Capítulo 26: El plan de Yasu.
Cuando Kenshin llegó a casa de Yasu, tanto Sanosuke como Aoshi estaban entretenidos mirando los ordenadores y haciendo conjeturas. Carraspeó desde el umbral de la puerta y se acercó a ellos. Puso una mano sobre el hombro de Aoshi para observar que era lo que estaban viendo y notó como el hombre se tensaba al instante. Comprendiendo que quizá había actuado mal, retiró la mano. El también recordaba un tiempo en el que no quería que nadie lo tocara.
Hasta que había llegado Kaoru, con su fiereza y esa manera tan especial de hacerlo quedar como un imbécil integral.
Sonrió muy a su pesar al recordar como había irrumpido en su vida y la había puesto patas arriba.
-Darme una buena noticia.
Aoshi gruñó casi de manera imperceptible y Sanosuke se irguió.
-Bueno... dime que prefieres primero, ¿las malas o las pésimas?
-Ninguna, pero como tengo la ligera sospecha que me las vas a decir de cualquier forma, ¿porque no empiezas por las pésimas y terminas con las malas para mejorar un poco mi día?
-Sabía que dirías eso.
Se giró de nuevo hacia el ordenador y señaló un archivo adjunto que había en una carpeta con el nombre DERROC STAT. Aoshi hizo doble clic sobre él con el ratón y se abrieron varias hojas que parecían contener planos de edificios. Kenshin entrecerró los ojos observando cada uno de ellos. No tenían nombre, tan solo estaban identificados con un número.
-¿Qué significa esto exactamente?
-Aquí viene la pésima noticia. Después de mucho discutir el hielitos y yo, –Aoshi hizo una mueca ante el apelativo que ambos hombres ignoraron –estamos casi seguros de que son planos de edificios del estado, y también hay algunos de casas y garajes. Y nos atreveríamos a decir que son de gente importante.
Aoshi resopló.
-¿Nos? ¿Te molesta si me río? –sin dejar contestar a Sanosuke se giró hacia Kenshin- No creo que sean de gente importante, estoy seguro. Y no creo que sean edificios federales, estoy convencido. Mira.
Bajó con el cursor varias páginas hasta que llegó a una de un edificio rectangular, con columnas en los laterales y cinco pisos de altura.
-¿No te suena de nada?
Kenshin observó el plano con interés. Al cavo de un rato tomo una profunda bocanada de aire antes de erguirse.
-El ministerio de justicia y nuestras oficinas.
Aoshi aplaudió.
-Punto para el jefecito.
Kenshin ignoró su sarcasmo y miró a Aoshi con renovado interés. Quería su opinión al respecto, porque sospechaba que Aoshi sabía bien de lo que estaba hablando. Por otra parte, el que hubiera conseguido descifrar los códigos de esos cacharros lo había sorprendido bastante. Aoshi era todo un baúl, y le daba la sensación que contenía muchas sorpresas.
-¿Para que crees que los tiene... o los usa?
-Y aquí es donde viene la pésima noticia. – repitió Sanosuke.
Kenshin puso los ojos en blanco.
-Cállate, Sano. Lleva viniendo la pésima noticia desde que he entrado por esa trampilla. –centró su atención en Aoshi de nuevo. -¿Y bien?
Aoshi se cruzó de brazos y le lanzó una mirada penetrante.
-Bueno... no es que el tipo lo haya querido ocultar mucho, el nombre de la carpeta es bastante elocuente.
El pelirrojo se tomó otro minuto para mirar la carpeta, frunciendo el ceño. DERROC STAT... ¡Demonios! Se agachó un poco frente al escritorio para mirarlo todo bien.
-Si es lo que creo que es, esto es una putada de las gordas. Quiero ver todos los planos, imprimirlos, y averiguar haber que coño quieren decir esos números de los que van acompañados.
Sanosuke se llevó una mano a la barbilla.
-Quizá no quieran decir nada, quizá solo sea una manera de ordenarlos.
Aoshi negó.
-No. Fíjate. Son varios números. Primero, están por orden del uno al setenta y dos, y después le añade otro número mas.
Kenshin se rascó la mejilla mientras observaba los números, Aoshi tenía razón, los primeros estaban ordenados. Los siguientes no. 1. 19 / 2.35 / 3. 70... ¿qué podía significar?
-Bueno, la pésima noticia es que estamos seguros o casi seguros de que este tío es un terrorista, y la mala que no sabemos que quieren decir los números. ¿A alguien se le ocurre algo? –añadió Sanosuke.
Aoshi se guardó las ganas de lanzarle la lata de coca cola llena en la cabeza y Kenshin se limitó a quedarse mirando la pantalla, intentando descifrar que podían querer decir esos números. Podía no ser nada, o podía ser mucho, y puesto que Kaoru dependía de que ellos lo averiguaran, no pensaba salir de allí hasta que no lo descubriera. Pero Sanosuke no era de ayuda ninguna en esos momentos. Lo apreciaba y lo quería como a un hermano, pero no estaba de humor para aguantarlo en ese momento.
-Sano, ¿podrías hacerme un favor?
-Claro, jefe.
-Ve con mi hermana, y quédate con ella. Está nerviosa y le irá bien tu compañía.
-Pero Kenshin...
-Por favor, Sano, ve con ella. Te necesita mas que yo. Puedes llevarte mi coche.–le cortó y le entregó las llaves del McLaren.
Sanosuke asintió y salió del sótano. Sabía que en esos momentos era un estorbo para Kenshin. Y él había hecho lo que cualquiera hubiera hecho en su lugar, echarlo. Pero claro, Kenshin sabía ser muy educado para decir las cosas. Lo de Megumi no era mas que una excusa barata, pero si así lo quería, estaba bien. Se quitaría del medio y lo dejaría apañárselas solo. Dolido con la actitud de su amigo, cruzó la calle y entró en el biplaza, arrancó y se encaminó a casa de Kenshin.
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Kaoru llevaba rato despierta, escuchando los sonidos de alrededor. Estaba sola. Yasu se había marchado hacia horas, pero no se atrevía a abrir los ojos. Cada vez que pensaba que estaba a salvo se encontraba al muy cabrón a menos distancia de ella de la que creía, y él volvía a inyectarle lo que fuera que le ponía. Sentía los músculos entumecidos y la columna rígida debido a la postura. Hacía muchas horas que estaba en esa misma posición. Sentía arder la piel de la espalda y estaba casi segura de que cuando se levantara de ahí, si es que lo conseguía, tendría una bonita marca de presión en la piel.
Pensó en Kenshin de nuevo. ¿Qué estaría haciendo? En el fondo de su mente tenía registrado que pasara lo que pasara, él la encontraría. Y ese pensamiento le hacía soportar mejor las largas horas ahí tendida. Por unos minutos, se permitió el lujo de pensar en el futuro. Si salía de ahí, se iría con Kenshin, lo tenía mas que claro, y con Megumi, Ayame, Yahiko y con un poco de suerte, podrían hacer que Sanosuke se declarara al fin.
Kenshin le había contado la relación que mantenía con su hermana, y eso no podía acabar mas que en boda. Estaba segura. Al fin tendría una familia. Hacía mucho que no tenía una. Estaba mas sola de lo que quería admitir, hasta que se había chocado con el arrogante de Himura. Y pensar que había querido sacarle los ojos... Claro que, se había dado cuenta, de que esa reacción, la causaba Kenshin en casi todo el mundo. Empezaban queriéndolo matar para acabar enamorados de él. Tanto hombres como mujeres. Claro, que la clase de amor, era muy distinta de la que ella sentía por él.
Lo amaba. Y él a ella, aunque no lo hubiera dicho, ella lo sabía.
Respiró hondo y se permitió lanzar una suplica.
Ven por mi, Kenshin.
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Yasu Takawa no había sido siempre igual. Hubo una época en la que había convivido en armonía con la sociedad. El problema era, que aquello a lo que le llamaban sociedad, no existía. Nadie era social así por que sí, todos tenían algún tipo de interés. Los gobiernos en especial. Él había tenido que presenciar a muy temprana edad, como el estado los dejaba a él y a sus padres en la mas absoluta pobreza, sin un hogar, ni un mísero Yen para poder comer un trozo de pan. Había visto lo que habían tenido que hacer sus padres para poder mantenerlo. Y no era justo.
Le habían exigido a su padre el dinero de unos impuestos extraordinarios sin aparente motivo. Puesto que ellos eran una familia pobre y trabajadora, su padre no se había podido permitir el lujo de pagarlos, y la solución mas fácil que encontraron fue quitarles todo lo que tenían. Embargaron cuentas y sueldos, les quitaron la casa, y aun así la suma de todo no había sido suficiente para poder saldar esa deuda.
Yasu no sabía hasta que punto era o no legal eso, ya que era un niño, pero lo que si sabía, es lo que habían tenido que pasar. El sueldo de su padre no era suficiente para pagar y poder adquirir otra vivienda, así que su madre empezó a prostituirse para poder cubrir gastos. Al poco tiempo, desapareció su padre, y no lo volvieron a ver nunca mas.
Había vivido una vida plagada de injusticias y un buen día decidió que sería él el que empezara a poner justicia en el mundo. No le importaba nada ni nadie excepto su venganza. Y entonces había aparecido él.
Un hombre alto, aunque no sabía su aspecto, ya que iba recubierto de vendas en todas las partes visibles de su cuerpo. Lo que le hizo suponer que el tipo en cuestión debía de estar quemado y que como él, tenía varios asuntillos pendientes con alguien.
Sus sospechas se confirmaron al poco tiempo, cuando él le ofreció ingresos mensuales fijos, para que no tuviera que volver a pasar hambre. Lo único que le exigía a cambio era, que llegara hasta Yahiko y que esperara sus ordenes. Y así lo había hecho. Había esperado pacientemente educando a esa rata de cloaca, y un buen día, recibió la llamada.
Tenía un trabajo que hacer. Y sabiendo que a partir del niño podía conseguirlo, ahí empezaron sus planes. Claro que jamás hubiera pensado que su propia abogada se fuera a liar con su objetivo. Eso había sido un impedimento al principio, pero luego había resultado de gran utilidad. Gracias a ella, llevaría al policía justo dónde quería. Ya se había encargado de dejarle algunas pistas, que estaba seguro, con su inteligencia, porque había que admitir que ese pobre diablo era listo, llegaría hasta el final.
Y el final le llegaría a él.
Y por eso estaba en esos momentos frente a su casa. Quería que se diera prisa en descubrir las pistas, y que mejor que darle un empujoncito. Había visto a su compañero y amigo bajarse de su coche, y de nuevo, su mente había trabajado a mil por hora.
Sería un empujón perfecto.
Procurando pasar desapercibido, se agachó y se metió debajo del McLaren. Era una lastima desperdiciar así un coche tan bonito, pero...
Se puso manos a la obra.
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Habían pasado varias horas desde que Sanosuke había abandonado la casa de Yasu y no tenía noticias de Kenshin. Sabía que si hubieran descubierto algo, su amigo lo habría llamado para contárselo. Miró el móvil de nuevo e hizo otra negativa.
Había sido Kenshin el que lo había echado de allí. Él no tenía porque ser el primero en llamar. El pelirrojo siempre tenía ese problema. Siempre pretendía que los demás fueran los primeros en acercarse a él.
Dio unas cuantas vueltas mas a ese pensamiento hasta que paro en seco. ¡Lo tenía! Creía saber para que servían los números. Pero claro, desde ahí no podía comprobarlo. ¡Demonios! Tendría que llamar a Kenshin muy a su pesar.
Cogió el móvil y le dio a llamada directa. Gracias a dios que existía esa opción, porque él no se llevaba lo suficientemente bien con el móvil como para ponerse a buscar su número en la agenda.
El pelirrojo contestó al segundo tono.
-¿Qué hay?
Su voz sonaba cansada, y a Sanosuke se le hizo un nudo en la garganta. Eran pocas las veces que había visto a Kenshin tan decaído. Esperaba poderles brindar la ayuda que necesitaban. Quizá se equivocara, pero tenía que intentarlo al menos.
-Creo saber para que sirven esos números.
Kenshin suspiró. No sabía si iba a decirle alguna de las suyas, o por el contrario esta vez tenía una buena idea. De cualquier forma estuvo dispuesto a escucharlo.
-Te escucho.
-¿Habéis mirado por casualidad si las cintas de video, o los CD'S contienen algún número en concreto? Por que yo si.
Kenshin parpadeó y miró a Aoshi con el ceño fruncido. Shinomori dejó lo que estaba haciendo para prestar atención a la conversación del pelirrojo.
-No, no las hemos comprobado aún. ¿Tu las has abierto?
Sanosuke sintió que enrojecía.
-La verdad es que no. Lo sé, porque se me cayó una de ellas y se abrió. Vi que en la pegatina de la cinta, había un número. Quizá tenga algo que ver. No se, es una sugerencia. Lo digo por si no sabéis por donde empezar.
Kenshin sonrió. Estaba clarísimo que a su amigo no le había sentado nada bien que lo mandara a casa, el tonito de irritación no se le pasaría desapercibido ni a un niño. Y que diablos, incluso a veces las personas mas brutas tenían razón. Quizá Sano había dado con la clave.
-¿Y que haces que no estas aquí con nosotros comprobando ya tu teoría?
Sanosuke rió.
-Sabía que no tardarías en reclamarme de nuevo. Ya voy para ya.
Sin darle tiempo al pelirrojo a despedirse siquiera, colgó y se despidió de Megumi. Tenían muchas cintas que mirar.
Salió deprisa de la casa y se subió al McLaren.
Megumi respiró un poco mas tranquila. Al menos ya tenían por donde empezar a investigar. Algo era algo. Se concentró de nuevo en el hilo y en la aguja y contó de nuevo los puntos que tenía que bordar. Antes de poder clavar la aguja escuchó un fuerte estruendo, y sintió el ruido de algunos ventanales de la casa al romperse. Se levantó y recorrió las habitaciones a la carrera asegurándose de que los niños estaban bien. No lo estaban, estaban tan asustados como ella. Bajaron abajo y escucharon a varios vecinos chillar:
-¡Llamar a los bomberos! ¡Que hay un hombre!¡Sacarlo de ahí!
Megumi abrió la puerta de entrada y sintió que se quedaba sin respiración.
-¡Sanosuke!
CONTINUARÁ.
Gracias por los reviews a: pali-chan (y no seas mas pesadaaaaaaaa... si no fueras mi lurach te asesinaria), Satsuki Haru (Kaoru no esta muy por la labor de sorprenderle jajaja), lunaleen, jegar sahaduta, serena tsukino chiba, Lica (uhii otra que me llama amor, soy como Kenshin gano amores poco a poco jajaja), Athena Kaoru Himura (En serio, te imaginaba haciendo esas caras y lo bueno, que me pillo recien levantada de nuevo jajaja, por cierto, tengo los dibus preparados, si si aquel que te dije, te los enviare en cuanto pueda), yessica (gracias), amary-san (mas bien gerocultora jajaja lo mio son los abueletes, ¿quién me quiereeee? ), Bake-tsuki, mai Maxwell (lo siento, tenía que defenderme de alguna manera jajaja), dark-kanae (este si llego entero) y Nadja-chan.
