Un nuevo día llegó, bastante temprano para Elizabeth. Otro día que no había dormido mucho, para variar. Tras sentirse mas o menos cómoda durante el paseo, el regreso y la cena no había hecho nada mas que aumentar su zozobra. Su cabeza no dejaba de dar vueltas, y no entendía el empeño en que asistiese a un par de bailes. Tenía que reconocer que en cualquier otro momento la idea la hubiese entusiasmado, y que incluso si supiera que Lady Felicia no iba a asistir, no hubiera puesto mucho impedimento. Pero si ya le resultaba duro el verlo a él todos los días, no querían pensar en el papelón que tendría por delante. Al menos tendría a su hermana para hacerle compañía, y aunque no sabía si prefería no ver a Bingley, parecía que se había reconciliado consigo misma respecto a ese tema.
Dado que era aun muy temprano, y ahora prefería esperar a Georgiana para mirar el tema de la casa, se encaminó hacia el salón de música, tras solicitar un té a uno de los lacayos con los que se cruzó. Habitualmente escogía la sala de arriba para practicar, pero se arriesgaba a molestar a los otros habitantes, con lo que descendió a la planta baja. Sentada ante el magnífico piano, comenzó a tocar un adagio, como si fuese el espejo de lo que sentía en su interior. La triste melodía resonó por la sala, impidiendo hasta al mayordomo el molestarla hasta que la terminó. Tras tomar la bebida caliente, fue pasando de una canción a otra durante bastante tiempo, hasta que se dio cuenta que no estaba sola. El caballero la había escuchado tocar desde que pasó hacia su despacho. Dejando la puerta abierta, podía oír cada una de las notas que salían del instrumento. Realmente pasó mas tiempo imaginando a la ejecutante que concentrado en todos los papeles que tenía delante, hasta que viendo la hora que era, decidió ir a recogerla. Llegó para poder contemplarla durante algunos minutos. Estaba casi de espaldas, con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado como si se meciese con la composición. Tardó varios segundos después de terminar la pieza, antes de solamente decir precioso. La joven se giró, sonrojándose, y el caballero pensó aun mas convencido en la verdad que encerraban esas palabras. Algo azorada lo cerró, antes de levantarse para subir a desayunar. El caballero no perdió la oportunidad de ofrecerle el brazo. Sentir como posaba sus dedos era uno de los momentos mas deliciosos del día. Así que sin prisa, y en silencio, la escoltó para reunirse con Georgiana.
Tras el desayuno, estuvo con la joven merodeando por la casa. Después, practicaron francés y estudiaron juntas italiano antes de marcharse la joven a su clase de dibujo. Lizzy decidió refugiarse un rato en la biblioteca, antes de la parada del almuerzo, pero no conseguía concentrarse en el libro, por lo que decidió salir a pasear un rato por el jardín. Aunque no podría perderse durante horas, era al menos un espacio tranquilo y al aire libre en el que estar sola. Tras dar una vuelta haciendo un esfuerzo en no mirar hacia la ventana del despacho del caballero, fue sorprendida por su hermana, a la que no esperaba. Jane, tras saludarla afectuosamente, le indicó que había recibido una nota de Georgiana, para que se reuniera con ellas a la hora del almuerzo. Como aun faltaba un rato hasta que terminara la joven su clase, continuaron paseando juntas por los diferentes caminos.
Jane seguía notando a su hermana mas apagada que de costumbre. El día que volvió, también lo había advertido, pero lo achacó al viaje. Presionándola un poco, le preguntó que qué era lo que le ocurría. Elizabeth intentó quitarle hierro al asunto, pero la muchacha estaba realmente preocupada por ella, así que no le permitió que capease de esa forma su interés. Sentándose en uno de los claros del jardín, desde donde podía ver si se acercaba alguien, le confesó que simplemente sentía que era tonta. Jane la miró dulcemente meneando la cabeza. Precisamente no era de eso de lo que podían acusar a su hermana. Insistió en cual eran los argumentos para pensar semejante tontería. Lizzy bajó los ojos y la voz, y le comentó que lo era porque ella había tenido razón cuando le dijo que estaba enamorada. Su hermana la abrazó, y le dijo que eso no tenía nada de malo y menos de tonto, pero la joven no se sentía así. Solamente una estúpida se enamoraría de alguien a quien había rechazado. Y él se iba a casar. Jane la miró dudosa. No lo habían hecho oficial, pero hasta su tía lo daba por hecho, y le había impuesto a Georgi la amistad con la joven. Además era rica, de buena familia y una belleza, todo lo que ella no era... Aun así, su hermana no podía sino pensar que Elizabeth estaba equivocada. Los había visto juntos, y seguía viendo al Sr. Darcy mirarla de una forma que no parecía la de solo un amigo precisamente. Pero también la conocía, y sabía que tenía que ser ella misma quien se diese cuenta de ello, y que por mucho que ella o Georgi le dijeran lo contrario, no lo aceptaría sin sus propias pruebas.
Al entrar en casa le dijo que tenía algo mas que decirle acerca de unas invitaciones, pero ya estaban siendo asaltadas por la Srta. Darcy que las buscaba. Entusiasmada por volver a verla, la saludó antes de acompañarlas hasta el comedor donde las esperaba ya el caballero. Este la recibió muy amablemente, como era habitual en él, preguntándole enseguida por sus tíos. Lizzy se avergonzó un poco al darse cuenta que había estado tan ensimismada en si misma que no había hecho esa pregunta.
Durante el almuerzo, Jane fue informada de sus nuevos compromisos, esperando que aceptase para mandar la respuesta. La joven reveló su gratitud porque alguien que no la conociese como Lady Edith accediese a invitarla. Respecto a Caroline, aunque le sorprendía se abstuvo de comentarlo. Realmente le gustaba la perspectiva de un baile, dos en este caso, aunque si no le hubiese gustado también hubiera asistido si Lizzy quería ir. Pero parecía que su hermana, al contrario que ella, no disfrutaba con semejante perspectiva, con lo que supuso que lo que no le atraía era ver a la supuesta prometida. Pero realmente sería una ocasión perfecta para ver quien tenía razón.
Tras terminar, Georgi les comentó a sus dos amigas que tenían cita con la modista. Ambas protestaron. Lizzy porque tenía muchos trajes, y Jane porque no lo veía adecuado. Pero la muchacha les dijo que iban a dos bailes y no podían llevar lo mismo que a los conciertos u operas. Además el de su tía era uno de los últimos, y conociéndola, ya suponían como serían. Jane le indicó que no tenía la menor idea, recordándole que no conocía a la dama, pero terminaron sometiéndose a la joven. Respecto a la moda, no había forma de hacerla cambiar de opinión. Así que las dos muchachas terminaron delante la modista, quien las recibió amablemente. Lizzy podía notar el respeto creciente que le tenía a la Srta. Darcy. Pero este no venía de su posición, sino de las ideas y aportaciones que realizaba. Haciéndole un pequeño gesto a su hermana para que las dejase discutir sobre seda, gasa y muselina, quedaron de meras espectadoras de la escena. Únicamente una ayudante se acercó a ellas para tomar medidas de la mayor, y comprobar que no hubiese variaciones en Elizabeth.
Por supuesto, ellas terminaron sin saber cómo sería al final el diseño. Después de salir, pasearon por las calles comerciales, donde Jane tenía que realizar unos recados para su tía. Las calles estaban muy animadas, por lo que se tropezaron con unas cuantas personas conocidas. También entraron en la tienda donde acostumbraban a comprar las partituras, con el objeto de ver las novedades, además de comprar algunas solicitadas por su profesor. Tomaron el té en uno de los salones de moda, donde a diferencia de la mayoría de la gente que iba a ver o a dejarse ver, ellas simplemente pasaron un buen rato charlando. Ya de regreso a la mansión, se perdieron entre los abalorios de Georgiana en el salón de costura. Jane había sido contagiada por la muchacha, creando a otra fan de los adornos y los arreglos, aunque aún no había llegado al extremo de la joven.
Estando allí reunidas, recibieron una nota del Sr. Darcy. Tendrían a Bingley de invitado en la cena. Elizabeth inmediatamente después de avisar a su hermana, e indicarle que fuera subiendo a su habitación, fue a hablar con la Sra. Winslow. Suponía que una persona mas, aunque fuese con tan poca antelación, no provocaría mucho problema en la cocina. Además, al ser una de las personas de mas confianza de la familia, tampoco importaba incluirlo a la poca formalidad que había en el comedor pequeño. Eso era una de las cosas que le gustaban de él, su sencillez, muy diferente a sus hermanas. Aun así, revisó minuciosamente las estancias, realizando algunos cambios. Cuando llegó arriba, Rose ya estaba peinando a su hermana, mientras otra muchacha terminaba de preparar su baño. La joven le soltó el vestido y las cintas de su corsé para que pudiese sumergirse unos breves minutos en el agua caliente, mientras su doncella terminaba. Cuando se sentó en su tocador, Jane estaba lista, únicamente a falta de colocarse el vestido que había utilizado ya en Pemberley, para que no se arrugara mientras esperaba. A pesar de la belleza de su hermana, siempre se sorprendía cuando le realizaban esos recogidos tan elaborados que la muchacha que la ayudaba en casa de sus tíos no conseguía hacer. Rose a ella le arregló el cabello rápidamente. Se notaba que conocía muy bien el material con el que trabajaba, y a la dueña del mismo. Sabía lo que le favorecía, y aun así era capaz de realizarle nuevas creaciones. Siempre algo sencillo cuando se quedaba en casa o iba a ver a sus tíos, mientras que para las salidas públicas o los días que había invitados, no dudaba en realizarle algo mas elaborado.
Terminó de vestir a las dos hermanas. Elizabeth realmente le agradecía que siempre fuera tan complaciente y que a diferencia de otras doncellas de la alta sociedad, no pusiera ningún inconveniente a encargarse de dos personas. Pero realmente la muchacha estaba encantada con su trabajo y con ella. Pues aunque no fuese realmente el ama de la casa, aunque lo pareciese, la joven no estaba tan ciega como para no ver que no sería tan extraño que terminara siéndolo. Aún así, ninguna palabra había salido de su boca, por mucho que la habían interrogado preguntándole su opinión, pero no tenía ninguna intención de realizar nada que la señorita considerase inadecuado, mas cuando hace no mucho, le habían pedido discreción. No entendía el por qué no podía decir que pertenecía a la casa Darcy, pero no era ella quién para juzgarlo. Si la señorita tenía sus motivos, ella solo estaba para obedecerla.
Elizabeth se sentía un poco nerviosa, por ella y por su hermana. Pero el ver el semblante de Jane la tranquilizó, por lo menos en lo referente a ella. Al entrar al salón, los caballeros fueron rápidamente a saludarlas. Lizzy pudo notar cómo mientras Bingley hablaba, disculpándose por unirse de improviso, Darcy la miró como diciéndole que no había podido decirle que no.
La cena fue animada. El caballero estuvo muy hablador, y aunque conversó con todos los presentes, buena parte del tiempo lo dedicó a la dama que tenía casi enfrente. Georgiana a pesar de ejercer de anfitriona, pareció dejarle bastante libertad, como si pudiera ver, al igual que Elizabeth, que el caballero volvía a estar realmente entusiasmado con la joven. Y quizás lo estaba mas de lo que creían, pues desdeñó la invitación del Sr. Darcy de quedarse a tomar algo, con tal de no abandonar a las señoras. No es que al caballero le importase realmente, ya que tampoco tenía inconveniente en continuar al lado de Lizzy. La joven había estado sentada a su izquierda durante la cena, pero toda la conversación que mantuvo con ella, tuvo que sostenerla él, a pesar de que pudo notar una chispa en sus ojos cuando consiguió hacerla sonreír.
Después de tomar el té y continuar conversando en grupo, Jane decidió que era hora de marcharse. Pese a los ruegos de que se quedase algo mas de tiempo, y el mas insistente fue Bingley, la joven consideraba que llevando casi todo el día fuera, debería llegar antes de que se retirasen sus tíos. Se despidió de su hermana y de Georgiana, mientras que salió acompañada de los caballeros que la escoltaron hasta el carruaje. De esa forma, solo Darcy fue testigo de la solicitud de su amigo pidiendo permiso para visitarla alguna vez. El caballero pudo notar el ligero rubor y desconcierto de la joven antes de otorgárselo.
Las damas restantes permanecieron en el salón un rato más. Lizzy percibió que Darcy miraba a su amigo atentamente, como si quisiera descubrir sus pensamientos. Junto a Georgiana, interpretaron algunas canciones antes de retirarse. Aunque era temprano, sospechaba que al menos un caballero quería mantener una conversación. No estaba tan ofuscada como para no ver el entusiasmo de su amigo, y ciertamente le preocupaba aquello.
Tras dejarlos solos, Darcy condujo a Bingley hasta el salón de fumar. Sabía que en ese reducto no podrían sorprenderlos, pues Elizabeth solo entraba allí por las mañanas temprano, y lo consideraba como un santuario donde los caballeros podían hablar tranquilamente. Y su hermana dudaba que hasta lo conociera, si no fuera por la otra joven. Sirvió una copa para cada uno. No mucho, pues quería que estuvieran muy despejados. Se sentaron frente a la chimenea, donde crepitaban los leños, provocando una atmósfera apta para las confidencias. Directamente le preguntó si estaba seguro de lo que hacía. Hacía año y medio no habían actuado bien, ninguno de los dos, le dijo a un Bingley sorprendido por semejante frase. Pero ahora no iba a consentir que la Srta. Bennet pudiera sentir unas esperanzas si no había ningún tipo de fundamento. Se lo había dicho en Pemberley y se lo repetía de nuevo. No estaba ciego como para primero, no ver cuál había sido su intención al obligarlo a invitarle a cenar, al saber que la Srta. Bennet estaba ese día en casa, y segundo, ver su comportamiento esa noche.
Charles estaba algo sorprendido del cariz que estaba tomando las cosas. No esperaba ese rapapolvo de su amigo. Cierto que ya le había advertido, pero se sentía realmente entusiasmado con la joven. Era preciosa, era dulce y tenía un alto concepto de ella. Que decir ante ello.
Darcy siguió explayándose, aunque le pidió discreción, pues no quería que saliera de esas paredes lo que iban a hablar. La situación de la joven era delicada, o es que no podía verlo. Por una lado carecía de una protección económica, excepto la de sus tíos, y por otro lado no estaba dispuesto a permitir que pudiera jugar con sus sentimientos. Realmente apreciaba a la muchacha, era amiga de Georgiana y hermana de Elizabeth. Y podía ahora admitir sin ningún error, que al igual que con esta última, no había sabido valorarla. Así que le pedía que tuviera mucho cuidado con la situación. En estos momentos tenía a tres hermanas solteras mas, (aunque en su interior ansiaba que una de ellas llevase su apellido, no se sentía preparado a decirlo delante de él, aunque creía que tenía sus sospechas) y poco capital para sostenerlas. Su madre mas o menos estaba colocada con su hermana casada, con lo que excepto alguna visita y algunos regalos, no tendría que colaborar mucho. Pero serían cuatro personas mas con solo un par de cientos de libras anuales. No es que ellos tuvieran intención de dejar a Elizabeth marcharse, pero era una posibilidad que su hermana la quisiera a su lado, al menos durante algunas temporadas. Afortunadamente lo que si podía decirle es que sus hermanas pequeñas habían mejorado bastante, por lo menos la última vez que las vio.
Bingley le agradeció la sinceridad de sus palabras, aunque realmente no le descubría nada nuevo. Los rumores sobre la dote de la joven nunca lo habían situado en una fortuna precisamente, pero entendió la preocupación de su amigo. No sabía hasta donde llegaba su aprecio por la Srta. Elizabeth Bennet, pero algo le decía que era mayor de lo que sus palabras o gestos decían. Prometió que meditaría sus palabras a conciencia, pero que casi podía asegurarle que no iba a cambiar de opinión. Había pensado a menudo en ella desde que se le ocurriese adelantar un día su llegada a Pemberley, y realmente creía que no había dejado de quererla desde que se separaron en Hertfordshire. Por ese motivo quería verla mas a menudo, para ver si ella podía estar realmente interesada en él, pues aunque él creía que así era, no tenía intención de precipitarse. Tendiéndole la mano, se levantó para despedirlo. Si realmente lo que decía era cierto, y no tenía por qué dudar de la palabra de su amigo, no tardaría mucho en verlo casado. Había visto en Jane, lo que le gustaría ver en su hermana, y que solamente pensó haber notado en alguna ocasión, pero por tan breve espacio de tiempo que creía era su imaginación quien jugaba con él. Suspirando, se encaminó despacio hacia su habitación, sin poder dejar de detenerse en el umbral de su puerta, mirando hacia el final del corredor, durante algunos segundos.
He vuelto. Aqui teneis un nuevo capítulo. Ya va quedando poco, pues todo se tiene que terminar en un momento determinado. Dicen que lo bueno si es breve, dos veces bueno, pero este fic desde luego que no lo es.
Mi respuesta a vosotras a las que no puedo enviaros un mensaje.
Querida Lorena: Respecto a la historia, eres como una Georgiana encantadora. Te doy dos razones y te convenzo al momento XD. Al no estar Anne, imagino que su tía se va a preocupar mas por su felicidad, pues al fin y al cabo ¿de qué le han servido sus preocupaciones por el porvenir de su hija? Supongo que se ha dado cuenta demasiado tarde, de que su niña podría haber sido mucho mas feliz.
¡Molita! ¡Que frase! "Elizabeth con su cara al sol y sonriendo, y Darcy, contemplando al sol de su vida" Me has dejado... guauuuuu (y no en plan onomatopeya) ¿Verdad que me ha quedado tierno, pero si ser ñoño? Buenoooooo, puede que lo sea un poco. Por otro lado, seamos realistas, Bingley está encantado de ser cómplice. Jane, Jane, Jane... Respecto a las dos damas que nombras, habrá que esperar al próximo capítulo, lo siento. No voy a hacer spoiler ;)
Querida Liziii: Siempre puedo estropearte el final. Quien sabe ;) Y entonces ya no me elogiarás. Y tienes razón el Sr. Martin está en la ciudad. Y está interesado en la joven. Idea a tener en cuenta XD. A este paso vamos a hacer fic sobre el propio fic. O uno de esos cuentos donde el lector elige el final...
Querida Blanca Q: Original y diferente. Tu sigue así y dirán baja Modesto que sube Imaginandohistorias. XD
Y nota para Trini: Te dejé mensaje en el otro fic.
Y ahora les voy a dejar los dientes largos. (Lo que acabo de decir que no iba a hacer) Próximo episodio, el baile de los Bingley. Y hasta aquí puedo leer.
Ya sabéis, me encantan las opiniones, las agradezco un montón, al igual que hayáis llegado hasta aquí leyendo este fic. Intento subir nuevo capítulo este fin de semana, pero para ello, vocal y suplente 1 por favor, acudid a la mesa electoral.
Hasta pronto,
imaginandohistorias
