Capitulo 26:
No era habitual que en marzo hubiera días calidos en tierras tan cercanas al mar. Si a la presencia de los niños en el pueblo se añadía en acontecimiento que suponía la boda, era fácil imaginar el estado de bullicio que reinaba en el pueblo.
Riza se dirigía a la iglesia por la calle central con el trabajo de encaje envuelto en un paño limpio. Ya desde el comienzo de la calle se oía la música de violín mezclada con el sonido de risas.
Un grupo de vecinos del pueblo se había reunido en la puerta del templo. Las mujeres recordaban el día de su boda y los hombres hablaban de su tiempos de juventud, cuando la vida parecía mas sencilla y llena de posibilidades.
Riza rodeo a la multitud y fue directamente a la parte de atrás de la iglesia, a la que entro por un apequeña puerta que conducía a la habitación de detrás del altar. Allí se encontraban Pinako y Gracia. Era una habitación sencilla, amueblada con un par de sillas y una mesa sobre la que había un ramo de flores silvestres atadas con un lazo amarillo. En la pared del fondo había un crucifijo de madera.
Pinako llevaba un vestido de lana azul claro y llevaba perfectamente recogido el cabello plateado que apenas asomaba bajo el elegante sombrero.
El traje de Gracia era amarillo pálido. Llevaba el cabello suelto y sobre la cabeza un corona de flores. El rubor de sus mejillas hacían resaltar el brillo de sus ojos.
-Aquí estas- dijo Gracia al verla.
- Empezaba a preocuparme- admitió Pinako.
- Me he levantado un poco tarde esta mañana- después de acordar la cita con Roy, se había quedado hecha un manojo de nervios. Inexplicablemente agitada, no había parado de dar vueltas en la cama.
-¿Tienes la puntilla para el cuello?-pregunto Gracia.
- Y unos puños a juego- anuncio al tiempo que abría el paño y le enseñaba el trabajo a Gracia.
La joven acudió apresurada y los ojos se le llenaron de lagrimas al ver el esmerado encaje.
-Dios, es precioso.
Pinako también observo el trabajo de Riza.
-Eres una artista.
-Quería que estuviera bien- dijo con modestia a pesar de que aquellas palabras la llenaban de orgullo.
- Nunca había visto un encaje tan delicado. Te haz debido pasar la mitad de la noche despierta.
Toda la noche, gracias a Roy.
- Déjame que te lo cosa al vestido.
Gracia se sentó en una silla y se levanto el pelo.
-Eres muy amable.
-Si- convino Pinako-. Esa puntilla hará que el día sea aun mas especial.
-Todo es perfecto.
- He visto a Maes- dijo Pinako-. Esta muy guapo con su traje.
- Es que es muy guapo- añadió Gracia, entusiasmada.
-¿Ha venido Roy contigo?
- No tardara en llegar. Tenia que encargarse de unos detalles de última hora en el faro.
- Como siempre, pero conociendo a mi muchacho, llegara a tiempo- aseguro Pinako, conocedora del carácter de su sobrino.
- El tiene que entregarme.
Riza comenzó a cocer la puntilla al cuello del vestido mientras pensaba en que ese era el aspecto que debía tener una novia en día de su boda: radiante y emocionada. El día de su boda, sin embrago, Riza había esperado sola en una sala contigua a la iglesia. Había sujetado su ramo de rosas blancas deseando que su madre estuviera allí y preguntándose cuando llegaría el día en que pudiera mirar al que seria su esposo con amor. Un día que nunca llegaría.
El órgano de la iglesia comenzó a sonar y sus notas llenaron el edificio. Riza también estaba emocionada.
- Ha llegado el momento- anuncio Pinako, estrechando la mano de la muchacha-. Roy debe de estar esperándote en la puerta.
- Estas preciosa- dijo Riza.
-¿Lo tienes todo?- pregunto Pinako- ¿Algo viejo?
Gracia se llevo la mano al pequeño crucifijo que colgaba de su cuello.
- El collar de mi madre.
-¿Algo prestado y algo azul?
Gracia saco un pañuelo azul de su primo.
-Es prestado y es azul.
-¿Algo nuevo?
La joven novia toco la puntilla del cuello.
-El encaje.
Nadie le había hecho todas esas preguntas a Riza.
-¿Estas preparada?
- Si- afirmo Gracia con la seguridad que daba el amor.
La siguiente media hora paso volando. Riza se sentó junto a Pinako. Las ventanas alargadas de la iglesia estaban adornadas con guirnaldas de flores y velas. También en el altar había una multitud de flores silvestres. Era un templo sencillo, quizás en otro tiempo ella lo habría considerado primitivo, pero ahora pensaba que jamás había visto algo tan bonito en su vida.
El organista dijo de tocar. Maes apareció por la puerta lateral acompañado de su hermano y e coloco junto al ministro, que hizo una seña para que se reanudara la música. Todos se volvieron a mirar hacia la puerta principal, donde ya se encontraban Gracia y Roy. Gracia levanto la mirada hacia su primo, había adoración en sus ojos. Estaba preciosa.
Roy llevaba pantalones azul oscuro y una chaqueta del mismo color. Se había afeitado y peinado el cabello hacia atrás. Riza sintió un vuelco en el corazón. Nunca había visto a un hombre tan increíblemente guapo.
Se oyeron suspiro y alabanzas mientras Roy conducía a la novia hasta el altar, donde Maes la esperaba sonriente y orgulloso. Roy puso la mano de su prima en la de Maes y se retiro para sentarse junto a Riza.
Sus hombros se rezaron antes de que el mirara y le guiñara un ojo. Riza estuvo a punto de derretirse allí mismo y tuvo que hacer un esfuerzo para volver a prestar atención a la ceremonia.
La joven pareja escuchaba las palabras del ministro.
-Maes, ¿aceptas a Gracia como legitima esposa?
- Si, quiero- respondió Maes con fuerza.
-Gracia, ¿aceptas a Maes como legitimo esposo?
-¡Claro!- dijo Gracia entusiasmada.
Todo el mundo se echo a reír. La joven irradiaba alegría.
Cuando el ministro los declaro marido y mujer, Roy le agarro la mano a Riza y le apretó entre las suyas. Ella lo miro a los ojos, pero en lugar de felicidad lo que la invadió fue una insoportable sensación de soledad. Ella jamás podría jurar su amor por Roy frente a un ministro.
Y solo de pensarlo se le rompía el corazón.
