Saludos! Queridos lectores x333
Pues sí .w. me he vuelto a retrasar... pero aparte de un problema con la inspiración que tuve, también tuve algunos problemas para avanzar en "esta parte" (no en este cap sino en el capitulo conjunto a este). Como acabo de solucionarlo hace cinco minutos 8DDD corrí a FF a postear este capítulo ^^U no podía ponerlo si no ponía el otro TwT mis disculpas.
El capítulo que sigue está bueno (a mi parecer .w.) porque Gaiomon hará lujo de su lado malvado como pocas veces hace 8D siempre es muy "correcto" en su forma de proceder, pero ahora se pondrá malvado xD bueno al menos a mi me resulta novedoso ponerlo asi .w.U Le daré su pequeño espacio a los Dioses Olimpicos, que también son en parte muy importantes en el fanfic :) espero que a alguien le hayan caído bien en lo que han aparecido (?)
No digo más 8D solo que como siempre, agradesco mucho a los que siguen este fic -poquitos, pero se los quiere mucho xD - y también sus reviews y opiniones ^^ me alegra saber que les va gustando cómo va avanzando la historia y que a algunos les ha caído bien Gaiomon; me hace reír xD
Aclaración de la autora: Todas las ideas y hechos narrados en esta historia son propiedad mía. Los personajes pertenecen exclusivamente a Bandai y a sus creadores. No escribo esta historia con fines de lucro, solo lo hago por diversión, fanatismo, amor, y mis continuos deseos de expandir el fandom de digimon, compartiendo mis ideas y creatividad con el resto de los fans de esta serie que nos enseñó a muchos a volar.
Segunda Temporada: Gaiomon, el terrible.
Capítulo 25
Un solo hombre.
Se habían reunido en el mismo lugar de la vez anterior, alejados por muchos kilómetros de la civilización y rodeados a lo lejos por un bosque muy silencioso y espeso. Solo les acompañaban enormes rocas y algunos montículos de piedra que salían del suelo, y una envolvente sensación de soledad. Cubiertos completamente por la oscuridad de la madrugada, ambos digimons guardaban silencio mientras muchas cosas pasaban por sus mentes. Ambos y sus respectivos grupos pasaban por un momento bastante difícil de asimilar, después de que una inesperada aparición de Examon acabase con la existencia de uno de los Generales de Lucemon, y las derrotas sucesivas que se estaban dando para los aliados. Duftmon había comenzado aquella guerra con una disposición mental completamente fija en la seguridad de su superioridad por sobre sus enemigos, pero con cada nueva batalla, comenzaba a dudar de los resultados posteriores. Lilithmon a su vez, veía como los suyos iban ganando terreno por sobre el enemigo, lo que le resultaba contradictorio, pues si bien ellos ganarían la guerra, no estaba segura de que fuera a querer vivir en el mundo que Lucemon tenía pensado construir. La mujer se volvió a ver al estratega, con una sombra de preocupación surcando su fino rostro.
-¿Crees que lo conseguirán en el siguiente encuentro?-preguntó despacio.
Cruzado de brazos y con sus ojos verdes puestos en la luna brillante que iluminaba el cielo, el digimon bajó un poco la cabeza y respondió.
-Da igual lo que yo crea; tenemos que conseguirlo. Con el área de la oscuridad, Lucemon ya posee tres regiones y amenaza peligrosamente el área del metal.
Lilithmon negó con la cabeza.
-No irán por el área del metal.-Duftmon se volvió a verla-Su siguiente blanco es el área del agua, y luego el área del viento. Se expandirán por el Este hasta encontrarse con el área mayor del sector del agua, después podrán invadir el Imperio del Metal. Luego tomarán las áreas del bosque, de la madera, del hielo y dejarán las dos últimas del fuego y la luz para invadirles con todo. No van a dejar nada.
-Ya veremos.-soltó el caballero mientras pensaba-¿Cuándo será su siguiente ataque y quien lo llevará a cabo?
-Phelesmon intentará tomar el sector menor del área del agua dentro de la próxima semana, y Gaiomon quiere lanzar un ataque esta misma.
-¿A dónde?
-No he podido enterarme de ello. Lo trató con Lucemon en privado.-respondió Lilithmon un poco apenada de no poder haber tenido esa información.
Duftmon hizo un gesto meditabundo. Paseó en círculos por el lugar con su cabello y sus alas al compás de sus pasos.
-Nos prepararemos para detener a Phelesmon; con Gaiomon habrá que estar alertas, pero será difícil contenerlo sin saber en dónde atacará ni con cuantos digimons.
-Por cierto-dijo ella levantándose del asiento de piedra que había escogido-Machinedramon ha estado trabajando en algo nuevo.
El felino la miró extrañado.
-¿Algo nuevo?-repitió-¿Qué cosa?
-Bueno-dijo encogiéndose de hombros-no es exactamente nuevo; creo que lo está investigando desde esa vez en que tu amigo Dukemon estalló y se convirtió en Megidramon.
Esto le sentó horriblemente a Duftmon. Se acercó a la mujer y quedaron algunos pasos distanciados.
-Necesito detalles.
-Se supone que está trabajando en una especie de…virus.
-¿Un virus?
-Sí, un virus de la ira, o por lo menos así le llama él. No sé qué sea exactamente porque no deja a nadie más que a sus soldados robots entrar al lugar-dijo Lilithmon despectivamente- pero piensa usarlo en algunos de ustedes. Aún no lo tiene listo por suerte, pero trabaja todos los días en ello.
-Suena importante-dijo el caballero-y peligroso. Trata de conseguir más información al respecto.
Lilithmon asintió con la cabeza y sus dedos tocándose. Últimamente había hecho bien su trabajo como espía de Duftmon pero de nada servía tener tanta información si no podía salir del Castillo Berúng y entregársela. Ciertamente sabía varias de estas cosas desde hacía días, pero no había podido reunirse con el caballero por no levantar sospechas en el lugar. Además de eso, pasaba por uno de sus clásicos momentos de desbalance emocional femenino y era en ese tipo de situaciones cuando se sentía mirada en menos, ignorada completamente del mundo y hasta utilizada. Había renunciado de hacerle ver esto a Lucemon, pues estaba completamente metido en el tema de la guerra, y ahora, mientras miraba al estratega ir de un lado al otro, se repetía a sí misma como en toda su vida hiciera, que los hombres eran unos ciegos y no podían leer las señales de las mujeres. Eso la deprimía aún más.
-Por cierto-dijo Duftmon de pronto, deteniéndose y volviéndose a verla. Esto le dio un leve segundo de esperanza a la mujer, que se vio borrado al segundo siguiente-¿qué demonios hizo Gaiomon con el Digivice?
La mujer dejó caer los brazos y bufó. Se quitó el mechón de pelo de la frente y se cruzó de brazos.
-No sé exactamente qué hizo con el digivice, pero sí sé para qué lo quiere.
-¿Para qué lo quiere?-repitió el caballero con ambas manos en la cintura y un gesto ceñudo.
-Quiere traer a un digimon muy grande, según él.-frunció los labios-No sé qué estará buscando ni qué tendrá que ver el digivice con eso, pero según él, será un digimon tan poderoso que se deshará de todos ustedes de una vez.
Duftmon se quedó viendo a la digimon unos segundos en silencio, luego dejó salir una leve risa irónica y se volvió.
-No hay tal digimon.-exclamó aún divertido.
-No lo sabes.-respondió ella desafiante.
-Claro que lo sé. No hay digimons tan grandes y poderosos que no podamos destruir. Lo hemos vencido a todos.
-¡Ha!-exclamó ella esta vez-Como si Gaiomon no les estuviera causando suficientes problemas; si planea traer algo aún más grande dense por muertos.
-Pues te conviene averiguar qué digimon es antes de que eso pase, porque si no, no tendrás tu oportunidad de vivir aquí arriba como tanto anhelas.-dijo él ladeando la cabeza y cruzándose de brazos.
Lilithmon hizo un gesto infantil de maña, se resignó y se cruzó de brazos. Duftmon asintió con la cabeza y se volvió, mientras seguía pensando.
-¿Algo más que me sea de utilidad?-preguntó para terminar su junta.
-Deberías agradecerme por lo que hago.-dijo la mujer mirándole de reojo y taimada.
-"Gracias"-soltó el caballero sin prestarle mucha atención y ya sacando sus cuentas con la información que había obtenido. Debía ser muy cuidadoso para utilizarla de la mejor manera.
-Me refería a un mejor tipo de agradecimiento…-dijo volviéndose hacia él para insinuársele.
El felino la detuvo con una mano al frente y la mujer se hizo un paso hacia atrás. El caballero la observó pesadamente algunos segundos, luego bajó su brazo y se preparó para marchar.
-El ataque de Gaiomon, el virus y el digimon colosal ese.-sentenció mientras cambiaba de forma-Después tal vez hablemos de lo otro.
El leopardo oscuro se movió veloz entre la oscuridad de regreso al castillo para trabajar con los datos que había conseguido, mientras escuchaba como atrás, la mujer hacía una exclamación victoriosa y luego la noche regresaba a su habitual silencio.
Estaba preocupado. No podía negarlo, pero tampoco iba a exagerar como Ryuudamon había hecho y decir que estaba nervioso. ¿Nervioso él? Imposible. Siempre existía una línea divisoria entre el nerviosismo y la preocupación; la primera era tener los nervios crispados y no poder lidiar con una situación. Estar preocupado solo significaba estar atento a una situación que podría darse en un momento imprevisto. Aunque ahora que lo pensaba ¿sería mejor estar nervioso o preocupado? Después de todo, la "situación" aún no se había dado y pudiese ser que cuando llegara ya no estaría preocupado sino nervioso. Para evitar lo uno y lo otro, había salido disimuladamente de la Fortaleza OuTsuyosa dejando como siempre a su teniente a cargo, y vagabundeó un rato por las altas montañas que componían el sur de la región del viento, su sector.
Aquellas montañas, como muchas que conformaban aquella región, eran gigantescas y se levantaban por sobre las nubes. Algunas estaban cortadas como por una espada gigantesca y caían rectas y precipitadas hacia la tierra, como gigantes que vivían en el cielo y tenían sus pies puestos en el suelo. El General OuRyuumon visitaba ese lugar siempre que necesitaba pensar. La tranquilidad del lugar ayudaba a cualquiera, incluso a la mente más estresada que hubiera –la cual imaginaba que sería la de su superior Omegamon- y entregaban los minutos de paz que se necesitaban para poner los pensamientos en orden. Una catarata que caía desde lo alto, como si la fuente del cielo se hubiera roto, daba al lugar un aire de misticismo celestial que parecía ser el patio de juegos de las deidades digitales. Por esto le sorprendió mucho cuando sintió la presencia de tres digimons cerca de donde se encontraba él, y sin necesidad de verlos, supo que se trataba de soldados de Lucemon. Le resultaba fácil, pues los digimons nacidos en el Mar de la Oscuridad parecían traer un olor a muerte y maldad impregnada en sus cuerpos, así fueran viles soldados o simples digimons que habían tenido la mala suerte de nacer allí. Como fuera, el dragón no iba a darles chance de estudiar el lugar para sus futuros movimientos. Ya sabían –e incluso se lo habían advertido personalmente- que un próximo ataque tendría lugar en los siguientes días, y si había digimons enemigos allí, podía significar un peligro.
Salió de detrás de una enorme roca puntiaguda que brotaba del suelo, y se encontró con tres digimons de nivel inferior. Estaban sentados de espaldas a él, y se volvieron de una vez, sorprendidos al sentir al General cerca. El digimon traía sus espadas en cada mano y una expresión ceñuda.
-Digan sus oraciones chicos-dijo apuntándoles con una de sus armas.
El trío se miró, como sopesando posibilidades, luego se arrodillaron y regresaron a su lugar, solo que ahora de frente al General. Este les miró confundido e hizo una mueca.
-¿Ya…acabaron…? Porque de ser así paso a lo siguiente y no nos vemos más…
-Usted no nos mataría.-dijo el más alto de los tres, con ambas manos sobre sus rodillas.
-¿Quieres ver?-resolló OuRyuumon.
-No nos mataría porque estamos desarmados y no tenemos intenciones de pelear-dijo el más pequeño, robótico y redondo.
-Y un digimon honorable como usted no mataría a digimons más débiles, desarmados y que no van a defenderse.-sentenció el tercero, de prominente nariz.
OuRyuumon hizo un gesto de hastío y estiró la cabeza hacia atrás. La cuestión del honor siempre le jugaba en contra en situaciones como esa, y le resultaba bastante molestoso en ese sentido, pero así lo había aceptado desde que fuera pequeño. Los otros tres seguían hablando, completamente seguros de que el poderoso dragón no se atrevería a hacerles daño.
-O por lo menos eso dice el General Gaiomon de usted.-dijo Grumblemon a los otros.
Esto hizo que OuRyuumon diera un respingo y se volviera a verlos.
-¡Qué!
-Sí.-afirmó DinoHumon con la cabeza.-Dice que usted parece alguien muy honorable, y también muy fuerte.-miró al suelo-Pero que también parece un digimon de cinco años…
Esto sacó una vena enorme en el rostro del dragón, quien con los ojos inyectados y los dientes apretados, echaba vapor caliente por la nariz.
-¿Ese desgraciado se atreve a reírse de mí a mis espaldas?-bramó furioso.
-Oh no-dijo Tekkamon a su vez-Tenía pensado decírselo personalmente cuando se encontraran en batalla, junto con otras cosas…-lo dejó a medio terminar.
-¿Cosas como qué?-exigió saber OuRyuumon exasperado y con su cabello violeta erizado.
-Podría preguntárselo.-terminó DinoHumon, y los tres digimons apuntaron por sobre su hombro.
El dragón siguió la dirección en que le señalaban, y metros más arriba, bajo el potente chorro del agua que caía furiosa contra la roca y seguía su curso para perderse en el suelo, el General Gaiomon estaba sentado con el agua helada cayendo sobre su cabeza, el largo cabello blanco y el resto de su cuerpo. Silencioso, con los ojos cerrados y ambos puños encontrándose a la altura del pecho, meditaba mientras distribuía la energía que recibía de la catarata, calibraba su fuerza, se volvía uno con su entorno y se conectaba con las cosas a su alrededor. Ya había presentido que el dragón andaría cerca, y esperó pacientemente a que se encontrara primero con sus aprendices y luego lo notara a él, aunque por lo visto habían tenido que decirle donde se encontraba. Divertido.
El General hizo un gesto taimado, batió sus alas y se elevó hasta pisar la roca en donde estaba el otro. Puso sus patas en la piedra y le apuntó con su espada.
-¡Se acabó el juego idiota, hasta aquí llegas!-le desafió.
Gaiomon abrió un ojo para verlo, luego volvió a cerrarlo.
-Puede usted atacarme si lo desea General-dijo simplemente-aunque estoy desarmado como verá.
La cara de OuRyuumon se fue al suelo. Miró a su alrededor y aparte de la coraza del pecho, las hombreras y los guantes, las espadas del samurái tampoco estaban. Miró al cielo, cerró con fuerza los ojos y golpeó con ambos puños en la primera roca que encontró, como haciendo una rabieta…
-Sep-dijo DinoHumon a sus compañeros abajo-Tiene cinco años.
-¡Cállate mocoso, te escuché!-bramó el dragón desde arriba, luego se volvió hacia Gaiomon-¡Y tú qué demonios pretendes!
-¿Cómo dice?-preguntó el aludido, extrañado.
-¡Es la segunda vez que retrasas nuestro encuentro!-le apuntó-¿Acaso tienes miedo? Además, ¿quién diablos te crees que eres para hablar cosas de mi y andarte riendo?
El virus levantó la cabeza para mirarlo, divertido.
-Yo jamás me reiría de alguien como usted, no podría.
-¡Sabes que sí!
Gaiomon se levantó de una vez y salió del agua. Caminó algunos pasos y se detuvo a un lado del dragón, quien no le quitaba la mirada ceñuda de encima.
-Si a su criterio decir verdades sobre alguien es reírse, tendré que empezar a decir mentiras sobre usted, si le parece mejor.
-Me parecería mejor-dijo el dragón mirando al cielo y levantando ambas manos-¡si no hablaras de mi!
-Es el General más poderoso de la Orden; naturalmente tengo que hablar de usted, especialmente tratándose de mi opuesto y quien me disputa el lugar como señor de los dragones.-dijo haciendo un gesto con la mano-Sería una descortesía de mi parte no prestarle atención a un personaje así, ¿no cree?
OuRyuumon estuvo por responder algo, pero se dedicó a rumiar cosas mientras se agarraba la cabeza. Gaiomon sacudió la cabeza para quitarse el exceso de agua y salpicó completamente al dragón a un lado, quien puso cara de molestia.
-Disculpe usted.-dijo el otro-Por cierto, ¿recuerda que le mencioné el ataque de esta semana?-OuRyuumon movió afirmativamente la cabeza-Bien, porque será pasado mañana, mediodía. Llevaré la misma unidad de la vez anterior; nuestras bajas fueron mínimas.-dijo cruzándose de brazos y molestando al dragón-Entraremos por el sur de la región del viento, o sea, muy cerca de aquí.
El dragón dejó salir un leve gruñido. Ya lo había sospechado e incluso se lo había dicho a Omegamon, pero este no le prestó mucha atención. Acababan de amenazar su sector y se aproximarían peligrosamente a su hogar, lo que por cierto a nadie le sentaba nada de bien. Cerró con fuerza sus dedos en torno al mango de sus espadas.
-Debes estar loco para querer entrar por la región del viento-dijo al cabo de unos segundos.
-¿Por qué piensa eso?-quiso saber el samurái.
-Porque no tienes la región del agua al sur, no tienes la del bosque al norte, ¡y porque voy a estar ahí para detenerte a ti y a los tuyos!-rugió con fuerza-¡No vas a poner un pie dentro de la región del viento!
Gaiomon expresó una siniestra sonrisa en sus ojos amarillos y ladeó la cabeza mientras hablaba.
-General… ¿ha notado usted que ya he entrado a la región del viento?
El dragón no dijo nada. Se quedó suspendido un segundo en un vacío mental al percatarse de aquello. En un impulso de furia y frustración, intentó atacar a Gaiomon con una de sus armas, pero el virus le evadió de un salto y quedó a escasos centímetros del borde de la gran roca donde ambos estaban. Se volvió mientras se despedía con la mano.
-Espero que esta vez nos veamos en el campo de batalla para solucionar lo nuestro General. Presiento que será uno de los encuentros más interesantes que haya tenido en mi vida.
Se volvió y dio un salto, y en lo que OuRyuumon dio tres pasos para mirarlo caer abajo, ni el virus ni los otros tres digimons que lo acompañaban estaban en el lugar. Parecía que el dragón hubiese estado solo todo ese tiempo, pues no quedaron huellas ni rastro alguno de que alguien estuvo allí con él. El dragón dorado respiró rápido y furibundo, cerrando los ojos y negando con la cabeza, molesto. Dejó su enojo de lado y regresó volando a la fortaleza a comunicarse con Omegamon sobre lo que había obtenido.
Taomon salió de la habitación y cerró las grandes puertas en silencio. Se detuvo frente a Apollomon, agachó la cabeza en señal de respeto antes de hablar y explicó.
-La señora Dianamon estará bien; solo fue un impacto muy fuerte, pero su estado es bueno. Mañana por la mañana estará perfectamente.
-Muchas gracias Taomon-dijo el dios del sol, más tranquilo.
La taoísta se despidió respetuosamente de su señor y de los demás lores que se encontraban allí, y en silencio se alejó por el pasillo, desapareciendo como si de una sombra se tratase. Los demás digimons, excepto uno que se encontraba con sus ojos pegados en las dos puertas, le observaron irse hasta que estuvieron solos. Apollomon cerró los ojos y suspiró, apenado por lo que ocurría.
-Le dije que no se precipitara, pero nunca me escucha.-dijo el digimon con la vista puesta en el suelo.
-No se ofusque Apollomon-respondió Omegamon a un lado, mirándole-ella solo quería ayudarnos y ser partícipe de esta guerra. Después de todo, ella también es una guardiana del mundo digital y le nace como a todos nosotros el deseo de proteger su hogar.
-Vaya guardiana que resultó ser.-bufó Gallantmon cruzándose de brazos.
MirageGaogamon y ShineGreymon dieron un respingo y se volvieron a ver al caballero. Uno con sus ojos surcados por la indignación, el otro casi temiendo lo que iba a pasar después. Omegamon se volvió hacia su compañero.
-No digas eso.
-Es la verdad.-sentenció el digimon rojo con su tono pesado y áspero-No porque sea una mujer no vas a criticarle sus errores. Se confió como siempre ha hecho y ahora está como está, lo que significa que tenemos una ayuda menos. En esas condiciones no le es útil a nadie.
-Va a reponerse mañana-respondió el digimon blanco.
-Sí, y volverá a repetir su error de ayer hasta que se volverá tan predecible que el enemigo acabará por exterminarla cualquiera de estos días. Todas las mujeres parecen tener ese problema, por eso odio que se metan en asuntos de la guerra; no sirven para eso.
Un aire muy tenso se creó entonces entre los Royal Knights presentes y los Dioses Olímpicos que se encontraban allí. Por un lado no podía negarse que Dianamon había actuado imprudentemente muchas veces en el pasado y era una digimon demasiado confiada, pero la forma de decirlo de Gallantmon había irritado a varios de los digimons allí, y uno de ellos no iba a mantener la boca cerrada solo por ser inferior. MirageGaogamon Burst dio algunos pasos y se detuvo frente al caballero, mirándole fijamente a los ojos. Todos se sorprendieron de eso, excepto Gallantmon. El caballero le encaró y le miró fijamente también.
-Con todo respeto, señor-dijo el lobo azulado-os pediré que no habléis así de mi ama Dianamon. Ella es una entidad guardiana al igual que ustedes y solo hace su mejor esfuerzo por proteger a todos cuanto sea posible de esta guerra.
-"Tu ama" solo fue a meter las narices donde no debía; su ayuda no nos sirvió de nada y solo resultó peor.
-Me parece que no es la única que mete las narices donde no debe.-respondió impasible el caballero azul.
-¡MirageGaogamon!-le cortó Apollomon firmemente y molesto, antes de que Gallantmon alcanzara a decir nada.
El digimon se volvió hacia el dios de fuego y agachó la cabeza.
-Os pido disculpas señor.
-A mi no me debes disculpas; se las debes a Gallantmon. Has sido muy insolente con él.
-La cortesía se paga con cortesía.-respondió mirando al Royal Knight de reojo.
-Y los adultos no perdemos nuestro tiempo con los niños.-terminó el digimon rojo volteándose y saliendo de allí, con sus zapatos haciendo eco en el pasillo del templo.
Omegamon despidió a Apollomon y a Mercurimon con la cabeza y le siguió, mientras que ShineGreymon se quedó un último segundo en su lugar. Miró a su compañero MirageGaogamon, quien seguía con sus ojos puestos en la figura carmesí que se alejaba, y se preguntó qué tan grande sería la distancia entre el lobo y él. Ambos habían crecido bajo la enseñanza y la protección de Dianamon y Apollomon, y eran seguramente los digimons más fieles a ellos que existieran, pero por mucha fidelidad que le guardara a Apollomon, e incluso ahora a su amo Dukemon, él jamás se atrevería a enfrentar de esa manera a un superior, mucho menos un royal Knight tan severo como lo era el caballero rojo. Era demasiado sumiso en ese sentido, lo que contrastaba con la determinación tan marcada de MirageGaogamon, quien no permitía la más mínima ofensa contra su señora Dianamon, ni aunque se tratara del mismo Yggdrassil. Abatido por este pensamiento, se despidió de sus señores y siguió a los otros dos caballeros fuera del templo de la luna.
Cuando se encontró afuera con la luz del sol, escuchó unos pasos tras él y una voz que le había llamado. Se volvió y vio con cierta sorpresa que se trataba de su señor Apollomon. El digimon avanzó hasta estar a su lado, mientras adelante, los dos caballeros ya emprendían el vuelo de regreso al Castillo.
-¿Se molestará Dukemon si te retengo un minuto?-preguntó amablemente el digimon de fuego.
ShineGreymon sabía que pagaría muy caro cada minuto que se retrasara, pero no iba a negarle algo a su señor.
-No amo.-mintió.
Apollomon desvió su mirada al cielo despejado de ese día, suspiró profundamente con cierto deje de tristeza y se volvió a ver al chico.
-No tienes que sentirte mal si no eres tan irreverente como MirageGaogamon a veces.-le dijo el dios de fuego comprensivo.
El menor se preguntó cómo sabría Apollomon cómo se sentía él la mayor parte del tiempo, y lo atribuyó a que era muy viejo y podía percibir cualquier cosa en alguien tan joven como él. Aún así su consejo le sentó un poco mal, y respondió con la cabeza gacha.
-A veces quisiera tener la mitad de las agallas que él tiene para pararse de ese modo frente a alguien como un Royal Knight del calibre de Dukemon.-confesó.
-No digas eso. Está bien que seas como eres…
-¡Es que no me gusta!-exclamó abriendo ambas manos.-Yo os guardo mucha lealtad a vos amo Apollomon, pero si alguien con tanto rango intentara pasar sobre usted, no sé si sea capaz de encararlo…-bajó ambos brazos, derrotado por la verdad que le caía pesadamente encima-Bajo esta gran armadura solo soy un cobarde. MirageGaogamon por el contrario tiene todo su peso en gallardía.
La mano de Apollomon sobre su hombro barrió en parte con los sentimientos que lo apesadumbraban y le hizo levantar la cabeza, sorprendido. El digimon de fuego expresaba mucha comprensión en sus intensos ojos azules.
-Tú eres un digimon de grandes y nobles sentimientos ShineGreymon; no mires en menos todo lo grande que eres en realidad.
-Pero…-intentó decir, pero el otro siguió hablando.
-No importa si eres un digimon silencioso y sumiso; eres completamente leal y entregado en todo lo que haces, y yo lo he comprobado en estos veinticuatro años que te he conocido. Defiendes a quienes te importan con pasión, incluso a los que ni siquiera conoces. Arriesgas todo por lo que amas así pongas en peligro tu propia existencia. No necesitas aires de grandeza como hace MirageGaogamon para demostrarle a los otros quien eres en verdad.-puso una mano en el pecho del chico-Tu grandeza la traes aquí, y en tu sangre también, nunca lo olvides.
El muchacho se sintió extremadamente valioso de pronto y casi se sintió enrojecer ante semejante alago por parte de un digimon así. Por más que buscó no encontró qué decirle a su señor, solo consiguió asentir pronunciadamente con la cabeza. Apollomon pareció sonreírle con sus ojos y le dio unas palmadas en el hombro.
-Ve. No quiero que Dukemon vaya a molestarse contigo por retrasarte.
ShineGreymon despertó de pronto de su emotivo trance y dio un respingo. Se despidió precipitada pero respetuosamente de Apollomon y salió corriendo del lugar, para salir en vuelo de camino al castillo de los Royal Knights. El dios le vio partir mientras escuchaba los pasos de los otros dos digimons acercándose por el patio del lugar y reunirse con él. Los tres vieron al digimon de fuego partir y suspiraron al mismo tiempo.
-Creo que está ciego y sordo.-comentó Mercurimon, un poco extrañado de que ShineGreymon aún no se diera cuenta de las cosas.
-Déjalo. Aún tiene mucho que aprender.-respondió Apollomon con su vista en el cielo.
-Es como un niño al que tienes que explicarle todo con manzanas.-siguió el dios mensajero mientras ambas deidades regresaban adentro.
MirageGaogamon Burst se quedó afuera pensando en esto último, y con bastante desagrado tuvo que darle la razón al dios. Aún se preguntaba cómo era que ShineGreymon no estaba muerto desde que se uniera a los Royal Knights en la guerra, y ese tema le traía un poco incómodo.
Cuando los dos caballeros regresaron al Castillo, se encontraron con el General OuRyuumon y las noticias que había traído. Había estado esperando a Omegamon desde que llegara media hora atrás, y el digimon blanco había recibido su mensaje mientras se dirigía de regreso al lugar. Se reunió con Duftmon, el General y Gallantmon en la cámara de guerra, para estudiar en detalle lo siguiente que se haría para enfrentar el próximo movimiento de Gaiomon.
-Entrarán por el sur de la región del viento, lo que significa que podrían contar con el apoyo de Machinedramon y sus hombres desde el polo sur.-dijo el dragón apuntando en el mapa holográfico que se mostraba frente a ellos.
-¿Cómo es que no fue primero por la región del agua si era más accesible?-se preguntó Omegamon en voz alta, extrañado.
-Porque podría intentar alguna combinación con las armadas que tiene en la región del trueno desde el oeste.-dijo Duftmon mientras estudiaba el mapa-Con la primera mitad de la región del viento bajo su poder y el apoyo suficiente que puede obtener en pocas horas, no le tardará mucho obtener la región completa en un par de días y amenazar la región del fuego.-que era en la cual ellos se ubicaban.
-Él no conseguirá ni medio centímetro de tierra en la región del viento.-sentenció OuRyuumon con un puño sobre la mesa. Su tono había sido severo y muy pesado, lo que llamó la atención de los demás presentes.
Supusieron que la amenaza de su territorio le habría afectado el ánimo, por lo que prefirieron no hacer preguntas. Siguieron tratando el tema.
-¿De qué se compone su unidad?-preguntó Gallantmon cruzado de brazos.
-Es una armada variada-respondió Duftmon leyendo un pad-tiene guerreros, bestias y demonios en números balanceados y distintos niveles evolutivos, también unidades áreas; lo que menos posee son unidades máquina.-dejó el pad sobre la mesa-Al parecer no le gustan del todo.
-Será difícil elegir entonces un batallón que lo aventaje.-dijo el caballero rojo, pensando.
-Mis hombres pueden con ellos.-dijo el dragón poniendo ambas manos sobre la mesa-Son poderosos y muy resistentes; tenemos muchos digimons voladores muy veloces que pueden esquivar lo que sea. Nosotros nos haremos cargo.
-No General.-le cortó Omegamon la ilusión completamente.
El General abrió la boca para decir algo, luego se contradijo y sacudió negativamente la cabeza.
-¿Qué?-exclamó casi sin creérselo-¿Por qué no?
-El General Imperialdramon se encuentra en la región del bosque, al norte del área del viento, y su armada es muy numerosa, fuerte y balanceada. La combinación de los guerreros y los dragones es más equilibrada pues la suya es casi de dragones únicamente. No quiero que Gaiomon tome ventaja de ello, mucho menos quiero exhibir una de nuestras mejores piezas tan prontamente.
-Pero…-se sintió engañado-¡Pero Omegamon! ¡Van a atacar mi sector, y mi fortaleza está en ese lugar también…!
-Hablaré con usted en privado el porqué de mi decisión General.-terminó el digimon blanco poniendo sus ojos azules en el dragón dorado y luego en la mesa de trabajo.
El digimon alargado tragó saliva y bajó la mirada a la mesa, con una maraña de pensamientos confusos en su cabeza. Demonios…había tratado a Gaiomon como un cobarde y ahora él se ausentaría en el encuentro. Quedaría muy mal parado y lo que era peor; se sentiría como un inútil mientras el enemigo avanzara por la región del viento. No es que desconfiara de las habilidades de Imperialdramon…pero era un digimon demasiado joven y Gaiomon demasiado viejo y experimentado para él. Sabía que sería una batalla arriesgada y no estaba seguro de querer apostar por los suyos. El dragón se quedó medio desconectado el resto de la junta, mientras los Royal Knights terminaban de ajustar los detalles del encuentro que sería dentro de los dos siguientes días.
En cuanto todo estuvo arreglado, Gallantmon se despidió y salió del castillo, pues tenía mucho de lo que ocuparse custodiando el sector de la oscuridad de la cual el enemigo no hacía uso, pues estaba supuestamente prohibido por el acuerdo entre ambas partes, aunque era imposible asegurar que el enemigo cumpliría todo el tiempo dicho tratado. Omegamon encargó a Duftmon algunas cosas y luego dirigió una mirada al dragón, indicándole que le siguiera fuera del lugar. OuRyuumon avanzó en silencio detrás del caballero, hasta que estuvieron ambos solos, en el salón del primer nivel. El caballero blanco se volvió a ver al dragón con una mirada severa.
-Creí haberle advertido que no volviera a encontrarse usted con mi hermano, General OuRyuumon.
El dragón se trabó bastante antes de poder decir algo.
-¡Él estaba en ese lugar Omegamon, yo no fui a buscarlo!
-Pues debió haberlo evitado.
-De haberlo evitado no tendríamos la información que tenemos.-dijo con la mandíbula por el suelo.
Omegamon le observó un segundo, luego se volvió hacia uno de los ventanales. Parecía preocupado y molesto, pero más que nada preocupado, y OuRyuumon pudo notarlo bastante bien. Seguramente por algo que pudiera conllevar el segundo encuentro casual que habían tenido los dos dragones.
-Vamos Omegamon, sea realista.-dijo el General sin sonar imprudente-Yo entiendo que usted admire mucho a su hermano y eso; si yo tuviera un hermano mayor también estaría en su lugar y hablaría grandes cosas de él…pero soy un digimon muy fuerte; he entrenado toda mi vida y usted lo sabe, todos lo saben, incluso Alphamon lo admite. Gaiomon se habrá mostrado muy fuerte, pero no es invencible, ni un dios ni algo por el estilo.-dijo haciendo un gesto con sus brazos abiertos expresando la grandiosidad del virus-Solo es otro digimon, y como tal puede ser vencido. Y puede que no le guste que se lo diga, pero tengo entre mis principales objetivos el de vencerlo.
El digimon blanco se volvió a verlo en silencio, solo escuchándolo.
-Sí, tengo deseos de vencerlo-reconoció OuRyuumon suponiendo que Omegamon se lo preguntaba con esa rara forma de mirarlo-porque bueno, dice tener un titulo que yo también poseo, y eso no puede ser…-bajó la mirada, luego volvió a levantarla-usted me entiende.
-Lamento tener que decirle esto General-dijo el caballero al fin-pero en esta guerra tendrá que dejar sus problemas personales sobre el título del señor de los dragones afuera, y también renunciar a intentar vencer a Gaiomon.
Esto dejó a OuRyuumon pasmado. Se tardó algunos segundos en asimilar lo que su superior le estaba diciendo y negó con la cabeza.
-¿Qué cosa?-preguntó confundido.
-Gaiomon no es solo "otro digimon", es un peligro. ¿Cree que hablaría de mi único pariente como de un peligro? ¿Una amenaza? Ni siquiera estoy seguro de ser capaz de vencerlo si llego a encontrarlo en batalla alguna vez; no solo por mis parentesco con él, también porque se trata de un digimon extremadamente poderoso e inteligente. En esta guerra no planeo vencerlo, sino ganármelo. Lo primero aún queda fuera de mi rango de alcance, y también del suyo.
El General se sintió enfurecer de a poco, sin poder explicarse el porqué. El que Omegamon se viera a sí mismo inferior a ese digimon tan altanero e insoportable le resultaba imposible de digerir, especialmente dejando a todos los demás como inferiores a él también. Era solo una barrera mental que el caballero se había auto impuesto por ser el menor, porque de seguro el otro le había criado así o le había sobreprotegido toda su vida. Pura cuestión psicológica, y OuRyuumon no estaba para cosas como aquellas. Él era cabeza y espada; números y fuerza, no juegos de superioridad egocéntrica ni fraternidades. Dejó salir su enojo en un pronunciado resoplido por la nariz y cerró los ojos.
-Bien Omegamon,-dijo pesadamente-si es lo que usted quiere creer, no tengo autoridad para rebatírselo, pero que quede clara una cosa:-dijo levantando la vista-Yo no voy a dejarme pasar por ese digimon; él no va a imponerse por sobre mi ni mi lugar como señor de los dragones, por muy personal que sea eso. No me creo ni me siento inferior a él hasta que lo haya enfrentado yo mismo, y sé que voy a hacerlo un día de estos, y aunque sea un subordinado suyo y él sea su hermano mayor, yo lo derrotaré, así usted no lo quiera y trate de impedírmelo. Mi honor está aún por sobre mi responsabilidad y por sobre muchas cosas.-terminó, despidiéndose respetuosamente con la cabeza y saliendo del lugar.
Omegamon le vio marchar y se sintió mal en el fondo. Sabía que aquello no podría acabar nada bien para OuRyuumon, porque aún por sobre su hermano menor, su palabra con Lucemon y su pasión por la guerra, el honor de Gaiomon también estaba por sobre esas y muchas otras cosas. Escuchó unos pasos acercándose y vio a RhodoKnightmon bajando la escalera. El caballero rosa se reunió con él y se cruzó de brazos.
-No he conseguido ni un minuto de la atención de Dracomon.-suspiró el digimon-Está muy afectado por lo que pasó.
-Déjalo.-sentenció el segundo líder-Tiene que entenderlo y superarlo por sí mismo. Cuando comprenda que ese Knightmon dio su vida para que él continuara el camino para el cual estaba destinado, lo aceptará y será un excelente caballero. Ya vimos de lo que su corazón es capaz de llevarle a hacer.
-Vencer al General más poderoso de Lucemon no estaba en nuestras expectativas hasta dentro de mucho tiempo; no puedo creer que un niño haya hecho el trabajo así sin más.-dijo un tanto sarcástico.
-Pues aún a mi edad RhodoKnightmon-dijo el digimon afable mientras hacía ademán de marcharse-yo me sigo sorprendiendo de algunas cosas. Siempre deberías dejar lugar para cosas así, o vas a volverte un ser muy apagado. Creo que eso no te sentaría nada de bien.
El caballero rosa se quedó pensando largamente en esto, aún cuando Omegamon ya se había marchado y él regresado a sus quehaceres.
El digimon de negro terminó de teclear algunas cosas sin quitar sus ojos de la pantalla, luego se hizo tronar los dedos y los relajó. Guardó el trabajo en su dispositivo personal y lo borró de la base de datos del Castillo Berúng. Se dedicó a hacer otras cosas, mientras escuchaba como el digimon atrás se esforzaba al máximo para evitar hacer ruido, y lo conseguía por cierto. Era imposible adivinar que el monstruoso digimon robótico estaba detrás de Gaiomon en ese momento, pues no había hecho ni el menor sonido al acercarse por el pasillo ni al entrar en la sala de computadoras. Ni sus piezas ni sus pesadas patas habían emitido el menor sonido, pero el samurái podía escuchar, incluso contar cada paso que el robot había dado desde la puerta hasta situarse detrás del sillón en donde estaba instalado el virus. Y no venía solo, como siempre.
Gaiomon movió su brazo justo en el momento en que la aguja iba a clavarle y ésta aterrizó contra el tablero; sumado a la fuerza de Machinedramon, la ajuga se hizo añicos, y el samurái no hubiese ni querido imaginar qué le habría sucedido a él de no haberse movido. El robot dejó salir un leve gruñido al ver su intento fallido.
-¿Necesita algo, General Machinedramon?-preguntó el "atacado" mirando por sobre su hombro-Debería pedirlo "por favor".
El robot y el samurái se quedaron viendo unos segundos. Phelesmon salió de encima del hombro del primero y aterrizó en el suelo. Machinedramon miró pesadamente al demonio, y éste lo interpretó.
-Oh, OK, vaaaale~-dijo como tantas otras veces le tocaba a él el trabajo que al otro no le gustaba. Carraspeó un poco antes de empezar.-General Gaiomon, ¿tendría usted la amabilidad de dejar que mi compañero mecánico aquí extrajera un poco de su composición para hacer un pequeño estudio?-juntó las manos como pidiendo y parpadeó varias veces-Por favor.
El aludido miró escépticamente al demonio un momento, luego se volvió a ver al robot. Tenía que tratarse de algún tipo de broma.
-¿Y para qué sería ese estudio, si es que puedo saber?-preguntó Gaiomon en el mismo tono cínico y amable de Phelesmon.
Machinedramon y Phelesmon se miraron un segundo y el más grande asintió con la cabeza.
-Es que el General Machinedramon está por terminar su trabajo con el virus de la ira, un proyecto importante con el que podremos deshacernos de las piezas de peso del enemigo.-sonrió enseñando sus afilados dientes-Entenderá usted que podría darnos la llave de la victoria en esta guerra.
-La llave de la victoria en esta guerra la poseo yo Generales; no necesitan un raro experimento para ello, ni mucho menos intentar extraerme algo.-sentenció el otro cruzándose de brazos.
El robot perdió la paciencia.
-La conquista de las regiones tomará bastante tiempo y con los Generales de la Orden y sus miembros retrasándonos el trabajo, todo será más lento y el amo Lucemon no tiene tiempo ni paciencia para ello. Deshaciéndonos de nuestros principales objetivos tendremos al enemigo desconcertado y a merced de nuestros ataques.
Gaiomon hizo una mueca y se recostó en el sillón donde estaba trabajando. Tuvo que admitir que mantener al rival en un estado de alterado era siempre una brillante estrategia, y se delataban automáticamente los puntos débiles del enemigo, pero algo no le sonaba del todo bien en ese plan.
-¿Le molestaría explicarme de qué va su extraño proyecto, General? Con detalles y todo.-le miró e hizo el mismo gesto con los ojos que había hecho Phelesmon-"Por favor".
El demonio estuvo por largarse a reír, pero se contuvo. Machinedramon bufó y enseñó una imagen holográfica desde su brazo derecho.
-Hace varios meses, Dukemon perdió el control y se dejó poseer por su demonio interior, Megidramon. Todos sabemos que ese demonio nace de la ira y los sentimientos oscuros de ese caballero, y cuando no puede someterlos éstos se apoderan de él y lo convierten. Haciendo un análisis, las bajas que tuvieron las armadas enemigas fueron un 53% más altas que las que provocamos nosotros mismos, y fue porque recibieron un ataque por parte de uno de los suyos. O sea…
-Un ataque desde adentro.-dijo el samurái, comprendiendo de qué se trataría todo.
-Así es. Obteniendo parte de la información de Megidramon y haciendo una investigación, los datos me condujeron a crear el virus de la ira para atacar a dos de los objetivos más importantes y poderosos que posee la Orden y sus armadas. Estoy por completar el virus, solo necesito un último trabajo.-miró con sus ojos vacíos al samurái-Sé que tú eres un digimon nacido de la ira, y con tus datos podría completar mi experimento y llevarlo a su fase final de perfeccionamiento.
Gaiomon bajó la cabeza mientras pensaba. Vaya, el trabajo de Machinedramon había sido minucioso y brillante, y su investigación había arrojado datos muy precisos. Gaiomon no había sido siempre el tipo frío, relajado y que tenía todo premeditado. Al contrario, había empezado muy mal. En sus inicios todo parecía habérsele tornado oscuro y terrible. Todo estaba mal, corrupto, inaceptable. Las derrotas, las caídas, las pérdidas importantes le transformaban y convertían en un monstruo de destrucción, en la ira con forma humanoide y dos peligrosas espadas para usar y descargar su frustración contra lo que se le cruzara por delante. Tuvo que aprender a mantenerse aislado durante esos ataques de furia que lo acometían, o acabaría por echarse a la guardia digital encima. Había escuchado de otros que habían optado por el mismo camino que él, y la furia había terminado por consumirlos completamente hasta su propia destrucción. Él había renegado completamente de ser vencido por ella. Con el tiempo comprendió que la ira podía volverse su mejor aliada y más poderosa amiga, siempre y cuando la tuviese bajo su control. Para ello, solo necesitaba desligarse de una cosa que era la que le daba a su rabia el poder, y eran los sentimientos. Habían sido sus peores días.
-Supongo que siendo una herramienta para los nuestros-dijo al cabo de unos segundos-tendré que cooperar.
-Así se habla General.-sonrió Phelesmon levantando el pulgar.
-Solo por curiosidad-dijo el digimon negro mientras Machinedramon se acercaba un paso-¿En quienes se supone que utilizará este virus?
Ya sospechaba del primero, pero el segundo no lo tenía muy claro. El robot respondió mientras sacaba una segunda jeringa metálica de su brazo.
-Omegamon y el General OuRyuumon.
La punta de la aguja se estrelló contra el brazo del sillón esta vez. Machinedramon estuvo por proferir un rugido de rabia, pero el repentino cambio de la actitud de Gaiomon le hizo quedarse callado. El samurái se levantó de donde estaba sentado y le traspasó con sus pesados ojos amarillos.
-¿Tanto miedo le tienen a ese dragón?-preguntó entre molesto y divertido.
Phelesmon hizo un sonido con la boca, sorprendido de semejante pregunta.
-¿Bromea? Ese dragón es un dolor de cabeza, ¡no podemos sacárnoslo de encima con nada!
-¿Ya te quedas quieto?-bramó Machinedramon sacando una tercera inyección plateada que reemplazó a la segunda.
-Lo ayudaré con su proyecto siempre y cuando cumpla una condición General Machinedramon.-le amenazó Gaiomon seriamente y cogiendo de una vez la jeringa, quitándosela del brazo al robot.
-¿Qué rayos quieres?
-Usted-le apuntó-no utilizará ese virus en el General OuRyuumon. Hágalo si quiere con Omegamon, solo perderá su tiempo y su trabajo; pero si se atreve a tocar a OuRyuumon, se meterá en serios problemas conmigo.
Se hizo un pesado silencio en la sala. Phelesmon tragó saliva con dificultad y se miró un segundo con el robot, quien estaba tan anonadado como él. Luego el demonio se dirigió al dragón negro.
-¿Qué…? ¿Acaso le importa?
Gaiomon le traspasó con su mirada haciéndolo temblar levemente, mientras clavaba la aguja en su brazo derecho.
-El General OuRyuumon es mi enemigo personal, y nadie que no sea yo va a acabar con él. Si alguno de ustedes se atreve a hacerle algo, está muerto.-se volvió a mirar a Machinedramon con la jeringa en su puño apretado, listo para destruirlo-¿Cuento con su palabra, General?
Machinedramon se lo pensó un segundo.
-De acuerdo.-aceptó estirando su gran garra, pidiéndole el objeto.
-Supongo que tiene algo de honor para apostar.-dijo el samurái desafiante.
-Ya te lo dije, tienes mi palabra.
El digimon negro se quedó con sus ojos puestos en el robot un par de segundos, bastante desconfiado. Le estiró la jeringa al digimon y éste la sostuvo, absorbiéndola por una de sus aberturas y dejándola a salvo. El samurái le dedicó una última peligrosa mirada y salió del lugar. Tenía cosas importantes en las que trabajar, pues tenía una batalla que ganar y además podría por fin enfrentarse al dragón dorado. Ya estaba comiendo ansias, y eso era algo que no le había pasado en mucho, mucho tiempo.
Esa misma tarde, Omegamon se reunía en una de las bases de operación establecida en medio de la región del viento y del bosque –o madera- con el joven General Imperialdramon. Después de su recuperación estando algunas semanas postrado ante el ataque de GrandisKuwagamon, el digimon estaba en perfectas condiciones y había retomado pronto sus labores de vigilancia y protección en su sector designado. Si bien la herida causada por el joven insecto le había dejado una cicatriz épica en el abdomen, ambos se habían reunido tiempo después del nombramiento del príncipe y reconciliado; GrandisKuwagamon le había mostrado sus más sinceras disculpas y ambos se habían vuelto buenos amigos. Actualmente Imperialdramon era el encargado de custodiar los terrenos del bosque y la tierra, los que antes compartía con la General Rosemon. Aún con el tiempo y las muestras de arrepentimiento que el joven General había dado a Gallantmon, seguía pesándole en su espalda la muerte de la mujer, y se había prometido mantener sus tierras y su hogar resguardado del ataque enemigo.
-Estableceremos a nuestra defensa detrás del río, de modo que el enemigo se vea obligado a atravesarlo para poder alcanzarnos.-explicó el digimon rojo y azul con un mapa extendido del lugar de la batalla-Eso les supondrá un desgaste de energía y tiempo para que nuestra ofensa ataque a los digimons que atraviesen el agua. Podremos reducir a muchos de sus hombres en esos minutos.
-Me parece bien.-afirmó Omegamon aprobando la idea-¿Qué hará con los sectores demasiado elevados?
-Hemos establecido a todas las unidades aéreas en los sectores montañosos más altos; nos darán soporte en caso de necesidad, pero estarán básicamente escondidos para dar el golpe definitivo en cuanto logramos romper su defensa.-respondió Imperialdramon, indicando en dónde se ubicarían los digimons voladores.
La estrategia del General consistía en agotar al bando enemigo primero y atacar desde distintos puntos a la otra unidad. A mitad de batalla movilizarían a los guerreros fuera del lugar para dar paso a los dragones de mayor tamaño, los que usarían el entorno rocoso para aplastar al enemigo sin agotar demasiados recursos. Omegamon aprobó el plan junto con los ajustes que Duftmon y OuRyuumon habían planificado, conociendo el terreno y la forma de proceder de Gaiomon. Todo quedó ajustado, y solo faltaba que las tropas terminaran de movilizarse desde un sector al otro. Imperialdramon y el caballero salieron de la base de operaciones y afuera ya atardecía.
-Se lo encargo mucho General Imperialdramon. Mi hermano no cejará hasta haber obtenido el sector de la región que haya venido a buscar. Usted y sus hombres no pueden retroceder ni detenerse en ningún momento.
-No lo haremos Omegamon;-respondió el digimon cerrando su gran puño-ganaremos o caeremos, pero no cederemos.
El caballero asintió mientras recibía un mensaje, se despedía de Imperialdramon y se volvía para leerlo. Había sido enviado desde el castillo de los tres Ángeles. Omegamon se extrañó, pues no recordaba haber dejado asuntos pendientes con ellos, por lo que se dirigió al lugar y pasada cerca de una hora de vuelo, estuvo en el lugar. Afuera, D'arcmon le esperaba, por lo que era obvio que había sido Ophanimon quien le había llamado. Se preguntó cuál sería la razón. La digimon alada le guió adentro y le hizo esperar en un salón, mientras el ángel sagrado bajaba al primer nivel. En cuanto se encontraron, el caballero le saludó como hacía siempre, aunque ella no le correspondió con la amable sonrisa que siempre le regalaba. Lucía muy preocupada y seria.
-¿Qué puedo hacer por usted Lady Ophanimon?-fue el caballero directo al punto; tenía poco tiempo que perder.
-Sir Omegamon…-empezó ella caminando algunos pasos por el lugar-hace poco me enteré de algunos problemas que, si bien ni a mí ni a los ángeles nos corresponde indagar, a mi me preocupa sobremanera.-se detuvo y se volvió a verlo-No solo por la seguridad del digimundo…sino porque también vos sois importante para mí.
Esta declaración dejó un poco atónito al caballero, pero lejos de haberle producido algún tipo de regocijo, el digimon se molestó bastante. Miró de reojo en cualquier dirección disimulando su enfado, mientras en su cabeza solo tenía pegado el nombre de Gallantmon.
"Canalla"
-Os aseguro que no hay nada de qué preocuparse Lady Ophanimon.-dijo el digimon en un tono muy amable para no preocupar más a la mujer-Lo que sea que os haya dicho Gallantmon solo fue una exageración.
-¿Cómo sabéis que fue él?-preguntó la digimon con curiosidad.
-Le conozco desde hace siete mil años; es normal que sepa cosas como esa.
-Vaya-sonrió ella-es una gran suerte. Pero aún así no dejo de estar preocupada.-volvió a su semblante entristecido mientras se tomaba las manos- ¿Es muy grave lo que tenéis?
-Ya os lo dije mi Lady, no es nada serio ni demasiado importante.
-Pero si sufrís de dolores al pecho, es probable que sea vuestro diginúcleo, o vuestro corazón…
Ambos parecieron haber sido tocados por una hebra minúscula e incómoda, desviando la mirada al suelo o en rededor. Era cierto que Omegamon tenía adolorido el corazón, pero no era por las razones que ella imaginaba. Ophanimon por su lado tenía muchos deseos de preguntar, de saber qué sería lo que hería al caballero, ya fuera físico o emocional, pero esa imagen que su alto puesto le obligaba a mantener no le permitía abrirse por entero con el digimon, demostrarle lo mucho que le importaba y lo preocupada que estaba en realidad.
-Os repito que no es nada de lo que debáis preocuparos.-dijo Omegamon con cierto pesar.
Ophanimon presionó sus labios con fuerza y entrelazó sus dedos. Tendría que arriesgarse un poco si quería conseguir algo por parte del digimon, e intentar brindarle de su ayuda.
-¿Vos confiáis en mi, Omegamon?-preguntó ella.
El caballero levantó la cabeza, bastante extrañado ante la pregunta. Pensó un instante qué podría intentar obtener la mujer con eso, pero aunque lo intentara, mentirle era muy complicado.
-Lo hago.
-¿Podríais entonces confiarme vuestro problema?-preguntó ella con un aire casi suplicante-Solo quiero ayudaros; sabéis que conmigo podéis contar para lo que sea, yo siempre encontraré alguna forma de seros útil.
Esa clase de situaciones siempre convertían el corazón de Omegamon en una delgada hoja de papel que se rompía de a poco. Qué débil lo volvían las palabras de Ophanimon y qué difícil le resultaba tener que negarle algo, especialmente ahora que él pasaba por un momento tan controversial y lo único que necesitaba era una mano que le afirmara y unas palabras que le dieran algo de consuelo a su confusión, tan solo un poco. Por él se arrodillara a los pies de ella y le contara todo, todo el mal que lo acongojaba y le apesadumbraba; contarle lo que sufría todos los días viendo morir a miles de digimons que habían sido enviados por él mismo a la lucha y los que caían bajo su espada enviados por Lucemon. Algunos de ellos ni siquiera querían ser partícipes de la guerra, solo podían obedecer. Explicarle que el mundo en su interior se separaba y destruía lentamente, y que con ello ponía tantas cosas en riesgo, pero que por temor no quería forzarse a sí mismo al cambio; no quería perder sus recuerdos, los sentimientos que guardaba a sus compañeros, los que había adquirido en aquel último tiempo y los que tan celosamente había acumulado para ella y escondido del mundo. No quería convertirse en algo o alguien que no era y que jamás querría ser, perder su identidad y afectar a otros, aunque con eso pudiera darle más esperanza de victoria a los suyos en aquella guerra.
Ophanimon intentó ver en el caballero todo eso, pero sus ojos solo reflejaban confusión y tristeza. Se acercó inconscientemente para intentar aplacar un poco el sufrimiento que pudo ver en el digimon, pero él retrocedió un paso negando con la cabeza.
-No puedo Lady Ophanimon. No quiero preocuparos de cosas que están demás ni quiero involucraros en estos asuntos.-terminó-Si me disculpa, mis compañeros me esperan; otra batalla se librará dentro de poco.
Como la mayor parte del tiempo le pasara, Ophanimon solo pudo resignarse a quedarse con nada, o muy poco; despidió con tristeza al caballero y se quedó sumida en la preocupación el resto del día. ¿Podía ser que a Omegamon disfrutara siendo cruel con ella y sus sentimientos? Lo ignoraba, pero aunque así fuera, ella no iba a dejar de preguntar y preocuparse cada vez. Le resultaba inevitable. Y también doloroso.
El día siguiente ocurrió sin el menor contratiempo, pero con el aire cargado de tensión ante la batalla que se avecinaba. Los hombres de Imperialdramon se movilizaron desde el sector vecino y ocuparon sus lugares cerca del mediodía. Allí comenzaron a organizarse según las órdenes dadas por el General azul. OuRyuumon seguía todo esto en silencio, fingiéndose muy tranquilo pero en el fondo estaba hecho un fiasco. Molesto, ansioso, burlado, preocupado, amargado. Sabía que Gaiomon estaría en el frente de batalla, pero él no. Se vería bastante mal en su lista de compromisos personales completados. Mascullaba cosas cuando estaba a solas y se desordenaba el cabello violeta imaginando cómo se reiría el samurái ante su fallo. Imperialdramon a ratos lo sorprendía mordiéndose las uñas, enojado y farfullando cosas, y cuando le preguntaba solo respondía:
-Es que jugué la lotería y espero haber ganado algo.-decía con una sonrisa falsa y desapareciendo del lugar.
Por su parte en el sector enemigo, Gaiomon explicaba el plan con el que procederían a sus tropas, las que ya estaban preparadas y divididas según lo especificado. Notó como a un lado, un digimon de negro estaba cruzado de brazos, fingiendo no prestar atención y no estar haciendo aparentemente nada. Sonrió para sí y terminó de explicar el procedimiento. Acabado esto, los digimons se separaron para retomar sus entrenamientos, los que Gaiomon no permitía que se interrumpieran jamás. Los tenía todo el día ocupados con algo para evitar el ocio y los nervios que a veces se creaban antes de la batalla. Sus tres alumnos se reunieron con él como siempre hacían, y se encaminaron a la salida de la base, pasando cerca del otro digimon. Estaba echado contra la pared y miraba sin prestar atención. Gaiomon se detuvo y se quedó viéndolo.
-¿Qué quieres?-preguntó yendo al grano, aunque ya sabía para lo que el otro estaba allí. Venía intuyéndolo desde hacía un par de días, en que el chico los venía siguiendo silenciosamente.
El aludido se hizo el desentendido.
-¿Yo?-preguntó Beelzemon extrañado y haciendo un gesto de desdén.-Nada.
-Bien.-exclamó el samurái encogiéndose de hombros y dando un paso, pero el otro dio un salto y le detuvo.
-Ok, Ok, sí quiero algo.-dijo con las manos abiertas y retomando la compostura, ahora que tenia la atención del otro.
Gaiomon se cruzó de brazos y esperó, mientras el joven buscaba la mejor forma de decir lo que tenía que decir.
-Te he estado observando…
-Lo sé.-le cortó- No es que sea difícil saber que me sigues.
-¡No interrumpas!-le cortó fastidiado y cerrando los puños-No eres como el resto de los idiotas de por aquí. Ni siquiera eres idiota como los demás.
-También lo sé.-respondió cerrando los ojos.
-No cometes errores ni te equivocas tomando decisiones…ni luchando.-admitió mirando al suelo.
-La perfección es una pulida colección de errores.
-… ¿A sí?-preguntó extrañado y mirándolo con curiosidad.-No pareces de los que se equivocan alguna vez…Tampoco eres como los otros Generales que destruyen a todos, incluso a unos que son mil veces más débiles que él…tienes reglas y principios y…
-¿Cuál es tu punto?-preguntó el General ladeando un poco la cabeza.
-Ah sí…la cuestión es que…-le costaba decirlo porque en parte era demasiado orgulloso como para reconocer aquello, pero si seguía quedándose atrás no saldría jamás ni un paso adelante. Se pasó una mano por el cabello rubio y levantó la cabeza-Quiero ir contigo en la siguiente pelea.
Gaiomon se quedó viéndolo pesadamente. Atrás, los tres discípulos se miraron disimuladamente, bastante confusos. ¿Por qué un Demon Lord querría rebajarse al nivel de un soldado bajo las órdenes de un General? No tenía sentido. No era su forma de ser.
-¿Por qué habría de decir que sí?-preguntó el digimon negro cruzado de brazos y examinando al otro con sus afilados ojos.
Beelzemon miró en rededor, buscando alguna respuesta válida.
-Porque… ¿soy tu superior?-le miró, esperando que eso funcionara, pero el semblante serio del otro se lo dijo todo.-Bueno, ¿qué rayos quieres que te diga?
-La verdad.
-¡Estoy harto de estar aquí abajo sin hacer nada!-soltó de una vez-Lucemon nos tiene encerrados porque tiene miedo de que vayan a matarnos, pero no le cabe en la cabeza que somos los Demon Lords, somos digimons poderosos y podemos con cualquier cosa. Enviar a los más débiles al campo de batalla solo para estudiar al enemigo y todas esas babosadas que siempre dice…nunca lo hace en serio. Estoy cansado de ver a los otros morir y yo sin hacer nada, ¡si vamos a ganarnos el mundo, tengo que estar ahí alguna vez, no solo para reclamar el premio al final!-cerró los puños-¡Parecemos unos cobardes aquí metidos y yo no soy ningún cobarde!
-Tal vez no seas un cobarde-dijo Gaiomon sonriendo bajo su casco-pero eres un niño.
Beelzemon se sintió humillado al escuchar eso. Le hubiera rebatido pero recordó que el otro tenía milenios en el campo de batalla. Él apenas unos veintitantos. Apuntó por sobre el hombro del otro y sonrió maléficamente.
-¿Y qué? Ese también es un niño y mira que es tu preferido.
DinoHumon dio un respingo y abrió la boca para decir algo, pero al segundo se calló y se quedó en su lugar, un tanto avergonzado. El General le miró y luego se volvió a ver a Beelzemon.
-Eso fue un golpe bajo.-terminó dándose la vuelta para marchar. Beelzemon sonrió victorioso y cerró su puño-Solo una cosa.-le cortó Gaiomon la emoción-Si Lucemon llega a decir algo, no me metas en el asunto; estás aquí por tu propia cuenta.
El demonio asintió con la cabeza y el otro siguió.
-Solo porque seas un Demon Lord, no significa que tendrás mejor trato que los demás ni que si quiera intentaré protegerte en el campo de batalla.
-No esperaba que lo hicieras.-dijo el chico sonriendo.
-Entrenarás como los otros y solo serás otro soldado mientras estés a mi cargo. Desafíame y recibirás el mismo castigo que cualquiera. Me obedecerás día y noche y estarás en donde te ordene. ¿Crees que puedas con eso?-le preguntó desafiante.
-Claro que sí.-respondió Beelzemon sin más-Podré con lo que sea.
-Bien. Muévete entonces.-terminó el General caminando.
Los otros tres le siguieron en silencio y con ese aire de sumisión, respeto y exactitud que ahora los caracterizaba y llamaba la atención de las otras armadas. Beelzemon se quedó viéndolos extrañado, deseando no terminar convirtiéndose en algo igual a ellos y perder su estilo tan cool.
Todo estaba en silencio y tranquilidad cuando la mujer despertó de golpe y recordó todo lo ocurrido. Se sentó de un movimiento y miró a su alrededor, reconociendo su habitación y al digimon que estaba sentado a su lado, mirándole en silencio y esperando alguna señal por parte de ella. Dianamon se sostuvo la cabeza, un poco adolorida, pero sin más aflicciones que esa. Se miró la vendada mano izquierda, que hacía pocos segundos reposaba entre las de MirageGaogamon, pero quien rápida y disimuladamente la había depositado en la cama en el momento en que la digimon despertara para no ofenderla de algún modo. No le dolía pero tampoco era muy agradable saber que estaría invalidada de una mano durante algún tiempo. Las restricciones siempre la ponían del peor humor.
-¿Cómo se siente mi ama?-preguntó el digimon sumiso y preocupado.
-Estoy bien.-dijo ella con un gesto de cabeza-¿Cuánto tiempo he estado aquí? ¿Qué pasó con la pelea?-quiso saber de inmediato.
MirageGaogamon Burst le explicó lo ocurrido después de que ella perdiera el conocimiento, y de que Sleipmon se vio obligado, ante el abrasivo ataque de los CannonDramon, a retirar a las tropas, perdiendo así el terreno del polo sur. Dianamon cerró los ojos con fuerza y apretó el puño sano.
-Demonios…qué tonta fui. Debí haber previsto algo así tratando con Machinedramon. ¿Qué han acordado para recuperarla?-preguntó.
El lobo bajó la mirada.
-Nada mi señora; los Royal Knights han declarado ese territorio como perdido. Está completamente tomado por el enemigo y ya se están preparando para otro encuentro mañana.
-¿Dónde esta vez?
-En la región del viento, al sur. Es el General Gaiomon que quiere la primera parte de la región; luego es probable que haga un segundo ataque para obtener el resto.-cerró con fuerza su puño, molesto.
-Se acercarán a las regiones del agua, y del bosque también.-exclamó la mujer. Aquellos territorios correspondían a ella, Neptunmon y Minervamon-No podemos permitir que los tengan.-Hizo ademán de levantarse, pero su cuerpo no quiso responder del todo y MirageGaogamon intentó retenerla en la cama.
-No mi señora, no se esfuerce. Aún es necesario que se recupere del todo si quiere ayudar a los demás en esta guerra.
-¡Pero no hay tiempo que perder! ¡No puedo estar aquí mientras los demás hacen su parte, debo ir!-dijo intentando salir de la cama, pero MirageGaogamon la retuvo con cuidado.
-Ama por favor; no lo haga. Quédese y repóngase, es lo mejor.-Dianamon intentó rebatir, pero MirageGaogamon se arrodilló y puso su frente contra la mano de ella-Por favor.
La digimon dio un suspiro de resignación y se echó en los almohadones, desanimada. Paseó su vista por la gigantesca habitación, toda de marfil y zafiros brillando en las paredes y decorando cada objeto y mueble del lugar, con las cortinas inmaculadas filtrando la tenue luz y haciendo refulgir las brillantes gemas que eran tocadas por ella. Cerró los ojos fastidiada y se pasó una mano por el rostro. Odiaba estar sin algo que hacer y mucho más postrada en una cama. El solo saber que la guerra sacudía al digimundo allá afuera y ella allí la ponía aún más nerviosa y la enojaba más. El lobo podía leer perfectamente esto en los ojos de ella, y sin levantarse del suelo, le pidió:
-Ama Dianamon, de ser posible…si usted lo desea, yo podría estar allá en nombre vuestro.
Dianamon volvió la cabeza, extrañada. MirageGaogamon no se separaba de ella jamás, mucho menos sabiendo que la mujer estaría en mal estado, si quiera por un leve dolor de cabeza o cosas como doblarse un pie. La cuidaba celosamente de lo que fuera y le evitaba cualquier tipo de mal, y ahora que estaba en esa condición le pareció muy extraña su propuesta. De pronto y como un chispazo, supo la razón. Cerró los ojos y disimuló una sonrisa.
-¿Es por ShineGreymon, verdad?
El digimon azul, aún con la cabeza gacha, miró en cualquier dirección.
-También es por eso.-admitió.
Dianamon asintió y se quedó pensando, mientras cada segundo le pesaba enormemente al caballero bestia. Era muy difícil para él dividir su fidelidad y su amor por Dianamon, por la lealtad y preocupación que le guardaba a su compañero de fuego, pero dadas las condiciones sabía que Dianamon entendería y aceptaría. Por muy fría y dura que se mostrara, MirageGaogamon había sido privilegiado conociendo su lado más cálido y maternal desde que fuera un niño. Ella se volvió a verlo nuevamente.
-¿Dudas de él? ¿De su capacidad? ¿De que pueda sobrevivir a la guerra?-dijo con dureza y poniéndolo a prueba.
Él negó con la cabeza gacha.
-No mi señora; con alguien de su casta, no podría dudar de su poder ni de sus habilidades, pero él es uno y en la guerra son miles. No podría dejar que a alguien como él le pasara algo. Sé que vos estaréis segura aquí en el templo, pero si tengo oportunidad de cubrirle la espalda a mi señor…-dejó esa frase en el aire-Tanto como por usted, sé que daría mi vida por él.
La diosa sonrió y puso su mano en el cabello blanco del digimon. Este tembló levemente bajo su brillante armadura azul.
-Eres demasiado leal y entregado MirageGaogamon. Temo que eso te mate alguna vez.-terminó con cierta tristeza impregnando sus palabras.
El lobo sospechaba que así sería, pero no le importaba. Era un perro fiel que seguía a su amo y nada más; aunque lo intentara, jamás podría cambiar aquello, y tampoco querría hacerlo.
El sol estaba en lo alto al día siguiente. Gaiomon tenía sus brillantes ojos puestos en la lejanía mientras el enemigo se acercaba al campo de batalla. Estaba de brazos cruzados, firme como una roca al suelo y con el viento soplando su cabello y su ropa, mientras esperaba a que Matadormon regresara confirmando que su orden había sido terminada. El lugar que había elegido para la batalla era sumamente ventoso, y la dirección y fuerza de dicho viento podía ser a veces impredecible, pero él, que había viajado centenares de veces por esa zona y podía interpretar todos los signos de la naturaleza digital a su alrededor, no había elegido el campo de batalla al azar. Los soldados a los que había encargado una tarea premeditada se movían rápidamente, trayendo grandes atados de madera y palos secos, los que les darían la ventaja inicial al empezar la lucha, algo que por cierto, sus enemigos no tenían previsto.
-¿Para qué demonios son los montículos de madera?-preguntó Gallantmon observando lo que hacían los soldados del bando rival, amontonando grandes pilas de madera seca a varios metros de distancia de su unidad.
-Eso quisiera saber.-dijo Duftmon tan extrañado como los demás.
Barajaba muchas posibilidades, pero algún tipo de defensa con semejante cosa era absurda, por lo que solo podía tratarse de algún tipo de distracción. En pocos minutos, la unidad de dragones y guerreros de Imperialdramon estuvo en posición, y el General estableció contacto con ellos para dar los primeros informes. Omegamon lo advirtió nuevamente.
-No obtendrán la región señor, se lo aseguro.-dijo el digimon azul y rojo con firmeza.
Por su lado, al General Oscuro no le agradó nada lo que veía. Escrutó la lejanía moviendo sus pesados ojos de un lado a otro, sin encontrar lo que buscaba. Matadormon se reunió en poco con él.
-Ya están todos en posición señor.-informó el vampiro.
-¿Dónde está OuRyuumon?-preguntó el digimon negro.
Matadormon se volvió y solo le bastó una mirada para reconocer a la armada enemiga.
-No ha venido señor; se trata de la unidad del General Imperialdramon, el más joven de la Elite. Dragones, caballeros y guerreros.
Gaiomon chasqueó la lengua y se hizo a un lado. Abrió una ventana de comunicación y la recepción se estableció dentro de poco. Omegamon estaba al otro lado de la pantalla.
-¿Qué es esto Omegamon?-quiso saber con un tono irónico-Vengo a una batalla seria y en vez de enviarme a tu mejor General me envías a un niño.
-El General Imperialdramon está muy bien catalogado, por eso fue escogido.-respondió el caballero blanco seriamente-Además, soy yo quien dicta quien estará en el campo de batalla, no elijas por mi Gaiomon.
-EW.-exclamó pesadamente el samurái entornando los ojos-Sabes que cuando me haces enojar sales perdiendo Omegamon, voy a darte una cosa por segura:-dijo mirándole directamente-por esto, voy a dejar de esta armada a un solo hombre en pie. Uno solo-levantó su dedo-y la próxima vez que me desafíes no será ninguno.
El menor no respondió, solo terminó la comunicación.
Conocía a su hermano y sabía que no sería capaz de exterminar a todos los hombres de Imperialdramon. Sabía que Gaiomon solo ganaba sus batallas por superioridad y no por dejar al otro bando sin soldados, aunque se contradijo al recordar que las palabras de un samurái eran hechos ya cumplidos.
Cuando todos estuvieron en sus lugares, Imperialdramon salió al frente para asegurarse de que sus hombres estaban listos y el plan procedería como se había predicho. Lo único que le inquietaba un poco era la barrera de madera que habían establecido los otros delante suyo. Se volvió para repartir sus instrucciones, y en lo que hacía esto, el soplar del viento cambió súbitamente de dirección. Esta vez el cabello del General Oscuro se mecía hacia adelante, interrumpiendo un poco su visual pero haciéndole sonreír levemente. Miró a Matadormon y le hizo un gesto afirmativo. El vampiro se movió veloz como el rayo, y dentro de poco, grandes digimons flamígeros como PileVolcanomon, Volcamon, Meramon, SkullMeramon entre otros, salieron adelante junto con varios dinosaurios, también de fuego. Omegamon estableció inmediato contacto con su General.
-Está moviendo a los digimons de fuego; es probable que intente la jugada de la última vez. Proceda con cuidado.
Imperialdramon acató y mantuvo a sus hombres en sus lugares, moviendo a los dragones de armamento especial adelante para contener las llamas que se aproximarían. Para sorpresa de todos, Gaiomon dio una indicación y los digimons de fuego no atacaron al enemigo, sino a las pilas de madera delante de ellos, envolviéndolas en furiosas llamas y creando enormes hogueras que levantaban gran cantidad de humo…
-Oh no…-exhaló el digimon blanco al comprender. ¿Por qué Gaiomon siempre tenía que salir con algo nuevo?
El feroz viento movilizó en cosa de segundos las enormes masas de negro humo que se habían levantado, arrastrándolas sin dificultad hacia el batallón enemigo y produciendo un caos. Los soldados comenzaron a ahogarse con el denso humo que cortaba la respiración y quemaba en los ojos, imposibilitando completamente la visión. Imperialdramon, con la garganta cerrada y los ojos rojos, dio la orden de romper filas y atacar desde distancia. Sus digimons se movieron entonces en varias direcciones intentando acercarse a los rivales, pero éstos estaban protegidos por una cortina negra que los escondía perfectamente.
Poco a poco comenzaron a caer de a uno los guerreros y dragones, atravesados a distancia por disparos, llamaradas y técnicas especiales que llovían desde distintos lugares, sin que ellos pudieran ver por dónde atacaban. Gaiomon se quedó en su lugar esperando pacientemente mientras abajo se sucedía el desastre. Las bajas comenzaron a producirse de prisa.
-¡Maldita sea!-bramó Gallantmon golpeando en el tablero con sus puños cerrados.- ¡Odio a tu hermano Omegamon!
El caballero blanco no dijo nada, apesadumbrado como estaba. Se quedó con sus ojos azules puestos en la pantalla, pensando, buscando alguna forma de adelantarse a ese digimon alguna vez. Por su parte, en la fortaleza OuTsuyosa, OuRyuumon también seguía la jugada del samurái, golpeando en la mesa con ambos puños y rugiendo cosas.
-¿Cómo es que no lo vieron?-exclamó furioso- ¡Era obvio!
-Señor, tranquilícese por favor…-pidió Ryuudamon desde abajo, un poco apenado de ver a su superior tan molesto, como nunca le pasaba. Él era el digimon más jovial que hubiese conocido y ahora estaba así.
-¡Pero es que…!-se mordió la lengua y dio algunas vueltas por la sala de comunicaciones, mientras sus secretarios y subordinados trabajaban enviando y recibiendo información-Debí haber estado ahí, tenemos digimons que pueden ir bajo tierra y deshacerse de esas hogueras, ¿cómo es que no envían unidades máquina para acercarse? ¡A ellos no les afecta!
Siguió farfullando cosas, hasta que se detuvo contra una pared y tocó su frente con ella. Tenía que controlarse un poco y confiar más en Imperialdramon. Después de todo le conocía, y el chico era muy astuto y fuerte. Pero al solo pensar en que Gaiomon había vencido de un movimiento a Justimon y había barrido con los soldados de Tiger le hervía la sangre.
-Debí haber estado ahí…-repitió nuevamente abriendo los ojos.
No se daba cuenta, pero su única motivación era la de estar allí para derrotar al otro y probarle quien era en realidad. Seguro hubiese estado tan enfocado en vencerlo que hasta se le habría olvidado dar sus órdenes y habría convertido la batalla en algo personal, tal y como Omegamon le había advertido. Volvió la cabeza al ver a Ryuudamon a su lado, con sus enormes ojos verdes puestos en él. Le pareció que el niño le pedía algo con la mirada, pero estaba tan ofuscado pensando en la batalla que ahora se desarrollaba que no supo decir qué.
-¿Qué quieres Ryuudamon?-preguntó bajando la voz y apagando los humos.
El dragón parecía tener algo obstruyéndole la garganta, pues le costó un poco hablar al principio. Respiró hondo y dijo:
-¿Le traigo algo señor?
El General comprendió que el chico solo quería que se le quitara de una vez esa frustración que sentía al haber sido retenido en su puesto y no haber podido participar de la batalla. Se serenó y dejó salir el aire por la nariz.
-De acuerdo.
Su teniente sonrió levemente y asintió con la cabeza, alejándose para ir a buscar los mochis que tanto gustaban al General y que siempre mejoraban su malhumor. OuRyuumon por su parte se enfrió completamente y se quedó viendo una pantalla en donde se seguía la batalla. Los guerreros y dragones de Imperialdramon seguían sin poder acercarse al blanco ni reducir la mínima parte de su número mientras que el enemigo los tenía a su merced.
"Más vale que haga algo pronto"
-Señor-habló Black, el BlackWarGrowlmon a su servicio-el General Gaiomon se está moviendo.-informó mientras acercaba una cámara que estudiaba la situación.
-Ponlo en la pantalla principal.-ordenó el dragón. Así podría estudiar a su rival y obtener cierta información importante.
En el campo, Gaiomon se movió veloz por las elevaciones rocosas, teniendo así mejor visibilidad y posición para atacar. Le seguían de cerca DinoHumon y Matadormon, los más rápidos, mientras que Grumblemon y Tekkamon luchaban abajo con los demás soldados. Vio adelante lo que buscaba; la ofensiva más fuerte de Imperialdramon, un grupo de Knightmons, Paildramon y Majiramon, quienes tenían la mejor defensa y ofensa del lugar y eran hasta ahora el blanco más difícil de derribar de los hombres de Gaiomon. Se detuvo y estudió el problema.
-¿Cómo va a deshacerse de esas cosas tan grandes señor?-preguntó Matadormon haciendo referencia a los cinco enormes dragones verdes que con su poderosa técnica "Vedaka" arrasaban con varios de los rivales.
-Trae a Grumblemon al frente de ellos-ordenó al vampiro-que haga un agujero lo suficientemente grande para hundir a esas cosas, todas a la vez.
-Sí señor.-acató el digimon desapareciendo en rápida carrera hacia el centro de la batalla.
En lo que el teniente se marchaba, Gaiomon echó un vistazo hacia el lado sur del campo de batalla, donde el enemigo aún no entraba con fuerza. El nuevo miembro se encontraba allí, luchando a mano limpia contra los XV-mon y despedazándolos con sus filosas garras. Al principio había montado toda una escena al enterarse de que se quedaría en la segunda línea de defensa y no al frente como hubiera querido, pero el General volvió a dejarle las cosas en claro y el chico no volvió a abrir la boca, por mucho que hubiera querido.
De pronto un fuerte sonido que desvió su atención al frente, un temblor de gran magnitud, y Gigasmon hacía con un golpe de su puño un cráter de colosales dimensiones justo en el lugar en donde estaban los dragones, haciendo que los cinco se fueran al agujero de un segundo a otro, ante la sorpresa de todos. A un gesto de su cabeza, DinoHumon siguió a Gaiomon colina abajo a gran velocidad, listos para exterminar a los digimons semi enterrados.
-¿Qué demonios ha sido eso?-preguntó Omegamon viendo la pantalla y cómo los enormes dragones desaparecían en una gigantesca polvareda.
Duftmon acercó la cámara de vigilancia y pudieron verlo; un Gigasmon que regresaba a su forma anterior y había provocado un enorme agujero en el que había hundido a los dragones. Las demás cámaras detectaron a Gaiomon y a un digimon siguiéndole que se acercaban a gran velocidad hacia ellos. La idea de enterrarlos era bastante sencilla, puesto que no podrían utilizar su Vedaka para atacar estando ellos mismos en el lugar; de hacerlo solo se destruirían a sí mismos. De pronto Duftmon llamó su atención.
-Omegamon, no vas a creer lo que tengo en la cámara siete.-dijo casi sin creérselo él mismo.
El caballero blanco se volvió a ver, y él tampoco podía creerlo.
-¿Beelzemon?-dijo ante la sorpresa. El digimon negro luchaba fieramente contra otros de su nivel y levemente inferior sin problemas, pero no se movía del lugar que le habían designado-Es imposible, Lucemon jamás los deja salir.
-Ha de ser otro.-supuso Gallantmon sin creer tampoco que se tratara del Demon Lord.
-Pues es ese-rebatió Duftmon con cierto gusto-mira sus niveles.-dijo apuntando una pantalla en la que se mostraban los estatus del demonio. Eran muy elevados para ser un digimon normal.
El segundo líder frunció el seño y se digirió a la computadora en donde tenía contacto con Imperialdramon. No había tiempo que perder.
-General; tenemos a un Demon Lord en las filas enemigas. Es importante aprovechar la oportunidad para estudiarlo y buscar la forma de destruirle cuanto antes. Busque un modo de acercarse y enfrentarlo.
-Sí señor.-asintió el digimon del otro lado.
Destruyó de un puñetazo en la cara al PileVolcanomon que le hacía frente, batió sus alas y se alejó de allí, mientras daba la orden a las unidades dragón más grandes para que avanzaran de acuerdo al plan. Grandes digimons aparecieron desde atrás y avanzaron por el campo, usando sus fuertes colas para destruir rocas y picos gigantes, los que caían sobre los enemigos y los pulverizaban. Gaiomon junto con DinoHumon abrieron en canal a tres de los cinco Majiramon, mientras que los otros dos lograron salir del agujero en el que estaban hundidos, levantaron sus manos y atacaron a la vez a los dos enemigos que quedaron abajo.
-¡VEDAKA!
El cielo se volvió negro sobre ellos, y de un haz de luz descendieron las flechas luminosas sobre Gaiomon y su pupilo. Este solo cerró los ojos, sabiendo que no podrían salir a tiempo del lugar, y de salir vivos quedarían en terrible estado, pero para su sorpresa nada de eso ocurrió. Sintió el impacto de las flechas de energía cayendo sobre sus cabezas, pero no había dolor; no había nada. Abrió los ojos y se vio envuelto en una esfera de energía brillante y poderosa, algo que nunca había visto. Sorprendido se volvió a ver a Gaiomon, y vio que la energía luminiscente salía irradiada de su cuerpo, creando una esfera sobre ambos que los protegió completamente del ataque.
"¿Qué rayos es eso?"- se preguntó sin comprender.
Frente a la pantalla, OuRyuumon vio como las doscientas dieciséis flechas de luz cayeron en el agujero y estallaban abajo como si llovieran bombas atómicas. No había quitado sus ojos de la escena ni una vez, y sabía que su rival estaba allá abajo, siendo pulverizado por los poderosos ataques. Aún para él un castigo como ese era un terrible riesgo vital, por lo que sus esperanzas para la victoria de Imperialdramon crecieron. Solo un poco.
-¿Qué demonios?-exclamó sin dar crédito a lo que veía.
En cuanto la última flecha cayó del cielo e impactó abajo, todo se apagó y quedó en abrupto silencio. La cámara sobrevoló el lugar y mostró a los dos digimons abajo sin el mejor rasguño. Nadie pudo explicarse aquello.
-¿Qué fue eso?-preguntó Gallantmon con ambos puños sobre la mesa. Luego se volvió a hacia su compañero-¿Qué rayos fue eso?-dijo casi gritando-¿Cómo pudieron salvarse de algo así?
Omegamon estaba tan impresionado como él, pero de pronto pareció darse cuenta.
-Gaia Reactor-dijo recordándolo.
-¿Qué?-preguntó el caballero rojo.
-Es una técnica de Gaiomon; concentra el aire a su alrededor y lo combina con su propia energía para crear una especie de esfera de energía muy poderosa. Puede hacer muchas cosas con ella, como atacar a su enemigo, hacer estallar el lugar en pedazos y protegerse a sí mismo.-se quedó con la vista puesta en el tablero y luego cerró con fuerza los ojos.
-Genial.-sentenció Duftmon pesadamente-Aparte de espadachín es arquero y tiene esa…cosa para defenderse. ¿Algo más que se nos esté pasando por alto Omegamon?-preguntó irónicamente.
El digimon blanco le miró, como si le preguntaran algo gracioso.
-Sus espadas.
-¿Qué hay con ellas?-preguntó el felino.
-No son "normales".-dijo entre divertido y apesadumbrado. Sabía que las armas de su hermano eran especiales y únicas; que podían quemar o hacer estallar algo al más leve contacto sin siquiera tener que atravesar o cortar completamente a alguien. O algo.
El General negro salió del agujero junto con su seguidor y entre ambos dieron muerte a los dos dragones, que después de haber utilizado todo su poder en el último ataque, poco pudieron hacer para defenderse. Por su lado, Imperialdramon dio con la ubicación de Beelzemon. El Demon Lord atravesaba de un movimiento a uno de sus soldados y éste se desintegraba lentamente en el suelo, mientras él se acercó veloz y silencioso hasta el demonio oscuro. Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, se mostró y tomó por sorpresa a Beelzemon, propinándole un poderoso golpe en la cara y arrojándole metros lejos contra el suelo. El digimon se levantó con dificultad y limpió la sangre de su boca.
-Maldito.-murmuró enfurecido.
Imperialdramon se lanzó una segunda vez contra él y ambos lucharon mano a mano entre fuertes golpes y patadas que romperían los huesos de cualquiera. Matadormon observó esto desde su ubicación, pero no hizo nada por ayudar al virus. De todos modos no era su problema y no se suponía que ayudara al Mar de la Oscuridad destruyendo a sus propios soldados. Al enfrentarse a sus propios aliados, solo les hería levemente para pasar de largo de ellos y evitar en lo posible la pelea. Su función principal era la de mantener a su superior informado y repartir sus órdenes, por lo que podría usar eso como excusa junto con el hecho de que Beelzemon odiaba que se entrometieran en sus peleas.
Los soldados del Mar de la Oscuridad comenzaron a tomar ventaja sobre la armada de Imperialdramon, por lo que éste, alertado en medio de su batalla por Valkyrimon, su mensajero, dio orden de que se liberaran las unidades aéreas que esperaban su turno. Estas llegaron pronto guiadas por el guerrero alado, y descargaron su poder contra el ejército rival. Este sin embargo parecía inquebrantable.
-¡Señor!-gritó Tekkamon mientras se acercaba a su superior. Este se volvió a verlo y el más pequeño habló-Es el amo Beelzemon; está luchando contra el General Imperialdramon y no parece tener ningún tipo de ventaja.
El samurái dejó salir un gruñido y meditó un segundo. Sabía que los dragones alados estaban causando problemas en el lado este del campo y pronto se levantarían por sobre el resto del lugar, por lo que tomó una decisión rápida.
-DinoHumon;-habló al chico-Grumblemon, Tekkamon y tú tienen que darme tiempo para deshacerme de las unidades aéreas más peligrosas. Vayan y enfrenten a Imperialdramon.-sentenció.
El digimon tragó saliva pero asintió sin dudarlo. Se alejó de prisa mientras Grumblemon se reunía con ellos y se dirigían al lugar en donde estaba el dragón luchando con Beelzemon. Gaiomon volvió a tomar una posición elevada y juntó sus dos kikurin formando el arco. Apuntó y disparó, como quien caza perdices, hacia los dragones que sobrevolaban el cielo y dejaban caer sus poderosos ataques sobre el enemigo. Las flechas de energía eran disparadas directo al pecho o la cabeza, causando una explosión que dejaba fuera de combate al digimon casi al instante. Se deshizo de diez de ellos en menos de dos minutos.
Al otro lado del campo, Beelzemon recibió otro puñetazo en el estomago, que le arrojó lejos y le cortó completamente la respiración. Rodó algunos metros sobre el suelo de roca y cayó sobre sus manos y rodillas, recuperando el aire. Imperialdramon le apuntó con el cañón en su mano sin que él pudiera levantarse; las fuerzas le fallaban y su energía era baja. No imaginó que acabaría así. Que patético se sintió.
-¡POSITRON LASER!
En el segundo mismo en que la bola de energía salía de la boca del cañón, un golpe de mediana intensidad desde abajo hacia arriba hizo que el rayo de Imperialdramon cambiara de dirección y saliera despedido hacia el cielo. El General retrocedió y se encontró con un Grumblemon que había salido justo bajo sus pies y le había hecho fallar el tiro con un golpe de su martillo. No había sido fuerte pero sí lo suficiente para desviar su brazo y por consiguiente el rayo. Al segundo aparecieron un DinoHumon y un Tekkamon delante de Beelzemon, quienes pusieron sus armas al frente, desafiándole. El digimon pareció muy contrariado.
-¡No lucharé contra digimons tan débiles!-bramó-¡Pero si me obligan a hacerlo no tengo más opción que eliminarlos!-dijo levantando su cañón una vez más.
Ninguno de los tres digimons dijo nada ni se movió. DinoHumon tenía su cuchilla más grande al frente, lo mismo Tekkamon, y Grumblemon su martillo levantado, listo para dar un impacto. Imperialdramon esperó unos segundos, pero al no haber respuesta, atacó con su rayo y éste se perdió en la lejanía. Al ver, ni Beelzemon ni los otros tres digimons estaban allí; solo había un gran agujero en el suelo por el cual habían escapado.
"¡Demonios!"
Volvió con su unidad solo para constatar que el enemigo les tenía contra las cuerdas, y ya había perdido al 80% de su tropa, algo que le pareció inconcebible.
Regresó volando a toda velocidad, esquivando los disparos enemigos y viendo en el campo los cuerpos caídos de sus soldados dragón y caballero. Aún quedaban algunos en pie que luchaban fieramente contra el enemigo, pero quedaban pocas esperanzas. Comenzó a llamarlos para reagruparlos e intentar un contraataque, cuando una flecha le atravesó el ala y estalló al instante, haciéndole caer y estrellarse contra el suelo. Se levantó con cierta dificultad y un ala que no respondía. Sacudió la cabeza y buscó al agresor, quien no tardó en aparecer frente a él, dividiendo su arco en dos espadas y avanzando lentamente.
-Perdone usted General-dijo mientras se acercaba-le confundí con otros de los mosquitos que acabo de derribar.
Imperialdramon cerró su puño y se preparó. Era bien sabido que venciendo al líder de cada ejército era más fácil y eran más altas las probabilidades de tener ventaja sobre el enemigo, por lo que, habiendo perdido a Beelzemon de entre sus manos, no podía perder la oportunidad de vencer a Gaiomon y dejar libre aquella zona. Sabía también que era un digimon muy peligroso y fuerte, por lo que debía proceder con cuidado. Apuntó y atacó desde distancia.
-¡POSITRON LASER!
Gaiomon esquivó de un salto el primer ataque, y desde la altura reunió sus dos espadas por sobre su hombro.
-¡RINKAZAN!
La ráfaga se dirigió directa y veloz hacia al dragón, quien intentó volar pero su ala herida no se lo permitió. Se movió a un lado y evitó la peor parte del ataque, pero le costó volver a retomar su guardia. Al ver, el samurái se movió como una sombra hacia él, dispuesto a atacarle con sus dos espadas, pero él le contuvo con ambas manos. Sintió que había metido sus manos al fuego.
-¡AHH!-exclamó retrocediendo sin comprender qué había pasado.
Conocía el método para detener el golpe de las espadas; había sido entrenado cuidadosamente en el arte de aquellas armas y sabía cómo detener golpes de ellas desde distintos ángulos, por lo que no había tocado el filo de las armas sino sus lados, pero aún así algo le había quemado y herido dolorosamente. Gaiomon aprovechó este segundo para asestarle un fuerte golpe directo en el pecho y hacerlo caer, dispuesto a atacar nuevamente, pero el General azul se levantó de un movimiento, se movió a un lado y le asestó un poderoso golpe en la cabeza, el que el virus logró resistir no sin dificultad.
Imperialdramon disparó en el segundo su cañón directo contra el rival, quien se protegió con ambas espadas al frente y reduciendo el impacto. Salió arrastrado algunos metros, pero estaba bien. Todo esto era por cierto seguido desde las pantallas de ambos bandos en sus respectivos lugares, mientras ambos miembros recababan información y datos de la pelea.
Lejos, DinoHumon y sus dos compañeros dejaron a Beelzemon en un lugar seguro y alejado del centro de la batalla, en donde poco a poco se iba apagando el clamor inicial de la lucha, extinguiéndose mientras los soldados de Imperialdramon caían derrotados y muertos. Beelzemon apoyó su espalda contra la enorme roca tras la cual estaban escondidos y recuperó el aire. Le dolía todo el cuerpo, pues los disparos de Imperialdramon habían sido devastadores. No imaginaba que los Generales eran así de poderosos; no imaginó qué sería enfrentar a los otros si este era el más joven. Se reprochó a sí mismo y se sintió humillado. El joven dinosaurio y sus compañeros parecieron comprenderlo muy bien, por lo que prefirieron darle espacio y tiempo para no molestarle y se marcharon a cumplir su deber.
-Beelzemon es un idiota-siseó Lucemon desde su asiento de cuero mientras seguía la batalla en las pantallas-No sé en qué momento se le ocurrió ir a meterse allá.
-Deberías estar más preocupado de su estado.-comentó Barbamon a un lado y tosiendo levemente-Está en muy malas condiciones y eso que solo se enfrentó a un General. No está preparado para la guerra.
-Ya lo sabía.-soltó el ángel sin más y apoyando su cabeza contra su mano cerrada.
Lilithmon, quien estaba atrás escuchando y mirando las imágenes, avanzó hasta él molesta y con ambos puños cerrados.
-¿Lo sabías?-exclamó.
-Claro que sí. De los seis es el más débil y solo porque es un orgulloso y se niega a entrenar como los demás.-dijo Lucemon sin darle importancia-Solo pierde su tiempo en sus niñerías de adolescente.
-¿Cómo pudiste dejarlo ir entonces si sabías que no estaba listo?-exclamó la mujer, sonando altamente maternal al defender al chico.
Lucemon se quedó viéndola, no tanto confundido pero sí extrañado. Arqueó las cejas y volvió su atención a las imágenes.
-¿Tanto te importa? No recuerdo que fuera tuyo.
-Da lo mismo si es mío o no, es uno de los nuestros.-rebatió-Además, si algo le pasa, tu "afamado" plan fallaría y tendríamos que seguir aquí esperando quien sabe cuántos años más. No comprendo cómo pudiste arriesgarlo si tanto te importa que estemos los siete reunidos para el último día.
"El último día" era lo que Lucemon había designado como el día en que los Siete Demon Lords estarían finalmente reunidos para liberar su verdadero poder y dar la victoria al Mar de la Oscuridad. Habían esperado cientos de años por ese día y finalmente solo faltaba uno de ellos para que el tiempo llegara. Por esto era que Lucemon jamás les permitía abandonar el área oscura, evitando así una pérdida y continuar con la larga espera. Sin embargo y por alguna razón desconocida para todos, había permitido que Beelzemon saliera del Castillo Berúng y participado de la pelea, algo que ponía muy de malas a Daemon y a Leviamon. Ellos también se desesperaban sabiendo que afuera había guerra; oportunidad de matar y volverse más poderosos y sin tener oportunidad de estar allí.
El ángel caído no prestó más atención a la mujer y siguió la pelea en las pantallas. El enemigo ya estaba completamente reducido y solo faltaban unos pocos aquí y allá, muy poderosos pero que se verían reducidos ante el gran número de soldados oscuros que les enfrentaban. Solo algunos minutos más y la victoria estaría declarada. Qué acierto haberse traído a ese Gaiomon, pensó, por muy odioso e insubordinado que le hubiera salido.
El poderoso Rinkazan que le alcanzó le arrastró varios metros lejos de su ubicación y le dejó atontado un momento muy breve, pero que le resultó fatal. Al abrir los ojos después del impacto tenía a Gaiomon casi encima, y el samurái arrastró por tierra la punta de sus dos espadas, creando un arco desde el suelo hacia arriba y levantándole de un movimiento con su fuerza y la energía liberada desde sus armas. Imperialdramon se cubrió y salió disparado al cielo; hubiese podido evitar mejor el golpe de no ser porque su ala no respondía y ya estaba alcanzando su límite, pero no estaba dispuesto a desistir, de ninguna forma. Se descubrió y apuntó con el cañón de su pecho, pero cometió un terrible error; algo que no tenía previsto.
Una flecha dorada se clavó en la boca del cañón y estalló produciendo severos daños en el digimon. Este intentó algo, pero una segunda y tercera flecha le detuvieron e hicieron estallar dolorosamente, elevándole aún más con cada golpe, hasta que estos cesaron e Imperialdramon, al borde de la inconsciencia, comenzó a caer como un meteoro a tierra, estrellándose abajo contra el cuerpo de un gran Triceramon que terminaba de desintegrarse. Una vez en el suelo, el digimon se obligó a sí mismo a levantarse, pero le resultó imposible. Volvió a hacer un esfuerzo y logró voltearse boca abajo, mover piernas y brazos para levantarse y verse golpeado en la espalda para caer de bruces nuevamente contra la tierra.
Gaiomon estaba casi sobre él, apuntándole al cuello con una de sus kikurin y la otra clavada en la tierra. Escuchó a sus tres discípulos acercarse junto con los metálicos pasos de Matadormon, a sabiendas de que vendrían a dar su reporte de la situación. Miró una vez más a Imperialdramon, quien furioso y comprimiendo tierra en su mano, no podía sino esperar el final. El samurái no lo prolongó más, levantó su espada en lo alto y de un veloz movimiento en seco, la detuvo a un centímetro del cuello del digimon, recordando súbitamente algo. Se quedó así, mientras los otros cuatro quedaron como suspendidos al presenciar la ejecución de uno de los Generales de la Elite.
-¿Cuántos soldados quedan en el campo?-preguntó con sus ojos puestos en el digimon abajo.
-Ninguno señor-respondió Matadormon con su sonrisa habitual -Los hemos exterminado a todos.
El General Oscuro se levantó despacio y recuperó su segunda espada. Imperialdramon hizo acopio de todas sus fuerzas para levantarse sobre sus manos y rodillas. Se veía completamente extenuado. Le miró furioso y exigiendo una explicación.
-Vaya General-dijo el virus volteándose para marchar-tiene usted una suerte…
El digimon negro hizo una indicación y sus hombres se marcharon rápidamente del lugar, para avisar a los otros que comenzaran a movilizarse y tomar posesión del sector ganado. Atrás, el joven Imperialdramon dejó salir una exhalación de derrota y frustración, golpeando con su puño cerrado en la tierra y cerrando con fuerza los ojos. Había perdido y de la peor forma posible; pagando todos y cada uno de sus soldados el alto precio.
De pie y con su vista aún puesta en la pantalla, el General dragón tenía mil pensamientos golpeando en su cabeza a la vez, pero eran tantos y tan confusos, que no podía detenerse y prestarle atención a ninguno, por lo que podía decirse que también estaba en blanco. La demostración de su enemigo había sido impresionante, aunque aún no aceptaba ningún tipo superioridad ni parecidos. No hasta que él mismo lo enfrentara.
Y tenía que ser pronto.
Con muchas cosas en las que pensar y hacer, el digimon salió con un semblante ensombrecido por la derrota obtenida y por los problemas que acarraría dicha caída. Ryuudamon le observó con pesar mientras avanzaba fuera de la sala de comunicaciones, dejando sobre el tablero el plato que su teniente le había traído casi media hora atrás.
Estaba intacto.
Lejos, en una dimensión unida al digimundo, pero también separada de ésta, un digimon de dorada y negra armadura como la oscuridad que le rodeaba, contemplaba la batalla que acababa de finalizar con la victoria dada para el nuevo General de Lucemon. Había seguido aquella y todas las batallas que se habían dado, y aún cuando todo había marchado bien en un principio, las cosas se estaban distorsionando de cómo las había imaginado. Si bien se había mostrado neutral respecto al asunto, no podía negar que preferiría mil veces el código impuesto por los Tres Ángeles y los Royal Knights, a las ideas dictatoriales que el ángel caído tenía planeadas desde los primeros días de su madurez. Pudiese ser que ocultara sus verdaderas intenciones, pero Lucemon vivía en la oscuridad y él también, por lo que podía saber y presentir todo lo que por la cabeza del otro pasaba. No era un vínculo o un lazo, puesto que ambos eran seres muy separados, pero la oscuridad les unía de maneras muy diferentes, algo que el Demon Lord no quería y aparentemente jamás podría comprender. Él había intentado explicárselo en vano. Lucemon era demasiado orgulloso para aceptar otras ideas que no fueran las suyas propias.
El digimon se recostó en el alto asiento y dejó salir un suspiró de abatimiento. No quería inmiscuirse, había prometido que no lo haría y dejaría que las cosas siguieran su curso, pero no le estaba gustando nada como marchaban las cosas. Esperaría un poco más, tal vez la siguiente batalla, deseando con todo su ser que la victoria fuese para la Orden y los suyos, y de no resultar así vería alguna forma de ayudar a evitar la expansión de Lucemon. De manera sutil, nada de impertinencias ni entradas en batalla. En algún sentido se consideraba a sí mismo un pacifista, solo porque detestaba la lucha innecesaria, pero por supuesto, si se trataba de defender aquello que amaba y protegía desde siempre, no dudaría en hacer uso de su fuerza, la que por cierto, era muy grande. Él muy bien lo sabía y también todos los demás, especialmente Lucemon.
Continuará...
Lady Beelze: Woow o0o ¿quién será ese personaje misterioso que hace poco a poco aparición? ¿Y qué será ese misterioso secreto del que hablaban Mercurimon y MirageGaogamon? o.O Me explayaré laaaaaaaaargo en mi blog sobre este capítulo y el One shot complementario Luna mía. Pueden encontrarlo en mi listado de fics ^^ Relata TODA la vida de MirageGaogamon al servicio de Dianamon y explica en parte (una mínima parte xD) de su relación con ShineGreymon :) Es del largo de este mismo capítulo owoU entenderán que relatar 27 años de vida en un solo capítulo tiene mucho trabajo owoUUU es por eso que me retrasé tanto en la publicación de este DX Espero les guste! Sospecho que le gustará a Gabriel porque le gustan los MirageGaogamons y sus ramas xD
Nuevamente, ojalá me dejen sus opiniones ^^ muchas gracias a los que me comentaron en el capítulo anterior :33
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