"Vale, Tsubasa-chan. Como lo hemos planeado, ¿de acuerdo?" Susurró Kotori.
"De acuerdo. A la de tres: una… dos… y…"
"¡Buenas tardes! Esta tienda es preciosa. ¿Podría decirme qué son esas flores de allí?"
El dependiente de la floristería miraba con perplejidad como una joven japonesa hablaba enérgicamente en un idioma que no lograba comprender.
"Perdone, señorita… No entiendo lo que me dice."
En ese instante, Kotori se dio cuenta de que no tenía ni la más remota idea de español, así que intento hacer buen uso del inglés que les habían enseñado en la preparatoria.
Mientras la heredera de la familia Minami hacía el mayor de sus esfuerzos por hablar un idioma extranjero, Tsubasa, la líder de A-Rise, la mayor Idol de todo Japón, buscaba un lugar donde apoyar los pies para conseguir bajar del techo aquella lámpara.
Estaban a mitad de la tarde, en una floristería valenciana intentando robar sin que nadie se diese cuenta una lámpara ligeramente parecida a la reliquia de la familia Ayase que habían hecho pedazos por culpa de un estornudo de Honoka, una lámpara que a la mañana siguiente tenía que estar limpia y reluciente colgando encima de la mesa donde las novias tendrían su banquete.
Por otro lado, Hanayo y Rin intentaban hacer de una paella, un plato típico español compuesto de arroz, pollo y conejo, una tarta de boda. Maki y Nico, aún en Escocia, ponían en marcha su extraño plan para llegar a la ceremonia matrimonial a tiempo. Honoka y Umi, a duras penas, intentaban hacer de aquel local un restaurante digno de un banquete de boda. Y, finalmente, Eli y Nozomi disfrutaban del día antes de su matrimonio sin enterarse de ninguna desgracia como una pareja de enamoradas.
Mientras Kotori intentaba distraer el dependiente, Tsubasa había conseguido colgarse de la lámpara. Pero cuando estaba a punto de desengancharla del techo, le dio una patada a un tiesto de amapolas, que a su vez tiró un tiesto de rosas, que tiró también un tiesto de geranios, que acabaron haciendo un efecto dominó por toda la floristería.
"¡Eh, vosotras! ¿Qué hacéis con esa lámpara? ¡Habéis destrozado mi negocio!" Gritó el dependiente enfurecido.
Tsubasa cogió la lámpara como si fuese el mayor tesoro jamás encontrado y empezó a correr, y cuando Kotori se dispuso a hacer lo mismo, el señor la agarró del brazo con fuerza.
"¿A dónde te crees que vas? ¡Vais a pagar todos los daños causados!" Gritó.
"¡Que te crees tú eso!" Respondió la peligris, propinándole un cabezazo en la nariz que le dejó inconsciente. Después del caos montado, salieron corriendo de vuelta al local donde Honoka y Umi las estaban esperando.
"Las señoras de la tienda de arroz han sido muy amables-nya."
"La verdad es que sí, Rin-chan. Espero que a Eli-chan y a Nozomi-chan les guste esta magnífica tarta."
Las dos jovencitas de primer curso de preparatoria caminaban bajo las calurosas calles de Benidorm a última hora de la tarde arrastrando un carrito que las dependientas de la tienda de arroz donde habían encargado la locura de tarta de paella les habían prestado. En ese carrito, llevaban una tarta de diez pisos que pesaba un montón, pero ambas parecían muy contentas con el resultado y esperaban que a todo el mundo le encantase.
Mientras tanto, en el aeropuerto principal de Edimburgo, capital de Escocia, las responsables de llevar los anillos maquinaban un plan. Para ser exactos, era la joven pianista pelirroja, Maki, la que había tenido aquella locura de idea, y Nico, resignada, solo imitaba lo que ella hacía.
"¿Te he dicho ya que estás loca?"
"Cinco veces, concretamente." Repuso Maki.
"Estás loca."
"Ya van seis."
Se intentaban colar de nuevo en la zona de cintas donde las maletas de todos los pasajeros aparecían después de haber sido bajadas del avión. El plan de la pelirroja era conseguir una, una concreta, una que tuviese en su interior algo que necesitaban.
Como verdaderas ladronas infiltradas vestidas con atuendos que no llamasen la atención, entraron a buscar las maletas con la excusa a los guardias de que habían olvidado una. Nico, por su parte, estaba sudando a causa de los nervios y prefería dejar que fuese Maki la que hablase. En su silencio nervioso, pensaba que su querida compañera pelirroja actuaba demasiado bien como para ser la primera vez que había hecho algo así. Su actitud le hacía dudar.
Mientras Maki buscaba una maleta concreta con ojos de lince, Nico se acercó a ella y le susurró:
"¿Has robado algo a parte de maletas?"
"No. ¿Por qué?" Respondió ella, sin apartar la vista de las cintas que no cesaban en su movimiento continuo.
"Porque pareces profesional."
De repente, las mejillas de la pelirroja se cubrieron con un leve sonrojo similar al de su cabello. "E-Estuve en el club de arte dramático en el colegio…"
Hizo una pausa, Nico la miraba perpleja.
"…Tuve que hacer el papel de Don Juan Tenorio…"
Y Nico estalló en una sonora carcajada.
"¿Don Juan Tenorio? ¿En serio?" Logró decir entre carcajadas.
Sonrojada hasta las orejas, Maki divisó la maleta que buscaba, Disimuladamente se acercó a ella como si fuese suya y la cogió sin levantar la más mínima sospecha.
Nico, seguía riéndose.
"No me lo puedo creer. La madura y estirada Maki-chan, el roba corazones don Juan Tenorio." Decía entre risas. "¿Puedes decirme alguna de tus frases?"
Maki intentó con todas sus fuerzas no pegarle un puñetazo, y con su aún duradero sonrojo, se arrodilló en medio del aeropuerto.
"¿No es cierto, ángel de amor
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador,
llamando al cercano día
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?"
Y Nico, la mejor Idol del universo, la más guapa y la más mona, se desmayó.
A/N: Espero con toda mi alma que no me asesinéis vilmente por mi tardanza. No creáis que no me he estado acordando de vosotros todo este tiempo; para un escritor de FanFiction, lo mejor de todo son aquellas personas que leen sus historias, y por supuesto, tengo muchos nombres de usuario en mi cabeza que me acompañan en mi memoria todos los días. Espero que hayáis disfrutado de este capítulo. Ante nada, más vale tarde que nunca.
¡Hasta la próxima!
