Gracias por los reviews en el capítulo anterior.
Aquí les traigo el penúltimo capítulo, disfruten la lectura.
DEMENCIAL CORDURA
CAPÍTULO 25
Los ojos de Kruger relucen con la misteriosa demencia que les caracteriza, sin embargo, su mirada se mantiene fría, calculadora e imperturbable, y es justo eso, el hecho de que pueda premeditar sus acciones, lo que aterroriza a Nagi. Sin vacilaciones, Kruger da dos pasos, acercándose a su presa, la presa que todo este tiempo se ha creído un depredador. Inclina la cabeza, retándole a que haga algo, lo que sea, pero él está paralizado.
-Apestas a miedo-. Su profunda voz le sacude el alma al Director. Escucharle hablar es como una alucinación dentro de otra. Dijo tantas veces que Kruger era la muda de Garderobe, que terminó por creérselo. -No debes jugar-. Da otro paso. -Con quien sabe jugar mejor que tú-.
Cuando les separan solo dos metros, los músculos de Nagi reaccionan, y deja de apuntar a Shizuru para apuntar al corazón de Kruger. -¡Aléjate fenómeno!-. La oji-verde sonríe, porque el arma ya no es una amenaza para su psiquiatra, dicha sonrisa le resta razonamiento al hombre. -¡ALÉJATE!-.
-Director-. La serena voz de Viola atrae su atención, pero al voltear, se arrepiente de hacerlo, porque se topa con un revolver apuntándole. No le sorprende que la castaña tenga la frialdad para hacer eso. Ve el dedo en el gatillo y sabe que el final toca a su puerta.
-¿Qué dirá de mi muerte?-. Escupe las palabras. Al enfocar la mirada en los ojos carmín, comprende que ha sido esa mujer, y no la demente de Garderobe, quien ha devastado todo.
La castaña le mira con una indiferencia que congela. -Kruger le asesinó-. Su declaración causa una extraña mueca en el rostro de Nagi.
-Creí que no le gustaba que le inculpen-.
Y la sonrisa de Viola le provoca un escalofrío en todo el cuerpo. -No le estaré inculpando-. Cuando su cerebro capta las palabras, ya es muy tarde. Antes de girar, antes de cambiar de blanco, la oji-verde ya está a su lado, y le toma fuertemente de la muñeca.
-¿Por qué teme tanto?-. Al sujetar la extremidad, puede sentir los temblores de Nagi. Y aunque hablar no es lo suyo, le causa placer ver los espasmos que puede provocar con su voz. -Todo este tiempo ha dicho-. Aplica presión, sus dedos parecen de hielo, duros y fríos. -Que solo soy una mocosa desquiciada-.
Se escucha un crujido, Nagi grita y el arma cae al suelo con un eco sordo.
Él le mira enfurecido, arde en furia, porque ha trabajado 20 años ahí y ese par de mujeres están echando esos años por la borda, pero también se congela en miedo. Obviamente, el terror le puede más que el enojo. Sin embargo, eso no le impide hacer estupideces basadas en su pánico.
-¡Estás loca! ¡Eres un monstruo! ¡Un fenómeno!-. Kruger se fastidia de sus gritos y lo hace callar tirándolo al suelo. Él alza el torso, dispuesto a escupir todo el veneno que pueda. -¿Sabes por qué le interesas a Viola?-. La voz le tiembla un poco, ya que desde esa perspectiva la sangre que mancha a Kruger le hace ver aún más horrible. -Porque eres la mayor aberración de Garderobe-. Le da una sonrisa desvergonzada.
Los ojos esmeralda se afilan, y crean la ilusión de que sí es posible matar mediante miradas. Por supuesto que no se cree esa tontería, pero detesta, aborrece, odia que pongan palabras en la boca de Shizuru.
Hace crujir los huesos de su espalda y nudillos.
Viola observa todo en silencio, maravillada, completamente fascinada con el comportamiento de su Natsuki.
-¿Qué harás fenómeno?-. La muñeca rota le pulsa como el infierno. -¿Arrancarme la garganta?-. La oji-verde niega con la cabeza, le da asco pensar en probar la sangre putrefacta de Nagi.
Con Nao recurrió a eso porque estaba sumida en un frenesí de locura.
Con él hay más opciones porque está consciente de sus acciones.
Sorprendentemente, sus demonios están tranquilos, quizá porque saben que Shizuru ya no corre riesgo alguno.
Tras su rápido razonamiento, Kruger se inclina, para susurrarle, justo en el oído, las palabras que cualquier ser vivo teme llegar a escuchar, y entonces, Nagi queda completamente pálido. Ella se aleja, reincorporándose a su verdadera estatura.
Lo último que Nagi ve, es el pie de Kruger yendo directo a su cara, y así, ella le destroza el cráneo con un solo pisotón. La sangre salpica, corre, forma un enorme charco en el piso, y a ella no parece importarle tener los sesos del ex director embarrados en su suela.
Todo el tiempo ha tenido en mente algo que le dijo su psiquiatra, así que vuelve a inclinarse, esta vez para meter la mano en los bolsillos del difunto, tras algunos segundos, encuentra lo que busca.
Se alza, mostrándole el objeto a Shizuru, y al hacerlo, sonríe como una niña que ha cometido la travesura perfecta. Ese gesto, pese encerrar demencia, una historia homicida y promesas de más sangre, le parece enternecedor a la castaña. Le gusta seguir conociendo a su paciente, ver todas las facetas que esta puede mostrarle.
-Natsuki-. La sonrisa de la chica crece al escuchar su nombre de esos labios.
Con presionar un botón, las luces se encienden en Garderobe.
TRES MESES DESPUÉS
Ahora Mikoto es la Directora de Garderobe, y aunque lleva poco tiempo en el puesto, ha tenido la enorme responsabilidad de reemplazar a prácticamente todo el personal, ya que después de lo ocurrido durante el apagón, casi todos renunciaron tras firmar un acuerdo de confidencialidad.
Solo quedaron ella, como la cabeza del lugar; Shizuru, quien por obvias razones no iba a renunciar; un par de enfermeros que en verdad necesitaban el sueldo; y Tate, a quien parece que ya nada puede sorprenderle.
Y aún entre ellos, lo que ocurrió ese día no se menciona, es como un tabú, un tabú de mala suerte con el que no quieren asustar a los nuevos empleados.
Aunque algunos se preguntan porque la psiquiatra Viola no puede mover bien el brazo izquierdo. Y también les da curiosidad el hecho de que la Directora Minagi cojee al caminar. Pero ninguno se atreve a preguntar por miedo a perder sus empleos.
El único que tiene una idea de dichas secuelas, es Tate, sin embargo no dice nada, porque no le gustan los rumores ni mucho menos esparcirlos el mismo. Solo se limita a pensar cómo rayos Kanzaki sigue en Garderobe.
Porque sí, Reito Kanzaki ha sido lo suficientemente estúpido para prevalecer en el lugar, al percatarse de que Minagi ha optado por "ignorar" lo ocurrido.
Pero Mikoto no olvida.
Mai tampoco.
Shizuru mucho menos.
Y ni se hable de Natsuki…
Shizuru está sentada en la orilla de su cama. En su mano izquierda sostiene un pequeño frasco, cuyo líquido posee un valor incalculable, y en la derecha tiene su celular. Sin titubeos, marca el número de su padre.
-¿Está todo listo?-. Pregunta directamente, porque no está para rodeos. Su padre detecta de inmediato su tono impaciente.
-Sí-. La palabra, el tono, o quizá solo el que le conoce, delata que no está del todo de acuerdo con la idea, pero hará lo que sea necesario para tener a su heredera de vuelta. -Llegaré a la hora acordada-.
-Estoy confiando en ti, papá-. Se le revuelven las entrañas al pensar en todo lo que podría salir mal, empezando por la posibilidad de que él se eche para atrás.
-Lo sé-. La voz de su padre se suaviza un poco. -Recuerda que te di mi palabra a cambio de la tuya-. Eso, en cierto grado, le tranquiliza. No tendría ese frasco en su mano de lo contrario.
Intercambian unas pocas palabras más y la llamada finaliza.
Mete el pequeño objeto a su bolsillo, sale de su habitación y toma camino al cuarto K-17. En el transcurso, algunos de los enfermeros le miran con cierta admiración, porque ahora, después de Mikoto, ella es la psiquiatra con más tiempo en Garderobe. Les da una leve sonrisa, seca pero cortes y elegante, y ellos corresponden, sin embargo, más de uno ha visto ese peculiar brillo en la mirada carmín, y se preguntan sí sus ojos se volverán así después de un tiempo trabajando ahí.
Cuando llega a su destino, pasa la tarjeta electrónica por la nueva cerradura, pues han reemplazado todas para que se sellen sí la luz vuelve a cortarse de golpe. Abre la puerta con un suave movimiento, ingresa al frío cuarto y cierra.
Natsuki está recargada contra la pared, con la misma posición que ha usado todos esos años, pero cuando se percata de la presencia de Shizuru, alza el rostro. Sus facciones son indiferentes hasta que está segura de que la cámara ha dejado de grabar, entonces, se permite mostrar ciertas emociones, y aunque para los demás seguiría siendo un rostro tan frío como el hielo, Shizuru puede leerle fácilmente.
La castaña se acuclilla junto a su paciente, y habla bajo, casi en susurros, a sabiendas de que le escuchan perfectamente. -Hoy cumpliré mi promesa-. Los ojos esmeralda le miran, expectantes. -¿Lista?-. Pregunta al mismo tiempo que mete la mano a su bolsillo.
-Sí-.
Shizuru saca el pequeño frasco, le destapa y Natsuki abre la boca para beberse el contenido. No tiene bien claro que es lo que ha ingerido, el sabor es bastante raro, le quema la garganta y hace que se entrecierren sus ojos.
"¡Nos ha envenenado!" Sus demonios gritan con… ¿Pánico?
"No" Kruger está segura de que eso es imposible, sabe que Shizuru no le haría eso, no a ella, no después de lo que han vivido.
"¡Quiere deshacerse del monstruo!" Insisten, asustados por la posibilidad de haberse vuelto adictos a alguien que quiere desaparecerlos del mapa.
"NO" Reafirma con seguridad. "Shizuru me sacará de aquí" Ella le pondrá un fin al encierro que tanto odia, ella le quitará la camisa de fuerza.
"¿¡Y cómo crees que lo hará!?" Hace una mueca de fastidio. "¡En un ataúd!"
"Cállense y observen" Se recarga mejor en la pared. "Hoy saldremos de Garderobe"
La castaña observa sin decir nada, ha aprendido a diferenciar cuando "ellos" están presentes y orillan a Natsuki a responderles. También observa los efectos que está teniendo aquel líquido, y el cómo su paciente les mantiene a raya para no despertar sospechas antes de tiempo.
Con las manos hechas puños se levanta y sale del K-17 con la silenciosa promesa de volver más tarde.
Minutos después de que la cámara vuelve a encenderse, Tate, quien está vigilando, nota algo bastante raro, Kruger, dentro de su cuarto que es más bien un congelador gigante, está… sudando. Desconcertado, enfoca la mirada para verificar que no es un engaño de sus ojos, pero lo único que consigue es alarmarse cuando ve que la chica comienza a temblar. Alarmado, toma el teléfono para pedir ayuda, da el aviso justo cuando el leve temblor se convierte en violentas convulsiones.
Cuando los enfermeros logran llegar al bloque en que reside, ya no pueden hacer nada, encuentran a Kruger tumbada en el suelo. No entienden que ha sucedido, más de uno revisa sus signos vitales, pero todos dicen lo mismo…
En los pasillos el rumor se esparce cual pólvora: Natsuki Kruger ha muerto.
Esperan que Viola reaccione, que haga preguntas, que quizá se descontrole, lo que sea que demuestre que quien ha muerto es quien estaba a su cuidado, pero solo muestra una mirada vacía, carente de emociones. -Solo era un paciente, vendrán otros-. Su voz fría, cargada de indiferencia, convence a todos, menos a Tate, pero él no dice nada, a fin de cuentas, Viola es solo una psiquiatra y ya llegarán otros, siempre llegan otros.
Mandan llamar a Mai, quien estuvo siendo su médico, para que redacte el acta de defunción.
Por otro lado, Mikoto comienza a hacerse cargo de la papelería de su prolongada estadía en Garderobe.
Bajo la orden de Viola, se llevan el cuerpo a un cuarto aislado y le dejan ahí, a la espera de que llegue quien se hará cargo de el. El ambiente es relativamente tranquilo, hasta que se escucha el ruido de la puerta abriéndose.
-Vaya-. El visitante se introduce en la habitación. -Finalmente has muerto-. Su voz es burlona, cínica, rencorosa. Observa el cuerpo con un odio desmedido. -Y no le has importado a nadie, Kruger-. Se recarga en la mesa metálica, a cm de la chica. -Ni siquiera a la perra de Viola-. La sonrisa de Reito es casi inigualable.
De repente, baja la mirada, mira las blancas manos de Kruger, y se le revuelven las entrañas de rabia, porque recuerda aquella maldita carta que Kruger escribió con los dedos de su madre. Su sonrisa se retuerce deformada por el deseo de aún más venganza; ahora, de la nada, le parece buena idea mancillar un cuerpo.
Se levanta, con el propósito de buscar en el cuarto algo que le sea útil para rebanarle los dedos. Tarda minutos en reaccionar, dándose cuenta de que ahí no habrá nada para dicha labor, pero también recuerda que lleva una navaja en el bolsillo. Saca el objeto y se voltea con esa sonrisa de mal nacido en su rostro.
Sin embargo, la navaja se le cae por el impacto.
Kruger está ahí, con los ojos bien abiertos, sentada en la orilla de la mesa.
-Kanzaki-.
Inmediatamente, Reito vuelve a sentirse una presa, el escalofrío que inicia en sus hombros termina siendo un temblor en sus manos. Intenta convencerse así mismo de que es una alucinación, pero nunca ha tenido alucinaciones y es demasiado desesperado creer que las tendrá ahora.
-¿Qué planeabas con esa navaja?-. No le quita la mirada de encima. Disfruta sabiendo que con meras palabras puede romperle la mente al cobarde que tiene enfrente. -Parecías muy seguro hace unos segundos-. Es evidente su burla.
Kruger ya esperaba eso, ya veía venir que Reito buscaría su "cuerpo inerte" e intentaría hacer algo estúpido; por eso le dijo a Shizuru que le metiera en un lugar en el cual nadie prestase atención a los gritos.
-¿Acaso quieres jugar al mudo conmigo?-. Le causa gracia la enfermiza ironía de sus propias palabras. -Porque te tengo bastante ventaja-.
Reito retrocede un paso, tembloroso, confundido, aterrorizado. -Pero… pero si tú… tú moriste-. El sudor le empapa la parte trasera de su camisa.
Tranquilamente, al menos en apariencia, la oji-verde se levanta. Por fuera su expresión es fría y calculadora, adornada con una pizca de burla, por dentro… por dentro arde en deseos de venganza, fantasea imaginando todas las maneras en que podría hacer sufrir al chico, sin embargo, sabe que tiene el tiempo limitado, pues debe terminar con eso antes de que regrese Shizuru.
Así que no puede enseñarle a ese imbécil lo que es el verdadero dolor.
Pero sí que puede darle una pequeña idea.
-Oh vamos-. Abandona el matiz burlón, endureciendo su voz. -No es la primera vez que me dan por muerta-. No puede olvidar que cuando le metieron ahí, desapareciéndole del mapa, dijeron que había fallecido. -Y tú lo sabes-. Su dura mirada casi hace que le dé un paro cardiaco.
Sin que fuese consciente del hecho, Kruger fue acercándose, y ahora le tiene enfrente. -¡Eres… eres una aberración!-. En un subidón de adrenalina, Kanzaki comete el error de intentar empujarle, pero al hacerlo solo logra confundirse, ya que como le pasó a Nao, está seguro de haber tocado carne pero se ha sentido como piedra.
-Tan estúpido como siempre-. Con un solo movimiento, apenas una flexión de sus dedos, le tira al suelo. Reito grita, sin saber que lo que se le viene encima es un verdadero motivo para gritar.
La adrenalina desaparece tan repentinamente como llegó, dejándole a solas con su miedo, el cual le paraliza. A la oji-verde le asquea que él se haga la victima cuando tanto tiempo fingió ser victimario, cuando se atrevió a violentarle, cuando quiso creerse mejor que ella.
Consciente del tiempo, Kruger palpa su bolsillo derecho, y una leve sonrisa se forma en sus labios al verificar que Viola ha dejado ahí un frasco y una jeringa, tal como le pidió. Ante los temblorosos ojos de su presa, saca los objetos.
Él quiere preguntar, exigir que le digan que demonios es esa rara sustancia que introducen en la jeringa, sin embargo, la voz no le sale, como si le hubiesen cortado las cuerdas vocales de tajo. Su sudor aumenta, le resbala por la frente, comienza a caerle en los ojos.
La voz de Kruger le da pánico, miedo, terror. Hace que su cuerpo se paralice, que quiera llorar y que casi se orine encima.
Pero…
De repente desea que siga hablando, que le diga cosas sacadas de pesadillas sí es necesario, pero que no se quede callada.
Porque cuando Kruger se calla, sabe que las cosas van a ponerse realmente horrorosas.
Silenciosa, ella acerca la jeringa al sudoroso cuello de Kanzaki, le inyecta y casi sonríe al ver que los efectos son prácticamente instantáneos.
Reito experimenta el verdadero miedo al darse cuenta de que aquella droga ha dejado sus extremidades completamente inmóviles, el cuerpo no le responde, ni siquiera puede girar la cabeza.
Por un segundo teme que le hayan envenenado, pero sigue respirando y no le duele nada, por lo que duda sea veneno. Muy tarde se da cuenta de que esa opción habría sido la mejor, la menos traumática.
Kruger recoge la navaja, después se inclina frente a él, toma su mano derecha.
Él se percata de que aún puede gritar. -¡No!-. A ella le importa un comino. -¡AYUDA!-. Grita aunque en el fondo sabe que no vendrá nadie a socorrerle. Después de todo, se encuentran en una habitación sin cámaras, en el segundo bloque más aislado, donde los gritos son tan normales como respirar.
Coloca la navaja en su dedo pulgar, a la altura de la primera falange, le roza para que él sienta el frío del metal. -Esto es por lo que querías hacerme-. Y le cercena completamente.
El grito de Reito resuena entre las cuatro paredes.
Aún jadea cuando siente el metal en su dedo índice. -Por encerrarme aquí-. El corte es más lento, más doloroso. Comienza a llorar.
Kruger se mantiene pulcra, sin una gota de sangre en su ropa. Pasa la navaja por el dedo medio. -Por mandar matar a mi presa-. Los gritos de Reito le causan placer; sus demonios se ríen, disfrutan, aplauden, complacidos con el espectáculo.
Le llega el turno al dedo anular. -Por las golpizas-. Como le mantiene la mano alzada, la sangre le escurre hasta el codo, empapándole la ropa.
Finalmente, pone la navaja en el dedo meñique. -Para que me recuerdes-. El pedazo de carne cae al suelo, junto a los otros cuatro.
Mientras Kanzaki solloza y maldice, los ojos esmeralda le analizan. -Siempre has sido un mentiroso-. Se inclina, mirándole cara a cara. -Dijiste que Viola es una perra-. Le fuerza a abrir la boca.
Kanzaki siente una fuerte arcada cuando los dedos de Kruger se introducen en su boca, y aunque la piel de esta es fría, siente que le quema su tacto.
-No volverás a mentir-. Con agarre de acero, sujeta la lengua de Reito.
-Y nadie volverá a creerte-. Y con un solo jalón, violento, salvaje, definitivo, le arranca la lengua.
Arroja el muñón junto a los dedos del hombre que ya no le interesa ni un poco, porque lo que acaba de hacerle es solo un extra para su verdadero castigo. Ahora puede olvidarse de la miserable existencia de Kanzaki, aunque él jamás podrá superarle a ella.
Con un golpe en la cabeza lo deja inconsciente.
Se limpia las manos.
Y coloca la navaja en la mano que le ha dejado intacta.
Ve en el reloj de la habitación que ha terminado justo a tiempo.
Lo que Reito jamás imaginó, es que desde hace semanas, Mikoto, en su puesto de Directora, le dijo a todo el personal que mantuviese un ojo sobre él, porque su comportamiento daba señales de ser peligroso. Así lo hicieron, y todos se dieron cuenta de que Reito era raro, de que algo o tal vez muchas cosas no estaban bien en él.
Ya era inestable por su cuenta, violento por naturaleza, cargado de frustraciones, rencores y traumas que eran más fuertes que su débil mente.
Y en este entorno, en el cual son necesarios nervios de acero, ha terminado de colapsar.
O eso es lo que ha dicho la Directora Minagi.
El comunicado recorre Garderobe: ¡Encuentren a Kanzaki! ¡Se ha salido de control! ¡Es un riesgo incluso para sí mismo!
El personal se lanza por los pasillos en su búsqueda, pero son los enfermeros que acompañan a la psiquiatra Viola quienes le encuentran.
El personal de Garderobe se hará cargo de su nuevo paciente.
Por su parte, Viola se hace responsable de transferir el cuerpo de Kruger.
Es de noche cuando un helicóptero sale del techo del manicomio, con Kruger, Viola y el padre de esta a bordo, pues es él quien ha ido a recogerle. Y como la oji-verde no tiene bien seguro hasta que momento debe fingir, continua inmóvil, prácticamente inerte.
Cuando han tomado la altura y distancia necesarias, Viola se acerca a ella, acaricia su mano y le susurra al oído. -He cumplido mi promesa-. Entonces sí, Kruger abre los ojos, topándose con la sonrisa de su castaña.
-Eres libre Natsuki-. La nombrada se levanta, con un extraño brillo en su mirada. No dice nada, en lugar de responder, se dirige a la puerta del helicóptero.
-¿Qué está haciendo?-. Cuestiona el padre de Shizuru desde el asiento de piloto.
La castaña lo entiende a tiempo, por lo cual se aferra a lo que tiene más cerca, justo antes de que, sin previo aviso, Kruger abra la puerta del helicóptero. Una fuerte ráfaga intenta tumbar su cuerpo, para que se destroce contra el piso, pero la oji-verde se sostiene fácilmente con una sola mano, ahí, al borde del vacío.
Observa la luna, las estrellas.
Siente el fuerte viento contra su rostro.
Por fin, después de tantos años, puede hacerlo.
Enfoca la mirada, ve allá, a lo lejos, el maldito lugar que le mantuvo encerrada.
Y entonces, al saberse completamente libre de Garderobe, suelta una carcajada. Ríe con ganas, pero su risa, a diferencia de en otras ocasiones, no contiene locura, solo alegría y placer. Placer por haberle ganado a todos.
No.
Corrección.
Placer por haberles ganado.
Porque sabe que lo ha logrado gracias a ella.
Gracias a Shizuru.
Cierra la puerta.
Le bastan dos pasos largos para llegar hasta la castaña, quien se deleita con la expresión de la oji-verde. -No más psiquiatra y paciente, ¿cierto? -.
-Nunca más-.
Ahora sí, Natsuki sonríe con ese aire demencial que tanto le fascina a Shizuru.
Como dije, este ha sido el penúltimo capítulo.
El siguiente capítulo será el último.
