Capítulo 26: El juego
¿Debería desearle suerte?
A pesar de estar corriendo por el castillo, tratando de llegar al Gran Comedor para poder comer algo antes del partido, luego de un duro amanecer que involucro discusiones, varios intentos de contacto mental por parte de Sophia y, finalmente, mi cuerpo colgando de cabeza, es esta la pregunta que corre por mi mente.
¿Debería hacerlo?
Probablemente sea demasiado tarde para hacerlo, en estos momentos debe estarse dirigiendo a los camerinos, si es que no está en ellos ya; al fin y al cabo, el partido inicia en media hora. El tiempo justo para llegar al Gran Comedor, agarrar lo que todavía no haya desaparecido y comerlo de camino al campo de Quidditch. Con todo y eso, apenas tendríamos tiempo de encontrar un lugar en la abarrotada grada para ubicarnos.
Thalia corre a mi lado, con el cabello alborotado y los ojos brillantes; mientras despotrica en contra de Sophia, por su obsesión con el poder de la mente, el equilibrio emocional, por su mal estado físico y no sé qué más cosas más. Seguramente, el hecho de que ella, en vez de correr con nosotras, decidiera gritarnos lo que quería comer no contribuyo a mejorar su humor. Verla desarreglada después de una semana de femme fatale es casi desconcertante, pero más que una pronta rendición o un estrepitoso fracaso, estoy segura de que puedo atribuírselo al partido. Me pregunto que se traerá entre manos y hasta cuando pretende seguir jugando así; de cierta forma, creo que está cavando su propia tumba. No hay hombre que aguante tanto, ni siquiera Chris.
Ni siquiera entiendo quién es realmente Chris para ella, pienso un segundo después. Todo en ella es complicado.
Como si yo no fuera igual…
Con Thalia a mi izquierda corremos hasta que diviso, justo al frente de nosotras pero aún a cierta distancia, el Gran Comedor, y a mi derecha, mucho más lejos, diviso la cancha de Quidditch, a donde la mayor parte de la población estudiantil se dirige. Entonces, ¿debería hacerlo? Es lo que una amiga haría, pero no puedo evitar preguntarme cómo lo tomaría él.
Merlín, demasiadas preguntas por algo tan simple. Lo hago o no, debo decidir ahora. Y la respuesta viene sola, como un recuerdo. El último partido, cuando en medio del juego el bateador de Hufflepuff le lanzó una bludger y Black no alcanzó a protegerlo. Aun cuando todavía no me agradaba, puedo recuerdo su cuerpo caer precipitadamente y terminar con un ruido tan sordo que se me olvido respirar. Duró un día en la enfermería.
- ¡Lia! –la llamo entre jadeos- Por favor, llévame algo –le digo deteniéndome, ella baja la velocidad- y dile a Jason que lo veré allá.
Y con eso cambio de dirección. No sé que estoy haciendo, ni tampoco porqué, pero no me detengo a pensarlo, no dudo, solo corro en dirección a los vestuarios. El aire helado choca contra mi rostro, congelándome, y mis pulmones se quejan por el esfuerzo. Mis piernas también se protestan por mi carrera por todo el castillo, pero sigo estando lejos de las canchas, los vestuarios y, por lo tanto, de él.
Una parte de mí se pregunta por qué corro, cuál es mi prisa, qué le voy a decir. El impulso que se ha apoderado de mí hace un esfuerzo por ignorarlo, sin embargo, a medida de que el esfuerzo aumenta, mi mente comienza a prestarle atención y a medida de que la escucho aminoro el paso. Solo es un partido y solo es James Potter, ¿por qué la prisa?
Sé que no tiene lógica, pero quiero hacerlo. Me detengo en seco. Si voy a hacer algo tan tonto por un impulso salido de cualquier parte, al menos lo haré con dignidad, nada de jadeos en busca de aire, frentes sudadas en pleno invierno, tartamudeos ni cabellos despeinados. No, haré algo completamente ilógico y anormal como si fuese lo más común del mundo. Me arreglo la ropa y el cabello y vuelvo a caminar. Me acomodo la bufanda y me pregunto cómo me veré. Un hormigueo corre por mi cuerpo.
Tal vez sea demasiado ir directamente a los vestuarios minutos antes del partido. Tal vez pueda parecer mucho más de lo que quiero que sea. Si soy honesta, con esto ya serían dos acciones completamente fuera de lo común que hago en un periodo de tiempo menor a 24 horas por culpa Potter.
Porque lo que hice ayer solo se puede describir como irracional.
El recuerdo me hace sentir incomoda. No quiero pensar en ello porque implica pensar en por qué actué así. No quiero hacerlo y tampoco es el momento. Tengo más cosas por las que preocuparme, como que estoy a menos de un metro de los vestuarios, acercándome paso a paso, sin haber decidido si voy a hacer lo que parece que estoy a punto de hacer.
¿Y qué se supone que le voy a decir? Ni siquiera he pensado en cómo conseguir que salga de los vestuarios.
Tal vez debería dar vuelta y huir.
Sin embargo, sigo andando y me detengo al frente de los vestuarios. Recuerdo que la última vez que estuve aquí mi relación con Potter dio un giro para siempre. Aquel día también dude antes de llegar pero continúe, tal vez más de lo que debí. Esta vez sé mejor que entrar sin pensar a los vestidores.
Siento subir un rubor a mi rostro por la imagen que vuelve a mi mente. Su ancha y atlética espalda, su piel bronceada, sus brazos fuertes, sus largas piernas…
Me estoy volviendo una pervertida, pienso con gracia.
Concéntrate, Lily.
Si alguien me ve aquí parada pensará que estoy dudando y todo será mucho más vergonzoso. Ya estoy aquí, no hay más que hacer, lo único que queda es llamarlo, desearle buena suerte y largarme. Con la frente en alto, el cabello ordenado y la mirada firme. Como si fuese algo de todos los días. No como si estuviera nerviosa, fuese un evento único y, probablemente, estuviera a punto de dejar a Potter de una pieza.
El orgullo ante todo. Pero… ¿cómo hago que salga?
Un par de ojos castaños responden mi pregunta. Es Katie, la buscadora del equipo, que me mira sorprendida y hasta un poco intimidada, desde la puerta de los vestidores. Por su rostro seguramente salió a tomar aire antes del famoso discurso de Potter y tener que enfrentarse a la pequeña pelotita dorada. Está pálida y me mira como tratando de descifrarme sin tener que hablarme; creo que le doy miedo, o al menos eso entiendo de su postura, pero no comprendo por qué. Decido tomar la oportunidad y dar el primer paso.
- ¡Katie! –exclamo entre sorprendida y aliviada- Sé que esto no es normal y tal vez no del todo aprobado, pero ¿podrías pedirle a Potter que salga? No me demoraré nada.
Ella se aclara la garganta.
- Él… está un poco estresado –ella parece pensarlo un momento- supongo que si consigo que salga, tú podrías ayudarnos
¿Si consigue que salga?
- ¿Vienes a regañarlo? –me pregunta confundida y yo niego con la cabeza ¿Por qué haría eso?
- No me demoraré ni un minuto, no quiero distraerlo. –ella parece pensarlo un momento.
- Ya vuelvo.
No se demora más de un minuto, se asoma por la puerta y me hace una seña de que todo está bien, pero la pequeña sonrisa que está en su rostro se vuelve desconfiada por un segundo. Se acerca a mí y me dice en un tono bajo:
- No lo distraigas demasiado. –Y suelta una risita muy familiar.
¿Qué se supone que significa eso?
No me da tiempo de pensarlo ni preguntarle, porque enseguida Potter sale por la puerta con una mirada llena de sorpresa. Katie vuelve a entrar sin decir más y puedo suponer que está tratando de suprimir una sonrisa pícara. Potter se acerca a mí, se ve más alto e imponente con el uniforme; tiene ojeras bajo sus ojos, lo que es sorprendente ya que durmió toda la noche sin inmutarse, y, por una vez, está serio y concentrado al mismo tiempo.
Merlín, mi rostro debe parecer un faro de navidad.
- Buena suerte hoy –le digo sin rodeos, lo que hace que levante las cejas y me mire confundido.
- ¿Qué haces aquí? –pregunta incrédulo, yo controlo el impulso de rodar los ojos.
- Vine a desearte suerte –le digo en el tono más casual posible. Parece como si Potter se hubiese desconectado de su cuerpo.
- ¿Por qué? –yo lo miro queriendo hechizarlo.
Nunca más haré algo tan estúpido.
Mi mirada parece sacudir sus neuronas porque en ese instante sus ojos y su boca se abren con una expresión curiosa.
Y de repente, está a un paso de mí, con ambas manos sobre mis hombros, mirándome con ojos brillantes.
- Lo siento Lily, me sorprendiste… y gracias –dice con una voz sin arrogancia, en tono bajo- ganaré por ti.
- Ahora estás diciendo idioteces –le respondo rodando los ojos.
Sigo avergonzada, pero él ríe y yo no puedo evitar una sonrisa irónica. Por algún motivo me siento aliviada en medio del embarazo.
- Tienes que concentrarte, nos vemos luego.
- Creo que lo hiciste imposible –se burla.
-Más te vale que no o Katie me matará.
-¿Qué tal un beso de buena suerte? –dice, ignorando mi comentario- He escuchado que son eficaces.
Sonríe con picardía, yo le devuelvo una sonrisa traviesa.
- Está bien –él abre sus ojos exageradamente- dile a Sirius que salga.
Potter suelta una carcajada.
- ¿Para que sirva como nuestro testigo?
- Más bien como el afortunado.
- En ese caso prepara tus labios, pelirroja –escucho la voz de Sirius a mi derecha y me sobresalto. Potter lo mira con mala cara.
- Antes te los quitaría, Canuto. -le dice en tono serio.
Sirius suelta una carcajada perruna.
Esa risa…
- Ya te he dicho que no me gustan psicóticas.
- Justo mi debilidad –ambos se ríen.
¿Me acaban de llamar psicótica?
- ¿Se puede saber…
- Ya es hora del discurso, capitán –se mofa Sirius, interrumpiéndome.
Potter lo mira como si quisiera aplastarlo.
- Ya voy –y le lanza una mirada significativa, que Sirius capta, por lo que me guiña un ojo y vuelve a entrar.
- No olvides gritar cuánto me quieres, solo para inspirarme.
Se encoje de hombros como si fuera lo más lógico del mundo. Yo suelto una carcajada y luego lo miro con intensidad.
-Buena suerte en el partido de hoy –digo sin apartar mi mirada de la suya- y no te caigas de la escoba.
Él me regala una media sonrisa, sus ojos brillan con ternura.
- Gracias, pelirroja. Y si me caigo, espero verte al lado de mi cama en la enfermería –me guiña un ojo.
Yo le sonrió y respondo irónica, pero sin fuerza:
- No esperes tanto.
Él me sonríe de medio lado y me mira con cierto brillo en sus ojos, yo me doy media vuelta para irme y entonces escucho una voz suave.
- James.
Por un segundo todo mi cuerpo se queda quieto, como si una corriente eléctrica lo hubiese paralizado, y entonces me muevo, demasiado rápido para poder disimularlo, giro mi cabeza para verla a ella y luego mirarlo a él. Ambos me miran. Yo tomo aire y trato de disimular la expresión de mi rostro, que espero que sea de sorpresa y no de confusión, finjo una sonrisa y trato de buscar una excusa.
Nada viene a mi mente, solo preguntas.
Christine está parada a tres pasos de mí, con su dorado cabello recogido en una trenza perfecta, que a duras penas le llega al cuello. No lleva el emblema de ningún equipo y tiene el rostro sonrosado por el frío, lo que la hace ver adorable. Justo en frente de ella, Potter me mira confundido.
- Yo… adiós –les dedico una falsa sonrisa y me doy la vuelta lo más tranquilamente que puedo aparentar.
Mierda, tartamudeé.
Tengo que resistir las ganas de voltear a mirar o de correr. No entiendo por qué pero mi cabeza es un caos y me siento sorprendida y ansiosa, junto con una sensación que no logro sacudir.
¿Por qué está ella aquí?
Claramente, vino a hacer lo mismo que yo, pero sus intenciones y la confianza que se necesita para hacerlo me confunden. No es como si no supiera sus sentimientos hacia Potter, la manera en que lo mira y como actuó ese día en el café los dejaron más que claros, pero normalmente, Potter ya la habría rechazado después de esa cita. Solo pocas veces trató de mantener una relación y mantuvo contacto con la chica del momento.
¿Eso significa que Christine no era solo una cita para arruinar la mía?
Ese pensamiento me inquieta, por una razón que no logro discernir. Inquietud, confusión y muchos pensamientos arremolinados bullen en mi interior. Algo no está bien.
¿Por qué fue ella hasta los vestidores? ¿Qué está pasando entre Christine y Potter?
Jason está al lado de la tribuna de Gryffindor, hablando con Sophia. Ella está emocionada, lo sé por el movimiento de sus manos y por como su atención, en vez de centrarse en la conversación, parece estar en todo lo que la rodea. La magia del Quidditch está actuando en ella. Yo intento alejar todos los pensamientos que me apabullan y compongo mi expresión en el mismo momento en que Jason me ubica y hace una seña para que me acerque.
- ¿Estas bien? –me pregunta- Tienes una expresión extraña.
Jason tiene algunas ojeras y la nariz algo roja por el frío. Su cabello castaño brilla bajo la tenue luz del sol, que amenaza con desaparecer para darle paso a una tormenta. Lleva puesta una bufanda naranja y guantes azules. Una broma muy a su estilo. Yo sacudo la cabeza para indicarle que no es nada y en un intento de sacar todos los pensamientos de mi mente.
- Solo vi algo desagradable –respondo recomponiendo mi expresión- ¿Y Thalia?
- Detrás de ti –escucho una voz en mi espalda.
Yo me giro algo precipitadamente para encontrarla acompañada de Elanor, con un par de panecillos en sus manos y luciendo sorprendentemente perfecta, a pesar de haber estado corriendo conmigo 15 minutos atrás. Elanor nos sonríe a todos con voz cansada y Thalia me mira crípticamente por un segundo, yo niego con la cabeza sutilmente, para hacerle saber que ya le hablaré de ello después. Entonces me sonríe ampliamente y me tiende los panecillos.
- Toma, son para ti.
Sé exactamente qué significa su amabilidad pero aun así actúo como si no ocurriera nada. Tomo los panecillos, le agradezco y finjo que no me doy cuenta cuando le da un sutil golpe a Sophia con el codo. Elanor se da cuenta y me mira levantando una ceja.
- ¿Subimos?
Y subimos, los cinco juntos, sin toparnos con Michael, que seguramente prefirió una compañía más masculina. Yo voy comiendo los panecillos al lado de Jason, quien me protege de la multitud, mientras Sophia y Thalia, movidas por la anticipación, arrastran a Elanor en la búsqueda de un lugar; no tardan mucho en encontrarlo.
Solo olvídalo, Lily. Es Jason, tu amigo.
¿Cómo puedo darle la oportunidad de intentarlo cuando no puedo ni hablar con él?
¿Realmente podría tener algo así con él?
La tribuna está llena de emoción y yo me como el panecillo que me queda para evitar atorarme luego. Jason me dice algo y yo le respondo con un ruido de confusión. El ruido de las tribunas aumenta cada segundo, por lo que él se agacha para decírmelo al oído y yo, sin pensarlo, giro la cabeza bruscamente. Le pego en la nariz con mi coronilla, lo que hace que ambos soltemos una expresión de dolor, para luego reír.
Solo olvídalo, deja de pensar. Las respuestas llegaran solas.
Las risas disipan la tensión, mis hombros se relajan y me subo a una grada para sentirme más alta que él, por una vez. Él me hace señas para que baje y yo le saco la lengua, él se encoje de hombros y se da la vuelta para ignorarme y yo, haciendo acopio de valor y olvido, me lanzo encima de él gritando. Si no fuera por sus reflejos hubiésemos caído encima de Thalia; nos reímos a carcajadas, lo que hace que ella nos mire con una mezcla de enojo y ternura.
Bien, así deberíamos ser siempre.
En ese momento los jugadores salen al campo y el ruido del estadio se intensifica, yo me bajo de Jason y todos, menos él, gritamos cuando mencionan al equipo de Gryffindor. Por un instante, mi mirada se concentra en Potter, su expresión seria y decidida, la manera en que el uniforme lo hace ver atractivo y todas las dudas respecto a Christine amenazan como volver, por lo que decido apartar todo de mi mente. Me concentro en el equipo en general, todos están levantando sus escobas, y un viejo pensamiento cruza mi mente. No puedo creer que esté pensando en esto, pero aun así me acerco a Thalia y a Elanor y les susurro:
- ¿Se imaginan que se jugará sin camisas?
La carcajada que sueltan no tiene precedente, ambas me miran con una sonrisa pícara y Elanor me dice:
- Que traviesa, Evans.
El silbato suena y empieza el partido. El rugido del público crece y la energía llena mi cuerpo. Jason me mira y luego sonríe.
- Apostemos.
- Sabes que perderás.
- No estés tan segura.
Entrelazo mi meñique con el suyo y él sonríe con autosuficiencia. La Snitch empieza a escapar, la Bludger inicia su primer ataque y la Quaffle pasa de un jugador a otro.
Rojo contra amarillo.
Potter está completamente concentrado en el partido, zigzagueando aquí y allá, haciendo pases perfectos, anotando. Sirius también está completamente concentrado el partido, tratando de no perder de vista a las Bludger, volando a toda velocidad para repelerlas y soltando algunas risas o maldiciones de vez en cuando. Todos en las tribunas gritan, sin importar la casa, Thalia suelta un par de insultos, luego celebra. Con cada anotación de un equipo al otro Jason y yo intercambiamos una mirada o algún comentario.
El juego está reñido y la tensión se siente por todo el campo. De repente, Katie y el otro buscador se precipitan hacia el arco de Ravenclaw, bajando y subiendo en una carrera pareja y violenta que se detiene cuando una Bludger los convierte en su objetivo, lo que los obliga a desviarse lo suficiente como para perder a la pelotita dorada de vista.
Yo suelto un gruñido. Katie hubiese ganado esa carrera.
En una carrera acelerada, Potter pasa cerca de la tribuna trayendo consigo una ráfaga de aire helado, que solo sirve para elevar los ánimos. Las ovaciones se elevan y Sophia se aferra al borde de la grada, gritando con fuerza. Yo sigo con la mirada a Potter, que vuela a toda velocidad buscando la oportunidad de lanzar la Quaffle, mirando a su alrededor con las gafas prácticamente pegadas al rostro y el cabello despeinándose con el viento. Su uniforme se agita de tal manera que no me logro explicar cómo no le estorba.
Sin embargo, lo que menos me puedo explicar es cómo es que nunca me había dado cuenta de lo atractivo que se ve jugando.
Toda la sangre, que hasta el momento bombeaba por mi cuerpo al ritmo de los gritos, sube a mi rostro sin aviso y yo tratando de disimularlo gritando alguna maldición por el bloqueo del guardián de Ravenclaw.
¿En qué demonios estoy pensando?
Otra oleada de aire frío pasa por la tribuna resultado de la carrea furiosa de Sirius, quien al no alcanzar la Bludger antes de que golpeé a uno de nuestros cazadores, suelta una palabrota. Toda la tribuna la suelta con él. El cazador cae descontroladamente dando vueltas hasta el suelo y todos los espectadores sueltan una exclamación.
- Así es el deporte, amigos –me dice Jason, con su cinismo habitual. Yo le doy un codazo.
Vamos ganando, pero no por mucho, y con un cazador menos nos pueden alcanzar en cualquier momento.
- ¡Katie encuentra la Snitch de una buena vez! –grita Sophia.
Sirius parece furioso, mira amenazadoramente al bateador del otro equipo y vuela en dirección de nuestro otro bateador para decirle algo corto, antes de volverse a separar. Él vuela en dirección al arco de Ravenclaw, donde Potter acaba de hacer una anotación y repele una Bludger que iba en su dirección. Potter le sonríe y chocan las manos con una expresión satisfecha. En ese único instante en que dura la celebración en el campo puedo ver lo que Sirius me decía anoche.
Puedo ver que lo vale la pena para él y lo que es. Nada más importa, ni siquiera de donde viene.
El juego sigue en marcha. Ravenclaw anota otros tantos pero seguimos a la delantera. Los cazadores luchan violentamente por controlar la Quaffle y los ánimos de los bateadores se calientan mientras las Bludgers se desvían con mayor frecuencia. Ravenclaw anota de nuevo y su casa celebra ruidosamente. La cazadora de Gryffindor toma control de la Quaffle y vuela a toda velocidad antes de pasársela a Potter que se prepara para anotar.
El juego continua cada vez con mayor intensidad mientras los jugadores luchan con más vehemencia por anotar, desviar, atrapar, bloquear. Y entonces suena un rugido de emoción y el silbato retumba.
Katie tiene la Snitch.
Los jugadores se lanzan sobre ella apenas tocan el suelo, la abrazan, la levantan, al felicitan, Potter la sube en sus hombros con ayuda de Sirius. La tribuna no se queda atrás, todos gritan, la alaban, se abrazan. Thalia y Elanor se abrazan llenas de emoción, mientras gritan y saltan, y me atrapan en medio de su emoción. Sophia se gira y salta de alegría sobre Jason, quien la sostiene, y ella, en un segundo y sin darle a nadie tiempo de reaccionar, pasa sus brazos por su cuello y junta sus labios.
Thalia, Elanor y yo nos detenemos de inmediato y los miramos con la boca abierta. Jason está tan estupefacto que no se atreve a reaccionar, por suerte Sophia sí lo hace y se separa de él bruscamente. Esta sonrosada violentamente con una expresión llena de culpa. Sin embargo, al ver la cara de Jason, se recompone y se obliga a decirle, de la manera más casual posible.
- Jason no hagamos un show de esto. Un beso es un beso y no más, una forma del universo de celebrar cuando las cosas van bien.
No le da tiempo a Jason de decir nada, sino que escapa rápidamente, camuflándose entre las personas. Thalia y yo intercambiamos una mirada llena de sorpresa y diversión. Lo hizo otra vez. Jason recupera el control de sí mismo y me mira de inmediato, como midiendo mi reacción, y la carcajada que estaba a punto de soltar al mismo tiempo que Thalia se congela en mi garganta al darme cuenta de lo que Jason está buscando en mis ojos.
Yo trago saliva, bajo los ojos y niego con la cabeza.
El olvido es una ilusión.
Hola!
Por fin traje un capítulo dentro de un tiempo razonable, espero que lo disfruten aunque no es tan largo como los demás. Ya sabes, que cualquier comentario, halago o crítica es bien recibida ;)
Y gracias Naali por tu comentario! Trataré de publicar más seguido, aunque a veces la u no lo hace muy posible. Espero que disfrutes el capítulo!
Andrea
