N. de la T.: Perdón por la demora y perdón si la narración suena horrible. Los diluvios torrenciales me dejaron sin luz y ahora la electricidad viene y se va a cada rato, así que… rezo por que la situación se normalice (y por que deje de llover, juna gran siete xD).


N. de la A.: Me pareció pertinente mencionar que la forma en que a veces uso los autos, las autopistas, los hoteles, estaciones de servicio, etc. refleja un modo occidental de hacer las cosas. Me doy cuenta de que seguramente todo se hace diferente en Japón, pero me resulta mucho más fácil escribir acerca de lugares y situaciones con las que soy más familiar. Así que, por favor, pasen por alto cualquier grieta cultural en estos detalles menores. Gracias :)

Capítulo veintiséis: "Lo juro por mi vida"

─Tenemos que volver ¡Zero, esto no está bien y tú lo sabes! No podemos abandonarlo así como así… ─demandó Yuki por lo bajo. Su voz seguía ronca pero ya sonaba un poco más tranquila. Sus ojos, en cambio, decían que volvería sola si Zero no la ayudaba.

El ex humano permaneció en un estoico y extraño silencio hasta que se perdieron en el laberinto profundo de ascensores y pasajes serpenteantes que iban hacia la salida. Al parecer, a Rido le importó poco y nada si sabían dónde se encontraban y no les había tapado los ojos a la hora entrar. Gracias a eso, ahora Zero era capaz de desandar con relativa facilidad el camino que antes habían hecho. Una vez que quedaron fuera del rango de audición y visión, puso a Yuki sobre tierra firme, tomándole la mano con fuerza para que no regresara de inmediato.

Su mano libre subió hasta su boca y… escupió una llave color plata, pequeña y gastada, que tenía un número grabado en uno de sus lados.

─El depósito ─dijo Zero a modo de breve explicación mientras mantenía la llave en alto. Había asumido una cosa así, pero ahora que lo veía con sus propios ojos estaba seguro─. Es donde guardamos con Kaname nuestro equipo la otra noche. ─La palabra "equipo" también incluía su pistola─. Y no lo vamos a abandonar ─concluyó, mirándola con sinceridad.

─¿Pero de dónde…? ─preguntó Yuki con ojos sorprendidos.

─Kaname me la pasó cuando em… eso ─explicó Zero rápidamente, un poco avergonzado de mencionar el beso aunque la joven parecía haber superado la situación o, por lo menos, había sentido que éste no era el momento apropiado para reaccionar─. Tiene un plan, Yuki, y estoy bastante seguro de saber de qué se trata, pero nos tenemos que apurar ¡Vamos!

Apretándole la mano, Zero se dirigió con paso veloz al pasaje que daba a la salida. Yuki lo siguió al trote y el ex humano guardó la llave en el bolsillo de su pantalón. Todavía sentía la calidez de la boca de Kaname contra la suya y algo en su corazón sobre lo que no tenía ningún control había comenzado a doler con fiereza. Le había dicho la verdad a Yuki, pero a medias. No había mencionado que, según su entender, el plan de Kaname no incluía la idea de que el purasangre saliera vivo.


Nadie le prestó atención a Ichiru cuando salió mientras Kaname, Zero y Yuki llevaban a cabo su despedida. Ya había cumplido con su parte, ¿qué les importaba lo que hiciera? Para todos salvo Shizuka, él siempre había sido descartable y muy sencillo de ignorar.

Entonces Ichiru se fue, caminando los pasadizos sinuosos de la refinería y resistiéndose a las ganas de mirar por sobre su hombro. Los purasangres eran seres extraños, peligrosos… irresistibles. Quizás en algunos aspectos, no era tan diferente a su hermano ¿Acaso Shizuka hubiera hecho por él lo que hizo Kaname…? Tal vez nunca lo sabría, o nunca querría tratar de enfrentar la respuesta. Pero no importaba. Él siempre supo quién y qué era Shizuka, y la había amado sin esperar de ella los mismos sentimientos. Pensaba que los purasangres no eran capaces de amar, pero aparentemente se había equivocado.

Ichiru bajó por las escaleras de la refinería y se dirigió al estacionamiento cercano, donde los únicos vehículos eran tres autos y una camioneta. Sacó dos juegos de llaves de su bolsillo, pensando en cuál usar. Las llaves en cuestión las había tomado "prestadas" del conductor luego de haber llevado a Kaname a la planta, ya que durante todos los años en fuga con Shizuka las habilidades útiles que había aprendido no se limitaban solamente a enmascarar su presencia. Uno de los juegos era del auto en el que habían llegado los cuatro, Kaname, él y los otros dos vampiros, y el otro era del vehículo personal del vampiro, que también estaba aquí. Era un modelo más nuevo, así que eligió ése, sentándose en el asiento del conductor y prendiendo el motor.

Escuchó el ruido de pasos sobre las escaleras que había acabado de bajar y, al subir la vista, vio que Zero y Yuki estaban bajando los escalones a paso rápido.

Zero pareció sentir que los estaban observando y se quedó inmóvil al pie de las escaleras, poniendo un brazo protector frente a Yuki para detenerla mientras sus ojos cruzaban la playa de estacionamiento hasta donde se encontraba el auto en marcha.

Por un instante, las miradas de los gemelos se encontraron.

Ichiru vio desesperación en los ojos de su hermano. Pobre tonto… era el eterno campeón de las causas perdidas y aún pensaba que la situación se podía arreglar, que había alguna manera de salvar al purasangre. Pero, tal como le ocurrió a Ichiru, no la había, y el joven se resistió a la presión cruel y amarga que estalló en su pecho. Volvimos a hacer el círculo completo, Zero.

Ignorando la razón de su proceder, Ichiru tomó el segundo juego de llaves del asiento de al lado y lo tiró por la ventana abierta en dirección a su gemelo. Tal vez Ichiru sabía que no existía castigo más cruel que la esperanza inútil, o tal vez… tal vez no había ninguna explicación aceptable.

Zero atrapó las llaves automáticamente, observando a su hermano con cautela como si tratara de descubrir a qué estaba jugando.

─Ésas son las del gris ─dijo Ichiru moviendo la cabeza hacia el auto contiguo al suyo─. Hasta nunca, hermano. Espero jamás volver a verte ─agregó por la ventana antes de subirla del todo. Ichiru fue en reversa y salió del estacionamiento acompañado del chillido de las llantas contra el asfalto. Se dirigió a la ruta principal sin mirar atrás. Ya había terminado con lo que tenía que hacer aquí y no le importaba lo que pudiera pasar, era hora de empezar una nueva vida en algún otro lugar. Rido se podía ir al diablo. Todos se podían ir al diablo.

Los dedos de Zero apretaron las llaves con fuerza mientras observaba por un momento el lugar que había ocupado el auto.

─¿Te parece que es una trampa? ─preguntó Yuki despacio, no muy segura de haber entendido lo que había acabado de ocurrir, pero dándole al brazo de Zero un pequeño apretón en señal de apoyo.

Zero comenzó a caminar rápidamente hacia el auto que Ichiru le había indicado y sacudió la cabeza.

─No ─dijo en voz baja. No sabía por qué se sentía así, pero no importaba. Tener un medio de transporte mejor que sus propios pies era esencial, especialmente si se tenía en cuenta que el muchacho no sabía con exactitud dónde estaban. Además, no tener que gastar tiempo en tratar de hacer arrancar un auto por medio de corto circuitos les daba una pequeña ventaja que necesitaban con desesperación. Incluso habiendo sospechado de las intenciones de Ichiru, era un riesgo que valía la pena correr. Las llaves entraban en las cerraduras y Zero abrió la puerta del vehículo sin perder un segundo.

─Vamos ─dijo, aunque Yuki ya estaba entrando por la otra puerta─. Tenemos que averiguar dónde estamos y tenemos que conseguir un teléfono, rápido.

Yuki miró por la ventana trasera mientras se alejaban a todo motor de la refinería. Vamos a volver, Kaname, lo prometo. Ten paciencia.


Cuando Zero y Yuki dejaron la plataforma, Rido los miró de soslayo y luego puso toda su atención nuevamente sobre Kaname.

─Bueno, bueno, sobrino… por fin solos. Ya cumplí con mi parte del trato… ahora es tu turno. Ven ─le ordenó mientras lo soltaba de mala gana, guiándolo a otro lugar. Los guardias los siguieron, vigilando de cerca de Kaname, pero tal cosa era innecesaria. El voto de sangre obligaba al purasangre a obedecer, a cumplir con su promesa; y no era capaz de romperla a menos que Rido la rompiera primero.

Así que Kaname siguió a su tío por el edificio, recorriendo la ruta de salida que había memorizado con anterioridad. Rido no parecía tener ningún apuro y daba la sensación de disfrutar tocando a Kaname mientras caminaban, pasando sus dedos por la espalda del purasangre, por su cuello, por su pelo. Kaname lo odiaba pero, claro, ése era el punto justamente, por lo que se rehusó a mostrar cuánto aborrecía el tacto de su tío. Pero Rido lo sabía.

─No me prestes atención ─murmuró Rido con crueldad cuando al fin llegaron a la puerta que los llevaría hacia el exterior─. Nada más me estoy acostumbrando a mi nuevo cuerpo. Ábreme la puerta, quieres.

Kaname disparó hacia Rido una mirada siniestra pero estaba obligado a obedecer y él obedeció. Sin embargo, eso no significaba que tenía que ser cortés y abrió la puerta de un brusco tirón.

Rido le mostró una sonrisa petulante mientras salía, dándole unas palmaditas en el muslo.

─Tranquilo, muchacho, vamos, vamos ─dijo, tomándole el pelo y hablándole a propósito como si fuera un perro mientras bajaba por las escaleras. Los labios se Kaname se apretaron en una línea fina y tensa, siguiéndolo.

El último escalón de la escalera metálica cedió bajo el peso de los pies de Rido, haciéndolo tropezar, pero el rostro de Kaname permaneció ilegible. Tal vez estaba reaccionando demasiado por cosas de poca importancia pero, después de todo, Rido estaba haciendo lo mismo. Justo en ese momento, el cuerpo del purasangre estaba inundado de furia, desprecio y disgusto ante la idea de lo que se avecinaba.

Rido cayó de rodillas, pero se puso de pie inmediatamente, dándose vuelta al mismo tiempo que Kaname llegaba al último escalón detrás suyo.

El purasangre se veía venir la zurra y no hizo ni la más mínima mueca de dolor cuando su cabeza se disparó a un lado ante el golpe violento que le dio Rido con el dorso de la mano. En algunos aspectos, su tío era increíblemente predecible.

─Métanlo en la camioneta ─les gritó Rido a sus esbirros, quienes tomaron al purasangre por los brazos sin que éste opusiera resistencia y lo hicieron entrar en la parte trasera de la camioneta que antes habían usado para transportar a Zero y a Yuki. Aquí adentro, Kaname podía oler el débil aroma de la sangre de ambos.

No preguntó a dónde iban, pues ya lo sabía. Lo estaban llevando a donde se encontraba el verdadero cuerpo de Rido, donde sería más fácil para el vampiro llevar a cabo la transferencia. Y Rido siempre tenía por costumbre elegir el camino fácil. Otra vez, era predecible.

Rido miró con atención hacia los dos lugares vacíos donde tendrían que haber estado sus vehículos. Uno de sus vampiros escoltas tenía el ceño fruncido y se palpaba los bolsillos, notando evidentemente que su auto ya no estaba pero sin tener la intención de hacerle ver el problema a su amo.

Rido miró a los presentes. Faltaba Ichiru. Enarcó una ceja, no era una gran pérdida, el chico había sido un buen peón pero era impredecible y, ahora, innecesario. Le daba igual, sinceramente. El problema era que también faltaban dos autos, y la única explicación era que el otro se lo hubieran llevado las mascotas de Kaname. No era algo alarmante, pero sí para tener en cuenta.

─Toru, haz volar la refinería. No quiero que nadie venga a husmear por aquí más tarde ─le ordenó Rido con simpleza mientras se subía a la parte trasera de la camioneta con Kaname─. Y haz la denuncia de robo de esos dos autos que tratas de hacer de cuenta que no sabes nada ─concluyó con una sonrisa, cerrando la puerta.

El vampiro llamado Toru parecía ligeramente avergonzado, pero se limitó a asentir con la cabeza. Sacó un detonador de su bolsillo y se subió a la parte delantera de la camioneta. Una vez que ambos vehículos se alejaron, Toru apretó el botón.

El estruendo de una explosión hizo temblar la tierra y avanzó por el aire como un trueno. Más tarde, cualquier persona que estuviera investigando sus causas asumiría que se debió a factores naturales, después de todo era una refinería vieja con polvo de azúcar que no había sido limpiado hacía años y que había estado acumulándose por doquier. Había sido un accidente que en algún momento tenía que ocurrir y no dejaría pistas para ninguno de los amigos de Kaname que podrían volver más tarde en busca de su paradero. Para cuando pudieran seguir sus huellas, ya sería demasiado tarde.

Rido le mostró a Kaname una sonrisa desagradable mientras la camioneta aceleraba por la ruta.


Tanto Zero como Yuki se sobresaltaron ante el sonido de la explosión y el auto se meció sobre el camino mientras Zero alargaba el cuello para ver lo que había pasado a través del espejo retrovisor. Yuki, quien todavía estaba sentada mirando por la ventana trasera, observó en la distancia el humo negro y las llamas que llegaban al cielo.

─Zero… eso fue… Kaname está bien, ¿no? ─preguntó con preocupación.

Zero se asió firmemente del volante, pisando el acelerador con más fuerza y resistiéndose a las enormes ganas de doblar en U y volver para descubrirlo ¡¿Qué le hacía pensar a Yuki que él iba a saber?

El cazador se dio cuenta de que sentía unas palpitaciones débiles y turbadas en la base de su cuello. Kaname. Las emociones que estaba percibiendo a través del lazo eran tensas, pero definitivamente había sensaciones, así que eso significaba que… Zero se percató con algo de sorpresa que tal vez él sabría, tal vez sabría si Kaname…

─Sí, está bien. Rido debió haber hecho eso a propósito, seguramente para cubrir sus huellas. Vi a algunos de sus matones poniendo explosivos mientras preparaban esa cosa demente de la pileta de azúcar. ─La voz de Zero sonaba tensa, pero pensativa─. No se habría arriesgado a hacer eso si su cuerpo original se encontrara en la refinería, por lo que debe estar en algún otro lado. Probablemente está a donde se está dirigiendo ahora.

El joven se resistió a las ganas de maldecir en voz baja. El no saber exactamente dónde era ese lugar era, según su parecer, una inquietante grieta en el plan ¿Tendrían que seguir a Rido? No… él sabría que lo estaban siguiendo y ellos no se podían arriesgar a revelar sus intenciones ni a terminar metidos en una confrontación que todavía no estaban preparados para manejar. Necesitaban hacerles saber a los demás lo que estaba pasando, necesitaban recuperar el arma de Zero y después… después…

Zero se resistió a las ganas de frotarse el cuello ante el dolor suave y palpitante que sentía ahí. Era una sensación extrañamente distrayente, casi como si Kaname estuviera tratando de llamarle la atención o algo por el estilo, si tal cosa fuera posible ¿Podría usarla como una señal que seguir para poder encontrar el lugar a donde se lo habían llevado? Tal vez. No tenía idea. Zero deseó poder entender más de esta cosa de los lazos y de lo que podía y no podía esperar de sus habilidades vampíricas. Ojalá no hubiera gastado tanto tiempo tratando de reprimirlas e ignorarlas y le hubiera pedido más información a Kaname cuando tuvo la oportunidad. Ahora iba a tener que avanzar a golpe de intuición y rezar por estar haciendo bien las cosas.

Yuki se alegró al escuchar la aseveración de Zero pero reprimió un escalofrío mientras continuaba mirando el pilar de humo negro que se perdía en la distancia.

─Esos explosivos probablemente eran para esconder el cuerpo o los cuerpos ─dijo por lo bajo─. Después de todo, tenía la intención de que uno de nosotros muriera ahí.

Zero achicó los ojos con furia sin sacar la vista del camino y se quedó callado.

Yuki se dio vuelta sobre su asiento con una expresión triste en el rostro y miró al joven de soslayo.

─Bueno, entonces ¿de qué se trata el plan?


─Tiene que ser uno de éstos ─dijo Ruka dándole unos golpecitos a la hoja del block del hotel, señalando los nombres sin tachar que habían subrayado─. Son los únicos que encajan en lo que estamos buscando y que todavía no fueron revisados. Ayer, cuando hablamos con Seiren, nos dijo que sus escuadrones estaban registrando toda la zona al sur de este distrito y al este de aquí. ─Marcó con el dedo los gráficos correspondientes que habían dibujado en un mapa que habían conseguido el día anterior en la tienda de recuerdos del hotel─. Ella nos habría llamado si hubieran encontrado algo, así que eso nos deja con estas posibilidades para inspeccionar.

Kain asintió con la cabeza lentamente y dijo:

─Asumiendo que esté usando algunas de las propiedades Ichijo o Kuran, lo cual no es seguro.

─Sí, asumiendo eso ─coincidió Ichijo─. Está en fuga, se está escondiendo y no puede arriesgarse a tocar nada que esté en un banco o vigilado por seguridad, como le pasó a Kaname. Una cosa así hubiera izado una bandera que podríamos haber seguido. Así que tiene que usar dominios y locaciones que puedan ocultar sus actividades. Además… éstas son las únicas pistas que tenemos.

─No quiero ser aguafiestas, pero ¿alguien se dio cuenta de que en esa lista hay 53 nombres, algunos de los cuales son compañías que tienen múltiples propiedades en múltiples jurisdicciones a lo largo de todo el país? ─preguntó Aido exhalando un suspiro cansado y frotándose la nuca mientras estudiaba la lista por sobre el hombro de Ruka.

Kain suspiró con gesto pensativo y agregó:

─Es una lista bastante grande para nosotros cuatro, pero si nos quedamos aquí sentados por mucho más tiempo no vamos a lograr nada. Mejor se la mostramos a Kaname y vemos qué dice.

El celular de Ichijo, que estaba apoyado sobre el televisor para que el cargador llegara al enchufe, eligió ese momento para empezar a sonar. Takuma se inclinó y lo agarró rápidamente, mirando el identificador de llamadas.

─Hablando de Seiren ─murmuró mientras abría la tapa del teléfono─ ¿Sí?

El joven enarcó las cejas y tomó el control remoto del televisor, prendiéndolo y apresurándose a encontrar el único canal de noticias que se transmitía desde el hotel. En la pantalla, y vista desde el helicóptero del canal, apareció una imagen de lo que parecía una fábrica en llamas que luego fue reemplazada por la de un periodista.

─Sí, aquí también está en las noticias. No, no tuvimos nada que ver, pero gracias por avisarnos ¿A dónde estás? ¿Todavía sigues ahí? Bueno. Sí, si parece que tiene alguna importancia después te llamamos.

Ichijo cortó.

─Hubo un accidente en una refinería de azúcar al norte de aquí. Pudo haber sido coincidencia, pero ocurrió en la jurisdicción contigua, así que Seiren quería ir a investigar y ver si tenía algo que ver con todo esto.

Los ojos de Aido se achicaron en un gesto pensativo.

─¿Una refinería de azúcar en la jurisdicción contigua? ¿Por qué me suena familiar…? ─Regresó a las pilas de papeles que había dejado sobre la cama y empezó a revisarlas rápidamente. Ruka se le unió y unos minutos más tarde tomó un montoncito de documentos agarrados por un gancho de papel negro y grande.

─Refinería de azúcar Lamba, fue cerrada hace seis años cuando se vendió la compañía matriz y la producción cambió de jurisdicción ─resumió Ruka sin perder un segundo.

─Y adivinen quién compró la compañía: el Grupo Advanta Ltd. ─dijo Aido sacudiendo la carpeta azul que ya había sacado de la pila por segunda vez en el día.

─Además, Advanta es uno de los nombres de nuestra lista. ─La ceja levantada de Kain decía que esta coincidencia le resultaba muy interesante.

El teléfono de Ichijo, que todavía estaba en su mano, volvió a sonar. El joven miró automáticamente al identificador de llamadas, pero esta vez no había ningún nombre y el número no le resultaba conocido. Vaciló y, abriendo el teléfono, lo acercó a su oreja.

─¿Hola?

Una expresión de ceño fruncido cubrió los rasgos del vampiro.

─¿Qué? ¿Kiriyu, eres tú? ¿Estás con Kaname? ¿Qué es todo ese ruido? Casi ni te escucho.

Zero, inclinado contra la pared de la cabina telefónica de la terminal de ómnibus, se estaba tapando una oreja con la palma de la mano mientras que, con la otra, se apoyaba el tubo del teléfono contra su otro oído. Un autobús de ruidoso motor estaba estacionado en una parada cercana mientras los pasajeros iban entrando y el barullo de la multitud que transitaba al medio día por la estación techada era poco menos que ensordecedor. Para colmo de males, los teléfonos de la terminal habían pasado por muchísimos años de uso y la conexión zumbaba con golpes de estática.

─¡Sí, soy Zero; no puedo hablar más fuerte, así que presta atención! ─dijo el cazador entre dientes y con palabras rápidas, alzando la voz un poco pero todavía queriendo no resaltar entre la multitud. Una vez que él y Yuki encontraron la autopista y descubrieron dónde estaban, fueron directamente hacia la ciudad. El depósito donde habían guardado con Kaname su equipo y demás cosas estaba en esta terminal de ómnibus, cerca del lugar donde se encontraban. El hotel donde habían dejado a los demás esta mañana estaba en las afueras de la cuidad, pero del lado contrario.

En el camino a la terminal, Zero y Yuki habían parado en una estación de servicio para tratar de hacer una llamada, pero el teléfono público del local estaba fuera de servicio. En esta época de teléfonos celulares, era sorprendentemente difícil llegar a encontrar un teléfono público que funcionara. La empleada de la estación de servicio los había estado mirando por el rabillo del ojo con demasiada curiosidad para la tranquilidad de ambos. Estaban hechos un desastre y estaban viajando solos, por lo que en el mejor de los casos parecían una pareja de fugitivos. Ambos jóvenes se habían pegado un lindo susto al ver un patrullero pasando lentamente por las cercanías y ellos se habían ido tan rápido como pudieron sin levantar sospechas. Estaban conscientes de que tenían un auto robado, de que Zero no contaba con una licencia de conducir y de que Yuki parecía más menor de edad de lo que era, y temían que detalles menores como un posible arresto pudiera obstaculizar sus planes. Entonces, decidieron dirigirse de inmediato hacia la terminal de autobuses, donde encajarían a la perfección con el resto de la multitud de apariencia a veces sospechosa y donde podrían ir en busca de su equipo y llamar a los demás. Además, podrían dejar el vehículo entre los otros autos de uso diario, donde nadie lo vería hasta que hubiera pasado un largo tiempo.

Hasta ahora, el plan estaba funcionando al pie de la letra y nadie los miraba dos veces. Zero estaba bastante seguro de que no los habían seguido, pero aun así debía ser cuidadoso y no quería gritar sus noticias en medio de la muchedumbre.

─Estoy en la terminal de ómnibus de East Park con Yuki… ¡no importa cómo llegamos! ─dijo Zero con voz apresurada, interrumpiendo la pregunta de Takuma. La llamada ya se estaba comiendo todas las monedas que Yuki tenía en los bolsillos y el poco dinero no les iba a dar mucho tiempo─. Rido tiene a Kaname.

El otro lado de la línea quedó en un silencio mortuorio y Zero supo entonces que tenía la toda la atención de Ichijo.

─Es largo de contar y no tenemos tiempo, pero la cosa es que, él… se intercambió por nosotros. ─Zero hizo un gran esfuerzo para que su voz continuara pareja y no se quebrara, los demás necesitaban conocer la situación─. Rido quiere el cuerpo de Kaname, y él aceptó a dárselo ─continuó diciendo el ex humano entre el silencio─. Estábamos en una refinería vieja de azúcar, pero lo más probable es que ya se hayan ido.

Aido, Kain y Ruka miraron a Ichijo con preocupación. El rostro del noble se había vuelto casi completamente blanco y, limitándose a escuchar, apretaba el teléfono con fuerza sin pronunciar palabra. Cuando los agudos oídos de los vampiros se esforzaron para comprender lo que decía la voz del otro lado de la línea, mellada por la estática y el sonido de fondo, sus caras también palidecieron y el miedo envolvió sus corazones ante las horribles e impensables noticias.

Zero seguía hablando:

─Creo que está llevando a Kaname a donde está su cuerpo original, pero no estoy seguro de dónde es…

─Zero, espera un minuto ─lo interrumpió Takuma súbitamente, haciéndoles a los otros un gesto rápido en el que juntaba y separaba los dedos─ ¡Denme los papeles de Advanta!

Los vampiros revolvieron la habitación en busca de los documentos deseados.

─¿Qué? ─preguntó Zero, poniendo cara de no comprender lo que el joven estaba diciendo─. Ichijo, se nos acaba el tiempo de la llamada…

─¡Un segundo! ─espetó Takuma con una brusquedad atípica en él mientras le sacaba a Aido la carpeta que había pedido y la abría, apoyándola sobre el televisor y revisando las páginas rápidamente con su mano libre. Ahí estaba.

─Kiriyu, escúchame, a esa refinería la compró una compañía llamada Advanta hace un par de años. Advanta es una empresa subsidiaria de la compañía Ichijo y que está muy bien escondida ─explicó Takuma sin perder un segundo, hablando tan rápido que Zero tuvo que prestar mucha atención para que no se le escapara nada─. Aparte de la refinería, la única propiedad de Advanta en esta área que todavía no está en uso y funcionando, es una bodega cerrada que se encuentra a unos 130 kilómetros de aquí, en Ume Blossom, cerca de la Autopista 12.

Aido corrió la mano de Ichijo un poco para poder hojear velozmente por los papeles sueltos al final de la carpeta, sacando una copia del recibo de tarjeta de crédito que estaba buscando.

─Y a pesar de que los dos lugares figuran como inactivos, las cuentas de comercio de Advanta pagaron hace poco para tener agua y electricidad en la bodega.

─Las bodegas tienen sótanos oscuros y subterráneos… son el lugar perfecto para preservar un cuerpo purasangre en estasis ─señaló Kain. Las piezas estaban empezando a encajar y la urgencia por poco los estaba haciendo hablar unos encima de los otros.

─Ahí está, entonces ¡Ahí es donde Rido se llevó a Kaname! ─intervino Zero. No entendía todo lo que los demás estaban diciendo, pero escuchó lo suficiente como para captar la idea y arriesgarse a pensar que quizá tenían una pista que seguir.

─Kiriyu, espérennos donde están, los iremos a buscar de inmediato ─comenzó a decir Takuma, pero Zero lo interrumpió, sacudiendo la cabeza en forma negativa mientras sostenía el tubo del teléfono con fuerza.

─¡No! No hay tiempo. Les va a llevar más de una hora venir desde el hotel con el tráfico que hay a esta hora. La Autopista 12 no nos queda lejos. Tenemos un auto, vamos a ir para la bodega y nos encontramos ahí ¡Vayan tan rápido como puedan!

─¡Kiriyu! ─La voz de Ichijo decía claramente lo muy en contra que estaba de la idea de que Zero y Yuki entraran solos en esa situación, pero nunca llegó a terminar su argumento inútil, que fue cortado por una voz femenina y mecánica que pedía en tono exageradamente cordial que Zero depositara más dinero para minutos adicionales.

Pensando que por una vez en su vida ése había sido el momento perfecto, Zero colgó el teléfono. Nada de lo que pudiera haber dicho Ichijo le hubiera hecho cambiar de opinión. No le importaba lo peligroso que fuera, era crucial no perder ni un segundo más. Tenían que llegar hasta Kaname. Y rápido.

Zero se agachó y tomó la mochila que tenía a sus pies. Con Yuki habían sacado el equipo del depósito y el muchacho, vestido con una remera negra que había quedado en el fondo de la mochila de Kaname, ya estaba un poco más presentable. La prenda olía al purasangre y el ex humano estaba haciendo un gran esfuerzo para fingir que tal cosa no lo estaba afectando. En el bolso también había un par de zapatillas deportivas con suela blanda y Zero tenía la sensación de que habían sido pensadas para escalar más que para uso diario, pero eran mil veces mejores que seguir andando descalzo.

El ex humano tiró la mochila sobre su hombro y miró a Yuki. La muchacha sólo había escuchado un lado de la conversación, pero había alcanzado para que supiera a dónde se dirigían. Ya tenía puesta la mochila sobre los hombros y sus ganas de ponerse en marcha la hacían parecer inquieta.

─Parece que vamos a tener que seguir jugando al Grand Theft Auto por algún tiempo más ─le dijo Zero en voz baja mientras desandaban sus pasos rápidamente hacia el lugar donde habían pretendido abandonar el vehículo. Era su único medio de transporte por ahora y valía la pena el riesgo.

─Yuki… ─Zero hizo una pausa al llegar al auto, mirándola con una expresión que Yuki reconoció al instante.

─Eso sí que no ─se adelantó a decir haciendo un ademán con la cabeza en forma negativa─. Si me vas a decir que tendría que esperar a los demás o quedarme en algún lugar seguro mientras tú vas a buscar solo a Kaname, mejor olvídalo. ─Su tono no dejaba lugar para disentimientos y la joven abrió la puerta, tirando la mochila al asiento de atrás y sentándose en el lugar del copiloto como una estatua inamovible─. Sube al auto, Zero. Y no me vengas con que es muy peligroso. Siento como si durante toda mi vida hubiera dejado que tú y Kaname me protegieran y pelearan por mí. Bueno, ahora es mi turno, ¡así que deja de perder el tiempo! ─Los ojos de Yuki brillaron con esa determinación que a Zero le resultaba tan familiar.

Tal vez tendría que haber insistido, pero Zero conocía demasiado bien a Yuki como para engañarse pensando que podía hacerla echarse para atrás una vez que había tomado una decisión.

─Muy bien, señorita testaruda ─murmuró con afecto resignado mientras entraba al auto y lo ponía en marcha.

El comentario que había escuchado tantas veces en su infancia hizo sonreír a Yuki al mismo tiempo que salían de la playa de estacionamiento de la terminal de autobuses. Ambos jóvenes habían estado juntos por mucho tiempo y tal vez esto era muy diferente a ser guardianes en la Academia pero, al mismo tiempo, no lo era.


─¡Kiriyu! ¡Zero! ─gritó Ichijo por el teléfono, pero la línea se había cortado. Cerró el celular con fuerza en un gesto de frustración. Sin embargo, tenía que admitir que en el lugar de Zero, hubiera hecho exactamente lo mismo que el ex humano, pero sabiendo lo que Kaname sentía por esos dos jóvenes, Takuma se creía responsable de protegerlos incluso tanto como hubiera protegido a Kaname.

El Director Cross se había despertado ante el llamado a gritos del nombre de su hijo adoptado y se sentó rápidamente, parpadeando mientras los papeles se le caía de encima y se iban deslizando hasta el piso. No había querido quedarse dormido y estaba un poco avergonzado de haberlo hecho.

─¿Qué pasó, qué pasó? ─preguntó, acomodándose los anteojos y poniendo a los cuatro vampiros en foco por medio de parpadeos. Todos parecían alarmados y pálidos, y su instinto le dijo de inmediato que algo andaba terriblemente mal. Miró a su alrededor y se dio cuenta de quiénes faltaban todavía, pese a que habían pasado varias horas desde que se quedó dormido.

─¿Dónde están Zero y Yuki? ¿Y Kaname? ─Por alguna razón, sabía que lo que estaba mal tenía algo que ver con ellos. Cross trató de levantarse pero perdió el equilibrio y se tuvo que asir de la mesita de luz para no caerse. Maldición… su condición se estaba degradando muy rápido últimamente, ¡no podía permitirse esto ahora!

Ichijo estuvo a su lado al instante y envolvió los hombros de Cross con un brazo, ayudándolo a ponerse de pie mientras los demás ya estaban cerca de la puerta.

─Nos tenemos que ir, rápido. Te explico en el camino ─le prometió Ichijo.


Kaname siguió a Rido por el pasaje serpenteante que los llevaba a las profundidades de la vieja bodega a la que lo había traído su tío. La refinería de azúcar, ahora la bodega… Kaname ya se había percatado del patrón. Estas locaciones seguramente estaban conectadas en determinado nivel y se preguntaba si alguno de los demás se daría cuenta de esto, aunque tal vez debería rezar por que no lo hicieran. Kaname no quería encontrarse con ninguno de ellos de nuevo después de esto… a menos que se tratara de Zero y que el ex humano hubiera venido a cumplir con su promesa.

Llegaron a destino en una de las habitaciones subterráneas que antaño habían sido usadas para añejar buenos vinos. Salvo por unos estantes de madera que había a lo largo de la pared, la habitación había sido vaciada para otros propósitos. Ahora contenía un tanque largo de acero inoxidable que parecía una bañadera sobre una plataforma elevada.

Rido llevó a Kaname por las escaleras que iban a la cima de la plataforma, donde el cuerpo real de Rido flotaba en una pileta de sangre como una aparición cadavérica y cartilaginosa. Kaname miró el caparazón de su tío de reojo y sin dar muestra alguna de emoción. Todavía reverberaban en su mente los gritos chillones de quien se quemó vivo debajo de los escombros. Era una lástima que no hubiera durado un poco más, Rido merecía arder para siempre en las llamas del infierno y si las cosas resultaban según lo esperado… tal vez Kaname podría tener el placer de al menos llevarlo hasta allí por su cuenta.

Rido miró su cuerpo original con ojos teñidos de un ligero disgusto.

─¿Estás disfrutando de tu obra maestra? No es muy linda ¿no, sobrino? ─La mirada de Rido, infestada de gélido odio, se dirigió al mocoso que le había causado tantos problemas y sufrimientos. Era perfectamente irónico que ahora Kaname le diera los medios para recuperar lo que había perdido. Y su sobrino sufriría en el proceso.

Sí, sí… iba a sufrir.

─Dentro de un par de meses ya ni siquiera voy a tener que llevar esta abominación por todos lados. El cuerpo de mi querido y adorado Shiki se desgastaría demasiado rápido con una transferencia completa, así que tengo que mantener este caparazón cerca. Pero una vez que seas mío… ─Rido sonrió─. Muy pronto voy a poder transferirme por completo, de modo que ya no estaré atado a mi antiguo cuerpo.

Rido caminó despacio alrededor de Kaname, observándolo de arriba abajo como si fuera un caballo de carreras en una subasta, disfrutando el momento. Tocó con sus dedos el pelo de Kaname y puso la palma de su mano sobre la mejilla del purasangre, torciéndole la cabeza un poco para examinarlo mejor.

─Al parecer, heredaste los rasgos de la familia. No es un mal cuerpo para pasar la eternidad. ─Rido se le acercó, suspirando en el oído de Kaname─: Puede ser que a veces te deje ver.

Kaname soportó en estoico silencio las palabras burlonas de Rido y sus toqueteos. No le daría la satisfacción de ver nada más que no fuera su frío y desinteresado desprecio.

Rido no parecía contento por no poder conseguir una reacción del joven vampiro, pero se encogió de hombros con gesto despreocupado y guió a Kaname hasta hacerlo parar directamente al lado del tanque. Rido lo tomó de atrás nuevamente, usando el cuerpo de Shiki por última vez.

Cuando unas ramificaciones se alzaron de la bañadera ensangrentada en su dirección, Kaname cerró los ojos rezando en silencio a Dios, si es que existía, para que le diera fuerzas con las que resistirse a la presencia ardiente de Rido que ahora lo inundaba. La consciencia de Rido penetró su cuerpo, abriéndose paso por su cráneo a fuerza de zarpazos, envolviéndose alrededor de sus pensamientos y alojándose en su cuerpo como un parásito despiadado.

Un dolor físico como nunca había sentido se expandió por todo su ser ante la completa violación mental. Rido estaba por doquier, retorciéndose por sus pensamientos como un pulpo abriendo una ostra con sus fuertes tentáculos mientras hacía trizas las barreras de su sobrino.

No era una fusión de mentes, sino que ambos seres permanecieron presentes y separados. Rido no tuvo acceso a todo lo que Kaname sabía, ni viceversa. Pero si así lo deseaba, Rido tendría todo el tiempo del mundo para husmear en los rincones de la mente de Kaname, violando sus pensamientos y recuerdos hasta finalmente extraer cualquier cosa que se le antojara.

Obligado por el voto de sangre a no resistirse a la horrible invasión, Kaname se retiró a una esquina oscura de su cerebro, dejando libre el paso y retrocediendo rápidamente para poder resguardar una parte de sí mismo de la terrible invasión y evitar que quedara expuesta ante su tío. En circunstancias normales, era en esta oscuridad completa donde se tendría que quedar. Durmiendo sin dormir, siendo incómodamente ignorante del paso del tiempo, del espacio, de sí mismo… atrapado para siempre en limbo mientras la consciencia de Rido suprimía la suya. Pero tal como Kaname había sospechado o, más bien, tal como había confiado y esperado, Rido evidentemente consideraba que este destino no era suficientemente cruel para su sobrino.

Kaname percibió vagamente que sus ojos se abrían luego de muchos parpadeos. Se sentía raro, desasociado, como si estuviera soñando o como si estuviera ebrio. Su cuerpo se movía, su cabeza giraba, pero no como respuesta a sus órdenes. Kaname no podía hacer nada, no tenía control de nada… era como estar paralizado y que alguien lo hubiera puesto delante de una pantalla de televisión. Podía ver todo, podía sentir todo, aunque las sensaciones por alguna razón parecían remotas y desconectadas, pero no tenía el poder de hacer nada; ni siquiera de cambiar de canal.

Kaname se escuchó reír, pero quien reía era Rido mientras estiraba los brazos y giraba la cabeza, acostumbrándose a su nuevo cuerpo. Por el rabillo de su visión periférica, Kaname se dio cuenta de que el cuerpo de Shiki estaba despatarrado sobre el suelo, en las escaleras que subían hasta la bañadera, pero Rido no miró a su hijo por segunda vez, por lo que Kaname no tenía idea en qué condición estaba el otro vampiro, si es que por lo menos seguía vivo.

Rido pareció sentir que Kaname estaba consciente de nuevo, y su atención se volvió hacia adentro. No pensaste que ahí terminó, ¿no? Las palabras no pronunciadas y el peso de la atención de Rido aparecieron claramente en la cabeza de Kaname.

No, no, sobrino… me costaste demasiado caro. Tengo la intención de pasar un buen rato antes de dejar que te hundas en el olvido al que con tanto derecho perteneces. Vas a observar mientras destruyo todo lo que te importa con tus propias manos. Todos tus amiguitos, Ichijo, Aido, Kain, todos, uno por uno… hasta a esos humanos insufribles e ignorantes de la escuela. Vamos a ir a la Academia Cross con un par de niveles E y nos vamos a dar un lindo atracón, ¿qué te parece? Pero lo mejor va a ser el postre… así que vamos a guardar a tus dos mascotas humanas para el final. Ah, sí, ya sé, lo prometí, pero ya no va a importar para ese entonces. Vamos a esperar a que estés demasiado débil para pelear contra mí. Pero aun así vas a estar consciente y vas a poder mirar, vas a poder escuchar sus gritos y sentir cómo tus manos les despedazan la piel mientras los devoras. El muchacho es fuerte, creo que nos va a durar bastante… La voz mental de Rido rebozaba de siniestro deleite y las crudas imágenes de todo lo que se imaginaba asaltaron la consciencia de Kaname con una horrible promesa.

Puede que la chica no dure tanto, pero ¡cómo nos va a divertir! Le vamos a hacer gritar tu nombre mientras la destrozamos y tomamos su sangre ¿te parece? Es una muchachita muy linda, me hace acordar a tu madre. Me pregunto si se sentirá igual de bien y si sus gritos serán igual de placenteros de oír…

Rido abrió las puertas de su mente sobre la presencia cautiva que habitaba en su cabeza, llenando a Kaname con los recuerdos intensos y vívidos de los últimos minutos de su madre. Al ser vistas directamente desde los pensamientos de Rido, las imágenes eran mil veces peores a las que habían aparecido en la piedra de los recuerdos. Kaname estaba experimentando todo desde la perspectiva de Rido, como si hubiera estado ahí, sintiendo cómo su madre se retorcía y forcejeaba mientras él la mantenía inmóvil, sintiendo cada horrible fibra del crudo deleite de Rido.

Kaname aulló en silencio frente a la agonía de ser forzado a vivir en carne propia la perversión de su tío. El odio y la furia, ambos inútiles, se mezclaban con el horror y el asco. Kaname trató de alejarse, de escapar… pero Rido estaba en todos lados, no había ningún lugar donde encontrar alivio de este tormento mental. No tenía forma, no tenía poder, y mientras que Rido nada más "tuviera la intención" de lastimar a Zero y a Yuki pero aún no lo hubiera hecho, el voto de Kaname seguía en pie y no le permitía resistirse. Esto era lo que Rido quería para él, y Kaname lo sabía. Quería atormentarlo de este modo hasta que su voluntad se desplomara y la opresión continua desgastara su alma por completo. Finalmente, se pondría tan débil y se sumergiría a tanta profundidad que ya no tendría el poder de volver a la superficie, y era entonces cuando Rido ya no necesitaría estar cerca de su cuerpo original, ya que el de Kaname sería completamente suyo.

En el único rincón oscuro de su mente del que Kaname todavía era dueño, el purasangre se hizo una bolita mentalmente, tratando de sobrevivir y de bloquear el cruel asalto de Rido. Pero no tenía oídos que tapar ni ojos que cerrar. En este retorcido purgatorio, ni siquiera tenía lágrimas que llorar.