Heya. Me recuerdan? Tal vez no, recuerdan este fic? espero que sí, porque damas y caballeros, éste es el primero de los últimos tres capítulos del fic. Los dejo con la lectura.
Únicamente dos veces al año, gracias a las condiciones climáticas de Tundratown, junto con uno que otro truco de los generadores del mismo, una aurora boreal completamente artificial podía verse en lo alto del cielo nocturno. Por supuesto no contaba con la belleza de una natural, sin embargo ofrecía todo un espectáculo, eso nadie lo podía negar. Muchos mamíferos del distrito tenían un lugar especial desde el cual poder verla. Usualmente eran noches con amigos o personas especiales, debido a que no era algo muy frecuente a causa de todo el trabajo que costaba poner las cosas en forma, pero eso no hacía aquél "fenómeno" artificial menos especial. Todo lo contrario, al tratarse de algo tan raro, muchos lo consideraban como mágico.
En uno de los puntos más alejados del distrito, en un pequeño acantilado, cuya cima dejaba ver a la perfección el centro de todo Tundratown, una coneja, de pelaje gris, nariz rosada y ojos color purpura, vestida con un suéter color azul oscuro, veía con melancolía aquél bello espectáculo. Sin embargo, su estado de ánimo le impedía poder apreciarlo todo como realmente debía hacerlo. Se recargaba en el barandal que daba al precipicio. Saltar no era algo que siquiera hubiese pensado, aun así, por alguna razón, no podía dejar de ver el fondo del mismo. ¿Estaba esperando por alguien? Tal vez.
-¿Judy?-Escuchó detrás de ella. La coneja no respondió, ni siquiera sus orejas se levantaron al escuchar la voz del zorro que tanto quería ver, que tanto amaba –estuve buscándote por horas…-le recriminó levemente –No puedes simplemente desaparecer así, ¿qué te sucede? Has estado actuando raro desde que…
-Esto no va a funcionar Nick- musitó Judy. Nick rápidamente cortó con todo lo que tenía por decir.
-¿De qué hablas?- preguntó confundido, y por alguna razón, también muy preocupado.
-Ya no puedo seguir fingiendo que todo está bien cuando estoy con ella…
-¿Te refieres a…?
-Cuando estoy con tu hija.
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6 meses antes.
Las nevadas calles estaban siendo particularmente activas en esa tarde de miércoles. Al parecer habría alguna especie de evento en la plaza de la ciudad. Judy recordaba muy bien haber escuchado a Nick hablando de algo así a principios de año. Al parecer una vez cada seis meses se llevaba a cabo un pequeño festival, al que todos los lugareños se referían como "festival de la aurora boreal"; curioso nombre siendo que ese tipo de fenómenos únicamente se podían ver en los polos del planeta. Judy no lograba terminar de entender por qué llamarlo de esa manera. Sin embargo, no era necesario romperse la cabeza pensando en ello, ni siquiera estaba en el distrito por tan peculiar evento; esperaba a alguien, sentada en una de las varias bancas de madera que se podían ver en la plaza de la ciudad. Como era de esperarse, era demasiado grande para ella. Fue toda una hazaña lograr subirse a la misma contando con una sola pata funcional; de ninguna manera aguardaría por el zorro parada en la fría nieve, ya de por sí debía usar un "calzado especial" para sus visitas al distrito de la nieve. -Pelusa, veo que tu recuperación va bien- saludó el zorro a penas la vio sobre la banca.
-Hola Nick, tardaste un poco- respondió la coneja. Se acercó lo más que pudo al borde para ver al zorro.
-Sí, lo siento por eso. Keira insistía en venir a verte, pero tú y yo teníamos que hablar. Estoy seguro que el suspenso de ayer no te dejó dormir en toda la noche, ¿cierto?- sonrió suspicaz.
-Le di algunas vueltas al tema, pero al final decidí esperar a que me lo explicaras todo el día de hoy- respondió mientras bajaba de su "asiento", por supuesto, contando con la ayuda del zorro.
-Y será un placer hacerlo- dijo una vez la puso de vuelta en tierra firme.
-Gracias por la ayuda. Entonces, ¿cómo pasó todo?- preguntó curiosa.
-Es una larga historia Zanahorias, ¿estás segura de querer escucharla a la intemperie?- respondió.
-Definitivamente no- rió la coneja.
-Sígueme, conozco una buena cafetería por el lugar.
Algunos minutos más tarde; los dos se encontraban en el cálido interior de una de las varias cafeterías de Tundratown. A pesar de todo lo que debían discutir ambos, no es como si hubieran llegado a soltarlo todo de un momento a otro. Se trataban de temas muy serios, en cierto sentido. Nick se había encargado de empezar a romper el hielo con algunas bromas e invitándole un café a la congelada coneja de las madrigueras. De igual manera, Judy le contó sobre alguna que otra historia loca de lo poco que había pasado en su regreso a Zootopia, y también sobre cómo le estaba haciendo la vida imposible a su hermano en ese nuevo departamento. Los minutos pasaron a ser fácilmente dos horas seguidas en ese lugar; parecía ser el momento justo, no tenían más temas, no tenían más historias.
-Entonces… ¿Una hija?- preguntó tímidamente la coneja.
-Entonces una hija- suspiró el zorro.
-Creo que solamente conozco el inicio de esa historia, y eso porque estuve allí. ¿Qué pasó después?
-¿A qué te refieres con después?
-Qué hizo que… Bueno… ¿Qué te hizo tomar esa decisión?- dijo con algo de pena.
-¿Crees que fue un error?- respondió Nick. Dirigió una mirada acusatoria a la pequeña coneja y casi parecía querer derretirla con la mirada.
-¡No! No, claro que no Nick, yo sólo…
-Hehe, tranquila rabo de algodón, sólo te estoy fastidiando. Sé que no eres ese tipo de mamífero… ¿O sí?- arqueó una ceja.
-Sabes muy bien que no- respondió con la voz temblorosa.
-Muy bien, me tomaré las cosas en serio ahora- aclaró el vulpino.
-Bien… ¿Cómo pasó todo entonces?- cuestionó Judy.
-Es una muy larga historia, ¿tienes tiempo suficiente para oírla, o prefieres la versión resumida?
-Usualmente te pediría la versión resumida, pero esta vez, creo que necesito todos los detalles-
-Muy bien Zanahorias, tú lo pediste-
Nick no se guardó ni el más mínimo detalle de su historia con la pequeña zorrita que ahora era su hija. Desde los pequeños momentos que tuvo con Keira, las malas experiencias que la vio pasar, hasta la situación con el pequeño muñeco de felpa. Judy no pudo evitar reír al descubrir que su mejor amigo en realidad sabía coser con aguja e hilo. Dejando de lado todas las bromas con las que condimentaba la historia, era seguro decir que Nick no se tomaba a la ligera nada de lo que estaba diciendo. No adoptó a Keira por mero impulso, no lo hizo solamente para saber cómo sería el ser un padre, no lo hizo sin tomar en cuenta lo difícil que podría llegar a ser, así como tampoco ignoraba los riegos que su empleo traía a su vida. Aún con todos los contras, con todas las cosas que pudieron haber salido mal, él estuvo completamente seguro de lo que hacía. Quizás no pensó en su momento cómo haría para sobrellevar los posibles inconvenientes, pero si algo se le daba a ese zorro, era la improvisación y salir adelante a pesar de que el mundo entero estuviese en contra suya.
-Esa noche fue todo lo que estuve dispuesto a soportar, no podía dejarla así, sin nadie, como si fuera un zorro, como si fuera…-
-¿Tú?- interrumpió Judy. Los ojos del vulpino se abrieron como platos, sorprendido de lo que Judy había dicho, pero sí, ese había sido uno de los factores más importantes al momento de tomar tamaña decisión.
-(Suspiro) Supongo que veo en ella más de mí de lo que quiero admitir- Nick desvió la mirada –Mi padre murió cuando era pequeño, y mi madre, bueno, no fue exactamente alguien que me apoyase demasiado. Estuve sólo por buena parte de mi juventud. Definitivamente no es una vida que le desee a ella.
-Vaya… No fue sencillo, ¿o sí?- preguntó la coneja.
-Para nada, los primeros días tuve que poner en orden muchas de mis finanzas, luego pasaron más cosas malas, pero al final supongo que el universo quería que me hiciera cargo de ella, todo parece estar mejor que nunca ahora- sonrió nuevamente.
-Nunca supe que eras de esos animales que creen en el universo- rió levemente la coneja.
-No lo soy, pero cuando se te presenta una oportunidad como la que me llegó a mí, bueno, es imposible no imaginar ese tipo de cosas.
-Debió ser una oportunidad maravillosa entonces- sugirió Judy.
-Eso depende de qué tan maravilloso sea un favor de Mr. Big para ti- sonrió Nick.
-¿Espera qué? Por favor dime que no le debes nada- dijo algo preocupada.
-Hehe, descuida Zanahorias, técnicamente fue él quien me pagó a mí- le dio un sorbo a su café -¿Recuerdas al fantasma de Tundratown?
-Por supuesto, fue por todo ese asunto que terminé así- señaló a su pata enyesada.
-Bueno, si te sirve de consuelo, ya está resuelto ese problema. Aunque para ese zorro tal vez el desenlace no sea tan bueno. Hizo enojar mucho a Mr. Big- explicó el vulpino.
-Vaya, es curioso, esperaba que ese "fantasma" fuera algún tipo de felino. No te ofendas Nick, pero tu especie no es exactamente ágil- se burló Judy.
-Judy Hopps me ofende tu comentario- dramatizó Nick llevando una de sus manos hacia su frente y la otra sobre su corazón -Aunque no es tan ofensivo viniendo de alguien que ni siquiera puede pararse por sí sola.
-Bien, bien, me merecía eso.
-Creo que con esto termina la recapitulación de nuestras vidas. Ahora dime Zanahorias, ¿qué planeas hacer?- preguntó curioso.
-¿De qué hablas?
-Sí, es obvio que tu pata va primero, pero después de eso, ¿qué harás?
-Empezaré por cobrar los salarios de mi recuperación en el ZPD- sonrió Judy –luego, no lo sé… Mi trabajo es algo obvio, pero no creo que mi vida vaya a cambiar mucho después de todo eso- explicó cabizbaja.
-Pareces algo decepcionada por eso, ¿no es lo que querías, tu vida de antes?- cuestionó confundido.
-Claro que sí, pero… No importa, tienes razón, es lo que quería- Judy forzó una sonrisa. Definitivamente la coneja no había olvidado el inicio de todo ese embrollo, así como tampoco había cambiado su sentir en todo el tiempo que pasó. Frente a ella tenía aquél apuesto, enigmático y algo problemático zorro que tanto había amado, que tanto amaba todavía. Pero Nick había estado en una relación que, aunque él lo negara, aunque no lo pareciera a simple vista, ella había hecho terminar. Fue por Judy y por todo lo que hizo que Cassie y Nick se separaron. Por todas las cosas atroces que dijo a ambos, ¿y ahora simplemente haría como si nada hubiese pasado? "Oye Nick, ahora que hice que tu relación con Cassie se terminara, qué dices si empezamos a salir". No, no era una opción, Judy ya ni siquiera sabía si Nick seguía sintiéndose así por ella. Era su amigo, al menos de eso no cabía duda, pero más allá de eso, difícilmente podría decirse que lograrían hacer algo.
En cuanto al zorro, bueno, él tenía su propia versión de la historia, sus propios motivos para no acelerar tanto las cosas. ¿Seguía sintiendo algo por Judy? Claro que sí, ¿se lo diría? Posiblemente no. Las cosas, tal y como estaban ahora en su vida, no parecían ser propicias para iniciar una relación con la coneja que hacía algunos meses le dijo las peores cosas que se le podían decir a un zorro. Así mismo, Nick guardaba respeto por lo que tuvo con Cassie; tal vez no la llegó a amar tanto como a Judy, pero él no era un desgraciado. Tuvieron una relación formal y en lo que cabe decir, feliz. No iba simplemente a reemplazar un noviazgo con otro como si de un viejo auto se tratase. No era lo correcto, simple y sencillamente no lo era.
El zorro pagó la cuenta, y ambos salieron de la cafetería. Aún conversaban, aunque ya no se trataban de temas serios, simplemente pasaban el rato y se esforzaban por hacer que las cosas volvieran a lo que podría decirse "normal" en sus vidas.
-Nick, ¿qué tanto llevas viviendo en Tundratown?- preguntó Judy.
-Un buen tiempo, ¿por qué la pregunta?
-Quería saber si estabas al tanto de este "festival de la aurora boreal", ¿por qué lo llaman así?
-Oh, espera un segundo, llevas años viviendo en Zootopia, ¿y aún no sabes lo que pasa más allá del centro de la ciudad?- rió el vulpino –.Te hace falta salir más rabo de algodón.
-Oye, no me juzgues, no a todos nos gusta el clima helado de esta parte de la ciudad- replicó la coneja.
-Bien, bien. Creo que sería más fácil enseñarte de qué va todo en lugar de explicarte- sonrió sagaz. Judy no sabía exactamente qué esperar de aquella expresión, sin embargo, cuando ese zorro tenía algo entre manos, esas extrañas miradas que le dirigía tendían a ser señal suficiente –.Sólo necesito hacer una llamada rápida y me tendrás el resto del día, ¿de acuerdo?
-Bien, pero no tardes mucho, mis patas se congelan- se quejó Judy, dibujando una pequeña sonrisa en su rostro.
No fueron más de cinco minutos lo que le tomó al vulpino arreglar que su madre cuidase a Keira hasta tarde ese día. La idea de una nieta, sin importar en lo más mínimo que fuese adoptada, era algo que reconfortaba el corazón de Marian Wilde. Desde luego, tendría que inventar alguna que otra forma de mantener a la niña ocupada y sin preguntar por Nick a cada minuto del día, pero eso no sería problema para ella, además, esa misma noche estarían los tres juntos para un evento especial.
El zorro y la coneja se pusieron en marcha hacia la plaza central de Tundratown. A medida que el día avanzaba empezaban a notarse más y más decoraciones por el lugar. Muchos puestos empezaban a armarse, así como un alce empezaba a rentar patines de hielo para los niños en el lago congelado de la ciudad. Era muy seguro según Nick, hasta la fecha jamás se había derretido o cuarteado. Judy supuso que era cierto, o de lo contrario los padres de los niños no los dejarían sin supervisión en un lugar así. El ambiente, pese a ser el distrito más frío de toda la ciudad, lograba hacerle sentir calidez a la coneja; empezaba a entender por qué a Nick le gustaba tanto esa parte de la ciudad, más ahora que no tenía que preocuparse por Mr. Big tratando de mandarlo al hielo.
Unas horas más pasaron y la noche llegó, dejando así, ver el hermoso y tan alegre pequeño festejo que se llevaba a cabo en el lugar. Algunos animales vendían una que otra manualidad, hecha por ellos con sus propias patas. Otros vendían comida, tanto para presas como para depredadores. Pequeñas bengalas de mano, uno que otro fuego artificial suficientemente seguro para un niño, siempre y cuando fuera con supervisión. Bebidas calientes, no faltaba prácticamente nada, incluso un jaguar de las nieves se daba a la tarea de tomar fotografías a las parejas y familias que se lo pidieran.
-Vaya… No puedo creer que no supiera nada de todo esto- decía Judy con asombro. Constantemente miraba a su alrededor, buscaba memorizar todos los detalles, no quería pasar nada por alto en aquél momento –. Creo que tienes algo de razón Nick, me hace falta salir un poco más del centro de la ciudad.
-Estoy casi seguro de que cada distrito tendrá una que otra fiesta personal, pero definitivamente esta es mi favorita- respondió sonriente el vulpino –. Toma - dijo mientras le tendía a Judy un vaso a su medida lleno de algún tipo de capuchino que Nick recién había comprado.
-Gracias. De saber que estaríamos aquí por la noche habría traído un abrigo más grueso- le dio un sorbo a la bebida -¿No tienes frío?
-He vivido aquí lo suficiente para acostumbrarme.- Sonrió Nick –bueno, ahora dime Zanahorias, ¿esto contesta tu pregunta sobre el festival?
-Más o menos, aún no logro entender por qué se llama "de la aurora boreal"- explicó algo confundida.
-Para eso tendrás que esperar un poco más.- La rodeó con un brazo, mientras le dirigía una mirada algo suspicaz.
-¿Sabes zorro? Un día de estos tanto misterio me hará pensar que ni siquiera te llamas Nick- bromeó Judy.
-Técnicamente hablando, mi nombre es Nicholas- respondió animado.
-Bien Nicholas, ahora dime, ¿qué sigue?
-Ahora sigue…-
-¡Papá!- Escucharon los dos detrás de ellos.
-¡Keira!- respondió el zorro a la par que cargaba en brazos a la pequeña, de paso depositando un pequeño beso en su mejilla -¿Te portaste bien?
-Tienes mi palabra de que no hizo travesuras en tu ausencia.- Interrumpió su madre, sonriendo con tranquilidad, mientras que de paso, analizaba a la coneja al lado de su hijo –. Tú debes ser Judy, ¿no?- preguntó curiosa.
-Así es, soy yo- habló la coneja –. Le daría la mano, pero me cuesta algo de trabajo mantener el equilibrio en la nieve- dijo apenada, a la par que dirigía la atención hacia sus muletas.
-Descuida. Mi nombre es Marian, Marian Wilde.
-Es un placer al fin conocer a la madre de mi mejor amigo- sonrió Judy. Veía al zorro jugar con su hija en la nieve. Definitivamente, había imaginado a Nick como muchas cosas a lo largo de su vida, pero nunca como un padre, menos aún, como uno así de bueno, ¿exactamente de dónde sacaría tal experiencia?
-Bueno, ahora que estamos todos aquí, ¿por qué no tratamos de disfrutar del festival? Aún faltan un par de horas para la mejor parte de la noche- explicó Nick mientras subía a Keira sobre sus hombros.
-Guía el camino súper papá- bromeó la coneja, claramente no causándole mucha gracia a Nick.
Si bien en el tiempo que el zorro llevaba viviendo en la tundra nunca se había quedado todo el festival, se había pasado las veces suficientes como para saber lo que el evento tenía para ofrecer, en pocas palabras, sabía a donde llevar a sus acompañantes.
Lo primero sería algo para mantener cálidas a su madre y a su hija, no quería que la pequeña Keira terminase con un resfriado por salir a la nieve a esas horas de la noche. A Judy no parecía molestarle en lo más mínimo el que Nick cambiara toda su atención hacia su hija. Sin embargo, ella no se la pasó simplemente siguiéndolos en silencio; descubrió que la madre del zorro tenía mucho para contarle. Si bien era algo obvio que evitaba a toda costa las cosas malas que pasaron con él, tenía una que otra buena memoria de cuando su hijo era pequeño. La coneja de alguna manera era capaz de percibir la melancolía en aquellos recuerdos, pero en definitiva no era un tema para esa noche, o para nunca siendo exactos.
Pese a los incesantes alientos del vulpino, Keira nunca se sintió suficientemente segura de patinar sobre el hielo. Parecía estar convencida de que terminaría resbalándose una y otra vez. Compraron unas cuantas baratijas, algo para comer, y no hubo mucha diferencia en el resto de sus actividades; al final de todo, simplemente buscaban matar algo de tiempo, hasta que, en efecto, llegó lo mejor de la noche.
-Bueno, definitivamente ésta es la mejor zona para verlo- decía Nick mientras terminaba de acercarse al barandal del acantilado que daba vista al centro de la ciudad.
-¿De verdad era necesario caminar tan lejos?- cuestionaba Judy. Tenía muchos problemas para recobrar el aliento, y sentía que sus brazos ya no respondían al movimiento. Caminar toda la pendiente sin ayuda había sido todo un reto, aunque Marian se había mantenido cerca de ella todo el tiempo en caso de que la coneja llegase a resbalar o caer rendida por el esfuerzo.
-Es curioso, te recordaba más atlética que esto rabo de algodón- bufó el vulpino.
-Nicky no la trates así, pudiste haberla ayudado un poco ¿no crees?- le reprendió su madre.
-¿Y quién se supone que traería a Keira hasta aquí sino yo?- se excusó, dibujando una sonrisa simplona en su rostro.
-Yo puedo caminar bien- dijo la pequeña –podrías ayudarla a bajar- sonrió.
-Sí Nick, podrías ayudarme a bajar- rió Judy.
-Bien, bien, sólo dejen de verme de esa manera, me hacen sentir culpable- dramatizó.
-Entonces, ¿para qué vinimos aquí?- preguntó Marian. Al igual que Judy, Nick nunca le había dicho qué era tan especial de esa noche.
-Ahora lo verán- respondió echándole un ojo a su reloj de mano. Faltaban sólo cinco minutos para la media noche. De pronto, todas las luces del centro se empezaron a apagar, así como algunas zonas aledañas al mismo.
-¿Qué está pasando?- habló la coneja. No obteniendo otra respuesta más que una sonrisa del zorro.
Nick cargó a Keira una vez más, esta vez sosteniéndola a la altura de su rostro en lugar de sobre sus hombros. Tanto Judy como Marian se acercaron al borde, recargándose en el barandal y esperando lo que fuera que debía pasar.
En cuanto la oscuridad se apoderó del lugar y el cielo estrellado junto con la luna era todo lo que iluminaba el centro, una extraña y repentina luz verde se empezó a materializar en lo alto del cielo despejado. Por inercia, los cuatro mamíferos alzaron la mirada y entonces lo vieron. Nick ya lo esperaba, ya lo conocía y lo había visto con anterioridad, pero ni su madre, ni Judy y mucho menos Keira sabían que eso era algo que pasara en Tundratown.
Una aurora boreal, artificial, por supuesto que sí, pero no por ello dejaba de ser un espectáculo visual.
-Nick esto es… Hermoso- suspiró Judy.
-Definitivamente lo es- respondió, aunque sin mirar a la coneja. Toda su atención estaba concentrada en la pequeña en sus brazos, que ahora no apartaba la mirada de aquella intensa luz.
-Nicky, ¿sabías de esto?- preguntó su madre, anonadada portal espectáculo.
-La he visto desde casa un par de veces, hasta que encontré este lugar. Casi parece que puedes tocarla si alzas la mano, ¿no es cierto Keira?- Sonrió a la pequeña, quien estaba haciendo exactamente lo que su padre recién dijo. La zorrita estiraba la pata hacia el cielo, y entonces vio y sintió la de Nick sobre la suya. Keira giró la cabeza, vio a Nick sonriéndole. La emoción, todo el sentimiento era demasiado para alguien tan joven. Con unas cuantas lágrimas escapando de sus ojos, hundió su rostro en el pecho del zorro, estrujando la ropa del mismo fuertemente con sus patas.
-Gracias papá…-
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Unas semanas después, podría decirse que todo volvía a la normalidad en la ciudad. Las vacaciones de Nick no eran eternas, y tan sólo le quedaban algunos días más de descanso antes de tener que volver a sufrir los castigos del jefe Bogo. De una manera u otra, el zorro había hecho todo lo posible y había aprovechado de sobremanera el tiempo que tuvo junto a su familia en esos días. Pasear con Keira, jugar con ella, enseñarle alguno que otro truco para la vida. Otro aspecto importante era el asunto con su madre; se trataba de una herida grande e importante, una que le había dejado marca toda su infancia y parte de su adultez. Muchas fueron las conversaciones que tuvieron, no para echar más sal en la herida ni para tratar de justificar las acciones de ambos, sino para de una vez por todas dar el cierre que tanto necesitaban los dos. Sería una tarea complicada, pero la familia es primero.
En cuanto a Judy, mucho tuvo que suplicar, y más que nada, chantajear a su hermano para no llevarla de regreso a la granja. Ron tenía la idea de pasar únicamente dos semanas en Zootopia y entonces regresar con Judy para que terminara de recuperarse en casa, pero como era de esperarse, ella no estaría de acuerdo con esa idea. Incluso llegó a pensar en sabotear la camioneta para que no hubiera manera de regresar. Al final de todo, eso no fue necesario, pues logró convencer a Ron de dejarla, a cambio no iría a contarle sus trapos sucios a sus padres. La necesidad de Judy por permanecer en la ciudad no era sólo porque extrañaba todo el ambiente, sino también por Nick, por él y por el tipo de vida que estaba llevando ahora. La coneja estaba dispuesta a prestar toda la ayuda que le fuera posible brindar; tal vez para expiar sus pecados a su propia manera, o podría ser meramente un sentimiento altruista y sin tratar de obtener nada a cambio, ni siquiera ella estaba segura del por qué lo estaba haciendo, pero no le parecía correcto simplemente ver desde lejos.
Un Sábado por la tarde tanto Nick como Judy decidieron dar un paseo por un ambiente un poco más cálido, aunque sin llegar a la exagerada temperatura de Sahara Square. Un simple paseo por el centro de la ciudad junto con Keira. Pese a que la coneja tenía uno que otro problema para mantener el paso de vez en cuando, los dos zorros procuraban no ser desconsiderados con ella, aunque de momento a momento parecían dejarse llevar y se adelantaban de más.
-¿Estás segura de que no extrañas aquella silla de ruedas?- preguntaba Nick.
-Para nada, en esa cosa realmente me siento inútil- respondió algo molesta por el recuerdo.
-Pero así podría ir contigo en la silla. - Sonrió Keira.
-Aww.- Reaccionó la coneja –. Bien, veré que Nick se encargue de conseguirme una.
-¿Saben? Esperaba que al menos mi hija no conspirase en mi contra. - Se quejó el zorro, quien, a todas luces, estaba siendo ignorado.
-¿Cuánto tiempo más estarás así?- preguntaba la pequeña.
-Espero que no más de otro mes, en verdad se está volviendo muy incómodo el yeso, además creo que estoy ganando algo de peso- dijo con algo de pena.
-Descuida Zanahorias, estoy seguro de que Bogo te pondrá en forma con unas cuantas semanas de repartir multas; saltar de auto en auto debe tener sus ventajas. - Bromeó Nick.
-Aunque agradezco la oferta, creo que prefiero correr alrededor de toda la ciudad un par de vueltas.
-Y prometo conducir cerca de ti para brindarte apoyo moral en todo momento- rió el vulpino.
-Por favor no lo hagas, en cuanto te estrelles no podré cargarte de regreso a la ciudad- respondió sagaz la coneja.
-¿Ah sí? Pues… ¿Keira? - De pronto la zorrita ya no estaba junto a ellos.
-Nick. - Llamó Judy –. Ahí está.
-¿Hmm? Kei. No te detengas así, podrías perderte- explicó el vulpino. Por otro lado, toda la atención de la pequeña niña parecía estar enfocada en sólo una cosa al otro lado de la calle.
-¿Qué es eso?- preguntó inocentemente.
-¿Qué?- Nick alzó la mirada –. Oh, esos son los exploradores- respondió. Judy fácilmente pudo detectar un tono de decepción en su voz.
-¿Y qué hacen? - Continuó preguntando la niña.
-Pues, entre otras cosas, se supone que ayudan a los animales, venden galletas y aprenden una que otra cosa acerca de sobrevivir lejos de la civilización- "y son unos cretinos" pensó fastidiado –(Suspiro) Te… ¿Te llama la atención? Escuché que hay algo parecido para niñas también.
-No, se ven algo tontos vestidos así- dijo inclinando la cabeza hacia un lado –Además, tú podrías enseñarme más cosas, ¿no?- Le sonrió a Nick.
-¿Yo?- Se sorprendió.
-Sí, eres policía, debes saber mucho más que ellos- si esa era la lógica que parecía tener sentido para Keira, quien era Nick para negarlo -. Pues sí, conozco muchos más trucos, incluso puedo enseñarte a encender tu propia fogata- respondió confiado. La tomó del hombro y nuevamente empezaron a caminar.
-Sí, claro. Al igual que en ese retiro policial; estoy segura de que Lobato aún tiene esa cicatriz en la cola- rió Judy.
-Muy chistosa rabo de algodón…- La miró con enojo –. En fin, siempre es importante hacerlo con la supervisión de un adulto. - Continuó explicándole a Keira.
-A menos que seas Nick, porque él siempre necesita hacerlo bajo mí supervisión. - Volvió a interrumpirlo, esta vez haciendo reír a la pequeña. Definitivamente Judy había ganado ese momento, el zorro ya tendría otro para vengarse.
-Nick, creo que tu teléfono suena.
O tal vez no.
-Diga- Respondió.
-Nicky, tengo noticias para ti- Habló la voz al otro lado de la línea. Aquella aguda y anciana vocecilla, era demasiado obvio para Nick de quien se trataba.
-Oh, señor Big- dijo de la manera más natural posible. Al mismo tiempo, hacía uno que otro ademán a Judy, indicándole que se alejara con Keira lo más posible. –Que gusto saludarlo, había pasado mucho tiempo- la simple mención del nombre ya era una bandera roja para la coneja; ahora recordaba el "acuerdo" que habían tenido. Era inevitable pensar en lo peor, sólo quería que Nick estuviese bien.
-Keira, ¿por qué no vamos a buscar un lugar dónde comer? Nick nos seguirá en cuanto termine- sugirió Judy.
-De acuerdo- para la buena suerte de todos, la pequeña no tuvo objeción alguna. Ahora Nick podía preocuparse por el otro asunto.
-Lamento eso señor, estaba con mi hija- se disculpó inmediatamente.
-Descuida, te llamo para resolver un asunto de suma importancia para ambos, ¿recuerdas a los que se llevaron a Judy?- preguntó con seriedad.
-Hasta donde sé, sólo uno logró escapar… Era un jaguar o algo parecido.
-Así es. Te llamo para decirte que lo tenemos.
Los ojos del zorro se abrieron lo más que podían. Su corazón empezó a latir fuertemente y podría jurar que escuchó el sonido del arma que casi lo mata siendo disparada otra vez.
-¿Dónde está?- preguntó -. Tranquilo, lo tenemos en la mansión, ya fue castigado por lo que hizo… Pero lo que pasará con su vida no creo que nos corresponda a nosotros decidirlo. Él lastimó a la madrina de mi nieta, y también trató de asesinarte. Ten por seguro que mi deseo para él es el peor, pero creo que Judy debe tener voz en esto también.
-Espere, ¿la está dejando a ella decidir si vivirá?- cuestionó algo indignado. Después del infierno que ella tuvo que pasar, no iba a meterla en ese embrollo otra vez.
-No exactamente- interrumpió la musaraña –. Ambos sabemos bien lo que ella decidiría, es demasiado pura para esta clase de cosas, pero tú Nicky, tú tienes más en juego, ¿no es así?- sugirió con algo de malicia.
-¿De qué habla?- dijo con la voz temblorosa.
-Él te recuerda, a ti y a ella también. Nos aseguramos de que no tuviera contacto con nadie más, ¿pero qué crees que pasaría si siguiera con vida? Digamos que permitimos que la policía se lo lleve, lo encerrarán un tiempo, luego podría escapar o puede que no, no podemos saberlo. Por ustedes fue que sus socios quedaron fuera, por ustedes fue que terminó en las garras de los miembros de mi familia. De ocupar yo su lugar, no estaría para nada feliz… ¿Entiendes?
Nick tragó un bulto muy grueso y pensó en todo lo que podría pasar, no a él, ni siquiera a Judy… ¿Qué pasaría con Keira? Ella tenía ahora una nueva vida, una de verdad, le dio una familia. Tal vez todo lo que le dijo Mr. Big no había sido más que un lavado de cerebro, pero no había tanto sin sentido en sus palabras. Nada era seguro de seguir con vida, pero tampoco podía simplemente decir que lo quería muerto… O tal vez sí podía.
-Yo… Deme un día para pensar y le llamaré.
-Por supuesto Nicky, sabes a qué número llamar, y también sabes en dónde me puedes encontrar- la llamada se cortó y lo que estaba siendo una perfecta y agradable tarde, ahora se convirtió en algo más sombrío y preocupante.
Nick alzó la mirada, desde la distancia tanto Judy como Keira aguardaban por él. La zorrita lo veía con alegría, esperaba a que se les uniera y Judy, ella también se veía en paz. Por lo que quedaba de la tarde, estaba decidido a mantener esa paz.
Más tarde ese mismo día, justo por el atardecer, Judy se preparaba para volver a casa. Ella y el zorro se habían quedado a conversar un rato más en la entrada de su casa en Tundratown; no se trataba de nada demasiado importante, mayormente una recapitulación que lo que hicieron por la tarde, y una que otra idea para el primer cumpleaños de Keira que celebrarían como una familia ella y Nick; tal vez aún faltaban varios meses, pero qué era mejor que la planeación.
-Bueno, creo que será mejor que me vaya, o Ron seguramente va a enloquecer. - Reía Judy mientras caminaba hacia la calle.
-¿Te molesta si te acompaño hasta el metro?- preguntó Nick.
-Para nada, así podré usar tu cola como bufanda. - Sonrió ella. Aunque el zorro inmediatamente cumplió su petición.
-No lo decía en serio. - Se disculpó ruborizada.
-Lo sé, por eso lo hice. - Sonrió confiado –. Judy… ¿Puedo hacerte una pregunta? Una algo fuera de lugar- explicó desviando la mirada.
-¿Está todo bien Nick?- interrogó preocupada.
-Sí, todo… Es sólo que… Estuve pensando un poco y, si bien atrapamos al fantasma de Tundratown, aún no sabemos nada de quien te secuestró- dijo finalmente –. Estaba algo preocupado por eso, es todo.
-Oh…- Judy se detuvo al instante.
-Lo siento, no debí mencionarlo. - Se disculpó nervioso.
-No, no, está bien, es que, yo no había pensado en eso durante mucho tiempo- explicó –. No crees que podría volver, ¿o sí?-
-No lo sé, por eso me preocupa tanto- respondió algo temeroso, no quería ser muy obvio, y era un experto ocultando cosas, pero en ese momento, y en esa situación, parecía ser muy difícil para él.
-Nick, no creo que debamos preocuparnos por eso, al menos no ahora; han pasado meses y no hemos sabido nada del asunto ya, tal vez… Tal vez simplemente se olvidó, o tal vez el karma al fin lo golpeó. - Bajó la mirada.
-¿Es lo que te gustaría?- preguntó.
-(Suspiro) Nunca le he deseado el mal a ningún mamífero, al menos no de verdad… Recuerdo todo lo que te dije a ti y a Cassie, pero nunca me hubiera gustado saber que a alguno de los dos le pasara algo horrible… Y aunque jamás olvidaré o perdonaré lo que me hizo, no me corresponde a mí decidir lo que será de su vida… Aún creo que la justicia de verdad existe. - Sonrió optimista en esa última oración –. Aunque, definitivamente espero nunca volverlo a ver hehe. - Rió nerviosa.
Eso era todo lo que Nick necesitaba escuchar, justicia, ese ideal por el que Judy vivía.
Unos minutos después y se encontraron en las escaleras para el subterráneo.
-Bueno, creo que aquí nos despedimos. Asegúrate de abrigar bien a Keira, ¿de acuerdo?
-Oye, llevo más tiempo siendo padre que tú. - Rió cruzándose de brazos.
-Tal vez, pero yo tengo la experiencia de cientos de hermanos pequeños, ¿recuerdas?
-Bien, bien. ¿Segura de que puedes viajar en el tren así?- preguntó preocupado.
-Descuida estaré bien, faltan unas horas para que todos salgan de trabajar, así que justo ahora debería estar prácticamente vacío, podré sentarme donde quiera. Te llamaré mañana. Hasta luego Nick.
-Hasta luego Judy.
Espero unos minutos después de verla bajar por las escaleras, solamente para estar seguro de que ella no lo escucharía. Inmediatamente después, el zorro se alejó y sacó su celular de uno de sus bolsillos. Una llamada y se aseguraría de que Mr. Big entregara a ese sujeto a la policía, sería simple, pero entonces, otra duda más asaltó la mente del vulpino; ¿y si tenían al animal equivocado? En el pasado, Nick ya se había enterado de algunos de los malentendidos de Mr. Big, no quería enterarse más tarde de que se equivocaron de sujeto y alguien terminó en la prisión por su culpa. Aún quedaban cerca de dos horas de luz, así que haría una visita rápida a la mansión, sólo para estar seguro.
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Frente a las puertas de la enorme mansión, Nick no parecía ser más grande que una nutria, nunca se había dado a la tarea de ver bien qué tan gigante era el lugar, considerando que el dueño era roedor, sin embargo todos los encargados eran osos polares descomunales. El zorro llamó a la puerta un par de veces, por suerte había un timbre adecuado a su estatura. Sólo tenía que aguardar, y esperar a que Mr. Big no se molestase por una visita ese mismo día y a esas horas.
En cuanto escuchó que alguien abría desde el otro lado, rápidamente acomodó su postura, así como la ropa que traía puesta. Como era de esperarse, un oso polar fue quien lo recibió, y uno con cara de pocos amigos.
-Am… Hola, quisiera ver a Mr. Big…- la penetrante mirada de aquél oso atravesaba el alma del pequeño zorro como si de mantequilla se tratase, sentía que de decir algo fuera de lugar terminaría siendo comido justo donde estaba -¿por favor?
Le concedieron la entrada, aunque quien lo recibió no se separó de él en ningún momento; alguien debía de guiar al invitado, así como vigilarlo muy bien. No les tomó mucho llegar al despacho de Mr. Big. Irónicamente, parecía que estaba esperando por Nick.
-Nicky, ¿qué puedo hacer por ti? - Le sonrió con tranquilidad.
-Hola, señor… Sobre lo que hablamos esta tarde…-
-Desde luego. - Hizo un ademán con su mano y la mayor parte de la escolta se retiró de la habitación -. ¿Tomaste ya una decisión?
-Algo así- respondió rascándose la nuca –. Primero me gustaría ver al sujeto… Si usted está de acuerdo claro. - Agregó nervioso.
-Síguenos. - Fue todo lo que respondió. Uno de los guardias que se quedó levantó la pequeña silla y se dirigió a una de las puertas, Nick iba detrás de él.
No intercambiaron palabra alguna, no hubo ninguna conversación mientras se dirigían a donde sea que lo estuvieran llevando. Pero a medida que se adentraban más en la mansión, más empezaba a sentir el zorro que ir ahí fue un error.
-Es aquí-
Era una puerta normal, de madera tallada al igual que todas las repartidas por la edificación, sólo que esta tenía a dos grandes guardias en la entrada.
-¿Puedo pasar?
-Adelante, yo esperaré aquí, pero ten esto en cuenta Nicky; en cuanto salgas, quiero una respuesta- le dijo con algo más de severidad.
-Sí señor- asintió el vulpino. Uno de los osos abrió la puerta y la cerró una vez Nick entró.
La habitación parecía ser de invitados; una cama amplia al fondo, una pequeña cómoda justo al lado, con una lámpara encima. Una alfombra en el suelo y una ventana que daba a la calle. El caso era, que esa misma ventana estaba reforzada por barrotes, y en el centro del lugar, se encontraba él. Un jaguar de las nieves, con el pelaje hecho un desastre, atado a una silla y con la cara llena de sangre e hinchazón por los golpes que con seguridad le habían dado los secuaces de Mr. Big, sin mencionar la ropa rasgada y maltratada. Definitivamente no habían sido buenos con él.
-¿Me recuerdas?- habló Nick.
Como si hubiese despertado, el felino alzó la mirada hacia el recién llegado. Trató de esbozar una grotesca sonrisa, aunque sin mucho éxito, pues tenía el rostro entumido por tantos golpes.
-Tomaré eso como un sí- se cruzó de brazos el zorro.
-¿A qué viniste?-
-Oh, así que sí hablas. Creí que el oso polar te comió la lengua- bufó Nick, aunque manteniendo cierta seriedad.
-¿A qué viniste?- volvió a preguntar el animal, ésta vez de manera más enfatizada.
-Sólo quería asegurarme de que tenían al mamífero correcto, y ya lo hice…-
-No, no, no, no… No viniste sólo a eso ¿Cierto? De verdad querías verme- le volvió a sonreír.
-¿De qué hablas?
-Esperabas verme aquí, justo así… Tu venganza personal, ¿no es así?- preguntó despreocupado.
-Creo que te fastidiaron demasiado el cerebro con la paliza que te dieron. En fin, fue bueno verte, pero ya me voy- se despidió Nick. Dio media vuelta y estaba a punto de llamar a la puerta, cuando…
-¿Cómo está la coneja?
-¿Qué?
-Debe ser duro. Su especie tiende a ser muy activa, ¿ya te dijo que su pata no está sanando bien? No podrá volver a correr jamás, no volverá a ser una molestia- dijo con malicia.
-Te equivocas- respondió inmediatamente el zorro –. Yo mismo la he acompañado en sus revisiones, está sanando bien y será como si nada hubiese pasado- dijo molesto, una vez más encarando a ese degenerado.
-¿De verdad? Hmp… Koslov debió haber perdido su toque. - Chasqueó los dientes –. Supongo que yo haré el trabajo la próxima vez.
-No habrá una próxima vez. - Le corrigió el vulpino, rápidamente acercándose hasta él –. Estarás encerrado toda tu vida si tienes suerte. - Le aseguró –. No volverás a tocarla, ni a ella, ni a…
-¿Tu hija? - Interrumpió. La sangre de Nick se heló por completo –. Esa pequeña zorrita huérfana sí que te ama.
-¿Cómo lo…?
-Una semana antes de que la musaraña me encontrara averigüé todo sobre ti y esa coneja. Es por eso que lograron dar conmigo, me descuidé, pero es por eso que les dirás a tus amigos ahí fuera que me dejen ir, porque si no lo hacen entonces el resto de mi gente se encargará de todos. - Estaba más que convencido de que tenía todo en la bolsa en ese momento. Y los pensamientos con los que Nick había llegado esa noche habían cambiado por completo.
El zorro estaba en un pequeño shock, pensando qué haría, qué debía hacer. El estúpido dilema moral de ser policía no podía interponerse en su vida ahora, ya no se trataba de lo que haría Judy, se trataba de lo que haría él. Se alejó del jaguar, le dio la espalda y encaró a la puerta de madera otra vez. Tenía el poder para terminarlo todo ahí y ahora.
-¿Y bien? ¿Qué va a ser Nicky?
-Te equivocas…- Desconcertó por completo al felino.
-¿Disculpa?
-No harás nada si no te dejo ir. - Agregó, aún sin verlo a los ojos otra vez.
El animal atado a la silla rió torpemente, aún convencido de que tenía todo bajo control.
-¿Acaso tienes una idea de la cantidad de socios que tengo fuera?
-Sí, y la verdad es que no son muchos, ni tan importantes, ¿no es cierto?
La sonrisa simplona que había presumido hasta ahora, desapareció de su rostro al escuchar a Nick.
-No sabes de lo que estás hablando. - Trató de defenderse.
-Tu nombre es Max Fangerson, los animales que te acompañaban esa noche eran Koslov Vodkoveli y Samuel Stonehorn.
-¿Qué?
-El motivo por el que secuestraste y torturase así a Judy, es porque el fantasma de Tundratown te había robado un gran maletín de contrabando, pero la mercancía era lo de menos, dentro tenías tu registro de cuentas; nombres, movimientos, todos tus socios. ¿Sabes? Siempre me he vanagloriado de conocer a todo el mundo, ¿y qué crees? Así es. - Lo encaró nuevamente. – Ahora sé quiénes son tus "socios" y lo que han hecho. Sólo tengo que dar el reporte a la policía e irán tras de ellos, no nos harás nada, porque no puedes hacerlo. Y estoy seguro que solamente los dos dementes que estaban contigo esa noche sabían lo que estaba en juego, o de lo contrario ya te habrían hecho desaparecer para tratar de protegerse. Nadie más que tú y ellos saben que ese registro fue robado, y nadie más que tú sabe que lo tiene la policía.
-Eres un…- Sin la intención de dejarlo hablar, Nick lo golpeó fuertemente en el rostro, fácilmente haciendo caer la silla, dejando que quedara contra el suelo –. Eso es por Judy.
-Maldito tramposo…- clamó con la voz ahogada.
-Se llama treta tesoro. - Le sonrió Nick, poco antes de finalmente salir de la habitación.
-¿Y bien Nicky? ¿Qué decides? - Le preguntó Mr. Big apenas lo vio salir.
Cuando llegó a la mansión, tenía muy claro lo que le diría; razonaría con él, le convencería de simplemente entregarlo a la policía y no pasaría a mayores. Pero después de verlo, de escucharlo y entender la clase de mamífero que era, Nick ya no estaba tan seguro de lo que debía hacer. ¿Qué era esa justicia de la que Judy hablaba? El que Mr. Big lograse atraparlo debía significar algo, ¿o no? De lo contrario seguiría ahí fuera, pero no era el caso; estaba atado a una silla con la cara contra el suelo. ¿De verdad era tan malo dejarlo todo en manos de la musaraña? A fin de cuentas, fue él quien dijo que se encargaría de todo.
-Mañana recibirá una copia de un documento con los nombres de todos aquellos que trabajan con él…- respondió con la mirada baja –. No quiero saber nada de ninguno de ellos nunca más. - Empezó a caminar por el largo pasillo, sabía dónde estaba la salida a fin de cuentas.
-¿Eso qué significa exactamente Nicky?- cuestionó Mr. Big.
-Lo que ustedes quieran que signifique. - No dijo más y siguió caminando. Mientras, una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro del pequeño mamífero, acto seguido, le indicó algo a los dos guardias custodiando la puerta; los dos entraron y cerraron la puerta tras de sí.
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Ya era tarde, muy tarde por la noche. La ida y venida a casa de Mr. Big había tomado mucho más de lo esperado. Sea como fuere, al fin estaba en casa. Nick introdujo la llave en la cerradura, la hizo girar y abrió la puerta, en todo momento tratando de hacer el menor ruido posible.
En la sala, en el sofá justo frente a la chimenea, misma que ahora se encontraba encendida, su madre dormía con una cobija encima y una almohada acomodada bajo su cabeza. Caminó con una gracia fantasmal hacia la habitación, abrió la puerta y en ese momento se agradeció a sí mismo haber aceitado esas bisagras hace una semana. En la cama, su hija ya estaba arropada, y dormida también. Nick no pudo evitar sonreír ante la imagen que lo recibió. Cambió su ropa, se aseguró de cerrar todas las ventanas y poner el seguro en la puerta principal, regresó a su cuarto y se metió en la cama con la mayor delicadeza posible. Observó a Keira por algunos instantes, y luego dirigió la vista al techo, a la par que terminaba de acomodarse para dormir. Suspiró tranquilo y cerró los ojos.
-Ahora todo estará bien.
Y bueno, espero les haya gustado, entretenido, o al menos les haya dado algo qué hacer. Saben que me gusta escribir, aunque ya no tenga tanto tiempo como antes busco traerle un capítulo nuevo a penas pueda.
Alguien comenta? No? Nadie? Bien u.u... En fin, espero puedan comentar, así sabré si les gustó, les encantó, o si ya ni se acordaban de qué iba este fic XD.
Espero les guste el cierre que empieza a tener la historia, sé que no fue del todo buena, pero agradezco mucho a aquellos que se quedaron conmigo hasta aquí.
Bueno, eso es todo por mi parte. Cuidense mucho, no se desvelen y alejense del ajo.
Paz.
