26. OH WONDERFUL CHRISTMAS (Part II)
-Este es el lugar en el que menos te esperaba, sinceramente.- Andromeda aún no salía de su asombro.
-Créeme, si me hubieran dicho hace un año que estaría celebrando Navidad en casa de Potter, con la sabelotodo y las comadrejas, tampoco lo hubiera creído. Es más, hubiera hechizado al idiota.- su tono sonaba desdeñoso, pero una sonrisa se extendía en su rostro al observar a los presentes.
Después de un intenso reencuentro entre los dos sangre pura, todos se sentaron en la mesa para disfrutar de la deliciosa comida de Molly Weasley, que aún seguía quejándose de cuán delgados estaban todos, Goyle incluido.
-¿Cómo es que no habla con su hermana, señora Black?-preguntó Gregory mientras engullía un gran trozo de pastel de hígado.
-Es Tonks, tonto.- le respondió Draco.- ¿Y cómo esperabas que hablara con mi madre si estábamos en guerra?-su tono un poco más duro ahora.
-En realidad,cielo-comentó Andromeda posando su mano en el brazo de Draco.- tu madre y yo sí nos comunicamos un par de veces.- todos en la mesa abrieron los ojos con perplejidad, menos Hermione, que sonreía, aunque en sus ojos había algo como… preocupación. Preocupación de ser descubierta.
-¿Pero có-
-Es un secreto.- contestó, mentón en alto, mirada burlesca… era la primera vez que parecía una Black. Solo Blaise se dio cuenta de cómo la mirada de la señora Tonks se desviaba hacia su izquierda… curiosamente al lugar donde estaba sentada Hermione.
Todos rieron durante la cena, aunque los insultos y pullas de por medio entre los jóvenes Slytherin y algún Weasley eran imposibles de evitar, todo fue realmente acogedor, y tanto Blaise,Gregory y Draco, se sintieron extrañamente felices… aceptados, a pesar de haber sido deplorables en el pasado con las personas que los estaban acogiendo. Se habían retirado hacia los sillones, donde Harry hizo sentar a Astoria en su regazo, para felicidad de Molly, y Andromeda situándose lo más cerca que pudiera de su sobrino, ávida de información e historias de los años de Hogwarts y cómo habían llegado los mayores enemigos a cenar juntos en una festividad.
Historias como la del Bosque Prohibido en primer año o el puñetazo de Hermione a Draco en tercero, no se hicieron esperar, y pronto todos reían a carcajadas, rememorando y recreando anécdotas. No más guerra, no más pérdida, no más dolor.
Bueno, lo de dolor era relativo, porque a todos le dolieron los oídos al escuchar los desesperados llantos de un bebé.
-Teddy debe haberse despertado.- dijo Andromeda poniéndose de pie.
-Oh no te preocupes, Dromeda, yo iré.
Harry salió del salón y al cabo de dos minutos, bajó con la pequeña criatura en brazos, que ladeaba la cabeza tratando de imitar el movimiento del despeinado cabello del chico. Se sentó nuevamente al lado de Astoria, mientras la sonrisa de ella se ensanchaba, bueno, la de ella y la de todos en el lugar. La mirada del chico de anteojos al bebé era de pura adoración, pensó Draco… casi como si fuera hijo suyo. Un pensamiento cruzó su mente como un rayo.
-¿Tú eres el padrino, Potter?- preguntó sorprendido. Harry le miró, sonriente, una mirada de orgullo.
-Sí… cuando Sirius m…-Harry pareció incapaz de seguir esa frase, carraspeó ante las miradas incómodas de todos.- Como no estaba él aquí, siendo el mejor amigo de Remus… él y Tonks decidieron que yo debía serlo... por unas pequeñas palabras que le dije una vez durante la guerra.-volvió a carraspear.
-¿Pequeñas palabras, Harry?-dijo Ron tratando de contener la risa.- Le llamaste COBARDE a los gritos, entre otras tantas cosas.
-¿Y por eso eres el padrino?- preguntó un muy confuso Goyle.
-No es...mira, déjalo-sacudió su cabeza- la cuestión es que lo soy, y punto.- y miró con adoración el bulto envuelto en mantas que se encontraba en sus brazos. El niño lo miraba curioso, estirando sus manitas para quitarle sus gafas y luego hacer muecas.
-Así que mi sobrino segundo(*)- bufó- es ahijado de San Potter. Walburga Black debe estar retorciéndose en su tumba.- todos rieron ante el comentario, imaginando como se pondría la señora Black.
-No había caído en el hecho de que es algo así como tu sobrino...- Draco miró a Harry en una forma de decir silenciosamente si realmente era tan tonto como para pasar por alto el parentesco.
-Harry, deberías dejar que Malfoy lo sostenga por un rato, creo que a Andromeda le encantaría.- ambos chicos miraron a Hermione como si le hubiera salido una tercer cabeza.- ¡No me miren así! Es su familia también.
-Por favor...
-Pero Dromeda...
-Hazme el favor, Draco Lucius Malfoy y toma al niño ahora mismo en tus brazos.- todo el temperamento Black resurgiendo.
-Está bien, está bien, pero si llora, lo quiero lejos ¿de acuerdo?- trataba de verse amenazador, pero tanto Hermione como su tía notaban cuan nervioso estaba. Harry le acercó al niño hasta sus brazos temblorosos, y finalmente lo soltó. Lo primero que hizo Draco fue jadear sorprendido.- Su... su pelo.- sabía que era un metamorfomago, pero nunca esperó que el niño adoptara el rubio platino, casi blanco, de su propio cabello. Luego sus ojos grises. Y de golpe, a la vez que el niño, Draco sonrió.- Hola, pequeño.- susurró, tocando cuidadosamente su pequeña y pálida manita.- Así pareces todo un Malfoy ¿eh? Apuesto a que tendrás un buen temperamento Black.- su voz era extrañamente dulce, para ser de Draco.
Todos en la habitación miraban silenciosamente como el ex mortífago le hablaba al pequeño Teddy. Andromeda lloraba exageradamente... pero una vez que desviabas la atención de Draco, lo que más llamaba la atención... era Hermione.
Hermione se encontraba enternecida por la escena, sus ojos no dejaban de analizar todos los movimientos del Slytherin con el bebé en brazos, sus facciones relajadas, su casi sonrisa y el ego inflado al saber que tal criatura tan fantástica formaba parte de su familia. Algo se despertó en el interior, desperezándose y trepando por el interior de su pecho. La sensación la desconcertó, pero se le olvidó en cuanto él levantó la mirada y la miró a los ojos... una pequeña sonrisa deslizándose en sus labios. Se quedó sin aire al verlo, y cuando volvió en sí, le sonrió de vuelta.
Era la sonrisa más dulce que le habían brindado nunca, pensaba Draco mientras se dirigía a su habitación después de que Dromeda y Teddy se hubieran ido, y los Weasley, quiénes iban a quedarse pero no pudieron debido a que él había hechizado todas las habitaciones. Rió internamente por su bromita cuando los Weasley no pudieron solucionarlo y se despidieron, mientras Hermione lo miraba con una mezcla de reprobación y risa contenida.
Hermione... no quería admitirlo, pero su corazón había dado mil volteretas cuando ella le sonrió. Tampoco debía admitir que hecha de menos tenerla cerca en buenos términos. Se pasó la mano por el pelo, extrañamente sonriendo, a pesar de estar frustrado por sus extraños sentimientos hacia su amiga. Porque era eso, su amiga y no había nada más entre ellos.
Tampoco quería admitir que su ego se sintió aumentado, a la vez que agradecido, cuando ella y la pequeña comadreja lo defendieron. Cada día le caía mejor la pelirroja.
Draco se estiró en su cama, solo para tener que enderezarse nuevamente por que algo le había pinchado la espalda. Un paquete grueso y rectangular. Lo tomó entre sus manos y salió de la habitación.
-Granger, Granger.- su tono cantarín y burlón la sacó de sus ensoñaciones.- Estaba seguro de que te encontraría en la biblioteca. Bastante predecible viniendo de la sabelotodo.
-Que gracioso. JA JA JA.-le sacó la lengua.- Espero hayas notado el sarcasmo, Zabini.
-Pasas demasiado tiempo rodeada de Slytherins, te está afectando.- rió el chico moreno sentándose en el sillón frente a ella.
-¿A que se debe tal interrupción de mis hábitos de lectura?
-Solo tenía curiosidad.- contestó simplemente, llevándose un cigarrillo, que tenía escondido, a los labios.
-¿De qué, exactamente?- insistió, con cara de desagrado por el humo del tabáco.
-De algo que oí en la cena.
-Y...-esperó pacientemente, pero el chico estaba decidido a ponerla de los nervios.- Blaise Zabini, habla ya mismo o no tendré reparos en usar la legeremancia en tu embotada cabeza.
Blaise se sorprendió ante el arrebato de la Gryffindor, pero pronto sonrió de una manera que le puso los pelos de punta.
-No sabía que eras dotada de la legeremancia... lástima que se me de tan bien la oclumancia. Pero buen intento, gatita.
-No me llames gatita.-se enfurruñó.
-Bueno, ¿no querías saber porqué estoy aquí, gatita.?- hizo énfasis en el apodo.
-Habla.
-Uh, guarda tus garras.- rió ahogándose con el humo del propio cigarro. Ahora entendía por qué Draco disfrutaba tanto de molestarla.- No pude evitar darme cuenta de tu reacción ante algo que dijo Andromeda en la cena... ya sabes, sobre ella y la madre de Draco hablando durante la guerra-
-Yo no se nada.- murmuró rápidamente, su tono de voz una octava más agudo de lo que solía serlo. La habían pillado.
-Ustedes los Gryffindor son tan transparentes.
-Yo no se-
-Sabes que sé que tú sabes. Así que hagamos esto sencillo y cuéntame. O puedo estar aquí toda la noche sin dejarte salir.- otra vez el tono cantarín en su voz.
-¿Por qué quieres saberlo?- preguntó confusa.
-Me conoces, gatita, soy alguien curioso por naturaleza. Detesto descubrir cosas y no entenderlas.
-Eso es bastante infantil...
-Lo soy, ¿llevas tres meses viviendo conmigo y aún te sorprende? Por favor, Granger, dímelo.- le dijo con un pucherito que le arrancó una carcajada.
-Está bien- suspiró- pero Malfoy no debe enterarse de esto... bueno, nadie debe hacerlo, ni siquiera Harry o Ron.- Blaise asintió entusiasmado cual niño de cinco años.- Hace cosa de un año y medio o dos, más o menos, descubrí toda la historia completa de la familia Black, el como Walburga había quemado a Andromeda del tapiz de los Black, al igual que a Sirius. Sirius siempre nos habló de Andromeda, de como ella era su prima preferida y del amor que esta le tenía a su hermana, que a pesar de ser ahora una Malfoy, en verdad la amaba. Un tiempo después, cuando por fin la conocimos, empecé a hablar bastante con ella, al igual que con Tonks- Blaise la miró contrariado.- Nymphadora, la hija de Andromeda.- el chico asintió, sus ojos brillantes como un niño al que le están contando un cuento antes de dormir.- Bien, Tonks me contó que su madre siempre había intentado hablar con la señora Malfoy, pero que ella nunca le contestaba las cartas y si la veía en el Callejón Diagon, la ignoraba. Muchas veces durante la guerra la oí llorar y nombrarla en sueños.- su voz sonaba triste.- Lo que viene ahora, debe quedar aquí dentro, y debes llevártelo a la tumba, Blaise, solo hay dos personas que saben este secreto, y son ellas dos.- el pecho del Slytherin se infló de orgullo al saberse conocedor de algo tan secreto.- Le escribí anónimamente a la señora Malfoy para que me encontrara en Hogsmeade, alegando que sabía algo que era muy importante para ella y que debía saberlo.
-Eso es bastante Slytherin, gatita.- ella le gruñó- Bien, bien, continua.
-Me encontré con ella cerca de la cueva en la que Sirius se escondía, y ella casi se va al descubrir que era yo, la Sangresucia- ambos se encogieron ante la palabra.- que su hijo y marido detestaban. Pero le supliqué que se quedara... y cuando se marchaba le grité "Andromeda lleva meses tratando de comunicarse con usted." Se giró bruscamente y me miró, con tristeza. Dijo que Lucius le confiscaba cualquier carta que proviniera de ella y no le permitía responder, pero que ella necesitaba saber que estaba bien, que estaba viva. Así que le sonreí y le di un Galleon.
-¿Un Galleon, Granger? ¿Que cojones?
-El vocabulario, Zabini.- gruñó nuevamente.- ¿Recuerdas el Ejercito de Dumbledore? ¿Ese que Umbridge y vuestra estúpida Brigada Inquisitorial trató de desmantelar? Bueno, pautábamos las reuniones mediante unos Galleones que hechicé para que transmitieran el mensaje que desearamos.
-Eso es jodidamente inteligente.- Hermione rodó los ojos, sonriendo.
-Le di uno a ella y otro a Andromeda y les expliqué su funcionamiento. Les hice jurar mediante un juramento mágico que no desvelarían nada a menos que yo lo hiciera. No me mires así, tonto, no era un juramento inquebrantable, solo un juramento de varita.
Blaise quedó callado por unos minutos, procesando la información recibida, y extrañamente sintió admiración frente a la pequeña y delgada bruja de pelo enmarañado frente a él. Él nunca había sido especialmente mezquino con ella, pero Draco sí lo había hecho... y ella, aun sabiendo quien era Narcissa Malfoy, la ayudó a recuperar contacto con su hermana, la ayudó a mantener su humanidad, su luz. Esa chica era pura bondad, y ahora, más que nunca, sintió que debía enmendar todo el daño que sus compañeros Slytherin le había causado. Se prometió que la protegería, como Potter y Comadreja hacían.
-Ya que me has contado tal secreto... te contaré yo uno, y esto, debe quedar entre tu y yo. Promételo.- ella asintió fervientemente.
-Lo prometo, de verdad.
-Te he cogido bastante... afecto.- Hermione sonrió brillantemente.- Joder, no soy bueno con esto, pero no quiero que nadie te dañe... me siento como si fuera un jodido hermano mayor, más o menos desde tu caída en la escoba.- suspiró teatralmente. Hermione se puso de pie y camino hasta él.
-También te quiero, Blaise.- rió.
-EH eh eh, yo no he dicho nada de querer y...- las carcajadas de la chica lo enfurruñaron.
-No voy a pedirte que lo digas en voz alta, pero sabes que se que tu sabes.- dijo utilizando sus propias palabras.
Luego de un rato de charla sin sentido, Blaise se fue bostezando después de revolverle el pelo a su recién adquirida "hermanita".
Pero no pasó más de dos minutos, cuando otra voz entonando el mismo tonito cantarín la interrumpió.
-Granger, Granger.
-Malfoy, Malfoy.- se burló ella.- no estoy de humor para tonitos cantarines.
-Uh la leoncita tiene garras...- rió él.
-¿Qué quieres, hurón?- le dijo mientras él se sentaba a su lado.
-Solo venía a... como decirlo, dartelasgraciaspordefendermehoy.
-¿Eh? No entendí ni una pizca.- rió ella después de haberlo escuchado decir eso sin ningún tipo de pausa o espacio. Draco la miró de mala manera.- Está bien... lo siento, de verdad.- suspiró posando su mano en su brazo musculoso, ambos se estremecieron al contacto.
-Te perdono por intentar hacer que diga cosas que no quiero decir.
-No me refería a esto... siento haber sido una estúpida todo este tiempo, lo siento por lo del tren, y por comportarme así después de la caída y luego haberte pegado y-
-Ey, Granger, respira, hablas demasiado rápido. Está todo bien, enserio... unas semanas de mal trato no es nada al lado de siete años, ¿sabes?- le sonrió.
-Sí pero...- se calló al ver la mirada intimidante que él le daba. Suspiró.- Te veías muy dulce hoy con Teddy... no sabía que te gustaban los niños.
-No lo hacen.-gruñó.- pero tiene sangre Black, y está siendo criado por Dromeda, por lo que seguro será un gran niño. Por muy hijo de Lupin o ahijado de Potter que sea, que por cierto, es desagradable. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?- cuestionó al ver como la castaña trataba de ahogar una carcajada.
-Harry te cae bien.
-No.
-Sí lo hace.
-No.
-Sí.
-¡Que no, Granger que no!
-Sí.
-No.
-No.
-Sí.- ella sonrió triunfalmente.-Espera ¿qué? ¡Me has engañado para que lo dijera!-bufó- no es válido, maldita sea.
-Di lo que quieras... pero ambos sabemos que tengo razón.
-Dichosa sabelotodo. Ahora te has quedado sin regalo de Navidad.-dijo poniéndose en pie.
-¿Regalo?
-Sí, Granger, un regalo es algo que otra persona te da en agradecimiento o dependiendo de la fecha, según-
-Se lo que es un regalo, idiota. Lo que no imaginé es que tendrías uno para mi.
-Pues te has quedado sin él, de todas formas.- le sacó la lengua cuando ella también se puso en pie.
-Oh no no, ya has soltado que hay uno, así que lo quiero. Es mío, después de todo.
Draco levantó el paquete rectangular, que tenía escondido, lo más alto que pudo, por lo que Hermione tuvo que empezar a dar pequeños saltitos para tratar de alcanzarlo, aunque no pudo.
Luego de unos cinco minutos pegando botes como un conejillo, lo que le resultó tiernísimo a Draco, Hermione decidió atacar de otra forma.
Fingió agotamiento y rendición, y de pronto, sus dedos pinchaban los costados del aristócrata rubio tanto como la parte cercana a sus axilas.
Cosquillas.
Él comenzó a retorcerse, intentando no reírse ni quedarse sin respiración. Inconscientemente, ambos se aproximaron al sillón nuevamente, uno tratando de no sucumbir a la estridente risa, la otra logrando a penas que su contrincante no le hiciera cosquillas también.
Pero sin querer, Draco tropezó con el libro que Hermione había dejado al lado del sillón, y sin querer, nuevamente, cayó encima de ella en la mullida alfombra. Ambos se quedaron en silencio, sus respiraciones pesadas chocaban con sus rostros, que estaban demasiado cerca, y sus cuerpos eran realmente conscientes del otro, aunque extrañamente, se amoldaban perfectamente el uno al otro. Realmente, la única incomodidad era saber cuan cerca estaban, pero ni sus cuerpos eran capaces de reaccionar, ni sus mentes se lo permitian.
El chico platinado, entró en un estado de nervios que no comprendía... era incapaz de seguir mirando su rostro porque lo único en lo que sus ojos se centraban eran sus labios y eso lo perturbaba.
Pero para ella la situación no estaba mucho mejor, porque él, en un desesperado intento por no mirarla, giró su rostro hasta su cuello, y ahora su respiración caliente le estaba erizando cada milímetro de piel. Así que hizo lo único que se le ocurrió para terminar con la incomodidad...
Cosquillas.
Esta vez, Draco fue más rápido y le tomó las manos por encima de la cabeza con una de las suyas, y con la otra procedió a torturarla con cosquillas al igual que ella había hecho minutos antes. La risa de Hermione sonaba celestial, pensaba él. Como esa melodía delicada y hermosa que escuchas una vez y se te queda grabada a fuego en la mente.
Que le jodan a la marca tenebrosa, pensó, su risa si que es una verdadera marca mágica. Y del peor tipo...
Sabía que si seguía deleitándose de los delicados y hermosos sonidos que ella brindaba terminaría haciendo algo de lo que se arrepentiría por el resto de sus días. Rápidamente se puso en pie, y tras respirar unos segundos, tomó su pequeña mano y la ayudó a ponerse en pie.
Ambos se miraron, tratando de ocultar y contener lo que les pasaba por la mente en esos instantes.
-¿Y mi regalo?- preguntó después de unos minutos de silencio.
-Mira que eres terca.
-Será por pasar tanto tiempo contigo.
-Seh, no tiene nada que ver con algo que sale naturalmente de tí.
-Pues no.
Draco la miró, sonrojada, despeinada, y su risa seguía danzando en su mente, reproduciéndose como si se creyera la novena sinfonía de Beethoven. Tomó el paquete envuelto en papel de regalo, verde oscuro y plateado. Predecible, rodó los ojos internamente.
-Ábrelo cuando me marche.- ella asintió mirando el paquete en las manos del chico, y solo levantó la vista a sus ojos cuando lo notó a muy pocos centímetros de su cuerpo. Ella se tensó cuando notó una de las grandes y fuertes manos de Draco tomando la suya, mientras su cabeza descendía lentamente hacía la suya, por un momento, ella pensó que iba a besarla... pero eso sería estúpido, ¿no? ¿Por qué querría Draco Malfoy besar a la sabelotodo Granger?- Feliz Navidad, Granger.- susurró cerca de su boca, y luego besó delicadamente su frente antes de desaparecer por la puerta.
Le costó cerca de cinco minutos darse cuenta de que tenia el regalo en sus manos.
N/A
Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Sí, pueden tirarme tomates, latas, basura o lo que quieran. Siento haber tardado tantísimo en actualizar, pero cada vez tengo más complicado conseguir un ordenador en el que escribir y lo hago cuando puedo. Pero bueno, espero que el capítulo haya sido de su agrado, yo personalmente me divertí mucho escribiéndolo, sobretodo la parte de Blaise y su amistad con Hermione, que recuerdo que alguien me puso en un comentario que le gustaría que ambos fueran más amigos aún. En un principio, todo lo que Hermione le cuenta, iba a saberse mediante un pensadero o legeremancia, pero luego pensé que eso sería muy trillado y típico por lo que me reusé a la vieja usanza, que para algo la castaña es hija de muggles, ¿les gustó lo que le explica a Blaise?
Y Draco... bueno, este chico es impredecible, ¿qué le habrá regalado a Hermione? No me odien por esos casi besos... juro que habrá más en un futuro no muy lejano.
Como ya ven, apareció el pequeño Teddy Lupin, como algunas pidieron hace algunos capítulos, amo a ese pequeño, debo decir.
En cuanto al asterisco (*) en "Sobrino segundo", era para aclarar, a aquellos que no lo supieran, que cuando un primo directo tuyo (sobrino de tu madre/padre) tiene un hijo, eso no lo convierte en primo tuyo, si no en tío segundo. No se muy bien el porqué, pero investigué en libros de genealogía.
Espero no tardarme tanto, y espero que no me odien. Estaré esperando con emoción sus reviews, son la luz de mi día a día.
L s adora, Topi.
PD: Quería agradecer a Sinsajo por su último review, se que tardo en actualizar, y es a causa de no tener mi computadora arreglada, aun así intento al menos una vez por semana subir. Me alegra muchisimo que te guste mi fic, y que estés alerta a mis actualizaciones, desearía hacerlo más rápido para que no tuvieran que esperar tanto, pero bueno, me conformo con saber que sigues leyendome a pesar de mis tardanzas. Me has alegrado el día :) Besos a ti tambien!
