Fandom: Voltron: Legendary Defender

Pareja: Keith x Pidge (Kidge)

Clasificación: M (Adultos) [No explícita]


Parpadeó varias veces para alejar el sueño de sus ojos, y la tonalidad anaranjada y clara en sus alrededores le hizo saber que el sol estaba comenzando a salir, su luz dorada y cálida entrando por la ventana abierta. Frunció el ceño al ver las cortinas corridas, el color de la tela siendo uno que no reconocía, y entonces se percató del tranquilo latido contra su mejilla, algo cálido y extrañamente suave siendo usado como su almohada. Soltó un gruñido, incorporándose a medias y tallándose los ojos, reparando en un brazo conservándola en su lugar de manera protectora, y al bajar la mirada sintió su rostro palidecer.

El cabello negro se veía como una mancha de tinta, salpicado en la almohada blanca, y sorprendentemente no cubría casi nada del rostro de Keith, éste profundamente dormido y soltando suspiros largos a cada respiro que tomaba. Sin pensar, sus ojos bajaron hasta su pecho desnudo y su abdomen, marcado pero suavizado al estar relajado, y se detuvieron en el borde de la sábana roja, un par de centímetros más abajo que su ombligo y cubriendo justo lo que debía cubrir.

Y notar su desnudez le hizo percatarse de la suya, de inmediato recuperando un lado de la sábana y tapándose el pecho en vergüenza, mirando hacia la pared con una expresión de pánico mientras su mente procesaba que al mover la sábana tan bruscamente había descubierto brevemente su...

Sacudió la cabeza, intentando alejar el sonrojo, y poco a poco fue recordando lo que había sucedido la noche anterior, los besos tiernos y las risas nerviosas que se transformaron en jadeos entrecortados y gemidos con el nombre del otro desfigurado, los toques vacilantes que se volvieron más seguros y placenteros, los movimientos lentos que en algún momento habían perdido el ritmo y sólo perseguían el orgasmo de ambos.

Soltó el aire en una risa débil, llena de pena y su cara enrojecida al sentir lo que parecían dolores postcoito, y se retiró el cabello de la cara, dando una ojeada a la parte baja del cuerpo de Keith y comprobando que había quedado cubierto adecuadamente con una parte de la sábana antes de volver a mirar su rostro.

Había estado bien, suponía. No tenía con qué compararlo, porque noches solitarias con ella misma no eran nada en comparación. Y Keith había tenido bastante paciencia, demostrando a veces que ni siquiera él sabía lo que hacía, viéndose demasiado nervioso y dudoso y siempre preguntando si ella se sentía cómoda.

Ella tampoco se quedó atrás, y trató de reconfortarlo cada que podía, intentando animarlo y buscando lo que parecía gustarle también.

Había estado bien.

Suspiró, quedándose sin aire al mirarlo con demasiada atención, y su vista se detuvo automáticamente en sus labios entreabiertos, mordiéndose los suyos al extrañar la suavidad con la que la besaba, con la que murmuraba su nombre, con la que jadeaba y gemía.

Sintió su cara enrojecerse, las mejillas quemándole dolorosamente, pero no quería dejar de verlo, intentando guardar esa imagen por siempre en su memoria.

Sin pensarlo demasiado, se acercó para admirarlo a poca distancia, notando cómo sus pestañas parecían revolotear con su respiración, y, con cuidado de no descubrirse porque su pudor no le permitía más pena, se inclinó sobre él, dejando un leve beso en la orilla de sus labios, esperando que fuese lo suficientemente delicado para no despertarlo.

Lo sintió tensarse, oyendo un bufido, y de inmediato se separó, cubriéndose mucho más el cuerpo al verlo removerse y cubrirse los ojos con el brazo, una sonrisa amplia y estúpida curveándole la boca.

—No creí que fueses a besarme.

Sintió su rostro sonrojarse abruptamente.

— ¡¿Estabas despierto?!

Escucharlo reír solamente le hizo sentirse más apenada, y le dio un golpe con el codo, oyéndole perder el aire y viéndolo torcerse al cubrirse la parte dañada.

—Oye...

—Cállate—soltó tapándose la cara con las manos aun sosteniendo la sábana—. Sólo cállate.

Keith suspiró, y sintió su peso acercarse a ella en el colchón, su silueta cubriéndola de la luz entrando por la ventana.

— ¿Pidge...?

Sus músculos se tensaron de inmediato, un escalofrío recorriéndole la espalda con lentitud, y sentir su mano acariciar su cabello con cuidado le hizo suspirar.

—Estoy bien—contestó antes de que la pregunta saliera de su boca y le escuchó resoplar—. Es sólo...

—Katie.

Parpadeó hacia la oscuridad de sus manos, e inclinó la cabeza para mirarle, una risa baja escapándosele a él al verla con el ceño fruncido y un puchero.

— ¿Qué?

— ¿Puedo besarte?

Tragó pesado, bajando la mirada otra vez y hablando más alto de lo que debería.

— ¡Acabo de despertar, Keith!—exclamó, la cara enrojecida por la petición— ¡Estoy completamente segura que ambos tenemos un aliento horrible! ¡Y...!

—Pidge.

— ¡¿Qué?!—gritó, por fin levantando el rostro de sus manos, y quedando sin habla ni quejas al verlo sonriéndole, más hermoso y sincero de lo que había visto antes.

Entrecerró los ojos ante eso, sintiendo que era demasiado brillante para una mañana que apenas comenzaba, y le escuchó bufar, inclinándose a ella con lentitud.

—Estás radiante hoy—le comentó él, sus ojos bajando a algún punto en la sábana roja y sus dedos todavía jugando con la punta de su cabello despeinado—. Realmente quiero besarte.

Ella se encogió en hombros, notando el nerviosismo de sus acciones y palabras, y asintió con lentitud, suspirando cortamente ante su sonrisa antes de besarla, casto y corto, sintiéndolo suspirar por la nariz antes de alejarse.

—Perdón por...—comenzó él con duda, mordiéndose el labio inferior mientras sus ojos miraban hacia abajo, hacia su cuerpo cubierto por la sábana.

Ella inmediatamente lo interrumpió con otro beso.

—No hay nada qué perdonar.

Sintió sus labios curvearse, al parecer contra su voluntad, y la mano en su cabeza se enterró con cuidado en su cabello, sosteniéndola cerca y besándola con más profundidad, haciéndola arrugar la nariz ante el horrible sabor a aliento mañanero, pero de alguna manera ignorándolo ante la suavidad del beso.

Cuando se separaron, lo sintió vacilar un momento, y abrió los ojos para verlo, notando que sus ojos se mantenían pegados a la sábana roja.

—Creo que será mejor dejarlo hasta aquí—le dijo, su cara sonrojándose al alejarse de ella mientras alcanzaba la orilla de la sábana y la alzaba hasta el centro de su pecho.

Ella no pudo evitar soltar una risa nerviosa, percatándose de lo que pasaba.

—Sí...—contestó con un respiro, y dio una mirada a la puerta del baño, tragando al contar los pasos que debía dar para llegar a él—Yo... uh... quiero ir al baño.

— ¿Adelante?

Bufó y puso los ojos en blanco, volteando a él y encontrándose con su mirada atenta en ella.

—No me mires—ordenó ella con un gruñido, acercando más la sábana a su cuerpo, y él bufó, pero igual miró al lado opuesto de la habitación.

—Claro.

Se lamió los labios y se inclinó sobre él otra vez, dándole un beso rápido en la sien y rápidamente escapando al baño, escuchando su risa antes de cerrar la puerta, sin siquiera asegurarse si había cumplido la orden y seguía mirando el amanecer por la ventana.