero no era el único animal que estaba en ese estado. Varios dragones no habían comido bien, tampoco estaban muy aseados y empezaban a tener mal temperamento. Era como si privarlos del cielo era también privarlos de pensamientos como los de autopreservacion. ¡Algunos jinetes no podían acercase a sus mejores amigos por miedo a que se los comieran!
Y Hiccup no aparecía. No los visitaba o mandaba un mensaje. Nada. Era como si hubiera algo mucho más importante pasando en su vida que ellos.
Como si algo o alguien se robara su tiempo.
"De acuerdo, ¿Quién murió?"
Los cuatro adolescentes miraron hacia atrás y vieron la figura de Astrid a menos de un metro de distancia. La chica tenía las manos en su cadera, esperando por una respuesta.
"La diversión." Respondió Tuffnut con una sacudida de hombros. Ruffnut negó con la cabeza y golpeó a su hermano en el estómago.
Ambos pelearon por unos momentos antes de que se dieran cuenta de que nadie en realidad les prestaba atención.
"¿Alguien ha visto a Skyscale?" Preguntó la guerrera. "No la he visto por aquí."
"Seguramente está con los otros." Respondió Fishlegs. "Busca cerca de la costa, allí merodean casi todos los dragones."
Astrid asintió, pero algo le dijo que se quedara dónde estaba. Se abrazó a sí misma y esperó a que alguien dijera algo, pero nadie abrió la boca. Sintiendo la necesidad de romper el tenso ambiente, Astrid sonrió todo lo que pudo. "Y… ¿Por qué las caras largas? ¡Anímense!"
"Es fácil decirlo, ¿no lo crees? Después de todo tu andas pegada a tu novio, ¿no?" Bufó Snotlout sin siquiera dedicarle una mirada. Ruffnut le dio un fuerte manotazo en la frente. "¡¿Qué demonios te pasa?"
"Cállate, idiota." Dijo la chica, defendiendo a su amiga del comentario. Snotlout no sabía nada acerca de lo que había pasado entre Hiccup y Astrid. "No todos somos unos cerdos como tú."
"No pensaste eso cuando te fuiste con Fishlegs por el bosque, ¿O sí?" Le contestó Snotlout, que súbitamente se sentía furioso.
La rubia y el vikingo se sonrojaron fuertemente. ¡No habían hecho nada! Fishlegs torció su chaleco entre sus manos, sus pies se movían lentamente hacia atrás, alejándose de un súbitamente enojado Tuffnut, por su parte Ruffnut torció la boca y se preparó para darle un fuerte puñetazo en la cara a Snotlout, pero antes de que sus dedos tocaran la piel del adolescente Astrid la detuvo. Su delgada figura se puso como escudo entre su cuerpo y el de Snotlout, y su mano sostenía con fuerza la de su amiga.
"¡Basta!" Gritó ella. Sus ojos azules estaban abiertos como dos lunas y se posaban en cada uno de sus amigos. "¿Qué demonios les pasa? Actúan como animales."
Ruffnut sacudió su mano, liberándola del agarre de Astrid. Su rostro se posó en el de ella fijamente, la incredulidad se reflejaba en su cara. "¿Estas defendiendo al insecto que está detrás de ti?" La adolescente miró a Snotlout y escupió en el suelo.
"¿Qué? ¡No!" Contestó la chica, su cabeza se movía a los lados frenéticamente. "Ruffnut, ¿de qué hablas? ¿No ves lo que está pasando? Todos están siendo estúpidos y se dejan llevar por sus instintos. ¡Por Odín!"
Ruffnut, Tuffnut, Fishlegs y Snotlout retrocedieron lentamente. El enojo no se había desvanecido de sus caras, pero los cuatro prestaban atención a las palabras de su amiga. Al menos algo nuevo estaba pasando.
"Háganme un favor, ¿quieren?" Habló Astrid, sus manos en ambos lados de su cadera. "Hagan algo con ustedes mismos, pero no los quiero ver juntos."
Los vikingos se miraron los unos a los otros, por un momento Astrid pensó que no le harían caso y volverían a empezar las peleas. Pero Snotlout dio la vuelta y le indicó a Fireworm, que había escuchado todo con interés, que lo siguiera.
Fishlegs murmuró algo sobre unos libros perdidos y desapareció en la distancia con pequeños pasos apurados. Tuffnut lo siguió con la mirada, pero después levantó sus brazos en derrota y se fue en la dirección contraria.
La única que se quedó quieta como piedra fue Ruffnut. Ambas guerreras permanecieron calladas. Y entonces la boca de Astrid se abrió: "Ruffnut, escucha… Te agradezco que me defiendas. Pero ya hablaré con ellos a su tiempo."
"Como quieras." Respondió la rubia.
Astrid asintió, anticipando la respuesta. Ella sabía que este "pleito" pasaría. Siempre que peleaban era algo similar, y las dos sabían que se querían demasiado como para seguir molestas por mucho tiempo.
Aun sin saber qué hacer, Astrid decidió sacar el primer tema que se le vino a la mente. "¿Cómo están los dragones?"
Ruffnut apenas y levantó la mirada. Conocía esta táctica, y dejó que ocurriera lo que tenía que venir. "¿Estas ciega? Van de mal en peor."
La guerrera volvió a asentir y dirigió su vista hacia la playa, donde todos los vikingos se movían como pequeñas hormigas. "Pero parece que nadie está haciendo nada para solucionar las cosas."
"Sin Hiccup es difícil actuar. Muchos no saben cómo van a reaccionar sus dragones en estas condiciones." Respondió Ruffnut con desgana.
Astrid entrecerró los ojos ante la mención del su ex-novio, pero no hizo ningún movimiento que la delatara. No había modo de continuar la conversación y el ambiente pesaba más y más. Fue su decisión mover sus piernas primero, y éstas se dirigieron a la zona que Fishlegs le había mencionado antes. Skyscale necesitaba un baño.
Los pies de Toothless se movían ágilmente por entre las casas de Berk. Algunas personas ya estaban de pie, dándole la bienvenida a la mañana, pero nadie parecía prestarle atención al joven que corría hacia la casa que estaba en la cima de la colina.
El dragón tenía entre sus brazos un bulto cubierto por sábanas, solo él sabía que se trataba de un libro que orgullosamente se había ganado con su trabajo. El Night Fury, después de su día de pesca, se había dirigido con rapidez a la tienda en la que se encontraba el regalo que quería darle a Hiccup. La jovencita que lo había atendido le dijo que alguien más se había llevado el pedido original del dragón, pero Toothless no tuvo mucho tiempo para decepcionarse, la chica le mostró otro lleno de dibujos y paisajes. Era perfecto, incluso mejor que el primero.
El muchacho sacó todas las monedas que había juntado y pagó por el libro, incluso le sobraron unas cuantas de plata.
Y ahí estaba, corriendo hacia la casa para entregar el presente. Subió por la parte de atrás, dónde estaba la ventana que daba a su habitación, y entró con cautela. Sin embargo, al entrar, Hiccup no estaba durmiendo plácidamente en la cama. Toothless apretó los labios y se adentró en el cuarto. Dejó el obsequio sobre las sábanas y decidió buscar en la planta baja de la casa. Incluso olvidó cambiarse la camisa, que estaba empapada en la parte superior debido al mojado cabello del dragón.
Y si, efectivamente. Hiccup se encontraba en la salita de la casa. La salamandra estaba a su lado, nadando felizmente en su tazón mientras el muchacho miraba y estudiaba un pergamino que tenía en las manos. Se veía bastante concentrado, pero al sentir la presencia de su Night Fury subió el rostro.
"Hey," Saludó el pelirrojo con unas sonrisa, "¿Dónde estabas?"
Toothless le devolvió el gesto, pero se quedó dónde estaba. "Salí a tomar un poco de aire, es todo."
Hiccup asintió lentamente, dejando el pergamino en el suelo, y se levantó. Miró a su dragón con picardía y se acercó a él, Toothless dio un paso hacia atrás. "A tomar aire, ¿uh? Entonces, ¿Qué es eso?"
El Night Fury sonrió ampliamente y miró hacia arriba, fingiendo concentrarse en algo. Sus pies llevándolo a la escalera. "¿Qué es qué?"
Hiccup lo siguió y señaló juguetonamente el cabello de su amado. "Eso."
Toothless subió un escalón y llevó su mano hacia su mojada cabellera, "Ah, te refieres a esto."
Hiccup asintió más vigorosamente esta vez y entornó sus ojos. Vio cómo su dragón subía más y más, mirando hacia un punto invisible en el techo, como si pensara en una respuesta. "No lo sé… creo que ustedes humanos lo llaman agua."
"No, ¿tú crees?" Rió el adolescente, subiendo también por los escalones de madera. "No me refería a que era, si no, ¿Por qué está en tu cabello?"
Justo cuando Hiccup terminó de formular la pregunta, Toothless dio la vuelta y corrió hacia la habitación que ambos compartían. El adolescente apretó el paso y lo alcanzó justo cuando cruzaba la puerta. Hiccup estiró sus brazos y tomó al dragón por la espalda con suficiente fuerza como para detenerlo. El Night Fury solo pudo sentir como sus pies se enredaron entre ellos, justo antes de caer en el suelo giró sobre sí mismo y tomó a Hiccup del brazo, jalándolo consigo.
Ambos jóvenes rieron mientras se recuperaban del pequeño golpe. Estaban en la misma posición en la que se habían dado su primer beso. Hiccup quitó un mechón del rostro de su Night Fury. "Entonces, ¿vas a decirme que hiciste esta mañana?"
Toothless se levantó solo lo suficiente para recargarse con sus codos. El dragón mordió su labio interior, considerando la petición. Después de medio segundo decidió que él tampoco podía esperar para decirle que había hecho. "De acuerdo. Mira hacia tu derecha."
Hiccup frunció el ceño e hizo lo indicado. A la derecha estaba su cama y algo que no estaba allí esa mañana, además de Toothless. El pelirrojo volteó a ver a su novio solo por un segundo antes de llevar su mano al objeto. Era un libro. Uno grande y pesado. Su cubierta era rojiza y las hojas estaban perfectamente nuevas, sin rayones, dobladuras o manchas.
El vikingo hojeó el obsequio con lentitud, saboreando el contenido.
"¿Y de dónde te robaste esto?" Preguntó finalmente, y Toothless no supo si bromeaba con él o si hablaba en serio.
"¿Robar? Mi querido Hiccup, debes saber que esa palabra no está en mi vocabulario." Bromeó el dragón, que aún tenía a su novio encima de él. "Creo que tienes que saber que éstas últimas mañanas me he ido a pescar para ganar el dinero suficiente y comprarte eso. Yo aquí, rompiéndome la espalda y muriéndome de frio por el agua helada del mar, y tú crees que soy un vil y deshonesto ladrón." Toothless apoyó su peso en el brazo izquierdo para poder llevar su mano derecha a la frente, fingiendo estar ofendido.
Hiccup rio un poco y acercó el libro a su pecho. "Los dragones son los reyes del drama. Además, ambos sabemos muy bien que odias el agua fría."
"He allí la razón de mi indignación, de mi boca solo salen palabras llenas de verdad."
El Entrenador de Dragones dejó de reír y miró a su dragón con evidente perplejidad. "¿En verdad compraste esto para mí?"
Toothless también abandonó el juego y sonrió satisfecho. "Claro que sí."
Gratitud se apoderó del cuerpo de Hiccup, que abrazó el regalo y sonrió aún más que su dragón. "Toothless, vaya, no sé qué decir, no creo que un gracias sea suficiente."
"Es más que suficiente. Si te gustó, ¿verdad?" Preguntó el dragón, súbitamente dudando si había escogido el libro indicado.
"¿Estas bromeando? ¡Es increíble! Es el mejor regalo que me han dado." Contestó el adolescente con sinceridad. "Me encanta."
Hiccup notó como Toothless se relajaba, sus rígidos hombros cayendo pesadamente bajo su cabellera. El pelirrojo volvió a mirar su regalo y después a su dragón. Después de unos segundos de un cómodo silencio, Hiccup depositó delicadamente su obsequio en el suelo y llevó su cuerpo hacia abajo, disfrutando de la relajante atmósfera.
Toothless recibió el gesto, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de su humano, sus ojos medio abiertos. El vikingo cerró los suyos y besó al Night Fury. El acto inicio suave y lento, el joven degustando la deliciosa boca de su novio, y pocos segundos después el acto se hizo más ferviente y necesitado. Hiccup sintió como el dragón lo acercaba con fuerza hacia su cuerpo y eso pareció despertar una inesperada llama de deseo.
Fue algo rápido, no planeado e incontenible, Hiccup presionó su cadera contra la de Toothless con dura presión. Ambos sintieron como si millones de agujas se clavaran en su piel, pero en lugar de dolor había placer. El Night Fury tuvo que romper el beso al dejar escapar un gemido que Hiccup interrumpió al nuevamente presionar sus labios contra los de su dragón.
Toothless sintió como su corazón batía frenéticamente, amenazando con salirse de su pecho, y pudo jurar que también podía sentir el de Hiccup, que continuaba embistiendo sus caderas contra las suyas. Era como el sueño ideal, poderoso y tóxico, pero amenazante con romperse en el mejor momento. El Night Fury, no queriendo que eso pasara pronto, tomó entre sus manos la túnica que cubría a Hiccup e intentó quitársela, pero justo cuando iba a lograrlo unos pasos familiarmente pesados se escucharon subiendo por la escalera.
Los dos adolescentes pararon rápidamente y miraron hacia la puerta del cuarto. Hiccup y Toothless se sonrojaron, y se apresuraron a separarse, poniéndose de pie con dificultad. Un incómodo y algo doloroso bulto se asomaba en los pantalones de ambos, y el Entrenador de Dragones golpeó su frente con la palma de su mano.
"¿Hiccup?" La voz de Stoick estaba peligrosamente cerca de su habitación, y Hiccup empujó a su dragón al suelo, dejándolo boca abajo. Justo cuando su padre entró por la enorme puerta de madera, el pelirrojo se arrojó a su cama, tapando lo evidente con las sábanas.
El hombre se veía más relajado que esa mañana, así que su buen humor se reflejaba en su cara, sin embargo la embarazosa atmósfera no se escapó de su radar. Además, solo un idiota no notaría la extraña forma en la que estaban prendidas las mejillas de su propio hijo.
"¿Acaso me perdí de algo?" Preguntó Stoick, entrando en la habitación con autoridad. Sus ojos casi azules cuestionaron a los del joven vikingo, que empalideció del susto.
Toothless, por otra parte, frunció los labios en obvio disgusto. El shock se le había pasado tan pronto como había llegado, y en su lugar habitaba una sensación de verdadero fastidio y rabia. El dragón casi se levantó y sacó al hombre a patadas, pero entonces recordó que su condición física… bueno, no era la más adecuada en ese momento, sus piernas aun temblaban un poco.
El pelirrojo, que al parecer también había salido de su trance, respiró discretamente y recuperó la calma. Necesitaba actuar normal o al menos lo más parecido a tranquilo, "Eh, no. T-todo está como siempre."
El Jefe de Berk asintió lentamente, y el gesto era bastante parecido al de Hiccup, y caminó unos cuantos pasos por el cuarto. Stoick miró la habitación, buscando por algo inusual, diferente, pero en efecto, todo parecía dentro de lo normal. El libro de arte entró en esa categoría ya que en la anterior habitación de su hijo había pergaminos pegados a la pared, brochas o pinceles esparcidos por el suelo y junto a ellos montones de libros y cuadernos para dibujar.
Hiccup suspiró y se movió un poco en la cama, intentando quitar la tiesura de sus hombros. Toothless lo imitó y se levantó un poco del suelo, aliviado de que la tensión en medio de sus piernas se hubiera ido.
Lo que en realidad fueron minutos parecieron horas, pero finalmente Stoick se cansó del silencio y de la evidente realidad de que si algo había ocurrido, sea lo que fuere, Hiccup se lo diría a su debido tiempo. Al menos eso esperaba…
"De acuerdo. Está bien." Concluyó Stoick, inflando su pecho. Decidiendo que sería mejor cambiar de tema, en hombre recordó la razón por la cual estaba allí en primer lugar. "En realidad vine porque necesito un favor."
Hiccup casi suspiró aliviado, pero se contuvo y le indico a su padre que continuara.
"Está haciendo falta comida. No tengo tiempo para ir al centro y avisar que esta noche habrá que llevar un poco a la playa, así que ustedes harán eso, yo tengo que encargarme de los dragones."
Toothless y Hiccup se voltearon a ver, ¿encargarse?
"Oh si, ¿adivina lo que ocurrió esta mañana?" Preguntó el Jefe de Berk, que súbitamente se veía bastante animado, olvidando el incidente de hace unos segundos. "Estaba en playa escuchando todas las demandas de esos testarudos vikingos cuando vi a tu amiga Astrid gritándole a un par de mis hombres de batalla."
El pelirrojo entrecerró sus ojos y miró a su padre con extrañeza. No era anormal escuchar o ver a Astrid gritando y dando órdenes, sonaría raro, pero era parte de su encanto. Lo que era cuestionable era la razón por la cual lo hacía.
"Sé lo que estás pensando, ¿Qué hicieron esos muchachos? Cuando me acerqué para ver qué pasaba estaba dándoles un sermón acerca del cuidado apropiado de los dragones. Lo hubieras visto, esa chica tiene carácter." Dijo Stoick, torciendo la boca. "Empezó a acusarnos de poco responsables y ¿sabes algo? Tenía razón. Poco a poco la gente empezó a reunirse y de la nada todos estaban acercándose de nuevo a sus dragones. Las escamosas bestias se portaron un poco difíciles, pero después de un rato las cosas empezaron a regresar a la normalidad."
Tanto Hiccup como Toothless sonrieron. ¡Era una excelente noticia! Saber que sus amigos estaban bien pareció quitarles un peso de encima, y esta vez el joven vikingo se prometió apresurarse a arreglar todos los desastres que esta nueva guerra había traído con ella.
"Oh sí. Gobber y Spitelout salieron a buscar un terreno lo suficientemente lejos para que los dragones puedan correr y si es posible volar."
En ese momento Hiccup succionó el aliento que estaba a punto de tomar. El pergamino que tenía antes de que llegara Toothless era un perfecto mapa de toda la isla, pasajes, bosques y demás. "No hay necesidad de eso, se exactamente como llegar al lugar perfecto sin la necesidad de perderse."
El pelirrojo, que también había superado su condición física, bajó de la cama de un salto y se dirigió a la sala. La pequeña salamandra giró la cabeza cuando lo vio, pero continuó con su repetitivo nado circular. Hiccup tomó el papel y agradeció mentalmente que su curiosidad sacara lo mejor de sí. Después regresó a su habitación.
El pergamino resultó ser justo lo que Stoick y los demás necesitaban. El hombre agradeció a su hijo y le dijo que saldría a ver si podía detener a su hermano y al herrero antes de que fueran demasiado lejos. Por su parte, Hiccup le aseguró que iría al centro a avisar de la comida, y prometió ser bastante discreto para que nadie sospechara nada.
El jefe de Berk salió de la casa satisfecho, le echó una mirada al mapa y encontró un atajo para llegar a la playa. Sí que era útil.
Hiccup y Toothless lo siguieron por unos minutos antes que tuvieron que cambiar de dirección. Ambos adolescentes intercambiaron una mirada y cuando Stoick se perdió de vista soltaron una carcajada. Por insólito que pareciera la situación incómoda que habían vivido momentos atrás ahora parecía extremadamente divertida y tierna.
El Night Fury quiso abrazar a su humano, pero sabía que no debía, había mucha gente alrededor de ellos. Sin embargo su mano pareció no pensar lo mismo, ya que se acercó al rostro de su amado y gentilmente movió el flequillo que cubría sus ojos. "Te amo." Fue un susurro, pero uno suficientemente fuera para hacer que un escalofrió recorriera la espina del joven vikingo.
Hiccup sonrió y se sonrojó un poco. "Yo también te amo."
Toothless le dedicó una brillante sonrisa, la que dejaba sin aliento al pelirrojo, y le indico que siguieran.
La mañana parecía ir bastante bien. La gente de la aldea se mantenían en sus asuntos, y los aldeanos de Berk se adaptaban a éstos. Hiccup pensó por un segundo que era un día peculiarmente atestado de vikingos, pero se quitó el pensamiento de la cabeza.
Su dragón se abría paso entre la multitud, sabía a donde tenían que llegar. El favor en sí era bastante sencillo, solo tomaría unos minutos, regresarían a la casa y continuarían justo en donde se habían quedado antes que llegara Stoick. El Night Fury estaba tan concentrado en lo que iba a pasar que no notó a las tres persistentes chicas que iban cada mañana a verlo pescar. Las jovencitas lo señalaron y cuchichearon ente ellas. Solo se requirió un par de risitas y empujones para que el grupo decidiera ir tras "Garritas".
Y lo que pasó después ocurrió demasiado rápido.
Toothless y su jinete habían llegado justo a la entrada de su destino cuando el dragón una pequeña mano en su brazo, y definitivamente no era la de Hiccup. El Night Fury volteó para ver quién era cuando unos brazos se enrollaron alrededor de su cuello y lo jalaron hacia abajo.
"¡Hola! No esperaba verte por aquí." Dijo una de las chicas. Su cabello era largo y castaño, al igual que sus ojos. Era bonita, pero definitivamente una loca desconocida.
Hiccup se detuvo en seco, contemplando la escena. ¿Quién demonios era ella? Pero antes de aclarar lo que él esperaba que fuera un malentendido, otra jovencito se acercó a su dragón y le hizo otra pregunta. Era obvio que Toothless no tenía ni la más mínima idea que hacían ellas ahí o quienes eran, pero eso no minimizó la sensación de frialdad que invadió su sangre cuando una tercera muchacha se unió a las demás y tomó entre sus femeninas manos las mejillas del Night Fury y aplastó sus labios contra los de él.
La boca de Hiccup se abrió ampliamente. Su cuerpo pasó de congelado a hirviente. No podía creer lo que sus ojos le mostraban, pero menos podía creer la sensación que se apoderó de su mente. ¡Toothless era suyo! ¡De él y de nadie más! ¿Quién se creía esa chica? ¡¿Cómo se atrevía a llegar de la nada y tomar a quien definitivamente no le pertenecía?
Y al adolescente se le olvidó por completo que estaba rodeado de gente, gente que lo veía día a día y que lo había visto crecer, que creía que lo conocía, y se acercó al trio de mujeres, sus puños contraídos con fuerza.
Toothless rompió el beso de un empujón y miró a la chica con incredulidad, pero antes de que pudiera hacer algo, Hiccup se puso en frente de él y lo tomó por la camisa llevando sus labios de una forma más gentil pero al mismo tiempo de inesperada manera hacia los de su dragón. Fue como repetir la escena, pero en lugar de una mujer había un hombre. Las tres jovencitas jadearon al ver lo que ocurría, llevando sus manos hacia su boca.
Pero en lugar de que el adolescente se alejara del acto, se dejó perder en el beso, tomando el cuerpo de Hiccup entre sus brazos y acercándolo al suyo. Toothless disfruto del familiar y exótico sabor de Hiccup, feliz de encontrar el perfecto 'click' en sus labios.
Cuando ambos se separaron, Hiccup se dio la vuelta y recuperó el aliento. Miró a la muchacha que se había atrevido a acercarse a su novio y frunció el ceño. "Toothless es mío."
Confusión, miedo, disgusto y de más se reflejaron en los rostros del trio de muchachas, que se echaron a correr, escapando de la vergonzosa escena que el joven jinete al parecer no habían notado.
"Hiccup…" Susurro Toothless. Su mano se posó en el hombro del muchacho, que aún tenía la vista fija por donde las chicas se habían ido, y lo sacudió ligeramente. El vikingo se giró para preguntarle que ocurría, pero lo obvio lo hizo detenerse. "No es que no agradezca lo que acabas de hacer, pero…"
Cientos de pares de ojos estaban posados fijamente sobre ellos. Hiccup reconoció de inmediato a los hombres y mujeres con quien había compartido un suelo toda su vida y se sintió pequeño, bueno, más pequeño.
Los murmullos zumbaron en los oídos de ambos, y tanto Hiccup como Toothless pudieron distinguir los más importantes.
"¿Dijo Toothless?"
"¿No se suponía que estaba enfermo?"
"Stoick no estará nada contento."
"El muchacho es el heredero de Berk, que vergüenza."
"¡Es asqueroso! Que desgracia."
"¡Alguien haga algo!"
El corazón del pelirrojo se encogió y sus piernas se congelaron. Acababa de cometer una estupidez. ¡Una estupidez! ¡¿En qué rayos estaba pensando? ¿Cómo pudo dejar que pasara?
Pero antes de que pudiera seguir con su tortura, Toothless lo tomó de la mano y lo jaló en la dirección contraria, escapando con rapidez de la inminente bomba de gritos que estaba a punto de estallar. Los ojos de la multitud se sentían pesados y dolorosos sobre su espalda, pero hizo lo posible por no voltear mientras llevaba a Hiccup al extremo del bosque, donde por el momento nadie quería estar.
GBFGBNHFDGNB! ¿QUE ME PASA? DÍGANME, SOY UNA MALDITA DESGRACIADA! No hay excusa para no haber subido nada en 5 meses.
Pero bueno, aquí estoy, intentando sacar algo con poca inspiración y un castigo de no poder usar esta máquina. Anyway! Muchas gracias a los que me han dejado un review últimamente y mil gracias más si me harán saber que aún siguen aquí. D:
Espero que les guste este capítulo, fue muy difícil de escribir pero también divertido. DIOS. Escribir esa casi escena de seeeexxxxxoooooo fue lo máximo. No mentiré. Me reí y me puse muy nerviosa, pero intenté sacar algo. Descuiden, la escena de verdad será más detallada, emocional y blah, blah, blah.
Disculpen cualquier error que haya, es que ya necesito subir esto, ahora, en este insante, no mas tardanza, etc. XDDD
En fin! Pues Feliz navidad a todas y a todos, espero que reciban muchos regalos y que se la pasen lindo con sus familiares. :3 les prometo que subiré un capitulo nuevo antes del 25. :D
Nuevamente muchas gracias a todas por su maravilloso tiempo y paciencia. ¡Son las mejores!
