Capítulo 26: Añoranza a la confianza

-… y, por último, la medalla de oro de Novel B, Sasha Vladik Nikiforov-Katsuki…

Padre e hija vieron, llenos de un descomunal orgullo, como el pequeño se adentraba en la pista para recoger su primera medalla de oro como patinador profesional. No había duda, Sasha había derrochado talento y ritmo en su programa largo, y fue suficiente para desbancar a los competidores de su categoría que eran aprendices de Plisetsky. Ya se imaginaba la pataleta que tendría el rubio en la cena, aunque Sasha sabía que, en el fondo, su tío Yurio era de los que más satisfechos se sentían con los resultados del pequeño.

Detrás de la barda, mientras observaban la presentación, Víktor y su hija menor aplaudían emocionados. Pero, aunque no lo decían, también estaban demasiado nerviosos. En menos de una hora, Viktoria entraría al hielo a retarse a sí misma con tres cuádruples, algo que meses atrás parecía solo un sueño.

Viktoria hubiera querido hablar con Yuuri para desahogarse y decirle lo aterrada que estaba, que, en realidad, ni ella misma se sentía segura de lo que iba a hacer. Pero tuvo que recordarse a cada momento que su papá no se encontraba en las mejores condiciones para eso, pues se preocuparía de más, sin recordar que tenía dos bebés dentro de él que sentían cada emoción de su padre. Y Víktor… dormir con él, sentir sus suaves abrazos, le daba una enorme sensación de seguridad, y eso le encantaba. Pero no se imaginaba diciéndole que tenía miedo. Terminaría armando un escándalo y haría todo lo posible por suprimir, y no por superar, eso que la asustaba.

Después de la gala de los pequeños patinadores, y de que Sasha ocupara unos minutos para tomarse fotos con su naciente grupo de seguidoras, la familia volvió a los vestidores para que la chica se preparara antes de su presentación. Los mayores se quedaron solos cuando el niño se encontró con Serik y se fue con él y con Otabek. Víktor y Viktoria se encontraron con un extraño silencio cernido sobre ellos, hasta que una voz, que ya lograba irritar a la peliplata, se escuchó acercándose por un pasillo hacia donde ambos estaban.

-Papá…

-Víktor, cariño... -Laryssa llegó antes de que Viktoria pudiera hacer algo para atraer la atención de su padre -Estaba buscando a tu hermoso hijo para felicitarlo.

-Se fue con el hijo de Yuri. Pero ya volverá.

-Oh, ya entiendo. Plisetsky debe estar ofuscado por que le quitaste el oro a su alumno.

-Es probable -rió Víktor, con su habitual buen humor -Laryssa… ¿puedo pedirte que ayudes a Viktoria con su calentamiento? Debo ir a hablar con los técnicos.

-Puedo hacerlo yo sola, papá -intervino la joven, sintiéndose turbada de repente.

-No necesitas hacerlos sola, princesa. Alguien debe cuidarte -Laryssa se acercó a ella y la tomó de los hombros -Ve tranquilo, Víktor, yo me encargo.

Él agradeció y se fue, dejando a las dos mujeres. Laryssa sonrió ampliamente a la peliplata y esta disimuló un escalofrió recorriendo su columna.

-Sus alumnas deben estar esperándola. No es necesario que me ayude -dijo Viktoria, en un intento de alejarse, educadamente, de la mujer.

-Yo solo hago sus coreografías. Sus entrenadores las ayudan -tomó el brazo derecho de Viktoria y lo alzó despacio, simulando un movimiento -Vamos, hermosa. Me haces pensar que no me quieres cerca de ti.

-No… yo no… quería decir eso…

-Lo sé. Supongo que no te hace gracia que alguien se acerque demasiado a tu atractivo padre.

-A decir, verdad, no. No me agrada.

-Pero es algo que no puedes evitar. ¿Quién no querría estar con él? -la cuestionó mientras la ayudaba a estirar su pierna.

-Yo… supongo que… tiene razón. ¿Hace cuánto conoce a Víktor?

-Lo conocí un poco después de que iniciara su carrera. Somos muy amigos desde entonces.

-Ah, ¿sí? Nunca había oído hablar de usted, ni nos ha visitado… ¿es eso una señal de buena amistad?

-Las circunstancias me lo impiden. Tiéndete y estira la espalda.

- ¿Circunstancias? -preguntó Viktoria, siguiendo por inercia sus indicaciones.

-Cosas que no tienes por qué saber, nena. Pero no te preocupes, tengo la seguridad que, de ahora en más, nos veremos continuamente.

- ¿Por qué?

-Ya lo verás. Así que espero que tú y yo nos llevemos muy bien.

- ¿Pero de qué…?

-Listo, ya volví. Gracias por la ayuda, Laryssa -Víktor apareció e interrumpió la cuestionante de su hija, quien resopló molesta.

-De nada, guapo. Casi es su turno, deben irse ya -la mujer se acercó a Víktor para despedirse, a quien le dio un par de besos en sus mejillas. Del mismo modo, se acercó a Viktoria, le dio un beso y susurró en el oído -Mejor que seamos amigas, princesa. Buena suerte y no caigas.

Ni siquiera cuando peleó con Yukie se sintió como con Laryssa cuando le habló. Si ya pensaba que había raro con ella, ahora sabía que algo estaba definitivamente mal. Esa mujer logró hacer que de cada poro de la piel de Viktoria brotara desconfianza y alerta. Siguió a su papá hacia la pista, sintiendo la mirada de Laryssa en ellos. Tenía que quitarse las dudas respecto a ella.

-Papá… -llamó en cuanto estuvieron lejos de su alcance - ¿Quién es Laryssa?

- ¿Eh? Ya te dije que es una amiga, nena. Nos conocemos desde hace mucho tiempo -respondió Víktor, sin poner mucha atención.

-Y ella… ¿es especial?

- ¿Especial? -la pregunta hizo que el ruso fijara la mirada en su hija, que, nerviosa, jugaba con sus dedos sin observar a su papá -Pues… supongo que sí… Me conoce bastante bien y yo a ella.

- ¿Qué tanto?

-Viktoria… eso… pues… me conoce mucho -respondió, y Viktoria se alarmó al descubrir un, casi imperceptible, sonrojo - ¿A qué viene esa pregunta?

-Es que… me parece que ella es un poco…

- ¿Coqueta? -inquirió Víktor, casi riéndose, y provocando un descomunal matiz rojo en las mejillas de su hija -Sí, lo sé. Pero ella siempre ha sido así, y no me resulta extraño.

-Pero ella te…

No terminó la frase, porque en ese momento, en el Kiss and Cry, daban la calificación de Viveka. Yurio aplaudía, sin ningún rastro de emoción en su rostro, al igual que su alumna, a pesar de que esta se había colocado en primer lugar, faltando solo Viktoria por presentar su programa.

El semblante de Víktor se transformó en ansiedad, sabiendo que en unos minutos más la llamarían a la pista.

-Voy… voy por mis guantes… -balbuceó la peliplata, sintiendo una opresión en su estómago que le estaba provocando un mareo.

De su maleta, tomó el par de guantes blancos, y antes de volver con su padre, revisó su celular, esperando que hubiera un mensaje de Yuuri. Habían conversado por la mañana, y él se encargó de transmitir todos los ánimos y la confianza que pudo. Sin embargo, Viktoria pensó que un mensaje más de él no le vendría mal.

La alerta en la pantalla del móvil no era de su papá, sino de su hermana. Un mensaje enviado una hora atrás. Se extrañó de eso, pero no quiso ignorarlo. Tal vez, después del tiempo que llevaban discutiendo, ese mensaje podría ser un acercamiento a la paz… o tal vez no.

"Esto es lo que encontré de Laryssa Novikova. Tiene 55 años. Es ex patinadora profesional y actual coreógrafa de grandes estrellas rusas del patinaje y el ballet. No pensé que eso fuera importante, pero… había noticias de ella y… Víktor. Ambos tuvieron un romance que todos consideraban espectacular. Incluso había rumores de que se iban a casar, pero terminaron la relación de un día a otro, un año antes de que conociera a Yuuri. Se casó hace una década, pero se divorció diez meses después. Viktoria… no conozco a esta mujer, pero me dieron ganas de golpear algo cuando vi sus fotos con papá. Ellos… eran muy unidos… y detesto tener que escribir esto… pero lucían como si estuvieran enamorados. Supongo que la viste en ese lugar y se acercó a ustedes. No sé qué pienses… pero yo en tu lugar no dejaría que si quiera se aproximara a él. No la conozco, pero… pero me provocó algo muy extraño. Viktoria… que no se acerque a papá."

El celular cayó con un sonido sordo al piso, y el semblante de su dueña se tornó aún más pálido. Se encontraba estática y su mente apenas pudo procesar que los altavoces las estaban llamando para que entrara al hielo.

Víktor se extrañó de que no acudiera al llamado y fue a buscarla a los vestidores. Se la encontró de pie y frotándose las sienes, lo cual lo alarmó considerablemente. Así comenzaban los fuertes episodios de ansiedad que sufría desde su accidente.

-Viktoria… -se acercó a ella con cuidado y la hizo sentarse en una de las sillas. Sentía sus brazos temblar -Respira… tranquila, nena. No pasa nada…

-Estoy bien, papá -respondió, en casi un murmullo -Ya me están llamando.

-No vas a entrar si estás así. Primero cálmate.

-No es ansiedad, Víktor. Sólo… bueno… me puse nerviosa.

Viktoria se levantó y tomó una larga bocanada de aire, se dio unas palmadas en las mejillas y le sonrió a su papá, indicándole que ya estaba bien y que podían regresar a la competencia. Él dudó un poco, pero decidió creer que en verdad eran los nervios los que la aquejaban. Él también se sentía así.

Volvieron a la pista y Viktoria entró rápidamente al hielo, esperando las últimas instrucciones de su padre.

-No te apresures con los saltos, piensa bien cada movimiento y… -el ruso suspiró con pesadez. Decir esa frase siempre le rememoraba los peores momentos de su vida -Si estás cansada antes del último cuádruple… por favor, no lo hagas.

-Papá… no es como esa vez. Ya hemos practicado la rutina completa y ha salido muy bien. Tal vez no lo clave, pero… estará bien.

-Sólo recuerda eso, y cuida la altura. No demasiado…

-Alto, lo sé -el altavoz llamó una última vez a la chica y ella abrazó fugazmente a su papá antes de saludar al público mientras se deslizaba al centro de la pista.

Algo definitivamente iba mal con su hija. Víktor lo sintió en ese corto e insípido abrazo. No sólo estaba nerviosa. Sabía que algo le incomodaba, por su expresión. Aun tomando su posición de inicio, podía jurar que su rostro tenía una mueca de molestia.

La fuerte e increíblemente melancólica voz de Annie Lennox llegó hasta los oídos del ruso, y observó con seriedad como Viktoria comenzaba a desplazarse por el hielo, demasiado agónica para su gusto. Las dos canciones que la joven había escogido para esa temporada eran, para gusto de Víktor, muy buenas, pero el hecho de que Viktoria estuviera sintiendo esa aflicción, también le preocupaba. Suponía que la peliplata sentía que él se equivocaba continuamente en su trabajo como padre. Pero tener esos sentimientos tan apesadumbrados, era algo inquietante.

Ella empezó con su primer cuádruple. Un salchow fluido y elegante, que clavo sin mayores complicaciones. Se estaba moviendo al ritmo de la canción y notó que todos en el recinto la observaban, impactados.

Le siguió una combinación 3-3 de loop y toe loop. El corazón de Víktor dio un pequeño salto al observar que estaba saltando más alto de lo acostumbrado. No lo hacía porque no quería ponerla más nerviosa, pero su interior le gritaba que se contuviera, que tuviera cuidado, que… ¿parara?

Después de clavar un axel triple, desenvolvió su coreografía, que Yuuri se había encargado de hacerla lo más cercana al espíritu de la canción como había sido posible. Viktoria estaba haciendo gala de una actuación dramática, con movimientos sensuales, pero al mismo tiempo, trágicos, tanto, que erizaban la piel al hacer contraste con la letra de la canción.

Pasó la mitad de la canción y de nuevo sintió la necesidad de aferrarse a algo que lo apoyara. No espero demasiado para que su cuerpo se contrajera nervioso, y se relajara rápidamente. Viktoria clavaba un axel cuádruple y con pulcra elegancia realizaba su combinación de pirueta saltada y un camel.

-Se ve tan hermosa… -escuchó decir a un lado suyo.

Giró un poco y notó la presencia de Laryssa junto a él. La rusa observaba, sorprendida a Viktoria, y dejaba escapar uno que otro comentario acerca de lo bien ejecutada que estaba la rutina.

Viktoria pasó a escasos metros del lugar donde se encontraban los adultos. Fueron apenas unos segundos, pero fue el tiempo suficiente para que Víktor se diera cuenta.

Las mejillas de la chica estaban completamente rojas, y respiraba con dificultad. Primero trató de convencerse que era su imaginación, pero Laryssa hizo notar que sus brazos estaban temblando ligeramente. Víktor se concentró en la melodía y se dio cuenta de que aún faltaban cerca de treinta segundos para que concluyera… y el último cuádruple estaba por venir.

No habría modo de describir como su corazón se aceleró cuando presenció la manera en que Viktoria se preparaba para dar el lutz de cuatro rotaciones. Rogó con todo su corazón que fuera triple… ella estaba muy cansada y era probable que no saliera bien.

Respiró y esperó. El aire quedó atrapado en sus pulmones cuando los patines volvieron a tocar el hielo después de las rotaciones. Cualquier vestigio de color abandonó su rostro.

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-Es anemia, señor Katsuki.

Yuuri recordó las palabras del doctor mientras recibía un papel con los resultados de los análisis de sangre, que se había hecho dos días atrás.

Las molestias pudieron con él. Ya no eran solo vómitos o los continuos mareos. Ya no toleraba algunas comidas. Se sentía cansado y con constante dolor de cabeza. Su piel era fría, y más de una persona había reparado en que estaba demasiado pálido y ojeroso. Si fuera por él, dormiría todo el día. Pero los constantes sobresaltos, los desvelos por ver las competencias de sus hijos, la angustia que vivió después del programa corto de Viktoria, el continuo mal humor de Yukie y tener que cuidar a su pequeño de dos años, estaban acabándolo lentamente. Ya no había noche en la que pudiera dormir tranquilo. Pero no lo diría. No quería añadir un problema a la complicada situación que pasaban en su hogar. Además, con Kenji también tuvo un cuadro de anemia, que fue superado con la comida adecuada por un mes. Bien podía cuidarse él solo sin tener que recurrir a nadie.

Mientras observaba la premiación de mujeres en el Nacional Ruso, sintió a sus pequeños moverse dentro de él. Cada vez faltaba menos para que llegaran y a Yuuri le estresaba pensar que su familia no estaba lista para recibirlos. No había, ni de cerca, la armonía que se vivió meses antes del nacimiento de Sasha o de Kenji. Añoraba tanto esos días.

-Papá… -la voz de Yukie lo hizo regresar de su momentánea distracción -La premiación.

Yuuri asintió y prestó atención al televisor. El presentador anunciaba el tercer lugar de Viktoria, y ella patinaba con una sonrisa, pero su papá japonés, que la conocía lo suficiente, estaba seguro de que no se sentía del todo bien. Pero la entendía. Él también se sentiría mal si, después de tantos entrenamiento y ensayos, el salto que más esperaba hubiera salido mal.

El lutz cuádruple era uno de los movimientos que Viktoria ya controlaba. Pero en ese caso, tenía que darle la razón a Víktor cuando decía que, estando cansada, sus fuerzas no serían suficientes para soportar el salto. La peliplata había caído sobre su cadera y chocado contra la barda de contención de la pista. Yuuri sintió como si la vida de la escapara al ver a su hija tendida en el suelo, pero no podía negar que se sentía admirado cuando se reincorporó rápidamente y terminó la rutina con la mayor dignidad posible.

En momento como ese, hubiera dado todo por encontrarse ahí y secar las delgadas lágrimas que brotaban de los ojos azules de su niña. No lo habría dejado escapar de sus abrazos y le hubiera susurrado palabras de consuelo.

Tal vez por eso podía olvidar un poco su molestia con Víktor. Su esposo no había dudado ni un segundo en acunar a su pequeña, en dejarla sollozar sobre su hombro, mientras acariciaba con ternura su cabello y se cercioraba de que su cadera no hubiera sufrido algún daño considerable. Víktor había rechazado hablar con cualquiera que se acercara a Viktoria y, para sorpresa de Yuuri, había alejado a Laryssa de su hija, quien se había aproximado a ambos con intención de abrazarlos. El japonés pensó que era porque el mismo ruso se veía horriblemente asustado y preocupado, y no era para menos. De cualquier forma, sintió la necesidad de llamar a Víktor y agradecer que se hubiera quedado al lado de Viktoria todo el tiempo.

-Logró clasificar al Mundial -dijo Yukie, interpretando las palabras en ruso del locutor.

- ¿En serio? -Yuuri se impresionó. Tenía miedo de que la puntuación de la chica no hubiera sido suficiente, pero, por lo visto, los puntos de presentación habían sido cruciales -Creo que tu hermana debe estar muy feliz por eso.

-No lo creo -respondió la pelinegra, taciturna -Viktoria no está satisfecha. Te aseguro que debe estar pensando en que no se merece ir al Mundial.

- ¿Cómo estás tan segura? -preguntó con curiosidad, mientras atendía el llamado de Kenji para que lo sostuviera en sus brazos. El pequeño Makkachin no dudó en seguir al bebé y trepó a la cama donde todos se encontraban.

-Papá, solo mírala. Sonríe por obligación. Como si no la conociera. Te lo aseguro, no irá a la cena y se encerrará en su cuarto.

-Debería hablar con Víktor para que haga algo al respecto -concluyó Yuuri, estirándose lo que podía para alcanzar el móvil al pie de la cama.

-Yo creo que deberían dejarla hacer lo que quiera. No tiene sentido que la obliguen a ir a un lugar donde solo se sentiría mal.

-En la Final del Grand Prix casi la forzaste a ir al banquete -recordó el japonés, sonriendo para sí.

-Porque yo estaba con ella, y si sentía mal pues yo podría… -se interrumpió al ver la expresión irónica en Yuuri, entendiendo lo que estaba pensando. Recurrió a una excusa inmediatamente -Es… muy caprichosa y necesita alguien que la esté cuidando.

-Sí, Yukie, por supuesto que es eso -respondió, ironizando -De cualquier forma, hablaré con tu padre. No me gusta que lleve problemas ella sola.

-Vaya… tú también deberías aprender eso, papá -Yuuri la miró extrañado. Yukie resopló, se puso de pie y dejó un sobre abierto a un costado de su padre -Si no quieres que no lo sepamos, deberías guardarlo bien.

-Yukie… -el pelinegro reconoció inmediatamente el sobre con los resultados del laboratorio que advertían de su enfermedad -No es que no quiera…

-Ya -interrumpió ella, con una expresión dolida -Supongo que, si no somos Viktoria, no tenemos el privilegio de tu confianza. No te preocupes, no tengo porque decir nada a nadie.

Yuuri iba a replicar algo, pero Yukie salió de la habitación inmediatamente, sin hacer caso del pedido de su padre a que volviera.

Kenji lo miró confuso, para luego sonreír ampliamente a Yuuri, ponerse de pie sobre el colchón y acercársele torpemente. Tomó con sus regordetas manos el rostro de su papá y le dio un beso en la punta de la nariz, justo como Víktor solía hacer con el bebé cuando jugaban.

- ¿Estash tishte, papá? ¿No te gushtan mis besos que me da papá Ítor?

Eso fue demasiado para el acongojado corazón de Yuuri. Tomó al bebé en sus brazos y lo estrechó fuertemente contra su pecho, tanto como su crecido vientre se lo permitía, evitando que lo viera llorar. Aunque Kenji, se asombró por la reacción de su papá, no dudó en abrazarlo de igual forma y darle muchos y pequeños besos en su mejilla.

-Me encantan tus besos, bebé -le respondió, tratando de tranquilizarse y regalándole el mismo gesto en su pequeña naricita - ¿Te gustaría hablar con tu papá?

- ¡Shí! ¡Eshtaño a papá! -gritó el niño, fingiendo un puchero, uno que, sin lugar a dudas, estaba replicando de su hermano y de su padre.

Mientras Yuuri buscaba el número del ruso, ante la curiosa mirada de Kenji sentado en su regazo, pensó que él también extrañaba a Víktor. Pero no su presencia, sino más bien su esencia. Esa que tenía tan solo unos meses atrás. Esa que lo hacía sentir amado y comprendido. La que no dejaba espacio para una duda o vacilación. En donde no era imponer, sino proteger. La esencia de su esposo que no le permitía ocultar nada.

Soltó el aire que retenía para no echarse a llorar de nuevo y asustar a su bebé. No le gustaba esconder cosas, aunque Yukie pensara que era así. Ninguna de las veces había sido sencilla. Pero, ¿podían culparlo por no querer afligir a todos? ¿Por no querer sumarse a los motivos de disgustos o tristezas?

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- ¡Pero yo lo hice mejor que tu alumno!

- ¡Por supuesto que no! ¡Es porque bailas bien! Ni siquiera llegas a los triples.

-Y cuando lo haga, ninguno de ellos llegará a donde estoy yo.

-Por supuesto que no, ya irán más avanzados.

-Lo haré mejor que cualquiera.

-Pues…

- ¡Yura! ¡Sasha! Basta ya – la paciencia de Otabek era infinita para todos, la mayor parte del tiempo. Pero los dos rusos a su lado estaban muy cerca de rebasar ese lejano límite. Desde que Yuri y el pequeño Nikiforov se habían encontrado después de las premiaciones, el pequeño tardó prácticamente nada en intentar hacer rabiar a Yurio. Y vaya que lo había logrado.

A pesar de los años, Plisetsky podía adoptar una actitud bastante infantil cuando se lo proponía, y cuando las oportunidades de hacer enojar al hijo de Víktor se presentaban, no perdía un solo momento.

Caminando junto al kazajo, Serik intentaba contener las carcajadas que la mini pelea entre su papá y su mejor amigo le estaban provocando, además de los continuos comentarios y juguetonas confidencias que Víktor le hacía al oído.

Los cinco hombres llegaron a la mesa que se había dispuesto para ellos y para Mila, Georgi y el hijo de ambos, quien había conseguido su primera mellada en el tiempo que llevaba en las competencias profesionales. Esa zona era como la de los pequeños máximos ganadores de la noche.

Yurio dejó a Sasha hablando solo y fue a asegurarse de que todos sus alumnos estuvieran presentes y de que ninguno se atreviera a dejar en ridículo su prestigiosa academia. Cuando volvió, reanudó las "hostilidades" con Sasha, quien, esta vez, fue apoyado a capa y espada por Serik y Pavel, el hijo de Georgi y Mila, lo cual hizo que el orgullo del rubio se hiriera.

La pareja de esposos, Otabek y Víktor decidieron ignorarlos, pues de lo contrario, ellos también acabarían discutiendo. Entablaron una amena conversación acerca de los años en los que competían y de la temporada en la que las cosas cambiaron. Víktor justo estaba hablando de la rabieta que el Yakov había montado la noche que decidió irse a Japón y como hasta esos momentos se lo seguía recordando con enfado, cuando el celular en su bolsillo comenzó a vibrar insistentemente.

Soltó una risita de entusiasmo y su semblante cambió a completa alegría cuando leyó el nombre de Yuuri parpadeando en la pantalla. Salió de la estancia y, en una pequeña e íntima sala que encontró, respondió feliz a su esposo.

-Yuuri, amor…

- ¡Hoa papá! ¡Te eshtaño!

Víctor sonrió y su corazón latió enternecido. Amaba esa hermosa e infantil voz.

-Hola, bebé. Yo también te extraño mucho, mi amor.

- ¡Ven! ¡Te queo aquí conmigo!

-Mañana en la noche estaré ahí, te lo prometo

- ¿Vash a jugar conmigo mis juguetes?

-Todo el día, Kenji. Y comeremos las golosinas que quieras.

- ¡Shí! -Víktor rió ante el entusiasmo de su hijo y la voz de Yuuri que decía "no muchas".

- ¿Bebé? ¿Podrías dejarme hablar con papá?

-Uuri dishe que debo domir.

-Y tiene razón. Anda, Kenji, ve a acostarte y prometo que te llevaré un regalo.

-Eshtá bien. Te queo musho, papá.

-Y yo a ti, mi amor. Descansa.

Víktor esperó tranquilamente. Percibió algunos sonidos, como el de las cobijas de su cama, una pequeña risa del niño, un bostezo y un sonoro beso. Después, un suspiro.

-Víktor… ¿sigues ahí?

-Sí, amor. ¿No deberían estar dormidos?

-He estado tratando de llamarte desde hace dos horas. Y Kenji no quería irse a dormir hasta que te escuchara.

-Lo siento, Yuuri. Dejé mi celular en la habitación y lo recogí hace unos minutos.

- ¿Es eso? ¿O estabas muy ocupado para responderme? Porque me di cuenta que tenías una agradable compañía.

-Yuuri, no empecemos -sus ánimos cayeron por los suelos demasiado pronto. Era como si el japonés no entendiera nada de lo que él le había repetidos todos esos años.

-No, Víktor, no empieces tú. Sabes lo que pienso de esa mujer.

-Perdóname entonces por no poder prohibirle la entrada a la pista.

-No seas ridículo. Estuvo contigo…

- ¿También debería buscarme una orden de restricción?

-Puede hacer lo que quiera contigo, no me importa -sus palabras sonaron crudas y frías. Víktor se sintió ajeno a él, como nunca lo había experimentado - ¿Por qué la dejaste acercarse a Viktoria y a Sasha?

-Sólo quería saludarlos. Le dio unos consejos a Viktoria e invitó a Sasha a cenar. ¿Es eso tan malo?

-No. Es por qué lo hace.

-Oh, claro. Olvidé que podías leer su mente y saber lo que quiere.

-Por favor, Víktor. Cualquiera se daría cuenta de que sigue tras de ti.

-Acabas de decir que no te importa lo que haga conmigo -y reparó en lo horrible que eso sonaba. Se preguntó si Yuuri sólo estaba diciendo eso porque estaba enojado o porque en verdad sentía lo que decía.

-Porque no me interesa. Pero no quiero que meta a mis hijos en lo que sea que esté haciendo.

-Tranquilo, Yuuri. Nadie le va a hacer nada a tus hijos. Ahora mismo iré a decirle a todos que no se atrevan a ser amables con ellos.

- ¡Víktor!

- ¿Algo más, Yuuri? Tengo a algunas personas esperándome. O tal vez debería empezar a llamarlos mis amantes. Por lo visto no puedo tener amigos sin que pienses que quieren llevarme a la cama.

-No, solo es Laryssa.

- ¡Yuuri!

- ¿Viktoria fue a la cena? -Víktor respiró hondo antes de contestar. Lo estaba consumiendo una auténtica necesidad de estrellar su móvil contra la pared.

-No -contestó, tratando de sonar lo más tranquilo que podía -No se sentía bien después de la caída.

-Deberías haberla…

-Ya la llevé a un doctor. No tiene nada más que un hematoma mediano. Y si, iré a verla en un momento. Si es necesario, dormiré con ella.

-Gracias por eso. Y por no dejarla sola cuando falló.

-No tienes que agradecerme. Es mi hija, claro que lo iba a hacer -estaba por despedirse y cortar esa abrumadora llamada, cuando recordó algo importante -Yuuri… Yukie me dijo que tuviste que ir al doctor hace unas horas. ¿Tú y los bebés están bien?

Hubo silencio por unos segundos, pero fue el tiempo suficiente para que Víktor sintiera que una sensación de genuino miedo recorría cada fibra de su cuerpo. Estaba seguro. Yuuri tenía algo, pero no lo diría… una vez más, le ocultaría lo que en verdad estaba pensando y él tendría que hacer todo un esfuerzo para que se lo dijera.

-Sí, estamos bien. Sólo me sentía muy cansado.

-Duerme y come bien, Yuuri, por favor. ¿Te… te gustaría que te llevara algo? Te gustan los chocolates de Moscú, así que podría…

-No te molestes, Víktor.

-No es una molestia. Si eso hará que… mis bebés se sientan mejor, lo haré con gusto -escuchó la respiración entrecortada al otro lado de la línea. Le dolía, no podía decir que no. Yuuri lloraba y él tenía culpa en parte. Pero Víktor también estaba herido, por más que quisiera, no estaban en condiciones de consolarse.

-No, Víktor. No los necesitan.

-Bien. ¿Tienes algo más que reclamarme o ya es todo? -se odió por sonar tan duro, pero estaba enojado, y no siempre medía lo que decía.

-Esperaría que eso fuera todo. Abraza a Viktoria y a Sasha de mi parte. Cuídense.

-Lo haremos. Nos vemos mañana.

-Buen viaje.

-Buenas noches, Yuuri.

Finalizó la llamada sin dar oportunidad a que su esposo respondiera. Su esposo… Que difícil resultaba pensarlo como tal cuando tenían peleas de ese tipo. Yuuri podía ser muy hiriente cuando se lo proponía. Y la mayor parte del tiempo era porque sus argumentos eran ciertos. ¿Yuuri de verdad pensaba que Víktor sería capaz de irse con Laryssa o con cualquier otra persona? ¿No se suponía que por eso se habían casado? ¿Por qué solo a él lo amaba? Yuuri solía olvidar eso con facilidad. Y si Víktor lo pensaba bien, era el japonés el que siempre terminaba dudando, el que nunca estaba seguro de que el peliplata estuviera enamorado de él.

Víktor ocultó su rostro entre sus manos. No quería que las personas que estaban cerca de ahí vieran el grado de tristeza y debilidad en el que lo acababan de sumir. Sus ojos urgían a que lo los liberaran de las lágrimas que querían salir. Víktor estaba seguro de que su corazón seguía latiendo porque ese era su trabajo, de lo contario, cada palabra de Yuuri lo habría destrozado y no existiría nada que lo atara a la realidad.

Recordó abruptamente que Sasha estaba en el comedor y Viktoria en el hotel. Tenía que ir a ver a su hija, pues no sabía nada de ella desde que se despidieron en el hotel. Estaba dispuesto a regresar al comedor, cuando pensó que su mirada debería estar rojiza y su semblante demasiado crispado, por lo que no podría evitar las preguntas y la preocupación de su pequeño.

Tomó de nuevo su celular, trató de ignorar la foto de Yuuri en su fondo de pantalla y marcó uno de los números frecuentes.

- ¿Qué pasa, anciano? Ya van a servir el postre y te perdiste toda la comida.

-Tuve un problema. Yurio, ¿podrías quedarte con Sasha y llevarlo al hotel? Necesito ir a ver a Viktoria.

-Eso significa que él y yo nos pelearemos un rato más. ¿La melindrosa de tu hija está bien? Beka dice que si quieres puede ir contigo.

-No, todo está bien. Sólo les pido que cuiden a Sasha. Yo iré por él en la noche.

-Sí, no hay problema… ¿Estás bien, Víktor? Te oyes extraño.

-Estoy… sí, estoy bien.

- ¿Qué la pasó al cerdo? -no había modo de ocultarle algo. Desde que vivió una temporada con ellos en Japón, Yuri había aprendido a reconocer las facetas de Yuuri y Víktor con tan solo escuchar su voz. Eran tan obvios.

-No le pasó nada. Son… cosas de pareja.

-Suficiente información con eso. Hey, viejo, tu mocoso pregunta que si se puede quedar a dormir con Serik y Pavel. Se quedan en nuestra habitación, así cuidamos de que no destruyan el edificio.

-Tú los ayudarías -bromeó Víktor, recordando sus múltiples travesuras de cuando eran más jóvenes -Sí, que se quede contigo. Vigila que se lave los dientes y que…

-… que cepille su cabello. Dios, tú y él son tan vanidosos que se van a quedar calvos por eso. Ya vete. Yo lo cuido.

-No me quedaré calvo. Pero bueno, gracias Yurio. Buena noche.

Apagó el celular y se encaminó hacia la salida del elegante restaurant, en donde tomó un taxi hacia el hotel. Mientras llegaban a su destino, Víktor se concentró en alejar los pensamientos de Yuuri diciéndole cosas lastimeras, cosas que jamás hubiera pensado que le diría. Sólo era cuestión de mantenerse sereno, de recordar que al gran Víktor Nikiforov… Katsuki… nada le podía afectar tanto como para no mostrar una sonrisa y ser fuerte por quienes lo necesitaban.

Después de todo, no era la primera vez que enterraba la sensación de soledad bajo un gesto de tranquilidad.

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Sacó la tarjeta lectora de la habitación en donde su hija menor estaba hospedada. Se la había entregado porque estaba segura de que ella no la ocuparía. Solo tenía ganas de dormir. En cuanto entró, buscó el cuerpo de Viktoria en la amplia cama, pero no había nada ahí, más que un montón de ropa y una maleta abierta.

Negó con la cabeza, divertido. Él era igual de desordenado y sólo había una persona capaz de forzarlo a organizarse, aunque en ese instante, prefería no pensar en él.

Distinguió un hilillo de luz saliendo del baño, junto con un poco de vapor y un ligero olor a lavanda, otro de los aromas favoritos de su hija.

-Viktoria… ¿estás ahí? -llamó a la puerta, y escuchó con claridad el movimiento del agua.

-Sí, estoy en la bañera.

- ¿Puedo pasar?

-Claro que sí.

Víktor abrió la puerta y lo primero en lo que reparó fue en su hija desnuda, sentada dentro del agua, abrazando sus piernas, con su platino cabello recogido en un moño y salpicando con sus dedos la superficie transparente del agua. Su mirada melancólica estaba perdida entre las ondulaciones del líquido. Emanaba un delicioso y sutil aroma a espliego.

- ¿Llevas mucho tiempo en el agua? Tu piel está arrugada -hizo notar Víktor, sentándose en la escalinata en la que estaba empotrada la bañera y pasando su mano por la mejilla de la peliplata.

-No más de una hora. Traté de dormir y no podía, así que vine a… pues… supongo que a relajarme… o algo así.

- ¿Necesitas algo? ¿Prefieres que te deje sola?

- ¡No! -se sobresaltó la chica, sujetando con avidez la muñeca de su padre y salpicándolo -No, quédate aquí. Yo… bueno… te iba a pedir que…

-Princesa… -Víktor se enterneció al ver el rostro de su niña colorearse de un bonito color rojizo.

-Ya sé que puede sonar raro, pero… yo… me gustaría que te entraras a la bañera conmigo… como cuando era pequeña -Viktoria se apuró a llevar las manos a su rostro, intentando que su padre no viera que se estaba avergonzando.

- ¿Por qué el sonrojo? ¿Por el desnudo? Nos hemos visto así incontables veces.

-No es eso. Es que no sé… es raro… pero… bueno, me gustaría… tal vez solo por un día… que me trataras como… como cuando era niña y las cosas no eran tan complicadas.

-Oh, mi amor -Víktor se arrodilló junto a ella y la rodeó en un abrazo, sin importarle que su traje se estuviera mojando. Besó con cariño su cabello y se separó lentamente de ella -Sólo debo ir por la maleta a mi habitación.

-Eso… ya está aquí. Sabía que vendrías a verme y tenía la esperanza de que quisieras dormir conmigo… así que la traje -confesó, con una risita traviesa.

Víktor soltó una carcajada y asintió. Se aproximó al lavadero y, con total naturalidad, se desvistió. Mientras lo hacía y veía el pasivo rostro de Viktoria, aplaudió su acierto de haber criado a todos sus hijos con la idea de que vieran el cuerpo de sus padres y hermanos como algo normal y hermoso, de modo que, aun si se veían desnudos, no existiera pudor o recato innecesarios y vergonzosos. Víktor insistió a Yuuri, durante mucho tiempo, que, entre la familia, verse desvestidos no era señal de indecoro, sino más bien de una extrema confianza y respeto. Además, y ese era su mayor argumento, no había nada en el cuerpo de sus hijos que no hubiera visto con anterioridad y todos los días. Los cientos de pañales cambiados y las duchas a medio día daban fe de ellos. Eran exactamente iguales que cuando eran bebés, solo que en diferentes proporciones.

Víktor se apresuró a entrar al agua, cuidando de no desbordarla, y una vez que se sentó y estiró sus piernas, llegando hasta las caderas de Viktoria, ella se acercó a él, y sin que el mayor se lo esperara, lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro en el espacio entre su cuello y hombro. El ruso sintió claramente el latir desbocado de corazón de su hija, además de pequeñas convulsiones que solo eran señal de que estaba llorando.

-Viktoria, amor… ¿qué sucede? -preguntó, sintiéndose el mismo con ganas de sollozar.

-Yo… no sé… papá…lo siento… perdóname…

-Viktoria -él se separó de ella y con su mano levantó su mentón para que lo viera a los ojos - ¿Perdonarte por qué, hermosa?

-Es… yo no puedo… siempre lo arruino… -ahora se veía enfadada, aunque las lágrimas siguieran cayendo -Hoy pude ganar, pero… ¡Es que me siento tan débil! ¡De todo! ¡De mente, de cuerpo, de corazón! ¡Todo me afecta! No soy capaz de no pensar en nada… y al final me da miedo y siempre lo estropeó.

- ¿Y qué no te dejó tranquila hoy?

-Ella.

- ¿Quién?

-Laryssa Novikova -Víktor frunció el ceño y su corazón se contrajo de dolor. Pero si Yuuri se negaba a entenderlo, esperaba que por lo menos su hija si comprendiera.

- ¿Qué hizo Laryssa para que te hayas puesto así?

-Papá… no intentes disimularlo. Lo sé. Yukie me lo dijo porque ella lo investigó. Ella era tu novia, estuvieron juntos dos años y se iban a casar. De hecho, perecían muy enamorados.

- ¿Y te parece que yo esté enamorado de ella ahora? -soltó Viktor, tal vez demasiado duro, pero lo suficiente para hacer que Viktoria pensara en lo que había dicho y en lo que su padre lo preguntaba.

-Pues… supongo que sólo te he visto así con una persona.

-A decir verdad, sí, estoy enamorado. De siete personas. Dos están en camino, la otra es un hermoso y redondo bebé, otra es uno de los niños más testarudos con los que me he topado, otra, es una enérgica y fuerte chica, otra es la mujer más valiente con la que me he topado, y la última… -sí, ese era Yuuri. Y aunque en esos momentos no quisiera ni verlo, lo que diría era lo más cierto – a la última le entregué mi vida y mi amor. De ellos estoy locamente enamorado. Por ellos me levanto todos los días y son ellos los que me hacen ser el hombre más feliz del mundo. ¿Crees que tengo necesidad de buscar a alguien más?

-Se nota que ella sí. Y al parecer quiere que ese alguien seas tú.

-Viktoria… no sé cuántas veces se lo he repetido a tu padre, pero te lo diré también a ti. Laryssa es así. Todo el tiempo es así y es un comportamiento al que yo ya estoy habituado.

-Pero no es lo mismo a que sea normal. Y… te lo digo yo que soy mujer… no es normal. Ella está buscando algo más y…

-Viktoria -el peliplata tomó las manos de su hija y ella lo miró con preocupación pintada en su mirada -Aunque fuera así, yo no puedo. No con Yuuri a mi lado. Él es mi esposo, y… aunque a veces me saca de quicio… lo amo, nena. No me imagino sin él. Nunca lo he traicionado, sencillamente porque no tengo porque hacerlo, él es todo lo que necesito. Y mientras esté con él… no buscaría algo más.

-Papá… eso… sonó a que puede ser que el algún momento se separen.

-Sí, la muerte es lo que me podría separar de Yuuri. ¿Entiendes por qué no te debes de preocupar?

-Creo que sí… pero, de cualquier forma, no me gusta que se te acerque -replicó Viktoria, cruzando los brazos por encima de su pecho.

- ¿Te haría sentir mejor si te prometo que mantendré una distancia entre ella y yo? -propuso Víktor, algo que era realmente inimaginable. Nadie que lo hubiera conocido antes diría que él era de aquellos que renunciaban a alguien por ver feliz a otra persona. Incluso con Yuuri, era algo que no asimiló tan rápidamente. Pero no podría negárselo a sus hijos. Ellos merecían estar tranquilos, incluso si eso significaba un sacrificio de su parte.

-Definitivamente sí.

-Entonces no lo vamos a discutir más. Escucha, ella también es coreógrafa de una chica japonesa, por lo que me la encontraré de nuevo en el Nacional Japonés, cuando vaya con Yukie. Pero eso no significará nada. Puedes estar segura que, desde ahora, Laryssa solo será una conocida más.

-Papá… -Viktoria lo contempló, casi sin poder creer lo que decía -Bueno… gracias.

- ¿Te hace sentir mejor?

-La verdad, sí.

-Bien. Ahora, princesa, mírame a los ojos -Viktoria hizo caso y se encontró con la firme mirada de su padre, igual a la suya cuando estaba seria o demasiado concentrada -No tienes que pedirme perdón de nada, porque tú no has hecho nada. Fallaste en el programa largo, sí, pero eso tú y yo lo podemos solucionar. Llegaste al Mundial. Pues haremos que sea fantástico.

-Papá…

-Juntos, nena. Lo haremos juntos -le aseguró mientras la acercó a su cuerpo todo lo que pudo, dejándola casi sin aire por el abrazo en el que la encerró. Con sus pieles juntas, Viktoria podía sentir perfectamente el latido de su papá chocando contra su seno. Y era tranquilizador, como un bálsamo para su alma constantemente afligida, al igual que sus manos sobre su espalda podían reconfortarla.

El cuerpo fuerte de su padre siempre sería un excelente refugio, un maravilloso lugar en el que podía encontrar algo de fortaleza. Y… ¿confianza? Ahí residían sus dudas. Quería, en realidad, deseaba con todo el corazón, volver a confiar en su padre. Sí, esas últimas semanas habían sido caóticas, pero ese momento le estaba devolviendo un poco de esperanza. Tal vez Víktor no hacía las cosas por fastidiarla, tal vez era parte de crecer juntos. Tal vez… podía darle otra oportunidad.

Sin decirse nada más, Víktor giró el cuerpo de su hija y desató se cabello. Puso un poco de shampoo en sus manos y lo lavó con cariño, como hacía con el suyo cuando lo tenía del mismo largo, hace más años atrás de los que quería admitir. Del mismo modo, dio un confortable masaje en su espalda y talló con cuidado el hematoma en su cadera que irrumpía en su blanca y suave piel.

Para cuando Víktor decidió que era suficiente baño para una noche, reparó en que su hija estaba dormida sobre su brazo. Sonrió para sí mismo y le dio un beso en la mejilla. Con todo el cuidado del que era capaz, y cuidando de que al rostro de Viktoria no le cayera agua, salió de la bañera y pasó sus brazos por debajo de las piernas y el cuello de la peliplata para cargarla.

La llevó hasta la cama dentro de la cálida habitación. Mil recuerdos, todos igual de hermosos y dulces, se aglomeraron en su mente, mientras secaba y vestía el cuerpo completamente rendido al mundo onírico. Pensó en cuando ella era un bebé, uno muy pequeño, pero sumamente activo. Todos los días le dedicaba sus infantiles sonrisas mientras la bañaba y cambiaba, o cuando le daba de comer o salían a pasear los cuatro. Por algún motivo, Viktoria, desde que tenía pocos meses de nacida, demostraba tener cierto afín con su padre ruso. Rió al recordar cuantas veces Yuuri terminaba exasperado porque la peliplata no dejaba de llorar, pero solo bastaba que Víktor le hablara o la sostuviera para que el llanto cesara.

Habían sido unos años hermosos. Esos veinte años de casado le habían dejado las mejores memorias de su vida. Añoraba tanto esos días. Pero, mientras arropaba a su hija en la cama y se acostaba junto a ella, pensó que esos momentos eran eso, solo memorias. Su presente se estaba complicando, y su mente, su muy traicionera mente, insistía en una misma idea que lo atormentaba, pero que, por lo visto, era demasiado real.

"Ya no son suficiente".

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San Petersburgo, Rusia.

Por mera casualidad, ese día se cumplía un año más. Vladya no pudo evitar ver una fotografía de Gregori Koslov sobre su chimenea, con la nostalgia que ese día ameritaba.

Por primera vez desde el accidente de su sobrina, se había resuelto a ver de nuevo las competencias de patinaje, empezando desde dos días antes. No podía negar que se había emocionado lo indecible al ver a Viktoria triunfar el primer día. Y no tenía problema alguno en admitir que sintió como si la vida se le escapara al ver esa fea caída. Tuvo miedo hasta que la vio levantarse con determinación y seguir lo que hacía con gran destreza.

"Definitivamente eres una Nikiforov", pensó, llenó de orgullo por la dignidad que había mostrado al no darse por vencida.

La competencia había acabado y estaban repitiendo escenas importantes del campeonato. Se levantó de su asiento y fue a servirse una copa de vodka, cuando escuchó la puerta de su casa abrirse y cerrarse inmediatamente. Giró su cuerpo para ver el reloj. Estaba llegando más temprano de lo habitual.

-General Vladya -estaba en su sala, haciendo un saludo militar y esperando las órdenes de su superior.

-Te he dicho mil veces que ya me retiré y no tienes que hacer eso -replicó, al ver que no se movía de su posición, resopló y se rindió -Descansa, Koslova.

-Eres un aburrido, Nikiforov -dijo, caminando hacia el hombre y dándole un abrazo tan fuerte y abrupto, que lo desequilibró e hizo que tirara un poco de su bebida en la alfombra.

- ¡Katerina! ¿Cuándo será el día en que madures? ¡Mira lo que me hiciste hacer!

-Ya vendrán a limpiarlo. No seas tan gruñón, Vladya -el general optó por no discutir y regresó a su sofá, donde la tele seguía prendida. Katerina, de cabello azul, tan intenso, que parecía negro, lo siguió y se sentó en junto a él. Aventó su sombrero militar en uno de los sillones de desocupados, desabrochó su camisa un par de botones por debajo del cuello y soltó su larga cabellera. Prestó atención a lo que el general veía en la televisión, y sus labios esbozaron una sonrisa burlona - ¿Es en serio? ¿Ahora te gusta el patinaje artístico?

-Sólo un poco.

-En serio que eres una caja de sorpresas, Vladya -la chica dejó de hablar y solo sonrió ante la mirada ofuscada de Vladya y se dedicó a ver a las figuras del patinaje. Tuvo que interrumpir el silencio cuando algo llamó su atención - ¡Wow! ¿Ya viste a esa chica, Vlad? Es hermosa… y tiene el cabello plateado como tú.

-Lo sé.

- ¡Auch! Dios… esa caída fue muy fuerte. Tiene que ser algo especial si puede seguir patinando después de eso. Su cadera no quedara tan bonita después de ese golpe.

-Es fuerte.

-Vlad… ese hombre… -señaló a la pantalla, en el momento en el que la patinadora se deslizaba hasta los brazos de su entrenador, de cabello platino y de mirada azul y helada -… vaya se parece mucho a… -se detuvo en seco cuando los nombres de alumna y coach aparecieron en pantalla -Vladya… ellos son…

-Sobrina y hermano.

-Oh, ya veo. ¿Es la misma del accidente? De esa vez que saliste como endemoniado hacia Budapest.

-Sí, es ella.

-Vaya. Pues sí que debe ser especial si logró recuperarse tan rápido de las lesiones que me comentaste.

-Tiene un espíritu testarudo. No iba a darse por vencida tan fácilmente.

-Entonces lo necio es de familia, ¿eh?

-Supongo que sí.

-Vladya, deja de hablar así. Me exasperas -se quejó, dándole un empujón.

-Tú también me exasperas todo el tiempo, y no tengo derecho a replicar -contestó el general, apagando el televisor, poniéndose de pie y vistiéndose con su saco.

- ¿Vas a salir?

- ¿Tengo que dar explicaciones de todo lo que hago? -preguntó el general, irritándose aún más ante el asentimiento de Katerina -Iré a ver a Gregori.

-Genial, yo también. De hecho, te iba a proponer que fuéramos juntos.

-En realidad, me gustaría estar solo con él un momento.

-Te lo concedo, pero vamos juntos. La última vez llegaste en la madrugada.

-No sé en qué momento te convertiste en mi niñera. ¡Haz el favor de vestirte con porte! ¡Eres una vergüenza y una calamidad para el uniforme!

-Soy lo mejor que le pudo haber pasado al Ejército -respondió, divertida, accediendo a reacomodar las prendas del traje militar.

-Me gustaría saber en qué momento dejé que te invadiera la locura.

-Oh, vamos. Estaré loca, pero así me quieres y te preocupas por mí.

-Para mí desgracia, sí -respondió el general, abriendo la puerta para que saliera y pudieran ir sin demora al encuentro del buen oficial Koslov.

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¡Hola! He vuelto con otro pequeño monstruo de capítulo. Ya se me está haciendo costumbre hacerlos largos, pero piensen que es porque solo actualizo dos veces por semana. Bien, ahora vamos con algunas cosas. Primero, amen a Laryssa, yo la amo. Fin. (JA-JA-JA). Segundo, ya sé que no estoy poniendo el nombre de las canciones. Igual y ya las saben, pero esperen un poco, las estoy guardando para un buen momento. En verdad espero que se hayan dado cuenta en las frases importantes a lo largo del capítulo. Si no fue así, no se preocupen, vivirán el drama igual. ¿Viktoria le dará otra oportunidad a Víktor? Y en caso de que se la dé, ¿él podrá mantenerla? Lo que sí, es que pongan suma atención en la última parte, la de Vladya. Noten los apellidos de los otros dos personajes y que lluevan las teorías.

Creo que es todo por ahora. Espero que les haya gustado la dosis de… lo que sea que haya pasado hoy. Gracias por las más de 10000 lecturas que suman FanFiction y Wattpad. Me llenan de emoción. ¡Saludos!

Maryteresaichimo: Que bueno que ya estés entendiendo, aunque obvio, todavía falta. Nada que agradecer. Yo te agradezco a ti por seguir esta historia y por tus lindos comentarios. Siempre me emocionan. Espero que la entrega de hoy te haya gustado. ¡Saludos!

Zryvanierkic: ¡Te entiendo! Yo también me estoy volviendo loca con la universidad, y sí, Víktor es el que se lleva la peor parte. Pero creo… creo que aún falta que lo odies solo otro poco. Supongo que fue un poco de redención para la imagen de Vitya. Y sí, a mí tampoco me hubiera gustado ver que golpean a mi esposo, y menos su hermano. Pero si lo ves de otra forma, estaba protegiendo sus inversiones. Mejor no hablo de Víktor fallándole como hombre a Yuuri porque me vas a querer golpear, y no, no es el momento. Y fallándole a sus hijos… pues mejor me callo. No me harás decir nada. Serás vengada, te lo prometo, y va a ser genial. Y no será solo una broma. Supongo que Víktor tiene a la amistad en otro concepto, para él, así lo veo yo, aceptas a tus amigos como son, aunque no se dé cuenta de que está prestándose a muy malas interpretaciones. Yoshiro tuvo un acercamiento con la familia, pero tendrá una conexión muy fuerte (y buena) después… te va a gustar, espero. Por bombas… no, no te va a haber spoiler, bueno, uno chiquito. La primera explota después del Nacional Japonés, la segunda, durante el Mundial, la tercera, unos días después. Ya quiero ver tu reacción. Jajaja, te juro que esto se va a tornar romántico en algún momento, pero, diablos, he leído las ideas que tengo escritas… y sé que voy a llorar. Y sé que no es lógico, pero ya tengo el final, y si lloré mientras hacía el borrador… me asusta pensar que pasará cuando sea el bueno. ¡Gracias por no abandonar mi monstruo y por tus geniales comentarios! Espero que esto te haya gustado. ¡Saludos!

Sakura furinji: Pues sí… creo que también debemos entender el súper enojo de Yuuri. ¡Era su bebé! Pero que conste que Víktor no tuvo toda la culpa. Espero que te haya gustado el capítulo. ¡Muchos saludos!

Minako Gou: Jajaja, tal vez Viktoria exageró un poco con la broma… pero, en su defensa, diré que fue como la venganza indirecta de Yuuri. Sí, ya el siguiente capítulo vemos lo del embarazo de Yuuri. Prepárate que va a ser largo. Espero que el de hoy te haya gustado. ¡Saludos!

ElaineLehnsherr: ¡Pues te doy la bienvenida a la zona de comentarios y respuestas! Primero, gracias por leer todos los capítulos y tomarte el tiempo de un review, sobre todo uno tan bueno. Deberías escribir tu historia. Yo la leería. Yo no tengo gemelas, pero tengo una extraña obsesión por esta clase de personajes. Siempre los incluyo en mis fics, así que me da mucha alegría que alguien que sabe del tema me diga que está bien hecho. Si, la idea de que se vaya a entrenar con Yurio tiene su motivo de haber sido planteada, y también pronto voy a desarrollar un poco más a Yukie, es que me resulta algo complicada su manera de ser, pero me esforzaré. Qué bueno que te gusto lo del accidente, traté de hacerlo lo más verosímil posible, y hasta acosé a mi abuelita que es enfermera para que me ayudara. Mira que me has dado una idea. Tienes razón, los otros personajes de YoI también pueden entrar. Lo había pensado solo para unos pocos, pero ya veré como incluyo a los demás. No, Vladya no se puede casar contigo. Ya me casé yo con él. ¿A ti si te gusta Laryssa? Aquí todos la odian jaja. Muchas gracias por tus constructivos comentarios, en verdad que los aprecio y me ayudaron. Espero que el monstruo de hoy te haya gustado. ¡Saludos!

Estrellas de Papel: ¡Oh por Dios! Tú pides demasiada intensidad jaja. Si, te entiendo, yo también ya tenía ganas de que comenzaran a pasar cosas interesantes. Sí, creo que aquí ya podemos darle la razón a Víktor (solo un poco). Supongo que se quedó con el trauma de que su hija no lo reconociera jeje. Espero que el capítulo de hoy te haya gustado. Yo recibo tu mencorazona y yo te mando un enorme saludo.