Como dicen, "el Show debe continuar". No me he olvidado de este fic, por supuesto que no, no pienso hacerlo, escribiré hasta su final andresjuggling.

AsukaHyuga, mil gracias por comentar también a ti y me encanta saber que también le gusta la historia a tu hermana! Adoro tus comentarios en serio, son geniales jajajaja

Espero que os mole este capítulo, es bastante diferente al resto, pero aún así, espero que lo disfrutéis.

- Lo siento muchísimo mi niña…

Sara estaba muda, no era capaz de articular ni una sola palabra. ¿Pero cómo era posible? Su padre se había marchado hace años, no había vuelta a saber de él. ¿Qué significaba todo eso?

- ¿Motivada ahora? – preguntó su jefe.

- Oiga, no le haga nada, él no tiene nada que ver en esto – le suplicó al fin Sara.

- ¿Qué no tiene nada que ver en esto? – Rió fuertemente – Verás muchacha, tu padre está en esto desde el principio. Si no, ¿por qué piensas que ese hombre os atacó a ti y a tu padrastro hace años?

- ¿Qué… Qué está diciendo? – Aquello le parecía tan irreal - ¿Puedo verle? – preguntó de repente, deseaba poder verle.

Pasó unos minutos hasta que la persona al otro lado del Den Den Mushi contestó.

- Nos vemos en 30 minutos, en el bar donde has llevado al Capitán de los Sombrero de Paja.

Y colgaron.

- 30 minutos… - murmuraba – 30 minutos, 30 minutos.

Se levantó y salió corriendo camino al pueblo.

- ¡Eh! ¡Te he dicho que zarpamos en una hora! ¡Si no estás aquí, nos largamos sin ti! – le gritaba el pirata.

Sara apenas podía escucharle. Necesitaba que alguien le explicase que mierdas estaba pasando allí. "¿Cómo que está metido en esto desde el principio? ¿Acaso él había hecho que mandasen a aquel hombre para atacar al Sr. Köller?".

Necesitaba verlo ya.

Cuando llegó al bar apenas habían pasado 20 minutos y aún faltaban 10 para poder reunirse con su jefe. Decidió no pasar, apenas podía estarse quieta, no se imaginaba esperar sentada. Los esperaba en la esquina, caminando de un lado a otro mientras se fumaba un cigarro. ¡Por Dios, ya llevaba tres cigarros! Y sólo habían pasado 5 minutos.

- ¿En qué coño estoy metida? – susurró.

Notó un fuerte golpe en la cabeza y de repente todo se volvió negro.

Podía escuchar voces de fondo. Gritaban demasiado.

- ¡Me prometisteis que si trabajaba con vosotros no le haríais daño!

- Bueno, te prometimos que si ambos cooperabais, no le haríamos nada – decía su jefe – Pero lo que ha hecho se puede considerar una traición.

Silencio.

Sara no podía ni moverse. Recordó el golpe en la cabeza, pero milagrosamente, no le dolía en absoluto. Claro que apenas podía abrir los ojos o articular palabra, no digamos mover si quiera un dedo. Conocía muy bien aquella sensación. La habían sedado. "¿Por qué me han sedado? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Dónde estoy?". Eran demasiadas preguntas que no podía formular.

- Por favor… es mi hija… – le suplicaba – Esto es inhumano.

"¿A qué se refería?"

- Ella tenía un trato con nosotros. Y va a cumplirlo – dijo de manera determinante su jefe.

Se escuchó una puerta y alguien más entró en la habitación, sala, nave, o donde fuera que estuviesen.

- Señor, será mejor que le inyectemos algo más de anestesia. La paciente necesita dormir un poco. Tiene que recuperarse – decía una tercera voz.

- Está bien.

- ¿Puedo quedarme con ella?

- Haz lo que quieras.

Escuchó la puerta una vez más.

- Tranquila mi niña, todo se arreglará – notó como le cogió la mano – Pienso arreglarlo. Te lo prometo.

Y el sueño volvió a inundar su mente.

- ¡Ey! ¡Ey! – le gritaban – Aquí no puedes dormir, márchate.

El barullo de la calle consiguió despertarla. Se levantó, el cuerpo aún le pesaba, pero consiguió levantarse y echar a andar. ¿Cómo diablos había llegado ahí? ¿Es que acaso se estaba volviendo loca? ¿Todo había sido un sueño?

Ya era de noche, debían haber pasado unas seis horas, no tenía ni idea. Justo en ese momento, cuando más desorientada se encontraba, sonó un Den Den Mushi.

- ¿… Si…? – Preguntó recelosa.

- Veo que por fin despiertas. Son las 3 de la mañana – Sara comenzó a echar cálculos mentalmente, ¿qué había pasado en todo ese tiempo? – Quiero que me traigas a los Sombrero de Paja.

- Jefe…

- Creo que no hace falta que te diga las consecuencias si no lo haces – Sara sabía a lo que se refería – Seremos más claros, para no dejar dudas. Si no nos traes a los Sombreo de Paja mañana. Mataremos a tu padre.

- ¿Qué me han hecho todo este tiempo que he estado inconsciente?

- Tráenos a los piratas y obtendrás todas las respuestas que quieras – la chica no respondió – Mañana a las 12.00 en el motel que hay en el este del pueblo.

- De acuerdo.

- Intenta no tocarte demasiado las heridas muchacha. Mejor que no se te infecten.

Y colgó.

"¿Heridas?"

Se miró las muñecas, tenía dos incisiones, una en cada una.

- ¿Pero qué…?

Pero no tenía tiempo para andar averiguando qué era aquello. Tenía que encontrar a Luffy y al resto antes de que se largasen. Ellos eran su única esperanza.

Se dirigió hacia el barco, rezaba una y otra vez para que aún no se hubiesen ido. Nami le dijo que se irían por la mañana, así que confiaba en que los planes no se hubiesen adelantado. Al cabo de un rato consiguió llegar, ahí estaba aún el Thousand Sunny. Sin pensárselo dos veces subió a bordo.

- Sigues siendo muy ruidosa, estaba ahí arriba y aún así has conseguido despertarme – escuchó detrás de ella – Se giró y vio a Zoro de mal humor – Pensaba que ya te habrías ido.

- Zoro… - apenas podía articular palabra.

- ¿Qué te pasa? – Le preguntó, ahora preocupado.

La chica simplemente se lanzó a sus brazos.

- Necesito vuestra ayuda – sollozó aún sin soltarle.

Estaba desesperada.

Zoro despertó al resto de la tripulación y se reunieron en la cocina. Sanji le preparó una taza de chocolate caliente, según él, le ayudaría a calmarla, pero no creía que le fuese a hacer efecto.

- Está bien, ahora cuéntanos. En teoría tu deberías estar en un barco rumbo a alguna isla perdida de la mano de Dios – le preguntaba el cocinero.

- ¿Qué ha pasado Sara? – le preguntó dulcemente Chopper.

- Esto… esto no es difícil de explicar chicos – hizo una pausa para beber un poco más de chocolate – Tenéis que saber que al final yo…

- Suéltalo – le interrumpió el espadachín.

Sara respiró hondo y decidió acabar con eso cuanto antes. Les contó todo. Desde el momento en el que le asignaron el trabajo hasta el instante en el que se lanzó a los brazos de Zoro.

- Así que… ¿Nos ibas a traicionar? – Preguntó Usopp sorprendido.

- Bueno, sí, al principio yo… Luego vosotros os portasteis tan bien conmigo que no podía haceros eso.

- Sabía que estaba en lo cierto – dijo duramente Zoro.

Sara lo miró, aquella mirada era tan dura, no expresaba odio, sino decepción. Y aquello le dolía aún más.

- Lo siento muchísimo, de verdad – susurró.

- No tienes que pedirnos disculpas Sara – dijo Sanji – Tenías tus propias razones y al final decidiste no seguir adelante.

- Sanji tiene razón – habló por fin Luffy – No tienes que pedirnos disculpas – Sara le miró sorprendida – Te lo dije, voy a patearle el culo a tu jefe.

Y de repente, una oleada de alivio le recorrió todo el cuerpo al ver que todos asentían.

- Ahora duerme un rato, mañana iremos al motel y le plantaremos cara a ese hombre – le dijo Nami.

Todos salieron de la cocina, camino a las habitaciones, querían descansar antes de la pelea. Al final, el plan era simple, llegar, fingir que Sara les había engañado para llegar allí y una vez que estuvieran frente a frente con su jefe, pelear. Luffy lo reducía todo a eso.

Sara alcanzó a Zoro antes de que volviera a su puesto de vigía.

- Oye… Lo siento de verdad.

- Lo sé. Sólo éramos unos simples piratas para ti.

- Hasta que os conocí – se apresuró a decir.

El espadachín suspiró, seguía decepcionado.

- Le daremos lo que se merece a ese malnacido, pero cuando termine todo esto te irás. Tal y como lo habías planeado.

Extendió la mano para colocarle un mechón de pelo tras la oreja y se marchó a su puesto.

No pudo evitar sentirse triste al haber decepcionado a Zoro. Pero pensó que no era momento de insistirle, ya haría las paces con él si lograba salir de aquella situación.

A la mañana siguiente, todos salieron pronto a su destino. Habían decidido que era mejor llegar con tiempo y así poder estudiar el lugar. Todos la acompañarían, a excepción de Franky que se quedaría vigilando en la puerta trasera por si hubiera que hacer algún plan de fuga.

- Así que el motel está abandonado – observó Robin – es un buen sitio para un intercambio.

Estaban en la zona de aparcamiento.

- ¿Y ahora qué? – Preguntó Zoro.

- Ahora intentad hacer el menor movimiento posible – se escuchó una voz en toda la explanada.

Al momento, del motel salió un hombre en traje y de buena presencia, seguido de otro más paliducho, bajito y con mala cara.

- ¡Papá! – gritó Sara a la vez que hizo el amago de echar a correr hacia ellos, provocando que se pusiera en cabeza del grupo.

- Ni te muevas – le amenazó el hombre en traje – Todo el motel está vigilado. Tengo a mis hombres apuntándoos desde diferentes ángulos. Utilizan armas especiales contra personas que son usuarios de Frutas del Diablo. No sé si las recuerdas muchacha – hizo una pausa para mirarla – Tú mismas las construiste.

- ¡CALLATE Y PELEA! – Le gritó Luffy – Odio a las personas como tú. ¡VOY A PATEARTE EL TRASERO!

De repente, una gran explosión dio lugar a espaldas de Sara, provocando que se abriera una brecha en el suelo asfaltado que la separaba completamente de los Sombrero de Paja.

- Gracias por traerlos hasta aquí muchacha – dijo arrastrando las palabras – Ahora es nuestro turno.

Luffy se disponía a entrar en acción, todos estaban preparados y sin pensárselo dos veces, tenían la idea de seguirles.

- ¡No voy a dejar que le toques un pelo a Sara o a su padre! – gritó el Capitán.

- Verás, esa es la segunda parte. Si os resistís… mato a Sara.

- Antes de que una bala le alcance, yo mismo la apartaré – intervino Sanji – tenemos al mejor francotirador, será fácil que acabe con tus hombres.

- Bueno, bueno… tampoco exageremos – susurró muerto de miedo Usopp.

- No me refiero a eso – aclaró el trajeado – Sara, ¿por qué no te miras las muñecas?

Sara se levantó las mangas y volvió a verse ambas heridas, ya se había fijado en ellas antes.

- Tienes otras iguales en los tobillos y en el abdomen – le decía con sonrisa maliciosa.

- ¿Qué es esto? – preguntó Sara desconcertada al verse.

- Tienes un total de cinco bombas dentro de tu cuerpo – todo se paralizó, incluso las hojas que se movían en los árboles parecía haberse petrificado – Cuatro de ellas en tus extremidades, la quinta está en tu estómago. Si no hacéis lo que yo diga, pulsaré el detonador que hará que Sara reviente.

El hombre paliducho lloraba. Sara no sabía cómo reaccionar al escuchar aquello, se encontraba en shock. Se volvió a mirar a sus amigos, el terror se reflejaba en sus caras.

- Luffy… ayúdame… – le suplicó.