Perdonen la demora, no me ponía de acuerdo de como continuarlo.


Desde la oscuridad. (Parte I)

Jamás creí que fuera a desear, tanto, poder respirar...

-¿Vas hablar nene?-pregunto el sujeto, luego de sacar la cabeza de Regulus de la fuente de agua- podemos ser muy malos... te lo aseguro, esto no es nada. Si no nos crees, tu amigo...-tomo a Regulus del mentón y le hizo mirar al desmallado Izo.- él es la prueba.-El príncipe de Algiedi estaba lleno de heridas. No solo le habían golpeado en el rostro, sino que también había sido azotado salvaje mente y vete a saber que otras cosas más le habrían hecho. Cuando entraron a Regulus, su compañero de desgracia ya estaba desmayado en el suelo.

-Les digo que no se nada. Apenas le conozco.-informo el chico, al que le costaba ligeramente respirar por causa del agua que ahora se hallaba en sus pulmones.- vine para buscar a un amigo... Lo conocí en el camino...-Los hombres estuvieron apunto de volver a meter su cabeza en el agua. Regulus solo les decía eso, no decía nada al respecto del amigo que había venido a buscar ni nada por el estilo hasta ahí les daba de información.

-Alto.-ordeno una sutil voz, al escucharla Regulus sintió que la sangre le hervía por dentro y a la vez agradecía que le dieran tiempo a sus pulmones de llenarse del vital aire.- Retírense.-Los dos guerreros, y verdugos, se retiraron dejando a Regulus maniatado e indefenso con el dueño del castillo.- Permiteme- Lune saco un pañuelo y seco la gran mayoría de las gotas que cubrían el rostro del menor. La remera de Regulus se había empapado por las constantes visitas al agua helada de la fuente. Su cabello había adquirido un tono ligeramente castaño por causa de la humedad y se había pegado a su cráneo.- Según oí... Viniste en búsqueda de un amigo.-el teniente tomo una silla y se sentó elegantemente ante Regulus, quien presto atención al látigo que ahora reposaba sobro el regazo del hombre.- ¿Cual es el nombre de ese amigo?

-Argol.

-¿Argol?-El hombre entrecerró los ojos- ¿sabes una cosa?-Lune metió una de sus manos en el interior de su elegante tunica y saco una cadena de finos eslabones con un dije de oro.- mis hombres me hicieron llegar esto, antes comenzar el interrogatorio.-una fria sonrisa se formo en los labios- Ya se quien eres.

-¿Enserio?-pregunto el menor en un tono burlón- ¿y quien soy según tú?

-El hijo del general Ilias Leonis.-respondió en una voz serena el teniente.- Regulus Leonis. ¿Que hace un crió de 16 años aquí?

-Ya te lo eh dicho. Unos bastardos secuestraron a mi mejor amigo-soltó Regulus en un tono de cólera, originado por el hecho que ya se imaginaba el chantaje que ese sujeto le haría a su padre, mientras clavaba sus ojos azul oscuro en los de Lune- y quería salvarlo antes que le metieran tierra adentro.

-¿Eso es lo que te trae aqui?-pregunto distraidamente Lune, mientras miraba el escudo grabado en el dije- ¿No tiene nada que ver que tu padre sea pariente del rey Kaiser?-Regulus afilo su mirada, eso se supone que solo debían de saberlo los miembros de la familia.- Yo tengo otra conclusión, que desmiente lo que tu has dicho.-Enredo la cadena entre sus dedos- Creo que el primo de tu padre, el emperador Kaiser, te mando junto con Izo de Algiedi tras la pista de la general Lithos. Siendo una persona, claramente entrenada en el uso de otras lenguas, deberías de pasar desapersivido junto con Izo.-Lune miro fijamente los ojos de Regulus- un jinete solo con espada, llama la atención muchos piensan que son caza recompensas o demás. Dos jinetes solos no. Por que podrían ser dos hermanos que están cabalgando y que llevan armas para cuidarse de los ladrones de caminos. ¿Entiendes mi punto?

-Lo entiendo, pero lamento informarle que esta equivocado-espesto Regulus- solo vine por mi amigo, ni siquiera sabia que él era el príncipe de Algiedi. Se presento con otro nombre.

-¿Con cual?-Lune le miro, mientras jugaba con la cadena de oro.

-Dante.-dijo velozmente, sin dudarlo siquiera, ya era el segundo nombre que "revelaba" sin hacerlo realmente.

-Dante... No es un nombre muy propio de Algiedi- Lune frunció ligeramente el seño y luego lo relajo- Es un nombre más propio de Antares.-Regulus contuvo la necesidad de pasar saliva.- Yo creo, que me estas inventando esos nombres.

-No lo estoy haciendo.-espeto el menor, quien no sabia de donde sacaba su valentía. Lune le daba miedo y temía por su vida.

-Dante y Argol, son nombre de Antares-Lune acaricio la mejilla de Regulus con su látigo aun enrollado- me estas diciendo nombres comunes de tu nación.-El hombre se paro y comenzó a caminar alrededor del menor- sabes. Me enfurecen los mentirosos.-susurro, lo suficientemente alto para que Regulus le escuchara, antes de comenzar a azotarle. Regulus logro mantener entre sus dientes, los alaridos de dolor que pedían expresarse a toda voz.

Bosque.

Milo daba vueltas, como león encerrado, mientras esperaban que los únicos con cargo militar de importancia (Cristal, Alexei, Saga y Lithos) regresaran. Shura se había ofrecido a quedarse con los más jóvenes y esperar a su regreso con los reportes del castillo. Argol y Dante, simples soldados, sabían muy bien que la presencia de Shura había sido planeada por Alexei quien creía que Milo cometería alguna estupidez en su ausencia. Shiva había partido hacia otra dirección, para inspeccionar los caminos que conducían hacia el castillo. A pesar de las opiniones de los generales y teniente, el mensajero había mostrado estar seguro de que era mejor vigilar el camino en caso de ser necesario salir por ahí. Luego de una breve charla, los cuatro habían accedido a la participación del mensajero.

-Cuanto más tarden, más atrocidades le harán a Regulus e Izo.-Gruño Milo, mientras detenía su andar. Shura, recargado contra un arbol, miro al joven e impulsivo príncipe.

-Eso es de entenderse, Milo, están validando las posibilidades de atacar ese lugar y salir enteros.-informo el rey de Algiedi en un tono sereno- de nada sirve atacar por que si. Si no te diste cuenta, nuestro grupo esta formado por tres menores Jabu, Yato e Hyoga; cinco soldados: tú, Camus, Argol, Dante y yo; un mensajero: Shiva; un teniente: Saga y tres generales: Lithos, que es mujer, Cristal y Alexei. -hizo una pausa- Somos 13 y dentro de ese castillo habrá un mínimo de 200 soldados.

-Seria pan comido vencerlos.-gruño Jabu- tenemos las capacidades necesarias.

-Pero no tenemos la fuerza física y tenemos en contra las murallas-Camus le miro atentamente- yo estoy cansado y los demás deben estar igual. Casi no dormidos y tenemos poco tiempo para comer. A la larga...

-...eso nos debilita-concluyo Milo, en un tono derrotado- Eso no justifica que les dejemos morir...-comento mientras cerraba los ojos- tenemos que intentarlo.

-Nadie dijo que no lo intentaremos-Saga apareció montado en su caballo- pero aun asi, hay complicaciones.-informo, mientras desmontaba con gracia ignorando el dolor que aun perduraban por los azotes recibidos.- El lado norte del castillo esta muy bien vigilado en las almenas. ¿Los demás?

-Aun no llegan-informo Dante, que afilaba un poco su espada.- supongo que lo harán pronto.

-¿Crees que podamos?-Milo observo fijamente a Saga no sabiendo que decir o que esperar oír. Su padre, Kardia, le había dicho que existían situaciones en las que el monarca no podía hacer nada. Que al igual que como no se podía ocultar el sol con una mano, por más que se lo intentara, habría situaciones en las que no podría hacer nada.

-No lo se Milo.-Saga miro hacia otro lado- por el lado norte, es imposible.

-Por el Este igual...-Alexei apareció montando gracilmente en su caballo.- Esta muy bien fortificado por el Este, sera imposible entrar por ese lado.-observo a Milo, aun montado en su caballo- lo lamento, pero amenos que Cristal o Lithos- ojala ella no, le dice su orgullo- encuentren un punto flaco por donde poder entrar... Sera imposible ayudar a los chicos.-cerro los ojos, nunca le había gustado trasmitir esas noticias.

-Ya estaremos cerca del medio día...-Hyoga miro el cielo.- ¿Por que tardan tanto?

-Cada quien.-Alexei miro atentamente a su sobrino- Tiene su forma de evaluar y el terreno varia según el lugar. Por el Este, aparte de las murallas altas y la excelente fortificación de las alamedas-hizo una ligera mueca de desagrado- pasa un arroyo bastante profundo.

-Por el Sur-Lithos apareció, hablando en un tono ligeramente derrotado, miro con pena a los chicos- incluso si tuviera a la 5° legión aquí, lo pensaría varias veces y optaría por otro camino...

-¿que sucede?-Milo le observo fijamente, esperaba que Lithos estuviera de su lado en ese asunto.

-Campo raso.-varios hicieron muecas.- es todo campo abierto por casi 500 metros, en esa distancia, puedes perder centenares de soldados y nosotros no podríamos escondernos... Por más que quisiéramos por ese lado es imposible siendo tan pocos-La chica dejo libre un suspiro- es imposible. Incluso con una legión es una locura, habría más bajas de lo que cualquier general hubiera deseado.- Milo apretó con fuerza la empuñadura de su espada. Solo quedaba un general, rogaba que cuando Cristal apareciera trajera buenas noticias.

Sala de Alquimia. Castillo de Barlog.

Su amo aun no había llegado, por lo tanto ella aprovechaba para acomodar las pieles en las que dormía. Entre ellas, escondida cuidadosamente en la piel que usaba como almohada, había una extraña vara corta. La vara de algún metal plateado, estaba labrada cuidadosamente en sus 30 cm de extensión y terminaba en dos puntas filosas que se encastraban en el medio de la circunferencia de dos cm. La chica tomo a la vara por el medio, justo por donde había una pequeña zona lisa (pero también labrada en bajo relieve) de unos 10 cm, y ejecuto un rápido movimiento. Las dos puntas se alargaron, dejando a la vista la lanza doble oculta.

-Pronto te la enterrare en medio del corazón, Lune.-murmuro la chica, mientras con otro rápido movimiento hacia que los dos extremos se replegaran. Volvió a esconder la lanza doble entre las pieles, Lune jamás sospecharía que tenia un arma. En realidad, jamás sospecharía que tenia varias.- o tal vez si sospechas, pero la realidad es difícil de probar.-Una burlona sonrisa se formo en sus labios y se sentó sobre las pieles. - jamás sospechaste que no soy una sacerdotisa común. Solo te limitas a creer en lo que ves.- Una lanza doble de sacerdotisa, un arma letal que mide 100 cm y es fácil de manejar. Pagaras con tu sangre, los crímenes que cometiste... -Recargo su espalda contra la pared y cerro los ojos recordando el ultimo día de libertad.

Recuerdo.

-Ustedes dos, son las únicas que han llegado a la fase final del entrenamiento- la matriarca, quien dirigía ese templo, miro atentamente a ambas jóvenes- Pero solo una tendrá el honor de cuidar de los infantes. Solo las mejores Priesterin llegan a cuidar de los príncipes de Algiedi. Pronto se hará la prueba y se decidirá cual de las dos merece el honor.-las jóvenes no dijeron una sola palabra.- pueden retirarse. -La joven de larga cabellera verde oscuro y ojos verde oscuro, casi negros, comenzó a caminar tras su par- Lanza fantasma, tu espera.-la chica se detuvo.

-¿Necesita algo gran madre?-la joven se dio vuelta y se puso de rodillas, como muestra de sumisión ante la gran sacerdotisa del templo.

-Te informo, que te elegimos a ti para que seas la Priesterin guardiana de los infantes.-La chica no hizo reflejo alguno de sus emociones, su rostro se mantuvo sereno y su mirada fría.- Flecha gris, no es la correcta. Su corazón se interpondrá en su deber. No importa el resultado real de la ultima prueba, lo que importa es el resultado total de su entrenamiento. -la chica no replico- retirate, pero guarda silencio. Flecha gris, puede atacarte por celos.

-Si, gran madre.-la joven se paro y comenzó a salir de la habitación. En su cintura, sujeta con la faja que llevaba, estaba la lanza doble plegada.

Jardines del templo.

-¿Así que...?-Flecha gris, quien durante 11 años había sido su amiga, le miro.

-Tengo orden de no decirte.

-Por favor...-la joven le miro- no te hagas la misteriosa. Solo quiero oírlo, ya me hago una idea que te dijo Sable de plata.

-Si lo sabes ¿Para que preguntas?-la joven se acerco a un arbusto y arranco la flor.- Hay cosas que es mejor no permitirle ser escuchadas.

-Pareces Sable de plata, hablas complicado.-comento la otra, mientras sacaba una flecha de su carcaj gris.

-Por favor, Nairi...

-Hace tanto que no me llaman por mi nombre, que me es raro-la joven sonrió sarcástica.

-Yo casi he olvidado el mio...-informo Lanza fantasma.- Siempre me llamo la atención el que nos hicieran olvidar nuestro nombre.

-Pues-La otra joven le miro- yo se quien soy.-sonrió con calma- son Nairi, Flecha gris, la cazadora de ciervos.

-Pues yo no... Solo se que soy una paria, una de tantas que vino al mundo para ser abandonada en un templo.

-Yo también soy paria.-Nairi le miro- todos los huérfanos y huérfanas somos pairas. ¿quieres ir a cabalgar?

-¿Para matar el tiempo o para matarme?

-La vieja Sable de plata... ¿Te dijo que me pondría celosa y te mataría?

-Tal vez.

-No por que su mejor amiga lo haya hecho, quiere decir que todas le vamos a imitar.

-Vamos por los caballos.-las dos jóvenes se dirigieron a los establos del inmenso templo. En ese lugar, entre hombre y mujeres, vivían unas 150 almas.

Pasaron la tarde en los bosques cercanos a la montaña donde se hallaba el templo. Este era una inmensa estructura de mármol blanco, que con el paso de los años se había vuelto color marfil, tranquilamente podría pasar como una pequeña ciudadela.

Bien sabían los sacerdotes lo que estaba pasando en el resto del país, pero si el rey no pedía ayuda al clero (compuesto en su totalidad por sacerdotes y sacerdotisas adiestrados en el arte de las armas) no intervendría. Luego de un tiempo, cuando ya era tarde, se enterarían que los mensajes en que el rey pedía la ayuda de ellos, para engrosar la defensa del país, habían sido interceptado por traidores y el enemigo mismo. La única diferencia que había entre la información que manejaban los enemigos extranjeros y los nativos, radicaba que los nativos si sabían que el clero (siendo un pueblo cuyos dioses representaban la guerra) si sabia manejar armas.

Las dos doncellas, de 14 años, regresaron al templo cuando el atardecer comenzaba a hacer acto de presencia en el horizonte. Con lanza y flechas, las dos jóvenes habían hecho presa de varios conejos que servirían para la cena. Esa cena, seria la ultima que se llevaría a cabo en el templo de las Sierras de la madre. La cena se llevo a cabo entre una plegaria y risas amenas, ninguno de los 150 habitantes del templo sospechaba que solo cinco llegarían a ver el amanecer.


Esa noche.

El grito fue lo que la despertó, sus ojos se abrieron respectivamente al escuchar ese lamento. La joven abandono su cama y se asomo a la ventana. Lo que vio... le dejo impactada, guerreros estaban atacando a los sacerdotes que se hallaban en los jardines. La joven tomo la primera prenda que tenia a mano, una túnica que solía usar cuando no entrenaba y no tenia que asistir a los ritos de los dioses, y la lanza doble que le había dado su nombre de sacerdotisa. Salio de su habitación y corrió hacia las plantas inferiores.

Pasillos de la planta baja.

-Flecha gris, Lanza fantasma.-las dos jóvenes voltearon y se hallaron con la matriarca que se enfrentaba a tres jóvenes a la vez con su sable. -Esconderse. -las chicas lo dudaron un momento e inmediatamente hicieron lo que la mujer les ordeno. Ambas sabían el por que de la orden, eran jóvenes y los soldados siempre tenían nefastas intenciones hacia las mujeres jóvenes que hallaban.


Flecha gris, llevaba su arco armado y mataba a cuanto soldado se cruzara en su camino. Al llevar el vestido, Lanza fantasma, tenia el asunto un poco más complicado. Hasta el momento, no había provocado la salida de las hojas filosas de la lanza doble. Ninguna de las dos temía a la muerte, habían sido entrenadas para enfrentarla.

-Vamos a la sala de alquimia.-ordeno la joven con la lanza, mientras doblaban y se apartaban un poco de los focos de combate.-dudo que se metan ahí...

-tendremos mayor ventaja...-informo la otra- podremos usar los materiales de ahí en caso que me quede sin fle...-la joven no pudo continuar, dado que una flecha se incrusto en su espalda atravesando su corazón.

-¡FLECHA GRIS!-La chica se detuvo y miro atónita el cadáver de su mejor amiga. Tomo impulsiva mente el arco, y una flecha, y mato a quien acababa de robar la vida de la única persona que realmente le importaba. Miro el cuerpo, con lagrimas en los ojos comenzó a correr hacia la sala de alquimia del templo. Jamás creí, que volvería a llorar. Nos enseñan a no hacerlo y estoy llorando...

Sala de Alquimia.

La chica se escondió entre las estanterías, llenas de diversos frascos y en algunos casos papiros, de fondo escuchaba los gritos de los restantes habitantes. Apretó con fuerza la vara color plata, tenia orden de esconderse... y una priesterin debía seguir las ordenes no importara que pasara. Cerro los ojos con fuerza, intentando reprimir el impulso de ir a ayudar a quienes aun se hallaban peleando (o suplicando por sus vidas, dado que también estaba esa posibilidad).


Cuando los gritos se apagaron, la chica seguía en su escondite. De no haber sido por ese arquero, salido de la nada, Flecha gris estaría con ella esperando el momento para abandonar el escondite.

-Nairi...-lagrimas volvieron a caer de sus ojos, mientras recordaba el rostro de su amiga.- Nairi... -la expresión de sorpresa en el resto de la chica, no abandonaba su pupila.-siempre juntas, Nairi... siempre juntas...-murmuro con sumo dolor en su voz. Escucho el ruido de la puerta abrirse y se quedo en absoluto silencio. Le decían fantasma, por que no hacia ruido... era momento de hacer uso de esa habilidad. Escucho los pesados y metálicos pasos que daban por la sala y como los hombres hablaban en el idioma de Elíseos antes de retirarse sin cerrar la puerta. Aferro con fuerza una vez más su lanza sentía rabia en su interior, pero sabia dominarle. -bastardos...-murmuro. Espero en su escondrijo, hasta que noto que el sol comenzaba a salir. Con cuidado salio de su escondite, ocultando la lanza entre su ropa. Sabia que era lo suficientemente veloz como para sacarla en caso de necesitarla.

Se acerco a una de las mesas y tomo un cuchillo pequeño, normalmente le usaban para cortar plantas medicinales, en caso de ser necesario lo arrojaría al ojo del rival. Era buena con los cuchillos, le seria fácil lograrlo. Agudizo el oído y dio otro paso hacia la puerta abierta, irónicamente se pregunto que aspecto tendría. Al siguiente paso, escucho como algo cortaba el aire y como ese algo se enroscaba en su cuello obligandola a soltar el cuchillo.

-Sabia que había alguien aquí.-Sentencio una firme y serena voz en algiedo, la chica logro darse vuelta y miro al hombre que la estaba ahorcando con el látigo- eres una niña.-apunto, el joven de unos 19 años.-De seguro solo eres una aprendiz... ¿Estabas aqui con tu maestro?-el chico tenso aun más el látigo- Mis hombres mataron a un sacerdote aqui afuera ¿Tu maestro acaso quería protegerte...?-Tiro del látigo e hizo caer de rodillas a la chica.- una joven alquimista... que suerte la mía.-la chica sintió como la presión disminuía en su cuello, a medida que el joven se acercaba y el látigo perdía la tensión. Ella no era una alquimista había estudiado la alquimia como parte de su entrenamiento, pero no era alquimista.- Puede que valga la pena dejarte viva...-la chica alzo la mirada y se topo con los ojos amatista del chico.- Tu nombre-ordeno.

-Soy...- si le digo "Lanza fantasma" sabrá que soy priesterin- Geist.-Si te digo mi verdadero nombre, podre engañarte y matarte luego.

-Muy bien, Geist, mi nombre es Lune, duque de Barlog, capitán de la 1 legión de Elíseos.-informo mientras le tendía la mano gentilmente. La chica con recelo tomo la mano, dispuesta a defenderse si el joven intentaba atacarla.

Fin del recuerdo.

El ruido del cerrojo saco a la chica de su pensamiento, pronto se vengaría de ese ataque nocturno. Lune hizo acto de presencia y le miro fijamente.

-Sígueme.-ordeno el hombre, de 23 años, en un tono helado. La chica se paro y se dirigió hacia él.- necesito que atiendas las heridas de un prisionero.-la joven asintió.

-Si, amo.-respondió mecánicamente, evitando hacer contacto visual con él.

Celdas.

Geist miro al joven de cabellera larga oscura y piel morena, su espalda estaba llena de marcas rojas y lo poco que quedaba de su camisa hecha jirones. En la celda de enfrente había un joven rubio que miraba preocupado hacia ellos.

-Atiende sus heridas, no quiero que muera por una infección-informo el amo de la joven- ahí tienes lo necesario para limpiar las heridas-cerro la puerta de hierro y se retiro por el pasillo. Cuando estuvieron solos, la joven soltó unas palabras en su idioma nativo. Regulus abrió los ojos sorprendido, había escuchado a Izo y Shura hablar en algiedo, reconoció el idioma de inmediato.

-¿Eres de Algiedi?

-Quiero terminar esto cuanto antes-gruño la chica en antico- no me hables-ordeno, en eso noto el tatuaje que Izo tenia en uno de sus brazos.- no puede ser...-murmuro, antes de limpiar el tatuaje y dejarlo bien visible- es uno de los príncipes...

Bosque.

-¿Hay una posibilidad de entrar?-Milo casi abraza al veterano general de Reino azul- ¿aunque sea mínima?

-Si, pero sigue siendo difícil el acceso. -informo Cristal- me tope con es lugar de pura casualidad, supongo que de noche es completamente imposible verle... Parece ser, que incluso de día es un punto ciego... Pero podrían vernos ir hacia él.

-Entonces, solo ocultos con la noche podríamos acercarnos...-Milo cerro los ojos y lo medito un momento- Que los chicos nos perdonen, pero si queremos sacarlos tendrá que ser por la noche.

-Ya comienzas a comportarte como un ser pensante-comento irónica Lithos, ganándose una retadora mirada de Milo- hay que analizar el lugar.

-Yato puede hacerlo.-Shiva les miro, había vigilado el camino y constatado que acercarse por ahí era un suicidio- podemos hacerlo los dos... somos los más pequeños en contextura física y sabemos movernos.-Milo miro preocupado a Yato.

-¿Quieres intentarlo?-las palabras claramente eran otras: Si te pasa algo me moriré, no lo hagas. Quería decir el tono de voz que uso el único heredero de Antares.

-Si.-Miro a su príncipe a los ojos, Milo bajo la mirada para no dejar a la vista su miedo.- Vamos Shiva.-los dos montaron y se acercaron a Cristal- muéstranos por donde- el general asintió y comenzó a galopar seguido por los jóvenes.

-Milo-Saga miro al joven príncipe- si no tienes fe en los tuyos, ellos no tendrán fe en ti.

-Yato no es mi amigo, es mi hermano...-informo mientras alzaba la vista y deja ver su miedo- es eso lo que me pasa.

-Estará bien.-Camus apoyo una mano en el hombro de Milo, en señal de apoyo moral.- todos hemos visto lo que es capaz de hacer... Eso tendría que calmarte.-Milo miro al joven a los ojos y apenas embozo el fantasma de una sonrisa.

Continuara.


Priesterin: Sacerdotisa en alemán.

Infantes= Príncipes.