*se golpea en los hombros* Well hello, por fin aquí después de un par de horribles semanas de exámenes, y si, siempre tengo exámenes. Incluso he pasado mi cumpleaños estudiando, otra cosa que no me permitió actualizar fue que todo el mundo quería celebrar mi cumpleaños y yo solo quería dormir y escribir.

Bueno esto ya va acabando, disfruten.


La casa estaba vacía. Debía apresurarme. Rachel debía estar aterrada esperándome.

Subí corriendo hasta la puerta y me estiré con un gesto maquinal para tomar la llave de debajo del alero. Abrí la puerta. El interior permanecía a oscuras y deshabitado, todo en orden. Volé hacia el teléfono y encendí la luz de la cocina en el trayecto. En la pizarra blanca había un número de diez dígitos escrito a rotulador con caligrafía pequeña y esmerada. Pulsé los botones del teclado con precipitación. Sólo sonó una vez.

—Es un placer volver a oírte, Jacob. — Contestó James con un tono de voz un tanto animado.

— ¿Cómo está mi hermana?

—Está estupendamente. Y seguirá así, pero solo si has conseguido deshacerte de tus amiguitos y estás solo. —dijo esto con despreocupación, casi divertido.

—Estoy solo.

—Muy bien. Ahora, dime, ¿conoces el estudio de ballet que se encuentra justo a la vuelta de la esquina de tu casa?

—Sí, sé cómo llegar hasta allí.

—Bien, entonces te veré muy pronto.

Colgué. Salí corriendo de la habitación y crucé la puerta hacia el calor achicharrante de la calle. Di gracias a todos esos años jugando con los chicos de la reserva y el deporte que practicábamos en el instituto porque mis pies nunca habían corrido más rápido antes.

El sol me quemaba la piel; brillaba tanto que su intenso reflejo sobre el cemento blanco me cegaba.

Al doblar la esquina pude ver el estudio de ballet al final de la calle, de repente todo el pánico y el cansancio físico me cayó encima, notaba como mis piernas fallaban y un dolor en el pecho comenzaba a asfixiarme, me veía incapaz de llegar hasta el estudio de ballet, ni si quiera de dar un paso más.

El recuerdo de Rachel invadía mi cerebro haciendo que sacase las fuerzas de donde no las tenía.

Al acercarme vi el letrero colocado por la parte interior de la puerta. Estaba escrito a mano en papel rosa oscuro: decía que el estudio de danza estaba cerrado por las vacaciones de primavera. Aferré el pomo y lo giré con cuidado. Estaba abierto.

Me esforcé por contener el aliento y abrí la puerta.

Ni si quiera me di cuenta de las salas por las que estaba pasando, tocaba toda las puertas y me concentraba en no caerme teniendo en cuenta que todo estaba a oscuras y aun habían algunas cajas esparcidas por el suelo.

La rabia y la impotencia empezaban a cegarme. Entonces, la voz de mi hermana me llamó con el mismo tono de pánico e histeria.

— ¿Jacob? —Me precipité hacia la puerta, hacia el sonido de su voz—. ¡Jacob, ven aquí! —Continuó hablando mientras yo entraba corriendo en el aula de techos altos—. ¡Jacob, no hagas eso y ven conmigo, vamos a casa!

Miré a mí alrededor, intentando descubrir de dónde venía su voz. Entonces la oí reír y me giré hacia el lugar de procedencia del sonido. Y allí estaba ella, en la pantalla de la televisión, alborotándome el pelo con alivio.

Recordaba ese día, Rachel y Rebecca hacían ballet en aquel estudio y ese día tenían una presentación, yo era un niño pequeño y cuando me aburrí me dediqué a explorar el estudio hasta que mi hermana me encontró. La pantalla del televisor se puso azul.

Me volví lentamente. Inmóvil, James estaba de pie junto a la salida de emergencia, por eso no le había visto al principio. Sostenía en la mano el mando a distancia. Nos miramos el uno al otro durante un buen rato y entonces sonrió. Caminó hacia mí y pasó muy cerca.

—Lamento haber tenido que engañarte querido Jacob, pero si lo piensas ¿no es mejor que tu dulce hermana siga a salvo? —dijo con voz cortés, amable.

Un clic sonó en mi cerebro, mi hermana estaba bien, probablemente nunca había estado ni si quiera cerca de sufrir ningún peligro, extrañamente me sentía más aliviado que furioso por aquello.

—Sí —contesté seguro.

—No pareces enfadado porque te haya engañado.

—La verdad, es que no lo estoy. Mi hermana está bien, ¿qué importa ya lo demás?

— ¡Qué extraño! Lo piensas de verdad —sus ojos oscuros me examinaron con interés. El iris de sus pupilas era casi negro, pero había una chispa de color rubí justo en el borde. Estaba sediento—. Entiendo que el chico de los Cullen esté tan fascinado contigo, aun siendo un hombre. Eres una criatura demasiado atrayente para cualquiera Jacob.

Se encontraba cerca de mí, con los brazos cruzados, mirándome con curiosidad. Ni el rostro ni la postura de James mostraban el menor indicio de amenaza. Tenía un aspecto muy corriente, no había nada destacable en sus facciones aunque parecía estar debatiéndose interiormente.

—Supongo que ahora vas a decirme que tu novio te vengará —aventuró casi esperanzado, o eso me pareció.

—No, no lo creo. Yo puedo solucionar mis problemas solito, ¿sabes?

— ¿Y no crees que venga con su familia a por su querido?

—¿La verdad? Espero que no.

—Humm. Bueno, en tal caso, tenemos expectativas distintas. Como ves, esto ha sido demasiado fácil, demasiado rápido. Para serte sincero, me siento decepcionado. Esperaba un desafío mucho mayor. Y después de todo, sólo he necesitado un poco de suerte. En fin, espero que te equivoques con tu novio. Se llama Edward, ¿verdad?

Sabía que en mi condición no tenía ninguna posibilidad contra un maldito vampiro psicópata, pero tampoco pensaba darle lo que quería en bandeja de plata.

— ¿Te molestaría que le dejásemos una imagen un poco más ilustrativa a tu querido Edward?

Dio un paso atrás y pulsó algo en una videocámara del tamaño de la palma de la mano, equilibrada cuidadosamente en lo alto del aparato de música. Una diminuta luz roja indicó que ya estaba grabando. La ajustó un par de veces, ampliando el encuadre. Lo miré horrorizado.

—Lo siento, pero dudo de que se vaya a resistir a darme caza después de que vea esto. Y no quiero que se pierda nada. Todo esto es por él, claro. Tú simplemente eres una recompensa demasiado apetecible para negarme a ella.

— Quita esa basura de mi cara ahora mismo. — Intenté apartarme de él como podía pero su mano libre se cerró entorno a mi barbilla dejándonos a una distancia peligrosa.

—Antes de que empecemos. Hay algo que me gustaría restregarle un poco por las narices a tu novio. La solución fue obvia desde el principio, y siempre temí que tu Edward se percatara y echara a perder la diversión. Me pasó una vez, oh, sí, hace siglos. La primera y única vez que se me ha escapado una presa. E1 vampiro que tan estúpidamente se había encariñado con aquella insignificante presa hizo la elección que tu Edward ha sido demasiado débil para llevar a cabo, ya ves. Cuando aquel viejo supo que iba detrás de su amiguita, la raptó del sanatorio mental donde él trabajaba y la liberó de la única forma que tenía para ponerla a salvo. La pobre criaturita ni siquiera pareció notar el dolor. Cuando abrió los ojos fortalecida con su nueva juventud, fue como si nunca antes hubiera visto el sol. El viejo la convirtió en un nuevo y poderoso vampiro, pero entonces yo ya no tenía ningún aliciente para tocarla —suspiró—. En venganza, maté al viejo.

—Alice —dije en voz baja, atónito.

—Sí, tu amiguita. Me sorprendió verla en el claro. Supuse que su aquelarre obtendría alguna ventaja de esta experiencia. Yo te tengo a ti, y ellos la tienen a ella.

Levantó un mechón de mi pelo y lo olió con delicadeza. Entonces, lo puso otra vez en su sitio con dulzura y sentí sus dedos fríos en mi garganta. Alzó luego la mano para acariciarme rápidamente una sola vez la mejilla con el pulgar, con expresión de curiosidad. Deseaba poder apartar esa mano de mi pero tuve que contenerme.

—No —murmuró para sí mientras dejaba caer la mano—. No lo entiendo —suspiró—. En fin, supongo que deberíamos continuar. Luego, podré telefonear a tus amigos y decirles dónde te pueden encontrar, a ti y a mi mensajito.

El cazador retrocedió un paso y empezó a dar vueltas en torno a mí con gesto indiferente, como si quisiera obtener la mejor vista posible de una estatua en un museo. Su rostro seguía siendo franco y amable mientras decidía por dónde empezar. Entonces, se echó hacia atrás y se agazapó en una postura que reconocí de inmediato. Su amable sonrisa se ensanchó, y creció hasta dejar de ser una sonrisa y convertirse en un amasijo de dientes visibles y relucientes.

Sin pensar muy bien en lo que estaba haciendo eché a correr, mis piernas no me respondían muy bien pero aun así logre llegar hasta la salida de emergencias. Lo tuve delante de mí en un abrir y cerrar de ojos. Actuó tan rápido que no vi si había usado los pies o las manos. Un golpe demoledor impactó en mi pecho y me sentí volar hacia atrás, hasta sentir el crujido del cristal al romperse cuando mi cabeza se estrelló contra los espejos. El cristal se agrietó y los trozos se hicieron añicos al caer al suelo, a mi lado.

Se acercó muy despacio. —Esto hará un efecto muy bonito —dijo con voz amable otra vez mientras examinaba el caos de cristales—. Pensé que esta habitación crearía un efecto visualmente dramático para mi película. Por eso escogí este lugar para encontrarnos. Es perfecto, ¿a que sí?

Le ignoré reuniendo las fuerzas de quien sabe dónde y levantándome como podía. Se abalanzó sobre mí de inmediato y me pateó con fuerza la pierna.

— ¿Te gustaría reconsiderar tu última petición? —me preguntó con amabilidad. Me golpeó la pierna rota con el pie. — ¿Sigues sin querer que Edward intente encontrarme? —me acució.

—Ni en tus mejores sueños dejaría que Edward te encontrase, chupasangres.

Mi garganta estaba seca pero reuní lo que supuse fuese saliva y sangre suficiente para escupirle a los pies.

Entonces, algo me impactó en la cara y me arrojó de nuevo contra los espejos. Por encima del dolor de la pierna, sentí el filo cortante del cristal rasgarme el cuero cabelludo. En ese momento, un líquido caliente y húmedo empezó a extenderse por mi pelo a una velocidad alarmante.

Los ojos de James, que poco antes sólo mostraban interés, ahora ardían con una incontrolable necesidad. La sangre, que extendía su color carmesí por la camiseta blanca y empezaba a formar un charco rápidamente en el piso, lo estaba enloqueciendo a causa de su sed. Oí el rugido, como de una bestia brotar de su pecho y pronto sentí como el peso de su cuerpo me aprisionaba, no podía mover casi ninguna de mis extremidades debido a los golpes y los numerosos cortes, aun podía sentir los cristales a mi alrededor.

Conseguí revolverme intentando en vano liberarme de él, pronto la presión de su cuerpo se hizo más notoria y lo siguiente que recuerdo era una total oscuridad.


Bueno, la verdad espero acabar pronto con esta historia, tengo ganas de cerrar esa etapa.

Agradezco mucho los reviews, aunque entiendo que con lo poco regular que soy con las actus perdáis el interés en la historia, aun así muchas gracias a los que comentan. En especial a Joe que si bien no puedo responderle en condiciones a su review espero que tenga suerte con sus exámenes y que me encanta leerle siempre por aquí.

Puede que si dejáis comentarios esta vaga autora acabe ya con vuestra tortura así que, sed buenos.