Dean entró en el bar cuando Sam ya se había bebido su segunda cerveza. Ya llevaba dos horas de retraso de la hora en la que habían quedado y Sam comenzaba a estar nervioso.
Ni una llamada, ni un mensaje, nada que le dijera porque iba a llegar tarde. No pretendía ejercer de novio preocupado, ni mucho menos celoso, pero aquello no era normal viniendo de su hermano.
Después de que al mirar hacía la puerta las tres últimas veces que había entrado alguien, Sam se hubiera decepcionado al ver que no se trataba de Dean, si no de absolutos desconocidos, la puerta se volvió a abrir otra vez y aunque estuvo a punto de no mirar hacia allí, vio que era Dean quien entraba por fin.
Dean le miró, sonriendo como siempre, como si no hubiera ocurrido nada, como si retrasarse más de lo debido fuera lo más normal, como si Sam no tuviera que haberse preocupado por él. Llegó hasta barra, donde Sam estaba sentado y colocando sus manos a ambos lados del cuerpo de su hermano, se acercó a él.
"¿Se puede saber donde te has metido? Podrías haberme llamado, me has tenido muy preocupado." Sam ni siquiera sabía si su hermano le estaba escuchando o no cuando se acercó a él y sin decir nada, sin tan siquiera disculparse le besó el cuello.
Sam tan sólo pudo suspirar mientras cerraba los ojos. Quería mantenerse serio, pues estaba realmente cabreado por lo que le había hecho pensar su hermano, pero le fue imposible no sonreír al escuchar la voz tierna y dulce de Dean tan cercana a su oído.
"Lo siento, me he entretenido más de la cuenta con un policía." Sam intentó volverse con rapidez, pero los brazos de Dean casi tocando su cuerpo, se lo impidieron antes de poder comenzar a moverse.
"¿Policía? ¿Qué ha pasado?" Había poca gente en el bar, por lo que casi nadie se percató de que había subido el tono de la voz al hablar.
"Un pequeño malentendido por la zona de aparcamiento. Quería llevarse mi coche el muy imbécil." Dijo Dean con un tono ligeramente infantil en sus palabras.
"¿Te ha detenido?" Sam bebió el último trago de su cerveza, apurándola hasta el final, mientras escuchaba el relato de Dean.
"Como que yo le iba a dejar, aunque le hubiera gustado. Era un crío, inexperto y seguramente yo habría sido su primera detención, seguramente, llevarme a comisaría, siendo que nos busca el FBI, le hubiera acercado hasta una medalla." Mientras hablaba, Dean movió una de sus manos, hasta rodear por completo la cintura de su hermano y apretar su cuerpo contra el suyo.
Nadie alrededor se dio cuenta de sus movimientos o de lo agitada que comenzaba a ser la respiración de Sam, aunque este no tenía muy claro si era por las manos de Dean sobre su cuerpo por las dos cervezas que acababa de tomar.
"No juegues con eso, ya sabes que nos podemos meter un muchos problemas si nos topamos con la policía. ¿Cómo te has librado de él?"
"¿Tu que crees?" Arropado por la más que prominente oscuridad del local, Dean bajó la mano, hasta llegar a la entrepierna de Sam. Notó como este se agitaba sensiblemente al notar el contacto de su hermano con su cuerpo. "He hablado con él, me lo he camelado un poco y al final me ha dicho que no quería tener problemas con su novio y que lo dejáramos ahí."
De nuevo Sam se intentó volver, no podía creer lo que Dean le estaba diciendo, como, sin ningún tapujo su hermano le estaba diciendo que se había intentado ligar a un policía sólo para que le dejara marchar. Aquello le parecía increíble.
"¿Te hubieras acostado con él?" Aunque Sam no estaba del todo seguro sobre si deseaba conocer la respuesta a aquella pregunta, si quería saber hasta donde estaría dispuesto a llegar Dean ante aquella situación.
Dean comenzó a reír por lo bajo, se movió hasta apoyarse en la barra, pidió una cerveza y miró a su hermano con la mirada más intensa que logró encontrar, mientras se mordía el labio, llegando a parecer, casi algo tímido.
"Sólo era un niñato, en cuanto ha visto que me acercaba a él y que me insinuaba, se ha echado para atrás." Elevó su mano hasta el hombro de Sam y jugueteó en sus dedos con algunos mechones de su pelo. "Ese crío no se podía comparar contigo hermanito. No, no me hubiera acostado con él, sólo quería asustarlo… y distraerle." Terminó diciendo mientras sonreía con una expresión pícara en su rostro.
"¿Distraerle?" Sam no comprendía nada, pero continuó mirando a su hermano, esperando que le aclarara algo de todo aquello.
Dean metió una mano en el bolsillo interno de su cazadora buscando algo y finalmente sus dedos dieron con ello, lo que hizo que volviera a sonreír, sin apartar la mano del cuerpo de su hermano, que poco a poco fue moviéndola hasta acariciar su mejilla.
Se movió de donde estaba, se acercó a Sam y un momento más tarde colocó algo delante de él, lo suficientemente oculto, como para que nadie más pudiera ver lo que llevaba en su mano.
"Distraerle mientras me hacía con sus esposas." Los ojos de Sam se abrieron por completo, mientras observaba las esposas oscilar en la mano de Dean. "Estaba tan concentrado en no cometer una tontería conmigo, que ni siquiera se dio cuenta cuando desaparecieron de su lado."
Sam también sonrío, apartando un momento la mirada de Dean. No podía creer hasta que punto podía estar mal de la cabeza su hermano o en los líos en los que podía llegar a meterse tan sólo por hacer alguna locura. Estaba seguro que tarde o temprano los meterían en la cárcel por su inconsciencia.
Pero cuando de nuevo, Dean se acercó a él, rodeó su cuello con su mano libre y comenzó a susurrarle al oído, dejó de importarle el peligro constante en el que Dean le ponía, mientras pudiera sentirlo tan cerca, mientras aspirar su aroma a peligro le hiciera olvidar todo aquello y mientras sus manos jugaran de ese modo con mechones de su pelo.
"¿Por qué no nos vamos a la habitación? Hasta mañana no nos marcharemos de este pueblo y este bar parece estar muerto."
Sam se separó un poco de él, lo justo para mirarle a los ojos, que ahora brillaban con mucha fuerza y poder besarle, sin importarle las miradas indiscretas de los lugareños, que seguramente sería la primera vez que vieran dos hombres besarse de esa manera, que vieran a dos hombre besarse simplemente.
"Sólo si me dejas jugar con tus nuevos juguetes." Ahora fue Sam quien se mordió el labio, quien deslizó un dedo desde el cuello de Dean hasta un poco más debajo de su cintura y quien agarrándolo del cinturón, pudo llegar hasta su oído. "Porque no creas que me ha sentado bien, que te pusieras a ligar con otro tío, cuando podías haberte librado de él sin tener que hacerlo."
- o -
Sin decir nada más los dos salieron del bar y se montaron en el Impala. Dean todavía llevaba las esposas en la mano cuando fue a arrancar el motor, pero la mano de Sam sobre la suya, no le dejó hacerlo. Se quedó mirando a su hermano que se inclinó hacia él, poniendo una mano sobre la ventanilla y la otra sobre el muslo de Dean.
"¿Sam que haces, por qué no nos vamos ya a la habitación?" Sam no le contestó, al menos no con palabras, pues cuando apretó con fuerza sus labios contra los de Dean, a este le dio igual la respuesta que Sam le fuera a dar. Sintió su lengua moviéndose frenéticamente en el interior de su boca y antes de darse cuenta había comenzado a respirar con fuerza.
Sam movió un poco más su mano sobre el muslo de su hermano, hasta rozar sus dedos con la entrepierna de Dean. Este arqueó ligeramente el cuerpo al notar como se iba excitando por momentos. "Sammy…" Las manos de Sam sujetaron sus brazos con fuerza, hasta que apenas pudo moverse.
Tampoco es que lo estuviera intentando mucho, pues notar como Sam recorría su cuello con su lengua, le estaba haciendo perder todo control de la situación; apenas se daba cuenta de nada de lo que ocurría fuera de lo que Sam estaba haciendo con sus labios y su lengua sobre su cuello, incluso pudo notar sus dientes mordiéndole ligeramente. Dean volvió a arquear el cuerpo, levantando consigo el cuerpo de Sam.
En ese momento, cuando Dean no se había dado cuenta de haber cerrado los ojos y tan sólo escuchaba su propia respiración acelerada, comenzó a escuchar la risa proveniente de su hermano, la misma que había tenido cuando era un niño.
Dean trató de moverse, pero se dio cuenta que no podía, sus manos estaban atadas, aunque luego se dio cuenta que realmente estaba esposado. Se volvió de nuevo hacia Sam y vio este continuaba riéndose.
"Serás…" Los labios de Sam, de nuevo contra los suyos, no le dejaron terminar de hablar. Por mucho que lo intentara, no conseguía hacerle creer a su hermano que aquel juego no le excitaba, que sentirse bajo la completa merced de Sam para que este hiciera con él lo quisiera no le ponía demasiado. Desde luego Sam no se había tragado su burda interpretación, por lo que continuó besándole.
"¿Por qué no te cambias de asiento y dejas conduzca yo hasta la habitación?" Sam no había perdido en ningún momento la sonrisa de su rostro y por mucho que lo intentaba, Dean no lograba ponerse serio con él.
Sam salió del coche y vio como Dean, con las manos esposadas a su espalda se colocaba en el asiento del copiloto, sin quitarle los ojos de encima a su hermano por un segundo, con el rostro serio, pero la miraba rebosaba de pasión y sensualidad, a las que Sam con dificultada consiguió resistirse y no lanzarse sobre él ahora que Dean no iba a poder defenderse. Pero no quería que fuera allí, quería que su hermano sufriera un poco por no poder tocarle o acercarse a él sin tirar de si mismo a causa de las esposas.
"No tienes ni idea de lo que te voy a hacer por esto Sam." Dean observaba a su hermano mientras este conducía y a cada momento que pasaba sin poder tocarle, tan sólo mirarle, la excitación estaba creciendo dentro de él. "Cuando me sueltes te vas a enterar." Dean intentó ir hacia su hermano, pero las manos esposadas a su espalda no se lo permitieron y tiraron de él hacia atrás. Pero Sam parecía no hacer caso a sus palabras por más que insistía. "Estás jugando con fuego y ten por seguro que te vas quemar."
"Ya contaba con eso." Al parar frente a un semáforo, Sam se giró hacia su hermano y deslizó, igual que había hecho antes, su manos sobre el muslo de su hermano, apretando con fuerza, incluso casi llegando a arañarle. "Pero primero tendrás que sufrir un poco tu a mi modo." Continuó moviendo la mano hasta tocar la entrepierna de su hermano. No dejó de notar la tremenda la excitación que casi no podía contener el pantalón de Dean.
Dean tuvo que cerrar los ojos para contenerse todo lo que pudo, pues apenas podía respirar con normalidad y mucho menos tratar de decir nada, tal y como Sam estaba tocándole, tardaría poco en no poder aguantarlo más. Sin embargo, el semáforo volvió a cambiar de color, Sam apartó la mano de él y volvió a centrarse en la carretera.
"Sam, por favor…" Se le escapó sin querer al querer más de lo que su hermano le estaba dando un momento antes y no poder conseguir a causa de estar atado. Vio que Sam se reía discretamente. "¡Maldita sea, Sam!"
Como si aquel grito hubiera sido una orden para él. Sam paró el coche en seco, aunque Dean se dio cuenta que acababan de llegar a la habitación del hotel y sin bajar siquiera del coche, sin esperar un segundo más, Sam se lanzó contra él. a punto estuvo de aplastarle con su gran cuerpo, pero Dean no pudo agradecer lo suficiente poder notar una de sus manos otra vez sobre él, mientras que la otra le agarraba con fuerza el pelo, sus piernas entrelazadas con las suyas, hasta que no pudo moverse más y su boca tan sólo rozando sus labios, cuando él quería poder morder sus labios con fuerza, por lo que le estaba haciendo pasar, jugar con su lengua sobre el rostro de su hermano y alimentarse de todo lo que Sam pudiera ofrecerle.
Sin que Dean supiera como lo había hecho, Sam consiguió sentarse sobre él, con una pierna a cada lado de su cuerpo y la cabeza algo agachada para no golpearse. Se quedó mirando a su hermano. "¿Qué hubieras hecho si ese policía te hubiera seguido el juego? ¿Te lo hubieras tirado en el coche?"
"¿Aún estas con eso? Sam no pasó nada, sólo fue un juego para que me dejara en paz."
Dean suspiró con fuerza, pues ver, notar y sentir tan cerca el cuerpo de su hermano, de una forma tan íntima que podría llegar a ocurrir cualquier cosa en ese coche, como otras veces, y no poder hacer nada, estaba siendo una tortura para él, como si Sam le hubiera pegado un tiro en corazón y otras partes más sensibles en ese momento.
"Entonces no hubieras hecho nada, no le habrías besado siquiera para descubrir a que sabe el lado respetable de la ley o no le habrías esposado para controlar a un agente de la ley y hacerle lo que tu quisieras. No le habrías quitado el arma para jugar."
Otra vez sin que Dean se hubiera dado cuenta, Sam le había quitado su arma y se la mostró. "No había dado cuenta lo descuidado que te vuelves cuando dejas de pensar con tu cerebro de arriba." Sam lanzó el arma al asiento de atrás y colocó ambos brazos sobre los hombros de Dean.
"Sam, por favor…" volvió a repetir Dean casi en un suspiro, cuando se dejó caer sobre el hombro de Sam. Apenas podía aguantarlo más, pero sabía que Sam estaba disfrutando como nunca.
Sam nunca había sido celoso con él desde que estaban juntos, pero desde luego no le sentaba bien que tonteara con otros tíos y mucho menos que le tomara el pelo con eso. Ahora estaba pagando su error por eso.
Sin embargo, cuando Dean ya creía que tendría que aguantar mucho más aquella tortura con la que Sam se divertía, su hermano se quitó de encima de él, salió del coche sin decirle nada, dio la vuelta hasta llegar a su puerta y la abrió para dejarle salir; aunque lo que hizo realmente, fue agarrarlo de la chaqueta y sacarlo del coche. Con un golpe seco, pero que sabía que no le dolería a Dean, lo puso sobre el capó del coche.
"Ya que te gusta jugar con esposas, ¿Por qué no jugamos a policías y ladrones?" Sam no había perdido la sonrisa en ningún momento, pasando de un aspecto más infantil a uno más severo, pero siempre con la sonrisa en los labios, a la que Dean le costaba resistirse a cada segundo que pasaba.
Sam se acercó a él, e introduciendo una de sus piernas entre las de Dean le hizo abrirlas. Deslizó sus manos por su cintura e introdujo una en su pantalón, escuchando un pequeño gemido proveniente Dean. Dejó que su rostro desapareciera contra el cuello de Dean y mordió su piel hasta volver a escucharlo gemir.
"Esta noche estás detenido y puedo hacer contigo lo que yo quiera, porque tengo que custodiarte." Sam escuchó la risa que Dean ya no podía contener, pues por mucho que Sam lo intentaba, nunca se le habían dado bien esos juegos.
Sin embargo cuando Sam lo miró, sosteniendo su rostro con una mano y apretando con fuerza, dejó de reír, la mirada dura de Sam le había dejado casi sin respiración. "Espero que no te estés riendo de mi, porque eso sería mucho peor para ti."
Sam retiró las manos de su hermano y dejó que este se separara del coche, un momento después le hizo moverse hasta la habitación, con pequeños empujones que no hacían más que excitar un poco más a Dean.
Por fin llegaron a la habitación, sin pronunciar todavía una sola palabra, Sam abrió la puerta y antes de cerrar la puerta, empujó a Dean contra la cama, que cayó sobre ella. Todo estaba oscuro y Sam ni siquiera dio la luz, fue hasta la cama, donde se había quedado Dean y se sentó sobre él, empujándole hasta que se quedó completamente tumbado, completamente su merced por una noche. Sam se acercó de nuevo a él, hasta que sus labios casi tocaron su oído.
"Esta noche vas a ser mío porque voy a hacer contigo lo que yo quiera. Si te gusta jugar con un policía de medio pelo, ahora voy a ser yo quien juegue contigo."
