26. Reencuentro con viejos amigos
-¡Por fin te encontré! ¡Rakugamon! -gritó aquel Digimon.
-¿De... de verdad me recuerdas? -pregunté asustado al escuchar su vozarrón.
-¡Pues claro que te recuerdo! -gritó el Vigilante. -¡Sólo fingías en los calabozos! ¡Pero en realidad estabas sirviendo a Torkaimon-sama hasta el final!
-¿Dijiste "sama"? -pregunté murmurando.
Pero no tuve tiempo de pensar en algo más, pues inmediatamente tomó su rifle e hizo un fuerte disparo en dirección hacia mí. Afortunadamente pude hacerme a un lado para esquivar su ataque, pero éste siguió de largo e impactó contra el "presente" de arreglos florales que le había hecho V-mon a mi hermana menor.
-¡Mi... mi regalo...! -pude escuchar como el Digimon azul empezaba a ponerse cada momento más furioso por ver su creación arruinada.
-¡Deja eso, V-mon! -grité asustado. -¡Hay que salir de aquí cuanto antes!
V-mon no hizo caso de mis recomendaciones, y tratando de evolucionar, perdió su tiempo recibiendo un puñetazo de parte del Vigilante y lanzándolo inconsciente al suelo.
-¡V-mon! -gritamos todos, incluyendo Ayano quien, tímida, intentó acercarse a su Digimon.
-¡Y ahora te toca a ti! -me apuntó con su rifle.
-¡E... Espera! -grité desesperado. -¡Por favor! ¡Tienes qué creerme! ¡No sabía lo que estaba haciendo...!
-¡Deja de mentir, desgraciado! -me gritó de nuevo el que fuera el Digimon de mi padre. -¡Claro que lo sabías! ¡Sólo buscabas el poder para llevar a Torkaimon-sama a gobernar todo el Digital World!
-¿"Sama"? -pregunté algo confundido. -¿Por qué le dices "sama"?
-¡Cállate, maldito sirviente de Torkaimon-sama!
-¡Deja en paz a Daisuke! -gritó Gotsumon tratando de lanzarse hacia él sobre su espalda.
Pero Gotsumon fue lanzado a los aires, cayendo inmediatamente al suelo.
-¡Gotsumon! -grité al verlo caer al suelo, y levantándose aún adolorido.
-¡Esto es algo entre tú y yo! -contestó el Digimon que se suponía era amigo de mi padre. -¡No metas a tus "amigos" en esto!
Comenzó a acorralarme y pegándome justamente en donde quedaban las cenizas del regalo que había hecho V-mon, me sentí fatal.
-¡Onii-chan! -gritó Ayano-chan al verme en esa situación.
-¡No, por favor! ¡No me hagas nada, Gargadomon! -grité a punto de llorar.
En eso, el Digivice se iluminó, pegando sus rayos directamente en el rostro de mi agresor.
-¡No! -gritó el Digimon. -¡Esa luz quema!
Los aliados de Torkaimon no soportan la luz que emana el Digivice.
-Entonces... -dije al ver la reacción de mi agresor. -¡Es un aliado de Torkaimon! ¡Todos! ¡Apunten sus Digivice hacia él!
Mis compañeros hicieron lo que les dije, y apuntando su Digivice hacia el Digimon de mi padre, pude ver cómo éste se rendía, agarrándose la cara con sus manos, y cayendo al suelo desplomado de cansancio. Su uniforme desapareció, y pudimos ver cómo una sombra negra salía de su cuerpo.
-¡Gargadomon! -grité corriendo hacia su cuerpo tirado en el suelo.
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-Ya llevas horas atendiendo sus heridas, onii-chan. -me dijo Ayano, pero no le respondí.
-Por fin la fiebre bajó... -dije colocándole un paño húmedo en su cabeza. -Su respiración se está normalizando.
Al voltear hacia mis amigos, me di cuenta de que el sol estaba comenzando a caer. No había llevado la cuenta de cuántas horas llevaba atendiendo las heridas de un viejo amigo.
Steve y Fanbeemon llegaron junto conmigo, haciéndome una pregunta un tanto indiscreta.
-¿De verdad ese Digimon es aliado de Torkaimon? -preguntó el Digimon. -Dice mi amigo.
-No lo era... -dije. -No cuando lo conocí...
-Daisuke... -me hablaba Gotsumon con un tazón de arroz hervido. -¿No quieres comer? No has probado nada de bocado.
-No tengo hambre. -contesté. -Pero gracias por preocuparte, Gotsumon.
-¿Eh...? -dijo una voz que provenía del Digimon en agonía. -¿Qué... qué pasó?
Gotsumon, Fanbeemon y V-mon se pusieron en posición de ataque por si Gargadomon intentaba hacer algún ataque.
-¡No! -dije poniéndome de frente a ellos abriendo mis brazos para simbolizar que lo iba a defender. -¡No dejaré que le hagan daño al Digimon de papá!
-¿¡Qué!? -gritaron los demás, a excepción de Ayano, al escuchar dicha revelación.
-¿Kaito...? -preguntó el ex-Vigilante. -¿Eres tú...?
-No, Gargadomon. -contesté sin siquiera voltear a verlo. -Soy Daisuke, su hijo.
-Creí que nunca nos volveríamos a ver, Daisuke. -dijo sonriente aunque un poco cansado por sus heridas.
-¿Entonces...? ¿Entonces aún me recuerdas...? -pregunté a punto de llorar.
-Tienes la misma determinación de tu padre, Daisuke -contestó el enorme Digimon. -Tu presencia me recuerda a él en cada instante.
-Yo... -dije con los ojos llorosos... -¿No estás enojado conmigo...?
-Eres de buenos sentimientos y eso es lo que importa. -contestó.
No pude contenerme más y comencé a llorar abrazándolo, cuidando de no lastimarlo más de lo que estaba. No recuerdo cuánto tiempo estuve llorando frente a él, pero era algo que me reconfortaba. No podía quitarme de la cabeza aquel instante en el que inconscientemente había "asesinado" a ese Digimon con la espada de Rakugamon. Cargar con el peso de una muerte era algo a lo que estaba acostumbrado desde hacía un buen tiempo, pero por alguna extraña razón, que luego me llegaron a aclarar, sentía en él una conformidad agradable, que podía apagarse al haber escuchado sus últimas palabras antes de desaparecer.
-¿Pero cómo es posible? -preguntó Ayano-chan. -¿Acaso los Digimon pueden renacer?
-Si se les permite, sí. -contestó V-mon.
-Aún así, -dijo Gaomon. -apenas pasaron seis días desde entonces. ¿Cómo es posible que su evolución se hubiese acelerado?
-Eso lo puedo explicar, aunque sea un conocimiento algo nublado. -contestó el ex-Vigilante. -Torkaimon fue el causante de esto.
-¿Qué? -pregunté asombrado.
-Por mis teorías, supongo que se adueñó de mi Digitama, y me crió a pasos agigantados para llevarme a este lugar.
-¿No recuerdas cómo llegaste aquí? -pregunté entonces.
-No... no recuerdo nada más que su rostro... -contestó.
Curiosamente, mostré mi Digivice hacia el Digimon, pero el aparato mostró una tenue luz, que a Gargadomon no le molestó en lo absoluto.
-La prueba de que ya no estás bajo su influjo. -comenté.
-Pero por este asunto nos hemos retrasado un día en salir de este lugar. -dijo enfadado Akio.
-¡Mi regalo...! -dijo V-mon a punto de llorar.
-Tranquilo, V-chan. -le dijo Ayano. -Además... no nos podíamos llevarlo con nosotros. Lo importante es el detalle.
-¿De verdad, ojou-san? -preguntó V-mon contento. Pareciera ser que a cada palabra que mi hermana soltara, ese Digimon se alegrara.
-¡Antes que nada, nos vas a tener qué explicar más cosas! -me dijo Hiroshi. -¿Cómo es eso de que este Digimon que tenemos en frente de nosotros, el que te rescató de los calabozos, sea el Digimon de tu padre?
-¿Ya lo saben todos ustedes? -preguntó.
-Mi padre me lo dijo, señor Digimon. -le contesté. -Ayano también lo sabe.
Gargadomon se levantó con dificultad de su cama improvisada, y se acercó a Ayano.
-Supongo que tú serás Ayano... -dijo. -Me recuerdas mucho a Misuzu. ¿Saben? Kaito y Misuzu parecían estar muy juntos cuando los conocí.
-Eso explica que al final terminaran casados... -dije.
-El mundo humano ha cambiado mucho en treinta años... -comentó el Digimon.
-¡Cierto! -dije recordando algo muy importante.
Tomé la carta que mi padre me había entregado, y se la entregué.
-Supongo que esto es para usted. -le dije entregándole la carta. -Mi padre la escribió.
El ex-Vigilante tomó la carta, la abrió y comenzó a leerla.
-Escrita en Digicode... -dijo. -No tiene buena caligrafía pero se entiende.
-¿Mi padre conoce ese idioma también? -pregunté.
-Él era un experto en ese idioma. -contestó. -Yo le enseñé.
"Querido viejo amigo Digimon:
Espero que cuando leas esta carta, todavía te acuerdes de mí. Seré sincero, hace años que no me imaginaba que algún día volvería a saber de ti a tal grado que me olvidé por completo de nuestras hazañas.
Lamento mucho el haber suspendido mis viajes al Digital World. Pero debes comprenderme: Tengo ahora una familia, dos hijos y una esposa a los que no puedo dejar de lado. Tengo un puesto importante en el trabajo... En resumidas cuentas: he tenido qué crecer, ya no es como antes donde lo único que nos preocupaba era mantener la paz en tu mundo. Debo sobrevivir en este mundo...
Lo único que espero es que llegues a perdonarme por haberte abandonado. Sé que la manera en que me he desaparecido ha sido de las más cobardes que puedo conocer. Ahora entiendo que lo que hicimos en el pasado está afectando a las generaciones futuras. Daisuke me contó lo que ha pasado, y cómo nuestro "jefe" lo ha utilizado. Sólo te pido que cuides bien de Ayano y de Daisuke, sobre todo, si te los llegas a encontrar. Son lo que más quiero, y estaría agradecido de que los llegues a conocer como son. Ryouta, Yui, Misuzu e Isao les mandan saludos a todos sus Digimon. Todos queríamos venir a este mundo, pero creo que Yggdrasil quiere que no nos metamos en los asuntos de nuestros hijos. Por esa razón no hemos tenido la gracia de venir a visitarles.
Te quiere tu viejo amigo Kaito, el que nunca le tuvo miedo al señor Digimon ese..."
Gargadomon cerró la carta, y nos vio a todos nosotros. No podíamos creer lo que había escrito.
-Entonces... mi padre está arrepentido de haber atacado a Torkaimon... -reflexioné.
-Dile a tu padre... -me habló el Digimon. -que no tiene nada de qué disculparse. Dile que lo extraño como todos los días, y que estoy muy feliz de haber conocido a alguien tan maravilloso, como su hijo Daisuke. Estoy seguro que Ayano es igual a ti.
-No tanto... -dijo Ayano avergonzada.
Al escuchar eso, todos, incluyendo a V-mon, nos comenzamos a reir. Pero interrumpí las risas, ya habría otra oportunidad para eso.
-Lo importante ahora es salir de aquí. -dije.
-Supongo que quieren ir a tierra firme. -contestó.
-Sí... -dijo Rina. -Pero no sabemos cómo construir un barco, o algo que pueda durar hasta llegar al continente más cercano.
-¿Y saben a dónde ir? -preguntó de nuevo el Vigilante.
-Yggdrasil nos espera en su morada. -contesté.
-¿¡Yggdrasil!? -gritó el Digimon de mi padre. -¿¡De verdad quieren hablar con el dios del Digital World!? ¡Eso es una locura! ¡Nadie ha entrado a su morada! ¡Y quienes lo hacen, son aniquilados a mano de los Royal Knights!
-¿Royal Knights? -preguntó Ayano.
-Los Royal Knights son los vigilantes supremos del Digital World, y obedecen ciegamente a la justicia de Yggdrasil-sama. -contestó V-mon. -No dejarán que se acerquen ni por un instante a su dios.
-¿Y cómo sabes tanto de eso? -pregunté asombrado por una respuesta que ni el mismo Digimon de mi padre pudo dar.
-Yo... -comenzó a titubear el Digimon azul. - No tengo idea...
-Cada vez eres más raro. -le dije. -Pero no hay tiempo para eso. Sin embargo, Yggdrasil se me apareció... dijo que debíamos ir todos hacia él.
-Lo mismo nos dijo una vez a Kaito y a mí, -comentó Gargadomon. -y estuvimos a punto de ser asesinados por Dukemon.
-No sabía... -dije asustado.
-Pero... ¿y si les decimos a los Royal Knights que vamos por órdenes del dios Yggdrasil? -preguntó Hiroshi.
-Lo dudo, pero no pierden nada intentándolo. -contestó Gargadomon.
-El caso es que tenemos qué salir de esta isla. -dijo Akio. -No tenemos manera de construir un barco y...
-En los Vigilantes nos enseñan a construir barcos. -comentó el Digimon de mi padre. -Puedo hacerles uno, pero requeriré que todos sus Digimon cooperen.
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A excepción de Fanbeemon, todos los Digimon evolucionaron a su forma Adulta, incluyéndome a mí. Leomon y yo, en forma de Rakugamon, cortábamos los árboles con nuestras espadas, mientras que V-dramon a golpes lo hacía, y Fanbeemon lo hacía con su aguijón. Gawappamon les daba forma a los troncos con sus discos compactos giratorios. Gaogamon cargaba los troncos, Gargadomon amarraba fuertemente los troncos con hilos, mientras que Unimon y Birdramon tomaban resinas de los árboles, y cuidadosamente con sus ataques de fuego, unían las piezas para dar forma a un pequeño bote pero en el cual podíamos entrar todos si nuestros Digimon se mantenían en sus Digivice.
-¡Está firme! -gritó Hiroshi.
-Esto resistirá hasta llegar a tierra firme. -dijo Fanbeemon. -Eso es lo que dice mi amigo.
-Entonces vayamos subiendo al bote. -recomendó Rina.
-¡Sí! -dijimos todos subiendo al bote, y llevando en nuestros Digivice datos de alimentos para resistir durante el viaje.
Antes de que cayera el sol por completo, decidí presentar a mis amigos al Digimon de mi padre. Quería que lo conocieran tal y como lo conocí en los calabozos de mi antiguo jefe. A pesar de lo mal que lo recibieron en un principio, por haber estado influido por las fuerzas malignas, poco a poco se iban limando asperezas. Después de todo, era como una especie de conexión entre nosotros y nuestros respectivos padres, quienes alguna vez habrían viajado a ese mundo digital, y habrían enfrentado alguna aventura como la que nosotros teníamos ahora.
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"Y en la oscuridad de la noche, el Grand Line se tiñe de rojo. Los mares son peligrosos, hay piratas por todos lados, y nosotros no estamos precisamente del lado de la justicia. No vivimos respetando las reglas, pero tampoco vivimos causando destrozos en cada isla en la que llegamos. Los tesoros vienen y van, lo importante es vivir cada día como si fuera el último. Vivir la aventura actual y no pensar en la que vendrá. ¡Esos son los principios del capitán pirata Akio Sasaki, líder de la tripulación de los 'Piratas Digimon'! ¡Y todos sus...!"
-¿Puedes dejar de hablar idioteces, Akio? -recomendé. -Sé que no te pierdes ni un episodio de esa serie de piratas, pero deja dormir a los demás. Todos están cansados.
Habían pasado más de seis horas desde que habíamos zarpado desde la isla desierta. Según el mapa del Digivice, faltaba poco para llegar a tierra firme. Si todo salía de acuerdo al plan que Gargadomon había trazado, al amanecer llegaríamos al continente.
-Daisuke tiene razón, Akio-kun. -dijo el Vigilante. -Falta mucho para llegar al continente. Será mejor que no desperdicies fuerzas. Y tú también deberías hacer lo mismo, Daisuke.
-No... -le dije. -Estoy bien... aunque no he dormido en estos días, estoy bien.
-¿Algo te preocupa? -preguntó el Digimon de mi padre.
-Tenías razón. -dije tragando saliva. -Torkaimon nunca iba a cumplir su promesa... Sólo me utilizaba para burlarse de mi padre, y yo de ingenuo caí en su trampa... Él quería a todos los Niños Elegidos aniquilados, incluyéndonos a mí y a mi hermana... Sólo quería que los eliminara para que no pudiera obtener ayuda cuando decidiera cansarse de jugar conmigo...
-Lo importante es que te diste cuenta a tiempo, y que pudiste salvarme de su influjo. -dijo.
-Pero aún tengo ganas de ver a ese maldito destruido. -dije. -No quiero que mi historia se vuelva a repetir...
-Como te dije en los calabozos, los buenos y malos actos tienen su recompensa tarde o temprano. Estoy seguro que lo que has hecho por los Digimon tendrá su recompensa, muy a pesar del mal que hiciste en algún tiempo pasado.
-Hablas de la misma forma en la que hablabas de mi padre en los calabozos. -dije. -Estoy seguro de que me estás ocultando algo... Por cierto, ¿por qué no me comentaste antes que eras amigo de mi padre?
-Yggdrasil y Piccolomon-sama recomendaron que no lo hiciera. -dijo. -En esta aventura, por más que Kaito hubiera desencadenado la ira de Torkaimon, no podíamos entrometernos. Sólo los niños que habían sido elegidos desde antes y que predecían que vendrían pronto podían formar parte de esta misión de cuidar la paz en el Digital World.
-Yggdrasil... -dije. -Debe ser alguien muy importante para ustedes.
-Sí, aunque como una deidad, se le cumple todo lo que desea.
-El oleaje... -dijo Akio. -se está poniendo más bravo.
-¡Deja de hablar de esa serie de piratas! -grité un poco molesto.
-Akio-kun tiene razón. -dijo Gargadomon. -El bote se ha estado meciendo muy fuerte.
-¿Qué pasa, onii-chan? -preguntó Ayano despertando.
-¡Creo que voy a...! -dijo Hiroshi con una cara muy desmejorada.
De pronto, una enorme ola vino hacia nosotros, empapándonos a todos.
-¿Qué está pasando? -dijo Fanbeemon. -Dice mi amigo.
La respuesta vino acompañada de una fuerte lluvia.
-¡Está lloviendo! -gritó Rina empapada.
-¡Maldita sea! -gritó Gargadomon. -¡No había previsto una tormenta!
-¿To... tormenta? -preguntó Mizuki asustada.
-¡Todos! -aconsejó el Vigilante. -¡Agárrense fuerte de la borda!
Pero el consejo del Digimon de mi padre fue en vano, puesto que fueron esas partes del bote lo primero que se desprendieron del fuerte oleaje del océano, el viento y la lluvia. Ayano cayó al mar, lo mismo que Hiroshi y Steve.
-¡Ayano-chan! -grité intentando mantenerme en el bote y estirando mi mano para poder proteger a mi hermana.
-¡Onii-chan! -gritó Ayano asustada, pues no sabía nadar.
Otra ola terminó por romper el bote, dejándonos a todos, incluyendo a un Digimon tan grande como el de mi padre, a merced del fuerte oleaje.
-¡A... ayúdenme! -dije al no encontrar algún pedazo de madera para mantenerme a flote.
Esos fueron los minutos más largos de mi vida en aquella noche. No sabía qué hacer, y menos cómo poder ayudar a los demás. Mi preocupación se desvaneció cuando una fuerte ola me mandó casi al fondo del mar, no recuerdo qué más pasó, sólo que trataba de luchar contra el mar, intentando salir a la superficie para poder respirar, pero no lo logré...
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El resumen del sábado en Japón había resultado lo siguiente: No habían avances en la restauración de las comunicaciones. Cualquier intento por intentar transmitir ondas que permitieran comunicarse, resultaban en una frustración. Si algún grupo de científicos lograba algo, de pronto éste se echaba a perder y no había forma de repetir la hazaña.
Mis padres, al igual que los de los amigos, decidieron quedarse en Tokio. El caos reinaba en la metrópolis, y seguramente en las ciudades importantes. No era posible la sincronización de las llegadas y salidas de los trenes. Incluso se supo de un choque de trenes en las afueras de la mancha urbana. Las personas salían cada vez más a las calles, pero los empleos se iban perdiendo a falta de la infraestructura necesaria para desempeñar sus labores.
Las televisoras nacionales cerraban pues no había manera de ver sus emisiones, y los reporteros extranjeros que cubrían la nota del extraño fenómeno que ocurría en Japón lo hacían desde botes que anclaban cerca del borde entre las aguas nacionales y las internacionales, pues más allá de esta existía la incomunicación.
De lo único que estábamos seguros era que al menos, ese fin de semana, las cosas segurían igual...
Continuará...
