"Te has tardado,
no es que no pueda vivir sin ti,
sino es que me cuesta convivir conmigo"
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Una fría ventisca movió las túnicas de ambos hombres, los cuales se veían desafiantes a través de una especia de neblina. El ex profesor de pociones alzó una ceja interrogante al ver como la mano del espía apretaba con más fuerza la varita con la que lo apuntaba.
— ¿Vas a matarme, Garren?— preguntó en voz baja y cautelosa.
El mortífago dio un paso al frente sin bajar su arma — ¿De verdad me lo estás preguntando? Después de lo que vi, no puedo permitirte vivir.
— ¿Qué viste, según tú?— preguntó sin poder ocultar una sonrisa burlona.
— ¡No te hagas el tonto conmigo, Snape! ¡Sé quién es esa mujer!— gruñó Garren respuesta. Snape no se inmutó ante el arranque de rabia en la voz de su interlocutor.
— ¿Lo sabes?
El mortífago entrecerró los ojos ante lo que él consideraba un juego por parte del pocionista — Me sorprendes, Snape, me sorprendes mucho. Cuando el amo me ordenó vigilarte pensé que realmente estaba paranoico, no había razones por las cuales un mortífago de tu rango quisiera traicionar a su señor.
Snape se mantuvo en silencio, evaluando sus posibilidades de escape mientras al mismo tiempo escuchaba atentamente lo que el espía le decía. Garren negó con la cabeza casi imperceptiblemente con una sonrisa decepcionante.
—Tres meses, Snape, tres meses siguiéndote como un maldito cachorro, sólo por el capricho de nuestro señor con esa chica sangre sucia.
Esta vez el pocionista enfocó los ojos y miró fijamente a su interlocutor — ¿Por qué él te ha ordenado seguirme?
— Al parecer no se ha equivocado en sus sospechas. Has resultado un asqueroso traidor.
—Si el señor oscuro realmente piensa eso, Garren, ¿por qué no acabó conmigo de una vez?— cuestionó el mago sin parpadear.
—No te debo explicaciones al respecto.
— ¿Y es que te envió a ti a confirmarlo primero? ¿Y qué pretendes hacer? ¿Matarme? ¿Así sin más?— se burló. Garren entrecerró los ojos pero no respondió de inmediato.
—Odio las alimañas como tú, Snape. Y ya perdoné tus errores una vez, no volverá a ocurrir.
— ¿De qué errores hablas?
—Me refiero a cuando le pediste a Caroline que te trajera a esa niña, la esclava del amo. Eres repugnante, la pusiste en peligro para verte con esa mocosa, hiciste que traicionara a su amo para cumplir tus ridículos antojos.
— ¿Cómo sabes eso? ¿Estabas allí acaso?
Garren sonrió — ¿Sorprendido? Ya no soy un novato, Snape.
— ¿Se lo dijiste al señor oscuro? ¿Sobre ese encuentro?
— ¡Por supuesto que no, idiota! Tú serás tan cobarde como para poner en peligro a Caroline sin que te importe, pero yo no lo haré. Solo por ella mantuve el secreto, solo por ella estás vivo en este momento.
Snape lo observó atentamente sin borrar esa despectiva sonrisa — ¿Vas a decirme que no le contaste nada al Señor Oscuro por Caroline? Ella no necesita que la cuides… Baja tu varita, Garren, no vas a matarme— añadió con desprecio.
El espía rodeó el cuerpo de Snape apuntándolo firmemente con su arma. En sus ojos fríos había aparecido un destello de clara molestia.
—Debiste dejar a esa niña en paz, ya el amo te lo ha dicho, pero sigues con tu terquedad— musitó despacio, ignorando sus últimas palabras.
—Granger no tiene nada que ver.
— ¿Ah, no? ¿Qué fue lo que cambió, Snape? Tantos años al servicio del amo y llega esa mocosa y pierdes el control. La muerte de Bellatrix, Snape… Solo tú estabas allí cuando apareció esa mujer, no moviste un dedo por defender la vida de tu señora y el amo lo sabe, no comprendo cómo no te cortó la cabeza en ese preciso momento.
—Yo no tengo relación con lo que le ocurrió a Bellatrix.
—No me mientras ya, Snape. Te acabo de ver con esa mujer, la tal Sayen. Y una vez que acabe contigo iré tras ella.
— ¿De qué servirá, Garren? Sé que el señor oscuro no te ha interrogado todavía. Quizás todavía no te hayas dado cuenta, pero estás tan muerto como yo.
El mortífago se sorprendió sin alterarse— ¿A qué te refieres con eso?
—Tan simple como que una vez me hayas matado, y vayas a notificárselo, el querrá ver todos los detalles, ¿y sabes lo que ocurrirá? Entrará en tu mente con una absurda facilidad, y le darás una excelente vista de todos tus recuerdos, incluido aquel encuentro que tuvimos los tres: Granger, Caroline y yo. Sabrá que le mentiste y le ocultaste tan valiosa información.
—Después de que te entregue, todo eso será perdonado.
— ¿Eso piensas, Garren? ¿Realmente estas convencido que él ignorará el hecho de que hayas permitido que esa chica y yo nos hayamos visto? Eso solo demuestra tu incompetencia como mortífago y como espía.
Garren se le acercó un paso con la rabia plasmada en sus facciones—El amo se deshará de ti, que es lo que tanto quiere, ¿Por qué habría de importarle el pasado?
—Porque ante sus ojos, todo aquel que le oculte información es un potencial traidor. Mátame, Garren, pero te aseguro que pronto me acompañarás.
El mortífago bajó un poco la varita, aunque seguía alerta — ¿Qué pretendes con esto? ¿Qué te deje ir, acaso? ¿Qué finja que nada ha pasado?
Snape miró de soslayo su varita en la mano izquierda del espía; estaba consciente que su tiempo se terminaba rápidamente y que Garren acabaría matándolo de un momento a otro, convencido que el pocionista solo buscaba ganar algo de tiempo, o quizás lo haría por puro instinto. De una forma u otra, el reloj seguía corriendo en su contra.
— Esa podría ser una opción— sugirió en voz baja. Garren rió escandalosamente y el mago supo que el hombre estaba comenzando a ponerse nervioso aunque no quisiera demostrarlo.
— ¡Ni hablar! Es ridículo que insinúes algo así, Snape.
— ¿Entonces qué piensas hacer? Si sabes lo que te conviene deberías reconsiderarlo.
Garren lo miró atentamente durante unos segundos; una siniestra sonrisa se asomó en sus labios, al parecer recuperándose de ese instante de vacilación. Levantó la varita una vez y lo apuntó hacia el corazón.
—Hablaré con el señor oscuro, sé que el perdonará mis errores cuando vea lo que he hecho por él. Capturé al maldito traidor en sus filas, me recompensará, Snape. Una lástima que no estés ahí para verlo ¡Incarcero!
No alcanzó a moverse para evitar que las poderosas cuerdas lo aprisionaran con fuerza, obligándolo a perder el equilibro y cayendo irremediablemente al suelo. Se sacudió con desesperación, ya a punto de perder el total control de su mente, el pánico lo amenazaba cada vez más.
—Garren, no comentas semejante estupidez… si me entregas, no saldrás vivo. Esta decisión que estás tomando es equivocada
— ¿Equivocada en qué, Snape? A ver, dime— preguntó agachándose para comprobar que el mago estuviera bien sujeto.
—No importa tu grado de lealtad, toda tu devoción… al señor oscuro no le interesará, solo eres un peón, todos lo somos, y vivimos en un mundo totalmente fuera de lo prometido. A él no le interesa nada más que sí mismo, todos esos mortífagos, hacen cosas horribles, Garren, tú lo sabes, por eso mantienes a tu mujer y tu hija fuera de esto, sabes que están en peligro…
— ¡No hables de ellas, Snape, tu no me conoces!— rugió el mortífago — ¡Eres tú el equivocado! si tanto lo desprecias, si estás en desacuerdo con sus leyes, ¡no hubieses sido un mortífago! Yo hice un juramento y pienso cumplirlo. Si él desea… matarme, por mi falta, por mi estupidez, lo aceptaré.
Snape se enderezó como pudo, viendo al mago muy cerca de su cuerpo — ¿Y crees que para él eso bastará? Lo conoces, Garren. Una vez que me lleves ante él y descubra tus mentiras, tus engaños, tu traición, acabará contigo después de hacerlo conmigo. ¿Matarte? Claro que lo hará, pero lo que ocurrirá antes de eso, ya puedes imaginarlo. El martirio al que someterá a tu mujer y el futuro al que condenara a tu pequeña hija, y todo frente a tus ojos, para que sepas cuales son las consecuencias de tus actos.
— ¡Cierra la maldita boca, Snape! — le gritó con furia, asestándole una patada en el rostro al pocionista. Snape jadeó, pero no apartó la vista de su interlocutor.
— ¿Piensas dejar a tu familia sola por servir a un amo que solo te considera un simple insecto?
— ¿Era diferente antes, Snape? ¿Cuando tú ingresaste?… Sabías de qué se trataba todo, y aún así tienes la marca en el brazo.
—No tenía nada que proteger, nada que perder…
Garren rió mientras se enderezaba — Sigues sin tenerlo.
—Ahí te equivocas.
— ¿La sangre sucia? ¿Ella? No me hagas reír.
—Garren… — musitó viendo como el mortífago levantaba nuevamente la varita. Cerró los ojos y esperó escuchar su tosca voz pronunciando algún hechizo, no estaba seguro si lo dejaría inconsciente para llevarlo ante Voldemort o simplemente lo mataba de una vez, cualquiera de las dos opciones ya le eran indiferentes. Sin embargo, nada se oyó durante esos segundos, por lo que abrió los ojos nuevamente.
Garren lo miraba con el mayor de los odios, aunque internamente parecía estar librándose una batalla por decidir qué hacer con el pocionista. Sonrió pérfidamente al notar que Snape lo observaba atentamente.
—Si tienes las agallas de traicionar a mi señor, deberías tener el valor de verme a los ojos cuando te mate.
Severus abrió la boca para responderle, pero un repentino destello rojizo alumbró todo el lugar, dejándolo enmudecido. Garren hizo el amago de darse la vuelta cuando algo lo golpeó en la parte posterior de la cabeza haciendo que cayera al suelo con un golpe sordo.
Ambas varitas cayeron de su mano cuando quedó tendido boca abajo con los brazos estirados y la boca entreabierta, por la cual todavía respiraba inconscientemente. Snape se movió un poco, pero todavía imposibilitado para ponerse en pie. Miró hacia al frente y vio dos siluetas acercarse entre la escasa neblina.
—Creí reconocer tu voz, mortífago.
—Sayen— suspiró el pocionista notando como sus nervios se aplacaban. La mujer llegó a su altura, seguida por su robusto hermano. Ambos miraron el cuerpo tendido del mortífago antes de centrarse en el hombre.
— ¿Y este quién es?
—Un mortífago; un espía del señor oscuro— contestó respirando profundamente. Sayen alzó una ceja mientras su acompañante se agachaba para examinar el cuerpo. La bruja levantó su varita y desató al pocionista, que se puso en pie casi de inmediato.
—Sabe que soy un traidor.
— ¿Te lo dijo?— preguntó la mujer sin parpadear. Snape asintió, inclinándose para buscar su varita — ¿Cuáles son las consecuencias?
— Que ya no estoy a salvo— contestó fríamente, odiaba explicar lo obvio.
—En ese caso habría que matarlo— repuso Sayen bajando la vista al desmayado espía. Snape la miró con fijeza.
—Yo no lo haré— afirmó de mala gana.
— ¿Y por qué no?
—No me agrada… matar.
Sayen sonrió cínicamente cruzándose de brazos — De acuerdo, mortífago. Parece que las cosas están llegando a un punto crítico en tu situación… Puedes quedarte conmigo.
—No me quedaré contigo, Sayen. Regresaré al servicio del señor oscuro hasta que pueda entregártelo. Mientras tanto, es lo mejor que puedo hacer. Gracias de igual forma por tu ofrecimiento, pero no me ocultaré, de nada serviría.
— ¿Estás completamente seguro?
Snape asintió mientras se tocaba los brazos de forma ausente, en aquellas partes entumecidas por la presión de las cuerdas — De nada serviría mantenerme oculto.
Sayen guardó silencio durante unos instantes en los cuales jamás apartó los ojos de su interlocutor —Llevo meses esperando que cumplas tu palabra, Severus Snape.
El hombre la miró, era la primera vez que escuchaba ese tono tan áspero en la bruja, y más le sorprendió que lo llamara por su nombre completo. Guardó su varita y se giró, dándole la espalda a ambos presentes. Por alguna razón no soportaba estar mucho tiempo en compañía de la mujer. Miró por última vez el cuerpo de Garren y notó un nudo en la garganta, confiaba plenamente en que la bruja se deshiciera de él, al fin y al cabo había sido ella la sugerente en acabar con su vida.
—Y llevo meses esperando cumplirla. Tendrás noticias mías, Sayen. Adiós.
La mujer vio como el mortífago se desaparecía con un sonoro crack. Ladeó la cabeza con curiosidad al ver como su hermano se ponía en pie y observaba fijamente el punto por donde el ex profesor se había marchado. Negó la cabeza e hizo un gesto desdeñoso con la mano.
— Es un ingrato.
— ¿Piensas eso?— preguntó la bruja guardando su varita.
—No me simpatiza, nunca lo ha hecho. Creo que no deberías depender enteramente de él para darle caza a ese mago oscuro. No te resolverá nada, Sayen. Hemos esperando demasiado. Solo ha logrando concretar un encuentro con ese mago y no ha servido de nada. No pudimos vencerlo en aquella oportunidad.
—Es más poderoso de lo que imaginaba— confesó la mujer. Su hermano la miró — Nunca me había enfrentado a un mago como ese. Soy sincera, Dyhami.
—Puedes derrotarlo, Sayen, yo sé que sí.
La bruja sonrió haciéndole una seña a su hermano. Éste miró al mortífago caído y abrió los ojos estupefactos — ¿Nos vamos? ¿Vas a dejarlo?
—Ya he dicho que no pienso seguir matando mortífagos inútilmente.
—Pero si lo dejas vivo, cuando despierte irá a confesar todo ¿no lo crees? Por lógica así debería ser.
—Es probable.
—Si eso ocurre, ese mortífago, Severus Snape, estará en grave peligro.
Sayen sonrió mientras seguía caminando — No me interesa la seguridad de ese mortífago. Si las circunstancias están escritas de esta manera, así deben suceder. Quizás ya sabiendo que su vida está en riesgo, puede que Severus Snape se tome un poco más en serio mis advertencias; quiero a lord Voldemort, si no puede entregármelo, me es totalmente inservible.
—Si eso es lo que deseas— replicó Dyhami yendo tras la mujer sin mirar atrás.
Sayen asintió — Cuando ese mortífago despierte, irá a contarle a su amo que su preciada mano derecha es un traidor y que está aliado a mí. El miedo hace grandes cosas, querido hermano, y cuando Severus Snape logre sentirlo completamente, olvidándose de esa pequeña niña y preocupándose más por su propia seguridad, se esmerará aún más para salvarse, sacando ese potencial que sé que tiene y cumpliendo con lo que lleva meses prometiéndome. Una vez que acabe con ese mago, podremos regresar a nuestro país.
—Todavía no se cómo le diremos a Madre sobre la muerte de nuestro hermano— respondió bajando un poco la cabeza.
Sayen frunció el entrecejo — Al menos le consolará la idea de que el maldito responsable ya estará muerto.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
La escena de ocho hombres amordazados y cegados con vendas oscuras sobre sus ojos era lo único que podía verse desde el interior de un pequeño comedor. Todos se encontraban de rodillas y sujetos con cadenas ancladas al suelo. La casa donde se encontraban estaba en penumbra, apenas si escasamente iluminada con algunas velas, lo que le daba un aspecto más siniestro si era posible.
Los mortífagos, de pie frente a ellos, les lanzaban maldiciones sin cesar, riéndose del sufrimiento de sus víctimas mientras uno que otro era azotado hasta que perdía el conocimiento. La puerta principal se abrió dejando pasar a dos mortífagos más, los cuales sujetaban a otros tres hombres más, una vez llegaron al comedor, los lanzaron al piso con inusitada violencia y los sometieron de la misma manera que a los demás. Las vendas en sus ojos parecían ser el único impedimento que no dejaba ver las posibles lágrimas de dolor y frustración que muchos de ellos dejaban caer.
Voldemort, con sus brazos estirados perezosamente sobre la mesa de madera que tenía delante, observaba todo impasible, sentado desde una de las sillas de la estancia. Los seis mortífago se colocaron detrás de los prisioneros, como unos monstruosos perros guardianes y esperaron silenciosamente a que su amo les diera su siguiente orden. Los ojos rojos del lord brillaron divertidos mientras escuchaba los gritos angustiosos de la mujer que corría por el piso de arriba, quizás huyendo de su perseguidor.
Se mantuvo callado y expectante, mirando aburrido a los hombres frente suyo. Todos le rogaban un poco de clemencia, algo que nunca había tenido. Entrecerró los ojos peligrosamente cuando vio el inútil intento de uno de ellos de ponerse en pie y acercarse a donde él estaba sentado, pero su mortífago le dio un certero golpe en las rodillas, haciéndolo caer de lado, chillando en agonía. Todos los prisioneros gimieron asustados ante los gritos de dolor que emitió desesperado.
Voldemort golpeteó la mesa con los dedos de forma exasperada y giró la cabeza al oír más gritos y sollozos provenientes de las escaleras. Sonrió levemente al observar la silueta de una mujer pequeña y menuda siendo jalada bruscamente del cabello. El mortífago que la manejaba estaba oculto detrás de una máscara blanca, y con su mano izquierda traía consigo a dos figuras más pequeñas que la mujer. Con un empujón lanzó a las tres al suelo y las mantuvo amenazadas apuntándolas con su varita.
Voldemort las miró llorar con el pánico en sus ojos. La niña más pequeña de todas parecía perdida y muy asustada. Miraba al mago oscuro con los ojos inundados en lágrimas. El mago oscuro sonrió impasible y se puso en pie con lentitud, saboreando cada una de las reacciones de las tres recién llegadas.
—Mi querida señora—saludó con voz suave y cruel — ¿Sabes por qué estoy aquí?
La mujer sollozó con más fuerza, abrazando a sus dos hijas fuertemente contra su pecho. El mortífago hizo el intento de separarlas, pero Voldemort levantó una mano, deteniéndolo. Se acercó un poco más y miró la escena con el aborrecimiento plasmado en sus atractivas facciones.
— ¿Que necesidad tenías de pasar por esto, mujer? Tu familia se ha revelado tantas veces contra mí que incluso he decidido ignorarlo en numerosas ocasiones por el bien de tus pequeñas hijas. No puedes negar que he sido un señor misericordioso.
La mujer no respondió, sino que se encogió más contra la pared y siguió gimoteando sin parar. Voldemort hizo una mueca con su boca antes de darle una seña a su mortífago, el cual se aproximó y tomó a una de las niñas por el cuello de la camisa, logrando liberarla del abrazo protector de su madre.
— ¡Responde, mujer! ¿He sido un señor misericordioso contigo y tu familia?
— Si, mi señor—lloriqueó desesperada intentando levantarse y rescatar a su hija mayor mientras sujetaba la otra.
—Sabes que lo que sucedió con tu marido fue su entera culpa. No estaría muerto si hubiese sido sensato. Cuando yo quiero reclutar a alguien en mis filas, hombre, mujer o niño, debe aceptarlo orgulloso. Estamos construyendo un mundo juntos, un mundo impecable donde pretendemos mantener un equilibrio, ¿Es que acaso no pueden comprenderlo?
—Lo hacemos, mi señor— sollozó la mujer en respuesta, todavía tratando de recuperar a su hija, que gritaba pidiendo la ayuda de su madre con desesperación.
— ¿Entonces por qué se empeñan en desafiarme?
— Fue un error, mi señor, un error… Se lo suplico, deje a mis hijas, ellas no tiene la culpa.
Voldemort sonrió burlonamente seguido de sus mortífagos — Te equivocas en ese punto, querida. Los hijos siempre cargan con la culpa de sus padres. La mala crianza que les han dado, no puedo permitir ese clase de pensamiento retrógrado en los niños que viven en el mundo que yo gobierno, mujer. Si sus padres no están dispuestos a enseñarles mis leyes, pues la solución es muy sencilla ¿no crees?
— ¡No! ¡Mi señor, no! ¡No se lleve a mis niñas, no lo haga! ¡Por favor, mi señor!
—Es comprensible tu angustia— contestó entre las risas de los presentes — No les espera una buena vida dentro de los cuarteles. Será duro, mujer, muy duro, pero cuando salgan de ahí, dispuestas a entregar su vida por su amo, te aseguro que tendrán un brillante futuro. Todo esto, claro, si estás viva para entonces y puedes presenciarlo.
— ¡Mi señor…!
—Silencio.
Voldemort se acercó a la chica que el mortífago seguía manteniendo retenida, la cual había dejando de llorar y miraba al mago oscuro con el mayor de los odios. El hombre sonrió fríamente antes de llegar a su altura. Alzó una mano y acarició su húmeda mejilla observando la reacción de asco que la joven sentía ante su toque.
—Hola, pequeña — susurró divertido.
La chica en un arrebato de furia y adrenalina se soltó rápidamente del agarre del mortífago, tomándolo desprevenido, y embistió al mago oscuro con todas sus fuerzas, cerrando los puños y estrellándolos contra su pecho en un intento de hacerle daño. Voldemort veía la agresión con indiferencia, apenas si notando las pequeñas corrientes de un mísero dolor recorrer su abdomen.
Todos gritaron ante la repentina escena, y los mortífagos alzaron sus varitas de inmediato. Los ojos de Voldemort enrojecieron llenos de ira al escuchar los insultos de la chica mientras seguía golpeándolo en el abdomen. El mortífago que la había sujetado anteriormente se aproximó rápidamente y la tomó por los brazos, alejándola rápidamente del mago oscuro y estrellándola con fuerza contra la pared. La niña gritó al sentir el cemento lastimando su mejilla y lloró con impotencia.
— ¡Usted… usted mató… a mi padre…!— gritó desesperada, intentando liberarse de su captor.
El mortífago hizo el amago de golpearla una vez más, pero con una seña de su amo, se detuvo. Dejó de presionar la cabeza de la menor contra la pared y se alejó de ella. Voldemort recorrió el delgado cuerpo con sus rojizos ojos y se aproximó, dándole la vuelta y sujetándola con fuerza de su mentón. Ella lloraba pero mantenía su mirada desafiante.
—En otras circunstancias diría que eres valiente, muy valiente. Pero para tener unos escasos doce años te aseguro que en realidad solo eres una pequeña tonta.
— ¡Usted no sabe nada!
Una sonora bofetada resonó en todo el lugar. La madre de la niña gritó angustiada y corrió hacia ella, pero dos mortífagos la sujetaron a tiempo, impidiéndole moverse. Voldemort alzó una de sus manos y sujetó a la chica por el cuello, pegándola a la pared y alzándola unos centímetros. Los mortífagos rieron con ganas.
—Repítelo— susurró el mago oscuro contra su oído. La chica pataleaba desesperada por oxigeno, pero el hombre no la soltó.
—Vamos, dilo de nuevo, pequeña… eres igual a tu padre ¿cierto?, siempre desafiándome sin medir consecuencias; y mira como terminó. ¿Quieres que te cuente como lo maté?
—¡Suéltela! ¡ Por favor, mi señor!
Haciendo caso a los suplicas de la mujer, la mano del lord se aflojó, dejando caer a la chica, que rodó por la pared y quedó sentada en el suelo respirando agitadamente. Voldemort sonrió al verla a sus pies.
—Niña traviesa— dijo socarronamente mientras sacaba su varita mágica y la apuntaba cuidadosamente.
— ¡Crucio!
Los gritos hendieron toda la habitación. La joven se revolcaba con desesperación mientras chillaba sin control. Los hombres arrodillados intentaron ponerse en pie en el acto, pero los mortífagos los mantuvieron en sus posiciones. La madre soltó a la menor de sus hijas y corrió en dirección a la torturada niña, que yacía acostada boca abajo llorando desesperadamente una vez que la maldición hubiese dejado de actuar.
—Basta, por favor, ya no más— pidió abrazando el cuerpo inerte de la joven, que al sentir los brazos de su madre rodeándola lloró con más fuerza. Voldemort se alejó dos pasos con una siniestra sonrisa en sus labios y se aproximó hacia la menor de las niñas, la cual estaba petrificada y agazapada en una esquina, justo donde su madre la había dejado vulnerable.
La niña levantó la cabeza y observó con miedo al intimidante mago muy cerca de ella. Voldemort miró de soslayo la silueta de la mujer, que ni cuenta de había dado de la proximidad del lord con su otra hija. Se inclinó y puso sus manos bajo los brazos de la pequeña, cargándola con una inmensa facilidad y llevándosela consigo hasta sentarse en una de las sillas que había ocupado anteriormente. Apartó la mesa con un lánguido movimiento de su varita y sentó a la menor sobre su pierna izquierda, manteniéndola retenida con su brazo alrededor de su espalda.
—Mujer— la llamó con suavidad.
Ésta giró la cabeza y sus ojos se llenaron de inmediato de puro terror. Su hija pequeña estaba en el regazo de ese peligroso hombre y parecía estar demasiado asustada como para moverse. El mago oscuro rió con sutileza al percibir todas esas emociones juntas y se recostó contra el respaldo de la silla en una posición relajada.
La mujer se levantó e intentó correr hacia él, pero el mortífago rápidamente se lo impidió. Se debatió con salvajismo, pero su fuerza era mucho menor.
— ¡No la toque! ¡No toque a mi hija!
—Tu hija está perfectamente bien, no le estoy haciendo daño ¿verdad?— se mofó con una despiadada sonrisa.
—Déjela ir, por favor.
—Ella se quedara aquí conmigo, solo un momento. Si se porta bien, y no es una insolente como la otra — señaló despectivamente con la cabeza a la chica todavía tirada en suelo—… no le ocurrirá nada.
Bajó la vista a la menor sentada sobre su pierna y ladeó un poco la cabeza para distinguir sus lágrimas. Alzó una mano y las limpió con suavidad causando un gemido de pavor en la madre.
—Dime, pequeña, ¿Cuántos años tienes?
La niña lo vio aterrada — Se… seis.
—Seis años— repitió con una sonrisa — Eres muy joven todavía.
La niña asintió sin comprender. Voldemort sujetó un mechón de su cabello y se lo colocó detrás de la oreja. Todo el ambiente estaba en tensión mientras el hombre seguía preguntándole cosas que la pequeña solo se limitaba a responder con la cabeza.
— ¿Sabes que fue lo que sucedió con tu hermana? ¿No? Pues me ha hecho enfadar mucho, ¿tu padre no te ha enseñado que se debe respetar a los adultos, pequeña?
Otro asentimiento.
— ¿Y por que tu hermana no lo ha hecho? Habla, quiero escuchar tu preciosa voz— susurró perversamente mirando las reacciones de la madre.
—Ella… ella… está… ¿molesta con… usted…?
Voldemort sonrió de forma helada—No lo sé, pero eso parece, tu dímelo, pequeña… vamos, pregúntaselo.
—Yo…
—Quiero saberlo, ¿tu hermana está molesta conmigo? ¡Pregúntaselo, he dicho!
La niña giró la cabeza y miró a su hermana, que permanecía sumamente nerviosa — Ve… Vero… ¿Estás… mo… molesta con… con….?
—Con tu amo— le susurró el lord al oído.
— ¿con… con tu… a… amo?
Voldemort miró a la chica con una sonrisa cruel y extraviada —Y tú respóndele, mocosa.
La joven miró al señor oscuro con rabia y dolor contenido, tragó con dificultad y miró a su hermana tratando de tranquilizarla silenciosamente — No, Eli, no lo estoy.
Los mortífagos rieron una vez más y la madre sollozó con más fuerza. Voldemort sonrió satisfecho y volvió a recostarse del respaldo del asiento. La niña mas pequeña intentó bajarse de sus piernas, pero con un movimiento él se lo impidió.
—Todavía no te he dicho que puedes irte— musitó con calma — Quiero que me digas algo, pequeña… ¿Sabes cuál es la situación de tu madre, cierto?— La niña negó con la cabeza—Ella se ha portado muy mal, me ha disgustado. Pero le voy a dar una última oportunidad para enmendarse, y tú vas a ayudarla. No le pido nada, solo no quiero volver a escuchar su nombre una vez más, y menos que esté trayendo conflictos contra mis leyes. Si eso pasa nuevamente, pues tu querida hermana vendrá conmigo a un lugar muy divertido, lejos de aquí. Tengo muchos amigos ¿lo sabes? Amigos que buscan un entretenimiento y ella serían bien recibida. Aunque estoy seguro que prefiere quedarse al lado de su madre ¿correcto?
—Mi señor….
—Cállate, mujer— le ordenó con un tono helado — Como te seguía diciendo, tu madre sólo comprenderá esto si tú la ayudas, y quieres hacerlo ¿no? Tú harías cualquier cosa por ella, eres una buena niña.
Otro asentimiento.
—Muy bien, pequeña. Ahora ve con ella—concedió, separando su brazo y dejando que la menor corriera en dirección a su madre, que se puso en pie con rapidez y abrió los brazos dispuesta a recibir a su pequeña hija. Voldemort sonrió pérfidamente al ver como la mayor también se levantaba y se aproximaba para abrazar a su hermana. Ambas lloraban desconsoladamente pero con una sonrisa en su rostro al ver a la pequeña acercarse. Levantó la varita y apuntó a la espalda de la niña que corría feliz hacia su madre.
— ¡Avada Kedavra!
El cuerpo de la pequeña cayó de bruces al suelo antes de que su madre pudiera sujetarla. Se escucharon gemidos lastimeros y gritos desgarradores de puro dolor. La mujer se derrumbó en ese instante, no cayendo en la inconsciente por la presencia de su hija mayor, que se aferraba a ella con fuerza mirando con los ojos desorbitados el cadáver de su hermana en suelo.
Voldemort se puso en pie de pronto, mirando inexpresivamente todo el escenario. Sus rojizos ojos se encontraron con los de la chica, que era la única que parecía mantener un poco la cordura, dado que su madre daba la impresión de que estaba a punto de desmayarse.
—Escucha bien lo que voy a decirte, mujer. Esto es culpa tuya, si tú y tu marido hubiesen escuchado mis numerosas advertencias, tú hija todavía estaría viva, pero la has sacrificado inútilmente. ¡Escúchame bien! No vuelvas a desobedecerme. Y tú, mocosa, oye bien lo que te diré; te dejaré con vida por esta oportunidad, recuerda que fue tu hermana quien pagó el precio por la rebeldía de tu familia. Ya te di mi más sincero consejo, sabes lo que pasará si me haces venir a buscarte de nuevo.
—Te… te mataré— musitó la más joven con los ojos llenos de lágrimas y la voz ronca.
Voldemort sonrió ante el gutural sonido de asombro que dieron los mortífagos al escuchar esas palabras. Se acercó a la menor y se agachó a su altura.
— ¿Eres tonta acaso, mocosa? — Preguntó con alevosía— Mírala… ¡Mírala!
Sujetó el cabello de la joven y la arrastró hasta el cadáver de su hermana, obligándola a verlo directamente.
— Ella dio la vida por ti, ¿y así le pagas? ¿Acaso eres sorda? ¿No escuchaste todo lo que dije? ¿Quieres que cumpla lo que prometí?
La chica intento sacudirse el agarre y miró a su interlocutor con odio. Voldemort sonrió cruelmente.
– Dime, Hans, ¿te hace falta una esclava? – le preguntó al mortífago que estaba atrás de la joven. Éste rió.
—Nunca rechazaría a una esclava, mi señor… y menos una tan… apetecible y joven.
La niña miró al mortífago con terror, logrando en el mago oscuro una carcajada— Apuesto a que tu madre mínimo te ha enseñado obediencia ¿no?... vas a necesitarla, mi pequeña –
Voldemort hizo una seña y el mortífago avanzó, tomando a la niña del brazo oliendo su cabello exageradamente, haciendo un sonido que le puso los pelos de punta.
— ¡Mi señor! ¡Mi hija aprenderá!… ¡No lo haga! – suplicó la mujer con desesperación. Voldemort vio a la niña llorar en silencio ante los toques del mortífago. Sollozaba y soltaba débiles gemidos de asco e impotencia.
— ¿Esto es lo que quieres, pequeña? Yo… a pesar de tu rebeldía, escucharé tu petición. ¿Deseas esto? ¡Responde!
—Quiero irme con mi madre.
—De rodillas, entonces… así aprenderás a tenerme respeto — Ordenó mientras tomaba asiento de nuevo en una de las sillas y observaba fríamente a su mortífago sonreír mientras ella se arrodillaba todavía llorando, y se acercaba a él arrastrándose por el suelo hasta llegar a su altura. Ambos conectaron miradas, aún cuando ella sujetó una de sus manos, que reposaba sobre su muslo izquierdo y le besaba el dorso con suavidad. Voldemort sonrió perversamente al sentir sus notorios temblores.
—Permítame quedarme con mi madre… por favor — suplicó con dolor en la voz al ver la mirada lujuriosa del que podría convertirse en su amo.
—Seré benevolente contigo — le dijo inclinándose y tomándola del mentón — Un solo acto de rebeldía… y sabes cual será tu futuro… - le sentenció viendo a su mortífago sonreír.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
La cabeza le dolía por haber estado tantas horas encerrada en esa biblioteca, disfrutaba leer en la penumbra, aunque estaba consciente que eso dañaba su vista y al final del día terminaba sintiendo puntadas en la cabeza. Pasó el dedo índice por las envejecidas páginas, siempre disfrutó de la historia de Hogwarts pero nunca tuvo la oportunidad de leer sobre aquellos colegios de magia que actualmente ya no existían.
Cerró el libro de golpe y soltó un suspiro acariciando sus sienes. Alzó los brazos y se estiró todo lo que pudo, tratando de deshacerse de la ensoñación que estaba sintiendo. Brincó en la silla cuando notó unas poderosas manos sobre sus hombros, masajeando suavemente, haciendo que casi se cayera de la silla ante la caricia.
— ¿Has terminado de leer?
—Sí, mi señor.
Escuchó su peculiar risa y echó la cabeza hacia atrás para poder verlo. Sabía que ya no tenía la obligación de llamarlo "Amo", pero ya no encontraba otra forma para referirse a él. Siempre encontró más gustoso el primer título con el que lo conoció y así lo dejó. Además, no tenía idea de con que otro nombre podía llamarlo.
—Ha tardado poco en volver.
—Solo hice un par de cosas, querida. Nada que llevara mi total atención.
Vio como se inclinaba sobre ella, mirándola de manera juguetona y divertida, apoyando ambas manos sobre la mesa que tenían al frente. Hermione le sonrió intentando no sonrojarse cuando supo sus intenciones. Estiró el cuello y besó los labios del hombre con sutileza, notando como él ejercía mayor presión pero sin dejar de ser delicado. Desde aquel incidente que la había dejado herida, desde lo que él mismo había llamado "violación", no había vuelto a sentir aquel beso posesivo, demandante y rudo que tanto lo caracterizaba.
Y era sincera consigo misma, esos eran los que le encantaban, y los extrañaba notablemente. Bajo aquellos besos siempre se había escondido aquella seguridad que experimentaba, aquel amor que sentía hacia él. Nunca le había hecho daño por besarla de esa manera tan brusca y dominante, por lo que no encontraba sentido que hubiese dejado de hacerlo, para en su lugar besarla con suavidad, casi temeroso que ella lo rechazara en algún momento.
—Amo… yo quiero…
—No— respondió él alejándose un poco y sentándose sobre la mesa, frente a ella.
—Yo estoy bien.
—Eso no lo sabes.
—Si lo sé. Han pasado tres días. Estoy bien— repitió.
Voldemort sonrió ante su insistencia.
—Esperaremos el tiempo necesario, Granger. Y no quiero oírte hablar del tema, créeme que esto es muy difícil para mí; pasar la noche a tu lado sin tocarte, saber que lo deseas tanto como yo y no poder complacerte, pero debemos respetar ese tiempo estipulado, por ti, porque me sentiría mejor sabiendo que estás bien.
—De acuerdo— Accedió de mala gana. Voldemort se inclinó sobre ella, apoyando las manos sobre los posabrazos de la butaca. Miró a la chica con una sonrisa en sus labios, con intensidad y vehemencia, y ella trató de mantener el contacto visual sin parpadear, sonriendo tontamente en respuesta. El mago oscuro detalló todas sus facciones con aparente fascinación hasta terminar viéndola atentamente a los ojos.
— Estoy loco por ti, Granger.
Hermione enrojeció al instante. Sintió que se atragantaba y tosió en respuesta, ignorando el gesto que cruzó por la cara del lord al verla reaccionar así. Cuando se recuperó, miró una vez más al hombre, que no había perdido esa muy ligera sonrisa.
—Pues yo…— murmuró nerviosa.
—Te puedo asegurar que nunca, jamás, le he dicho semejantes palabras a una mujer. Pero tú, Granger… tú eres mi debilidad.
No sabía que responder, su mente colapsaba y su corazón palpitaba con tanta fuerza que creyó que le explotaría. Bajó la mirada hacia sus temblorosas manos y susurró con un tono entrecortado — Amo… estoy segura que se lo habrá dicho en más de una ocasión a su esposa… es decir…yo creo que…— Se quedó callada, se sentía tan estúpida por mencionar esa tontería.
—No, pero tengo pensado decírselo a mi futura esposa… todos los días hasta que se lo crea.
Levantó la cabeza una vez y sonrió radiante. Voldemort se puso en pie y le tendió una mano invitándola a hacer lo mismo. Lo imitó, quedando frente a él y suspiró tratando de calmarse. Unos fuertes brazos la apresaron, halándola hacia un duro pecho que la recibió cálidamente. Eran muchas veces en las cuales él la abrazaba, pero nunca de esa manera, tan suave y protectoramente, quizás hasta con cariño. La chica se apretujó más contra su cuerpo y hundió la cara en su cuello, aspirando esa exquisita fragancia que siempre la embriagaba. Quería decírselo, quería confesarle lo que sentía desde hacía tiempo, algo inexplicable y extraordinario, tratando de entender como había podido enamorarse de esa manera de un hombre como él.
—Quiero darte algo, por eso he venido a buscarte.
Hermione se separó — ¿Qué es?
Voldemort sonrió sutilmente —Espérame en el jardín y lo verás.
— ¿Me gustará?— preguntó dudosa, sujetando su mano y saliendo juntos de la biblioteca. Voldemort miró hacia ambas direcciones antes de centrarse en ella.
—Estoy seguro de eso. Espérame abajo, enseguida te alcanzaré.
— De acuerdo, amo.
Liberó su mano, y dándose la vuelta se encaminó hacia las escaleras que la llevarían al jardín. Sabía que había mortífagos en la mansión, pero según el mismo Voldemort, solo eran cuatro y estaban enormemente ocupados, por lo que no se preocupó en lo absoluto. Se toqueteó el vientre y el pecho de forma distraída mientras avanzaba sin detenerse, sentía emoción y ansiedad por ese supuesto objeto que el mago oscuro pensaba entregarle. La idea recibir un regalo por parte de él la azoraba sobremanera. Cruzó una esquina y se detuvo de pronto al escuchar unos lentos pero ruidosos pasos acercándose hacia donde ella estaba de pie. Bajó las manos y se quedó de piedra esperando poder vislumbrar al dueño de esos pies que no se detenían.
Una oscura sombra emergió repentinamente, mostrándole a la bruja de quien se trataba. Un hombre alto y barrigón había aparecido al final del pasillo y tenía sus brillosos ojos fijos en la chica. Sonrió ampliamente y apuró el paso, acortando velozmente la distancia entre ellos. Hermione retrocedió y lo miró con los ojos abiertos como platos, más por alguna razón no se acobardó.
—Yo te conozco— proclamó entusiasmado llegando a su altura. La chica alzó los ojos y lo observó sin decir nada — Eres una esclava ¿cierto?
— ¿Quién es usted?— preguntó la bruja con desgana. No sentía miedo ni nervios, lo único que podía experimentar era desconcierto al ver al hombre casi dando saltos de emoción.
—Mi nombre es Octavius, cariño. Creo que deberías saber quien soy dado que me viste ayer ¿recuerdas ahora?
—Si— afirmó sin apenas parpadear, realmente sabía quién era desde el principio, pero prefirió mantenerse ignorante — Si busca a mi… amo, está ocupado.
El hombre desasentó su sonrisa — Sí, venía a hablar con él. Pero si no está disponible supongo que quedamos tú y yo solos.
— ¿Disculpe?
—La verdad es que tenía ciertos que tratar. Es la primera vez que visito su país y debo decir que las cosas han cambiado radicalmente, me disgusta mucho. Estoy alojándome en una casa familiar ¿has visto eso? No hay mujeres y todo es un tedioso protocolo.
— ¿Mujeres?
—Sí, cariño, mujeres. He viajado por más de siete horas, esperando arribar para que me atendieran como merezco, y me encuentro sin una miserable diversión a la mano.
Hermione frunció los labios. El hombre era insoportablemente asqueroso— Pues lo lamento, pero no hay nada que yo pueda hacer por usted, así que si me permite, me retiro.
—Espera— le dijo agarrándola del antebrazo e impidiendo que la chica siguiera su camino.
— ¡Suélteme! — le espetó intentando liberarse sin éxito. Octavius rió con una sonora carcajada y apretó más el brazo.
—No te pongas nerviosa, cariño.
Y con éstas palabras la soltó, ganándose una mirada entre sorprendida y asqueada de la joven, que no perdió tiempo y caminó a grandes zancadas yendo hacia los jardines, realmente esperando que el mago desistiera y la dejara marcharse.
—Deje de seguirme.
—No te vayas, realmente tú y yo podemos pasar un buen momento.
Hermione prácticamente corrió por el pasillo, bajando las pocas escaleras que accedían hacia el salón principal. Giró la cabeza y una punzada nerviosa la atravesó al ver que el mago la perseguía con una sonrisa.
—No tienes la necesidad de huir, cariño.
— ¡Déjeme en paz! ¡Váyase!
Hermione atravesó la puerta y apuró el paso al percibir como la figura del hombre estaba cada vez más cerca de su espalda. Lo escucho reírse sutilmente y como aumentaba la velocidad para no perderla de vista.
— Escucha, preciosa, ven conmigo, la pasaremos bien. Créeme, vengo de muy lejos y no ha sido un viaje sencillo, necesito de una mujer, y tu eres muy hermosa. Vamos, acompáñame y no te hagas de rogar.
Hermione no se detuvo ni un instante, evitando girar la cabeza y mirar a su interlocutor— Ya le dije que me deje tranquila, no iré a ningún lado con usted.
— Eres muy obstinada— replicó Octavius con una evidente molestia en la voz. La bruja se paró en seco cuando una mano se apoderó de su brazo derecho nuevamente, obligándola a detenerse abruptamente. Se dio la vuelta y encaró al hombre con los nervios a flor de piel.
— ¡No me toque!— espetó intentando liberarse.
—Quiero que vengas conmigo.
— ¡Suélteme!
Octavius la sujetó con más fuerza, acercándola más a él. Hermione se removió con miedo ante tan explícita agresión — No voy a lastimarte, ni espero que estés de acuerdo con lo que haremos juntos, pero puedes estar quietecita mientras yo satisfago mi necesidad contigo ¿Qué te parece? Igual lo disfrutaras, se cómo manejar a las chicas rebeldes como tú.
— Ya le dije que...
— ¡Octavius!
Ambos miraron hacia atrás; Voldemort había aparecido en el umbral de la puerta, tenía un libro en la mano izquierda y la varita mágica en la derecha, y miraba la escena con la mayor de las furias. Hermione aprovechó el momento de suma tensión para soltarse del agarre y escabullirse hasta llegar a la altura del mago oscuro, que estiró su brazo y acunó a la chica bajo el, rodeándola por la cintura.
— ¿Que se supone que hacías?
Octavius sonrió — Sólo le pedía a esta hermosa jovencita que me acompañara a mis habitaciones, pero se rehúsa.
Hermione vio como los ojos de Voldemort brillaban maquiavélicamente — ¿Y para que necesitas que mi mujer vaya a tus habitaciones, Octavius? ¿Acaso hay algo en lo que nuestra hospitalidad te tenga... inconforme?
El rostro del hombre no pudo expresar más que sorpresa— ¿Su mujer, mi señor? Creí que se trataba de su esclava.
— Te deje claro que ya no lo era.
— Pero lo fue ¿cierto? — Cuestionó con los ojos entrecerrados—Mi señor, usted no puede considerar a semejante chica como su mujer, sería una deshonra.
Voldemort sonrío socarronamente, apretando el tenso cuerpo de la bruja contra si—No necesito aprobación de nadie, Octavius, debes saberlo a la perfección.
— Por supuesto, mi señor, pero no creo que sea lo más conveniente…
— Ya decidí hace tiempo quien es la mujer que me conviene, y la escogí a ella, no me arrepiento y tampoco cambiaré de opinión.
—Aun así, mi señor, esta chica no posee lo necesario...
— Tiene todo lo que necesito, Octavius, y mucho mas… Y por eso es mi deseo que nos desposemos, quiero que sea mi mujer ante los ojos del mundo que yo gobierno. Si ella me acepta, claro está- añadió desviando su mirada hacia la tímida chica que no sabía qué cara poner.
Octavius parecía estar tan nervioso e incómodo como la misma Hermione— Mi señor…si usted así lo dicta, así se cumplirá.
Los ojos de Voldemort brillaron — No creía lo contrario, ahora vete. Mi mujer y yo tenemos asuntos que arreglar.
—Por supuesto, mi señor... enseguida, con su permiso... señorita- musitó dando una leve inclinación y alejándose rápidamente de la vista de ambos. Hermione no parpadeó hasta que la espalda del hombre hubo desaparecido de su vista.
—Amo… ¿Qué….?— preguntó estupefacta.
—Acompáñame— le indicó ignorando su tartamudeo. Sujetó la mano de la bruja y caminaron juntos hasta la salida de la mansión. Las puertas se abrieron y traspasaron el umbral en total silencio. Hermione iba tiesa como una estatua, todavía algo consternada ante la rápida y cortante conversación llevada a cabo entre los dos hombres; habían sido demasiadas palabras juntas como para asimilarlas.
—Amo…— intentó de nuevo.
—No digas nada, Granger… no digas nada por ahora.
¿Cómo podía pedirle eso? Tenían tantas cosas atragantadas que creyó explotar de un momento a otro. Las cosas que había dicho Voldemort frente a ese hombre, esas cosas que había escuchado vagamente alguna que otra vez pero que jamás se tomó en serio, esas cosas… ¿realmente eran ciertas?
Se detuvieron ante una de las extravagantes y llamativas fuentes que poseía el imponente jardín, y Voldemort soltó su mano con suavidad, dando dos pasos hacia el frente y girándose para poder ver a la chica al frente suyo. Tenía una caja de madera con detalles dorados en relieve en la mano izquierda, cosa que impactó mucho a la chica, que no supo en qué momento había conseguido dicho objeto, puesto que solo vio como dejaba el libro en una de las mesas del salón y seguía su camino.
Voldemort se percató que la chica miraba la caja y levantó la mano para que la distinguiera mejor. Hermione echó la cabeza un poco hacia atrás al más o menos imaginarse de que se trataba.
— ¿Es una…?
El lord colocó su otra mano sobre la tapa y la abrió parsimoniosamente, como queriendo plasmar aquel dramático momento. Sobre la seda color gris plomo descansaba una varita mágica. Hermione la miró fijamente, no creyendo totalmente lo que el mago oscuro quería decirle al enseñársela.
—Una varita mágica, sí, Granger.
No supo ni que responder. Lo miró a los ojos y se sintió pequeña ante él, ante aquellos rojizos orbes que esperaban alguna reacción.
— ¿Qué… que… haremos con ella, mi señor?
El hombre extrajo la varita y se la tendió — Es tuya.
— ¿Mía?
—Si, Granger, toda tuya, te prometí que pronto la tendrías.
Estiró el brazo, agarrando lo que el mago oscuro le tendía sin decir nada, ni siquiera podía pensar. El tacto de la madera contra sus dedos se sentía extrañamente cálido.
— ¿Qué te parece, Granger?— oyó que el lord le preguntaba en voz baja.
Hermione sujetó la varita con fuerza, mirándola como si fuera algo nuevo para ella. Voldemort se movió un poco para poder detallar las expresiones de su rostro, que a simple vista parecía que estaba soportando las ganas de llorar. Sin embargo, cuando la chica levantó la cabeza una expresión de desconcierto se reflejó en sus facciones. Parecía perdida.
—Hace mucho tiempo que no sostenía una.
Voldemort sonrió ante su confusión —Probaremos todas hasta que encuentres una adecuada para ti.
Hermione miró su mano y luego al hombre — Gracias… señor.
El mago oscuro frunció el entrecejo ante la clara aprehensión de la joven, que no podía dejar de observar la varita en su mano con una mueca casi sombría. Se aproximó a ella y la sujetó de la barbilla.
— ¿Qué ocurre? ¿No es esto lo que querías, Granger?
—Supongo que sí.
—Entonces dime por qué estás reaccionando así.
La bruja parpadeó varias veces antes de responder — No pensé que esto realmente llegara a suceder, ya había asimilado mi vida aquí. Esto solo quiere decir…
— ¿Qué quiere decir?— se extrañó el hombre.
Hermione lo miró con un dejo de sorpresa en sus ojos — Que su propuesta… ¿es verdadera?
Voldemort la observó sin entender, hasta que finalmente una ligera sonrisa curvó sus delgados labios, por fin captando lo que su bruja quería decirle pero no atrevía — Lo es, querida.
—Entonces…. Lo que le dijo a ese hombre hace un momento.
—Será algo que hablaremos esta noche, Granger. Por ahora solo me gustaría que probaras esta varita.
Hermione apretó la mano y se giró hacia la fuente. Alzó el brazo y apuntó hacia uno de los bordes de mármol. Se sentía enormemente nerviosa, no podía pensar en algún hechizo, ni el más simple; su cabeza parecía a punto de explotar ante la ansiedad. Voldemort se inclinó sobre ella, acariciando su cintura con sus manos. Notó los labios del hombre muy cerca de su oído.
—Se que estás nerviosa, querida, pero todo saldrá bien… Puedes intentar un encantamiento convocador o….
— ¡Reducto!
Fue como si una descarga eléctrica le recorriera el brazo, cuando notó como la varita soltaba un rayó blanquecino y golpeaba la estatua, destrozando la mayor parte de ésta y haciendo que los pedazos salieran despedidos hacia adelante. Voldemort presionó los dedos sobre su cintura y detalló la magnitud del daño que había causado.
—… o eso también.
Hermione se giró — Lo siento, amo… no pretendía…
El hombre la miró atentamente — Esa varita no te obedece correctamente.
— ¿Qué quiere decir?
—Claramente consumió una muy importante cantidad de magia de tu cuerpo solo para hacer ese hechizo. Al momento en que utilices maldiciones podría dejarte totalmente exhausta. No me agrada.
—Pero me siento bien.
—Porque solo has realizado ese encantamiento, una vez que lo lances tres o cuatro podrías quedar agotada. No te preocupes, realmente lo estaba esperando, no todas las varitas se adaptan bien, por eso te he dicho que seguiremos buscando hasta encontrar la perfecta para ti. Es necesario que controles tu magia, Granger, no que ella te controle a ti.
— ¿Tengo que devolverle ésta?
Voldemort asintió sujetando la varita que ella le tendía reticente —No te angusties, querida. Mañana vendrás conmigo y probares algunas, no te privaré de tu poder, ya no más… ¿Por qué lloras, Granger?
Hermione se limpió las dos breves lagrimas que había derramado, sentía que su cara ardía — No lo sé… me sentido… extraña… Siempre confié en usted para mantenerme segura, protegida… ahora… siento que puedo valerme por mi misma, que puedo hacer algo que quiero y tengo libertad para defenderme… es tonto, lo sé… pero es lo que siento, y me he dejado llevar por la emoción… no creí jamás… que saldría de esa prisión… que estaría aquí, aprendiendo cosas… de magia… utilizando una varita de nuevo…
—Pretendo que mi mujer sea una bruja poderosa y hábil. Sin embargo, quiero que sepas que nada cambiará, seguiré cuidándote y protegiéndote, así seas capaz de defenderte sola… Granger, no tienes la necesidad de llorar.
—Lo siento… no pude contenerme… — levantó la cabeza con el rostro aunque enrojecido, ya totalmente limpio — Gracias… amo.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Sujetó la chaqueta con la cubría con ambas manos, ajustándola más a su cuerpo mientras su cabello volaba salvajemente en todas direcciones. Hacía un frío tan espantoso que le calaba hasta los huesos. Soltó un jadeo y se encogió sobre sí misma para mantener algo de calor corporal. Alzó la cabeza estupefacta al notar como todo desaparecía tan rápidamente como había llegado, una deliciosa sensación cálida y confortante se extendía rápidamente desde su cara hasta sus pies, era un hormigueo muy agradable.
Vio a Voldemort a su lado con la varita alzada y apuntándola directamente. Le sonrió agradecida, ya pudiéndose erguir totalmente aunque su cabella siguiera moviéndose de un lado para otro. Continuó con su camino, procurando tener cuidado ante la resbaladiza capa de hielo y nieve que se formaba en el suelo. No podía evitar sorprenderse a ver al mago oscuro caminando totalmente desprotegido, quizás hasta pasando frío, aunque daba la impresión que no parecía sentir nada.
—Amo… ¿adónde vamos?— preguntó, mirando a su alrededor con los ojos entrecerrados. Su pregunta fue respondida casi de inmediato. Una gran casa se alzaba imponente frente a ellos, oculta al principio por una densa niebla que la cubría totalmente.
—Ya vamos a llegar, quería verificar algo, por eso no nos hemos aparecido directamente en el lobby.
En viento, la nieve y el granizo desaparecieron de pronto cuando traspasaron la barrera de protección. Hermione detalló la casa mientras Voldemort hacía unos movimientos con su varita, al parecer reforzando aún más los encantamientos que defendían aquel lugar.
— Es uno de mis cuarteles predilectos— explicó dándose la vuelta y sujetando a la chica de la mano, acercándose juntos hacia la puerta principal.
— ¿Y dónde estamos?— preguntó curiosa viendo anonadada el espectacular salón, el suelo, de madera impecable eran tan brillante que no provoca ni poner los pies sobre ella.
—Mi cuartel en Hallstatt… estamos en Austria. Estamos a dos kilómetros del pueblo muggle mas cercano.
— ¿Por qué muggle?
Voldemort sonrió mientras se quitaba el abrigo — Pocos creerían que mis cuarteles están siendo rodeados por poblaciones muggles, idea de… Snape.
Hermione asintió quedamente al notar el tono despectivo del lord, el cual se había acercado a ella con la intención de ayudarla a quitarse el pesado abrigo que amenazaba con sofocarla. Escuchó unos pasos acercándose apresuradamente y se dio la vuelta, viendo como la oscura figura atravesaba el pasillo y llegaba su altura con rapidez. Un hombre alto, delgado y de tez muy blanca los recibió.
—Mi señor— saludó postrándose a sus pies y besando su mano izquierda. Hermione lo miró fijamente, jamás viendo a un mortífago besando la mano de su maestro.
—Su avisó llegó hace apenas diez minutos, el clima lo ha retrasado, mi señor… ¿cómo se encuentra usted?
—Bien— respondió secamente no prestándole mucha atención a su sirviente — Quiero la habitación que te pedí, Gerhard. No me interesa si no fuiste notificado a tiempo, te daré cinco minutos para que la arregles, mi mujer ha tenido un largo viaje y quiere descansar.
El hombre levantó la cabeza y miró a su amo con los ojos abiertos como platos — ¿Su… su… mujer?
Si no fuera por las palabras de su amo, Hermione estaba seguro que el mortífago la habría pasado totalmente por alto, a pesar que la chica se encontraba justo al frente de él. Aún de rodillas, el hombre se giró hacia ella y sujetó su mano izquierda con la mayor de las delicadezas. La bruja estuvo a punto de retirar la mano, sintiendo el asco y el odio arremolinarse en su interior al notar esas asquerosos labios hacer contacto con el dorso.
—Basta— susurró con desprecio alejando su extremidad rápidamente. El mortífago levantó la cabeza y la miró estupefacto.
—Mi señora… enseguida tendré listo sus aposentos para que descanse, ¿deseará alguna otra cosa?
Negó con la cabeza casi imperceptiblemente, viendo como el mago se ponía en pie sin despegar los ojos de la de ella. Voldemort pasó su brazo por su cintura y la apretó contra él, logrando que el mortífago bajara la vista casi de inmediato.
— ¿Hay esclavas aquí?— preguntó de golpe. El brazo sobre su cuerpo se tensó.
—No, mi señora… nosotros no mantenemos ningún tipo de prisionero aquí, somos solo un grupo de estrategas. Pero si desea el servicio de una yo podría…
—No. Solo…. Solo quería saberlo.
—Muy bien— interrumpió Voldemort con frialdad —Subamos… no quiero ningún tipo de interrupción, Gerhard. Esta noche están libres para hacer lo que se les antoje, siempre y cuando sea fuera del cuartel. La mas mínima queja por parte de mujer, y asumirás las consecuencias.
—Por supuesto, mi señor, así será.
….
—Esto es… hermoso— se asombró mirando toda la lujosa habitación. La chimenea, de piedra, le daba una calidez excepcional a toda la estancia. La inmensa cama donde bien podían caber cuatro personas estaba recubierta con unas sabanas de seda blancas y un pequeño mini bar abarrotado de numerosas botellas de apariencia costosa.
— ¿Por qué has preguntado eso, Granger?
— ¿Qué cosa?— cuestionó dándose la vuelta y mirando al hombre que apenas estaba cerrando la puerta. Se sentía sumamente extasiada.
—Dime… ¿crees que te traería a este lugar si supiera que puedes pasar un mal momento?
Hermione lo miró, no sabía por qué el hombre se encontraba tan irritado —No… amo. Asumí que así sería… lo siento.
—Como te dijo Gerhard, éste es un cuartel únicamente para mis estrategas en este país. No hay entrenamientos físicos, no hay esclavos ni elfos. Vienen aquí solo cuando tiene trabajo que hacer, por lo demás viven con sus familias. Esta noche solo hay cinco mortífagos en la mansión… y nosotros dos.
— ¿Y este es su cuartel favorito?
—Si… vengo en algunas ocasiones. Como puedes ver, es un ambiente muy ameno. Pensé en que te complacería.
—Es muy bonito— admitió mirando la cama con atención. Sintió como el hombre avanzaba y la abrazaba por detrás con sutileza. Se recostó contra su pecho y suspiró.
— ¿Podré pasar esta noche a tu lado, Granger?
—Me gustaría que así fuera, mi señor.
—Ven— susurró contra su oído. La tomó de la mano y la llevó hasta la cama. El corazón de Hermione se disparó mientras mantenía sus ojos fijos en el hombre, éste tenía una expresión impasible y serena en su rostro. Tenía ganas de besarlo, abrazarlo, desnudarlo, pero sus temblorosas y frías manos se mantuvieron tranquilas, expectantes a saber lo que el mago oscuro pensaba hacer con ella.
—Debes estar agotada— comentó con suavidad, mientras movía su mano, invitándola a acostarse.
—Un poco.
La cama se hundió ante su peso y se quedó acostada con las piernas cruzadas mientras veía al mago ir al mini bar y destapar una botella de vino. Lo vio servirlo en dos copas y aproximarse hasta donde ella se encontraba.
—Bebe.
—Amo… ¿Por qué vinimos a este lugar?
—Quería un cambio de ambiente para ti— explicó con simpleza terminando su bebida y acostándose en la cama con los ojos cerrados. Hermione movió el contenido de su copa sin decir nada.
—Es todo muy hermoso, gracias.
Voldemort abrió los ojos y se giró, quedando acostado de lado y mirando la chica con intensidad — Te siento incómoda.
La bruja no respondió. Realmente esperaba algo más, deseaba que él la besara, que la tocara, que la abrazara. Pensó que esa era la única razón por la que la había llevado a ese lugar, pero al parecer el mago oscuro tenía otros planes.
— ¿Se va a ir?
— ¿Irme?
—Como todas estas noches pasadas.
—Ya hemos hablado de eso, se perfectamente lo que llevas pidiéndome hace unos días, no creas que no he estado ansioso por complacerte, pero no creí que fuera lo mejor para ti… para nosotros.
Hermione apretó los labios, eso no respondía su pregunta. Estaba cansada de pasar día y noche sola en la mansión mientras el hombre desaparecía, todo con la excusa de que debían tomar distancias desde el "accidente". Voldemort se incorporó, quedando sentado a su lado y observó el serio semblante de su bruja con el entrecejo fruncido.
—Me quedaré, Granger… No tengo otro motivo para estar aquí contigo, que pasar lo que resta de la noche a tu lado.
La chica giró la cabeza — ¿Lo hará?— preguntó notando como sus mejillas se sonrojaban ante tal mirada.
—En este momento estoy dispuesto a hacer lo que desees.
Después de haber añorado y visualizado esa escena miles de veces en su cabeza, durante esas noches que pasó en vela en la oscuridad de la habitación, ya no sabía cómo reaccionar. La mano de Voldemort se posó en su muslo y lo acarició suavemente con la yema de sus dedos. Hermione usó todo su control para no desviar la vista de sus rojizos ojos, los cuales se entrecerraron divertidos para ir acercándose lentamente, hasta que los labios del mago oscuro se posaron en los suyos propios, apenas un toque que fue suficiente para que el cuerpo de la chica se encendiera.
—Bésame— lo escuchó murmurar con un provocador siseo.
Ejerció presión, tomando la iniciativa, y con un poco más de confianza se animó profundizar aquel contacto. Alzó su mano y la posó en la cara del hombre con mucha delicadeza, éste apretó sus dedos contra su muslo y la besó con mayor fuerza, dejando a la chica sin aliento. No sabía si lo estaba imaginando, pero el cuerpo del lord cada vez estaba más inclinado sobre ella, con la idea de acostarla bajo él.
—Creo… creo que… me cambiaré de ropa, amo — farfulló nerviosa, separándose de sus demandantes labios. Su desesperante corazón latiendo a mil por hora la estaba volviendo loca.
—Adelante— concedió, observando como la joven se levantaba con las piernas temblorosas y se aproximaba a uno de los armarios de la habitación. Se quedó quieta al ver su contenido.
— ¿Esto… esto es mío?
—Ordené esta habitación para ti, todo lo que ves aquí te pertenece.
—Es… demasiado.
—Nada es demasiado, Granger.
— ¿Puedo… puedo ponerme esto, amo?— preguntó tímidamente escogiendo un suéter y enseñándoselo. Voldemort asintió y suspiró cansinamente. Se acostó en la cama y miró como la chica se desvestía rápidamente, permitiéndole apreciar su desnuda y blanca espalda. En cierta parte no podía enfurecerse con ella a pesar de que le repetía las cosas varias veces; estaba acostumbrada a esa vida, a pedir permiso, a ser sumisa y temerosa; no era algo que precisamente deseaba cambiar, prefería que la bruja misma paulatinamente se diera cuenta de cuál era la nueva vida que él tenía planificada para ella.
Sintió un peso y vio a la chica recostada a su lado, con las mejillas encendidas y completamente desnuda. Una corriente de excitación lo recorrió mientras la veía acercarse a sus labios y besarlos con ternura, causando que su miembro reaccionara de inmediato.
—Granger… no me provoques— musitó quedamente mientras ella seguía besándolo.
—Amo… yo lo necesito… tanto… tanto…
—No debemos… eres una tentación para mí, pero… Granger, obedéceme.
—No quiero hacerlo, amo, solo por… esta vez, por favor.
El hombre ahogó un suspiro cuando las pequeñas e inexpertas manos de su bruja se posaron en su pecho, soltando algunos botones de su blanca camisa y acariciando la expuesta piel. La besó con más pasión ante ese gesto, alzando sus propias manos y atrayendo el cuerpo de la chica contra sí. Notó como su palpitante erección reclamaba algo de atención, pero prefirió seguir tocando el desnudo cuerpo que ante él se exponía.
Se separó de sus labios cuando las manos de la chica bajaron por su abdomen hasta llegar a su pantalón. Los dedos de ésta se apresuraron a quitarle el cinturón y bajarle el cierre del pantalón. Pudo escuchar su jadeante respiración contra su cuello.
—No—repuso, colocando su propia mano sobre la de Hermione, no permitiéndole avanzar. Ella lo miró sonrojada.
— ¿Por qué no? Amo… por favor…
—Todavía falta un día para que te recuperes. Ya que no quisiste dejar que te curaran, éstas son las consecuencias.
— Pero, mi señor… puede hacerlo… suave, como la vez pasada, no me hará daño… amo, por favor…
—Granger… Si continúas con esto no podré controlarme después.
—Sí, mi señor…— contestó ella sin entender realmente lo que le estaban diciendo. Su mano siguió con la tarea de desabrochar su cinturón, por lo que Voldemort se incorporó, apartando la mano de la bruja con suavidad de su pantalón y besándole el dorso antes de mirarla con una lujuria desbordada.
—Que así sea entonces… te haré mía nuevamente, como nunca lo has sentido antes, Granger.
Hermione cayó hacia atrás cuando el cuerpo de su amo se posicionó sobre el de ella, sentado a horcadas sobre su pecho. Levantó la cabeza y lo miró, no podía controlar su respiración y el golpeteo de su corazón. Voldemort llevó sus manos hacia su propia camisa y empezó a terminar de desabrochar los botones restantes, todo esto bajo la atenta y excitante mirada de su bruja, que se había quedado con la boca entreabierta ante la escena que presenciaba.
Lo vio quitarse la prenda y lanzarla hacia un lado; Hermione se sentía incapaz de apartar la mirada de su pecho. Voldemort sonrió con perversión al notar los estremecimientos que sacudían el pequeño cuerpo bajo el suyo.
—Voy a confesarte algo, Granger— susurró entrecerrando sus brillantes y rojizos ojos— Estas noches que has permanecido sola en mi habitación… en mi cama… me he sentado en mi despacho, imaginándote, una y otra vez… así de esta manera… debajo de mi cuerpo, mientras te poseo y te hago mía para siempre… escuchando tus gemidos, pidiéndome más…— se inclinó hacia adelante, quedando a unos palmos de su rostro, y miró sus enrojecidos labios debido a los ardientes besos que ella le había dado con tanta pasión.
— Esta noche… se hará realidad todo eso… quiero oírte gritar, quiero escuchar… de tus hermosos labios… como me suplicas que te tome— declaró acariciándolos con su dedo índice mientras Hermione abría mas los ojos sin siquiera poder pronunciar palabra alguna. Voldemort rió una vez más, irguiéndose cuan alto era y lanzándole una mirada llena de oscura diversión a la bruja, llevando su mano derecha hacia su pantalón, quitándose el cinturón y bajando la cremallera con una tortuosa lentitud.
— ¿Lo quieres, Granger?
No esperó respuesta, dado que ni siquiera pretendía oírla. Se acarició por encima del ya desabrochado pantalón mientras mantenía sus penetrantes ojos fijos en los de la chica, con una última suave risa, sujetó su erección y la liberó de su prisión. Hermione respiró profundamente y se removió con cierto nerviosismo al ver el miembro del hombre tan cerca de su rostro, así como la poderosa mano que lo acariciaba de arriba abajo delante de ella.
No necesitó que su señor se lo pidiera, alzó su propia mano y siguió los movimientos de la mano del hombre, viendo como éste cerraba los ojos durante apenas un segundo al sentir el tacto de la pequeña mano sobre su miembro, llevando el ritmo que él marcaba.
La visión era demasiado para él, que se inclinó, acostándose sobre el cuerpo de la chica y besándola con fuerza y pasión, siendo correspondido de inmediato. Hermione, aunque seguía reticente y nerviosa, acariciaba la espalda del señor oscuro con sus manos, las cuales parecían haberse puesto más frías que de costumbre.
—Ven, Granger… quiero que hagas algo para mi…— le susurró en el oído, apartándose de su cuerpo y acostándose nuevamente a su lado. Hermione parpadeó confundida ante la perversa sonrisa del hombre. Notó como unas manos se posaban en su cintura, alzándola y sentándola a horcadas sobre la pelvis del mago, que se había levantando un poco solo para poder observarla.
—Esta noche… Granger… esta noche se trata solo de ti, quiero buscar tu placer.
—Amo…— replicó nerviosa viendo lo que él esperaba de ella — Yo no sé…
—Yo te guiaré— respondió sutilmente, acariciando sus piernas casi con devoción mientras mantenía su mirada sobre la de ella. La abrazó herméticamente contra su pecho, pudiendo notar su exaltado corazón — No pretendo que lo hagas sola.
Se alejó lentamente, tumbándose en la cama y sujetando sus muslos para darle equilibrio — Me encantaría ver cómo te mueves.
Hermione podía notar la erección muy cerca de su entrepierna y con un movimiento de caderas comenzó a moverse en un lento vaivén, lo cual causaba una fricción tan placentera que casi la hace gemir audiblemente. Voldemort la miraba ávidamente, con sus ojos encendidos de pura excitación; por lo que se decidió y apoyó las manos sobre el pecho del mago, éste la alzó de inmediato haciendo que una fuerte presión en su entrepierna la hiciera jadear, notó como todo el pene se introducía en su interior causándole un leve pinchazo de dolor. Se dejó caer con los ojos cerrados, esperando adaptarse a la intrusión.
— ¿Quieres detenerte, Granger?
Como respuesta empezó a inclinarse hacia adelante y atrás, causándole un muy leve jadeo al hombre, que la había sujetado por la cintura, ayudándola a moverse lentamente, pero suficiente para el cuerpo de la chica reaccionara ante lo que Voldemort le proporcionaba. Apoyó las manos en el pecho del hombre y aumentó la rapidez de la penetración, ya solo notando un cosquilleo recorriendo toda su intimidad. El mago oscuro parecía tan enloquecido como ella, dado que la sujetaba con mayor fuerza, guiándola en todo el proceso.
—Granger… eres tan… perfecta— gruñó por lo bajo mientras notaba extasiado como el orgasmo estaba a punto de golpearla. Se irguió de pronto, sujetándola para que no perdiera el equilibrio y la besó con rudeza en los labios. Bastó sólo ese pequeño movimiento para la chica soltara un grito de placer que el hombre rápidamente ahogó en un posesivo y demandante beso, sintiendo como ambos llegaban al orgasmo al mismo tiempo.
Pero ni ese clímax había apagado su impetuosidad. La volteó de pronto hacia un lado, lanzándola contra el colchón y se acostó sobre ella sin apartar sus labios de los de ella. Pensó en que vería una expresión de miedo en sus ojos, pero solo pudo vislumbrar fervor y un excitante acaloramiento por su parte.
—Ven aquí —dijo con picardía, sujetando sus piernas y posicionándose entre ellas con rapidez, la haló hacia atrás hasta que la punta de su pene entró en la ya humedecida cavidad. Hermione se removió con insistencia buscando un mayor contacto.
—Te dije… que me harías perder el control…— le dijo con la voz ronca, volviendo a penetrarla, ésta vez con mayor fuerza que la vez anterior, moviéndose desenfrenadamente, y sin embargo totalmente atento a sus reacciones.
—Amo… ¡quiero más!— gimió
—Por supuesto que tendrás más— contestó con fiereza, llevando sus manos hacia sus senos estrujándolos mientras seguía moviéndose sin piedad sobre ella, logrando lo que llevaba días ansiando escuchar.
…..
—Has despertado.
Hermione separó sus manos de la cara y miró al hombre, que apenas estaba cerrando la puerta. Se sentía sumamente agotada y mareada. Vio de soslayo como el mago se aproximaba hasta quedar sentado en el borde de la cama.
— ¿Qué tienes?— preguntó ladeando la cabeza.
—Un mortífago ha tocado la puerta.
— ¿Qué dices?
Hermione lo miró — Venía a… traerme el desayuno.
—Ah, ya veo.
Voldemort se separó de la cama y se quitó la negra chaqueta, avivó el fuego con un movimiento de su varita y miró por la ventana. El clima parecía no haber mejorado en lo absoluto. Hermione se quedó muda, le parecía inmensamente extraño que el mago no se hubiese encolerizado, saliendo a matar a medio cuartel por tal acción de su vasallo.
— ¿Y comiste?— preguntó de forma aislada.
—No tengo hambre… —contestó rápidamente. Se hizo un silencio muy extraño en la habitación, solo roto por el crepitar de la chimenea— Amo… ¿no va a decir nada al respecto?
— ¿Sobre qué?— inquirió dándose la vuelta y caminando de regreso a la cama.
—Sobre que su mortífago haya… hecho eso.
—Te presenté como mi mujer, es algo normal que estén atentos a tus necesidades.
Hermione asintió con la cabeza sin saber que decir. El hombre se sentó de nuevo, my cerca de ella.
—Además, esa era una de las exigencias de Bellatrix cuando visitaba los cuarteles. Por lo general la atendían los esclavos y en alguna ocasión los elfos domésticos.
—Yo no… necesito nada de eso, amo.
Voldemort acarició un mechón de su cabello — Por supuesto, porque tú no eres como Bellatrix….
La bruja se le quedó viendo atentamente. Voldemort le había sujetado la mano derecha, apretándola suavemente contra el colchón.
—Amo… ¿Por qué sigue presentándome como su mujer…? Es decir, sé que hemos hablado de esto muchas veces; usted me asegura y promete muchas cosas que no puedo aceptar y terminar de creer. Simplemente me es imposible.
Voldemort entrecerró los ojos — Aquella noche en la mansión te ofrecí una vida a mi lado, y aceptaste, Granger, por esa razón me deshice de mi vínculo con Bellatrix, lo hice por ti, ¿y sigues dudando?
—Yo… lo sé; sé lo que dije y creo todavía que fui demasiado impulsiva. No sé qué es lo que estoy aceptando.
— ¿Y por qué lo hiciste?
—Porque…— desvió la mirada durante un segundo hacia su mano todavía sujeta — Porque sé que de igual forma no puedo negarme a algo que usted me pida, una petición, una orden, es lo mismo para mí.
Voldemort soltó su mano de pronto — No pienso obligarte a enlazarte de ninguna manera conmigo, Granger. Eso solo me dice… ¿qué rechazas mi propuesta?
Hermione percibió el descontento en su voz y se puso nerviosa — No sé… no sé de qué se trata esto, amo, por favor… no se disguste. Es solo… que no comprendo muchas cosas.
El hombre la miró con intensidad, pero para su alivio ya no había molestia en su mirada— Lo que le dijo a Octavius ayer…
— Le dije lo que realmente quiero que suceda, Granger. No estoy obligado a estar con una mujer, pero todos mis vasallos y aliados creen que es una buena idea. Mi casamiento con Bellatrix… no fue precisamente algo planeado y deseado por mí, pero no vi ningún inconveniente en aceptar su constante petición: desposarse conmigo. La honraba y la trataba como debía hacerlo, era mi esposa ante el mundo y debía darle su lugar. Pero nunca quise casarme realmente, lo veo innecesario para manejar mi reinado.
— ¿Entonces por qué…?
—Las mujeres con las que yo he estado, Granger, creen que al estar conmigo, serán poderosas, tendrán el mundo a sus pies y reinarán a mi lado, y sólo por esa razón, soportaban todo lo que yo les hacía: Bellatrix, Caroline… eran como… juguetes en mis manos— soltó, atento a las expresiones de la chica ante él — Tú lo viste, no les importa que las humille, que las denigre y las torture, mientras puedan obtener algo de mí.
—Eso… de eso me di cuenta…— admitió recordando todas las palabras de Caroline — No hay diferencia conmigo.
— ¿A qué te refieres?— le espetó él con un tono de voz más alto de lo que pretendía.
—Yo también… estoy obligada a soportar todo lo que usted quisiera hacerme, sigue siendo mi amo.
—Estarías obligada como esclava a cumplir mis deseos, por más que quisieras negarte a ellos. Y también se, Granger, que es lo que sientes cada día que pasas conmigo. Tienes miedo a decirme que no, porque crees que te haré daño por negarte a lo que te ordeno.
—Es así.
—Y te equivocas… Nunca ha estado en mis planes forzarte a nada. Escucha lo que te diré: Yo te violé hace seis días, voy a reconocer eso. Perdí el control de la situación y mi posesividad hacia ti se incrementó a niveles insospechados. No soporto verte con Snape, siempre te lo he dicho, y he hecho lo impensable para separarte de él. He sacrificado a mi mejor mortífago por tenerte conmigo.
—El señor Snape y yo…
—Viviste con él durante meses, meses en los que yo deseaba tenerte en mi cama, en mis brazos. Desde aquel día en que escapaste de mi en mi biblioteca. Yo tenía una mujer que daba su vida por mí, pero yo deseaba estar contigo, conocerte mejor y aquellos minutos en los que pasábamos a solas en mi despacho me parecían fascinantes. Tú me huías, como es comprensible, pero yo deseaba ir detrás de ti.
Hermione abrió los ojos estupefacta ante tales palabras, su corazón volvía a palpitar frenéticamente y creyó morir de un infarto de un momento a otro. Voldemort la observaba con intensidad y vehemencia, como queriendo plasmar una imagen a sus palabras.
—Amo… yo… yo creo…
— Se que no perdonas lo que te hice, lo afirmas constantemente, pero no es cierto. Solo lo dejas pasar porque de nuevo piensas que no tienes más opción. No es justificable que te haya hecho lo mismo que aquellos malditos bastardo que te tocaron, llegué más lejos, y cuando estaba ocurriendo… no vi el daño que te estaba haciendo, recordando a esas mujeres, a mi esposa, a Caroline, después de satisfacerme, ellas no le hubiesen dado importancia y seguirían besando mis pies… pero tú… cuando vi tus lagrimas y escuché tus gritos, ahí supe… que tú no eras como ellas, Granger. Y me di cuenta que cualquier intento de tenerte de nuevo, se había destruido en ese momento, porque solo conseguí vislumbrar miedo en tus ojos cuando te toqué.
—Amo… fue forzado, pero no es lo mismo, no me violó… con aquellos hombres fue horrible, pensé que moriría, ellos se reían y yo… tenía pánico de lo que pudiera pasar, me torturaron y me hicieron tanto daño… si usted no hubiese llegado… No puedo compararlo con usted, estaba disgustado, molesto… yo desobedecí una orden que sabía que era importante, usted no deseaba que nos viéramos y en ese momento, cuando lo vi llegar, solo quise saludarlo, es todo… Si existía algún rencor… por lo sucedió aquel día… tenía miedo, sí… pero ya todo eso desapareció, amo.
Voldemort alzó una mano y le acarició la mejilla a la chica con el dorso — ¿Tú crees que tendría este tipo de conversación con Bellatrix?
—No… no se qué clase de conversaciones tenía usted con ella, mi señor.
—Te aseguro, Granger, que he hecho cosas nuevas que parecen increíbles, solo por ti… nunca traje a Bellatrix a este lugar y no me había molestado en organizar todo para pasar una noche juntos de esta manera, te he regalado una flor… nunca había dado una, así como tampoco he deseado casarme con una mujer, y tú eres la primera.
—Ya escuchó lo que dijo ese hombre, amo, usted merece a alguien a su altura, una mujer sangre limpia que lo represente…
—No necesito que nadie me represente, Granger— la interrumpió.
—Soy solo una esclava…
—Quiero que dejes de serlo… ¿No deseas ser mi esposa, Granger? ¿Es eso?
La chica bajó la cabeza avergonzada — Si, me gustaría… yo… puedo decirle que en algún momento si lo imaginé y llegue a envidiar a Bellatrix por tener ese puesto… pero…
El mago oscuro alzó una ceja— ¿Pero?
—Mi señor, entiéndame… quizás a usted no le importe ¿Quién va a cuestionarlo? En cambio yo…
Voldemort soltó una sonora carcajada ante el desconcierto de la chica — Te sorprenderías del poder que tendrás sobre mis mortífagos, solo se arrodillaran por donde pases, querida.
—No deseo eso.
—Dime entonces lo que deseas, Granger y yo lo convertiré en realidad.
Hermione se sujetó las manos sobre el regazó y las miró con ansiedad. Temía decírselo, pero quizás sería la única oportunidad.
—Yo quiero… quisiera… lo que usted dice…
Voldemort sonrió levemente viendo como la chica se sonrojaba notablemente —Entonces, ¿Me aceptas? ¿Ser mi mujer, mi esposa?
Levantó la cabeza de pronto— Mi señor… ¿Y si me negara?
Voldemort volvió a acariciar la mejilla de la bruja, comprendiendo el por qué de esa pregunta — Seguiría intentándolo hasta que me dijeras que sí.
Tenía tanto miedo a lo desconocido, a que él cambiara de opinión, de actitud. Quería lanzarse en sus brazos y decirle que sí, que la haría feliz, que deseaba ser su esposa y recuperar su libertad, pero un nudo en la garganta se lo impedía. Voldemort seguía observándola, expectante, esperando la tan ansiada respuesta.
—Será… difícil acostumbrarme a tal cambio.
—Lo sé.
—Estoy muy nerviosa…
—También lo sé. No estoy diciendo que haremos una ceremonia mañana mismo, querida, lo haremos despacio, con calma, hasta que estés preparada, solo busco saber….si realmente quieres esto.
Hermione sonrió tímidamente — Es lo que quiero.
Voldemort sujetó su rostro de forma repentina, besándola con ímpetu y pasión. Hermione se deshizo en sus brazos, notando los temblores de su cuerpo, pero no le molestaban, lo tomaba como una buena señal, de que por fin había hecho una elección a voluntad, finalmente había tomado una decisión propia.
—En ese caso, esposa, nos espera una placentera noche.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
—Mañana iremos a buscar tu varita, he mando a traer diez para que las pruebes todas.
— ¿Traer?— peguntó distraída, sintiendo como los dedos del hombre acariciaban sutilmente su espalda. Se acomodó bien sobre sus piernas y miró las llamas danzar en la chimenea. Por fin habían vuelto a la mansión después de un ocupado día. No tenía las fuerzas para levantarse o respirar.
—Los mejores fabricantes de varitas de Europa, querida.
— ¿Y si ninguna me acepta?
—Seguiremos buscando.
—Amo…— se interrumpió al ver la mirada del hombre— No puedo… evitarlo… es costumbre llamarlo así; Bellatrix lo llamaba "mi señor".
Voldemort hizo una mueca — Tú no eres como Bellatrix.
—No puedo… tutearlo, amo. Quizás… más adelante.
Voldemort alzó una mano concediéndoselo — Ve a tu ritmo, querida. ¿Qué ibas a decirme?
— ¿Dónde puedo buscar un ingrediente faltante en el laboratorio de pociones?
Voldemort frunció el entrecejo — ¿Qué estás buscando?
—Una… poción que quiero hacer.
—Lo asumo, querida, pero si el ingrediente que necesitas no se encuentra ahí, solo me dice que no es una poción que yo prepararía, dime ¿Qué es?
—Pues… preferiría no decirle…
— ¿Y por qué no?
Hermione agradeció mentalmente que hubiese tocado a la puerta en ese preciso momento, interrumpiendo la conversación. Voldemort se levantó y caminó hacia ésta con mala cara. Hermione se sentó en la butaca y miró hacia esa dirección con curiosidad. Un mortífago se inclinó exageradamente ante su señor y guardó silencio esperando el permiso de s amo para hablar.
—Espero tengas una buena excusa para molestarme tan temprano— oyó que lo amenazaba en voz baja.
El hombre tembló pero no alzó la cabeza. Hermione agudizó el oído para escuchar — Mi señor, lamento la interrupción, pero Garren ha llegado y ha solicitado verlo con carácter de urgencia.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Primero la disculpa por el inmenso retraso, fueron cuestiones de salud que me imposibilitaron escribir. Un mes sin actualizar fue mucho tiempo, pero por fin, después de días y días escribiendo poco a poco pude terminar este capítulo. 13.520 palabras y 55 páginas, ha sido más largo de lo usual para compensar la falta. Admito que me ha costado muchísimo escribirlo, y desde ahora pido disculpas por algún error o redundancia que se me haya saltado. Faltan sólo dos capítulos más y terminamos esta historia. Realmente espero poder culminar el próximo en los prometidos quince días, es un capitulo muy, muy, muy importante y crucial, y quiero dedicarle toda la atención posible. Por lo demás, espero les haya gustado, y como siempre, nos leemos luego.
CynthiaLotewen: ¡Hola! Pues sí, si lees bien el personaje de Hermione en los libros de Rowling, es una chica frágil, insegura y sensible (lo cual no tiene nada de malo), aunque tiene sus momentos de valentía. Por lo general a las personas les gusta leer en los fics a una Hermione fuerte, decidida y temeraria, pero nunca me he sentido cómoda con esa descripción, mucho menos si se encuentra en situaciones de peligro, donde es perfectamente normal sentir miedo. Personalmente no veo a Voldemort como Ralph Fiennes, y tampoco soy partidaria de ponerle los ojos azules, puesto que Tom Riddle no los tenía; y por ultimo tienes razón, Voldemort no es en los libros un personaje tan escandaloso y salvaje, de hecho, por lo general es muy pasivo y arrogante. Saludos!
Mimi0315: No le tengas tanto odio a Caroline, no lo merece xD Voldemort como gobernante es tolerante hasta cierto punto con sus opositores, generalmente da una advertencia y después actúa. La gente vive con miedo, pero él deja claro que mientras no se le enfrenten y no infrinjan sus leyes, nada malo tendría que pasarles. Ahora, aquellos que lo desafían abiertamente y están en contra de su gobierno si son encerrados o asesinados. Tu otro punto es el embarazo en Hermione, sí, a mi percepción también es muy joven en la mayoría de los relatos, por ejemplo en este fic cálculo que tiene como 21 años. Pero no manejamos muy bien los métodos anticonceptivos que se usan en ese mundo, así que asumimos hechizos o pociones. Sin embargo, siempre habrá la posibilidad de un embarazo en cualquier fic donde haya lemon, tratar de ignorar la edad es parte de nuestra imaginación como lectores.
Facebook: Princess Panchali.
