Hola!!! ¡Estoy medio ocupada con algunos exámenes, pero como lo prometido es deuda tomé un ratito para subir el capítulo! ¡Prometo responder sus reviews en la siguiente ocasión! (Cuando tenga más tiempo) Besos! Gracias a los que comentaron! Espero les guste el capítulo y nos leemos!!

Capítulo 26

Las cenizas de una historia

P.O.V Hermione Granger

Tres años luego

El tiempo, como buen y leal compañero, se llevaba los destellos de un pasado fúnebre, trágico y doloroso. Al final, solo nos queda el consuelo de que nuestros actos no fueron tan malos después de todo. Sentada frente al computador portátil terminé de introducir las últimas líneas que daban por cerrado el caso de los indigentes que estudiábamos desde hace unas dos semanas. Un último click me dio ese alivio al sacarme ese caso de encima. Recorrí la mesa en busca de mi taza, la encuentro, la sujeté y la llevé a mis labios disfrutando el sabor amargo del café.

-¿Cómo se siente la futura señora Mclaggen?- cuestiona Harry apoyándose de mi mesa y levantando una de sus cejas.

-¿Cómo debo sentirme?- pregunté sin mucho ánimo, él sabía que no me casaba por amor sino por resignación. Como cuando te decides por comprar un perfume tal porque sabe que no te alcanza el dinero para comprar el deseado. Mi moreno rodó los ojos...él sabía, yo sabía, muchos lo sabían.

-No lo sé. ¿Emocionada?- cuestionó con cierto sarcasmo.

-No veas cuanto me emociona...- murmuré entre dientes volviendo la vista al computador y dando un sorbo al líquido ligeramente cálido.

-No podré ir a tu despedida de soltera.- anunció Harry de golpe. Saqué la mirada del informe recién enviado y elevé una de mis cejas.

-Eres mi mejor amigo...se supone que estarías ahí...- le acusé cruzándome de brazos.

-Lo siento. Tengo un compromiso...pero te lo cambio por una cita hoy en la noche.- anunció con una sonrisa.

-¿Qué compromiso? Aún falta una semana para mi despedida, puedes hacer las gestiones para asistir.- insistí, quería que él estuviese allí. Además de Ginny y Ron, mi moreno era la una persona que realmente había invitado porque deseaba tenerle cerca.

-Lo siento...Parkinson me mata.- sentenció con una sonrisa.

-Y yo la mato a ella...- bromeé. Harry sonrió ante lo recién expuesto y luego se inclinó aún más hacia mí.

-Lleva planeando una salida hace como un mes. No quiero desairarle.- aceptó ligeramente sonrojado, le apreté una mejilla cariñosamente sin evitar sonreír.

-El nene precioso está tan enamorado.- me burlé imitando una voz infantil. Harry dejó escapar una risa y pasó una mano por su cabello nervioso, ligeramente sonrojado.

-Como nunca antes.- susurró.

-Es lindo estar enamorado...- susurré, los recuerdos del pasado amenazaban con golpearme así que simplemente los bloqueé. Había aprendido ha hacerlo. Era necesario seguir viviendo.

-El punto es que tú y yo está noche iremos a un bar, beberemos un rato, me contarás cómo se siente estar próxima a casarse, escucharemos buena música y luego nos iremos a casa.- desvío el tema, me dio un beso en la mejilla y sin darme opción a réplica se alejó hacia su escritorio.

-Tonto...- susurré observándole mientras se alejaba. Intenté sonreír al pensar en mi boda, pero no podía, no podía sonreír por algo que solo hacía porque me sentía sola y vacía. Y quería rellenar esa tristeza de la forma más rápida y sencilla.

Volví mi vista al computador, y mientras pasaba las carpetas pasé por aquella que había creado luego de la muerte de Malfoy. La abrí, solo por deseos de recordar, eran todos los estudios que había podido realizar acerca de los Dragons y sus enemigos. Estaba tan obsesionada por saber quien había disparado contra Draco. Saberlo era imposible.

En aquel puente, nadie había visto nada. Los policías, uno por uno, negaron haber cometido tal acto. Todos sabían que no había motivo para asesinar a un hombre que no tenía salida. ¿Por qué matar a un condenado? La única salida era que algún enemigo le hubiese estado siguiendo y aprovechase el descuido. Pero la pregunta era ¿Quién? Y a ese cuestionamiento...simplemente... no había respuesta.

El cuerpo del rubio de grisáceos ojos jamás apareció. Algunos dicen que, como tardaron en sacarlo, algún cocodrilo u otra bestia se lo pudo haber comido...no apoyo esa teoría. Otros, dicen que el cuerpo quizás fue a parar al mar y se perdió. Otros, aún más elocuentes, aseguran que quizás intentó huir y en el proceso un carro le golpeó, o terminó tirado por ahí muy mal herido. Fuese como fuese, la realidad era que estaba muerto y que el acta declaraba esa sentencia como el punto y fin del asunto.

Cerré con un doble click la carpeta con la escueta y pobre información que en aquellos meses logré recolectar. No había servido de nada y no serviría. Porque descubrí que a los Malfoy mucha gente los odiaba. Definitivamente, la fama que habían adquirido había despertado también envidia y odio. Tanto que tenían más enemigos que aliados.

Los Dragons que fueron apresados pasaron solo un año en prisión, porque no habían pruebas suficientes para que permanecieran ahí más allá de ese periodo. A los que no atraparon los dejaron como nota al calce; el caso se cerró y de un día a otro el tema de los mafiosos más grandes de londres perdió importancia. Como si con la muerte de Draco Malfoy, ya no hubiese motivo para seguir fastidiando al grupo de mafiosos.

Aquello me intrigó, y seguramente me seguiría intrigando mucho tiempo. En londres hay mafiosos. En realidad, hay tantos que seguramente en cada esquina podrías hallarlos. Aún así, después de la muerte de Malfoy, en la comisaría no se presta tanta atención a esa gente. Dumbledore ahora solo nos enviaba a estudiar homicidos y robos, y mas homicidios. Seguramente nunca comprenderé el repentino cambio.

Blaise Zabinni era otro asunto. Había quedado en coma. Los dos disparos de Cormac habían colocado al moreno entre la vida y la muerte por más de un año. Cuando salió de ese estado, estuvo crítico durante meses.

Y ahora, cumplidos casi tres años, comienza a recuperarse. Ginny me contó que lloró mucho cuando supo de la muerte de Malfoy. Además, el chico profesó su molestia por nuestra mentira, pero optó por no rechazar la ayuda de Gin y gracias a ella se ha ido recuperando. ¿Se enamorará de ella? No lo sé, Zabinni es complicado.

¡Parkinson y Harry! La chica de ojos azules estuvo meses descomunicada. Mi amigo estaba al borde de un colapso y tan preocupado que no comía, no dormía, andaba de un lado a otro sin motivo ni sentido. Cuando apareció, ella le explicó que estaba esperando que las aguas se tranquilizasen para no correr ningún peligro. Fue la primera en perdonarnos, bueno...en perdonar a Harry, a mi y a Ginny aún nos guarda algo de resentimiento. Por algún motivo extraño, con Ron no tenía problemas.

-Amor. ¿Almorzamos?- cuestionó una voz a mi espalda. Me giré, recibiendo un beso inesperado que me dejó en los labios una humedad que me he era desagradable.

-Tengo un informe que terminar.- mentí. Dando un click en la computadora para cerrar la ventanilla en la cual me encontraba y así poder sostener mi mentira. Si, Hermione Granger mentía mucho desde un tiempo para acá.

-¿No Piensas comer? Te vas a poner muy delgada.- insistió el castaño dándome otro beso corto. Moví el rostro evitando que alargara el contacto y giré la silla corrediza dándole así la espalda.

-Comeré más tarde.- simplifiqué, ni siquiera podía estar con él a solas sin sentir cierta incomodidad. Aún, a pocos días de la boda, me preguntaba si algún día lograría amarle.

-No insisto. Si quieres te traigo algo de comer.- se ofreció, sus dedos comenzaron a jugar con mis bucles castaños. Escurriéndose entre ellos juguetonamente.

-No tengo hambre, Cormac.- respondí.

-Cómo quieres. Si cambias de opinión me llamas y te traigo.-declaró sin ningún problema, le escuché alejarse y suspiré aliviada.

Quizás también al escogerle a él me había equivocado. Podía casarme sin amor con cualquier otro hombre. Pero él estuvo ahí siempre, esperando. Si tenía que entregarle mi cuerpo a alguien que no me interesase en lo más mínimo...por lo menos prefería entregárselo a alguien que, aparentemente, me amaba.

-¡Hermione! Aquí están los resultados de la última biopsia.- escuché exclamar a Ginny, volví a girar sobre mi silla. La pelirroja de acercaba a mi corriendo, los bordes de su bata moviéndose al son de su carrera.

-¿Y qué dicen?- cuestioné agarrando los papeles que me entregaban.

-Negativo. El acusado no es el asesino.- declaró orgullosamente mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.Ella había predicho los resultados y no se había equivocado.

-Comenzaré a pensar que tienes vocación de oráculo.- murmuré divertida mientras repasaba los papeles que me habia provisto. Pasé mis ojos entre líneas, observando las comparaciones que no comprendía del todo, pero que, tras años con Ginny, había aprendido a descifrar poco a poco.

-Les dije que se dejaran llevar por mi sexto sentido.- alardeó la pelirroja orgullosamente.

-Lo tomaré en cuenta.- susurré sentándome y abriendo la página del caso que Ginny acababa de traerme para corroborar que todo estuviese documentado.

-¿Comes?- me interrogó Gin.

-No, ahora no. Prefiero terminar esto.- rechacé rápidamente la oferta.

-Tienes que comer así que deja eso para cuando regreses.- sentenció ella obstinadamente, me sujetó del brazo y me obligó a seguirla aún cuando mi deseo era permanecer en mi posición y leer durante algunas horas más.

-Qué conste que voy en contra de mi voluntad.- le advertí entrando a la patrulla.

-Si, si. Digamos que es un secuestro para ir a comer a la madriguera.- se burló encendiendo el auto y poniéndolo en marcha.

-Si Cormac se entera que estoy almorzando contigo luego que rechacé su oferta de ir a comer se pondrá de malas.- comenté observando hacia a calle que nos quedaba hacia adelante y se seguía extendiendo hasta dejar ver un puente a lo lejos.

-Le decimos que fue un secuestro, eso no importa.- restó ella importancia mientras yo me entretenía observando los edificios, las paredes con algunos dibujos artisticos, la gente caminando de un lado a otro con paraguas a causa del día lluvioso.

-Es que es un secuestro.- aclaré divertida, una sonrisa se había resbalado por mis labios. Ginny era un oasis en medio de los problemas. Ella siempre sabía que decir para sacarte una sonrisa.

-A Mclaggen lo tienes en tu mano. Es como un perro faldero que se mueve hacia dónde le órdenes. Seguro le dices que cambiaste de opinión y simplemente te da un beso y dice que es bueno que comas para que no te pongas tan delgada.- se burló mi amiga deteniéndose en un semáforo. Al parecer, ella lo conocía mejor que yo.

Estaba escuchándole, pero no hallaba respuesta en mi cabeza, porque me quedé estática observando un dibujo enorme en una pared. Era una mujer, cabello castaño en bucles, labios finos. Estaba dando la espalda, apenas se tenía un solo ángulo de su rostro visible. Había algo escrito abajado, en letras medianamente grandes, pintadas de negro carbón. Al observar la pared era imposible que no llamase la atención; además, la caligrafía me parecía extrañamente familiar. Leía: "Y aún te sigo amando...".

-¿Ese dibujo estaba ayer ahí?- pregunté, Ginny giró el rostro y tuvo algunos segundos antes de ponerse en marcha. Fue el tiempo suficiente para observar detenidamente el graffiti que le señalaba.

-No lo había visto antes, debe ser reciente.- respondió mientras íbamos dejando el dibujo atrás. Junto con el puente que acabábamos de cruzar.

-¿No te pareció que el dibujo era familiar?- cuestioné todavía con aquellos delicados trazos en mi recuerdo. La técnica...la caligrafía...parecía estar vagamente en mis más profundos recuerdos.

-No. Debe ser un pintor de esos que no tienen mucho dinero para llevar acabo exposiciones.- le restó importancia mi pelirroja y decidí que ella tenía razón. Que tampoco había que darle tanta importancia a un simple dibujo que aparentemente había pintado un loco que sufría de desamor.

Muchos locos sufrían de desamor, no podíamos ir por el mundo prestándole atención a todos. Además, mi historia de desdichas y mala suerte era suficiente; no habían motivos para terminar de amargar mi existencia con la desdichada vida de alguien más. ¿Para qué? Hasta el sol de hoy nadie a muerto amor, excepto en los cuentos, esos sí mueren de amor.

-Hablando de pintores, hay una exposición mañana aquí en un centro cerca de la madriguera. Me parece que es un pintor joven que recién inicia su carrera. Neville me invitó, si quieres puedes venir.- comentó Gin tomando la salida que nos conduciría directamente a la madriguera.

-¿Exposición de arte? ¿Con Neville? Eso suena un poco aburrido...- murmuré

-Lo será.- aceptó mi pelirroja riendo.

-Es Bueno apoyar el talento joven así que cuentan conmigo. ¿Segura que es mañana? Sabes que no puedo comprometer muchos días, a veces olvido la boda.- bromeé.

-A Cormac no le molestaría si aplazas la ceremonia.- se burló Weasley y ambas reímos.

-Me dejará plantada.- declaré antes de bajar del auto.

-En realidad, no se cómo te aguanta.- aceptó ella.

-Tampoco yo.- admití.

Entramos a la madriguera y el sonido de unas campanillas anunciaron nuestra llegada. Estábamos a mediados de noviembre, las vísperas navideñas ya se mostraban en los rostros y aún más en las casas. La madriguera Weasley era un claro ejemplo de espíritu navideño. Además, tenían muérdagos en todas las puertas, y si te descuidabas podrías caer en las bromas de los gemelos. Un huevo o una tarta en tu cabeza era lo menos horroroso que podría ocurrirte.

-¿Qué va a comer el cuerpo policiaco de este país?- preguntó Fred con una enorme sonrisa mientras le tendía unos refrescos a George. El otro gemelo solo nos dedicó una sonrisa y siguió llevando la bandeja con bebidas.

-A mi dame lo de siempre.- pidió Ginny estirándose hacia Fred para apretarle una mejilla cariñosamente.

-¿Y la desdichada futura señora Mclaggen?- bromeó el pelirrojo escribiendo rápidamente en una libreta.

-Pescado con papas. Y no soy desdichada.- le corregí con una sonrisa antes de rodar los ojos.

-Todos lo sabemos.- susurró Ginny empujándome hacia la mesa.

-¡Batido De fresa!- le grité a Fred girando levemente el rostro.

-¡Para ti lo que quieras!- respondió el chico sin siquiera volver a mirarme. Estaba concentrado anotando algo; pero tenía esa eterna sonrisa en sus labios.

-Hoy no es día de pescado. ¿En qué estás pensando?- me preguntó Gin sentándose en una mesa cerca de la salida.

-Se me antojó pescado. ¿Tengo que comer lo que tú desees?- cuestioné incrédula, mi amiga sonrió pícaramente.

-¿Antojos?- cuestionó. Capté el tono sugerente y dejé escapar una risa.

-No es lo que pensaste. Entre nosotros...nada de nada...- le advertí intentando dejar de reír. Luego, el pensamiento de la noche de boda me dejó ligeramente preocupada.

- Pero va a pasar en algún momento. ¿Cómo puedes estar con él si ni siquiera te gusta un poco? Podrías volver a enamorarte...y te arrepentirás por haberte apresurado.- comentó mi amiga.

-No me voy a enamorar, Ginny. Y no me gusta hablar de eso.- susurré. No quería pensar en eso.

-Lo digo porque te quiero. Y quiero lo mejor para ti.- me recordó mi amiga.

-Cormac me ama.- le recordé.

-Krum también te amaba.- susurró ella.

-¿Los estás comparando? Cormac no es como Víctor. - debatí cruzándome de brazos.

-No, claro que no. Por lo menos a Víctor lo amabas. - murmuró.

-Cormac es un hombre íntegro, Gin. Él se merece que le de una oportunidad.

-¡Casarte no es darle una oportunidad! Es cruzar al extremo.- comentó mi amiga rodando los ojos.

-¿En realidad vamos a discutir esto?- pregunté rodando los ojos.

-Si. Porque me parece que estás cometiendo un error.- estableció.

-Y a mi me parece que estoy obrando de manera correcta.- murmuré encogiéndome de hombros.

-No lo amas.- insistió mi pelirroja.

-Lo aprecio, es un...

-¿un buen hombre? Eso no va a conseguir hacerte temblar la noche de bodas.- respondió crudamente. Guardé silencio ante la brusquedad de sus palabras.

-Cambiemos el tema.- murmuré.

-Sí, lo siento.- susurró mi amiga bajando la mirada ligeramente avergonzada. Por suerte, George llegó con nuestra comida y soltó una de sus bromas quebrando un poco el ambiente tenso que se había formado entre nosotras.

-En realidad, lo siento. Me puse intensa.- murmuró Gin entre el silencio de nuestra comida. Luego de algunos minutos en los cuales solo nos limitamos a comer.

-Tienes razón. Pero deberías entenderme.- susurré

-Te entiendo. Entiendo que estás dolida aún...que la muerte de Malfoy te pegó fuerte. Aún así, por amor a su recuerdo, no deberías hacer algo que él seguramente no apoyaría.- insistió mi amiga.

-¿A qué te refieres? Él simplemente no apoyaría que me casase con ningún otro hombre que no fuese él...bueno...quizás luego de que descubrió la verdad ya le daba igual.- murmuré.

-Creo que a él no le gustaría verte casada con Mclaggen.- murmuró mi amiga.

-Es tarde para pensarlo. Ya solo falta una semana.- susurré encogiéndome de hombros.

-En una semana pueden ocurrir muchas cosas.- susurró mi amiga. ¿Que podría ocurrir? Hasta el sol de hoy nada había pasado...sería una boda sin problemas ni interrupciones.

-Come que tenemos que regresar a la comisaría.- le apresuré antes de dar un sorbo a mi Frappe. Estaba delicioso...la señora Molly tenia unas manos privilegiadas.

-¿Te importa si me paso esta noche por tu departamento?- preguntó Gin.

-Voy a salir.- susurré escondiendo mi mirada.

-¿A salir? ¿A dónde?- preguntó ella.

-Con Harry...mencionó un bar...no tengo idea.- expliqué encogiéndome de hombros.

-¿Y no pensaban invitarme? Por eso digo, es que estos amigos míos.- comentó la pelirroja dramáticamente.

-Todo fue idea de Harry, a mi ni me mires. Por mi puedes venir.

-Mira la hora, vamos a llegar tarde. Vámonos. Y...voy a ir a ese bar con ustedes...además...quizás esta sea la noche en que salgas de tu abstinencia.- se burló mi amiga poniéndose de pie. Rodé los ojos y le imité.

-No sabes lo que dices.- susurré caminando tras ella.

Salí una hora antes de la comisaría y me fui a mi departamento. Harry quedo en venir a recogerme a eso de las siete de la noche. Me saqué los zapatos y me tumbé en el sofá de la sala. Mi vida no era la misma desde aquel día en el puente. Algo murió en mi juntamente con Malfoy, quizás era la culpa, me sentía culpable de lo que había pasado.

-Si tan solo pudiese dar hacia atrás y cambiar todo...- susurré cerrando los ojos.

Harry me llevó a un bar bastante dinámico. Me gustaba la música, tenía a un muchacho de voz gruesa entonando canciones de desamor y el servicio era excelente. Nos sentamos en una mesa cerca de la tarima por petición mía. Quería escuchar mejor las canciones, hoy tenia deseos de hundirme en la profundidad de la música.

-Hoy es un día especial, deberías tomarte una copa con nosotros.- comentó Gin sirviéndose una copa de whisky ardiente.

-Paso, con el refresco estoy bien.- susurré sin abrir mis ojos, disfrutando los últimos hilos de la canción que ya llegaba a su final.

-Yo si quiero otro.- anunció Harry levantando la mano para llamar al mesero que no tardó en venir y anotar lo que deseaban.

-Y trae unos pastelillos de manzana para comer algo.- pidió Ginny, seguramente tenía una sonrisa de oreja a oreja.

-Escuché que Neville esta detrás de ti.- comentó Harry, abrí los ojos interesándome repentinamente en la conversación.

-Si, él quiere que le de una oportunidad.- aceptó Gin nerviosa e incómoda.

-¿Y qué piensas hacer?- cuestionó Harry llevándose la copa a los labios y dando un trago rápido.

-No me gusta Neville.- explicó con sencillez.

-Es un buen chico.- apoyé.

-No he dicho que no lo sea. Pero no me gusta...es como un hermano.- simplificó ella encogiéndose de hombros.

-Un hermano que no te ve como hermana...- murmuró Harry elevando una de sus cejas.

- Pequeño detalle...- susurró Gin

-Creo que podría llegar a gustarte.- les interrumpí. Gin me miró y negó rápidamente con la cabeza.

-Opino igual.- acotó Harry.

-Con ustedes dos no puedo.- murmuró Ginny cruzándose de brazos. Mi moreno y yo intercambiamos una mirada cómplice y luego una música suave comenzó a soñar y al escuchar al cantante me giré para poder contemplarle.

El hombre tosco, de cuerpo rechoncho y barba en forma de candado ya no se encontraba sentado delante del teclado. Sentado en una silla, con una gorra negra que apenas permitía ver su rostro, unos pantalones desgastados, con los bordes deshilándose, y una camisa que decía "Let's Rock", se encontraba un hombre delgado. No se percibía su rostro, y él parecía interesado en quedar en el anonimato. Pero su voz...su voz era como la voz de los ángeles.

Me quedé hechizada mirándole, él sujetó el micrófono y con extrema suavidad entonaba aquella canción. Harry y Gin siguieron hablando, pero yo ya no les escuchaba. Su voz...su voz me recordaba a Draco. Incluso podía cerrar los ojos y ver al rubio de mirada gris observándome mientras cantaba.

Cuando pasas por mi lado

siento algo que no puedo describir

ya no se ni lo que hago

ay sin tu color me siento tan gris

Y aunque te quiera tener

a mi lado y tu piel sentirla junto a mi

la realidad es que yo sé, ay yo sé...

(Jean Carlos Canela- Estes donde estes)

El chico elevó la voz, cerré los ojos imaginando al jefe de rubios cabellos en su lugar. Sus ojos grises. Casi sentía que podría llegar a tocarle. Era como tenerlo conmigo, como si estuviese vivo durante los minutos que la canción sonaba. Como revivir nuestra historia que había quedado a mitad.

-Hermione...- intentó llamar mi atención Harry.

-Shh...déjame escucharle.- le pedí sin voltear a verle. Que me dejase ser feliz por algunos minutos. No duraría para siempre.

Que estes donde estes

me llevas contigo

Que este donde este

yo te llevo aquí conmigo ohh

no lo querrás admitir

pero a Dios se lo has dicho

hay que en cada pensamiento

y en cada latido

yo... yo...estoy ahí contigo

-Hermione...- insistió esta vez Ginny. De mala gana me giré a mirarla mientras el chico seguía con la interpretación.

-¿Qué tanto miras al mancebo ese?- cuestionó Harry intrigado.

-Es que...su voz me recordó a alguien...- acepté.

-¿A quién? Me parece que es la primera vez que le escuchas.- comentó Ginny.

-Él...canta como Draco...- susurré volviendo a mirarle. No le había visto y estaba completamente embelesada con su voz.

-¿Draco cantaba?- cuestionó Harry sorprendido.

-Sí, era un hombre talentoso. También dibujaba...- comenté.

-Un derroche de virtudes el chico.- comentó con cierto sarcasmo Ginny.

-¿Este bar es nuevo?- cuestioné.

-Si, lo inauguraron ayer. ¿Por qué? - me interrogó el moreno.

-Curiosidad...- murmuré volviendo a prestar atención al hombre. Cerré los ojos para percibir mejor su canto, quería pasar el mayor tiempo posible escuchando su hermosa voz.

-¿Podrias prestarnos atención? ¿Porque no nos cuentas de tus suegros? ¿Cómo te fue ayer en la comida con ellos?- preguntó Ginny, deseaba sellarle la boca para que no interrumpiese mi concentración.

-Todo bien...- susurré sin mirarle.

-Que interesante...- murmuró Gin

-Entonces... ¿pido otro whisky?- le escuché preguntar a Harry.

-¿Pordrian guardar silencio?- interrogué girándome a mirarles.

-¿Podrías dejar de mirar con ojos de cordero enamorado a ese pobre cantante?- preguntó Ginny elevando una ceja pícaramente.

-Idiota.- susurré sujetando mi refresco y dando un sorbo. El chico terminó de cantar, y comenzó a sonar una música.

Me giré a mirarle, solo pude ver cómo se ponía de pie y se perdía rumbo a la parte interna del bar. ¿Solo interpretaría una canción? ¿Por qué la vida parecía tan injusta?

-Al parecer se fue tu distractor.- comentó Gin, la miré y estaba sonriendo con burla.

-Se supone que esta es mi primera despedida de soltera. ¿Por qué no me hacen feliz?- cuestioné rodando los ojos.

-¿Cómo podríamos hacerte feliz? ¿Te contratamos un stripper?- cuestionó Harry burlonamente sujetando su copa de whisky.

-¿O le pagamos al cantante para que pase la noche contigo?- se burló mi pelirroja.

-No sería una mala idea...- susurré mirando hacia el lugar por el cual él había desaparecido.

-¡Era una broma!- exclamó Gin riendo.

-A veces tus ideas son tan efectivas.- comenté con una sonrisa.

-No hagas ninguna locura. Te casas en poco tiempo...y solo te harás daño si te acercas a ese tipo buscando recordar a Malfoy. Esta muerto.- sentenció Harry sujetando mi mano. Estaba serio, su tono jocoso y su sonrisa despreocupada habían desaparecido.

-No soy una niña, Harry. Y se que Draco está muerto... ¿Por qué no ser feliz imaginando lo que pudo haber sido durante algunas horas?- pregunté escondiendo mi mirada.

-Porque no quiere verte como hace un año. Es mejor que sigas así, dejándolo en el olvido.- me pidió mi amigo.

-Harry...Es ni único deseo. No vas a estar conmigo en mi despedida de soltera así que...me lo debes.- intenté chantajearle.

-¡Si él se niega nos iremos a otro bar!- me advirtió poniéndose en pie.

-¿Qué harás?- pregunté.

-Voy a hablar con él chico de las bebidas. A preguntar cómo podríamos hablar con el cantante.- me explicó alejándose hacia el bar.

-¿Enloqueciste cierto?- preguntó Gin sorprendida.

-Solo quiero escucharle cantar durante algunas horas. Le voy a pagar.- murmuré poniéndome en pie y yendo tras Harry.

-¿Qué dijo?- pregunté llegando a su lado.

-Que no se supone que hablemos con los cantantes. Pero fue a preguntar. Si el chico acede a recibirte podrás pasar.- me explicó.

-Lo siento, pero él no está de humor para recibir a nadie.- dijo un hombre fornido, de barba espesa, pero delineada y ojos verdes.

-Le tengo una oferta. Es que...verá...hoy es mi despedida de soltera y quisiera contratarle para que cante.- me adelanté a hablar antes de que Harry pudiese responder.

-Iré a decirle, pero no creo que acceda.- me advirtió volviendo a irse.

-Pensé que querías entrar y que te cantara un rato. ¿Piensas llevártelo a tu departamento?- cuestionó Harry mirándome como si hubiese enloquecido. Hasta cierto punto, lo había echo.

-No pienso estar aquí hasta muy tarde. Además, pienso pagarle para que cante. El lugar es lo de menos.- resté importancia.

-Es importante. Porque puede pensar que quieres otra cosa.- comentó Harry.

-Chica, dijo que no. Está cansado.- respondió el hombre. Maldecí por lo bajo.

-¿Y no podría hablar con él? Quizás pueda convencerle.- insistí. Necesitaba escucharle un rato, cuando le escuché sentí que podía estar cerca del jefe con tan solo cerrar mis ojos.

-No creo que puedas pasar. El chico es muy reservado.- comentó

-Tranquilo. Gracias de todos modos.- me interrumpió Harry antes de que pudiese seguir insistiendo.

-¿Pero cantará de nuevo?- pregunté antes de que Harry pudiese arrastrarme.

-Sí, aun le quedan dos interpretaciones.- respondió dedicándome una sonrisa antes de seguir con su trabajo.

-Pensará que estás loca.- me acusó mi moreno tirando de mi brazo derecho.

-Que piense lo que quiera.- murmuré volviendo a sentarme junto a Gin. La pelirroja me miró elevando una de sus cejas.

-¿Y qué pasó?- cuestionó.

-El chico no quiso recibirnos.- explicó Harry.

-Era de esperarse. - susurró Ginny, intentó esconder su sonrisa.

-Ya son las ocho. ¿Nos vamos?- cuestionó Harry deleitándose con el último trago de whisky.

-Prefiero quedarme otro rato.- me apresuré a responder acomodándome en mi silla y llevando la bebida a mis labios.

-¿No irás a esperar a que salga a cantar?- cuestionó Harry mirándome con los ojos a medio salir.

-Es temprano, no tenemos prisa.- contesté encogiéndome de hombros.

El chico tardó hasta las diez de la noche en salir. Los chicos estaban a punto de arrastrarme cuando llegaron las nueve y cuarenta minutos. Prometí que me iría con ellos luego de haber escuchado una canción. ¡Accedieron a regañadientes! Y ahí estaba otra vez aque desconocido sin rostro, entre la penumbra del escenario...cantando como si pudiese hechizar con su voz.

Cumplí mi promesa, y a las diez y cuarenta minutos estaba tumbada en mi cama. No tenía deseos de dormir, pero mi cuerpo se sentía cansado. Cerré los ojos, y recordé su voz. No era él, yo lo sabía, pero se escuchaba tan familiar. Supe que estaría ocupando aquella silla durante muchos días...recordando a Malfoy en la voz de aquel extraño.

Continuará...

¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Habrá boda?

5 Reviews y subo el siguiente capítulo el Viernes 22 (Ultimo capítulo del año 2017 XD)