—A la mesa, se enfría la cena.
Susurró dejando una última mirada a la foto, la seguí sin decir nada más. La música instrumental comenzó a sonar en el fondo, sentí un poco más de familiaridad no entendí por qué, escuché las notas de Chopin #9, mi favorita, vaya, tenemos algo en común. Abrió la tapadera del gran sartén que estaba en el centro de la mesa, mi boca estuvo a punto de caer en la superficie de la mesa.
—Lasaña de carne con doble ración de queso gratinado—anunció—espero no seas intolerante a los quesos…
Negué sin dejar de mirar el plato.
—¡Se ve exquisito, Wow!—soltó una risa cuando me volví hacía ella, estaba confundido.
—Disculpa—se cubrió la boca con su mano para callar la risa—es que me encantó tu reacción. Pásame tu plato, ¿quieres vegetales al vapor? ¿Ensalada?
Estaba haciendo saliva en exceso el solo ver esa lasaña y fue entonces cuando supe que realmente tenía mucha hambre, comencé a organizar mentalmente mi rutina con Bastille, necesitaría quemar todas estas deliciosas calorías.
Anastasia tomó mi plato y puso una porción grande de lasaña y vegetales al vapor, serví las copas de vino y la cena se hizo demasiado agradable, teníamos plática de todo, descubrí que teníamos muchas cosas en común, después repetimos de todo hasta terminar la gran sartén de lasaña.
—¿Tienes cupo para el postre, Grey?—abrí los ojos como platos.
Soltó una carcajada.
—¿Crees qué…?—asomé mi estómago por encima de la mesa entre risas ella seguía limpiando las lágrimas mientras caminaba hacía la cocina.
—Sí, tienes que probarlo, no importa si dejas, lo guardaré—intentó calmar su risa, salió de la cocina con un contenedor de vidrio entre las manos, lo acercó a mí.—Este es el postre más delicioso que vas a probar, es receta de mi familia por generaciones. Yo soy la última que tiene en sus manos esta receta…ven, vamos a la sala.
Me levanté y nos dejamos caer en el sofá, era demasiado cómodo, se sentó a mi lado, se volvió hacía mí, dejando su espalda en el brazo del sillón, levantó sus piernas y las dejó sobre mi regazo, automáticamente las tomé mientras mi mirada estaba sobre el postre, tomó una cuchara y cuando lo destapó quedé impresionado.
—Chocolate a la Steele.—dijo acompañado de una sonrisa orgullosa.—Es una capa de nieve, queso crema, la receta secreta, esa no se dice—levantó y bajo las cejas repetidamente con una sonrisa—capa de helado de vainilla, chocolate blanco, un tipo de panecillo relleno de crema dulce y una última capa de chocolate y crema de fresa. ¿Listo?
Arrugué mi frente confundido.
—¿Para qué?—ella no respondió, tomó la cuchara, tomó una porción grande y la acercó a mis labios, sin dejar de mirarla abrí mi boca y acepté el bocado, al comenzar a degustarlo, no pude evitar cerrar mis ojos y un gruñido se escuchó. Apenas abrí los ojos y Anastasia dejó el contenedor de cristal sobre la mesa que estaba en el centro de la sala y se puso de pie, se puso horcajadas sobre mí, terminé de pasar el postre sin dejar de mirarla.
—Quiero probar el postre—su lengua limpió la orilla de mi labio, luego el mismo gesto del otro lado, me rodeó por el cuello, sus ojos azules me escanearon, sus dedos se metieron entre mi cabello. Tiró de él de un movimiento que me hizo levantar mi barbilla, sus dientes la mordisquearon, cerré los ojos al sentir como mandaba una señal a mi miembro ya duro que tiraba de mis pantalones.
—Ana…—no pude terminar de decir su nombre cuando sus labios bajaron a mi cuello, la piel se me erizó cuando empezó a mordisquear, gemí sin poderlo evitar.—Ana…—susurré de nuevo, pero ella simplemente me ignoró, ella estaba a cargo del momento y eso me empezaba a gustar.
—Tú…—se separó de mí mientras desabotonaba mi camisa, bajó su mirada y acarició su sexo sobre la tela y acarició mi dura erección a través del pantalón—Tú, todo tú haces que te deseé, me haces pensar en ti a cada maldito minuto del día, pensando ¿Cuándo estará dentro de mí? ¿Cuándo me va a empotrar contra los azulejos? ¿Cuándo me…?—Sentí como la temperatura aumentaba en segundos, sus dedos traviesos se fueron a los botones de mi pantalón, se movió para sacar mi erección que apuntaba a lo alto, sus manos lo acariciaron y no pude evitar de nueva cuenta callar mi gemido. Ella enloqueció, cuando abrí mis ojos se bajó de mi regazó y se metió entre mis piernas.
—Espera, espera…—intenté detenerla, estaba a punto de estallar. Su boca entró en mi miembro decidida a hacerlo, chupo, lameteo y su lengua recorrió de abajo hacia arriba, sus manos acariciaban mis testículos, un pensamiento llegó a mí.
«¿Cómo mierdas sabe cómo hacer una mamada?»
