Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, el autor es Hajime Isayama. Igualmente, "Yo soy Betty, la fea" es obra de Fernando Gaitán y RCN Televisión. Yo solo hago uso de los personajes y la trama para esta historia. Declaro también que los fragmentos de la canción incluidos no son de mi autoría.

N.A: ¡Gracias por sus reviews! Aquí ya es domingo, por eso actualizo. Sin embargo, debo decir que voy a tener que subir los próximos capítulos una vez por semana ;-; lo siento mucho. La universidad se consume mi tiempo ;-;

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CAPÍTULO VIGÉSIMO SEXTO

LECCIONES

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And I'll be happy for you
If you can be happy for me
Circles and triangles
And now we're hanging out with your new boyfriend
So far from where we've been
I know we're cool.

(Y seré feliz por ti
Si puedes ser feliz por mí
Círculos y triángulos
Y ahora salimos con tu nuevo novio
Tan lejos de donde hemos estado
Sé que estamos bien.)
(*)

Cool – Gwen Stefani.

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Al fin llegó el gran día. Mikasa, profesional como era, no debería estar muy nerviosa, pero tras recordar que Eren estaría presente le fue inevitable no terminar temblando en un rincón tras bambalinas, ya vestida y maquillada.

Sus compañeras la veían tan ansiosa que hasta se compadecieron de ella. Creyeron que tanto nervio era causado por ser la encargada de arrancar el desfile. Estaban muy lejos de saber la verdad.

—Mikasa, ya va a empezar el desfile... ¿Te sientes mal? —dijo una, de cabello negro como el de ella y ojos muy grandes.

—Sí... No me hagas caso.

—Te lo digo porque serás tú la que salga primero.

Por fin, Mikasa reaccionó. Sería peor para ella mostrarse insegura o torpe frente al muchacho que le gustaba. Él mismo le había dicho que ese sería su día especial, así que no podía defraudarlo.

Por su parte, Eren ya estaba ubicado entre los primeros lugares al lado de Hanji, ansioso por ver a las muchachas que había acompañado a lo largo de esas semanas desempeñar su trabajo y demostrar de lo que son capaces. Especialmente a Mikasa.

Luego de ese beso se habían vuelto un poco más cercanos, pero Eren aún no sentía que podía corresponderle. Si se besaban era por iniciativa de ella, eso lo tenían claro ambos, y era una caricia corta, apenas un leve roce de sus labios porque de inmediato Eren se tensaba. Él se sentía algo culpable porque creía que la estaba ilusionando, pero Mikasa afirmaba que no era así, que más bien se proponía ganarse su amor y por eso lo hacía.

El ambiente era bastante tranquilo, la gente iba ingresando de forma ordenada y silenciosa. Sonaba una música ligera de fondo, muy acorde con el decorado del lugar, del que destacaban los colores tierra. Seguramente eso se debía a la próxima llegada del otoño.

La música se detuvo y las luces se apagaron. Eren, asustado, vio de un lado para otro, creyendo que, a pesar del empeño que habían puesto los trabajadores, algo había fallado y por eso se habían quedado en penumbra.

—Tranquilízate, Eren —dijo Hanji, tomándolo de la mano—. No ha pasado nada, así es el espectáculo.

—Lo habría sabido si no me hubiera mandado a acompañar a Mikasa todo el tiempo —dijo él, ya más sereno—. Si hubiera participado más podría saber cómo será el show.

—Agradece que no sabes, para mí esto se está volviendo predecible. Y sospecho que lo que te molesta es que piensas que al final de cuentas no has hecho nada por mí. Estás muy equivocado, a tu manera entretuviste a las chicas, también atendiste mis llamadas y me recordaste mis reuniones y asuntos pendientes. Me has sido de gran ayuda, Eren.

—Si usted lo dice, le creeré.

—Bueno, ahora guarda silencio y presta atención, ya va a comenzar.

Así fue. De ambos lados de la pasarela reventaron un par de bombardas, despidiendo a su paso unas chispas plateadas muy hermosas que devolvieron, por lo menos un poco, la iluminación al lugar. Del fondo, donde se encontraba el emblema de la casa diseñadora, se prendieron un par de reflectores, dejando ver que ahí se encontraba Mikasa.

Hanji, conociendo cómo reaccionaba Eren, creyó prudente sujetarlo de los hombros para que no vaya a "alentar" a la muchacha. Él creía que le daba ánimos, pero lo único que conseguía era ponerla nerviosa.

Con gran garbo y aplomo, Mikasa comenzó su recorrido. Tenía puesto un vestido verde militar con pequeños dibujos que asemejaban unos árboles en el pecho, ceñido hasta la cintura pero acampanado a la altura de los muslos, quedando sus piernas descubiertas. Estas lucían más largas de lo normal por los zapatos de tacón que estaba usando, incluso se veía más alta que el mismo Eren. Cubría sus hombros una especie de capa negra, pero no tanto como su cabello, que envolvía como cuello de tortuga su garganta, llegando casi hasta el piso, y con el movimiento enérgico de su paso esta se agitaba al viento, haciéndola lucir como una reina vaporosa, liviana y elegantísima.

El público, emocionado por lo firme y seguro de su andar, semejante a una yegua en libertad, empezó a aplaudir. En realidad el primer promotor de los aplausos fue Eren, ya que estaba orgulloso de lo desenvuelta que podía llegar a ser su amiga.

Le siguieron otras chicas, algunas rubias y otras morenas, y en su ropa destacaba el color marrón y naranja. Mikasa desapareció por un rato, pero luego de unos minutos volvió a salir, luciendo ya otro traje, una blusa coral y un pantalón bastante ancho, gris, resaltando la cintura de ella al usar un cinturón.

Eren no tenía la más mínima idea de lo terrible que lo pasaban las chicas tras bambalinas. Ahí todo era una locura, las asistentes del diseñador se encargaban de vestir con prisa a las modelos procurando que no se les arruine el maquillaje o el peinado. Las mujeres salían a la carrera, pero recuperaban la compostura ya frente al público.

Vieron pasar varias veces a las modelos, luciendo diversos trajes, y a nuestro protagonista le pareció bonito alguno que otro, pero algunos le resultaban demasiado extravagantes. Incluso, no le veía el sentido a crear algo que, por lo extraño de su diseño, nadie se pondría jamás.

Finalmente, desde el fondo de la pasarela, aparecía el diseñador, siendo llevado del brazo de Mikasa y otra muchacha, también de cabello negro y enormes ojos. Mina Carolina, así recordaba Eren que se llamaba. El hombre hizo una reverencia, honrado por las palmas, y junto a sus modelos, regresó de donde había salido para dedicarle unas palabras al público y explicarles qué le había inspirado en sus creaciones.

Eso sí le aburrió un poco a Eren, no estaba precisamente interesado en oír a ese hombre hablar. El desfile le había entretenido porque era divertido ver a esas mujeres recorrer la pasarela con finura y en cierta forma se habían vuelto algo cercanos por el tiempo que compartió con ellas, además de estar orgulloso de formar parte de algo tan grande; pero, ya que en el proceso creativo del diseñador no había intervenido en lo más mínimo, no le prestó tanto interés.

Luego de un no tan breve discurso, el hombre desapareció, y con él sus modelos. Eren y Hanji se pusieron de pie para abandonar el lugar. Ahí culminaba su trabajo.

—Eren, aún no podemos irnos —dijo Hanji, impidiendo que salga del local—. Vamos a ir con las chicas a celebrar que hayamos terminado todo con éxito, ¿quieres?

—Muchos ánimos no tengo... ¿Es necesario?

—A Mikasa le gustaría que estés con ella.

—Usted lo sospechaba, ¿no? Que ella está interesada en mí... Que dice que me quiere...

—Desde que la vi noté que captabas su atención, y como siempre es tan solitaria quise acercarlos un poco. Imaginé que terminaría por quererte, pero no creí que sería tan pronto... Sobre todo porque sabe que nos vamos en unos días.

—Ella quiere ir conmigo. Dice que estás dispuesta a intentar algo conmigo a pesar de que le dije que no puedo corresponderle porque...

—¿Por Levi?

—Sí... Pero ella no sabe que se trata de él, no quisiera que se entere. Son primos, no quiero que se lleven mal por mi culpa.

—¿Vas a permitirle que nos acompañe?

—No es que pueda impedírselo... Ella tiene mente propia y quiere hacerlo...

—Nos queda una semana, Eren ¿Te sientes listo para volver a verlo?

—Nunca estaré listo, Hanji. Me aterra el solo pensar lo inminente que es nuestro reencuentro.

—Aprovecharemos esta semana. Quiero hacer muchas cosas contigo, lindo Eren. Pero ahora no voy a decírtelo, será una sorpresa.

Hanji lo empujó con dirección al camerino, impidiendo así que pueda preguntarle alguna cosa. Cuando llegaron casi se chocan con Mikasa, ya estaba de salida usando su ropa informal, unos jeans y una blusa sin mangas.

—¡Mikasa! —Hanji la atrajo a su cuerpo en un abrazo, rodeando su cuello y guiñándole un ojo— Tenemos pensado salir, pero tus amigas no están listas, ¿vamos?

La pelinegra solo asintió. Subieron al auto de Mikasa con dirección a un restaurante, pero en el camino, sospechosamente, una llamada al móvil de Hanji le impidió continuar con ellos, así que se bajó en plena calle.

Antes de irse, Eren le lanzó una mirada de reproche a esa mujer. Podía ser muy niño para algunas cosas, pero su intuición se había agudizado y comprendía que Hanji lo estaba haciendo a propósito.

—Eren.

—Dime, Mikasa.

—No tengo ganas de ir a celebrar ¿Quieres hacer algo?

—La verdad no... Pero es tu día especial, podría hacer algo que me pidas.

—Mejor solo vamos a mi casa.

Así, Mikasa giró en una esquina para dirigirse hacia su departamento. Si Eren no tenía ánimo de salir no iba a obligarlo, lo único que quería era hacerlo sentir bien. De todos modos, estaba algo cansada luego de estar sometida a tanta presión por el desfile.

Llegaron a su departamento en algo menos de veinte minutos.

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Dentro de la empresa, y luego de haber oído lo que Farlan tenía para decir, Levi se dirigía a la oficina en la que debería encontrarse Petra.

Ella se sorprendió bastante al verlo, apenas le acababa de decir que daba por terminada su relación y estaba ahí, parado frente a ella. Qué podía querer.

—¿Pasa algo, Levi?

—Quiero hablar de algo contigo.

Muy nerviosa porque, aunque ese hombre le acababa de decir en la madrugada que amaba a otra persona (y para empeorar todo, un hombre), seguía deseando permanecer a su lado. Cuando iniciaron su relación ella presionó a sus padres para que convenzan a Levi de aceptarla, sobre todo por el bien de las dos familias y las acciones que poseían. Se había empecinado en tenerlo para ella y hasta tal punto llegó su obsesión que poco le importó soportar sus sucesivos engaños.

No, no era eso. No aguantaba sus engaños por retenerlo a su lado. Era algo más.

Luego de pasar unos días alejada de él tras descubrir el daño que le estaba haciendo a la empresa su primera reacción fue insistir en su compromiso, pero entonces lo comprendió. Se enteró de cómo estaba Levi luego de ese desastre.

Petra supo que Levi se dedicaba a beber todas las noches, que pasaba largas horas en los bares o se dedicaba a atender algunos asuntos de la empresa. Su novio no era así, él no bebía hasta caer rendido y tener una resaca espantosa a la mañana siguiente.

¿Qué le habían hecho al hombre que tanto amaba?

Algo malo le había pasado. Y no tenía nada que ver con la empresa.

Solo había una explicación: Se había enamorado de esa mujer. No podía estar sin ella, su ausencia lo hería al punto de tener que refugiarse en el alcohol.

No, no soportaba sus engaños por egoísta. Lo soportaba porque le gustaba creer que, algún día, comprendería que ella era la persona ideal para él. Que solo ella era capaz de esperarlo esa eternidad hasta que se percatara de su error, hasta que viera que su verdadero amor estaba ahí, esperándolo.

Nunca llegó ese día. Peor aún, él le decía, directamente y con toda la sinceridad del mundo, luego de que ella quiso probarle una vez más que estaba ahí para él, para cuando quiera confiar en ella, que amaba a alguien más.

Entonces ya no había nada que hacer. Levi nunca llegaría a amarla. Menos aún si tenía enterrada en el corazón a otra persona.

Entonces decidió que ya era suficiente. Ya no tenía que humillarse más.

Lo había luchado muchos años, pero sus fuerzas se esfumaron cuando esa demoledora frase llegó a sus oídos.

"Luego terminé por quererla".

Y el remate. El golpe de gracia.

"Aparentemente me enamoré de un hombre".

—Siéntate —dijo ella, señalándole la silla que tenía al frente.

Ni siquiera fue feliz. Todos esos años de espera en vano le dejaron un sabor amargo. Soportó demasiado, pero fue una decisión propia, así que no tenía nada que reclamar.

—Supongo que oíste a Farlan —continuó, luego de que Levi estuvo sentado—. Volverá la próxima semana.

Había tenido una idea equivocada del amor. Creía que esperándolo podría conquistarlo, pero sus celos la cegaron y solo consiguió más rechazo.

Aprendió que amar no tiene por qué atarte a nadie, ni implica sufrimiento.

Y si amar no implica sufrir, tenía que dejarlo ir.

No sería feliz ella, pero con el tiempo podría superarlo. Sería mejor eso que vivir engañada y aferrada a una falsa esperanza.

Que al menos él pueda ser libre. Que él sea feliz.

—No vine a hablarte de eso, Petra. Quiero intentarlo.

—¿A qué te refieres?

—A que volvamos a intentarlo. Cuando estuve en tu departamento me di cuenta de muchas cosas...

Sabía en qué desembocaría esa conversación.

Ella era algo "estable" en medio del desastre que era la vida de Levi.

Levi volvía a ella porque sabía que ese muchacho nunca le correspondería.

¿Por qué le hacía eso cuando estaba dispuesta a liberarlo?

—No, Levi. Yo quiero que... Te quise mucho tiempo para mí, pero ya no más... No más... No luego de lo que me dijiste esta madrugada...

—¿Te refieres a eso de que...?

—Sí. Levi, tú amas a alguien más. No me hagas humillarme de nuevo —nuevamente las lágrimas opacaban sus ojos. Las despedidas siempre son dolorosas—. Me pides que regresemos porque temes que él no te corresponda... Aunque no lo creas, puedo entenderte. Todo este tiempo esperé que vengas a mí... Pero no así... Nunca podrás quererme, Levi, no mientras lo tengas a él...

—Lo siento... —entonces pudo comprender que estaba cometiendo un error. Creyó que hacía un bien a ambos al intentar darse una oportunidad. Estaba equivocado, a Petra le estaba costando demasiado renunciar a él, y lo único que hacía era ponerle las cosas más difíciles— Lo siento por todos estos años... Debí oponerme desde un principio... Soy muy cobarde... Si te hubiera rechazado no estarías sufriendo por mí...

Esa mujer, a la que por tantos años consideró agobiante y casi una acosadora, le estaba enseñando algo.

Toda su vida fue un cobarde que nunca fue capaz de oponerse a lo que le ordenaba su padre.

—Entonces no lo vuelvas a hacer... No lo seas nunca más.

—¿Qué quieres decir?

—Tienes una semana. Piensa qué vas a hacer.

Estaba claro. Se refería al regreso de su mocoso.

—No va a querer ni verme. Es causa perdida.

—Tendrá que verte igual... Y yo también... —una leve sonrisa se dibujó en su rostro, una mezcla de dolor, esperanza, consuelo. Y algo de alegría fingida. Era ese tipo de sonrisa que ponen las personas cuando las rechazan y disimulan, dicen que no es nada, pero guardan el dolor y para no hacerlo evidente recurren a esa mueca cruel— Voy a ver si de verdad vale la pena como para que lo quieras hasta ese punto —la sonrisa se amplió. Levi supo que era una farsa, que Petra se estaba rompiendo por dentro.

—No hagas eso, Petra... Perdóname...

—Yo decidí. Yo decidí quererte, a mi riesgo. El resultado no me gusta, pero eso solo lo pude saber con el tiempo. Ahora que estamos mejor, quizá podríamos ser amigos.

—Dalo por hecho. Quiero ser tu amigo.

—Una cosa, Levi. Yo no le perdono que te haya mentido, pero si tú lo has hecho... Si sientes que lo amas...

—No lo digas... Imagino que te duele...

—¿Qué esperas?

—¿Qué?

—¡Ve por él! —dijo ella, con un puño en alto.

—¿Qué dices Petra? —la expresión lo sacó completamente de cuadro. Una mujer que lo amaba lo estaba alentando a no rendirse, a luchar por otra persona.

¿Él sería capaz de hacer lo mismo?

No podía saberlo.

Quizá eso también era amor verdadero.

—¡Que pienses en una forma de acercarte! ¡Que no te rindas! —se puso de pie y levantó a Levi para que se quite de la silla, luego lo arrastró hasta la puerta y lo forzó a salir— ¡Peléalo!

Ese era el adiós.

Que sea feliz.

"Con eso me basta. Adiós, mi amor".

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—¿Qué haremos ahora? —Eren, en el departamento de Mikasa, se aburría a morir. Habían llegado, pero ya dentro y nerviosos ambos por la reciente confesión de la muchacha, habían caído en un silencio terrible recién destruido por la voz del castaño.

—Podemos ver algo de TV —propuso ella, sentada en el mullido sofá cubierto de piel. El muchacho estaba de pie, mirando los cuadros que decoraban una pequeña cómoda al lado de la entrada principal.

Entonces lo vio. Jamás lo esperó.

Mikasa tenía un cuadro de Levi y ella cuando eran pequeños.

Curiosa porque su acompañante no respondía a su sugerencia, se incorporó y lo descubrió sosteniendo un cuadro, con los ojos muy abiertos y repasando la imagen con los dedos de su mano derecha.

—¿Pasa algo? —asomó su rostro y se vio a sí misma, de unos cinco años, con sus padres ya fallecidos y más familiares, todos lejanos. Y Levi, en sus catorce, con una pinta de aburrimiento increíble— Ah, es de cuando era niña.

Eren no reaccionaba. Mikasa dedujo a quién apuntaban los orbes de su amigo.

—¿Conoces a Levi?

—¿Eh? —asustado por la sola mención de ese nombre, al fin reaccionó— No... Solo me llamó la atención...

—Incluso de niño parecía amargado...

—Y enano... —dijo Eren, riendo un poco al recordar lo pequeñito que era su jefe. Su amor.

—¿Cómo sabes que es pequeño?

Siempre imprudente, su lengua lo había delatado.

—N-No... E-Es solo que... En la foto parece que es muy bajito...

Mikasa iba a indagar más sobre ese asunto, pero oportunamente una llamada al nuevo móvil de Eren salvó al castaño de un interrogatorio.

—¿Diga? —con gran nerviosismo se apartó un poco de la pelinegra— ¡Ah, Hanji!... Sí... Estoy en el departamento de Mikasa... Bueno, salgo entonces.

—¿Qué pasó?

—Hanji dice que está viniendo por mí y la espere abajo —separó el aparato de su oreja y lo guardó dentro del bolsillo de su pantalón—. Dijo que quería aprovechar mi última semana en Japón. Tengo mucho que hacer con ella... Es extraño, quiere salir conmigo a pesar de que ya es noche... Bueno, debo irme. Cuídate, Mikasa. Muchas felicitaciones por tu trabajo de hoy, lo hicieron increíble.

Raudo, huyó de la casa sabiendo que si se quedaba un minuto más ella iba a preguntarle sobre Levi.

No podía decirle que fue él quien lastimó su corazón. No sabiendo que eran primos.

Mikasa se quedó pensando en lo ocurrido.

Cuando salió del departamento, giró el rostro en ambas direcciones. Un taxi se acercaba y pudo ver que en este se hallaba Hanji, ya que por la ventanilla asomaba su cabeza y un brazo, agitando la mano para capturar su atención.

—¡Eren! —de un brinco abandonó el coche, extendiéndole un billete al conductor para despedirlo.

—¿A dónde iremos tan tarde? Recuerde que ya es muy noche... —Eren se le acercó para que tomen rumbo. Creyó que solo lo haría subir al taxi, pero al parecer al lugar que planeaba llevarlo se podía llegar a pie.

—Te queda una semana, ¿qué te gustaría hacer? Estoy dispuesta a cumplirte un deseo, así que medítalo con cuidado.

Siguió andando, pero iba pensando qué podía pedirle. Cuando viajó le hizo ilusión comprar algo de merchandising de sus series, pero no contaba con el dinero. Sin embargo, si Hanji estaba dispuesta a cumplirle un deseo...

—Quiero un peluche del Heichou y del titán colosal.

—¿Qué?

—Lo que oyó. Quiero esos peluches para decorar mi cuarto cuando llegue a Francia.

—Aún eres un niño —soltó una bocanada de aire para luego echarse a reír—, creí que pedirías algo mejor.

—Eso es lo que quiero... Sé que es algo sencillo, pero cuando viajamos me imaginé comprando muchas cosas de ese tipo...

—Bueno, vamos entonces.

—¿A esta hora hay tiendas abiertas?

—No lo sé... ¡Pero vamos! —lo tomó de la muñeca y echó a correr. Eren la siguió como pudo, esa mujer era realmente veloz.

—¡P-Pare! —dijo, casi ahogándose— ¡Me voy a tropezar!

Lo ignoró por completo. Solo luego de correr algo de quince minutos liberó su mano. Eren de inmediato se dejó caer al suelo, quedando sentado sobre el frío asfalto y exhalando con fuerza, tratando de controlar su ritmo cardíaco.

—Mira, aún está abierto este almacén. A ver si hay algo de tu interés aquí.

Hanji volvió a tomarle la muñeca para hacerlo entrar en el lugar.

Había estado con la mano en el pecho, sintiendo lo agitado de su corazón, pero al reparar en dónde estaba quedó muy impactado.

Podría asegurar, sin temor a equivocarse, que tenía al frente una especie de paraíso.

A donde sea que mirara había muñecos, figuras, mangas y demás, todo relacionado con diversas series. Pero le llamó de inmediato la atención que había un lado apartado para su serie de titanes. Corrió de inmediato y se acercó a donde tenían apilados los mangas, cogiendo un tomo y revisándolo en el acto.

Poco le importaba no entender una palabra (o, en su caso, símbolo) de lo que decía cada hoja, tenía entre sus manos material original. Hanji había quedado rezagada, distrayéndose con un manga en un lado apartado que estaba decorado con flores y colores rosa, aparentemente con temática de chicas.

Estaba abstraído contemplando los detalles de la portada de otros tomos, hasta que descubrió que a su lado tenía a un hombre con capucha, un polo negro y pantalones sueltos, muy diferente de él que aún llevaba puesto su traje. El hombre parecía ser algo tímido y callado, ya que ni había girado el rostro a ver a Eren a pesar de que este persistía en mirarlo. Eren no lo miraba en vano, sentía algo extraño de ese sujeto...

—Disculpe —dijo Eren en inglés— ¿Está bien?

El hombre no dijo nada, apenas volteó para lanzarle una mirada a Eren.

Bastó esa mirada para que el castaño pueda reconocerlo.

De inmediato se le lanzó encima, tomándolo por la solapa de su capucha y sacudiéndolo con fuerza. El hombre, sorprendido, abrió los ojos todo lo que pudo, muy asustado por el arranque del desconocido.

—¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ LOS MATASTE?!

El pobre tipo apenas balbuceó un par de cosas y, para colmo de males, en japonés, provocando más a Eren.

—¡¿QUÉ HAY EN EL MALDITO SÓTANO?! ¡¿POR QUÉ AÚN NO LLEGAN?! ¡NO TE ATREVAS A MATAR AL HEICHOU O DESATARÁS UNA GUERRA MUNDIAL! —seguía zarandeándolo, incluso lo elevó unos centímetros del suelo y, como estaba tan desesperado, dejó de gritar en inglés. Usar su propio idioma le daba la libertad de decir todo lo que quería. El pobre hombre ya no podía entender ni media palabra, el alemán le era completamente ajeno— ¡¿Por qué amas más a ese con cara de caballo que a tu protagonista?! ¡ES TU PROTAGONISTA! ¡¿POR QUÉ LO HICISTE TAN LLORICA?!

Hanji, alarmada por los gritos, abandonó el manga que estaba revisando y, guiada por el sonido, encontró pronto a Eren. Sorprendida por el mal trato que le estaba dando a ese sujeto, lo tomó de la cintura para alejarlo de él, liberándolo al fin.

—Eren, ¿qué mierda te pasa? —el muchacho aún quería dar pelea, pero, al ver bien el rostro del sujeto, recuperó la calma. Como si fuera bipolar, su rostro abandonó su enojo para dar paso a una enorme sonrisa, asustando esto a Hanji.

—¿Me daría su autógrafo?

Viéndolo mucho más sereno, Hanji lo soltó, pero aún no terminaba de entender qué había ocurrido. Uno de los encargados, tras oír tanto bullicio, también se acercó, y al ver al hombre que Eren había zarandeado se inclinó en un respetuoso saludo.

—Lamentamos lo ocurrido —dijo Hanji en inglés, esperaba poder comunicarse con el hombre de seguridad—, pero me gustaría saber algo ¿Quién es ese sujeto?

—Oh, es el creador de un famoso manga, uno de los que está conmocionando el mundo ahora mismo. Su fama solo sube y sube.

Mientras ella hablaba con él, Eren se acercaba al hombre que acababa de agredir con una sonrisa de oreja a oreja y ojos destellantes, como de cachorro. El tipo, asustado por lo que le acababan de hacer y viendo la sonrisa de Eren, que tomó como de un maniático, retrocedió un par de pasos, quedando contra uno de los múltiples estantes que tenían alrededor.

—¡No! ¡E-espere! —atajó Eren, ya en inglés— No le quiero hacer daño, es que... Ya debe saberlo, usted ha matado a muchos personajes buenos y queridos, incluyendo a esa muchacha tan linda... Y a ese pecoso... Y al rubio grandote amigo del comandante... —cruzó sus brazos y le lanzó una mirada de reproche— Oiga, usted se pasa. Espero que sea consciente de cuánto nos lastima a los seguidores cuando un personaje muere. Y el sótano, por dios... ¿Cuándo van a llegar al sótano? Por problemas personales dejé de seguir el manga y ni en este tiempo tan largo han llegado, ¿cuánto más tendremos que esperar? ¿Cuántos más morirán?

Asustado aún, el hombre se alejó del aparador, acomodándose la capucha y mirando con recelo a Eren.

—Lo siento mucho —dijo Hanji, acercándose al supuesto mangaka, en un japonés que se limitaba a un par de frases— El señor de aquí, el de seguridad, va a explicarle lo que quiero decir... —atrajo a su lado al susodicho, pidiéndole que funja de traductor— Bien, parece que mi amigo, este chico de ojos verdes, lo admira mucho y quiere llevarse un buen recuerdo de usted, ¿podría darle un autógrafo?

—¡Que sea en uno de los tomos del manga! —la sonrisa volvía al rostro de Eren y señalaba entre el montón de libros el que había estado sujetando, ligeramente girado por la derecha, desalineado comparado con el grupo— ¡Cómpremelo, por favor, señorita Hanji!

—No debería comprarte nada por el escándalo que acabas de hacer, pero está bien...

El encargado de seguridad le explico al mangaka lo que el muchachito quería, y comprendió de inmediato el porqué de su agresión. Después de todo, ya estaba enterado de cuánto reclamaban sus fans por las numerosas muertes de los personajes.

Ya marcado el tomo del manga con la rúbrica del mismísimo autor, Eren tomó este en un abrazo cargado de "amor", para luego tomar la mano que lo había firmado, estrechándola con fuerza y sacudiéndola a la vez.

—¡Muchas gracias, no se imagina lo feliz que me ha hecho conocerlo! ¿Podemos tomarnos una foto?

El hombre solo asintió, y el tipo de seguridad le aclaró lo que le había dicho, así que, por fin, le dedicó una tímida sonrisa a Eren. Con su nuevo móvil, Eren se acercó al mangaka y tomó una fotografía, sonriente como nunca.

Finalmente, temiendo otro arranque más, el hombre se fue con algo de prisa.

—¡No lo puedo creer! —manga en mano, Eren alzó los brazos al cielo, chillando de alegría— ¡Se ha cumplido uno de mis sueños!

—Y le has dado un susto de muerte al pobre hombre... ¿Vas a querer algo más? Aprovecha ahora mi generosidad, oportunidades así no se dan más que una vez en la vida...

—Podríamos ver las figuras... o los peluches... —tenía su dedo índice en el mentón, pensando en qué estaría mejor para comprarse.

—Demos un recorrido, a ver qué te gusta más o por qué cosa te decides...

Hanji suspiró con fuerza. Ese asunto la había estresado un poco, no creyó que su asistente fuera tan efusivo e imprudente, pero, siendo sincera, ese lado suyo le gustaba. Era tan sincero con sus emociones que era inevitable tomarle afecto.

Juntos, dieron muchas vueltas al establecimiento porque Eren no se decidía por nada, y no porque nada le agradara, sino porque se quería llevar todo. Al final Hanji accedió a comprarle al menos un par de cada cosa, luego de que Eren afirmara que le pagaría cuando tuviera su sueldo entre sus manos.

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Cayó la noche en Francia. Levi iba, cosa rara, caminando por las calles. Tenía pensado comprarse algunos implementos de limpieza nuevos porque, luego de buscarse algún pasatiempo para no pensar en Eren, se había dedicado a asear su casa, beber en exceso y permanecer en la oficina.

Sin embargo, no solo por eso iba a pie, mezclándose con la gente. La conversación con Petra, especialmente la de la mañana, se había quedado pululando su mente, y quería darse un rato para pensar al respecto. Esa mujer le había dicho que no desista, que no se dé por vencido y trate de recuperar al mocoso que ocupaba no solo sus pensamientos, también su corazón.

Tenía claro que no sería tarea fácil, sobre todo conociendo lo terco que podía ser, además de rencoroso, al punto de entregarlo a la junta por lo que le hizo. No obstante, si por fin había confirmado que lo amaba, debía dar pelea. Si quería sentirse digno del amor de una persona tan noble al menos debía demostrarlo al tratar de recuperarlo y demostrarle que, a pesar de todo, sí estaba enamorado de él.

Ya estaba llegando al supermercado, cuando de pronto una visión borrosa llegó a él.

Se frenó en seco, alzando de inmediato la cabeza para no perder de vista lo que había captado su atención.

Thought I ran into you down on the street

(Creo que corrí hasta ti por la calle)

Quizá su mente le estaba jugando una mala pasada, pero en ese momento no lo pensó así. Podía jurar que, ahí mismo, a unos cuantos metros separado de él por una inmensidad de gente que rodeaba el supermercado, se encontraba su mocoso, mirando a la nada.

Su primer impulso fue ir corriendo para alcanzarlo, sin importar si tenía que repartir codazos a diestra y siniestra para abrirse paso entre la multitud que le impedía verlo completamente. Así lo hizo, en el acto empezó a dar empujones a la gente que lo rodeaba, causando molestia en ellos.

¿Qué podía importarle lo que la gente le diga? Lo único que tenía en mente en ese momento era poder llegar a él y hablarle.

La gente le devolvía los codazos, llegando incluso a insultarle. De cualquier modo, cuando llegó al lugar en donde debería estar Eren no halló a nadie.

Justo en ese momento empezó a llover.

La gente que hasta ese momento lo envolvía huyó para refugiarse bajo algún alero improvisado. Se quedó solo, parada en el punto exacto donde había visto al muchachito castaño.

De inmediato, empezó a correr a un lado de la calle, creyendo que por algún lado podría hallarlo. Corrió todo lo que sus piernas le permitieron, pero solo se encontró con la nada. Se inclinó un poco y apoyó ambas manos sobre sus rodillas, exhalando con fuerza y más agitado por lo húmedo del ambiente que le impedía respirar con normalidad. Ni siquiera había más personas para, al menos, preguntarles si habían visto a un chico de enormes ojos verdes y cabello como el chocolate.

La lluvia caló pronto en su cuerpo, helándole. Y no solo por fuera.

Comprendió entonces que todo fue una ilusión creada por su mente inquieta y ansiosa por volver a verlo.

Then I turned out to only be a dream

(Luego resultó ser solo un sueño)

Frustrado por descubrirse enamorado al punto de imaginarlo en la calle a pesar de saber que no volvería sino hasta el fin de semana próximo, Levi se dio un manotazo en la frente, descubriendo al mismo tiempo que ya tenía el pelo empapado.

Devolvió sus pasos, muy despacio, sin importarle que la lluvia lo bañe por completo. Vio que había corrido bastante, ya que se encontraba muy alejado del supermercado, del que apenas estaba distanciado por unos pasos. El camino sería algo largo.

Apenas había dado unos pasos, pero ya había olvidado la conversación con Petra. Su mocoso volvía a acaparar todo pensamiento.

¿Qué podría estar haciendo? ¿Dónde estaría? ¿Con quién, además de Hanji? ¿No le habrían hecho daño? ¿Estaría feliz? ¿Lo habría olvidado?

Seems like he disappeared without a trace

Did he ever marry old whatsherface?

(Parece que desapareció sin dejar rastro

¿Se habrá casado con la vieja "como sea su rostro")?

Las preguntas taladraban su cabeza. Quería saber demasiadas cosas, pero no le era permitido. Farlan y Armin se negaban rotundamente a informarle la más mínima pista, y podía entenderlos. Si había alguien que no merecía a Eren era él mismo.

¿Pero qué hacer entonces con ese amor que lo estaba consumiendo? ¿Negarlo y obligarse a olvidarlo?

He went away and then I took a different path

I remember the face but I can't recall the name

Now I wonder how whatsisname has been.

(Él se fue y entonces tomé otro camino

Recuerdo el rostro, pero no puedo recordar el nombre

Ahora me pregunto cómo ha estado "como sea su nombre")

¿Qué tal si su mocoso ya estaba rehaciendo su vida? Y, en el peor de los casos, con alguien más.

No quería ni imaginarlo. Le gustaba pensar que, a pesar de todo, aún podía guardar sentimientos por su persona.

Cuánto lamentaba no haberle dicho a tiempo lo que sentía. Si no se hubiera dedicado a negar sus verdaderos sentimientos, su amor, no estaría así, bañado por la lluvia, doliéndole el pecho por sentirse abandonado por la única persona que lo había amado tal cual era.

The regrets are useless in my mind

He's in my head

(Los arrepentimientos son inútiles en mi mente

Él está en mi cabeza.)(**)

Con la camisa completamente mojada al igual que sus pantalones por la basta, se colaba el frío de la noche. Sus manos blancas lucían algo moradas por las corrientes de aire que le disminuían a cada instante más y más la temperatura mientras seguía avanzando.

No tenía cabeza para el frío, solo para Eren.

La gente lo observaba, curiosa por ver en él a un extraño al que poco le importaba pescar un resfriado o una neumonía.

Levi no quería que Eren lo olvide. Siquiera contemplar esa posibilidad le perforaba el corazón. Sin embargo, si lo hacía ya no tenía más remedio que aceptarlo. Era su justo castigo por sus errores.

Al menos guardaría en su memoria los momentos que pasaron juntos. Esos meses en los que fue, a su manera, feliz. Fue feliz y, como muchos, no se dio cuenta.

Llegó al supermercado, pero ya no le interesaba comprar nada. Solo quería volver de inmediato a su departamento para descansar.

Un taxi lo acogió a pesar de estar todo mojado y con la mirada perdida, como un vagabundo. El conductor lo trató muy bien, incluso cuando llegaron le encargó al portero que lo cuide mucho y, de ser posible, le consiga alguna bebida caliente pronto o de lo contrario ese hombre bajito se enfermaría muy gravemente.

Ayudado por el portero, Levi llegó hasta su pieza y de inmediato el hombre le alcanzó unas toallas que halló en su recámara.

—Algún día, me gustaría que esto lo haga Eren... —dijo, algo atontado porque le empezaba a subir la temperatura. Le estaba dando fiebre. El portero le estaba secando el pelo un poco, pero lo vio tan mal que creyó que lo más conveniente sería llamar a su "novia".

Levi alcanzó a oír eso último, así que le dio un manotazo en el brazo para que no se vaya en busca del teléfono.

—No la llames... Terminamos... No quiero que me vea así... Se suponía que iba a dar pelea...

—¿Qué hago entonces, señor?

—Yo... Yo puedo solo... Siento un frío de mierda... —se hizo un ovillo en la cama, humedeciéndola con su ropa— Consígueme un té o algo, por favor... Me siento mal...

—Iré por lo que me pide, pero al menos cámbiese en mi ausencia. Lo que le está haciendo daño es seguir con la camisa húmeda —lo dejó un momento y buscó en el ropero, extrayendo de este una polera gruesa, de franela, además de unos pantalones de pijama— Póngase esto y espéreme arropado, le traeré algo caliente.

Levi solo asintió levemente. Mientras el hombre le había secado algo notó que tenía la temperatura muy alta, así que, a pesar de que le pidió que no lo haga, se hizo del número de Petra y le llamó.

—¿Señorita? Soy yo, el encargado... Ah, me reconoce... Qué raro, no recuerdo haber hablado mucho con usted... Bueno, le llamo para decirle que el señor Levi está enfermo, tiene fiebre... Supongo que estuvo demasiado rato bajo la lluvia... ¿Piensa venir?... Oh, ya veo... Él me dijo que terminaron, así que entiendo. Lo siento, disculpe por incomodarla.

Petra comprendió que Levi estaba así nuevamente por amor. Se tuvo que contener para no ir corriendo a cuidarlo, pero mantener lazos con él tan próximos solo la lastimaría y más bien Levi terminaría por sentirse comprometido con ella por haberlo cuidado, y ya no estaba dispuesta a sostener una relación que no estuviera basada en amor.

Cuando el portero volvió a la habitación le consoló encontrar al pobre hombre ya cambiado y muy envuelto en las mantas. Corrió a la cocina e hizo hervir un poco de agua. Logró encontrar un poco de té con canela entre la despensa de Levi y lo colocó en una taza bastante grande, sumándole a esta un poco de azúcar y limón. Cuando el agua estuvo lista vertió un poco en la taza y de inmediato volvió a la cama, acercándole la bebida a Levi.

—Señor, bébase esto, le hará bien y tiene buen sabor... —le asomó la taza a la nariz que se asomaba entre las cobijas, algo roja porque empezaba a constiparse— ¿Lo siente? Incluso huele bien...

Levi no estaba del todo ido, así que se incorporó, quedando sentado en la cama pero aún envuelto en la tibieza de sus sábanas. Tomó la taza con ambas manos, reconfortándole el calor que emanaba de esta de inmediato.

Bebió de golpe su contenido sin importarle en lo más mínimo si estaba muy caliente. El calor recorrió toda su garganta, y al llegar a su estómago este se propagó por su cuerpo, adormeciéndolo en el acto. Le dio el último sorbo y, agradecido, le devolvió la taza al hombre que había tenido la gentileza de ayudarle. Ya luego le recompensaría.

Volvió a acostarse, y arrebujándose con las mantas el calorcito de estas y el del té le permitió dormir muy tranquilamente.

Quizá tenía la esperanza de ver a Eren, aunque sea solo en sueños.

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Armin había vuelto del trabajo, bastante agotado y dispuesto a irse directamente a su cama para poder darse un merecido descanso. Sin embargo, esa posibilidad desapareció en un instante al ver a Carla sentada en el sofá de la sala de Farlan, como si llevara esperándolo mucho rato.

—¿Pasa algo? —se atrevió a preguntar, acercándosele y depositando su pequeño maletín en el suelo, a un lado del sofá en el que tomó asiento a continuación.

—Que ya no aguanto más. No sé si me creen ingenua o algo parecido, pero parece que no me quieren decir nada. Yo me doy cuenta de lo que pasa, Armin, y quiero una explicación.

—¿Sobre qué? —sinceramente no tenía el asunto muy claro, Carla podía estar refiriéndose a muchas cosas.

—No entiendo por qué, hasta hace unos días, Farlan se negaba a hablar con mi hijo. Se supone que son amigos, ¿no? Y otra cosa, no entiendo por qué Farlan tampoco atiende las llamadas del tal Levi queriendo que le pasemos a Eren. Según tengo entendido fue el jefe de mi Eren cuando trabajó en esa dichosa empresa, ¿por qué negarse a atenderlo? ¿Eren no estaba enamorado de él? Si lo llama es por algo muy importante...

—Bueno... Eren no quiere verlo... Por eso no quiere que lo comuniquen con Levi...

—¿Por qué?

—No es algo que me corresponda contarle, sería mejor que Eren le explique...

—Explícame, Armin. No me gusta este secreteo... ¿Ese hombre le hizo daño a Eren?

—¿Eh? —Carla supo intuir muy bien por qué su pequeño se negaba a atender al tal Levi, desarmando en el acto al pobre Armin ¿Qué podía decir? — N-no sé nada... ¡No me pregunte más, por favor!

—Lo sabía... Ese hombre le hizo algo a Eren, por eso se fue... —parecía muy molesta por lo que acababa de concluir, asustando a Armin.

—No saque conclusiones tan apresuradas... Mejor que Eren le explique bien todo...

Carla abandonó la sala, furibunda. Armin suspiró aliviado porque al menos no le preguntó qué le había hecho para que Eren no quiera saber nada de él. Sin embargo, conociéndola, esa mujer se quedaría pensando mucho al respecto hasta poder dar con la respuesta a sus interrogantes.

Estaba suspirando aún sentado en el sofá, hasta que unas manos sobre sus hombros, dándole un ligero golpe, le hicieron dar un gran respingo, sobresaltado.

Le había asustado que lo toquen, pero pasó del susto a la timidez en un dos por tres. Al girar el rostro descubrió que Farlan le miraba, atento a su expresión, sonriéndole.

—¿En qué andas pensando tan concentrado que ni me sentiste llegar? —dijo Farlan, divertido por cómo Armin se tensaba con solo "asustarlo".

Sí, Farlan solo lo quería asustar.

—N-Nada... —se encogió un poco, buscando esconder su sonrojo. Quizá contarle lo que había pasado le ayudaba a pasar por alto su nerviosismo— La madre de Eren me estuvo preguntando por qué no le permitíamos a Levi hablar con él, por qué cuando llamaba le dábamos evasivas y por qué no querías contestarle hasta hace poco...

—Ese sí es un problema... —se arrimó un poco, quedando al lado de Armin en el sofá— ¿Qué le respondiste?

—Solo le dije que a quien le correspondía explicar eso era al mismo Eren... Pero, ¿sabes? Sé que se quedará pensando en este asunto. Antes de irse a su habitación dedujo que Levi le había hecho algo.

—Lo bueno es que Eren va a volver en solo un par de días... No me gusta la idea, pero tendrá que contarle en algún momento... ¿Crees que sea capaz de hacerle algo a Levi?

—No lo creo, estoy seguro. Solo pensarlo me da terror...

Farlan se echó a reír, imaginando a una mujer tan dulce dispuesta a encarar a Levi con tal de defender a su hijo.

Armin se quedó mirándolo y oyendo su risa, suave y contagiosa. Farlan se calmó y lo descubrió observándolo, notando que Armin en el acto se puso completamente rojo.

A diferencia de Eren, Farlan era más perceptivo y tenía mejor intuición.

—¿Armin?

Aunque parecía bastante seguro, muy en el fondo Farlan también era algo tímido. Con Eren nunca se había puesto nervioso al quedarse mirando por unos momentos, ya que desde el primer momento supo que era una especie de hermano menor, un amigo al que debía proteger.

Aún no era demasiado cercano a Armin, llevaban unas semanas viviendo juntos, además de los padres de Eren, así que no había reparado demasiado en él. Lo veía como el amigo de Eren, por lo tanto también era su amigo, pero esas miradas acompañadas de rubores infantiles apenas las estaba descubriendo, enterneciéndole sus ademanes inocentes. Armin, como le había dicho cuando lo conoció, era muy lindo. No era guapo como Eren, más bien era "adorable".

Muy asustado porque Farlan no le quitaba los ojos de encima, Armin creyó que este se había enojado por quedársele mirando. Quiso ponerse de pie, pero el modelo se lo impidió, devolviéndolo a su sitio.

Armin estaba muerto de la vergüenza.

—¿Qué pasa, Armin? —tenía una de sus manos sobre la del rubio, disparando aún más su ritmo cardíaco, y lo miraba fijamente a los ojos, muy cerca sus rostros.

—Y-Yo no tengo nada... —cerró los ojos con fuerza, evitando a toda costa seguir perdido en los del hombre que provocaba en él violentos sonrojos.

—Armin... —se le iba acercando un poco más, queriendo tomar su barbilla para que se atreva a mirarlo de nuevo. Su mano iba en subida hasta alcanzar su mentón, pero oír una puerta abriéndose hizo que sus rostros se separen en el acto, quedando ambos muy erguidos en el sofá.

—¿Pasa algo? —Grisha, en pijama, los encontró solos en la sala, sentados muy cerca el uno del otro. Se le hizo muy sospechoso.

—No, estábamos conversando sobre un trabajo que me ofreció... ¿Cierto, Farlan? —con una risa nerviosa y atropellándose con sus propias palabras, Armin supo responder al padre de su amigo, dándole un codazo al mencionado.

—Sí, así es... —dijo él, aún mirando al pequeño rubio— ¿Usted no puede dormir?

—Solo iba un momento al baño... ¿Está todo bien? —suspicaz, pudo notar cierta tensión en el ambiente, pero no era cualquier tiempo de tensión... Había algo más.

—¡Por supuesto, descanse! —exclamó Armin, exaltado porque sentía aún la mano de Farlan sobre la suya, ocultas ambas por el respaldo del sofá, impidiendo que Grisha alcance a ver ese contacto.

Grisha, aún sospechando, se fue al baño. Armin se puso de pie en un brinco, pero su mano, ahora apretada por la de Farlan, le hizo caer sentado en el sofá.

El impacto no fue muy grande, pero el rubio era un poco frágil, así que de todos modos le había dolido algo. Su mano libre llegó a su espalda para acariciar la parte afectada. Tenía los ojos entreabiertos, queriendo alcanzar el punto exacto que le dolía, así que le sorprendió muchísimo descubrir a Farlan aún a su lado, inclinándose cada vez más hasta alcanzar a sentir su respiración golpeándole el rostro.

¿Por qué ese hombre lo ponía tan nervioso? No lo entendía.

—Armin —dijo Farlan, llevando su mano al respaldo del sofá, prácticamente cubriendo al pequeño con su cuerpo— ¿Yo te gusto?

¿Era así? Quizá esa era la forma de definir lo que le estaba pasando y lo que estaba sintiendo. Ya antes le había atraído una muchacha en la universidad, pero no llegó a concretar nada con ella por su timidez. Sin embargo, lo que provocaba ese modelo en él era muchísimo más fuerte, solo verlo bastaba para que su corazón lata atropelladamente, llegando incluso a dolerle. Esa muchacha le parecía muy bonita, además de agradable, por eso creía que estaba sintiendo algo especial por ella.

Quizá esa vez estaba equivocado. Quizá con esa chica solo era atracción.

Antes de que pueda responder algo, Farlan volvió a sentarse en el sofá con propiedad tras oír que la puerta del baño era abierta. Grisha se disponía a volver a su dormitorio, no sin antes lanzarles una mirada de intriga. Cerró la puerta y Farlan lanzó un suspiro.

Armin seguía pegado al sofá, sin saber bien cómo reaccionar.

—No sé... —respondió al fin— Mejor vamos a dormir...

—¿Vamos a dormir? —dijo Farlan, sorprendido y viendo a Armin.

—¡No! No quise decir... Me refería a... —lamentándose por lo ambiguo de su comentario, el rubio dejó caer sus hombros, abatido— Olvídalo, me voy a mi cuarto... Buenas noches, Farlan.

—¡E-Espera! —se estiró un poco aún sobre el sillón, y alcanzó a sujetar una manga de la chaqueta que llevaba puesta Armin, ya de pie, reteniéndolo un momento más— ¿No me vas a contestar?

—No es prudente hablar de esas cosas ahora... Eren va a volver en unos días, solo hay que pensar en eso...

—¿Tienes miedo?

—¿Por qué debería tener miedo? No tengo miedo... —había girado algo para enfrentar a ese hombre, pero esa acusación le estaba ofendiendo un poco, no tenía razones para temer nada en ese momento. Un pequeño puchero apareció en su rostro, conmoviendo a Farlan.

—Me refería a si me tienes miedo a mí —también estaba nervioso, pero tanta ternura de ese pequeñito rubio solo le hacía sonreír— ¿Es así?

Armin se quedó estático. A lo mejor sí le temía un poco, especialmente tras ser tan evidentes sus sentimientos. Ni él mismo tenía muy claro lo que sentía, pero Farlan parecía haberlo comprendido. Este se puso de pie, acercándosele con cuidado, y Armin supuso que le iba a aclarar con cuidado que no tenía nada de malo que le guste alguien de su mismo sexo, pero que era imposible algo con él. Sí, eso debía ser.

Contrario a lo que imaginaba, cuando estuvieron a centímetros de distancia Farlan se agachó –la diferencia de altura era considerable–, y le tomó la barbilla con cuidado, forzándolo a verlo a los ojos.

Y entonces pudo sentir algo semejante a una descarga eléctrica por todo su cuerpo.

Farlan se había atrevido a tocarle los labios con los suyos, capturándolos de inmediato, mientras le acariciaba la mejilla y apartaba el cabello que la cubría. Armin tenía los ojos cerrados, creyendo que lo que estaba ocurriendo era producto de su imaginación, incluso esa sensación tan placentera que iba anidando en su pecho.

Todo iba muy despacio, semejante a una dulce melodía. Farlan movía sus labios con cuidado, dejando levemente húmedos los de Armin, sintiendo este su calor y suavidad, además de su textura. Los labios de Farlan le resultaron muy gentiles, amables, nunca bruscos, como si comprendiera que su naturaleza no se prestaba para gestos violentos.

—¿Ahora sabes si te gusto o no? —dijo Farlan, sonriéndole con cariño y un casi imperceptible sonrojo coloreando sus mejillas.

Armin se estremeció, tomando plena conciencia de lo que acababan de hacer. El modelo pudo ver su tácita duda, así que creyó oportuno aclararle las cosas.

—No tengas miedo —su mano aún estaba acariciando la mejilla del rubio, quería transmitirle algo de confianza y seguridad—. He notado que a menudo me miras, aunque hasta hoy percibí que también te sonrojas... Por eso concluí que te gusto... Me gustaría que me digas si me equivoco o no.

—No... No te equivocas... Creo que sí me gustas, aunque recién hoy le pongo nombre a lo que venía sintiendo... —una duda que no podía quedarse sin resolver llegó a su mente— ¿Qué va a pasar ahora?

—¿Era tu primer beso?

—No, cuando estaba en la escuela lo di... No preguntes, es algo antiguo... Y vergonzoso.

—Veamos qué pasa —le dio un pequeño beso, muy corto, y le sonrió con cariño—. Pasar tiempo juntos nos hará ver si de verdad esto es más que un simple gusto, ¿te parece?

—¿No te importa que sea hombre?

—Ya hablamos de esto a los pocos días de despedirnos de Eren, ¿no lo recuerdas?

—Sí... —todo él estaba temblando, el pobre parecía una gelatina. Eran demasiadas cosas, comprendía que ese hombre le gustaba, le daba un beso y con eso sentía que no podría conformarse. Quizá ya comenzaba a quererlo, necesitarlo.

Farlan lo acompañó hasta la puerta de su recámara, despidiéndose con otro beso corto a modo de buenas noches.

A Armin le hubiera gustado que sea un poco más largo, como el primero. Tendría que ver cómo marchaban las cosas, a lo mejor y luego se atrevería a pedírselo expresamente.

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Lo que le restó de la semana antes de volver a Francia se lo pasó acompañando a Hanji de un lugar a otro. Ella parecía muy interesada en hacer turismo, se llevaba a Eren para que también disfrute de su viaje y algunas veces llevaban a Mikasa con ellos.

Eren estaba algo inquieto. Se aproximaba el momento de su retorno, pero aún no se sentía preparado. Mucho menos para volver acompañado de Mikasa.

¿Qué le diría a sus padres? Probablemente ellos al verla creerían que es una especie de "novia", y él no se atrevería a desmentirlos teniéndola a ella al lado, podía resultar herida si le oía decir eso.

En eso iba pensando, sentado en el asiento del copiloto, mientras Hanji iba al volante de un auto alquilado, muy animada por lo celeste que era el cielo. Eren tenía la mano apoyada en el borde de la ventana, suspirando por todos las dificultades que le ponía la vida, hasta que una visión hermosa y terrible capturó sus ojos.

—Espere... —aterrado, giró el rostro de un lado al otro, sintiéndose atrapado. El lugar era precioso, pero significaba mucho más que un paisaje agradable. Tenía muy mala fama— ¿A dónde estamos yendo? Ese es...

—El monte Fuji, sí.

—¡ME BAJO YA MISMO! —se quitó el cinturón de seguridad y quiso tomar el volante para hacer que el auto se desvíe y frene a un lado de la carretera— ¡USTED ESTÁ LOCA!

—¿Pero qué te pasa?

—¡¿Cree que no sé qué hay en el monte Fuji?! ¡Estoy triste, pero tampoco me quiero matar!

—Eren, nadie va a morir... Entiendo que tengas miedo, pero solo quiero que nos acerquemos al bosque de Aokigahara. No se acerca mucha gente... Bueno, solo los que se van a suicidar, pero al menos está lo suficientemente despejado y amplio para que puedas hacer lo que voy a pedirte.

—Me niego... ¿Y si vemos un fantasma? ¡¿O un cuerpo?! —Eren estaba pálido, realmente parecía aterrado y se aferraba al asiento.

—No voy a llevarte hasta el fondo... Bueno, solo un poco... Oye, escúchame, llegamos, nos adentramos un par de metros, vemos si no hay nada... ni nadie... y listo. Tranquilo, no te va a pasar nada.

—¿Me lo jura?

—Prometido —dijo Hanji, llevando sus dedos índice y pulgar a sus labios para sellar su promesa.

Ya más tranquilo, Eren volvió a ponerse el cinturón. No quedaba mucho camino, estaba muriéndose del miedo, pero si Hanji estaba con él al menos no podía pasarle nada grave. En cualquier caso, ya tenía un móvil y podría llamar a la policía para que lo rescate.

Hanji frenó, y frente a ellos tenían la maravillosa vista de un bosque precioso, tupidísimo, de troncos muy largos y copas elevadas, con un aroma a frescura muy reconfortante. Eren, superando un poco el susto de lo que significaba para muchas personas encontrarse ahí, aspiró con fuerza para que el olor de los árboles le invada la nariz por completo.

Entonces recordó que ese bosque también debía oler a muerte.

De inmediato se llevó ambas manos a la boca y nariz para cubrirlas, su mente le hacía creer que ahí podía oler claramente a cadáver.

—Oye, no le faltes el respeto a este lugar —Hanji señaló un pequeño cartel que tenían muy cerca— Mira, ¿puedes entender lo que dice?

—Ni media palabra. Si estuviera en inglés a lo mejor sí, pero solo veo los símbolos del japonés... ¿Usted entiende?

—En realidad no hace falta saber japonés, Eren. Ya he leído sobre lo que dice en internet —comenzó a recitar lo que recordaba— "Su vida es un regalo precioso de sus padres. Por favor piense en ellos, en sus hermanos e hijos. Busque ayuda y no atraviese este lugar solo".

Un hombre, algo mayor, se les acercó, y le hizo un par de preguntas a Hanji. Aparentemente ese era su trabajo, quería corroborar si ese par se quería suicidar o solo estaban haciendo turismo. Uno muy tétrico, por cierto.

Mientras tanto, Eren contemplaba el cartel que Hanji se había encargado de explicar lo que decía. No, él no se suicidaría jamás, sus padres y amigos le habían demostrado lo mucho que lo querían, jamás haría tremenda estupidez. Los problemas que tenía eran grandes, pero no valían lo suficiente como para derribarlo y llevarlo al extremo de querer acabar con su existencia.

—Bueno, parece que entendió que solo estamos de visita —luego del interrogatorio, Hanji se aproximó a Eren, descubriéndolo absorto contemplando el cartel—. "Busque ayuda", ¿entiendes? Por eso estamos aquí, así que avancemos, tenemos mucho de qué hablar.

Hanji lo tomó del brazo y lo obligó a adentrarse un poco en el bosque. Avanzaron un tramo considerable, y Eren vio que algunos árboles tenían marcas rojas, como flechas.

—Son para los que se arrepienten —explicó ella—, si alguien quiere volver esas flechas le sirven de guía.

—Me da gusto que algunas personas recapaciten. Nada es tan grave como para morirse.

Continuaron con su recorrido, y Eren se estremeció al ver que en algunas partes del camino había señalización, marcas amarillas que impedían el paso a un pequeño espacio, como si fuera la escena de un crimen. De un brinco apresó el brazo de Hanji, apretándolo contra su cuerpo.

—¿C-Cuánto más tenemos que estar aquí? —Hanji pudo sentir su corazón acelerado y sus manos temblorosas, compadeciéndose del muchacho.

—Si quieres paramos aquí, al lado de esa área restringida.

—¡No, por favor!... ¿Podemos ir a un lugar más "normal"?

—¡Qué dices, Eren! —lo acercó más, rodeándole el cuello con su brazo, riendo al mismo tiempo— ¡Este lugar es hermoso, aprécialo como es!

—Usted de verdad está loca... Y sigamos, no quiero parar hasta que no vea un lado claro y sin esas marcas amarillas...

A los pocos minutos de retomar su marcha, Hanji se acercó a una especie de banca rústica, formada por unos troncos unidos. Eren se sentó a su lado, aún temblando, pero le consolaba que a su alrededor no había más que árboles.

—Bueno, ¿tienes idea de por qué estamos en este lugar tan solitario?

—No... Preferiría que me lo aclare, así nos vamos de una vez...

—Te dije que no puedes volver a Francia con rencor a Levi. Te traje para que te desahogues.

—¡¿Y solo por eso tenía que traerme a un lugar tan macabro?!

—Eren, la vida es muy corta y valiosa para que la desperdicies en rencores... Mira, las personas que no aprecian su vida o sienten que ya no vale la pena seguir viviendo por los problemas que tuvieron no encontraron mejor solución que venir aquí, a acabar con sus días. La vida no tiene sentido si vas a pasártela amargado y lamentándote por lo que pasó o no pasó. Yo sé que lo amas, también sé que te hizo daño, y aunque no te guste, creo que él también siente algo por ti... Pero no voy a hablar de lo que siente Levi. Perdónalo, Eren, comprende que tuvo sus motivos para hacerte lo que te hizo. Y no lo digo porque sea su amiga, sino porque no te hace bien guardar sentimientos dañinos...

—No es tan fácil... —Eren ladeó la vista, pero temiendo descubrir algo semejante a un cadáver prefirió mirarse las manos que yacían sobre sus muslos— Aún me duele que haya jugado conmigo...

—¿Te lo has guardado?

—Más o menos. El día que renuncié bebí un poco y unos sujetos muy amables me permitieron llorar mientras cantábamos una canción muy bonita...

—Siento que aún tienes mucho para soltar. Ven —le tendió la mano para que se incorpore de la rudimentaria banca—, quiero que inhales fuerte y grites todo lo que tu garganta te lo permita.

—¿Pero eso está permitido? —dijo, ya de pie y sacudiéndose un poco la ropa.

—No importa, será como una travesura. Anda, hazlo.

Eren aspiró todo el aire que pudo guardar dentro de sus pulmones, inflándosele el pecho.

Como una bestia herida, dejó escapar su grito, que más parecía un alarido de dolor, como si en ese preciso momento le estuvieran clavando un puñal en el cuerpo y no se resignara a la muerte, por el contrario, clamaba ayuda.

—¡Dile algo, Eren! —gritó también Hanji, para que pueda oírle y también para descargar lo molesta que estaba con Levi por lastimar a tan buena persona.

—¡Yo lo quería! —exclamó, bañando su rostro algunas lágrimas— ¡Incluso ahora lo quiero!... ¡Pero es mi culpa por ser tan ingenuo, y usted quería cumplir su sueño!... ¡Puedo entender, así que te perdono, Levi! —los gritos desgarraban su garganta y, a modo de atenuar el dolor de su corazón, una de sus manos llegó a su pecho— ¡Volveré y... no pienso vengarme nunca más de ti!

No soportó más. Se dejó caer al suelo, empolvando sus rodillas. Hanji lo tomó de los hombros, buscando consolarlo. Eren ya había tenido demasiado, pero parecía liberado.

—¿Cómo se sintió? —dijo ella, aproximándose un poco a su oído.

—Bien... Es como si un peso hubiera abandonado mi pecho... —giró el rostro y descubrió a Hanji, cosa rara, con una expresión de tristeza— Muchas gracias, señorita.

—Bueno, tenemos que irnos de aquí cuanto antes. Probablemente algún visitante crea que han matado a alguien por aquí al oírte gritar... Mejor corremos, no me había puesto a pensar en eso... Podrían pensar que te quiero matar...

—¡¿Qué?! ¡Me trajo aquí sin siquiera meditarlo un poco! —de inmediato se levantó, con los ojos muy abiertos y algo indignado.

Pudo más la prisa de huir del lugar. Eren no tuvo oportunidad de reclamarle más, debían salir del lugar antes de armar un lío.

Mientras corría, guiado por Hanji, comprobó que, en efecto, un peso se había esfumado.

Podía respirar con mayor libertad.

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Llegó el viernes. Muy de mañana, Eren tenía sus maletas listas, dispuesto a partir en cuanto Hanji y Mikasa lo fueran a recoger. Se suponía que se encontrarían en el hotel, por lo menos Mikasa debía llegar hasta allá. Aún se lamentaba por la decisión que había tomado ella, se sentía responsable por lo que pudiera pasarle en Francia al ser el principal motivo de su inesperado viaje.

Sentado al borde de la cama, curioseando boberías en internet a través de su celular, recordó que tenía apartado en una de sus maletas el manga que le había firmado su ídolo a pesar de haberlo tratado tan mal en un principio. Definitivamente lo atesoraría como la joya más preciada, podría incluso enmarcarlo o colocarlo en un baúl cuando llegara a Francia para que nada pueda dañarlo.

Pensando en eso, Hanji entró a su habitación, anunciándole que Mikasa ya estaba ahí lista para tomar su vuelo. Se incorporó y cogió sus maletas, pensando en todo lo que le esperaba. Sus padres, Armin, sus amigas de la oficina... Levi.

Ya le había perdonado el daño que le hizo, no podía odiarlo si seguía sintiendo amor por él, pero todo el rencor se había esfumado tras esa espeluznante visita al bosque de Aokigahara. Definitivamente recordaría no acompañar a Hanji para hacer turismo nunca más. Aunque, valgan verdades, el tomar conciencia de lo importante que es la vida le hizo recapacitar, solo entonces comprendió que no podía ni debía seguir resentido por todo lo que le había ocurrido.

Afuera, los tres tomaron un taxi porque Mikasa había dejado encargado su coche. El trayecto no fue muy largo, y cuando estuvieron en el aeropuerto hicieron los trámites correspondientes, dejando todo en regla para abordar pronto.

—¿Estás segura, Mikasa? —Eren quería hacerla recapacitar, nada le aseguraba que de verdad lograría quererla, mucho menos estando Levi cerca.

—Déjame al menos intentarlo. Estoy viajando contigo bajo mi propio riesgo.

Ya no podía hacer nada. Había decidido.

Llegado el momento, los tres se dirigieron al avión para al fin abordarlo. Eren le lanzó una última mirada al aeropuerto, despidiéndose mentalmente de Japón, y reteniendo en su memoria los días divertidos que pasó.

Le quedaban muchas horas de viaje, lo mejor sería tratar de dormir un poco para llegar lúcido a su próxima tortura.

Tortura para su corazón al volver a ver a la persona que amaba, seguramente ya casada, y no poder hacer nada al no ser correspondido.

¿Qué actitud tomaría?

Solo él lo sabía.

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Continuará

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(*) La canción en realidad dice "girlfriend", pero con la lectura se habrán dado cuenta de por qué lo cambié.

(**) Los fragmentos son de la canción "Whatsername" de Green Day. En la versión original se refiere a una mujer, pero como Levi está pensando en Eren lo modifiqué (? Así suena más lógico.

N.A: No sé ustedes, pero Levi me da una tristeza verlo así por no ver a Eren... ¿Se dan cuenta de lo duro que le ha dado el amor? Oh, esperen, yo soy la que lo hace sufrir xD

Me gustó escribir lo de Petra, era necesario para que ella madure, ¿no creen? En el capítulo anterior se creyeron que regresarían 7w7 Les juro que eso se escribió prácticamente solo, igual que lo del bosque Aokigahara xD

Farlan y Armin... Son miel pura :'D cada día me enamoro más de mi pareja crack. Por cierto, resultó que hasta Armin ya había dado su primer beso mucho antes que Eren XD

Y Eren que conoce a Isayama :'D sí, digamos que es él, y no sé si sabe inglés, pero como es AU pues tomaré que no sabe otro idioma aparte del japonés.

¡Gracias por leer! Me hace muy feliz que mi historia les guste.