Acá vengo con un nuevo capítulo, ojalá les guste. Siento estar tardandome en publicar, he tenido cosas que hacer ¬¬ Gracias por los reviews, trato de responderlos todos, pero algunos no puedo porque no me sale la opción de responder :(, pero muchas gracias! :)
PD: La historia es mía, pero los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
GRACIAS POR LEER! :) y ya quedan poquitos capítulos porque no quiero forzar la historia jejej, serán los necesarios, no alargaré, pero espero comenzar otra :)
Xoxo
Mía me miraba como esperando mi aprobación para hacer algo, le sonreí y ella se acurrucó cerca del corazón de Bella. Se quedó ahí tranquila un buen rato mientras Bella le hacía cariño en la cabecita y el Dr. Tanner y yo mirábamos desde una esquina.
-Le gusta sentir a su madre.- dijo el Dr. Tanner interrumpiendo mi momento.
-¿Usted cree que resulte?, es que solo veo que ella está ahí y no se mueve.-
-Es cosa de tiempo, la niña debe acostumbrarse, tal vez no sepa que es lo que debe hacer o cómo, es un poco distinto a los biberones.-
-¿Deberíamos explicarle?.- musité confuso.
-Lo ideal sería que se diera de manera natural, pero si no, creo que deberían buscar una forma de decirle.- dijo el Dr. Tanner, pero no alcanzó a terminar la idea, ya que escuchamos un susurro, que nos hizo desviar la atención.
-¡Edward mira!.- susurró Bella e inmediatamente me acerqué a su lado. Puse mi cabeza en su hombro y pude ver como Mía ponía su boquita en el pecho izquierdo de Bella. Era una imagen hermosa. El Dr. Tanner le indicó a Bella que ayudará a Mía apretando su pecho con una de sus manos, mientras la sostenía con el otro. Bella un poco tímida siguió las instrucciones y mi bebe comenzó a tratar de succionar.
-Bella, cariño no llores, esto es hermoso.- dije dándole un besito en la cabeza cuando vi que lágrimas caían por sus mejillas.
-Nunca pensé que sería posible.- dijo mirándome con sus ojitos brillosos.
Mía parecía estar tratando de tomar, pero a juzgar por su carita le estaba costando y se puso a llorar.
-Mami, no pedo (Mami no puedo).- comenzó a decir entre sollozos.
-Está bien bebe, pero no llores.- le dijo Bella acurrucándola en su pecho y Mía comenzó a tranquilizarse un poco, pero aún caían lagrimitas por sus mejillas.
-¿Qué sena? (¿Qué suena?).- preguntó mi bebe con su vocecita quebrada por el llanto y apuntando con su dedito el pecho de su madre.
-Es mi corazón mi amor, tú también tienes uno ahí.- dijo Bella apuntando el corazón de Mía y ella dejó escapar una risita producto de la cosquilla que le dio el contacto con Bella. Luego volvió a acurrucarse.
-Me usta (Me gusta).- murmuró Mía colocando su carita en el pecho de Bella nuevamente.
-Lamento interrumpir, pero tengo otros pacientes.- dijo el Dr. Tanner un poco avergonzado por arruinar el momento.
-Oh, está bien, ven cariño, mami debe vestirse.- dije sacando a Mía del lado de Bella y ella comenzó a hacer un puchero.
-No queo, queo domi con mami (No quiero, quiero dormir con mi mami).- decía enojada, retorciéndose en mis brazos y estirando sus bracitos hacia donde Bella.
-Cuando lleguemos a casa podrás volver a dormir con Bella, pero ahora debemos irnos, el Dr. Tanner debe atender a otros niñitos y no hagas berrinche.- le dije a Mía. Ella lo entendió, aunque con un poco de pena se acurrucó en mi hombro mientras Bella se vestía.
-Fue un gusto verlos y recuerden estimularla varias veces al día hasta que encuentre la técnica.- dijo el Dr. Tanner cuando se despidió.
Nos fuimos al aeropuerto en silencio, pero no era un silencio incomodo, sino que no sabíamos cómo expresar lo que estábamos sintiendo. Mía se había dormido de nuevo, lo que significaba que en la noche iba a estar un poco hiperactiva. Iba aún apoyando su cabecita en mi hombro y con Bella íbamos de la mano.
Habíamos pensado en pasar por la casa de mi padres, ya que estábamos ahí mismo, pero ya se nos estaba haciendo tarde, así que decidimos dejarlo para el fin de semana.
Llegamos a la casa y Mía justo despertó cuando Bella le estaba cambiando los pañales para ponerle el pijama.
-¿Cómo estás bebe?.- dijo Bella haciéndole cosquillas en los pies a Mía. -¿Quieres jugar un ratito?.-
-Shiii- Chilló Mía mostrando sus pocos dientes.
Bella terminó de cambiar a Mía y nos sentamos los tres a jugar en la cama. Tuve que hacer vocecitas de niña muy ridículas mientras jugaba y Mía se retorcía de la risa. Era adorable de ver.
Ya se estaba haciendo tarde y Mía comenzó a bostezar, así que decidí bajar a hacerle el biberón mientras Bella guardaba los juguetes de mi hija. Cuando subí, estaban las dos en la cama sentadas esperándome. Bella acababa de contarle un cuento a Mía.
-¿Y si lo intentamos de nuevo?.- dijo Bella mirando la mano con la que traía el biberón. Mía estaba distraída mirando el cuento cerrado sobre la cama.
-Está bien, pero le quitaremos la parte de arriba del pijama para que haya un mejor contacto, más apego y la taparemos con un mantita para que no le dé aire.-
-Gracias por apoyarme en esto.- dijo Bella un poco emocionada y me acerqué a su lado.
-Te amo.- dije besando su pelo y acurrucándola un poco.
-Mía, bebe, acércate.- dijo Bella y nuestra hija gateo hasta nosotros y nos abrazo.
-¿Quieres sentir el corazón de mami otra vez?.- le pregunté tomando una de sus manitos.
-Shiiii.- chilló feliz.
-Entonces enderézate para sacarte la camisetita y te vas donde Bella.- dije y Mía se incorporó y alzó sus bracitos para que le sacara la camiseta.
Bella mientras abrió las tapas y se metió debajo. Una vez que Mía estaba lista, Bella la tomó en brazos y se la acercó al pecho tapándola con el cubrecama.
-Te amo- le susurraba mientras le acariciaba el pelo a mi hija que estaba exactamente como en la tarde, acurrucada escuchando el corazón de Bella.
Después de un rato en esa posición, Bella la movió un poco y Mía volvió a intentar succionar, pero no le resultaba, no tenía la suficiente fuerza, pesé a que Bella la ayudaba. Se puso a llorar como en la tarde y decidimos darle su biberón, se lo tomó en los brazos de Bella y se quedó dormida sobre su pecho. Después de un rato Bella la dejó en la cuna, se puso la blusa y se acostó de espaldas a mí. Yo sabía que estaba triste, pero no podía hacer nada y la abracé por la espalda para dormir.
-Amor, lo intentaremos todas las veces que sea posible, ya verás como Mía lo logrará.- dije besando su hombro.
-Me frustra verla así.- dijo Bella comenzando a llorar.
-A mí también, pero ya verás que dentro de unos días lo lograran. No me gusta verte así.- dije tomándola delicadamente por la cintura, pero lo suficiente para darle la vuelta y quedar cara a cara con ella. –Ey, escucha, no eres menos mamá por no hacer esto, no te sientas mal.- dije tomando su cara entre mis manos.
-Te amo.- musitó aferrándose a mi pecho antes de quedarse dormida.
Pasaron al menos tres días más en que Mía no podía succionar bien, pero Bella ahora estaba más tranquila, ya no lloraba porque entendió que eso tomaba un poco de tiempo. Igualmente reforzaron su vínculo, Mía estaba fascinada cada vez que la poníamos sobre el pecho de Bella. Estaba maravillada con el sonido de su corazón. Un día llegué a la casa y me encontré con una linda sorpresa. Cuando entré no escuché ruido alguno, lo cual era raro ya que siempre que llegaba estaba Mía en el salón jugando y Bella mirando desde la cocina mientras preparaba algo para la cena. Subí corriendo las escaleras asustado y cuando llegué a la pieza, me quedé parado en el marco de la puerta maravillado por lo que estaba pasando.
Bella estaba apoyada en el respaldo de la cama, desnuda de la cintura para arriba, amamantando a Mía, quien tenía sus ojitos cerrados y sus manitos apretando el pecho izquierdo de Bella. Parecía que al fin había podido succionar de forma correcta. Bella la miraba con ternura y acariciaba su cabello.
-Hola amor, no te había visto, acércate.- dijo Bella mirándome con ternura.
-¿Cómo pasó?.- pregunté emocionado y poniendo mi cabeza en el hombro derecho de Bella.
-Como todos los días, solo le dije que lo hiciera como si fuera su chupete y creo que resultó.- decía Bella sin dejar de contemplar a Mía.
-Es maravilloso.-
Estuvimos en silencio y solo contemplando hasta que Mía acabo de tomar leche y abrió sus ojitos.
-¿Ya acabaste bebe?.- le preguntó Bella y mi bebe asintió con su cabecita.
-Mi usta leche mamá (Me gusta la leche de mi mamá).- chilló Mía incorporándose y estirándome los brazos para que la cargara.
-Qué bueno bebe.- dijo Bella dándole un besito en la cabeza y poniéndose la blusa nuevamente.
-¿Me echaste de menos princesa?.- le pregunté a Mía arreglando su pelito.
-Siii.- chilló y se colgó de mi cuello para llenarme de besos.
-Edward.- dijo Bella sentándose nuevamente a nuestro lado. –He tomado una decisión.-
-¿Qué ocurre?.- pregunté preocupado esperando lo peor.
-No aceptaré el trabajo, no por ahora.- dijo sin preámbulos.
-Pero, ¿por qué?, es lo que siempre has querido.- musité confundido.
-Las cosas han cambiado.- dijo tajante. –Me gustaría, solo si a ti te parece, quedarme en casa cuidando a Mía, yo podría enseñarle lo mismo que en el jardín.- musitó agachando la cabeza. –Me gustaría aprovechar al máximo el tiempo con ella.-
-Si es lo que quieres, claro que estoy de acuerdo, pero antes debes prometerme algo.- dije dejando escapar una sonrisa.
-Dime.-
-Quiero que vengan todos los días a almorzar conmigo, no me gusta tenerla lejos demasiado tiempo y a ti tampoco.- dije dándole un tierno beso en los labios.
-Es por eso que te amo.- dijo devolviéndome el beso. –Ahora, bajaré a hacer la cena antes de que se haga demasiado tarde.- dijo parándose de la cama y dejándonos a mi bebe y a mí solos en la habitación.
-¿Quieres jugar un rato con papá bebe? O prefieres ver una película.- dije separándola de mí y sentándola en la cama para ver su carita.
-¡Pedicula! (Película).- chilló aplaudiendo.
-Okey princesa, entonces te pondré una chaqueta y bajaremos al salón para no estar tan lejos de mamá.- dije tomándola en brazos.
Vimos Alvin y las ardillas nuevamente, amaba como se reía con esos monitos y luego cenamos relativamente tranquilos, ya que Mía constantemente nos pedía que le diéramos de comer de nuestros platos, a lo cual accedíamos entre risas. "Papi ame, teno hambe" (Papi dame, tengo hambre), decía cada vez tocándose la barriguita con sus pequeñas manitos y poniendo cara de pena. Montaba todo un show.
Terminamos de cenar y me ofrecí a lavar los platos mientras Bella subía a cambiarle el pañal a Mía, habíamos decidido que luego de este fin de semana le enseñaríamos a nuestra bebe a avisar para ir al baño, ya que usaba muchos pañales. Terminé y subí arriba con mis dos amores. Nos acostamos los tres a descansar, ya que era relativamente temprano y vimos una película de niños. Luego de un rato mi pequeño angelito ya estaba dormida y la pusimos en su cuna. Nos acurrucamos con Bella y nos dormimos. Planeábamos ir al día siguiente a la casa de mis padres.
Fuimos ese fin de semana donde mis padres, quienes se pusieron felices de vernos y mamá apoyo a Bella en su decisión de volver a amamantar a Mía. Tuvieron una larga charla y Bella volvió a darme las gracias por permitirle entrar en mi vida nuevamente. Fuimos a la casa de mis abuelos y anduvimos a caballo con Bella, Mía quería subirse con nosotros, quería que anduviéramos los tres y luego de un rato largo insistiendo le dijimos que si y dimos un pequeño paseo. Alice nos tomó algunas fotos. Jasper no había podido acompañarnos, ya que tenía muchas cosas para la Universidad, así que Alice se dedicó a molestarnos un poco.
Al volver a Los Ángeles fuimos a la casa de los padres de Bella por sus cosas. Tuvimos una grata corta estadía. Trataron muy bien a Mía, de hecho Renee jugó con ella mientras yo ayudaba a empacar a Bella. Cenamos allá y fue todo mejor de lo que pensé, de hecho Renee ni se molestó cuando Mía botó un poco de helado en la alfombra de la sala. De verdad mi hija la había cambiar para bien y me enorgullecía eso.
Llegamos a casa agotados, solo a tirarnos a la cama para dormir, no sin antes que Bella amamantara a Mía, que ya se estaba comenzando a inquietar porque quería tomar leche.
Los días siguientes transcurrieron de forma similar. Mía ya se había acostumbrado a tomar leche del pecho de Bella. Ya no estaba yendo al jardín y Bella le enseñaba en casa. Todos los días me sorprendía con nuevos dibujitos, estaba mejorando sus rayitas y estábamos muy orgullosos de ella. Tenía su habitación llena de estrellitas que le daba Bella por hacer bien su tarea. Le habíamos enseñado también a avisar cuando quisiera hacer pis y yo le compré un orinal rosado de barbie para que se familiarizara con el baño. Al principio lo rechazó como todo niño, pero luego, cuando se dio cuenta que era de barbie no hubo problema. Le habíamos comprado unas sandalias de goma, ya que olvidaba avisar y se hacía en los pantalones, no queríamos que estropeara sus zapatitos. A los pocos días ya solo usaba el pañal para dormir la siesta y en la noche. Había aprendido muy rápido. Eso si nos avisaba a cada rato que quería ir al baño, solo para sentarse en su trono rosado. Bueno y cada vez que salíamos teníamos que ponerle pañal, ya que solo le gustaba su baño.
Ya faltaba poco para que mi pequeña princesa cumpliera los dos años, así que Alice y mamá vinieron a Los Ángeles. Insistieron en que Bella se fuera a quedar con ellas al departamento para planificar mejor las cosas, de modo que Mía y yo nos quedamos solos.
