Capítulo 25 Temores

Durante la hora de la cena, Iris, Jareth y Sarah comían tranquilamente. Nadie se había molestado en realizar una plática, la pelirroja leía varios documentos, la azabache se mantenía con la vista a su cena y el rubio de vez en cuando les miraba pero sobre todo a Sarah, quien se veía distraída. Y él sabía porque.

Dispuesto a iniciar una conversación, el teléfono sonó. Las dos chicas voltearon al mismo tiempo, sin muchos ánimos de levantarse a contestar el llamado así que Jareth, como buen caballero, se alzó de la silla y miro a las dos damas con su peculiar sonrisa.

— No se levanten, yo contesto.

Ambas chicas le miraron y sonrieron con suavidad. Jareth llego a la mesita donde el teléfono se encontraba y contesto con el típico mensaje de ese departamento:

— Residencia King-Howard-Williams ¿Con quién quiere hablar?

Al otro lado de la línea, Irene Williams se había quedado en shock al escuchar esa voz masculina. Jareth había adivinado que quien se encontraba al otro lado, era la madrastra de Sarah, más espero a que esta soltará palabra alguna.

¿Se encuentra Sarah? —preguntó en seco.

— ¿De parte?

Irene.

— Un momento por favor —dijo con una enorme sonrisa. Volteo a mirar a las chicas, que el observan curiosas, y alzó el teléfono—. Para ti, Sarah. Es Irene.

La azabache curiosa por el llamado de su madrastra, tomo la servilleta para limpiarse su boca y se alzó rumbo al teléfono que Jareth le dio. El hombre de la mirada bicolor retomó asiento en el comedor para continuar con sus sagrados alimentos e Iris regreso los ojos a sus papeles e ignoro lo que ocurría a su alrededor.

— ¿Irene? —preguntó curiosa.

Hola Sarah ¿Cómo estás?

— Bien, todo bien ¿Ustedes, todo está bien? —cuestionó preocupada. Desde que Jareth le dijo que era ella quien hablaba, un millón de cosas negativas pasaron por su mente. Irene jamás le llamaba para saludar, el que lo hacía era su padre.

Sí, sí cariño estamos bien. No te preocupes -un enorme suspiró provino de ella—. Sé que yo no suelo llamarte pero hoy es algo especial.

— ¿Qué pasa?

Sarah, este fin de semana es el cumpleaños de tu padre —dijo alegre, en cambio Sarah se quedó perpleja. Había olvidado el día más importante para su padre.

— ¿Ya este fin? —preguntó sin creerlo.

Así es Sarah ¿Sí vendrás a la fiesta, verdad?

— ¿Le harán fiesta?

Bueno, no es una fiesta, fiesta. Una pequeña comida con la familia y amigos —Sarah solo suspiro— ¿Vendrás?

— ¡Claro! —exclamo.

Me alegro, qué bueno que vendrás —dijo con una enorme felicidad—. Sabes Sarah, si quieres puedes invitar a Iris, ya casi es de la familia y también a tu compañero —Sarah se extrañó al escuchar esa invitación, más no dijo nada—. Claro, si pueden.

—Sí, sí —respondió volviendo en sí—. Yo, yo les digo no te preocupes Irene.

De acuerdo.

—Muchas gracias por recordarme Irene. Los veré este fin de semana.

Su madrastra se despidió de ella y ambas colgaron a la par. Sarah acomodo el teléfono y un largo suspiro provino de ella.

— ¿Pasa algo? —preguntó Jareth desde la mesa. En ningún momento dejo de mirar a Sarah mientras estaba en la llamada. Curiosa Sarah volteó a observarle.

— Si pasa algo —contestó mientras frotaba sus manos y se acercaba a la mesa—. Necesito preguntarles algo.

Jareth mostró su sonrisa e Iris solo cabeceó dándole a entender que si la escuchaba.

— Bueno. Este fin de semana es el cumpleaños de mi papá, y mi madrastra está organizando una pequeña fiesta para él y... —pausó y observó a sus compañeros— Irene me dijo si gustaban ir a la fiesta.

— ¡Claro! —exclamó alegre la pelirroja mientras alzaba su mirada, pero velozmente cambio esa felicidad por desaliento— Demonios, ¿Este fin?

— Si Iris ¿Pasa algo? —preguntó preocupada.

— ¡Si! —Exclamo con pena— Este fin tengo que presentar mis clases para el nuevo curso en la escuela ¿No pueden cambiar la fiesta para el próximo fin?

— ¡Claro que no, Iris!

— ¡Me lleva...! ¡Y si quiero ir! —mencionó berrinchuda.

Sarah rodó sus ojos, ante el acto infantil de su amiga, para luego posar su mirada verde esmeralda en Jareth, quien en ningún momento paró de sonreír. En el fondo Sarah sentía preocupación porque Jareth aceptará la invitación. Era muy probable que lo hiciera, y con el hecho de que Iris no iría, podía sentir una oleada de nervios caer sobre su cuerpo.

— Jareth —habló nerviosa. Él cabeceó— ¿Te gustaría ir a la fiesta de mi papá?

— Por supuesto, Sarah —dijo con una enorme sonrisa.

La azabache, al ver ese gesto plasmado en la cara de Jareth, no pudo controlar aquellos nervios que te terminaron bañándola completamente. Un suave cabeceó fue su respuesta y regreso a tomar asiento a terminar su cena.

En la casa de los Williams, Irene se encontraba sentada en el sofá, demasiado pensativa. En esos momentos entró su esposo, a la sala de espera, y observó pensativa a su mujer. Mucho más de lo normal.

— ¿Cariño? —Preguntó mientras se acercaba a ella— ¿Pasa algo?

Irene alzó la vista con su esposo y curiosa parpadeó con rapidez.

— Si —respondió confundida—, si Robert, estoy bien. Es solo que pasó algo extraño.

— ¿Qué paso?

— Hablé con Sarah.

— ¿Está ella bien? —cuestionó preocupado.

— Sí, ella está muy bien, vendrá este fin a tu fiesta.

— Bien... —dijo curioso— ¿Pero qué fue lo extraño que pasó?

— Es que cuando le hable a Sarah, me contestó su compañero de habitación —al oír eso, la preocupación de Robert se desvaneció para convertirse en una molestia—. Y al escuchar su voz, sentí algo... —se detuvo sería.

Robert Williams miró a su esposa con esa molestia más una ceja arqueada.

— ¿Te enamoraste? —preguntó molesto. Irene al escucharle miro a su esposo, algo sorprendida, pero no pudo evitar lanzar una carcajada.

— ¡Oh Robert! —Exclamó entre risas— ¡Claro que no! Me tomo por sorpresa escuchar al compañero de Sarah.

— Ya te había hablado sobre él —continuó molesto—. No me agrada, se oye un tipo prepotente.

— Bueno Robert, a mí me sonó muy carismático.

— ¿Y eso es lo extraño que pasó? —continuó a tono molesto y evadiendo el tema. Irene poco a poco controlaba la risa.

— No, no realmente —dijo mientras respiraba con calma—. Lo que pasó fue que, al momento de decirle a Sarah sobre la fiesta, le dije que podía invitar a sus compañeros de habitación —Robert arqueó una ceja curioso ante eso—. Te juro Robert, que no había planeado decirle eso pero... Pero fue como si algo dentro de mí me obligará a decirlo.

Su esposo seguía con la misma interrogante en el rostro, pero su única reacción fue encoger los hombros y chasquear su lengua.

— No pasa nada. Es más si viene el tipo que vive con ella, será muy buena opción para conocerlo. No me gusta que viva un hombre con ellas.

— ¡Robert! —exclamó Irene mientras tomaba su mano— Por Dios, ya deja de vivir en la prehistoria, no pasa nada.

— Y tú no seas tan liberal —dijo molesto mientras se soltaba de la mano de su mujer.

Toby se encontraba en su habitación y junto a Hoggle pintaban la maqueta del laberinto que ambos habían dedicado en construir.

— Ya nos falta poco Hoggle —habló muy animado Toby.

— Me alegra saberlo, joven Toby —dijo con una enorme sonrisa-. Esto ha sido mi mejor trabajo, en años —Toby sonrió—. Recuerdo cuando estaba en el laberinto, a veces solía pintar las piedras y...

— Hoggle —interrumpió el niño. Él volteó a mirarle algo preocupado—, ya que mencionas al laberinto...

— ¿Sí? —preguntó con miedo.

— ¿Porque no has regresado allá?

Hoggle no respondió. Continuó pintando en la maqueta y evadiendo la mirada del pequeño Toby, quien había fruncido su ceño.

— Hoggle... —llamó pero no respondió— Hoggle, no me evites.

— No lo evado joven Toby.

— Si lo estás haciendo, Hoggle.

El gnomo paró su pintar y suspiro con tristeza. Toby también dejó de pintar, puso los pinceles sobre el escritorio y junto sus manos para mirar, con preocupación, a su amigo.

— Hoggle —habló lo más serio, que un niño de diez años, podía intentar—, creo que ya es hora de que me cuentes porque no has vuelto al laberinto.

— Es una larga historia...

— Hay tiempo. Te escucho.

Otro enorme suspiro provino del gnomo, que con ojos cristalinos miro al pequeño niño y se dispuso a contar la tragedia que ocurría en el laberinto.

A Hoggle le tomo su rato contarle sobre lo que pasaba en el laberinto. Toby sorprendido, por todo lo que acaba de escuchar, miro a su amigo preocupado y algo nervioso.

— Entonces el laberinto -habló sin creerlo—, está desapareciendo...

— Así es joven Toby. Ese mar negro se ha llevado todo el laberinto que, en cualquier momento, terminará con todo lo poco que queda.

— ¿Y por eso escapaste? —preguntó un poco molesto.

— ¡Oh joven Toby! —Exclamó triste— Más allá de eso, hubo muchas causas por las que hui...

— ¿Por Ludo y Sir Didymus? —Hoggle suspiro tristemente— Bien ¿Otra causa fue, de pura casualidad, el Rey de los Goblins?

Otro suspiro, esta vez amargo, se hizo presente.

— Si y no —respondió al terminar de sacar el aire.

— ¿Si y no? —Cuestionó curioso el niño— ¿Cómo si y no? Digo, a como es el Rey Goblin, yo dudo que te hubiera dejado venir... —en ello Toby noto como Hoggle ocultaba su rostro lleno de pena. Había algo más que él no le contó— Hoggle... Dime que el Rey de los Goblins, sabe que tú huiste del laberinto.

Hoggle cerró sus ojos a la par que apretaba sus labios. Toby no pudo evitar una gran O en su boca.

— ¡Lo siento, joven Toby! —exclamó.

— ¡Él no lo sabe! —Gritó preocupado— ¡Él no sabe que no estás en el laberinto! —Hoggle negó con la cabeza mientras se abrazaba a sí mismo— ¡Hoggle!

— ¡No podía decirle, joven Toby! —Dijo nervioso— Si él se enteraba que mis intenciones eran venir en busca de Lady Sarah, yo...

— ¡Alto! —Interrumpió— ¿Venías en busca de mi hermana? —preguntó molesto. Hoggle se quedó petrificado.

— Joven Toby, yo...

— ¡No más excusas Hoggle! —Replicó molesto— ¿Me estás contando toda esta historia a medias?, Porque si es así... ¿Mi hermana que tiene que ver con lo que está pasando en el laberinto?

Hoggle agachó su mirada y contempló el suelo. Toby le miraba exaltado, pero con una suave sacudida de cabeza logro calmarse y suspirar.

— Discúlpeme joven Toby —respondió con tremenda vergüenza—, son muchas cosas horribles las que han pasado. Yo soy un cobarde que no pude quedarme en el laberinto a estar con quiénes necesitaban de mi protección, decidí huir y dejarlos a su suerte —dijo nerviosamente—, pero encomendé la tarea que el Rey Goblin me había pedido. Buscar a Lady Sarah.

Toby, de nuevo, volvió a extrañarse. Por más que intentaba no podía hacer que Hoggle dijera todo completamente o con coherencia. Se alzó de su silla y se hincó para poder estar a la altura del pequeño gnomo.

— Hoggle —habló Toby con dulzura—, no eres ningún cobarde. Lo que le pasó a tus amigos fue una desgracia, sí, pero si has sobrevivido ha sido por tu valentía y coraje.

— Gracias, joven Toby —dijo con leve sollozo.

— No agradezcas —respondió con una suave sonrisa—. Ahora, lo que me dices que el Rey Goblin te encomendó buscar a Sarah, ¿Fue por...?

— Pues, cuando el mar negro se extendió por todo el laberinto, el Rey me mandaba a buscar a Lady Sarah, ya que, él cree que ella tiene cierta influencia sobre el mar negro, bueno todos lo creemos.

Toby se comenzó a cuestionar aquella respuesta, posó sus dedos sobre su barbilla y una mirada detectivesca se hizo presente.

— ¿Sarah influye en el mar negro? Mhhh... —Hoggle le miró extrañado— El laberinto se ha encontrado así desde mucho tiempo, ¿Verdad?

— Así es.

— Y el Rey te mandaba a buscar a Sarah... Mhhh, puede que sea cierto.

— ¿En verdad? —cuestionó Hoggle sorprendido.

— Si, ¡Si puede ser cierto! —Exclamó el niño con un enorme asombro, como si hubiese descubierto América— Sarah en los últimos años cambio mucho, se hizo enojona, por todo se molesta, siempre está triste y lo más importante, Sarah niega el laberinto.

— ¿Niega?

— ¡Sí! —Toby se alzó del suelo y comenzó a caminar hacia su mueble con todas las figuras del laberinto. Al llegar tomo la figura del Rey y volteó a mirar a Hoggle— El Rey Goblin te mandaba a vigilar a Sarah, porque él sabe que ella es una pieza importante del laberinto pero la interrogante es ¿Por qué? —Hoggle cabeceó ansioso— Y la respuesta es porque él le dio poder. El Rey de los Goblins le dio un gran poder a mi hermana, del cual, ella no puede controlar, es más, ni siquiera ha de saber que lo tiene y por ello está destruyendo el laberinto.

— ¡Si es verdad! —exclamó Hoggle mientras se alzaba del suelo.

— Pero aún queda una gran pregunta —continuó— Sarah tiene ese poder, estamos de acuerdo pero, ¿Qué le provoca a Sarah manifestar su poder de esa manera? —Hoggle parpadeó— Ella siempre está triste, eso afecta al laberinto pero... ¿Quién genera esos sentimientos en ella? —preguntó con su dedo índice al aire. Ambos se miraron y al final posaron los ojos en la figura del Rey Goblin, que tenía en su mano izquierda.

— Joven Toby —habló Hoggle mientras su mandíbula temblaba— ¿Usted piensa que mi Rey...?

— Piensa un momento Hoggle —dijo sin moverse de su posición—. El Rey, más allá de darle un poder a mi hermana, le ofreció su amor y Sarah lo rechazó. Él no pudo deshacer el poder que le otorgó a Sarah y tal vez está afectando a Sarah de esta manera para retomar su laberinto.

— ¡Pero joven Toby! Mi Rey, es capaz de muchas cosas, pero jamás le haría algo así a Lady Sarah, ¡Jamás! Yo sé que ha velado por ella desde que este mar comenzó ahogar al laberinto, es más mi Rey ha sufrido por su tierra, lo llegué a ver muchas veces en su soledad.

El pequeño tomo la figura con las dos manos y le observó con el ceño fruncido.

— Bien —dijo con un enorme suspiro—. Pero no lo descargaremos como un sospechoso. Lo he haremos ahora es esperar a que Sarah venga a casa y hablaremos con ella.

— Estoy de acuerdo.

— Y, lo segundo es, que sigas escondiéndote del Rey. Si llega a descubrir que huiste en un grave momento, no quedará mucho de ti.

— Tiene razón. Me lanzará al mar negro...

— Esperemos que, no descubra que estés aquí.

Las piernas de Hoggle comenzaron a temblar como gelatina, solo Toby siguió insistiendo su protección hasta resolver el misterio.

Por otro lado, en su habitación, Jareth observaba ambos a través de sus cristales. Él sonreía con sorna, estaba sorprendido con las habilidades deductivas del pequeño más le pareció ofensivo el hecho que sospechara de él, como Hoggle dijo, él era incapaz de dañar su laberinto y a Sarah. Y hablando de Hoggle, el Rey estaba molesto por su huida, no iba a perdonarlo tan fácilmente, solo esperaría hasta el sábado y poder llegará a esa casa a cobrarse la cobardía del gnomo ese. Fue bueno haber manipulado a la madrastra de Sarah para que lo invitaran.

Esfumó sus cristales y salió de la habitación para hacer una tarea, que debía haber hecho, desde hace mucho tiempo. Al llegar a la sala principal miro a Sarah, leyendo un libro y a la pelirroja recostada en el enorme sofá escuchando música en su walkman.
— Bellas damas —dijo con su enorme sonrisa. Sarah alzó la vista e Iris se quitó sus audífonos para poderle mirarle—. Voy hacer una vuelta ¿Necesitan algo?

— No Jareth, gracias —dijo Iris tranquila y Sarah negó con la cabeza.

Mantuvo su sonrisa y con movimiento de cabeza se retiró hacia el perchero para tomar su abrigo.

— ¿Estarás para la cena? —preguntó Iris.

— Claro, cabeza roja. Solo será un pequeño paseo.

— ¡Qué te diviertas! —exclamó mientas se ponía sus audífonos. Sarah no dijo nada solo le observó.

— Con permiso —dijo con su enorme sonrisa. Sarah sintió sus mejillas enrojecer y retomó la vista al libro pero ya era tarde, Jareth le había visto.

Al salir Jareth del apartamento, Sarah alzó la vista con su amiga y le habló, pero está no respondió por estar pérdida en su mundo. Fastidiada por no escucharle Sarah tomo el cojín, en el cual estaba sentada, y se lo lanzó a su amiga. Iris tuvo una reacción tardía y volteó a mirar a Sarah con molestia.

— ¿Qué te pasa, Williams?

— Necesito preguntarte algo.

— ¿Y para eso me lanzas un cojín?

— ¡Ignora el cojín! —Dijo molesta— En serio, necesito preguntarte ¿Realmente no puedes ir con mis padres, el sábado?

— Ya te dije que no. Ya pronto terminarán mis vacaciones y tengo muchas clases que preparar —dijo mientras tomaba el cojín y lo acomodaba para relajar la cabeza en él—. A veces me pregunto porque decidí ser maestra.

Sarah suspiro amargamente. No quería ir sola con Jareth, le daba miedo, un miedo terrible, a su cabeza no dejaba de pasar aquel momento en que ambos iban a besarse. El solo recordarlo le hacía sentir un escalofrío recorrerle la espalda, y más a parte, sumarle lo que Henderson le había dicho, menos quería saber de él.

Jareth no tardó mucho en llegar a su destino. Entró al enorme edificio, que había contemplado por casi diez minutos, y fue al elevador hacia el piso indicado. Espero paciente. Al llegar miro a una bonita secretaria realizando papeleo. Está volteó a mirarle, confusa, y Jareth respondió con una agradable sonrisa.

— ¿Puedo ayudarle?

— Buscó al doctor Johan Henderson —dijo sin borrar esa sonrisa.

— ¿Es usted paciente?

— No. Soy un amigo —dijo mientras comenzaba a caminar.

— Oh, pues el doctor Henderson está en una terapia. Tendrá que esperar.

— No hay problema señorita —dijo mientras sacaba un cigarro de su bolsillo y lo ponía en su boca—, tengo todo el tiempo del mundo...

— Disculpe señor...

— Jareth, por favor —le interrumpió mientras encendía el tabaco.

— ¡Ah...! Jareth —dijo nerviosa— no puede fumar, es una sala de espera.

— Yo no le veo ningún problema.

Jareth miro a los ojos a la secretaria. Está sin decir nada, sintió una fuerte necesidad de ignorar el hecho del tabaco y retomó hacer su papeleo. Jareth sonrió victorioso, tomo asiento en uno de los viejos sofás y se puso a esperar a que el doctor Henderson terminase su consulta.

Jareth sabía que ambos tendría una muy buena, pero para nada amigable, conversación.


NOTAS DE LA AUTORA:

Muchas Gracias por leer, y se agradecerán sus comentarios, criticas -constructivas- , opiniones y/o sugerencias :3

muchos besos y abrazos nos vemos en el siguiente cap!