Disclaimer: A huge thanks to thatwritr for her permission to do this translation. Y muchas gracias a Lilia por permitirme usar los capítulos ya traducidos, por ahora solo me adjudico el beteo.


Capítulo Veintiséis

—¡Bella! ¡Bella!

Los golpes en su puerta deslizante de cristal hacen que Bella levante la vista de su escritorio donde está sentada trabajando en la solicitud de aún otra donación privada. Pareciera que tres cuartos de su tiempo pasaban en tratar de juntar fondos para el refugio y solo un cuarto se dedicaba al negocio del refugio en sí, como escribir la misión y planes de entrenamiento vocacional, estableciendo servicios de consejería, protección policiaca, y arreglar las cosas para que los niños del refugio puedan ser registrados en la escuela local con la privacidad adecuada.

Desviando la mirada de su computadora, se mueve hacia la puerta pero Alice ya ha entrado.

—Vamos —dice Alice, manteniéndola abierta. Sus ojos ámbar están ensanchados y ansiosos.

—¿A dónde vamos? —pregunta Bella confundida.

—Edward te necesita.

—¿Eh?

La improbabilidad de eso causa que haga una pausa, lo que hace que Alice llegue hacia ella a una velocidad inhumana y la impulse a ella y a su silla por la puerta, agarrando su bolsa al irse.

Afuera, Alice la rueda a través del pórtico de concreto con su silla hacia la acera que rodea la casa y hacia la cochera afuera.

—No ha pasado aún —explica Alice—, pero lo hará. Acabo de ver el accidente; estaba llenando las repisas, pero vi el accidente, le avisé a Jasper en su estudio y luego corrí hacia acá. Fue más rápido que si hubiera manejado por las calles con ese ridículo límite de velocidad de 40 km por hora en ciertas zonas. Ahora tenemos que apurarnos porque va a pasar aproximadamente en media hora. No podemos llegar a Atlanta para ese entonces, pero podemos llegar después. Es cuando te necesitará, de todos modos.

Alice había estado hablando demasiado rápido, de modo que los oídos humanos de Bella casi no pueden llevarle el hilo a lo que dice, pero las palabras aún hacen su corazón latir más fuerte. La naturaleza oscura y nefasta de la situación está en desacuerdo con el brillante día que lanza un arcoíris contra la piel de mármol de Alice. ¿Se había arriesgado a correr desde su tienda en la luz del sol de verano? Pero, después de todo, a máxima velocidad se mueve demasiado rápido como para que los humanos no distingan más que un contorno borroso.

—¿Qué accidente? —pregunta Bella mientras Alice la lleva por la cochera. Lleva demasiada prisa como para dejar que Bella se mueva por sí sola, aunque normalmente todos los Cullen están súper conscientes del deseo de Bella de movimiento independiente—. ¿Edward no se va a lastimar, o sí? —No cree que haya mucho que pueda lastimar a un vampiro.

—No Edward. Él está bien. Pero está trabajando. Está a punto de perder a su primer paciente. —Su voz está tensa y Bella mira sobre su hombro cuando llegan a la cochera. Alice abre la puerta trasera para poder entrar y rebusca entre la caja de llaves por una extra, luego corre hacia un viejo Porsche amarillo en el que Rose ha estado trabajando en las tardes. Rose (y su Tesla) están en la corte hoy, y Emmett (y su Jeep) están en el refugio trabajando en el calentador de agua. Eso deja solo la furgoneta nueva del refugio o el viejo Porsche. Claro que Alice elegiría el Porsche—. El perder un paciente… le pasa tarde o temprano a todos los doctores, pero este es un caso especial. —Alice le quita el seguro a las puertas, luego carga a Bella, casi aventándola sin ceremonias en el asiento del pasajero y desarmando su silla para ponerla atrás—. Edward está en el hospital infantil hoy.

—Oh —dice Bella, entendiendo por fin—. Es un niño.

—Sí.

La puerta de la cochera se está abriendo y Alice ya tiene el motor encendido. Suena un poco forzado pero por lo menos el motor está enel coche. La semana pasada no lo estaba.

Alice sale de la cochera rápidamente y se apresura a través de la entrada privada, en dirección a la pequeña carretera del condado hacia el sur.

—Rose puede preocuparse por su coche… —dice Bella.

—Le dejé una nota —dice Alice. Sus labios están apretados con determinación—. Necesito concentrarme, Bella. Debo mantener las visiones a un lado para poder manejar.

—De acuerdo —dice Bella y se queda callada, viendo el paisaje del norte de Georgia pasar a velocidades peligrosas. De vez en cuando, Alice baja al límite de velocidad—. Policía —explica la primera vez, y Bella ve el carro de policía escondido en una pequeña calle, pero ya que no es posible que la vean, Alice acelera de nuevo, deslizándose con gracia de un lado a otro por el leve tráfico en la carretera de dos carriles. A pesar de esto, termina atorada detrás de un camión de algún tipo, muy atrás en la línea y sin poder pasar. Aprieta los dientes y maldice en voz baja demasiado rápido y demasiado bajo como para que Bella le entienda. Luego, por fin, ya no hay obstáculos y no son forzadas a disminuir la velocidad hasta que llegan al Perímetro. Incluso ahí no tienen que ir tan despacio, ya que Alice se mueve alrededor de los coches más lentos hasta que la salida a la Interestatal 85 las lleva al corazón de la ciudad, Decatur, y la Universidad de Emory.

El Hospital Infantil de Egleston está localizado cerca del campus. Incluso con el techo y los vidrios ahumados, el sol brilla peligrosamente en los nudillos de Alice que sostienen el volante.

—Bella, no puedo bajarme del coche para armar tu silla y dejarte. Tendré que entrar al estacionamiento techado.

—Está bien. No sabría dónde encontrar a Edward de todas formas.

Alice toma la calle Clifton y pasa la fachada de cristal, dando vuelta en una calle secundaria para entrar al estacionamiento. Tienen que tener cuidado con el tráfico de peatones y los estudiantes de la universidad que caminan por ahí. Alice se estaciona, y luego se recarga en el volante por un minuto, solo respirando. Bella espera mientras Alice desencadena la fuerza de las visiones que habían sido reprimidas. Finalmente, levanta su cabeza, parpadeando.

—Está en el cuarto de espera de los residentes. Lo dejaron ir después de que informó a los padres.

Luego se está saliendo del vehículo, llega al lado de Bella para abrirle la puerta y saca la silla, acomodando las ruedas de golpe con tanta fuerza que Bella se alegra de que no haya nadie que observe cómo una jovencita que no mide ni uno cincuenta, ni pesa más de 40 kilogramos, y que está mojada hasta los huesos, maneja una silla de ruedas de titanio como si estuviera hecha de gomaespuma. Cuando tiene a Bella en la silla, la empuja con velocidad hacia los ascensores.

—¿Qué pasó exactamente? —pregunta Bella—. ¿Y por qué crees que Edward me necesita? ¿Qué puedo hacer? —Esa es la pregunta que ha plagado la mente de Bella durante todo el viaje.

—Unos niños estaban trepando árboles; uno se resbaló y se cayó. Se golpeó la cabeza con una raíz de un árbol. Rompió en dos su cráneo, pero no lo mató. Aún así, no había nada que Edward pudiera haber hecho…. Nada que nadie pudo haber hecho. Pero Edward… no le gusta perder, ni fallar. Está convencido de que si hubiera podido usar su velocidad completa, lo hubiera salvado. No hubiera podido. —Alice hace una pausa cuando el ascensor llega al sótano donde se encuentran las habitaciones de espera y descanso—. Las caídas en verano son comunes y también las heridas en la cabeza… La familia vive cerca, así que la ambulancia lo trajo al hospital infantil más cercano, pero es solo un centro de traumas de tercer nivel. Debió haber sido trasladado por aire al Scottish Rite en el norte de Atlanta, pero dudo que incluso ellos hubieran podido salvarlo. Muere en cada una de las visiones que he tenido. El equipo de cirugía estaba tratando de estabilizarlo lo suficiente como para moverlo, pero no había nada que pudieran haber hecho. Edward necesita que le digan que no había nada que pudiera hacer.

Bella voltea la cabeza para ver el rostro de Alice. Tiene esa mirada cristalina que lleva cuando está buscando visiones.

—¿Y por qué yo? —pregunta Bella de nuevo.

Alice se enfoca de nuevo y agacha la mirada. Con la luz del hospital, sus ojos se ven amarillos como los de un gato.

—Te necesita —dice Alice, como si fuera obvio. Bella empieza a preguntar por qué, pero se detiene. No necesita preguntar, no realmente. Solo se ha hecho la ciega innecesariamente.

Han llegado a un pasillo común y corriente y Alice se ha detenido detrás de una puerta con un tirador pesado de hierro. Toca la puerta. Por un minuto, nadie responde, luego se abre para revelar a un Edward abatido. El corazón de Bella se une al de él. Se ve… destrozado. Sus ojos están rojos de lágrimas que no puede derramar y sus irises que solían estar dorados se ven atenuados, sus hombros están caídos e incluso su piel perfecta se ve demacrada; su ceño está fruncido en confusión. Alice se avienta a sus brazos y lo estrecha fuertemente.

—No hay nada que pudieras haber hecho, Edward. Vine a decirte eso. —Luego se mueve para empujar a Bella hacia la habitación—. Te veré más tarde. —Y se va.

Bella sube la mirada para observarlo y él le parpadea. Se ve sorprendido, pero no está segura si es por su presencia o por el shock de ver a un niño morir bajo su cuidado.

—¿Edward? —dice suavemente.

Se hace a un lado.

—Pasa.

Rueda su silla y le pasa de lado. Hay tres camas en la habitación, o más bien, camillas, dos escritorios, un closet pequeño y una alacena pequeña con un microondas y una cafetera. Hay también un baño con regadera y taza de baño. No es una habitación grande, y por el momento está vacía aparte de Edward. No hay ventanas.

—Me hicieron irme —dice Edward. Sus manos, Bella se da cuenta, están temblando cuando él las mete en los bolsillos de sus pantaloncillos azules—. Supongo que Alice vio…

—Sí. Lo siento. —¿Y qué debe decir ahora? Esta es una nueva experiencia para ella… el consolarlo. En Forks, siempre le parecía mucho más mayor y con mucha más experiencia, y después de su reunión, era ella la que recibía consuelo siempre y cuando ella dejara que él se lo ofreciera. Él había sido el fuerte, el seguro de sí mismo, el que la sostenía. No se veía como nada de eso ahora. Como había pensado al verlo hace un rato, se veía destrozado—. Oh, Edward —le dice ahora, casi en un susurro, y actúa por instinto. Le extiende los brazos.

Él cae de rodillas en frente de su silla y pone su cabeza en su regazo. Es un gesto de rendición tan poderoso que la toma por sorpresa, siendo tan poco característico de Edward. ¿Pero lo es? Edward no es perfecto ni omnisciente. Es solo un doctor joven, su amigo, que ha perdido a su primer paciente y necesita un abrazo. Tal vez se creía un monstruo, pero puede sentir dolor, y puede llorar sin importar si sus ductos lacrimógenos funcionan o no. Pone una mano sobre su cabeza, pasando sus dedos por su cabello despeinado.

—Lo siento tanto —dice de nuevo, pero con sinceridad ahora, no con duda—. Lo siento, Edward. —Él no solloza. Solo se mantiene de rodillas y deja que ella dibuje círculos en su espalda y pase sus dedos por su cabello. Ella ya no habla. Ni él.

Finalmente, él rompe el silencio. Su voz es plana y seca, para nada melódica.

—Solo tenía ocho años… ocho. ¿En qué demonios estaban pensando sus amigos cuando lo dejaron subirse en ese maple tan grande? Su cerebro completo se hinchó por el impacto y no pudimos parar la hemorragia. No fue como las cirugías controladas. Solo sangró y sangró… —Abruptamente se ríe, pero suena más como si se estuviera ahogando—. Ni siquiera quería beber su sangre. Ni siquiera me pasó por la cabeza. Bueno, eso no es verdad. Lo hizo, pero solo en la periferia. Entiendo a Carlisle ahora; estaba demasiado enfocado en salvarlo como para pensar en comérmelo. Pero no lo salvé…

Se detiene y ahora sí solloza, pero sólo una vez, un sonido ahogado que no suena para nada diferente de su risa hace un rato. Bella se agacha para darle un beso casto al lado de su cabeza.

—Alice dijo que no hubieras podido hacer nada.

—Pude haber trabajado tan rápido como sé que puedo y al diablo las consecuencias…

—No, Edward. Dijo que no hubiera hecho ninguna diferencia. No lo hubieras podido salvar.

—Sólo tenía ocho…

—Shhh —dice y besa su cabello de nuevo. Se siente duro en sus labios. Regresa a tallar círculos en su espalda y hombros. Se ve frágil ante ella (lo que es gracioso considerando que es un vampiro), pero se da cuenta de que, sin importar lo que Alice haya sugerido, no es su propia falla lo que lamenta. Es la edad del niño lo que sigue repitiendo y lo que parece haberle lastimado tanto.

—Tuve que decirle a sus padres —logra decir finalmente—. Tuve que decirles que estaba muerto. Me agradecieron por intentar. Era su único hijo. No pueden tener otro. Son gente buena. Gente simple y buena. ¿Dónde demonios está DIOS, Bella? ¿Cómo puede un buenDios dejar que algo así pase? Nunca entendí eso. "Es la voluntad de Dios"… ¡Tonterías!

Bella no dice nada. No hay nada que decir. Edward necesita desahogarse y ella lo deja.

—Podía escuchar lo que pensaban cuando me agradecían. No estaban mintiendo. No me culpan. Pero yo sí. Debí haberlo salvado. Eso es lo que los doctores hacen. Salvamos gente. He matado… —Se detiene por un momento, luego continúa—. He matado… tantos. Necesito salvar gente. Entiendo a Carlisle ahora. Finalmente lo entiendo. —Se está repitiendo, pero ella siente que es importante y lo deja balbucear por un rato sin dejar de acariciar su cabello y rostro, hombros y espalda. Y en algún momento, se da el balance. Dar y recibir. No puede confiar sin que confíen en ella; no puede mostrarse débil a menos que se pueda mostrar fuerte también. La está dejando ser fuerte cuando él lo necesita.

Después de un rato, lo ayuda a pararse y lo deja que se acueste en la camilla que ha reclamado como suya y en la que pretende a veces dormir. Edward descansa con los ojos cerrados y ella se sienta con él. Tal vez cuarenta y cinco minutos o una hora después de su llegada, la puerta se abre para que otro residente entre.

—Vine a ver cómo estabas, amigo, ya que perdiste un paciente y todo… —El joven se detiene en la puerta, mirándola—. ¿Quién eres tú?

—Bella Jackson —dice Bella, volteando su silla y extendiéndole la mano. Detrás de ella, puede escuchar a Edward sentándose en su camilla—. Una vieja amiga —agrega, respondiendo la pregunta que se queda en los labios del joven.

—Oh. —Le toma la mano y la saluda—. Soy, eh, Chip Clayton. —Así que este es el infame "Chip". Tiene cabello café arena que cae sobre sus ojos color azul claro brillante, y sospecha que enamora a las chicas con facilidad. Hay un aire relajado en sus hombros mientras la observa a pesar de que sabe que ella no es una verdadera posibilidad para él. Es solo su hábito en presencia de una mujer—. ¿Así que conoces a Masen?

—Sí —dice Bella. Le acababa de decir justo eso, después de todo. Está tratando de sacarle más información, pero ella no va a dejar salir nada—. Estábamos a punto de salir a tomar un café. —Duda que Edward quiera estar atrapado en esta pequeña habitación con un Chip Clayton "compasivo"—. Fue un placer conocerte. —Voltea la cabeza para ver el rostro de Edward—. ¿Listo?

Su expresión es agradecida al levantarse para seguirla fuera de la habitación. Chip debe hacerse a un lado para que la silla pueda pasar a su lado mientras Edward mantiene la puerta abierta.

—¿Quieren compañía? —pregunta Chip.

Es metiche, Bella piensa.

—No —dice—, pero gracias por la oferta. —Es educado, pero final. Chip es forzado a regresar por donde vino o a quedarse en la habitación.

A unos quince metros de la habitación, por el pasillo, Edward dice:

—Gracias. Creo que lo hubiera ahorcado si hubiera tenido que lidiar con él hoy.

Bella le avienta una mirada furtiva. Las luces fluorescentes del techo hacen que su cabello cobrizo se vea deslustrado.

—El secreto para manejar a personas difíciles en conversaciones es mantener control del intercambio. No dejes que maneje la conversación.

—Lo mantendré en mente, doctora Jackson.

—No soy una doctora aún, Edward. Estoy muy lejos de serlo. Una disertación completa de serlo. Lo sabes.

No responde, diciendo:

—Viene Alice. —Y se detiene, volteando. Bella se detiene para ver y escucha los pies de Alice caminando por el pasillo detrás de ellos. Lleva zapatillas de ballet con suelas de piel y hacen un sonido como de cepillos en el piso de vinil. Abraza de nuevo a su hermano.

—No tenías que irte, sabes —le dice Edward.

Ella solo se encoje de hombros y sonríe a medias, viendo a Bella. Bella no necesita leer mentes para saber lo que está pensando. Edward necesitaba desahogarse, pero no hubiera podido romperse en frente de las dos. Orgullo masculino. Que una persona haya visto había sido suficientemente difícil para él. Tal vez él y Alice nacieron en el mismo año, y tal vez ella era mayor cuando fue transformada, pero él aún se ve como el hermano mayor. Bella recuerda la sensación del cabello de Edward en sus dedos y su cabeza en su regazo, y le sonríe cuando él voltea a verla. Ya no ve perfección. Ve cabello despeinado y una vulnerabilidad voluntaria cuando él le sonríe un poco. Aún hay tristeza en sus ojos, pero le sonríe.