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INSEGURIDADES
Disclaimer: mayoría de los personajes son reciclados de Digimon Adventure 1 y 2
Dedicado a los que se esconden bajo la cama
Capítulo 26
Esconder novios de los amigos
Koushiro observó su libreta de notas.
Al final no le había ido tan mal en deportes. Gracias al extraordinario se le permitió rendir, logró pasar con una nota más que digna, y su promedio final no se resintió tanto. Y aunque fracasó miserablemente en flexiones de brazos, era evidente que la bicicleta había fortalecido sus enclenques piernas, sorprendiéndolo a él y a su profesor.
Dejó la libreta de notas sobre el escritorio.
Tal vez lo suyo serían los segundos lugares, meditó. Osen fue la chica de su promoción quien recibió el diploma de primer lugar con su mirada petulante y llena de soberbia, y aunque no le hacía mucha gracia, Koushiro le extendió la mano y la saludó con la formalidad que es debida.
Subió a la báscula del baño. La línea roja se movió, Koushiro alzó las cejas. La dieta empezaba a funcionar, y sin la presión de la feria de ciencias, o de los exámenes, había recordado lo que significa salir por ahí, disfrutar de la compañía de otros, de una buena malteada, o ambas cosas a la vez.
El último día de clase pasó a uno de esos diner de imitación, con Mimi.
—Me recuerdan a mi vida en New York —le comentó ella con la pajilla del milkshake de frutilla en la boca—. Con Vicky y Ross siempre íbamos.
—¿Extrañas allá?
—Extraño a mi papá. A veces hablamos por internet, solo que con la diferencia horaria es un poco difícil. Pero mi vida allí… antes sí, pensaba en Vicky y Ross cada dos por tres. Ahora todo lo siento lejano, parece que soy de las que olvidan fácil.
Koushiro no supo qué decir. Mimi no quería que dijese algo.
—Por cierto —Mimi se limpió la boca con la servilleta y el muchacho supo que cambiaría de tema—, conocí a Rei.
—¿Rei? —entonces recordó por qué el nombre el sonaba— ¿Rei la novia de…?
—Sí, Rei la novia de Ken. Y es cierto Izzy, es perfecta —sin más preámbulos, le contó de lo que había estado haciendo los últimos días, de su entrevista con Iori y con Rei.
Koushiro acomodó los sucesos en su cabeza.
—¿Por qué te interesa tanto ese tema? —preguntó al fin.
—Miyako es mi amiga. Y Hikari y Ken también. Quiero ayudarlos, y que las cosas estén okey —juntó las yemas del pulgar con el índice, y remató con un chasquido de lengua.
—¿De verdad esa Rei es perfecta? —Mimi asintió—. Pero apuesto lo que sea a que no es capaz de correr tanto como lo hace Miyako.
Mimi no supo qué haría sin su Izzy-Watson.
—Tal vez conozcas a Rei y lo puedas comprobar por ti mismo. Sí, porque le pedí que fuese a la junta en casa de Yamato. Ella dijo que lo hablaría con Ken, y me pica un poco el que le tenga que pedir permiso. Pero claro, Ken lo ha pensado todo: un chico que sale con una chica que es perfecta, recelaría de enseñársela a sus amigos por temor a que se puedan enamorar de ella. Cuando Iori me hablaba de Rei, tenía sus orejas de duende rojas por la vergüenza. Esa niña enamora a todos, estoy segura.
—¿Iori tiene orejas de duende? —nunca lo había pensado.
—¿Te han dicho que te fijas en lo menos importante, sweetie?
—Tentomon me lo dice todo el tiempo. Yo estoy en desacuerdo.
Siguieron conversando trivialidades varias, sobre el colegio, películas, y las cosas que harían en las cortas vacaciones de primavera. Mimi quería hacer demasiado, pero había mucha incertidumbre en todas sus ideas. Aunque estaba casi segura que tendría que ayudar a su madre a cambiar los muebles de lugar, porque cada tanto en tanto ambas se aburrían de cómo se veía la casa.
—Pero por primera vez no me he aburrido —meditó ella en voz alta.
—Eso es porque la vida de detective es muy emocionante.
O porque la vida con Koushiro era muy emocionante. Koushiro miraba el mundo de una manera peculiar, planteándose interrogantes por todo, haciendo relaciones imposibles, y destacando detalles que ella jamás admitiría que la enamoraban.
Con Koushiro, todos los días eran un mundo nuevo.
—¿Y tú qué harás para las vacaciones.
—Dormiré 24 horas diarias.
—La verdad es que te mereces un descanso. Pero tampoco te vuelvas un obsesivo con eso, que te conozco.
Las obsesiones de Koushiro eran otra cosa que empezaban a gustarle, y mucho. Ya podía imaginárselo con un camisón naranjo y un gorro de dormir incluso para ir al supermercado, porque cuando se le metía una idea en la cabeza…
—No, si ya sé que es una idea imposible. Mis amigos del club de informática se han empeñado en hacer una maratón de las películas de Star Trek: no puedo dejarlos hablar de la ciencia tras la velocidad warp sin mí.
—Como eres una eminencia en Star Wars…
—¡Star Trek!
Se imaginó a Koushiro sentado en un sillón con todos sus amigos del club de informática, todos con gorros de papel de aluminio, y todos corrigiéndole al unísono. En el hipotético caso de que ambos fuesen novios ¿los amigos de Koushiro la aceptarían como una más? A lo mejor, el muchacho ni siquiera se atrevía a presentarla. Porque claro, la chica de seguro desentonaba. Ambos pertenecían a ecosistemas distintos.
Le gustaría ser del gusto de los amigos de Koushiro y caerles bien, así como Rei le simpatizó a ella y al chico Iori.
¿Y sería del gusto del señor y la señora Izumi? Se empezó a sentir alicaída. No lo creía posible. Ella no era tan agradable: la habían consentido mucho de niña.
—¿Qué opinas de esconder a una novia de tus amigos? —preguntó.
Koushiro volvió a alzar una ceja.
—Es que lo he pensado —continuó ella—, ¿Por qué hay gente que oculta a sus novios? Porque si es un inconveniente, entonces no tiene sentido formalizar nada.
—¿Esto es por lo de Rei y Ken?
—No, hablo en general. Dime ¿qué harías tú?
—Es un error generalizar.
—No importa, qué harías tú. Si tuvieses novia, la presentarías a tus amigos, la esconderías…
Koushiro lo meditó un momento.
—Creo que eso de las presentaciones es un poco anticuado ¿no? No presentaría a mi novia como tal, aunque tampoco la ocultaría, aparecería con ella y ya. Si alguien me pregunta, no lo negaría, pero si no lo hacen, no diría nada. No la besaría en público, pero a lo mejor la tomaré de la mano de vez en cuando, y…
Observó a Mimi a los ojos. Su expresión fue muy extraña.
—¿Y le desordenarías la cabellera? —quiso saber ella. No se dio cuenta que se había inclinado sobre la mesa.
—Es probable. A menos que eso la irrite, claro.
—¿Sabes qué haría yo? Le mordería las orejas.
Koushiro escupió su malteada por la nariz y Mimi se cayó de la silla por la impresión. Estuvieron riéndose por bastante tiempo hasta que les dolió el estómago, o hasta que sintieron las miradas reprobatorias de algunos que pasaban por allí. Entonces terminaron lo que les quedaba de sus bebidas y se subieron a la bicicleta de Koushiro.
El muchacho condujo a Mimi hasta su casa y, como varias otras veces, se despidió guiñándole un ojo.
—Nos vemos en casa de Yamato, querido Watson.
—Nos vemos, Nancy.
Mimi se deslizó por la cancela y Koushiro subió los pies a los pedales.
Aunque eran las cinco y la junta no empezaba hasta en cuatro horas más, Koushiro sabía que llegar antes sería bien recibido por Yamato. Y como supuso, Taichi ya estaba allí, ordenando ¿quién lo diría?
—¡Izzy! Que bien, sabía que llegarías antes para ayudarnos. Este Yama es que vive en una pocilga, no tiene vergüenza.
Yamato, con su delantal parrillero, no pudo reprochárselo: pocilga era la palabra adecuada para describir el estado del piso.
Luego que se filtrase el desengaño amoroso de Yamato, sus fanáticas se empeñaron en lo que ellas bautizaron "Movimiento por consolar al lobito triste". Al parecer, la gente no se cansaba de buscarle apodos y ridiculizarlo. Desde entonces que el muchacho apenas sí salía de su casa, y por consiguiente, como hizo notar Koushiro, la basugre empezaba a dominar cada rincón de su casa.
—¿Basugre? —preguntó Yamato arqueando las cejas.
—«La basugre desplaza aquello que no es basugre» —recitó Koushiro. Miyako sí le habría entendido la cita y habría reído.
—Escucha la palabra, Yama —intervino Taichi—. Basugre: basura y mugre. Tu departamento es basura y mugre, y la basura y la mugre se apoderarán de tus bienes materiales hasta convertirlo también en basugre.
Yamato sacó del horno microondas una camisa negra con ¿hongos?
Tendría que cambiar algunas cosas de su estilo de vida.
—Es cierto, es basugre. No alcanzaremos a ordenarlo todo —suspiró desalentado.
—No seas derrotista. Mira, es muy fácil. Recoges la basugre —Taichi tomó de una manga la camisa negra—, y a la basura— la tiró en la bolsa negra.
Yamato se contuvo de regañar. Las camisas negras no deberían botarse así como así a la basura ¡es ropa! Aunque sabía qué le respondería Taichi si le reclamaba: «Cállate, que tienes muchas camisas negras».
—Eh, Izzy ¿y tú por qué ya no vistes con camisas naranjas? —se acordó Yamato.
—Porque ya no las tengo.
—¿Y eso? —a Taichi no se le escapaba nada—. Pero si eran tus favoritas ¿o ya no?
—Sí lo son pero… —¿Cómo explicarlo sin que sus amigos le molestasen? Taichi se aferraba a cualquier cosa para incomodarle, no le iba a dar en el gusto.
Entonces pensó en la pregunta de Mimi. En el caso de tener novia ¿se la presentaría a sus amigos?
Él no le presentaría a nadie a Taichi. Jamás. Recordó a Rei, a quien tal vez conocería en pocas horas, y sintió algo así como lástima por ella. Empezaba a entender un poco a Hikari.
—Pero se perdieron —resolvió por responder. Sintió con eso que estaba negando a Mimi, pero para acallar a su consciencia, y la posible represalia de Taichi por su ambigua respuesta, añadió—: ¿Es cierto que viene la novia de Ken hoy?
Yamato dejó una pila de revistas viejas y partituras húmedas sobre uno de los asientos de la barra de la cocina.
—Creo que sí —el muchacho limpió el sudor de su frente con el antebrazo—. Mimi habló conmigo, y me dijo que creía que Ken no traía a su novia porque nunca la habíamos invitado formalmente. Ya saben cómo es Ken, muy tradicional para todo. Así que hablé con Ken y le dije que no me importaba que llegase acompañado.
Koushiro pensó que Nancy Drew trabajaba bien.
—Entonces dile a Hikari que tampoco importa que venga su novio a la fiesta.
—Idiota —gruñó Yamato—, si vas a estar tú presente, tu hermana nunca aparecerá con su novio.
—Me dan ganas de quebrarle el cuello a ese infeliz.
Yamato y Koushiro cruzaron una mirada.
Dentro de toda su seriedad y ausentismo, Yamato era un amigo preocupado, solo que prefería que nadie estuviese al tanto. Tal vez estaba consciente de que su mejor virtud, era también una gran debilidad, un arma de destrucción masiva o algo similar. Cualquiera que osase dañar a sus amigos, dañaba a Yamato, y no le gustaría que alguien hiriese a sus amigos solo por hacerle mal a él.
Sin embargo, mantenerse al margen no siempre era lo suyo.
Cuando escuchó de Takeru la teoría de Daisuke, corrió a casa de Koushiro. O mejor dicho, arrancó en su camioneta destartalada hasta el departamento de los Izumi, se estacionó ocupando tres plazas, y golpeó la puerta a las once de la noche.
Aún en uniforme, Koushiro salió de casa cerrando la puerta tras de sí y escudriñó el crispado rostro de Yamato.
—¿Eres tú? —preguntó antes que Koushiro pudiese saludar—. ¿Eres el novio de Hikari?
El muchacho parpadeó perplejo.
Yamato observó a Koushiro a los ojos por largo rato, hasta que comprendió que su incertidumbre era sincera.
—Bien, si ya sabía yo que no eras tan buen actor —pero a su actitud relajada, le volvió a seguir la suspicacia— ¿Y qué hay de ese beso? Porque se besaron durante el Omisoka ¿o fue uno de estos que no?
Koushiro no entendió a qué se refería con eso de un beso que no. Pero sus palabras le alertaron y le sacaron del estado de estupor.
—¿De dónde sacas esas ideas?
—Daisuke. Es que… las cosas que decía sonaban muy convincentes. Yo no quería creerlo, en parte porque te conozco, y porque también lo conozco a él, que tiene una capacidad cerebral de una ameba, así como la de Taichi o menos pero… dice que te vio besarla, habla de los chupones, y…
Sacó un cigarrillo y dio una larga calada. Las palabras nunca habían sido lo suyo, tendría que aceptarlo.
—Lo del novio de Hikari sucedió justo en el tiempo en que rompí con Sora. Si Kari es tu novia, me parece lógico que quieras ocultarlo, reflexiono. Viste lo que nos ocurrió a nosotros y sabes cómo es Taichi. Entonces recuerdo estos rumores de que salías con Miyako. Ok, que haga lo que quiera, pienso, es tú vida, tú sabrás lo que haces. Pero luego… Taichi te molesta con Mimi, a lo mejor también hay algo allí también, y lo único que se me ocurre pensar es que... que… ¡A por Sora no!
Yamato tomó a Koushiro por el cuello de la camisa y lo estampó contra la pared.
Koushiro se quedó de piedra. O sea que Yamato creía que él era el ninfómano del siglo pero lo daba igual, siempre y cuando no se metiera con Sora. ¿Y se suponía que Taichi tenía capacidad cerebral de ameba? Qué descarado.
—Te lo prometo, a Sora ni tocarla. La tocas y yo…
Koushiro empujó a Yamato para liberarse.
—No soy el novio de Hikari, y tampoco la he besado —aseguró—. Nunca ha pasado nada entre yo y Miyako. Tampoco pasará algo con Sora, a los pelirrojos nunca les gustan otros pelirrojos.
—¿Y Mimi? —A Yamato casi se le cae el cigarro de la boca.
Koushiro guardó las manos en los bolsillos de su pantalón. Esa fue toda su confirmación. Yamato, ya un poco más calmado, le contó todas las pruebas que había reunido Daisuke a favor de su teoría. Y luego de oírla, Koushiro tuvo que reconocer que era bastante convincente.
—Si Taichi la oye… me mata ¿no?
Yamato exhaló el humo de sus pulmones.
—Por cierto —arrojó la colilla al suelo y la pisó con el zapato—, suerte con Mimi. Es rara pero…
Koushiro no supo cómo terminaba esa frase. Yamato levantó dos dedos y se fue por donde hubo llegado.
Ninguno lo comentó con Taichi al día siguiente.
Yamato dijo que no se quería involucrar más, que ya había cumplido con avisarle. Pero Koushiro tampoco parecía dispuesto a hacer algo y eso le preocupaba a Yamato. La postura de Koushiro obedecía más a la simpleza: luego de años lidiando con el asunto de su adopción, no iba a calentarse la cabeza por un rumor tan insulso.
—¿Insulso? —protestó Yamato mientras recogía la coca-cola de una máquina expendedora— Izzy, de acuerdo, Taichi no te matará, pero el tipo es brutal cuando se enfada. Te aplastará como un león aplastaría a una mosca.
—Te equivocas —Koushiro deslizó el puente de sus lentes por la nariz y sus cristales brillaron—, un león jamás aplastaría a una mosca. Las moscas tienen tres ojos para captar la luz, y dos ojos compuestos formados por dos mil ojitos cada uno. Su sistema de visión ha evolucionado para permitirles anticipar los movimientos de sus enemigos, y de ese modo emprender la huida en el momento preciso.
Ni siquiera cuando vio cómo Taichi estrujaba los trapos de cocina de Yamato, con excepcional y brutal fuerza, sacaron a Koushiro de su faceta despreocupada.
—No le vas a quebrar el cuello a nadie —cortó Yamato quitándole los paños a Taichi y tirándolos a la cesta de la ropa sucia—. Tu hermana está grande y sabe lo que hace.
Taichi se cruzó de brazos y estuvo así un buen rato, hasta que, entre desvarío y desvarío, hizo su pregunta más extraña:
—Y Joe que es tan hippie ahora ¿seguirá virgen?
Yamato le lanzó la cesta de la ropa sucia.
*.*
Resultó que Joe no era virgen. De alguna manera Taichi logró sonsacárselo, tal vez gracias a las margaritas de Yamato. Pero eso realmente no importa, lo que sí es relevante, es que Ken llegó con Rei, y todos, incluida Miyako, pensaron que la chica era perfecta.
—Por eso no quería presentarla —oyó Mimi cómo Ken le comentaba a Daisuke con aire alicaído al ver el corro que se había formado alrededor de ella.
Lo que había iniciado como una amistosa charla entre Rei y el chico Iori, se convirtió en una especie de interrogatorio dirigido por Taichi. También estaban Joe, Yamato, Takeru, y claro, Koushiro. A Mimi no le hizo mucha gracia verle allí.
Ken miró de soslayo hacia donde estaban sentadas Sora, Miyako, y Hikari.
Mimi se acomodó el cloche y tomó asiento entre Daisuke y Ken.
—¿Entonces para qué la eliges tan perfecta?
Ken Ichijuoji observó a Mimi con ojos inexpresivos. Daisuke rodó los ojos.
—Mimi, no me digas que tú eres como las chicas de la escuela de Ken que le tienen envidia a Rei —preguntó Daisuke. A Mimi le pareció detectar algo de hastío.
—No, si a mí me agrada. Maldición, es muy simpática, me he enamorado de ella y de su voz ¿Cuánto llevan saliendo?
—Tres meses, creo.
—O sea que es reciente.
—Depende de cómo se mire.
Las miradas de soslayo de Ken no se detenían. Mimi se volvió hacia Hikari. Ella parecía muy absorta en su conversación con Sora. Le pareció, ante todo, artificial. Miyako, inmersa en su propio mundo, observaba a Rei de tanto en tanto y su lata de bebida se contorsionaba cada vez más bajo su puño.
—Que seáis felices —se despidió Mimi.
Parecía que sus hipótesis se iban comprobando.
*.*
NOTAS
Holas! Esto… si me demoré en publicar, es solo porque no me hacía con un título para el cap. Lo tengo escrito (sin bromear) hace una semana.
Otra cosa, yo sé que varios de los que leen este fic son más partidarios del Taiora que del Sorato. Yo prefiero el Jyoura, pero por algún motivo, si se trata de Yamato, me cuesta despegarme del canon. Si se trata de Sora, creo que todo es posible.
Nos leemos, adieu. Japiera.
