¡HE VUELTOOOOOOOOOOOOOOO! D: no creí que tener un trabajo formal quitara tanto tiempo, pero sí T_T Bueno, les traigo un capítulo un poco extenso, y quizás tranquilo en comparación con los demás, pero la verdad es que aquí pueden darse un par de ideas de lo que sucederá en los siguientes capítulos. :B Algunas escenas quizás se vean como si no importaran, pero en los detalles está el demonio :D así que lean bien y pueden darse una idea sobre qué les depara a los saiyajin en el futuro :D
Bueno, sin más, me despido y los dejo leyendo :D esperando me disculpen la tardanza T_T quiero terminar la fiction antes del fin del año, así que ya fijo no tardaré tanto :D
- 26 -
-¡Alguien traiga el oxígeno!, ¡está teniendo una convulsión!-
-¡Doctor, la sala está casi lista!-
-Entraremos así como está. Este hombre morirá si no es operado de inmediato-
-¿Operado?-
-Enfermera, no disminuya la presión que le está haciendo en la cabeza, de lo contrario la hemorragia se expandirá-
-¿Hemorragia?-
Estaba acostado en una cama, de ello estaba seguro, ¿pero entonces por qué se estaba moviendo? Tenía los ojos abiertos, pero sólo miraba sombras que lo acompañaban, le estaban preguntando cosas, le decían que se quedara con ellos –¿En dónde estoy?- quiso preguntar, pero lo único que logró salir de su garganta fue un gemido gutural, y lo siguiente que supo fue que estaba vomitando sangre. ¿Por qué nadie notaba que tenía los ojos abiertos?
Su mente quedó en negro, y cuando regresó en sí, tenía una mascarilla de oxígeno en la cara. La sombra más cerca de él parecía estar dándoles órdenes a los demás. –¿Qué está pasando?- preguntó, pero parecía que sólo en su cabeza.
-Corten su armadura- logró escuchar a la sombra que era del jefe. Era un hombre. –Oh por Kami-sama, que otros doctores vengan, esto puede tardar mucho más-
-Pero doctor, los demás están en su descanso…-
-¿Recuerdas lo que dijo el otro guerrero? Este hombre es el príncipe, si muere, nosotros morimos con él-
¿Entonces era una operación? Sintió cómo le retiraban su armadura, y entonces sintió aún más dolor. Su cabeza parecía que iba a explotar, su rostro ardía por completo, y el resto de su cuerpo le dolía demasiado.
-Debemos suturar ahora, o morirá desangrado. Pónganle anestesia-
-Pero doctor, está demasiado débil-
-Éste es el mejor hospital de todo el Universo. Si no lo operamos, morirá; pero si lo operamos, es probable que sobreviva-
-Señor, los otros doctores están ya en las operaciones-
-Llámenlos igual, necesito a uno más aquí con nosotros-
–No. Salven a los demás primero- quiso decir, pero la anestesia surgió efecto a los segundos…
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Bulma veía a Trunks dormir. Era increíble lo mucho que había crecido en apenas tres meses. Era obvio que los bebés saiyajin se desarrollaban un poco más rápido. Era bueno haber tenido experiencia con las otras madres de híbridos, pues ahora sabía lo que le esperaba. Se recostó en su asiento y vio por la ventana, en la lejanía se podían ver dos enormes estrellas que le hacían de soles, y un planeta enorme trasladándose a su alrededor.
-Supongo que llegaremos pronto- murmuró. Vio su cabina. Tres de los cuatro muros eran blancos, pues uno de ellos era negro, justo donde estaba su enorme cama de casi 3 metros de largo y otros 3 de ancho. Tenía una pequeña sala donde podía ver a la enorme ventana que le mostraba lo que sucedía en el exterior, un tocador que usaba para maquillarse y planficiar proyectos que pensaba realizar en el futuro. Tenía su propio baño con azulejos blancos de distintos tonos de azul, con una tina construida con un material que ella jamás había visto.
Alguien tocó la puerta, y ella se puso de pie. No quería despertar a su pequeño hombrecillo. El mayordomo le había llevado el almuerzo, y aprovechó a preguntarle si sabía a cuánto estaban para aterrizar al lugar donde Enkiridera la llevaba.
-Estamos a dos o tres horas, señorita- le respondió el hombre de escasa estatura –La princesa Enkiridera se tuvo que ir junto con unos yadrat, parece que tenía algo importante que hacer. Pero ya la están esperando en el planeta-
-Gracias- respondió. Durante ya casi 4 semanas habían viajado. Enkiridera se había aparecido frente a ella con Knip, diciéndole que debía ir a un planeta lejano para que luego partiera a Namekusei sin llamar la atención. Onidua se despidió de ella entregándole un tierno osito de peluche de seis brazos que ella misma había tejido, y ahora Trunks no se despegaba del pequeño juguete.
Dejó el almuerzo en la mesa de la sala, y se sentó en el enorme sofá donde podía apreciar el Espacio Exterior. Frente a ella se encontraba la cuna de Trunks. Lanzó un bostezo al aire, pues no había podido dormir bien durante tres días. A Trunks le habían dado cólicos y ella tuvo que permanecer despierta casi noches enteras para asegurase que su hijo se recuperara. Cuando abrió los ojos de nuevo, la nave había terminado de descender en el planeta de los dos soles, en medio de un enorme desierto que parecía no tener fin. Trunks estaba ya sentado en su cuna, mordiendo la oreja de su osito, y lucía impaciente.
–Me alegra ver que ya estás despierto- le dijo tiernamente. Le dio un baño rápido, le colocó un pañal nuevo que ella misma había inventado, y lo vistió con un trajecito completamente blanco, con el logo de los saiyajin tejido en la espalda.
Cuando el mayordomo la ayudó a descender de la nave, no pudo evitar sentirse nerviosa. Su pulsera antigravitatoria se ajustó al planeta, cuya gravedad era justa como la de la Tierra –Es como estar en casa- pensó por un segundo.
Llevaba un atuendo espacial que se ajustaba a su figura. No podía permitir que la vieran con una ropa holgada, debía dar una buena primera impresión. Frente a la nave la esperaban tres hombres y tres mujeres, todos de 1.80m de alto o un poco más. No pudo evitar sentir un poco de envidia, ¡todos eran extremadamente atractivos! Tenían la piel canela y tersa, rasgos finos en el rostro, ojos rasgados y de colores como verde, celeste e incluso grises. Las mujeres llevaban suelto el cabello negro, y los hombres lo ocultaban debajo de un turbante. Sus ropas eran holgadas, con cinturones que denotaban sus cinturas, y estaban montando hermosos caballos negros que parecían de cuentos de hadas.
Uno de los hombres se bajó de su corcel, y se acercó a ella con un rostro pasivo, y por un instante sintió que sus ojos verdes penetraban su alma, y esas cejas tan marcadas lo hacían ver todavía más masculino. Tenía unas pestañas tan negras que incluso al más guapo de los modelos lo haría envidarlas; una barba corta y bien cuidada que no lo hacía ver desagradable. Su turbante era beige, al igual que la camisa que llevaba, haciendo resaltar el pantalón y sudadero azul que tenía puesto. Pero cuando sonrió, Bulma no pudo evitar notar que todo se quedaba corto en comparación a esa sonrisa tan perfecta.
-Es un gusto conocerla finalmente, princesa saiyajin. Me llamo Roma, y es un placer tenerla aquí conmigo- dijo, hincando una rodilla, tomándole la mano y plantándole un suave beso –Y él debe ser el primer heredero al trono saiyajin-
–Se llama Trunks. Di hola- dijo ella, pero el pequeño se aferró más al brazo de su mamá, parecía estar un poco huraño.
El hombre se puso de pie sin dejarle de sonreír –Espero le guste su estadía en mi palacio. Quizás no es nada en comparación con la riqueza saiyajin, pero la mía no fue construida a base de asesinatos-
Bulma se esforzó por sonreír, quizás el comentario no había sido dicho con mala intención, pero no pudo evitar sentirse un poco ofendida.
-Le trajimos un carruaje tirado con nuestros mejores caballos. Imaginé que sería más cómodo-
Bulma subió sin más al transporte, y Trunks pareció ir mejorando su humor poco a poco. A veces se parecía mucho a su padre, especialmente cuando no estaba de buen ánimo. Vio por la ventana, y no podía observar nada más que enormes dunas de arena, árboles marchitos, animales que parecían zorros cazando un extraño conejo de patas alargadas, y unos cuantos oasis dispersados de manera aleatoria.
-Ya casi llegamos- le dijo una de las mujeres que iba cabalgando al lado del carruaje –¿Puede ver aquella construcción?-
Bulma vio hacia adelante, y en efecto había un enorme muro de más de 7m de alto que parecía rodear algo. Y frente a ella se hallaba un enorme río que parecía atravesar todo el desierto, rodeado de árboles y casas –Parece un espejismo- murmuró asombrada. Y mientras más se fue acercando, pudo notar que un tipo de castillo de cristal estaba atrás de la gran muralla.
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Podía escuchar los sonidos afuera del Tanque. Sus recuerdos eran piezas sueltas sin encajar. Recordaba la llegada de los enemigos, los saiyajin confiados luchando sin transformarse al inicio... Recordaba a Cooler, la luna artificial, a los yadrat teletransportando a todos los saiyajin posibles fuera del planeta, el sabor de la sangre ajena en su boca… por último sólo podía recordar el dolor en su ojo izquierdo cuando fue extirpado en pleno combate.
Había gritado y rugido, de eso estaba seguro. El perder su ojo era un precio pequeño a cambio de haber logrado salvar al resto de habitantes de su planeta, fuesen saiyajin o no. No estaba consciente de quiénes se habían salvado, ¿Bardock había logrado sobrevivir?, ¿qué había de Taro y Celery? Sólo recordaba vagamente haberlos visto desaparecer en el combate en cuanto se volvieron oozaru. Nada más.
Intentó mover su mano hacia donde había perdido el ojo, pero estaba tan cansado que no pudo siquiera mover un solo dedo. A pesar de sentir cómo su energía se recuperaba lentamente, su cuerpo todavía parecía estar debilitado del combate. Le dolía, sentía como si tuviera adentro de su ser cosas que no le pertenecieran, y su cabeza no paraba de palpitar. –Mi hermano no habría salvado a nadie- pensó, intentando hacerse sentir mejor –Hice lo mejor que pude para salvarlos a todos-
-Pero no fue suficiente- sonó otra voz en el fondo de su cabeza… ¿era Vegeta quien le hablaba?, no, era diferente, ¿acaso era su padre? No, tampoco era posible, pero sabía que era de alguien que conocía… quizás sí era la de su hermano, sólo él podía ser tan tóxico.
Lo único que podía hacer ahora era dormir… A veces soñaba con la batalla que habían tenido contra Cooler, pero otras veces con Suno, ¿cómo estaría ella?, ¿lo seguiría esperando? También soñaba que luchaba contra Vegeta, y éste lo abatía a golpes hasta dejarlo inconsciente, tal y como lo había hecho en la arena del combate del CEG ya hacía bastante tiempo. Era uno de los recuerdos que lo perseguían, y el otro era cuando Turles lo había traicionado y dado por muerto. Si no hubiera sido por Suno, él habría fallecido congelado o desangrado.
-Despertará pronto- sonó una voz detrás del cristal –Su estado físico está ya casi perfecto.- Era la voz del doctor, la reconocía muy bien –El ojo que le construí no debe darle ningún problema, pero no es ése el órgano que me preocupa, sino su cerebro. La hemorragia que tuvo puede dejarlo un poco afectado y no sé cuáles serán sus repercusiones-
-¿Ojo construido?- Ahora recordaba la operación. Apenas había sobrevivido la extirpación por parte de Cooler, y a partir de eso sus recuerdos se habían borrado. Eso explicaba el ardor que tenía en el rostro, ¿le quedaría una cicatriz? Intentó sonreír, siempre había imaginado que una herida así lo haría lucir más imponente. ¿Y qué había de malo con su cerebro?
-Esto le hará recordar que hay poderes que no puede combatir por sí solo-
¿Celery?, ¿era ella la que hablaba? Era bueno saber que había sobrevivido, no podría sobrellevar el hecho de ver a Calíbono solo.
-Estaré en la habitación de al lado. Necesito descansar.- Escuchó decir al doctor, y luego la puerta se cerraba. Ya en la habitación sólo quedaba Celery.
Ella le hablaba ahora a él personalmente, ¿sabía que estaba medio consciente? La escuchaba darle el reporte de lo que había estado sucediendo desde que habían llegado al planeta donde actualmente estaban. El Planeta Pital. También le informaba que una gran cantidad de aliados habían llegado a guardar el planeta en caso de peligro… le hablaba como si no estuviera herido, como si estuviera en perfecto estado frente a ella. Se lo agradecía mucho.
-No eres un rey, no tienes madera para serlo- decía la voz de su hermano mientras escuchaba a Celery. Se esforzó por seguir lo que ella decía. Quería enterarse de todo, pero la voz de Vegeta se lo estaba haciendo difícil.
Lo más doloroso fue escuchar cuántos habían fallecido. Por más que había intentado retrasar que Cooler usara su técnica para destruir el planeta, la mitad de los saiyajin habían muerto en combate, y algunos otros por heridas graves. Los ikonda básicamente se habían extinguido del Universo, únicamente quedaban tres… muchos de los herajin, bajo el mando de Pea, sobrevivieron con dificultad, utilizando naves para escapar en el último momento… los que habían salido intactos eran los kabochan, quienes, bajo la orden de Daiz, habían logrado salir ilesos, huyendo justo cuando todo comenzó. Celery había enviado varios soldados saiyajin a buscarlos, y los habían encontrado en la Tierra… parecían esperar órdenes, y Daiz declaró que esperaban a que Tarble se recuperara. Tarble tenía la esperanza que el príncipe kabochan recordara que él lo había salvado de morir de inanición en la cárcel, a pesar que Celery e incluso Taro habían insistido en acabar con Daiz para evitar problemas o futuras traiciones.
Quería seguir escuchando, pero la voz de su hermano lo estaba ahogando. Había comenzado suave, como un susurro detrás del vidrio, pero ahora su voz sonaba tan fuerte como si lo tuviera al lado. Y el dolor en su cuerpo no le hacía fácil la lucha para poder concentrarse.
-No eres un príncipe. No eres un saiyajin. No eres nada más que un error que nació y cobró la vida de mi madre. Eres demasiado inservible para vivir; demasiado insignificante para morir…-
-No-respondía él, ¿estaba hablando realmente con su hermano o era un sueño? –Soy yo quien liderará a todos para un tiempo de paz-
-No- le respondía la otra persona –Eres tú quien los hundirá- Cuando la voz de su hermano hablaba, sentía una gran presión en su cabeza, como si ésta fuese a explotar, y era en esos momentos donde volvía a dormir, intentando no sentir más dolor.
La oscuridad lo rodeaba ahora, por más que se movía no podía ver nada más que el color negro. No sabía si tenía abiertos o cerrados los ojos, lo mismo daría. No podía ni siquiera ver sus manos. Corría y corría, volaba y volaba, y no había nada más que oscuridad. La voz lo perseguía, como si estuviera dentro de su mente. Cuando pensaba que ya no lo atormentaría, regresaba llena de más odio y rencor. A veces escuchaba la voz de Celery y Taro hablándole desde la lejanía, pero éstas sucumbían, tragadas por la negrura que lo rodeaba. Cuando el dolor de su cuerpo era demasiado fuerte, su mente viajaba por los recuerdos del subconsciente… regresaba hasta recordar cómo había sido su vida antes que Bardock lo llegara a buscar, diciéndole que era necesario para la salvación de su raza… -Lo odias- decía la voz que presumía era de Vegeta –Odias a Bardock por haberte apartado de la vida tranquila que conocías…-
-No, no lo odio- respondía él, pero tanto él como la voz de su hermano sabían muy bien que eso no era enteramente cierto.
A veces soñaba con Trunks, y la voz callaba, pero cuando soñaba con el hijo de Okkra, la voz regresaba -Tú sabes muy bien la verdad. Puedes ver la diferencia entre ambos niños... sabes bien quién es el que tiene que estar en el trono- le decía, mientras en sus brazos cargaba al príncipe de sangre pura. Con cola, ojos negros como la noche y cabello oscuro como todo saiyajin… luego miraba a Trunks, sin su cola ni otro rasgo saiyajin, pero a pesar de eso, era el híbrido quien era el vivo retrato de Vegeta.
Finalmente, luego de sentir una eternidad, una pequeña luz había aparecido arriba de él. Usó lo que le quedaba de fuerzas para volar hacia ella, pero había un poder que lo estaba jalando hacia abajo y no le permitía agarrar velocidad.
-Tengo que salir de aquí-
-¿Qué de bueno harás si lo logras?-
-Tengo que intentarlo, no puedo dejar esto a la mitad. Quiero terminarlo-
-Sólo terminarás muerto. Deja que alguien más se encargue de eso-
Tarble se detuvo, podía ver la luz todavía, pero ésta se alejaba poco a poco. Era cierto, él no tenía madera de guerrero, seguramente Freezer lo mataría… quizás no valía la pena salir a flote. Era mejor dejar que la historia siguiera el curso. Que Kakarotto matara a todos los enemigos, y los saiyajin desaparecieran del Universo. Que su hermano terminara de nuevo como príncipe, y que su sobrino Trunks tuviera una vida alejada de las batallas. Quizás quedarse de brazos cruzados era lo mejor…
-Eso es-dijo la voz–No hagas nada. Deja que el miedo se convierta en tu escudo-
Tarble vio la esfera de luz de nuevo, la cual era ya un punto diminuto en la lejanía. Apretó los puños. –No- dijo, sin saber que sus labios se había movido, haciendo que la enfermera que lo observaba corriera a despertar al doctor. –He tenido miedo desde que Bardock me encontró. El miedo me ha mantenido atado… he dejado que otros me manipulen. No más.- Y sin decir una palabra, se abalanzó hacia el punto de luz, ignorando que su cuerpo parecía gritarle que se detuviera a causa del dolor, el cual lo desgarraba desde adentro. La voz lo seguía persiguiendo, pero poco a poco fue sustituida por la de Taro y Celery, y justo cuando alcanzó la luz que provenía de un agujero, dirigió la mirada hacia el fondo del abismo. Y allí, en la oscuridad, pudo ver el rostro del dueño de la voz. No era Vegeta, ni era su padre, era el suyo.
El vidrio del tanque donde se encontraba estalló debido a la liberación de su energía, el líquido se regó por todo el piso, y el joven príncipe comenzó a tragar bocanadas de aire, como si se hubiera estado ahogando y ahora estuviera respirando finalmente luego de una eternidad. El doctor entró corriendo, y detrás de él iban Celery y Taro, sorprendidos por el espectáculo. El rastreador de la saiyajin explotó cuando intentó medir el poder del príncipe, y una sonrisa se formó en su rostro.
El doctor finalmente se atrevió a acercarse, pues cuando Tarble levantó la mirada, quedó petrificado. Parecía un animal que recién acababa de escapar de un encierro. Sacó su pequeña linterna y le pidió al joven príncipe que siguiera la luz. Ambas pupilas se contrajeron, y el doctor no pudo estar más complacido con el resultado.
-Necesito que nos hable de lo recuerda, ¿sabe quién es usted?, ¿sabe dónde está?, ¿qué es lo último que recuerda?-
Tarble logró estabilizar su respiración. Su mirada se posó en sus dos manos, moviendo los dedos lentamente, deleitándose poder seguir con vida. Desenrolló su cola, y ésta se movió de un lado a otro libremente. Subió la mirada al hombre con bata blanca que tenía enfrente y abrió la boca para hablar –Soy... Estoy en el Planeta Pital…- comenzó a decir, mientras finalmente se ponía de pie, a pesar de sentir sus piernas tambaleando –Estoy en el Planeta Pital… y soy Tarble, el príncipe saiyajin, y futuro rey- dijo, levantando la mirada, donde se podía ver un atisbo de furia en ellos.
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Una enorme nave flotaba cerca del Planeta Pital. Era un regalo del embajador de un planeta del Este. Tenía capacidad para albergar a 1,000 pasajeros con holgura y lujos; contaba con pequeñas áreas para entrenar, para comer y descansar. Incluso tenía una piscina. Todo el interior estaba cubierto de una madera tan elegante que hacía lucir a las maderas preciosas como el roble, el caoba, el nogal y el ébano patéticas en comparación. Celery había dispuesto que esa nave fuera la que Tarble usaría. Los saiyajin que habían sobrevivido, ya estaban instalados allí, esperando a que el príncipe se recuperara por completo y a que diera la siguiente orden. Ya había comandado dar aviso de su bienestar a todos los seres posibles; aparentemente no quería darle a Cooler la satisfacción de siquiera creer que lo había matado.
En el sector de habitaciones que no se usaba, muy al fondo, habían tres guardias cuidando un cuarto. Estaban de pie, rígidos como si fueran estatuas, portando las nuevas armaduras blancas con capas grises que usarían ahora en el nuevo imperio saiyajin.
-¿Escuchaste lo del príncipe? Finalmente se recuperó-
-Dicen que luce diferente- respondió una saiyajin –Se ha estado reuniendo con varios embajadores, que quieren contratar nuestros servicios como mercenarios en sus guerras-
-Ya sea por dinero o por un coño, incluso sólo por satisfacción yo aceptaría cualquier propuesta- bromeó el otro guardia.
Kale, que estaba del otro lado de la puerta, cargando al hijo de Okkra, frunció el ceño al escuchar eso. ¿Así que el pequeño hermano de Vegeta finalmente había despertado? Quizás en la Familia Real sí corría sangre un poco más resistente que en los demás –Entonces tú serás así o más de indestructible- le murmuró al bebé, que jugaba con su propia cola.
Okkra estaba sentada en la cama, secándose el cabello –Pásame al bebé- ordenó.
Kale la vio intrigado –¿Qué pasa?-
-¿Qué no lo hueles? Ya se ensució de nuevo-
Kale arrugó la nariz al percatarse del olor, quizás Okkra tenía mejores instintos maternos de lo que demostraba –Puedo hacerlo yo si quieres…- comenzó a decir, pero con una mirada entendió que la saiyajin quería hacerlo esta vez –Ten-
Okkra tomó al bebé en sus manos con la mayor delicadeza posible. Kale no pudo apartar la mirada de ambos, era obvio que esto de ser madre era completamente nuevo e inesperado para Okkra, tanto que seguía sin saber cómo cambiar el pañal. Rió suavemente, ganándose una mirada fría de su compañera –Lo siento- dijo intentando no reír más –Es sólo que… déjame, te enseñaré-
-Yo soy su madre- le respondió a la defensiva, a lo que Kale se limitó a sonreírle.
-Lo sé, y por eso te enseñaré a cambiarle el pañal a tu hijo-
Okkra dio dos pasos hacia atrás para permitirle a Kale acercarse al cambiador. La saiyajin observó los movimientos del guerrero; mil veces lo había visto combatir y asesinar con esas mismas manos que ahora se movían con precisión y delicadeza. Sintió como si su corazón se encogiera. No era justo que estuvieran así ahora, encerrados, sin siquiera saber con certeza lo que sucedía afuera. Deberían estar sentados en el trono, ella con su bebé, y Kale al lado como Mano Derecha. En algún momento de su juventud también se imaginó a Vegeta sentado junto con ellos, gobernando con mano de hierro, pero desde que la zorra de esa terrícola había llegado, la imagen del joven príncipe había desaparecido de su final deseado.
-Listo- dijo Kale, cargando al bebé de nuevo –No sé cómo logra cagar tanto siendo tan pequeño-
Okkra quiso reír, pero las voces afuera de la habitación la detuvieron. Alguien había llegado. A los pocos instantes, la puerta se abrió. Celery fue la primera en pasar, seguida por Caulier y luego por Tarble. –Así que realmente sobrevivió- pensó un poco desilusionada; si él hubiera muerto, ahora su hijo sería el heredero directo al trono.
Kale vio a cada uno de los recién llegados, luego dio un paso al frente e hincó una rodilla –Alteza- dijo, intentando no sonar tan lleno de odio como se sentía.
Okkra tomó al bebé en sus brazos e hizo una mínima reverencia, ganándose una sonrisa pretensiosa por parte de Celery. Tarble le devolvió el saludo y le indicó a Kale que se pusiera de pie –No estoy aquí para levantarles su aprisionamiento- dijo viendo hacia toda la habitación –Aunque esto no se puede considerar como tal.- El lugar era lujoso; poseía una enorme cama donde cabían tres hombres del tamaño de Taro, una bella cuna tallada en madera cerca de la ventana, su propia cocina con bar incluido, alfombras con telas finas, muebles decorativos con algunos libros y lámparas minimalistas, y detrás de una puerta se encontraba un baño con unos azulejos tan bellos que parecían esculpidos por alguna deidad. A pesar que habían estado allí casi por semanas, seguro no era nada incómodo.
-¿Entonces por qué estás aquí?- preguntó Okkra, no reprimiendo en lo absoluto el desprecio que sentía hacia el nuevo príncipe.
Tarble la vio detenidamente a los ojos, y luego desvió la mirada hacia el pequeño –Vengo por él-
Okkra acercó al bebé a su pecho –¿Para qué lo quieres? No me digas que lo matarás por ser un peligro para tu puesto como sucesor-. Una sonrisa se esbozó en los labios del príncipe, y Okkra supo que Tarble ni siquiera lo había considerado como una amenaza.
–Kurbis es muy pequeño para estar alejado de su madre- intervino Kale, poniéndose frente a Okkra y el bebé –Creo que lo mejor es que se quede aquí-
Tarble vio a Kale, y luego a Okkra, para luego poner la mirada de nuevo en el saiyajin. La sonrisa que tenía en los labios parecía ahora delatar que estaba disfrutando de una broma privada –Ya veo- dijo solamente, sin quitarle de encima la mirada a Kale, moviendo los dedos de su mano derecha, como si fuese un tic nervioso.
-Ten- dijo Okkra, acercándose a Tarble, y poniendo al bebé en sus brazos –Si me entero que algo le sucede…-
-Tiene una mirada muy fría- dijo Celery, viendo al bebé –¿Se llama Kurbis? Creí que lo llamarías Vegeta, ya sabes, sólo para que no quedaran dudas-
Tarble no apartó la vista del bebé. Se limitó a darse la vuelta y salir de la habitación sin decir ni una sola palabra más. Caulier lo siguió, y Celery le sonrió a Okkra –No te preocupes, Tarble no es del tipo de saiyajin como lo era Vegeta. No matará al bebé sin importar los resultados-
-No hace mucho te ordenó a que me amenazaras poniendo una mano en mi vientre para matarme- le recordó la saiyajin.
-Es una suerte que Kale te tenga tanto afecto, ¿no crees? Es algo que debes apreciar... mientras puedas- le respondió su antigua compañera de equipo con su típica sonrisa burlona.
Kale y Okkra quedaron solos de nuevo en la lujosa habitación que hacía de celda. Kale se viró, visiblemente molesto –¿Por qué se lo entregaste?- le preguntó enfadado –¿Qué no sientes nada por el bebé?-
-¿Es que acaso no lo sentiste?-
-¿De qué hablas?-
-Él tenía decidido matarte. Por años me esforcé por entender las miradas de Vegeta, saber cuándo estaba molesto, tranquilo, incluso excitado… la mirada que Tarble tenía ahora se parecía mucho a la que Vegeta usaba cuando estaba por asesinar a alguien para demostrar algo-
-Es imposible, Tarble nunca ha tenido el valor para matar a alguien sólo porque sí-
-Algo cambió- le aseguró Okkra, sentándose en una silla que tenía cerca –Sea lo que sea que sucedió contra Cooler y en el tiempo que tardó en recuperarse, parece que su temor por matar se ha desvanecido-
-No me importa morir si con eso te protejo-
Okkra levantó la mirada y le sonrió a Kale con burla –¿Y luego qué esperabas que yo hiciera?, ¿luchar contra Caulier, Celery y Tarble mientras intentaba que no me arrebataran a Kurbis?-
-Eres la saiyajin más poderosa, Okkra, lo habrías logrado-
-Y también soy una saiyajin realista- dijo exhalando –Tarble te iba a matar. Entregué a Kurbis para salvarte, al menos me lo puedes agradecer. Celery lo dijo, el bebé no morirá-
-Hablas de él como si fuese sólo un objeto- le espetó –Es tu hijo, maldita sea, al menos finge que te importa-
Okkra frunció el ceño –Me importa- respondió, pero Kale pareció no escuchar.
-Ni siquiera sé por qué te volviste madre. Cada vez que terminaba dentro de ti, te espantabas, incluso abort...- cerró los labios con fuerza –Ni siquiera lo pensaste, Okkra. No dudaste quedar embarazada de Vegeta, mientras que a mi hijo lo mataste antes de que siquiera pudiera dejar de ser una célula…-
-No hables de lo que no sabes, Kale- le respondió ella, poniéndose de pie y acercándose lentamente –No creas que fue fácil- dijo suavemente –Me habría gustado tener a tu hijo, pero…- hizo una leve pausa, intentando ocultar el pequeño quiebre en su voz –No fue fácil. Se supone que yo sería la reina de los saiyajin, la madre de Vegeta me designó para que yo lo fuera, pero ese idiota prefirió a una simple humana sobre mí… así que no tuve opción…- rió con amargura –Sacrifiqué todo, y mira dónde acabamos-
Kale la tomó de las muñecas con fuerza y la pegó a su cuerpo –Mataré a Tarble, a Vegeta y a su bastardo híbrido y te sentaré a ti en el trono-
Okkra le sonrió –¿Y luego qué?-
-Luego tú gobernarás mientras Kurbis llega a una edad adecuada, y cuando él sea el rey, vigilarás que no haga ninguna idiotez. Y yo estaré a tu lado, viendo todo, asegurándome que nada malo suceda-
-No digas tonterías, Kale-
-No son tonterías- respondió él, un poco ofendido –Mataría a cualquiera por ti, y lo sabes-
Okkra se rió suavemente –Ya no importa. Dentro de poco seguro regresarán y nos matarán. A los tres-
-¿De qué hablas?, ¿a quiénes tres?-
–Ésta es la traición más grande que cometí, y lo peor es que te arrastré conmigo. Tú siempre pagas por mi culpa, Kale. Y ahora Kurbis también lo hará- le dijo con un ligero tono de arrepentimiento.
Kale quiso decir algo, pero la puerta de su habitación se abrió de golpe. Caulier entró de nuevo, y detrás de él diez guardias armados de pies a cabeza –Okkra, Kale, serán movidos a unas nuevas celdas para prisioneros como ustedes. Su destino será decidido por el mismo príncipe Tarble-
Kale frunció el ceño, y como si todo hubiese encajado en su cerebro, sus pupilas negras se dilataron y vio a su compañera con incredulidad –Dime lo que hiciste, Okkra- le preguntó, mientras tres guardias le agarraban los brazos y lo alejaban de la saiyajin –Maldita sea, Okkra, ¡no me puedes hacer esto ahora!- le exclamó, pero la mujer simplemente desvió la mirada avergonzada, mientras otros cuatro guardias la agarraban a ella y la dirigían hacia afuera.
-¡Suéltenla!- gritó el saiyajin –¡No le pongan ningún dedo encima!- se soltó del agarre de los tres saiyajin, pero Caulier finalmente se puso frente a él, propinándole un golpe en el estómago, haciéndolo caer de rodillas –No… no la aparten de mí- balbuceó, intentando recuperar el aire –Ella… no a ella…-
-Lo siento, Kale- murmuró la saiyajin, no segura si su compañero la había escuchado, pues éste parecía que perdería el conocimiento en cualquier momento. Cuando pasó al lado de Caulier, se detuvo, dirigiéndole una mirada fría –Hagan lo que quieran conmigo, pero dejen libre a Kale. Él no sabía nada- dijo con voz queda –Él y Kurbis son lo único puro que tengo-
Caulier la vio con indiferencia –No creí que pudieras preocuparte por alguien que no fueras tú- le respondió –Tienes suerte, el príncipe Tarble es más benevolente de lo que crees. Kale simplemente será desterrado- se encogió los hombros –O eso haría Tarble de seguir siendo el mismo- murmuró suavemente, viendo al otro saiyajin de clase alta luchar por ponerse de pie y defender a la mujer a quien él tanto quería.
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Dos figuras se movían con discreción entre la multitud. Era el mercado de una ciudad de piedra, donde se sabía que la sobrevivencia era dura si no te llevabas bien con los gobernantes del planeta. Ventas de carne, de esclavos y esclavas, de comida, de naves, de soldados vencidos, de repuestos mecánicos, medicina y animales exóticos se veía bajo las carpas de los tenderos. Idiomas de todo tipo, seres de cada rincón de la Galaxia del Norte.
-Esto puede tomar mucho tiempo- dijo uno de los dos hombres con su voz grave –Es mejor que comiences a averiguar ya-
El otro le respondió con una risa y un asentimiento de cabeza. Ambos iban cubiertos con ropa holgada, tradicional del planeta para no llamar la atención; usaban zapatos de tela, capas de color beige, y turbantes. El más bajo comenzó a hacer preguntas de tienda en tienda, esperando conseguir algo, aunque fuese un indicio de lo que había sucedido con el Planeta No. 79, el cual ahora ya sólo era polvo cósmico. La información lo llevó de un lugar a otro, como quien se dirige a un callejón sin salida, pero en el último intento logró llegar a un pequeño edificio donde se almacenaba licor a base de hierbas, el cual tenía una tienda medicinal en la planta baja.
-No creo que consigas aquí la información que quieres- dijo el ser verdoso alto.
-Te equivocas, Piccoro- respondió Kakarotto –Éste es el lugar justo donde encontraré respuestas-
Ambos abrieron la puerta, y una pequeña campanilla sonó. El recibidor era pequeño, y daba hacia un pasillo de piso de madera, iluminado con lámparas de papel. Y a ambos lados del pasillo había plantas en macetas, plantas colgando, y otras metidas en tarros. Los muebles de madera también tenían plantas encima. El olor era fuerte, incluso dificultaba un poco la respiración. En el fondo del pasillo se hallaba un mostrador, y un gato gris, con la pata vendada y bigotes que llegaban hasta el suelo; apenas levantó la cabeza al escuchar la campanilla, y rápidamente volvió a sucumbir en el sueño.
-No veo cómo alguien este lugar nos ayudará- dijo Piccoro mientras caminaban por el largo pasillo hacia el mostrador; y a un lado de éste se hallaban unas diminutas gradas, donde ni siquiera Kakarotto podría pasar. Todo era de madera y bambú.
-¿Hola?- exclamó Kakarotto, y una pequeña voz respondió diciendo que en un momento bajaba. Cuando el dueño del local descendió, se toparon a un niño gato, con pantalones que le llegaba hasta la rodilla, y un chaleco abierto, cubierto con restos de grama.
-¿Si?- preguntó un poco desconfiado al ver a Kakarotto, quien supo de inmediato que su olor lo había delatado como saiyajin.
-Estamos aquí porque queríamos preguntarte si sabes algo sobre lo que sucedió en el Planeta Número Setenta y nueve…-
-Explotó- fue la respuesta seca del chico –Es fácil de verlo-
-¿Sabes cómo pasó?-
-¿Qué no tuviste tú algo que ver con eso?-
-Creo que me confundes…- dijo Kakarotto, tan sorprendido por la acusación como Piccoro. Ambos habían estado viajando durante casi un mes luego del combate de Vegeta; recién habían llegado y no tenían ni idea de lo que había sucedido.
El gato que adormitaba lanzó un maullido al chico, y éste vio con menos recelo a Kakarotto –Quizás tienes razón, el otro tenía una piel más oscura, y no venía con un namekuseijin-
-¿El otro?, ¿alguien que lucía como yo?, ¿cuál era su nombre?, ¿era Bardock?- preguntó un poco acelerado ante la noticia -¿...O tal vez era Turles?-
-No nos dijo su nombre, sólo quería unas plantas en específico- dijo acercándose a un mueble de madera con pequeñas gavetas. Comenzó a abrir una por una hasta encontrar lo que quería –Buscaba esto- dijo enseñándoles unas hojas secas amarillentas –Son plantas raras, encontradas cerca de los cráteres de este planeta. Ayudan a controlar la ansiedad-
-¿Había alguien más con él?-
-Sí, otro saiyajin… pero me dio la impresión que no estaba en sus cabales. Alzaba la voz en momentos inesperados, y luego hablaba muy bajo, casi imperceptible. Si me lo preguntas a mí, parecía al borde de la locura-
-¿Cómo diablos terminó Turles con Broly?- se preguntó Kakarotto. La idea era terrorífica… la mayor fuerza del universo guiado por uno de los más grandes manipuladores. Lo que podían alcanzar juntos seguro estaba lejos de ser algo positivo. –¿Ellos destruyeron el planeta?-
-No lo sabemos. Pero poco antes de su aparición, el planeta del Amo Freezer explotó-
-¿No escuchaste algo más de su plática?-
-Lo único que sé es que el que tú llamas Turles estaba empecinado en ir a un planeta lejano, pero no dijo el nombre-
-Pero ellos dos no fueron los únicos saiyajin que vinieron- agregó el viejo gato, sentándose con dificultad, arrastrando sus bigotes. Kakarotto se sorprendió un poco, pues pensaba que era un gato común y corriente. –Poco después, vino otro preguntando una nave… dijo que habían terrícolas adentro de ella, pero cuando se enteró sobre los otros dos saiyajin, su interés se enfocó en ellos-
-¿Terrícolas?- preguntó Kakarotto, incrédulo. ¿Quién era el tercer saiyajin? –¿Dijo algo más el otro saiyajin?, ¿o cómo era?-
-Intentó sacarme toda la información sobre el tal Turles, incluso me desolló la pata- dijo levantando la izquierda cubierta con una venda amarillenta –Su sonrisa era horrenda… nunca había visto a alguien así. Si tú hueles a muerte, él apestaba a cadáveres, y parecía disfrutar mi sufrimiento-
Kakarotto quiso decir que era Rhubarb, pero no tenía sentido, ¿por qué él estaría buscando la nave de Milk en lugar de estar al lado de Vegeta o en el Nuevo Planeta Vejita?, además Rhubarb era uno de los que había estado en contra del Escuadrón Terrícola, seguramente le causaba alegría el saber que estaban desaparecidas, ¿entonces por qué las estaba buscando ahora? No tenía sentido. Él sólo hacía misiones así de distantes cuando Vegeta se lo ordenaba, y tenía menos sentido que el mismo príncipe le hubiera ordenado que fuera a buscarlas.
La campanilla de la puerta sonó, indicando que había otros clientes. El niño gato se olvidó del saiyajin y namekuseijin, quienes se quedaron hablando con el gato viejo. –¡Bienvenidos!- saludó alegremente el chico –¿En qué puedo servirles?-
Eran dos hombres de piel color turquesa, con joyas en el cuello, muñecas y orejas. El que tenía sólo cabello en medio le arrojó dos monedas de oro al suelo –Si con esto no guardas silencio que estuvimos aquí, entonces tendremos que matarte, mocoso-
El gatito los vio asustado, pero rápidamente tomó el dinero y asintió con los ojos llorosos. Los dos hombres se adentraron más hasta llegar al mostrador, donde Kakarotto se giró para verlos –Te estábamos buscando, saiyajin-
Kakarotto frunció el ceño, ¿eran herajin fugitivos o enviados de Pea? Piccoro se puso en posición de batalla, y el gato viejo maulló aterrorizado, huyendo por una ventana –No sé quiénes sean, pero éste no es el lugar adecuado para pelear- advirtió el saiyajin.
Ambos herajin se vieron entre sí y rieron –No venimos a pelear, saiyajin, estamos aquí porque tu príncipe te está buscando. Llevas un mes desde que se supone venciste a Vegeta y no se ha sabido de ti-
Kakarotto se calmó un poco –Tuve… tenía algo que hacer-
-Espero hayas terminado, porque ahora vendrás con nosotros- dijo sacando un pergamino que llevaba en su chaleco, y se lo lanzó al namekuseijin –Es mejor que vengas por las buenas-
Kakarotto sonrió –Todavía no he terminado de…-
-Iremos- interrumpió Piccoro –Enseguida saldremos con ustedes. Nuestras naves están en el punto 054-K-
Los dos herajin asintieron y salieron sin decir más, ignorando al niño gato que estaba escondido aterrado detrás de unas plantas. Kakarotto se viró hacia Piccoro, un poco molesto –¿Por qué dijiste eso, Piccoro? Sabes muy bien que todavía no he encontrado a Milk y a…-
-Eso ya no importa- le espetó el namekuseijin –Son órdenes directas de tu príncipe-
Kakarotto se cruzó de brazos. Esto arruinaba sus planes. Se supone que Vegeta ya estaba bajo su custodia, ¿para qué lo querían ahora? Tenía cosas más importantes sobre sus hombros. –Bien, regresemos al Nuevo Planeta Veji…-
-Ya no tienes planeta- dijo Piccoro. Kakarotto se quedó petrificado al escuchar eso, ¿Cómo que ya no tenía planeta? Tomó el pergamino y leyó todo una y otra vez, no creyendo lo que sus ojos miraban. Su planeta había explotado en mil pedazos debido a un ataque sorpresa de Cooler, más del 80% de su raza había muerto; pero lo que causó que sintiera un vacío en su estómago fue no leer nada sobre sus padres… ni de Bulma… nada de nada.
El viaje fue más largo de lo esperado, a pesar que no hicieron paradas. Los dos herajin se fueron en animación suspendida, mientras que Kakarotto y Piccoro se mantuvieron despiertos, cada uno entrenando a su estilo en su propia nave. Pasaron por planetas desolados, otros que parecían estar siendo habitados nuevamente… lluvia de meteoritos, varios soles y varias lunas. No tardaron en darse cuenta que poco a poco más naves aparecían yendo en la misma dirección. Todos con el logo de los saiyajin pintado.
Llegaron al punto donde el radar no mostraba ningún planeta, sólo asteroides flotando junto a chatarra –Es el cementerio espacial- dijo Piccoro por la radio –Nunca había venido hasta este lugar-
Pero no se detuvieron, pasaron el cementerio, donde a Kakarotto le dio la impresión que los observaban. Finalmente, luego de dos semanas de viaje sin descanso, divisaron un planeta pequeño como Marte. Justo en los confines de la Galaxia del Norte, casi en el límite de la Galaxia del Sur. Con un centenar de naves varadas, rodeando el planeta como si lo estuvieran resguardando.
Aterrizaron no muy lejos de las pocas construcciones que había en el planeta. El lugar era árido, con montañas sin ninguna planta en ellas, con casas talladas entre las rocas. Fuentes ventiscas de polvo, árboles marchitos, y la escasa luz que llegaba al planeta, debido a su lejanía con la estrella solar, haciendo que el planeta estuviera sumido en constante penumbra. Y allá en la lejanía se observaba una enorme construcción como una torre de piedra, con aberturas redondas que le hacían de ventanas. Más que una edificación hecha por criaturas vivientes, parecía haber sido hecha por la misma naturaleza inclemente de ese planeta.
Mientras se acercaban a aquella torre, Kakarotto se topó con que, en efecto, no había muchos saiyajin con vida. Alrededor de 80 energías de su raza podía percibir… intentó no alterarse al darse cuenta que, en efecto, la energía de su madre y la de Bardock no estaban en el planeta… incluso buscó la de Raditz, con la esperanza que él supiera algo, pero ni siquiera su infeliz hermano estaba allí. Piccoro se percató del cambio de energía de su compañero, pero no comentó nada; a él también le habían dicho que, en un momento de la historia de Namekusei, su raza había estado al borde de la extinción, y él se había salvado debido a que su padre lo había enviado a la Tierra en el momento justo. Podía imaginarse lo acongojado que debía estar Kakarotto en ese momento.
Habían más criaturas en el planeta, muchas acampando en carpas frente a la construcción en forma de torre. Alguien incluso había improvisado un bar en pleno campamento, y no era de extrañarse que los pocos saiyajin sobrevivientes estuvieran cerca de dicho lugar, embriagándose, riendo y fornicando de manera no tan discreta como Kakarotto habría querido.
-¡Eh, Kakarotto!- saludó uno de clase baja de quien no recordaba el nombre –Te dábamos por muerto. Escuchamos que venciste a Vegeta, pero no lo creíamos-
Kakarotto no quiso hablar del tema. Tenía cicatrices en el cuerpo que le recordarían por el resto de su vida que apenas había logrado sobrevivir ese encuentro. Siguieron caminando hasta llegar a la torre. Dos enormes guardias de piedra que parecían gárgolas abrieron las puertas de lo que ahora ya parecía más un palacio al estar cerca. En el vestíbulo había más gárgolas decorativas, y algunos saiyajin riendo y charlando. En cuanto Kakarotto cruzó la puerta, todo se silenció, y todas las miradas se posaron en él mientras atravesaban el lugar. Quiso preguntar por lo que había sucedido, pero los herajin no se detuvieron, por lo que él y Piccoro los siguieron sin disminuir su caminar. Atravesaron el vestíbulo y luego llegaron a un pasillo que estaba vacío, y donde al fondo se hallaba una enorme puerta de más de cinco metros de altura.
-Es aquí- dijo uno de los herajin –Su Alteza está del otro lado de aquella puerta. El namekuseijin esperará aquí con nosotros. Tú, saiyajin, tú eres el que debe entrar-
Kakarotto asintió. Tardó unos segundos en decidirse a caminar; su corazón estaba acelerado por las respuestas que podía obtener del otro lado de esa puerta. Otras dos gárgolas de piedra se movieron al verlo cerca, y abrieron las puertas que rechinaron e incluso hicieron temblar un poco el castillo. Había algo raro en todo en todo ese planeta, y su instinto más primitivo se lo decía. Entró al lugar, que rápidamente lo identificó como un Salón. Las columnas eran de casi diez metros, toscanas; el piso era de concreto, cubierto con una alfombra roja que lo guiaba hasta el trono. Caminó en silencio, sintiéndose observado, como si hubieran muchas más personas allí, pero sólo había una adentro junto con él. La escasa luz apenas entraba por unas diminutas ventanas redondas, pero en el fondo, justo en el trono, no había nada más que dos antorchas que apenas iluminaban su alrededor.
Allí, sentado en un enorme asiento de piedra rústica, estaba alguien. Tenía una pierna cruzada, una enorme capa que parecía absurda, uno de los brazos estirado de manera relajada, mientras que usaba el otro para recostar su cabeza… y en su rostro, el ojo izquierdo parecía brillar en la oscuridad. Lo escuchaba murmurar algo, como si estuviera hablando con alguien, pero sólo él estaba allí.
Kakarotto se terminó de acercar, e hincó una pierna en el suelo –Alteza- dijo, no sabiendo cómo tratar a Tarble.
Tarble levantó el rostro, un poco sorprendido –¿Kakarotto? Cierto, dijeron que vendrías- se levantó de su asiento –Vamos, ponte de pie- dijo acercándose al otro saiyajin.
Era la primera vez que ambos se veían desde hacía mucho tiempo. Y el soldado de clase baja no pudo evitar sentir como si estuviera frente a un Vegeta más joven. Su armadura parecía de acero, con el símbolo de los saiyajin forjado en el pecho, y la enorme capa roja que doblaba la estatura del saiyajin. Guantes y botas blancas, y el elegante rastreador holográfico en su ojo derecho.
-Pea envió dos herajin en tu búsqueda. Me sorprendí al escuchar que no estabas en ninguna parte. Se supone debías permanecer con mi hermano hasta que él estuviera aquí en nuestras manos-
Kakarotto no respondió nada, ¿qué podía decir? Era cierto, había ignorado esa parte, y había preferido ir en busca de la nave de los terrícolas… en busca de Milk.
Tarble rió y se acercó más –Sea lo que sea que te hizo no cumplir, debe de ser importante- dijo con un tono más relajado –Ahora que estás aquí, podremos llamar a los demás- dijo, activando su rastreador, y a los treinta segundos entró una hermosa saiyajin que parecía no mayor de veinte años, cabello liso hasta los hombros, pómulos ligeramente marcados, ojos finos y pestañas pequeñas. Lo que le llamó la atención a Kakarotto no fue nada físico, sino su poder de pelea… era casi nulo. La chica no era una guerrera, era de los saiyajin que nacían sin ninguna habilidad para los combates –¿Qué hace alguien como ella aquí?- se preguntó, intentando disimular su asombro, ¿cómo es posible que una saiyajin así se salvara, y su padre y madre, incluso su hermano, no estuvieran en ninguna parte?
-¿Me llamó, Alteza?- dijo con una voz suave.
–Hazme el favor de llevar a Kakarotto a la reunión. Llegaré en unos minutos, sólo… quiero estar solo unos minutos…-
-Sí, Alteza- dijo la saiyajin joven, girándose hacia Kakarotto –Sígame-
Kakarotto caminó detrás de la saiyajin, quien lo guiaba por unos pasillos de la segunda planta. El lugar seguía siendo tétrico, y todavía tenía la impresión que alguien lo observaba desde las paredes, pero no podía sentir ningún ki. Detuvo su caminar de golpe, haciendo que la saiyajin lo hiciera también.
-¿Sucede algo?- preguntó la chica.
-¿No lo escuchas? Hay un bebé y está llorando-
–No escucho nada-
-¿Segura?- preguntó cerrando los ojos, intentando buscar el ki del bebé.
-Sigamos- dijo Parusuley, cortando el tema. Caminaron por pasillos con unas cuantas ventanas que apenas iluminaban el camino hasta llegar a una enorme puerta de piedra resguardada por otras dos criaturas como gárgolas –Aquí lo están esperando, Su Alteza vendrá en unos minutos-
Kakarotto entró a un salón donde había una larga mesa de piedra de 4 metros de largo, con sillas del mismo material; y sentados en ellas se encontraban Celery, Caulier, Taro, Pea y saiyajin llamado Cligar, famoso por ser uno de los más atractivos, y un verdadero héroe en la guerra contra Broly, pues él había sido quien distrajo al Legendario Súper Saiyajin para que los otros lo congelaran… y por eso había perdido el brazo izquierdo.
Celery le lanzó una mirada de desdén hacia Kakarotto –Hay cosas que no cambian- pensó el recién llegado. Taro se acercó a saludarlo, tan feliz como siempre; Caulier le dio una palmada en la espalda como saludo, y le hizo unas preguntas corteses de cómo había sido su viaje. Pea y Cligar se limitaron a saludarlo con un movimiento de cabeza.
Kakarotto vio a cada uno de los presentes. Dos saiyajin de clase alta, dos de media y dos de baja contándolo a él. -Finalmente vino el último miembro- dijo Pea, viendo a Kakarotto –Muero de ansias por saber cómo estuvo el combate contra Vegeta-
–¿El último miembro de qué?-
-¿Qué no es obvio, clase... idiota?- dijo Celery –Somos el nuevo Consejo Saiyajin-
Kakarotto se sorprendió y quiso preguntar sobre qué hacía él allí, pero la puerta se abrió y Tarble entró. No podía evitar sentir que la energía del príncipe era un poco diferente, más fuerte, menos emocional, pero no era la energía de alguien frío como Vegeta. Lo que sí podía confirmar es que estaba inestable, pues su ki era extremadamente irregular.
-Veo que ya le dieron la bienvenida- dijo el príncipe, con un tono calmado.
-No comprendo- dijo Kakarotto –Vegeta desmanteló el Consejo años atrás…-
-Vegeta ya no está con nosotros- lo interrumpió Celery –Ahora sus leyes pasan a ser obsoletas o modificadas. Y tú estarás en el Consejo nuevo-
Kakarotto vio a Tarble, quien le sonrió como respuesta –Es un gran honor. Imaginé que aceptarías-
-Parece que no tengo opción- musitó –Mi pa… Bardock siempre fue miembro del Consejo, él sería mejor que yo. Como saben, su habilidad para ver el futuro no es hereditaria- comenzó a decir, esperando conseguir algún indicio del paradero de su progenitor.
-No son las visiones lo que queremos, sino experiencia- dijo Tarble –Y al ser el saiyajin que venció a mi hermano, el asiento aquí es tuyo-
-No lo vencí- dijo un poco molesto –Apenas sobreviví a esa batalla…-
-Eso es lo de menos- intervino Cligar –Sobrevivir un combate con el mismísimo Vegeta ya es una victoria-
–Tal vez te motive más el saber que los saiyajin ya no seremos conquistadores. He decidido que intervendremos en guerras para terminarlas; no tomaremos bandos y no las comenzaremos más- dijo Tarble –Ése es uno de los cambios que haré... entre otros…- dijo con una voz queda, que lo hacía sonar cansado.
–¿Y los demás están de acuerdo con ello?- No tenía nada en contra, pero simplemente tampoco le parecía que esa mentalidad fuese aceptada tan fácilmente por el resto de sus compañeros.
-Esto no está a debate- dijo Tarble –Es la decisión que he tomado, y tendrán que seguirla-
Kakarotto frunció el ceño. Por un instante, el nuevo príncipe se pareció mucho a su hermano mayor. Quizás Tarble tenía más en común con Vegeta de lo que realmente aparentaba. Claro que el antiguo príncipe jamás habría siquiera pensado en ordenarle a los saiyajin que dejaran de matar; incluso los hostigaba para que lo hicieran con más crueldad. Tenía una cicatriz en la espalda que le recordaba la vez que Vegeta le enseñó que un saiyajin no perdonaba una vida, sino la tomaba con sus propias manos.
Pea se encogió de hombros –Hemos seguido a Vegeta por tanto tiempo a ciegas, que es hora de un respiro nuevo-
-No será la primera vez que apostamos a seguir a un líder sin saber hacia dónde nos llevará- intervino Cligar –Si alguien tiene una queja, puede venir a nosotros, y entonces decidiremos qué hacer con esa persona-
Caulier simplemente estaba callado, con los dedos entrelazados, observándolos a todos. Era el único que sabía de política, y ésa era una de las razones por las que Celery lo había elegido para estar allí. Como buen conocedor de los temas, sabía que debía de escuchar antes de dar alguna opinión.
-Así que los saiyajin seremos ahora como… pacifistas- dijo Kakarotto con un tono de ironía.
Pea rió –No sé qué tan pacifistas podremos ser. Nosotros sólo intervendremos en peleas que se salen de control, no llegaremos a detener las guerras en el nombre de la paz; lo haremos porque nos encanta demostrar que estamos por encima de los demás- hizo una pausa mientras miraba a Kakarotto con su único ojo –Hasta cierto punto, hacer esto de mediadores en las guerras nos pone en un puesto casi como el de unos dioses-
-Algo así como dioses de la destrucción- bromeó Celery.
Cligar asintió, Taro rió en alto, y Caulier se limitó a sonreír. Él había visto ya al Dios de la Destrucción en una ocasión en que éste visitó al fallecido Rey Vegeta, y sabía que había una brecha enorme para llegar a ser unos verdaderos dioses. –¿Qué opinas, Kakarotto?- preguntó.
-Combatir únicamente para matar a los que pueden pelear…- dijo como incrédulo –Seguro Vegeta se estaría retorciendo con tan sólo escuchar eso-
-Hablando de Vegeta- dijo Pea –Tenemos un pequeño problema con él. Queremos que vayas a traerlo a donde sea que lo tienen-
–¿No se supone que está acá con ustedes encarcelado?- preguntó Kakarotto un poco desconcertado.
Tarble lo vio un poco sorprendido, pero fue Celery quien respondió con su típica frialdad hacia él –No- espetó –En cuanto te fuiste, Enkiridera se tomó la libertad de llevarlo a algún planeta para tenerlo bajo su custodia. Aparentemente lo quieren enjuiciar-
Kakarotto se sorprendió al escuchar eso, -¿Enjuiciar a Vegeta? Eso no se supone que…-
-Eso pasó porque no te quedaste a vigilar lo que sucedía- le recalcó la saiyajin de clase alta.
-No me culpes- se defendió él –Habían bastantes soldados saiyajin allí, ellos estaban más que capacitados para defender la nave o decidir ignorar la orden de esa mujer-
-Enviamos ya un equipo a buscarlos a todos- dijo Pea, intentando detener la discusión que estaba por estallar –Pero no hemos conseguido contactarnos con ellos. Necesitamos que tú vayas por él y traigas a todos los demás también. Es necesario que todos estemos presentes para la coronación del príncipe-
-¿Coronación?-
Celery se viró de nuevo hacia Kakarotto –¿Es que no estás enterado de nada, idiota?-
Kakarotto sintió cómo la sangre se le subió a la cabeza, ¿qué tenía ahora ella en su contra? Siempre habían tenido una enemistad, pero nunca había sido tan tóxica como ahora. Sin darse cuenta, comenzó a aumentar su poder, viendo a Celery con furia. Si ella sólo entendía con la fuerza, entonces así sería. –Perdóname, Fennel- pensó, seguro que su amigo debía estar riéndose desde el infierno.
–Calma, calma- dijo Taro –No es necesario que seas tan brusca, Celery. Kakarotto apenas está llegando, no tiene por qué saber todos los detalles. Tú eres la nueva Mano Derecha, pero no todos están tan enterados de lo que pasa como tú-
Kakarotto palideció al escuchar eso, ¿Celery era la Mano Derecha? Era como si Vegeta hubiese tenido a Rhubarb como consejero principal. Definitivamente debía quedarse en ese Consejo, no podía permitir que alguien como ella hiciera su voluntad cuando Tarble no estaba presente.
-¡Suficiente!- dijo Tarble, con una voz firme –No necesitamos que te ofusques por eso, Celery- dijo viéndola con seriedad.
Celery frunció el ceño, pero pareció calmarse -Perdón, Alteza-
Tarble sonrió de nuevo y le dedicó una mirada larga y cansada a Kakarotto –Me coronarán como rey de los saiyajin- explicó -He decidido que gobernaré yo-
Kakarotto frunció el ceño. Bueno, era lógico; si Vegeta era despojado de sus derechos, ninguno de sus hijos podía ocupar el trono, pero aun así no se imaginó que Tarble era del tipo de sujeto que le robaba el derecho a un par de niños.
-Antes de eso, quiero que mi hermano esté ya bajo nuestra custodia- agregó el futuro rey.
-¿No sería mejor que Vegeta se quedara lo más lejos posible?- preguntó Kakarotto. No lo quería decir en alto, pero teniéndolo cerca siempre había riesgo que algunos que no querían ser pacíficos decidieran apoyarlo y liberarlo. Y con los pocos saiyajin que quedaban con vida, una guerra civil seguro acabaría extinguiendo la raza de manera definitivamente.
-Si permitimos que tengan a Vegeta y que lo sometan a juicio sin que digamos algo sobre ello, es como decirles que no tenemos independencia- dijo Tarble –No me importa los riesgos, pero mi hermano estará bajo nuestra custodia. Pedí los planos a unos constructores para que edifiquen la mejor prisión del Universo. Pero previo a eso quiero que…-
La puerta se abrió, y la saiyajin bonita de antes dio un paso hacia adentro, viendo a Tarble y haciéndole un movimiento con la cabeza. El joven príncipe se puso de pie –Bien… tengo que retirarme- dijo un poco cansado, y uno de sus brazos pareció tambalear un poco –Iremos a liberar un planeta del que interceptamos una señal de ayuda, y luego tú te encargarás de traer a mi hermano-
–¿Pidieron específicamente que fuéramos nosotros hasta ellos para salvarlos?-
-No- respondió Tarble, acomodándose la capa –Pero una vez que vean de lo que somos capaces los saiyajin, las peticiones comenzarán a llover. Celery, prepara todo para ir a la misión del Planeta Midori. Iremos sólo un puñado de hombres, el resto se quedará aquí-
Los presentes se quedaron callados hasta que Tarble salió del lugar –Se ve mejor que hace un mes- dijo Taro.
–¿Qué sucede con él?- preguntó Kakarotto –No puedo evitar sentirlo… diferente-
-Nada que te involucre- dijo Celery –Ahora tenemos que asegurarnos que la misión salga bien. Enviaremos saiyajin y algunos reclutas nuevos para asistir al príncipe-
Pea se puso de pie –Propongo que Kakarotto lo asista también- dijo viendo al joven con su único ojo –Realmente tenemos que comprobar si vale la pena o no el que esté en el Consejo-
Caulier asintió –Me parece buena idea-
-Yo también iré- dijo la saiyajin tuerta –Algunos herajin están un poco ansiosos, así que esto les vendrá bien-
-Todos estamos así- se quejó Celery –Pero está bien, ve tú y encárgate que todo salga bien. ¿Alguna duda?-
–¿Qué hacemos en este planeta tan lejano?, ¿dónde está Bulma?- preguntó Kakarotto en su cabeza mientras observaba a todos los miembros del Consejo –¿Dónde está mi familia?- quiso preguntar, pero las palabras quedaron atoradas en su garganta.
Kakarotto tuvo que ponerse la nueva armadura que era emblema del cambio de autoridad saiyajin. En su opinión era demasiado blanca, pero debía admitir que el rastreador nuevo era un lujo, incluso podía jurar que era creación del Dr. Brief. Esperó dos días a que partieran en la misión, consiguiendo información por todas partes. Nadie sabía qué había sido de los saiyajin que no estaban en el planeta, pero algunos juraban que soldados heridos habían sido enviados a un planeta distante luego de ser dados de alta del Planeta Pital, especialmente las saiyajin que estaban embarazadas. Pero nadie sabía nada sobre Bulma y Trunks, y no le agradó darse cuenta que muchos de sus compañeros estaban aliviados por su desaparición, pues debido a las características tan humanas del pequeño hijo de Vegeta, no estaban muy entusiasmados que éste fuese el nuevo príncipe heredero. Con ello se enteró que el segundo heredero sí lucía como un saiyajin completo, ¿entonces por qué Tarble quería quitarle su derecho al trono? Quizás temía que el hijo de Vegeta resultara tan terrible o peor gobernante que su padre. Aunque Vegeta había sido un ejemplo de saiyajin, era obvio que alguien como él al mando era un peligro para todo el Universo.
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Tarble despertó de golpe, sudado y agitado. Había tenido otra pesadilla. Buscó en la mesa de noche una pastilla y la tomó sin necesidad de agua –Fue sólo un sueño- murmuró, agarrando su cabeza con ambas manos –Sólo un sueño. Nada de eso fue real-
-Oh, pero lo será- dijo una voz en su cabeza. Las alucinaciones se habían vuelto cada vez menos frecuentes, pero era difícil combatirlas en las noches. A veces incluso veía a otro saiyajin con su rostro parado al pie de la cama; cerraba los ojos, contaba hasta diez y cuando los abría de nuevo no había nadie más.
Intentó ignorar la voz, se puso de pie y lavó su rostro con agua fría –Todo está en mi cabeza- murmuró, viendo el agua correr. No quería cerrar los ojos, podía soñar de nuevo, y no era nada placentero. Celery le había dicho que Vegeta solía tener pesadillas también, ¿acaso su hermano también era agobiado por voces en su cabeza? Vegeta era lo suficientemente solitario como para que nadie supiera lo que pasaba con él… quizás ni siquiera Bulma.
Cerró el grifo de plata, y cuando levantó la mirada hacia el espejo que colgaba sobre el lavamanos, vio su rostro ensangrentado, sin su ojo izquierdo. Su cuerpo reaccionó sin que él lo pensara, y con el puño cerrado golpeó el espejo, quebrándolo en mil pedazos, y haciendo que su mano quedara con heridas.
Horas después, la puerta de su habitación se abrió, y una hermosa saiyajin joven entró –Alteza, ya es hora… ¿Alteza?- preguntó preocupada. Buscó con la mirada en la oscuridad, y halló al joven príncipe. Estaba sentado en la orilla de la cama, dormido con la cabeza en una posición incómoda.
-¿Alteza?- preguntó acercándose a Tarble, pero éste no dio señales de siquiera escucharla; pero mientras más se acercaba, más lo escuchaba hablar en su sueño.
-No… Cooler…- decía el joven saiyajin –No… no a Suno…-
-Alteza- llamó la saiyajin con una voz más fuerte, haciendo que el príncipe abriera los ojos lentamente.
-Pars…- balbuceó, todavía con medio cerebro dormido –¿Estás en mi sueño?-
-No, Alteza, es hora de su medicación- le dijo suavemente, sacando una pequeña inyección de su armadura –¿Está listo?-
Tarble estiró su brazo derecho, y la saiyajin se sorprendió al ver su mano. En los nudillos se podía ver que la piel había sido rasgada hasta el punto de ver el hueso, y tenía trozos de vidrio insertados –¿Qué sucedió?- preguntó, abriendo la pequeña maleta que llevaba con ella y sacando un botiquín. –Extienda la mano. Esto le dolerá- dijo, poniéndose una mascarilla blanca sobre la boca y la nariz, untando alcohol en un par de pinzas y procediendo a extirpar los restos de cristal.
Tarble no gritó, simplemente se quedó viendo lo que la saiyajin hacía –Tuve un sueño- murmuró, y Pars no supo si se lo decía a ella o hablaba consigo mismo –Cooler atacó la Tierra, pero sólo mató a una persona… la tomó con su cola y le quebró el cuello… yo me quedé con los brazos cruzados… sentado en el trono… observando todo sin parpadear-
-Fue sólo un sueño, Alteza- dijo Pars sin apartar la vista de la mano, la cual seguía atendiendo, sorprendida que Tarble no parecía reaccionar ante el dolor.
-Creo que estaba muerto-
-¿Quién?-
-Yo. En mi sueño. ¿Cómo es posible que permita que alguien mate a la mujer que me salvó la vida y no sentir nada por ello?-
Pars apretó los labios –No lo sé, Alteza- dijo terminando de vendar la mano –Está listo. Esto servirá mientras preparo el Tanque. Lo haré yo misma.- tomó de nuevo la inyección, limpió con algodón una zona del brazo de Tarble que ya estaba un poco morada, y lo inyectó. El líquido entró dentro de las venas del príncipe, y éste pareció finalmente sentir algo –Todo estará bien, Alteza-
Tarble la tomó del brazo y la vio directamente a los ojos, ya completamente despierto –¿Cómo puedes aceptar a un príncipe que necesita medicamentos para no sucumbir…?-
Pars le sonrió con dulzura –Porque creo en usted, Alteza. Mi padre murió siguiendo las órdenes del príncipe Vegeta… ¿y para qué? El príncipe luego explotó el planeta con mi madre en él todavía- suavemente le colocó la mano en el rostro a Tarble –Creo que usted salvará a la raza saiyajin-
Tarble se sonrojó un poco, y cuando quedó sólo en su habitación, colocó su propia mano en donde Pars se la había puesto. Se puso de pie y se acercó a la ventana, viendo hacia el cielo, que lo ayudaba a calmarse. Todos los del consejo, a excepción de Pea y Kakarotto, se habían quedado en el planeta que actualmente estaban ocupando, preparando todo para la coronación, la cual sería en un planeta a seiscientos años luz de la Tierra.
A pesar que había sido difícil, al final la decisión había sido tomada. Tenía la impresión que eso era lo ideal. Con ideas pacifistas, y abandonando todo lo que a conquistas se refería, estaba seguro que ya nadie planearía destruir a los saiyajin, por lo que habitar cerca de la Tierra ya no era ningún riesgo… en teoría. Celery invitaría a todos los príncipes, princesas, reyes y reinas del resto de planetas. La celebración duraría diez días, un poco más corta que la coronación de su padre cuando éste se volvió rey. Habría un festín tan grande que por eso mismo habían decidido tomar un planeta con vida, pero ninguna raza dominante, por lo que no tendrían que luchar en lo absoluto. Los saiyajin estaban ya ansiosos, pues habían combates diarios durante la festividad, y muchos bebés eran concebidos durante la celebración. Algunos incluso nunca conocían a sus padres, y no era para más decir que algunos híbridos también eran concebidos… pero pocas veces lograban sobrevivir el primer año, pues el gen saiyajin no parecía congeniar bien con todo tipo de razas.
Tarble llevó su mano izquierda su cabeza –Espero estar bien para esta misión- murmuró, y no consiguió que ninguna voz le respondiera. Eso era un buen indicio. Todavía tenía que ir a la enfermería para que terminaran de reparar su mano herida, pero tenía bastante tiempo todavía.
Vio por la ventana del castillo hacia el espacio. Debido a las insistencias de Celery, había optado por no ir al Planeta Midori, pues su recuperación seguía sin estar completa. Apretó el puño donde estaba herido –¿De qué sirve un líder que no puede comandar al ejército?- balbuceó, y cerró los ojos con fuerza, intentando no permitir que las lágrimas cayeran. Estaba frustrado. Y no podía hacer nada para repararlo.
Dos días después del incidente, no paraba de ser acosado por Celery en relación a su coronación. Las tradiciones saiyajin dictaban que fuese el guerrero más fuerte quien usara la corona, y para eso Tarble debería combatir y demostrar que nadie podía vencerlo; además estaría obligado a elegir una esposa, quien tendría que ser la mejor guerrera para asegurar la estirpe. La fiesta en honor a la coronación duraba semanas, y llegaban razas de otros planetas a agasajar al nuevo rey, esperando ganarse su favor para evitar conquistas.
Tarble, quien había logrado escapar de la constante insistencia de Celery para elegir esposa en su coronación, le estaba dando una visita al único bebé que había en el castillo. El pequeño dormía en su cuna, con la cola moviéndose lentamente. Tenía el ceño fruncido y las manitas hechas un puño –Te pareces mucho a tu madre- pensó el futuro rey, no pudiendo evitar comparar a Kurbis con Trunks. El menor de los herederos seguro parecía mucho más saiyajin que el mayor, pero no tenía casi ningún rasgo de Vegeta en él, por no decir que no tenía nada. Pero, a pesar que Trunks tenía la mirada de su padre, no tenía ningún otro rastro saiyajin. Era un verdadero dilema.
Salió de la habitación y buscó un lugar tranquilo, uno de los balcones abandonados, donde la vista daba hacia campos extensos completamente vacíos de vida, pues todo el planeta era usado para ir a sepultar muerto… y todas las rocas que estaban puestas de manera aleatoria eran realmente lápidas. Incluso Taro le había dicho que estar en ese planeta era una idea descabellada, pues muchos decían que estaba maldito, con almas de los muertos acechando por las noches… el enorme saiyajin era muy supersticioso con eso, pero Tarble no podía evitar sentir que era observado constantemente.
-Esa enorme torre no es ningún castillo- le había dicho Taro cuando llegaron al planeta –Es un pirámide. Es una tumba-
A veces escuchaba voces en habitaciones vacías, pero no estaba seguro si eran voces en su cabeza o de fantasmas. Cerró el ojo derecho, probando la visión de su nuevo ojo izquierdo. Recordaba que le había picado tanto al inicio que a veces sentía que sería mejor arrancárselo de nuevo. Era una comezón que no paraba, hasta que finalmente se acostumbró. Incluso le había adquirido cierto aprecio a la cicatriz que atravesaba todo el lado izquierdo del rostro.
-Alteza- llamó Pars por el rastreador –Hay tres soldados que vinieron a buscarlo. Dicen venir de un planeta lejano a agasajarlo-
-Diles que no estoy de ánimos- respondió el joven príncipe.
-Quieren que usted haga la coronación en su planeta…- murmuró la saiyajin suavemente.
Tarble frunció el ceño –Diles que no estoy de ánimos- repitió –Y mi decisión ha sido tomada ya con respecto a dónde hacer mi coronación-
–Alteza…- lo interrumpió Pars –Creo que ellos saben algo sobre el paradero del príncipe Trunks y su madre humana-
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Kakarotto caminaba con algo de dificultad debido a la capa blanca que llevaba. Su atuendo era como el de los nuevos hombres sirviendo a Tarble, pero le habían dicho que debía llevar capa de ese color para enfatizar que él era del Consejo Saiyajin.
-Capitán Kakarotto- saludó un guardia que estaba en una puerta de metal –Lo esperan-
Kakarotto lo vio un poco desubicado –No tienes que llamarme…-
La puerta se abrió, y Pea salió a su encuentro –Te tomas tu dulce tiempo para llegar- le reclamó –Ven, no estamos tan lejos ya del Planeta Midori-
Entraron a la sala de comando. Piccoro estaba de pie, observando una enorme pantalla donde se veía un planeta tres veces el tamaño de la Tierra, cubierto de verde y con unas manchas negras.
-Estamos a veinte minutos de aterrizar, Capitán- informó uno de los pilotos de la nave. Un joven de tamaño pequeño, piel color púrpura, y orejas largas hasta el suelo. Kakarotto lo vio con desaprobación, y el chico, sonrojado, posó de nuevo su vista en los controles. Ya habían pasado dos semanas desde que habían despegado para cumplir la misión que Tarble le había asignado… y no paraban de llamarlo capitán.
Pea se viró hacia Kakarotto, y le sonrió de forma divertida –Al menos podrías fingir que te gusta que te llamen así-
-Tú deberías ser la capitana. Eres de clase media- A pesar que Tarble y los demás iban en otra nave, el príncipe había asignado a Kakarotto como capitán de la misión muy en contra de su voluntad, ¡nunca había sido bueno como líder de pelotones tan grandes! Y ahora le tocaba ser la cabecilla y organizar cada movimiento que harían.
Pea hizo para atrás un mechón de cabello que colgaba en la frente –No- dijo desinteresada –Después de todo, nosotros venimos a ver pelear a aquel que derrotó a Vegeta-
Kakarotto apretó los labios y la vio de reojo –De no haber sido por Enkiridera…-
-Sobreviviste a un encuentro con él. Eso es más que suficiente. Morimos de curiosidad por ver el gran poder que llevas contigo, ¿no es así, namekuseijin?- preguntó, girándose a Piccoro, quien permanecía con los brazos cruzados en completo silencio.
-Yo estoy aquí solamente para asegurarme que Kakarotto no haga ninguna tontería- respondió él.
-Es cierto, ya lo viste combatir contra Vegeta. Dime, namekuseijin, ¿qué tanto poder tiene Kakarotto?-
Piccoro se dio la vuelta, y salió del lugar. A veces a Kakarotto le sorprendía cómo su rival conseguía hacer ondear su capa cada vez que caminaba. Quiso ir detrás de él para pedirle un consejo de cómo hacer que la capa se moviera así, pero se contuvo.
Pea lo observó divertida –Creo que no le agrado- dijo de manera bromista.
-Él se llama Piccoro- dijo Kakarotto –Bien podrías recordar su nombre al menos como cortesía-
Pea rió –No digas tonterías, me memorizaré su nombre cuando me demuestre que vale la pena. Ahora date prisa y da la orden para que comiencen a prepararse para el aterrizaje-
Kakarotto se acercó al micrófono, presionó el botón de encendido, y carraspeó antes de hablar –Aquí el capitán- dijo no muy serio –Estamos a veinte minutos de aterrizar…- hizo una pausa, viendo a Pea, quien no hacía nada más que sonreír –…Vayan a formarse… a menos que estén entrenando, en ese caso pues…-
Pea lo empujó y tomó el micrófono –Comiencen los preparativos para el aterrizaje. Tomen una ducha rápida, seguramente apestan, y colóquense su nueva armadura. En diez minutos los quiero en el hangar principal.- Cortó la comunicación y vio a Kakarotto con un poco de molestia –La orden va también para ti-
Kakarotto se rió y rascó su cabeza –Te veré en diez minutos-
-Hazme otro favor. Deja que yo hable, tú sólo pelearás-
Cuando finalmente aterrizaron en el planeta, se llevaron una gran sorpresa al ver el tamaño de los árboles. Todos superaban los mil metros de altura, y sus hojas eran casi del tamaño de la enorme nave en la que los saiyajin viajaban. Debido a esto, la luz que alcanzaba el suelo era muy escasa, y las criaturas que lo habitaban habían evolucionado para tener pequeños rasgos fluorescentes para iluminarse ellos mismos. Los hongos estaban perforados, como si fuesen casas con ventanas, y lo mismo sucedía con los árboles.
Kakarotto y Piccoro fueron los primeros en descender de la nave, junto con un pelotón de cinco herajin enviados por Pea. Debían de asegurarse que no había peligros cercanos y familiarizarse con el lugar. El viento ululaba mientras los siete soldados volaban entre el pasto, ocultos en él, siguiendo un rastro que uno de los herajin había encontrado. Los de esa raza en particular eran bastante hábiles como rastreadores y piratas. Era increíble cómo Pea conseguía que la obedecieran. Pasaron por unas rocas del tamaño del tamaño del castillo del antiguo Planeta Vejita, cubiertas completamente por musgo.
Volaron por unos treinta minutos, vieron a varios animales que, en proporción al resto del planeta eran normales, pero a su lado lucían enormes. Venados, osos, ardillas, una enorme fila de hormigas y varios insectos más. Kakarotto mató a un escarabajo, comió un poco de su carne, y repartió lo demás con todos menos con Piccoro, quien se quedó sentado observándolos con repulsión.
Retomaron el vuelo poco después de llenos, pero todo a su alrededor se había silenciado, como si la vida en el planeta se hubiera detenido. Ni siquiera el viento soplaba más.
-Nos observan- dijo Piccoro, deteniéndose de golpe al cabo de unos minutos de vuelo –Puedo escuchar murmullos dentro de los árboles-
Kakarotto hizo una señal, y los cinco herajin se detuvieron como si fuesen un solo organismo. Algo que sorprendió al saiyajin, sabía que Pea los entrenaba extenuantemente, pero nunca se imaginó que fuesen tan disciplinados.
-Nos tienen rodeados- dijo Piccoro –¿Los ves?-
-Sí- respondió Kakarotto, activando su rastreador en caso necesitar refuerzos –Son cientos.- Y tan silenciosos, quiso agregar. La única razón por la que él se percató de ellos fue por su energía, a pesar que la estaban intentando ocultar. –Ustedes tres- le dijo a los herajin que tenía atrás –Fórmense detrás de…-
Sus palabras quedaron cortadas al aparecer tres guerreros frente a él. Cinco metros de alto, fornidos, de pelo negro liso hasta la cintura, piel bronceada, ropas de tela blanca, armados únicamente con arcos de algún tipo de madera, y lanzas de cristal que parecía contener luz en su interior. Kakarotto había vencido enemigos mucho más altos y poderosos, pero aun así estos emanaban cierta energía que lo hacía sentir abrumado. Era como si estuviera viendo a la naturaleza misma personificada.
-Qui vous êtes?- dijo uno, el que parecía ser el líder –Répondez-moi!- su voz era carrasposa, y daba la impresión que estaba molesto.
El instinto de Kakarotto fue arremeter contra él, pero Piccoro se adelantó para responder en el mismo idioma. Los herajin estaban quietos, como estatuas, esperando alguna orden. Kakarotto observaba la situación; parecía que Piccoro y el muchacho discutían, pero cuando el lugareño rió, supo que estaban a salvo.
El chico de la lanza vio a Kakarotto, y le extendió la mano –Lo sentimos, creímos que eran hombres de Freezer- le dijo sin señal de acento alguno.
Kakarotto le regresó el apretón –Vengo en representación de Tarble-
-Sé muy bien en nombre de quién vienes y quiénes son. Les daremos comida y hospedaje por esta noche, pero quiero que partan al amanecer-
-Creo que hay un malentendido. Estamos aquí porque recibimos una llamada de auxilio-
-De haber enviado una señal de ese tipo, no habríamos esperado que unos sucios saiyajin vinieran-
Kakarotto se molestó un poco al escuchar eso. De no haber sido por la señal de ayuda, él estaría buscando a Milk por todo el Espacio en ese momento. Si había llegado hasta allí, no sería por gusto –Tengo órdenes de liberar a su pueblo de…-
-¿Tienes idea de quién fue el primero en atacarnos, saiyajin?- preguntó con algo de rencor en la voz –¿Sabes lo que nos hizo tu príncipe hace ocho años?-
-Capitaine- llamó una voz desde las raíces de un árbol. Los otros dos soldados que habían llegado con lanzas se inclinaron, y el que hablaba con Kakarotto hizo lo mismo. Un hombre de cabello blanco hasta el suelo salió de las raíces, montado sobre una hormiga que de color blanco y negro, más grandes que las que habían visto antes en el trayecto –Estos hombres vinieron en nombre del nuevo gobernante. No pagarán por los actos cometidos por otros- se giró hacia el equipo de Kakarotto, viéndolo con sus ojos grises rasgados –Aceptaremos su ayuda de buena voluntad. Además, esperaba que fueran saiyajin quienes vinieran-
Kakarotto, quien estaba comenzando a molestarse, lo vio desconcertado –¿Por qué a nosotros?-
-Porque el problema que tenemos es particularmente debido dos de su raza… Aparecieron hace más de tres meses. Como ves, este planeta rebosa en plantas, y uno de ellos tenía particular interés por ellas… pero el otro guerrero…- hizo una pausa grave, viendo a Kakarotto fijamente –…El otro parecía no estar en sus cabales; constantemente murmuraba algo, no podía controlar sus arranques de ira. Fue culpa de él que hombres de Freezer se fijaran en este lugar, y comenzaran a atacarnos constantemente. Los dos saiyajin se fueron, parecían tener otro planeta en la mira, pero desde entonces sufrimos de ataques a cada tanto-
-¿No vino alguna nave antes o después? Estoy buscando también a algunos humanos que están desaparecidos. En particular una mujer de cabello negro.- Quizás Bulma era la prioridad de Tarble, pero Milk era la suya.
-¿Humanos? No, nunca hemos visto uno. No sabemos ni siquiera en qué parte de la galaxia viven-
-Ya veo… con los ataques que sufren, ¿cada cuánto suceden?-
-Si los cálculos no fallan, será en tres días-
Kakarotto le ordenó a uno de los herajin ir por el resto de los soldados. El pelotón constaba de quince saiyajin, veinticinco herajin, y cincuenta soldados de diversas clases que Caulier había asignado para la misión. Pea se quejó sobre la cantidad de hombres que estaban empleando para ello, pero el resto del Consejo opinó que lo mejor era demostrar todo el poder que el nuevo príncipe saiyajin tenía.
-Ahora síganme, podremos seguir hablando más cómodos adentro-
-¿Adentro?- preguntó Kakarotto, pero el sujeto sobre la hormiga sólo se dio vuelta y se introdujo por un hueco entre las raíces de donde había salido. Éstas estaban decoradas con luces pequeñas y suaves que iluminaban el camino lo suficiente como para no tropezarse. Pinturas decoraban dichas raíces, en las cuales se contaban anécdotas del pueblo que vivía en ese planeta. Aparentemente, en algún momento de la historia, gigantes lo habían habitado, pero ahora sólo quedaban estos seres que, en comparación con las plantas y animales del planeta, eran diminutos. Se hacían llamar susurrantes del bosque, y a Kakarotto le dio la impresión que eran como hadas de cuentos que había escuchado en la Tierra. Habitaban dentro de los árboles, hongos, debajo de las piedras, y poseían sus propias leyendas de hadas que habitaban los lagos, pero que nunca subían a la superficie.
El interior del árbol estaba hueco, con casas talladas a todo su alrededor, iluminadas de manera tenue; las conexiones entre ellas eran con puentes tallados con ornamentos barnizados. Había aves volando de un lado al otro en el interior, y sobre ellos iban algunos jinetes, con cascos de madera en forma de grifos. Cantos suaves provenían de alguna parte cerca de la copa, e incluso el sonido de flautas llegaba a los oídos del saiyajin y el namekuseijin, acompañadas de sonidos de arpas y flautas. Era la primera cultura casi intacta que Kakarotto conocía desde que la expansión de los saiyajin había iniciado. Aparentemente, había un gobernante por encima de todos, pero, a diferencia de la monarquía saiyajin, éste podía ser derrocado a votación si consideraban que el rey o reina no ejercía un buen trabajo. La monarquía actual llevaba diez siglos a flote, y por la manera en que el príncipe se comportaba, duraría otra generación más.
-Mi madre está descansando ahora, así que yo me encargaré de su estadía, pero debido a la gran cantidad de hombres, me temo que tendrán que hospedarse en otro árbol-
-¿Quieres decir que todos los árboles de aquí están poblados?- preguntó Piccoro.
-No. Solían estarlo, pero ya no más- dijo con un tono delicado –Creo que el árbol Jour Ombreserá el indicado-
Kakarotto quiso preguntar más sobre todo; quería saber más de lo que Turles y Broly hacían allí, quería saber qué había sucedido con los saiyajin bajo la orden de Vegeta hace ocho años, ¿habían sido ellos los causantes de las muertes del resto de habitantes? Tenía muchas dudas, pero al mismo tiempo no quería saber nada más; sólo quería terminar su misión, ir por Vegeta, y luego dedicarse a buscar a Milk y a Bulma. Una vez con Tarble ya sentado en el trono, no tendría preocupaciones de nada.
Un ave de color gris, con alas y pecho rojo, aterrizó frente a ellos. Una chica que a Kakarotto le pareció extremadamente alta descendió, y los vio a todos con desconfianza. –Príncipe Esetasl- dijo de manera solemne –El resto de… guerreros ya está frente a este árbol. Son demasiados saiyajin.- Lo último lo entonó con cierto desprecio que ni siquiera Kakarotto pudo ignorarlo; de haber tenido cola, ésta se hubiera erizado ante el comentario.
-Son nuestros invitados- dijo el príncipe, de manera relajada –Ocuparán el árbol Jour Ombre. Encárgate de que tengan comida y bebida. Nos ayudarán a luchar contra la siguiente ola de invasión-
Cinco días esperaron a que el ejército de Freezer apareciera. Se familiarizaron con el planeta, y descubrieron sectores que habían sido quemados por Turles o por las batallas que habían tenido. Pea encontró lo que parecía el cadáver de un ser que medía más de 30m de alto. El último gigante joven que había muerto en combate contra el ejército invasor. Fue hasta la tarde del sexto día que la alarma sonó. Eran cincuenta naves que se acercaban, pero eran de Cooler, no de Freezer. Los noventa soldados que llegaron en nombre de Tarble los esperaban ocultos entre las copas de los árboles, con la nave camuflada entre las raíces y hojas.
La primera nave no logró terminar de cruzar la atmósfera antes de que Kakarotto lanzara el primer ataque para destruirla, y luego el resto de soldados se le unió. Las naves que lograban aterrizar, eran rodeadas rápidamente por más de diez soldados gritando y elevando su energía. Pero los saiyajin, al no estar acostumbrados a luchar de esa manera tan indirecta, optaron por permitir que los enemigos salieran de las naves y pelearan a puño limpio. Los herajin, a diferencia de ellos, esperaban las órdenes de Pea, sin embargo, no podían reprimir su impulso de robar pertenencias de los caídos. Bajo la orden de Kakarotto, los saiyajin y herajin no atacaron al inicio; quería ver la potencia de los otros cincuenta soldados, ninguno de ellos había asesinado, de hecho diez habían muerto, y podía escuchar gritos de otros heridos. No eran malos combatientes, pero por no querer matar parecían niños jugando. Al final, tanto saiyajin como herajin intervinieron. Kakaroto golpeó a un soldado en la cara usando el codo, éste cayó con la nariz rota, y luego le lanzó un ataque de energía en el pecho, matándolo sin más dolor.
-Nos rendimos-
Se giró hacia el dueño de la voz aguda que había hablado. Era una ser delgado, estaba hincado, e imitándolo estaban otros diez soldados sin casco, con piel de color celeste, ligosa, branquias en el cuello y ojos completamente negros.
-Nos rendimos- repitió el que había hablado antes, quitándose el casco, demostrando su rostro andrógino –Por favor, no queremos morir-
Pea, quien no estaba muy lejos, se acercó a ver lo que sucedía –Seres sin honor como ustedes merecen la muerte- dijo, levantando la mano para disparar energía, mientras los once soldados hincados se cubrían el rostro, resignados ya a que sus vidas acabarían en ese instante.
-No- dijo Kakarotto, poniéndose frente a ella –Si Tarble quiere paz, somos los primeros que debemos reflejar eso. Así que no habrán más muertes por hoy-
-Sabes que no hay que confiar en los que se rinden. No eres nada más que un clase…-
-Un clase baja, quizás- la interrumpió –Pero soy el capitán de esta misión- dijo de manera firme, sosteniéndole la mirada al único ojo de la saiyajin –Ahora anuncia a los demás que no maten a aquellos que se rindan. Los llevaremos como prisioneros-
Pea escupió a los pies de Kakarotto, pero le sonrió –Tal vez sí tienes madera de líder, clase baja-
-Y tú de seguidora, clase media- le respondió él, devolviéndole la sonrisa. Se giró hacia los que se habían rendido y los vio con un poco de desconfianza –Mi compañera tiene razón, los que se rinden fácilmente no son de fiar, ¿por qué habríamos de dejarlos vivir?-
-Somos una raza que fue esclavizada por Cooler para sacar cristales del fondo de los océanos- dijo el que había implorado piedad –Estamos en esta guerra sólo porque no pudimos defendernos. Sólo queremos buscar un nuevo planeta donde vivir, sólo quedamos nosotros once. No queremos que nuestra herencia acabe aquí-
Kakarotto asintió y llamó a dos soldados para que los llevaran a la nave, donde habían celdas bien aseguradas –Los llevaremos ante el príncipe. Él decidirá qué hacer con ustedes.-
El príncipe de la raza de los susurrantes se acercó luego del combate, montado sobre un colibrí de color azul. No tenía ni una sola gota de sangre, su cabello blanco estaba trenzado, llevaba un arco sobre el hombro y una lanza en la mano izquierda. Y a diferencia de Kakarotto, quien estaba empapado en sudor, el príncipe no tenía ni una sola gota –Muchas gracias, saiyajin-
-Kakarotto- lo corrigió –Mi nombre es Kakarotto-
El príncipe le sonrió con condescendiente amabilidad. –Vi que varios de los enemigos fueron llevados al interior de su nave como prisioneros. ¿Desde cuándo ustedes muestran piedad ante los demás?-
Kakarotto se encogió de hombros –Sólo con aquellos que se rinden.-
–Si tu príncipe Tarble resulta no tener madera de líder, con gusto apoyaríamos que tú lo fueras en caso decidieras tomar el trono.- le dijo con una sonrisa honesta.
Kakarotto se sorprendió al escuchar eso, él nunca había siquiera pensado en algo así. Incluso le gustaría alejarse lo más posible de líos con la corona.
-Oye, clase baja, hay cambio de planes- dijo Pea –Deja de perder el tiempo, y date prisa en subir a los prisioneros. Hubo un cambio de planes, la coronación ya no será cerca de la Tierra-
Kakarotto la vio sorprendido –¿En dónde será?-
-No creo que lo hayas escuchado. Se llama Juízo- dijo con un acento raro al final –Pero le han cambiado el nombre mil veces. Algunos lo llaman Planeta del Juicio, Planeta Final… Planeta de los Pueblos… y algunos lugareños lo llaman Gigantus, porque en ese lugar han derrocado gigantes sometiéndolos a juicios- se encogió de hombros –Deberían elegir un nombre y ya, no estar cambiando tanto-
-¿Qué tan lejos está?-
-Está bastante lejos, así que mejor vete dando prisa- lo reprendió.
-Claro- respondió Kakarotto sin mucho interés. Subió a la nave sin decir nada sobre lo que el príncipe de los susurrantes le había dicho, pero Pea lo había escuchado todo. No lo había pensado, pero por derecho al haber vencido a Vegeta, Kakarotto tenía un reclamo al trono si así lo decidía. Entonces surgía una duda en su cabeza, ¿a quién seguirían los saiyajin, al guerrero que venció al mismo Vegeta, o al que llevaba la sangre de la Familia Rea?
El viaje de regreso fue un poco incómodo, algunos saiyajin aceptaron con más facilidad el hecho de no matar que otros, por lo que varias discusiones estallaron en el trayecto. Un saiyajin joven incluso terminó en un tanque de recuperación debido a que otro lo golpeó cuando el tema se salió de control. Ahora el saiyajin acusado estaba encerrado en una celda junto a los enemigos que se habían rendido. Kakarotto y Piccoro eran los encargados que esas discusiones no escalaran más allá de un pequeño desacuerdo. Pea, como siempre, se quedó con los herajin, quienes se repartían el botín de los enemigos caídos. A pesar que Tarble le había encargado a la saiyajin que no hiciera nada de eso, las raíces de los herajin eran de piratas, por lo que viejas costumbres eran difíciles de matar.
Cuando finalmente llegaron de regreso al planeta donde los saiyajin y otros guerreros estaban actualmente, Kakarotto podía ver que había mucho movimiento entre los campamentos; guerreros corrían de un lado al otro, subiendo cosas a sus naves. Parece que la partida hacia la coronación sería pronto. Detrás de él caminaban los soldados que se habían rendido, temblando de miedo al no saber qué les esperaba. Los saiyajin no eran muy conocidos por demostrar piedad, así que estar con vida ya era algo raro para ellos. Algunos guerreros de esa raza tan temida les escupieron en los pies y otros les arrojaron rojas para divertirse, hasta que Kakarotto los detuvo, teniendo que recordarles que ese tipo de actos ahora estaba prohibido por el príncipe. Y, tal como esperaba, algunos no tomaron muy bien esa noticia.
Ya adentro del castillo, Kakarotto y los reos fueron llevados ante el príncipe, quien parecía estar adolorido. Una hermosa saiyajin estaba a su lado, sosteniendo una copa de cristal llena de agua, y una pastilla verde en la otra mano.
-Gracias, Pars- le dijo el príncipe al notar la presencia del otro saiyajin y los capturados -Seguiremos con esto después-
-Pero, Alteza...- dijo la hermosa saiyajin, luciendo preocupada.
Tarble le sonrió con dulzura -Todo está bien. Terminaré con esto y seguiremos luego-
La saiyajin dudó un poco, pero al final asintió con una reverencia y salió del Salón. Kakarotto no preguntó nada; había escuchado rumores sobre dolores que atosigaban todavía al joven príncipe, ¿y quién no estaría así? Si las historias eran reales, ya era un milagro que Tarble siguiera con vida. Un pequeño dolor continuo de cabeza y músculos era poco para pagar a cambio de seguir respirando. Celery entró a los pocos segundos, viendo con ligero desprecio a los hombres que estaban encadenados. Kakarotto le sonrió, intentando empezar con el pie derecho, pero la saiyajin le volteó el rostro.
-Me alegro que hayan regresado con bien- dijo Tarble -Escuché que algunos de los nuestros murieron y otros estaban heridos-
-Especialmente los otros soldados que envió con nosotros- aclaró Kakarotto -Los saiyajin y herajin no tuvieron ninguna baja-
-Es bueno escucharlo- dijo viendo a los otros presentes en la sala, los cuales no levantaban la mirada -¿Ellos son los que pidieron piedad?-
-Así es- dijo Kakarotto tan casual como siempre -No ganaba nada matando personas que ya estaban de rodillas-
-Eso es típico de alguien como tú- interrumpió Celery -¿De qué sirven seres que no están decididos a morir por su líder?-
Kakarotto frunció el ceño, pero fue Tarble quien salió a defender los actos del clase baja -Estoy muy seguro que estos hombres fueron obligados a pelear, Celery, no tienen la obligación de morir, especialmente por un sujeto que seguro intentó extinguir su raza entera, ¿no crees?- dijo sin apartar la vista de los reos, quienes poco a poco comenzaron a sentir menos miedo. Celery lanzó un pequeño bufido, y Kakarotto no pudo evitar reír. Pocas veces la saiyajin se quedaba callada, ¿cómo es que Fennel y ella habían logrado entenderse? Fennel siempre fue relajado y no se tomaba nada en serio; mientras que Celery nunca bajaba su defensa, incluso su postura era completamente recta, con hombros firmes y mirada fría.
-Los traje aquí para que usted decidiera qué hacer, pero Celery tiene algo de razón…- dijo Kakarotto, viendo de reojo a la saiyajin -Yo tampoco confiaría plenamente en alguien que se rinde así como así. No son material para nuestro ejército-
-Y aunque lo fueran, no los obligaría a luchar por mí- dijo Tarble, poniéndose de pie -Quítales las esposas. Estos hombres son libres desde el momento en que se rindieron. Nos encargaremos de buscarles un planeta que se ajuste a sus necesidades- se viró hacia Celery -Dile a Taro que él es el encargado de eso-
Kakarotto no pudo evitar sonreír. Éste era el verdadero inicio de algo distinto. Le quitó las esposas a los prisioneros y les dio unas palmadas para que se calmaran -Todo está bien- les dijo con un tono amigable -Creo que ustedes son seres acuáticos, ¿no? Seguro un planeta con más del noventa por ciento de agua sería perfecto-
Taro entró comiendo una fruta rectangular, escupiendo las semillas al suelo como si estuviera caminando en un campo fértil, ganándose una reprimenda por parte de Celery. Le dio una fuerte palmada al prisionero que parecía ser el líder -Vengan conmigo. Quiero que me digan qué tipo de condiciones necesitan y buscaremos un planeta. Yo mismo iré con ustedes para asegurarme que lleguen con bien-
-No es necesario que vayas tú mismo- dijo Celery.
-No digas tonterías. Siempre me ha gustado viajes de placer como éste- dijo riendo a carcajadas.
El chico andrógino que había implorado piedad se viró a Kakarotto -Gracias, saiyajin. No olvidaremos esta demostración de piedad de parte tuya y el saiyajin del trono-
Kakarotto le sonrió. Realmente esperaba que consiguieran llegar a un lugar donde estuvieran en paz. Justo cuando iba a salir del Salón, la voz de Tarble lo detuvo. Aparentemente el joven príncipe quería hablar con él a solas, incluso le pidió a Celery que saliera del lugar. Kakarotto se quedó de pie, no sabiendo qué esperar, ¿se tardarían mucho? La verdad es que prefería ir a comer que escuchar al príncipe. A diferencia de Vegeta, Tarble tenía una extraña habilidad para hacer que todo lo que dijera no sonara tan importante.
-Tú eres el que comprende mejor mi deseo por la paz- dijo el príncipe -Celery parece todavía no querer siquiera entender el concepto de paz-
-Es cuestión de tiempo- dijo Kakarotto -¿Sabe? La verdad es que no he comido bien durante el viaje, así que...-
-¿Qué piensas de ser mi Mano Derecha?-
-¿Qué?-
-Estoy seguro que Celery es una gran saiyajin, incluso me ayudó a entrenar y se lo agradeceré por siempre, pero necesito a alguien que comprenda y comparta mi sentir por la paz-
Kakarotto apretó los labios. Realmente no quería eso. Por todos los dioses, prefería huir a estar en ese puesto de nuevo. Para ser Mano Derecha, se necesitaba dedicación, tiempo, y una ligera ambición de poder. -Agradezco el ofrecimiento, pero no creo ser el indicado para ello-
-¿Por qué no?- inquirió Tarble –Si es por el hecho de ser clase baja, no debe de importarle. Quiero erradicar esas clases sociales, ¿de qué sirven? Usted es un buen ejemplo que el esfuerzo puede llegar a superar a alguien que nació con el don de pelear. No importa la clase con la que nació. De no ser así, ¿cómo habría podido usted ganarle a mi hermano en combate?-
-Su hermano tenía la ventaja en todo el sentido- lo interrumpió, ya harto que la gente no quisiera escuchar el verdadero relato –Yo no lo vencí, sólo sobreviví el combate. La razón por la que estoy vivo es porque tuve suerte. Nada más. Vegeta demostró por qué es el verdadero príncipe saiyajin-
-Ya veo- dijo algo cabizbajo -¿Pero por qué no quiere el puesto? Si es por ese mal entendido...-
-No- dijo -Tengo cosas más importantes que hacer que ayudarlo a usted a ser un buen rey. Celery lo ha ayudado a entrenar, a mejorar en el combate, incluso a tomar decisiones usando más la lógica que los sentimientos. Quizás ella sea fría y despiadada, no crea ni siquiera en la paz, pero para gobernar a una raza tan indomable como la nuestra, necesita a alguien con un carácter así de fuerte a su lado-
-Es una pena, pero lo comprendo- dijo poniéndose de pie -Creo que es hora de comenzar a mover a las tropas para el planeta donde me coronarán-
Kakarotto asintió rápidamente y se retiró más relajado. Incluso exhaló cuando salió del Salón. Vio hacia una de las ventanas, todavía quedaban varias horas para que el Sol se ocultara. Quería ir a tomar algo; no era bebedor, pero era en esos lugares donde se podía enterar de todo lo que había sucedido -Quizás Piccoro acceda a venir- balbuceó mientras caminaba por un pasillo. Si realmente iban a partir hoy, tenía poco tiempo para averiguar qué había sucedido con sus padres, e incluso con Bulma.
Llegó a una encrucijada de pasillos, y justo cuando iba a cruzar a la izquierda, una mujer regordeta con enormes pechos y voz delicada apareció por el pasillo de la derecha, cargando un bebé que parecía estar malhumorado. Kakarotto se detuvo de golpe, viendo a la mujer con el bebé. Era raro ver a un niño en el castillo a parte de Calíbono; Celery incluso parecía insistir que su pequeño entrenara y entrenara, sin perder el tiempo acompañándola cada vez que tenía una reunión con Tarble. Levantó la vista de nuevo hacia la mujer, que pasó a su lado sin despegar los ojos del pequeño saiyajin de apenas dos meses. ¿De quién era ese niño? Los vio alejarse, no pudiendo evitar medir la energía del crío. Determinar el ki de un bebé era difícil, la única manera de tener una cantidad aproximada era cuando se ponía a llorar, pues liberaba su energía conjuntamente con el llanto. -Tiene un buen poder- dijo sorprendido.
-Es de Okkra-
Kakarotto se sorprendió al escuchar la voz de Celery, estaba tan concentrado en el niño que ni siquiera se percató de la otra presencia. -El segundo príncipe- dijo un poco aturdido, quiso ver al niño, pero la niñera ya iba bastante lejos. Lo único que podía identificar era el cabello negro, como todo saiyajin, y su cola que se movía de un lado a otro.
-¿Se parece mucho a Vegeta?- preguntó sin apartar la mirada de la niñera y el bebé, quienes ya estaban bastante lejos.
Celery se encogió de hombros –Quién sabe- dijo simplemente –Creo que se parece más a Okkra-
-¿Dónde está ella?-
-Está donde debería estar- respondió Celery. Se viró hacia Kakarotto y lo vio con frialdad –¿El príncipe te propuso ser su Mano Derecha?-
-...-
-Imaginé que lo haría. Él y yo no tenemos los mismos ideales-
-Le dije que no- agregó Kakarotto -No tengo interés en algo así, además el puesto te queda mejor a ti que a mí-
Celery sonrió levemente. Quiso agregar algo, pero el sonido de unas pisadas apresuradas la distrajeron -¡Mamá!- gritó Calíbono -¡Saibaiman!- dijo alegremente, aferrándose a la pierna de su madre -¡Tres!-
Celery lo cargó y le sonrió como Kakarotto nunca había visto hacerlo antes -¿Mataste tres saibaiman?-
-¡Sí!- su mirada luego se posó en Kakarotto, y su actitud cambió de manera radical. Se calmó de inmediato y sus ojos se abrieron de par en par, como si hubiera visto algo emocionante -¿Quién es?- preguntó con una voz tímida.
-Soy Kakarotto- dijo él, no sabiendo cómo hablarle al pequeño -Soy... fui amigo de tu papá hasta el día que murió-
Calíbono se metió un dedo a la boca y no dijo nada más, sólo se recostó en el pecho de su madre. -No es muy bueno relacionándose con nuevos-
-Fennel siempre fue bastante amigable y nada tímido- dijo Kakarotto, levantando la mirada -Si este niño heredó esa timidez, definitivamente no fue de su papá-
Celery se sonrojó y lo vio con frialdad -No te equivoques, idiota, quizás seas el mejor amigo de Fennel, pero eso no nos convierte a ti y a mí en amigos-
-Tienes razón, y quizás nunca lo seamos, pero me gustaría entrenar personalmente a Calíbono. Si tiene tu poder de pelea, y el agudo instinto de Fennel, seguro será un guerrero bastante hábil como su papá-
-No digas tonterías. Calíbono será mucho más poderoso, incluso que yo, no importa que sea de clase media, pronto su poder será tan grande como el de un clase alta-
Kakarotto sonrió. Quizás Celery no compartía la idea de paz de Tarble, pero ahora entendía que ella seguramente apoyaba la eliminación de clase sociales en la sociedad saiyajin. El nacimiento de Calíbono la había hecho cambiar de opinión -Así que por eso mismo se ha abstenido de insultarme por mi clase-
Celery puso a Calíbono en el piso y le sonrió -Vamos a buscar a Taro. Ese idiota no puede largarse de vacaciones, tiene que estar presente para la coronación de Tarble-
-¿Qué hay del entrenamiento de Calíbono?- preguntó de nuevo Kakarotto. Le había prometido a Fennel que se encargaría de ello, y lo cumpliría aunque Celery no estuviera de acuerdo -Pronto seré más poderoso que el mismo Vegeta, así que tu hijo entrenará con el saiyajin más fuerte-
Celery se detuvo, aferrando la manita de Calíbono con delicadeza -Broly sigue con vida- dijo ella -Hasta donde tengo entendido, él es el saiyajin más poderoso- dijo continuando con su camino.
Kakarotto se quedó pensativo por unos instantes antes de decidirlo -¡Lo venceré!- exclamó, haciendo que madre e hijo detuvieran su caminar -Venceré a Broly, y entonces tú tendrás que aceptar que yo sea quien entrene a Calíbono-
Celery sonrió sin que su rival la viera, y siguió caminando en silencio, mientras Calíbono no paraba de voltear a ver al saiyajin que recién había conocido. Ni su madre ni Kakarotto sabían que el pequeño tenía sueños con su padre, donde éste le hablaba de todas las hazañas que había hecho de joven, y en sus relatos siempre le hablaba de un saiyajin que portaba el nombre de Kakarotto.
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Trunks no paraba de llorar. Ya habían pasado un mes y medio en ese planeta, y ni el bebé ni la madre habían podido salir del castillo. Las comodidades eran increíbles, incluso daban paseos por los jardines adornados con fuentes dentro de los terrenos del príncipe, pero no habían dado un paseo por el pueblo, ni siquiera habían visitado el río que supuestamente conectaba todas las tierras del planeta.
Roma, el príncipe y señor feudal de los desiertos, le había hablado del planeta y su constitución. Habían 9 tierras principales, gobernados por 9 diferentes señores y señoras feudales; el señorío de los Mares, el del Cielo, de los Bosques, de las Montañas, de los Ríos, de la Selva, de la Sabana, de la Tundra y del Desierto. Los nueve se reunían dos veces al año, en un punto neutral conocido como el Coliseo, donde se hacían debates e incluso juicios. Muchos reyes y reinas de otros planetas a veces pedían dictar sentencia en ese lugar, pues consideraban al planeta y sus gobernantes como justos. El día era más largo que la noche, pues habían dos soles en la cercanía.
Trunks calló cuando se detuvieron frente a una enorme puerta, y estiró los bracillos, balbuceando algo inentendible para su madre. –¿Quieres entrar?- preguntó Bulma, empujando la puerta lentamente.
Se trataba de una enorme biblioteca de doble altura, con escaleras sobre las libreras para poder alcanzar las partes más altas. Una hermosa chimenea se hallaba al lado izquierdo, calentando el ambiente, especialmente los cuatro sillones que estaban frente a ella; al fondo de la habitación había una enorme ventana que permitía que entrara iluminación natural. Ahí, frente a ésta se hallaba el escritorio más largo que Bulma había visto en su vida, y alrededor.
Roma levantó la vista, y cerró el libro que estaba leyendo –Bulma- saludó con su voz que danzaba entre lo juvenil y lo varonil. –Me perdí de la cena que teníamos, disculpe, pero tuve algo que atender...-
-Espero no interrumpir- se disculpó ella, especialmente porque Trunks comenzó a querer llorar de nuevo –Ya, ya Trunks- le susurró a su bebé.
Roma le sonrió. Estaba segura que él estaba muy acostumbrado a conseguir a la mujer que quería simplemente con sonreír –En lo absoluto. Sólo se trata de unas visitas que vendrán para un próximo juicio… nada importante.- Se colocó ambas manos atrás y caminó hacia ella sin desviarle la mirada. -Es una noche muy hermosa, ¿no lo cree, señorita Bulma?- habló suavemente.
-Sería más hermosa si pudiera contemplarla desde afuera del castillo- le respondió la bella terrícola. –Estoy segura que a Trunks le gustaría salir un rato-
El hombre la vio, con esa mirada tan profunda que Bulma no podía lograr descifrar. A diferencia de Vegeta, los ojos de Roma eran siempre tranquilos, como si nada lo perturbara. En las semanas que llevaba viviendo bajo su techo, no había visto ni un atisbo de enojo en él. Y podía decir lo mismo de todos los que habitaban las tierras que estaban bajo el cuidado de ese hombre. Según había escuchado de uno de los esclavos, la raza Brokan eran considerados los seres más atractivos del Universo. Hombres y mujeres por igual; y controlaban sus emociones mucho mejor que cualquier otra criatura.
-Quizás tenga razón- respondió Roma –Pero Enkiridera me pidió que la hospedara, pero que no le permitiera salir- dijo, viendo en dirección a Trunks, quien ahora parecía un poco más molesto –Quiero que usted se sienta cómoda aquí-
-Entonces déjame ver los alrededores. Deja de tratarme como una prisionera-
Roma le sostuvo la mirada con seriedad, hasta que finalmente asintió –Un huésped deja de serlo en cuanto se reprime su libertad.- Abrió la puerta de su estudio y llamó a uno de sus sirvientes –Quiero que esté acompañada todo el tiempo. Este pueblo es pacífico, pero usted es madre, y no de cualquiera, sino de un príncipe... aunque éste sea saiyajin. Si algo le sucede, jamás me lo perdonarían-
Bulma quiso decir que Trunks no era ningún príncipe, pero la verdad era que, no importaba qué tanto ella lo negara, su hijo llevaba sangre azul por las venas. Su hijo era el heredero legítimo al trono más peligroso del Universo.
-Por cierto, Señorita Bulma, pude notar que no está usando el anillo que le regalé- dijo con algo de preocupación -Cuando le conté que era el anillo de quien fue mi prometida, no quería hacerla sentir que el dárselo era algo simbólico o parecido. Es un accesorio que la ayudará a mantenerse oculta, en caso que alguien quisiera atentar contra usted antes que venga la Patrulla Galáctica-
-¿Crees que mi vida está en riesgo?- preguntó preocupada.
-Nunca está mal querer protegerse, en especial ahora que usted es madre de un príncipe-
Bulma asintió y sacó el anillo que llevaba en una pequeña bolsa del vestido, colocándose el hermoso accesorio de color rojo en el dedo índice -La verdad es que es un anillo muy hermoso-
-Señorita Bulma- dijo él, tomándole la mano –Espero que con esto comience a confiar un poco en mí- dijo con un poco de preocupación en los ojos –Me gustaría que me permitiera conocerla un poco más… Cuando todo acabe; cuando este juicio termine, me encantaría que se quedara aquí por su propia voluntad-
-Yo también lo espero. Por mi bien y el de Trunks-
Roma le sonrió –Iré a llamar a uno de mis ayudantes. Acomódese aquí mientras tanto- le suplicó, saliendo de la habitación sin hacer el más mínimo ruido. Trunks se calmó en cuanto el príncipe salió, y exigió ser puesto en el suelo, el cual estaba completamente alfombrado.
-Bien, pero no te apartes mucho- dijo Bulma. Trunks se quedó sentado por unos segundos, para luego comenzar a gatear. Bulma lo siguió sonriendo, ¿habría Vegeta aprendido a caminar sin gatear? Cuando miraba a Trunks, no podía evitar preguntarse si algunas de sus pequeñas manías las había sacado de su padre.
El pequeño finalmente se detuvo cerca de una mesa que estaba frente al a chimenea. Bulma lo cargó de nuevo, se sentó ella y luego lo sentó sobre sus piernas –Eres un pequeño diablillo- le dijo, haciéndole cosquillas en su estómago, consiguiendo la risa que más adoraba en el mundo.
Trunks hizo un pequeño balbuceo, y su madre giró la cabeza hacia la ventana –Estrellas fugaces- dijo sorprendida, poniéndose de pie. Se acercó al enorme muro de cristal y sonrió –Es una hermosa noche- dijo asombrada, mientras Trunks parecía perplejo por lo que su par de ojillos observaban.
Bulma se quedó allí de pie durante casi un minuto entero, apreciando el espectáculo. La puerta se abrió de nuevo, y un hombre tan guapo como Roma apareció. Madre e hijo se giraron rápidamente hacia él, pero la terrícola no pudo evitar darle un vistazo al enorme escritorio del príncipe Brokan. Estaba impecable, como si él no hubiera estado sentado allí hace menos de cinco minutos. Pero lo que llamó la atención de la humana no fue eso, sino la foto de una hermosa mujer de piel tan blanca como la nieve, ojos rasgados casi tan negros como su cabello, y un traje rojo con un dragón negro bordado, firmada con una letra muy elegante... entonces sus ojos se posaron en el libro que Roma había estado leyendo. -No es un libro, es un diario- pensó, al darse cuenta que la letra de la fotografía y la que estaba escrita en el cuadernillo eran la misma.
-¿Señorita?- llamó el recién llegado –¿Está todo bien? El príncipe me pidió que…-
-Sí, sí, voy enseguida- respondió, haciendo a un lado la sensación de haber visto a la mujer de la fotografía en alguna otra parte.
Ambos salieron acompañados por uno de los sirvientes, usando un carruaje tirado por dos enormes bestias las cuales Bulma nunca había visto. Parecían rinocerontes con cola de lagartija, pero eran muchísimo más rápidos que los caballos de la Tierra. El sirviente los conducía con lentitud mientras Bulma le hablaba a Trunks, quien no paraba de mirar todo por la ventana. Todo estaba repleto de palmeras tan altas como la muralla que rodeaba a la ciudad principal, donde había casas de adobe blanco, y en el centro estaba el hermoso castillo de cristal donde Roma vivía. Era un pueblo tranquilo, rodeado de naturaleza, con el sonido relajante del río que pasaba justo frente a un lado de la ciudad.
-Pronto iremos a casa- dijo Bulma, y Trunks la vio sin comprender lo que le decía, simplemente rió, haciendo que su madre se olvidara de todo lo que la perseguía por las noches... la incertidumbre de lo que sucedería en el futuro no le permitía dormir, se encontraba a sí misma dando vueltas en la cama por horas, hasta que, ya harta de no poder descansar, se levantaba y caminaba hasta llegar a un balcón en específico, donde se sentaba a admirar el cielo estrellado.
Roma le había dicho que, hace miles de años, habían existido tres lunas en el cielo, pero éstas habían sido destruidas por temor a los saiyajin; sin embargo, el cielo era decorado por hermosas estrellas que brillaban tanto que sustituían la luz de las lunas. Fue así como descubrió que, a una hora específica de la noche, se podía observar el planeta enano que se trasladaba alrededor del Gigantus, el planeta donde actualmente se hospedaba; el otro planeta era de un tono que no lograba ubicar, a veces parecía rojo, a veces café, y esos colores los conseguía por uno de los dos soles que hacían el día más largo que la noche. Roma le había dicho que era un planeta bastante inhóspito, donde sólo había una construcción en él, la cual albergaba a los seres más ruines del universo. No comprendió por qué un planeta así de peligroso estaba tan cerca de uno tan pacífico como Gigantus, pero no tardó en darse cuenta que el planeta donde estaba ahora servía para llevar a cabo juicios. Y los seres a juzgar eran encerrados en el planeta enano. Aparentemente la prisión estaba resguardad por seres que sólo habitaban en la oscuridad, por lo que era realmente difícil escapar, pues estas criaturas cazaban a cualquiera que huyera, incluso entrar a la prisión era un riesgo y algunos morían devorados antes de cruzar la puerta.
Trunks hizo un berrinche al darse cuenta que su madre estaba perdida en sus pensamientos y no le estaba prestando la atención que él quería. Jaló a Bulma del cabello y comenzó a llorar. -¡Trunks!- lo reprendió, causando que el pequeño saiyajin llorara más fuerte. Bulma tardó un poco en calmarlo, hasta que su hijo dejó de estar encaprichado y fijó su atención en unos pajarillos que volaban cerca del carruaje.
Bulma levantó la vista en busca del Planeta Prisión, como se llamaba el planeta enano. No sabía por qué, pero cuando se sentía hostigada por el temor de lo que le deparaba el futuro, buscaba una extraña paz viendo hacia ese lugar, como si algo en el interior de éste la calmara. Quizás era el recordatorio que había un lugar capaz de detener a los seres más ruines y despiadados lo que la hacía sentirse tranquila. O quizás era el bello color rojizo que tiraba algunas noches.
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Cuando la primera nave de los saiyajin fue divisada por el enorme radar, una alarma de emergencia sonó en todo el planeta. Nunca antes había sido activada, por lo que muchos de sus habitantes no sabían qué hacer. Corrían hacia las plazas, otros al castillo de cada distinto señor feudal, y algunos incluso se encerraban en los bunkers que tenían debajo de sus casas.
El cielo se oscureció, cubierto por unas grandes nubes grises que llevaban consigo las primeras lluvias de la época. Poco a poco el agua comenzó a arreciar, haciendo que el ambiente se tornara un poco tenso, pues la alarma no dejaba de sonar. La nave más grande tocó el suelo luego de treinta minutos de haber sido divisada. Se estacionó cerca de los muelles, donde había capacidad para tres naves más únicamente. El mar estaba hecho una fiera, olas chocaban contra los muros de gaviones, algunos barcos se mecían de un lado a otro a voluntad del viento y el agua. Los pocos pueblerinos que quedaban cerca del puerto corrían buscando refugio en terrenos altos en caso de sufrir alguna inundación. Cincuenta caballos montados por jinetes bajaron las colinas hacia los muelles, justo cuando otras dos naves saiyajin quedaron ancladas para asegurar que el mar no las volcara.
La compuerta de la nave más grande se abrió, provocando que los jinetes se pusieran nerviosos. Todos sabían que no había nada de qué preocuparse, pero no podían evitarlo. Los saiyajin eran saiyajin, y tenían una fama que los colocaba como unas de las razas más mortíferas. El príncipe Tarble fue el primero en descender, caminando de manera firme, con su capa ondeando con tanta fuerza que parecía que iba a desprenderse de su atuendo. La lluvia comenzó a golpear el rostro del saiyajin, haciendo que éste se cubriera un poco. Seis saiyajin salieron detrás de él; dos eran tan altos que algunos caballos relincharon un poco por la presencia que daban. Los murmullos entre los jinetes no tardaron en escucharse –¿Quién de ellos fue que venció a Vegeta?-preguntó uno, consiguiendo que otros comenzaran a adivinar.
El jinete que iba a la cabeza, un hombre alto de piel rosada, completamente calvo, y con argollas decorando sus orejas puntiagudas, se acercó temeroso –Al… Alteza- saludó, bajando del caballo con dificultad, pues el viento y la lluvia se habían intensificado –Es un gusto tenerlo aquí finalmente. Espero el viaje no haya sido tedioso-
Tarble asintió y extendió la mano –Un mes de viaje no es nada- respondió relajado -Espero que con esto todos consigamos lo que buscamos- dijo de manera elocuente.
-Cla… ¡Claro!- dijo el hombre rosa –¿Acaso aquél es el segundo hijo del príncipe Vegeta?- preguntó, viendo a un pequeño saiyajin con mirada fría, que se ocultaba detrás de una saiyajin que lucía intimidante.
-¿Él? No, no, es hijo de mi Mano Derecha. Se llama Calíbono-
-¿Pero sí trajo consigo al otro príncipe saiyajin heredero?-
Tarble le sonrió con frialdad –¿Quiere entrar a mi nave o nos llevará a un castillo para hablar de todo esto?-
-Lo siento, Alteza, por favor, síganos- dijo, montando de nuevo su caballo. El resto de jinetes levantaron el estandarte del señor feudal al que servían. El símbolo era un tridente, el escudo oficial de la familia que gobernaba todos los muelles y mares de ese planeta.
Tarble le hizo señas a su Consejo, y Celery le indicó a otros diez saiyajin que los siguieran. Mientras los jinetes corrían lo más rápido posible, los diecisiete saiyajin volaban por encima de la ciudad. La mayoría de casas eran entre madera y piedra, elevadas del suelo con pilotes para evitar cualquier inundación causada por el mar. Finalmente llegaron al castillo, el cual resaltaba por sobre todas las construcciones. Tenía una enorme muralla de quince metros de altura a su alrededor, protegiéndolo de cualquier invasión que llegara por tierra. Allí se les daría hospedaje, pues el señor feudal se había ofrecido a tenerlos bajo su techo y darles comida y bebida. Dicho señor era un hombre regordete, con ojos pequeños y brillantes, anillos de oro en todos sus dedos, y ropas holgadas de una tela que parecía costosa. El príncipe saiyajin, y los otros seis miembros de su Consejo, fueron llevados ante él.
-Mi Señor- dijo Tarble, de manera cortés al entrar al lugar donde se encontraba un ser regordete, sentado, con un balde de uvas a su lado, devorándolas lentamente.
El Señor se puso de pie con ayuda de dos jóvenes altos que tenía a ambos lados, quienes llevaban harapos puestos en comparación con lo que el hombre regordete llevaba. Tosió un poco, y restos de uva quedaron atrapados en su barba negra –Es bueno saber que el nuevo príncipe saiyajin tiene modales- tosió un poco más –Es mucho más de lo que puedo decir de su hermano mayor. Por favor, póngase de pie-
-¿Qué hay de los otros saiyajin que vinieron con el príncipe?- interrumpió Pea, para sorpresa del resto de presentes.
-Yo sólo sé sobre la llegada del príncipe, nada más- dijo el hombre regordete –Quizás regresaron ellos a su planeta…-
-Creo que usted está al tanto sobre lo que sucedió entre nosotros y Cooler. Nuestro Planeta Vejita ya no existe-
-Oh, sí, tiene razón. Mi error- dijo de manera dramática y nerviosa –Imagino lo que deben sentir-
-¿Alguna vez ha perdido su planeta, Mi Señor?- preguntó Tarble, un poco molesto con la condescendencia del otro sujeto.
-No. Pero no se preocupe por ello, mi empatía es grande, tengo suficiente comida como para alimentar a su ejército. Aunque tendré que pedirle ayuda a algún otro Señor, si sigo alimentando tanto no quedará nada para mi pueblo-
Tarble lo veía hablar sin poder decidir en qué momento responder, hasta que finalmente el Señor comenzó a toser –No se preocupe, mi Señor- le respondió cortésmente –Si me permite llevar a mis hombres a cazar a los bosques que están a unos cuantos kilómetros…-
-No, no, no- respondió nervioso –Esos terrenos le pertenecen a otro Señor, y sería una falta de respeto invadir su terreno. No se preocupe, príncipe saiyajin, yo veré cómo los alimento- vio a uno de sus ayudantes, y éste se apresuró a acercarse a Tarble –Permita que mi esclavo los guíe hasta el comedor. Creo que podrá soportar a unos cuantos saiyajin más, pero el resto de su flota tendrá que quedarse en la plaza. Ordenaré que les den mesas para que se sienten. Aunque sean saiyajin, no quiero que luego digan que les di un mal trato debido a esto-
-Antes de eso quiero ver a mi hermano-
-¿Su… su hermano? Pues verá, él no está en este lugar…- dijo, sacando un pañuelo y limpiando su sudor.
Tarble apretó los puños –Si no me lleva ante él en este momento…-
-No hay que apresurarse, príncipe, todo a su debido tiempo. Creo que lo mejor es que se acomode primero, conozca un poco el lugar, y luego…-
-¡Lléveme ante él!-
Los seis miembros del Consejo, incluyendo a Kakarotto, se sorprendieron un poco ante el arrebato de ira de Tarble. Era poco propenso a verlo así. La barbilla del señor feudal estaba temblando, parecía que estaba por mearse allí de pie, pero se contuvo –Claro, claro, es su hermano después de todo, pero verá… yo no sé dónde está- admitió finalmente –La princesa Enkiridera fue la encargada de traerlo. Yo sólo ofrecí mi castillo para hospedarlos a ustedes. Seguro luego de su coronación ya podrá verlo, pero mientras tanto es mejor que esperemos un poco más, ¿no le parece?-
Tarble apretó los labios, hizo una reverencia, y salió del Salón, seguido por Celery y los demás. –No me gusta el tono de ese hombre- dijo Cligar –Es obvio que tenernos como invitados es un tipo de logro personal-
-Seguramente ese hombre no tiene ni la menor idea del honor que es tener enfrente a un grupo de saiyajin y seguir respirando después- dijo Celery.
Taro rió –A mí me dio la impresión que era un balón de aire. Un golpe, y explotaría-
Caulier se rascaba la barba, comentando en lo poco higiénico que era la apariencia del señor feudal. Tarble se limitaba a escuchar sin decir nada, con los ojos puestos sobre el esclavo que caminaba frente a ellos mientras les daba un pequeño recorrido por el castillo. Lo miraba examinando sus ropas; eran finas, sí, pero podía ver moretes en las partes donde había piel descubierta, sus brazos eran extremadamente delgados, al igual que sus piernas; las plantas de sus pies estaban rojas, posiblemente de tanto caminar descalzo, a pesar que ahora llevaba unas sandalias nuevas –Parece que recién se las acaba de poner y no sabe cómo usarlas- pensó.
Todos los pasillos estaban tapizados por una alfombra roja, piel de algún pobre animal, pinturas cubistas y de ángeles; una extraña combinación. Las ventanas estaban cubiertas por vitrales de colores, y el techo poseía un revestimiento de azulejo que podía hipnotizar al ojo. Quizás el señor feudal fuese un hombre sin gracia, pero debajo de su gordura y simpleza, había un exquisito gusto por el arte. O quizás el castillo le había pertenecido a alguien mucho más refinado antes.
El comedor a donde fueron guiados era alto, con triple altura, columnas corintias que decoraban por sí mismas el espacio, chimeneas en cada una de las paredes, y varias mesas puestas al azar, cubiertas completamente por comida. Poco a poco el resto del ejército fue llevado hacia ese lugar, y rápidamente se llenó de risas, gritos y música acompañaban el ambiente, así como el olor de sudor y carne. También sonidos de platos rotos. Era obvio que los saiyajin se la estaban pasando bien
Tarble se sentó, bebió y comió, no pudiendo evitar apartar la mirada de aquellos esclavos que se movían entre las sombras, silenciosos llevando comida de un lado a otro, deseando a no ser vistos. Habían niños, niñas, mujeres, hombres y ancianos. Vio a Celery hablar y hablar de Calíbono con otro saiyajin que parecía estar interesado en el tema de los hijos. Caulier bebía y bebía… su problema de alcohol empeoraba en las reuniones así; era imposible vencerlo en un duelo de bebida. Taro se reía por todo, y Cligar desapareció luego de un rato.
-Kakarotto- llamó Tarble, intentando no lucir preocupado –¿Puedes sentir el ki de mi hermano en alguna parte?-
-No- respondió el saiyajin de clase baja –Las esposas que le colocaron deben estar restringiendo su energía… pero… por un instante me dio la impresión de sentir el ki de Bulma y el de Trunks-
–¿Qué estaría haciendo Bulma hasta este lado del Universo?- preguntó escéptico.
–¿Cree que los tienen como rehenes?-
-No, ella es demasiado inteligente como para caer en alguna trampa así-
Kakarotto quiso comentar algo más, pero se contuvo y quedó callado. Él no era bueno imaginando escenarios como los demás, no tenía mucha capacidad para dudar de las personas; mil veces había caído en engaños de sus enemigos, así que dudar no estaba en su instinto, pero debía de admitir que era muy curioso que los herederos a la corona saiyajin estuvieran reunidos en el mismo planeta al mismo tiempo.
-Cuando terminemos de comer y hayamos descansado, quiero que intentas averiguar si alguien en este planeta sabe algo de Bulma o de mi hermano. Cualquier información será apreciada-
Kakarotto asintió y le dio una mordida a una pierna de cerdo rostizada. Comería hasta no poder más, y luego dormiría como una roca durante diez horas seguidas. Después de eso comenzaría su búsqueda.
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El Pueblo de las Montañas del Planeta del Juicio era muy diferente al Pueblo de los Mares. Pues en dichas montañas sólo existían criaturas toscas, y era allí donde Kakarotto y Piccoro estaban ahora. Ambos buscaban cualquier información de Bulma, aunque Kakarotto no perdía la oportunidad para preguntar sobre la nave donde iba Milk, pero de nada servía pues nadie sabía sobre tal cosa.
Kakarotto estaba en el mercado, sentado en una roca comiendo una fruta de color morado. En su mano derecha llevaba un pequeño dibujo que Piccoro había hecho de Bulma, ¡no tenía ni idea que el namekuseijin pudiera ser tan buen artista! Lastimosamente de nada había servido, pues ningún habitante del Pueblo de las Montañas había visto a un humano en su vida, ni sabía que existían.
-Con éste, es el quinto pueblo que vemos y no hay señales de nada- se quejó el namekuseijin –Quizás alucinaste su energía-
-¿Tú crees?- preguntó Kakarotto, no muy convencido de esa explicación. Desde el día de su llegada no había sentido de nuevo la energía de Bulma, y ya habían pasado cinco días –¿No crees que se esté ocultando?-
–De lo poco que vi, esa mujer estaba tan loca como lucía, así que es más probable que las personas se oculten de ella- fue la respuesta de Piccoro.
Kakarotto estalló en risa. Bulma podía ser una belleza, pero es cierto que su carácter era un poco desquiciado cuando quería. Se puso de pie, decidiendo con Piccoro hacia dónde debían ir. Habían ya investigado en el Pueblo de los Mares, en el Pueblo de las Montañas, Pueblo de la Tundra y el Pueblo de la Sabana, pero no habían encontrado nada. Lo único que habían descubierto es que muchos reyes y reinas estaban llegando para la coronación de Tarble.
Kakarotto también había descubierto que por ser saiyajin, lo discriminaban. Muchas veces le habían negado la entrada, y fue Piccoro quien tuvo que intervenir. Incluso tuvo que llevar su propia comida, pues los vendedores se negaban rotundamente a darle siquiera una probada de algo. Tenía que bañarse varias veces al día para ocultar el aroma que su cuerpo emitía, era vergonzoso.
-¿Qué tal si vamos al pueblo que está en el desierto?- preguntó Kakarotto.
–El Pueblo de los Ríos sería mejor- dijo Piccoro –Los ríos son la manera más rápida de transportarse en este enorme planeta, así que seguro habrán escuchado rumores de alguna terrícola en el planeta-
-Le avisaré a Tarble- dijo Kakarotto.
El Pueblo de Los Ríos era el más largo de todos, pues era básicamente una gran ciudad que se construía alrededor del río que conectaba todo el planeta. El agua era tan cristalina que se podía ver el fondo de 10m. Barcos, lanchas y canoas lo usaban para transportarse. El pueblo era el más alegre que saiyajin y namekuseijin habían visitado. El único que no discriminó a Kakarotto por su raza, incluso le ofrecían comida cuando su estómago rugía.
-Estoy buscando a una terrícola- decía Kakarotto, mostrando el retrato de Bulma -¿La han visto? Seguro está con un bebé de este tamaño. Estaba justo en la entrada de una casa de dos plantas, y en el pórtico se hallaban cinco mujeres vestidas únicamente con un pantalón holgado y unas blusas que dejaban a la vista sus abdómenes. Todas se rieron, pues el saiyajin no parecía comprender que estaba a un paso de ingresar a un prostíbulo.
-Nunca he estado con un saiyajin- dijo una de ojos azules.
-Dicen que son unas fieras en la cama- dijo otra, acercándose a Kakarotto y agarrándolo del brazo -¿Te importa si me lo muestras?-
Kakarotto la vio un poco confundido, levantando el retrato de Bulma -¿Quieres que te muestre esto?-
Las cinco rieron como colegialas enamoradas. Tirando de la ropa al saiyajin para que entrara -Vamos, vamos, no te cobraremos nada si logras con todas-
-¿Es un tipo de juego?- preguntó el saiyajin, subiendo los escalones hacia la puerta debido a la insistencia de las mujeres.
-Lo siento, señoritas- dijo Piccoro, tomando a Kakarotto del hombro y arrojándolo hacia atrás -Pero este saiyajin está en una misión. Si quieren, mandaremos a más para acá-
Las mujeres se pusieron un poco tristes por la interrupción, pero cuando escucharon que habían más hombres así olvidaron la frustración. Incluso intentaron que el namekuseijin entrara con ellas, pero éste se rehusó rápidamente. Kakarotto había caído justo en unos barriles llenos de pescado, y ahora apestaba -No tenías que hacer eso. Quizás ellas sabían dónde...-
-¡Lo que sucede contigo es que eres un tonto! Ahora tú tendrá que traer a tus compañeros saiyajin a este lugar, yo no planeo pisar este pueblo nunca más- le gritó el namekuseijin, sonrojado por la situación embarazosa que había tenido que pasar, pero fue gracias a ese embrollo que se enteraron que el Señor Feudal del Desierto tenía una invitada de un planeta lejano. Kakarotto se sorprendió de lo mucho que las descripciones encajaban con Bulma, incluso un chico aseguró que la mujer cargaba consigo a un bebé, pero que éste no lucía ni olía como un saiyajin.
Volaron hacia el Pueblo del Desierto. Kakarotto había visto en el mapa que el señorío era vasto, pero no imaginó que hiciera tanto calor, pero a pesar de ello podía sentir miles de presencias en ese pueblo, pero ninguna parecida a Bulma. Él y Piccoro aterrizaron justo donde comenzaba el oasis, cerca del río, pero no tardaron en darse cuenta que no eran bienvenidos.
Cinco guardias los rodearon, exigiéndoles que se largaran o se atuvieran a las consecuencias. Kakarotto no sabía qué hacer, era el primer poblado donde eran tan hostiles, a pesar que el resto de pueblos aseguraban que las personas del Desierto eran quizás las más pacíficas. Piccoro fue quien explicó la razón de su visita, incluso expuso que Kakarotto era miembro del Consejo Real de los Saiyajin, pero esto no calmó a los guardias, quienes no paraban de decirles que se fueran de allí.
-No hay ninguna terrícola en el desierto- dijo uno de los guardias –Ahora necesito que se vayan, o al menos el saiyajin-
-Quizás si hablamos con el Señor de estas tierras…- comenzó a decir Piccoro, pero realmente parecía que los guardias no cederían.
-Fue el Señor quien ordenó negar la entrada a cualquier saiyajin, especialmente al príncipe Tarble y a cualquier miembro de su Consejo-
Kakarotto inhaló profundamente, ¿cuál era el problema con su raza? Es cierto que no eran precisamente los mejores del Universo, pero estaban intentando cambiar todo, y este tipo de actitudes no hacía fácil el cambio. Piccoro le colocó una mano sobre el hombro y le indicó que debían irse. –De igual manera no percibes su energía, ¿o sí?-
Kakarotto cerró los ojos, intentando buscar en cada rincón, pero de nada sirvió. Quizás en serio Bulma no estaba en ese planeta –Vámonos- dijo un poco molesto. Realmente le habría gustado conocer a ese Señor Feudal para demostrarle que un saiyajin no podía ser detenido si realmente se lo proponía, pero nada ganaría ahora.
Volaron en silencio de regreso al Pueblo de los Mares. Kakarotto no paraba de repasar una y otra vez la escena en su cabeza, ¿acaso ocultaban algo en ese pueblo o eran unos simples racistas?
-Quizás están ocultando la energía de Bulma- dijo Kakarotto.
Piccoro asintió. De lo que estaba seguro, era que Kakarotto no podía tolerar que lo discriminaran. -Se acerca una tormenta- dijo con su voz grave –Es mejor que nos apresuremos o estaremos atrapados en ella-
Cinco días más pasaron. Las lluvias se calmaron, parecía que había sido una tormenta pasajera. Tarble fue visitado por una gran variedad de emisarios del resto de señoríos, rogándole que los visitara para el almuerzo o la cena. Asistió únicamente a tres de esas invitaciones, pues constantemente era acosado por las mismas preguntas sobre la cultura saiyajin: ¿comía los cuerpos de los enemigos?, ¿recurrían al canibalismo cuando escaseaba la comida?, ¿fornicaban unos frente a otros sin importar parentesco?, ¿mataban a los hijos de otros cuando querían embarazar a una mujer?, ¿se comían la placenta luego del nacimiento?, ¿su dieta se basaba en órganos de animales?, ¿es cierto que si se transformaban en oozaru, perdían la capacidad de razonar entre aliados y enemigos?
Pero nadie respondía cuando él preguntaba. Parecía que ninguno de los señores quería compartir información sobre el paradero de Vegeta, ni siquiera sabía si realmente seguía vivo o no. El ki de Bulma y de Trunks no fue sentido más por Kakarotto, y a pesar que hostigó al Señor Gordo a que le dijera algo sobre ellos, éste se rehusó diciendo que nunca había un humano llegado tan lejos como para estar en ese planeta. Y cada vez que salía a flote el tema de su coronación, le decían que faltaban algunos reyes y reinas de otros planetas, pero en cuanto llegaran, todo comenzaría.
Finalmente, una semana después de haber llegado al planeta, el señor feudal obeso llamó a Tarble ante él, parecía que tenía buenas noticias que compartir.
En cuanto el joven príncipe cruzó la puerta, su mirada se posó en Enkiridera, quien estaba de pie al lado del señor feudal, usando su traje blanco con un dragón dorado bordado en su espalda, llevando en su cintura dos espadas delgadas y largas para que todos las pudieran observar –Ha pasado mucho, príncipe saiyajin- dijo ella, con su voz tranquila –Escuché que se recuperó rápido de la batalla contra Cooler, ¿cómo está su ojo?-
Tarble se obligó a sonreír –Mejor que nunca- respondió de manera condescendiente –¿Me explicarás por qué trajiste a mi hermano este lugar en lugar de llevarlo ante mí?-
-Lo siento, pero el Parlamento cambió de opinión, creemos que alguien tan peligroso como Vegeta no debe estar siquiera cerca de su raza. Ya sabes, para no influenciar en algún tipo de movimiento en su contra, Alteza-
-Nadie me dijo algo sobre ello, ¿segura que no es por algo personal?-
-Pero claro, Alteza, yo no hago nada que el Parlamento no me ordene- le sonrió de manera cortés -Ahora, me gustaría conocer al otro príncipe. El segundo hijo de Vegeta, dicen que es como ver a su madre en pequeño. Seguro será tan poderoso como su padre, o incluso más-
-Kurbis está durmiendo, lo tenemos en una de las otras naves que están varadas en el Espacio-
Enkiridera pareció un poco acelerada -Claro, claro, pero me gustaría conocerlo. Quizás para su coronación pueda traerlo para que lo conozcamos. Un príncipe siempre es razón de gozo-
Tarble asintió -Lo traeré para la coronación... siempre y cuando usted me diga dónde tiene a Bulma y a Trunks-
-La señorita Bulma hizo un trato conmigo. Por tu expresión imagino que no tienes ni idea sobre ello- se encogió de hombros –Ella está donde está por su voluntad. Puede irse si así me lo pide, pero entonces de nada habría servido lo que nos construyó-
-Está aquí- pensó aliviado. Quiso preguntar sobre ello, pero se abstuvo. No caería en la trampa de Enkiridera. Sea lo que Bulma y ella hicieron, no era de su incumbencia –¿Qué haces aquí entonces?-
Enkiridera se giró hacia el señor feudal –Vine a visitar a un viejo amigo- dijo sonriendo –¿No es así?-
El señor feudal, sudando como un puerco, tosió de manera seca –Claro, claro. Nos conocemos desde hace mucho. Su hermana y mi hijo mayor estaban comprometidos, ¿no es así? Cuánto tiempo de eso… recuerdo todavía el revuelo que se hizo con el señor del Desierto… su hermana y mi hijo se habrían casado de no haber sido por el príncipe Vegeta…-
Tarble no quitó los ojos de encima de Enkiridera, y por primera vez, vio ira en ellos. Ella siempre se esforzaba por permanecer tranquila, pero era obvio que ese tema había tocado un nervio. Quizás sí era personal después de todo.
-De nada sirve hablar del pasado- dijo la princesa, cortando el tema de golpe –Yo era la última que faltaba para su coronación, Alteza, pero antes de eso hay que hacer el juicio a su hermano. No puede ser que Vegeta siga estando como sucesor al trono, sería como poner en riesgo su puesto, ¿no lo cree? Usted debe comprender que, para que confiemos en los saiyajin, al menos nos deben permitir juzgar a su hermano como si fuese cualquier vil asesino. De lo contrario, sería como si los saiyajin fuesen intocables- dijo de manera condescendiente.
-Quiero verlo antes de eso.-
El señor feudal se movió de manera incómoda, haciendo que su papada temblara –Creo que no es seguro que…-
-¿Por qué no?- interrumpió Enkiridera –Es su hermano, después de todo. Entiendo muy bien que usted todavía debe de tenerle cierto apareció, ¿y cómo no? Después de todo, un hermano nunca dejará de serlo… vivo o muerto, siempre lo llevaremos con nosotros, ¿no cree, Alteza?-
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La puerta de metal se abrió, provocando un sonido que dejaba claro que el óxido se estaba propagando en la estructura. El guardia, cubierto de pies a cabeza por una armadura de acero, dio tres pasos hacia el interior de la celda oscura y húmeda. Colocó un plato de comida en el suelo, y salió de nuevo sin darle la espalda al reo, y sin intercambiar palabra alguna con él.
-No ha comido por una semana. Desde que se enteró sobre la coronación, sólo ha tomado agua, ni siquiera he escuchado cómo es su voz…- informó el encargado de esa celda –Es obvio que esa raza está hecha para durar ante cualquier inclemencia-
-No podemos permitir que muera así. Si lo consigue, nosotros nos quedaremos sin la justicia que les debemos a nuestros hermanos y hermanas-
-Nosotros no somos quienes decidirán cómo morirá este soldado. Si los dioses deciden que debe morir a causa del hambre, y bajo su propia mano, entonces ésa es la única justicia que necesitamos-
El guardia se quitó el casco, y sus mechones blancos cayeron sobre su frente –No sé qué clase de dioses permitirían una muerte así, pero yo no descansaré hasta no verlo pagar como se merece. Este maldito arrinconó a mi raza hasta llevarlos a un punto sin retorno de la extinción. Cuando yo muera, ya nadie quedará para mantener el legado de mis ancestros-
-No te acerques tanto a la puerta…- le advirtió el otro guardia. Había una pequeña abertura donde se podía observar hacia el interior de la celda, pero por consiguiente el reo también podía ver lo que sucedía afuera.
-¿Qué puede hacerme este idiota? No ha comido por días, está encadenado, y además tiene esas esposas y aro que le…- sus palabras quedaron ahogadas. Un fino rayo de energía le atravesó el cuello, perforándole la garganta, y provocándole que se ahogara mientras intentaba aferrarse a la vida.
El otro guardia corrió hacia él, gritó por ayuda, pero era demasiado tarde. El chico de cabello blanco se desangró a los treinta segundos, muriendo con una expresión de terror.
-Eres un maldito- dijo el guardia, manteniendo su distancia de la puerta –El pobre no tenía que morir.- Su única respuesta fue una risa desde el interior de la celda –¡Calla, maldito saiyajin, calla!- le gritó, pero la risa sólo aumentó de intensidad. No entendía cómo un hombre que no había comido nada por tanto tiempo todavía tenía energía, pero cuando vio por la rendija de la puerta, pudo darse cuenta que el saiyajin estaba tan en forma o incluso mejor que cuando había llegado, ¿alguien más lo estaba alimentando?
-¡Soldado!- gritó un guardia en la puerta del recinto –¿Qué sucedió?-
-Es… fue un accidente- dijo viendo el cuerpo de su compañero ya sin vida.
-Sáquelo de aquí. Avise a sus familiares que…-
-Él ya no tenía familiares, capitán-
El capitán, un hombre con bigote espeso y ojos grises pareció entristecerse un poco –Ya veo. Entonces le celebraremos un digno funeral. Cada vez que una raza se extingue del Universo, es algo que todos sufrimos-
El soldado asintió y cargó el cuerpo del que fue su compañero por tres años. Cuando salió del recinto, vio de reojo a quienes acompañaban al capitán. Tres saiyajin más. No pudo evitar verlos con desprecio, ¿cuántas razas más tendrían que extinguirse a manos de esos horribles seres?
-Gracias, capitán- dijo Tarble.
-¿Estás seguro que estarás bien, hijo?-
Tarble asintió –Estaré bien- se esforzó por decir, a pesar que su pulso se había acelerado.
-Ya veo, cualquier cosa estaré del otro lado de la puerta. Tarble se quedó de pie, acompañado por dos saiyajin que estaban a cargo de cuidar que Vegeta no escapara de su celda. Eran dos soldados jóvenes que Caulier había elegido para acompañar al príncipe en caso él lo requiriera para cualquier situación... Tarble los hizo jurar que no le dirían nada a nadie sobre lo que estaba haciendo. No quería que los demás se enteraran. Era algo que debía hacer solo, aunque tenía que admitir que temió un poco por su vida al llegar a esa prisión. Era una enorme estructura en forma de cilindro, con diminutas ventanas donde apenas cabía una paloma; rodeándolo había una enorme fosa cuyo fondo nadie conocía, y adentro se hallaban criaturas que nacían y morían en la oscuridad, a quienes les lanzaban los cadáveres de los reos que fallecían por inanición. Y, encima de todo, la prisión no se encontraba en el Planeta del Juicio, sino en uno diminuto de color rojizo que lo orbitaba.
El interior de la prisión estaba dividido por recintos. Uno para los asesinos, otro para los ladrones, otro para los extorsionistas; a los violadores en serie los metían en el recinto de asesinos, y estos se encargaban de matarlos, pues nadie perdonaba ese tipo de ofensas. El recinto al cual Tarble entró, tenía unas cuantas luces que titilaban, el resto de celdas estaban vacías, sólo Vegeta se hallaba en ese sector. Aparentemente era un lugar poco usado, pues raras veces tenían seres tan peligrosos como él encerrados.
-Ha pasado mucho tiempo, hermano- dijo Tarble, caminando un poco hacia la puerta –La última vez que nos vimos me diste por muerto, ni siquiera te molestaste en buscarme -
No obtuvo respuesta alguno, sólo el sonido de unos pasos y grilletes que se acercaban a la puerta. Al menos parecía que Vegeta no lo estaba ignorando del todo.
-¿Te han tratado bien? Hay muchas que quería decirte, pero ahora que estamos aquí cara a cara creo que realmente nada era tan importante. ¿Sabes? He decidido hacer que los saiyajin ya no luchemos más para conquistar planetas; ¿recuerdas las leyendas del legendario súper saiyajin y el dios súper saiyajin? Todos eran guerreros de corazones buenos, eso quiere decir que, en el fondo, los saiyajin podemos ser así… quizás nos tome varias generaciones, pero quiero que el Universo nos vea como seres poderosos con quienes puedan contar-
Los dos guardias que lo acompañaban se vieron entre sí. Habían escuchado rumores de eso, pero nadie se los había confirmado… hasta ahora. Tarble quiso seguir hablando de ello, pero la risa de su hermano lo detuvo.
–¿De qué te ríes?- le preguntó, notando que no pudo ocultar lo nervioso que se había puesto.
-Ustedes dos- dijo Vegeta, con su voz firme y fría –Afuera- ordenó.
Los dos saiyajin se vieron entre sí de nuevo, perturbados, dudando sobre qué hacer, pero el grito de Vegeta los hizo obedecer -¡AFUERA!- exclamó el príncipe saiyajin. Tarble se quedó paralizado al ver cómo los dos saiyajin asintieron levemente, se dieron vuelta, y salieron del recinto sin siquiera discutir. Vegeta rió con amargura –No tienes madera para esto, hermano- le dijo con una voz llena de veneno –Un saiyajin como tú no puede gobernarnos-
–¿Ya te diste cuenta, insecto? No tienes la lealtad de los saiyajin en tu bolsillo como realmente crees- la voz de Vegeta sonaba tranquila, demasiado para el gusto de su hermano menor -No tienes ni idea de lo muerto que estarás pronto- le dijo, consiguiendo que la garganta de su hermano se secara tanto como un desierto.
Quedan entre tres a cuatro capítulos más :D espero poder subir el siguiente pronto, ya que hay personajes cuyos paraderos están desconocidos y necesitamos aclarar eso XD no pueden desaparecer sólo porque sí... ¿o sí? :D
La verdad es que quería actualizar dos capítulos, pero seguro me habría tardado más :( Me gustaría de nuevo que me disculparan por la tardanza, y me digan qué opinan sobre cómo está sucediendo todo en relación al pobre de Tarble, a quien no parece que todo le esté yendo tan perfecto como él habría querido.
El nombre de Kurbis para el segundo hijo de Vegeta fue idea de mi estimada amiga Diosa de la Muerte :)
Por cierto, tengo pensado ir a México para la Mole Comic Con, así que si alguien irá, pues quizás nos logremos juntar y conocer, sólo mándeme un mensaje y con gusto miramos cómo nos conocemos :)
¡Espero sus reviews, y nos seguimos leyendo! :D
