When All is Lost, One is Found . En Español.
Autora: Rinoaebastel
Capítulo 25: Maldiciones
Disclaimer: Harry Potter no es mío y no gano nada con esto, solo practicaren la escritura. Harry Potter es propiedad de JK Rowling.
AN: Esta historia puede contener escenas de los libros y de las películas de Harry Potter, pero no con el dialogo exacto, este ha sido reescrito u omitido. No está señalado.
Junio, 1996
Nunca pensó que sería del tipo de persona que daría vueltas para calmarse, pero los sucesos le habían mostrado lo contrario. No estaba seguro de cuánto tiempo había estado moviéndose de un lado a otro, aunque de forma ocasional mirase al reloj de la pared. No había tenido noticias. Su marca no había ardido ni una vez. Al menos era algo positivo.
Temía más por los chicos. No estaban preparados para enfrentarse en una batalla contra los mortífagos más terroríficos. El colegio no los entrenaba de forma apropiada para ese tipo de lucha.
Volvió a mirar fijamente hacia la chimenea, deteniendo sus movimientos finalmente y dejándose caer en el sofá, creando con ello un pequeño sonido cuando su cuerpo chocó contra el suave material.
Movió su mano por sus cabellos, masajeando su cuero cabelludo en el proceso.
Si el chico había provocado que otros estudiantes perecieran él lo…
Mientras dejaba que sus pensamientos rondaran salvajemente por su cerebro, una pequeña chispa cobró vida en la chimenea, atrayendo su mirada al instante. Se obligó a levantarse del sofá y cruzó la distancia en unos pocos pasos.
—¿Severus? —una leve voz vino de las cenizas pero no apareció ningún rostro.
—Estoy aquí, Señora Pomfrey. ¿Tiene noticias? —intentó sonar sin emoción alguna.
—Sí, están de vuelta Severus, pero necesito de tu asistencia, ahora. A uno de los estudiantes lo han alcanzado con una maldición oscura.
Escuchó la preocupación en la voz de la mujer. Sí lo llamaba era porque el estudiante estaba al borde de la muerte. Ella era la enfermera con más talento que había conocido.
—Hágase a un lado para que pueda entrar, por favor. —respondió y respiró hondo. Ahora necesitaba centrarse en salvar una vida en vez de tomar una.
Entró en la chimenea y su cuerpo fue absorbido por ella. En un instante se encontraba en la oficina de la enfermería. Pomfrey lo estaba esperando. Los ojos de la mujer estaban rojos y debajo tenía unos círculos negros adornándolos. Sus manos agarraban el pequeño delantal que llevaba.
Caminó hacia él y le quitó el polvo de su túnica con las manos. Esta mujer lo trataba como si aún fuera un crío del que debía cuidar. Solo admitiría para él mismo, el sentirse conmovido por su preocupación.
—Acompáñame, Severus. Ya estaba inconsciente cuando la han traído.
La siguió con pasos rápidos. Más preguntas emergieron en su mente con la corta explicación que le había dado. Cuando cruzó la enfermería, divisó a Weasley, el cual tenía algunas marcas de quemaduras en la piel. Su hermana estaba sentada a su lado, con la preocupación escrita en el rostro. Longbottom tenía un chichón sangrando en la frente, y Lovegood tenía unos ínfimos cortes. A Potter no se le veía por ningún lado, por lo que probablemente estaría con Albus. Sí Potter hubiera muerto, el Señor Tenebroso ya lo habría llamado.
Pero alguien faltaba del grupo. Su estómago se hundió. De todos ellos… Lentamente, Pomfrey abrió la cortina, revelando sus suposiciones y convirtiéndolas en correctas. Se acercaron a la cama y Pomfrey cerró la cortina para darle privacidad. La muchacha estaba pálida pero relajada.
—¿Síntomas? —las brujas más inteligentes eran siempre las que más sufrían. Ella era la única que siempre pagaba el precio por la estupidez de Potter.
—No reacciona a los estímulos y sus músculos indican una pérdida de fuerza pero, por ahora, respira normalmente.
—¿Sabe quién la alcanzó? —sacó su varita para examinarla, comprobando las constantes vitales con pequeños pulsos de magia.
—Lupin dijo que fue Dolohov y que el hechizo que la golpeó era morado. La alcanzó en el pecho.
Tan pronto como escuchó el nombre maldijo por dentro y centró su varita en el corazón de la muchacha.
Un pequeño gruñido salió de su garganta.
—Tiene el pulso irregular. Malditos sean esos estúpidos críos.
—Severus, tú también fuiste estúpido a esas edades. —respondió la mujer.
—Yo nunca fui buscando problemas.
—Eso es cierto. —reconoció Pomfrey y él terminó de examinar a la joven.
—La señorita Granger ha sido alcanzada por una de las maldiciones favoritas de Dolohov. El cuerpo empieza a funcionar mal y a extinguir la vida de forma sutil, mientras la víctima está inconsciente. Eso lo hace más difícil de buscar y de solucionar cuando la víctima parece que solo está durmiendo.
—¿Me estás diciendo que va a morir? —había pánico en su voz.
—Hoy no. —no cuando él estaba cerca. Después de estudiar el rostro de la muchacha, movió su varita de nuevo, entonando algunas palabras en susurros. El cuerpo de la chica brilló en algunas zonas con un color morado, mayormente dentro de su corazón. —Va a necesitar algunas pociones de curación, de fuerza, de dolor y otras más para recuperarse de esto. Por ahora necesitamos que la maldición no se extienda más mientras preparo el remedio. Alcánceme un vial por favor.
La mujer tomó uno de sus bolsillos y se lo tendió. Él empezó a susurrar de nuevo, sellando los movimientos de la maldición. Tras unos momentos, la maldición estaba encadenada por unas ataduras verdes.
Severus tomo aire. La bruja era afortunada.
Agarró el brazo de Granger, y con otro movimiento de su varita, hizo una incisión en la piel para llenar el vial con la sangre de ella. Un ingrediente clave para su cura.
Cuando estuvo satisfecho con la cantidad de sangre que había recolectado, curó la piel con una pequeña caricia de su varita y la miró de nuevo. Esperaba que no estuviera sufriendo mucho en su estado de inconsciencia.
—¿Podrás preparar pronto la poción?
—Sí. Estaré de vuelta en seis horas. Sí la contención de la maldición desaparece tendrá que llamarme de nuevo. —se volvió hacia la enfermera. —Mientras tanto tendrá que forzarla a tomar pociones de curación y de fuerza. —probablemente no necesitaba decírselo pero quería asegurarse, ya que la mujer estaba demasiado afligida.
La mujer asintió y la vio sonreír con alivio. Él intentó no mostrar su inquietud. Era lo menos que podía hacer por la chica, después de todo, él era su guardián sin importar si los estudiantes eran de su agrado o no.
—Gracias Severus. Me alegro de que estés aquí. Por Merlín, estos niños son muy aventureros.
Una sonrisa de satisfacción cruzó sus labios. No sabía si esa era la palabra correcta para usar, pero la anciana siempre había sido demasiado amable.
—Entonces me marcho. Necesito trabajar en la poción tan rápido como pueda.
—Sí, ve, ve. Yo me encargaré de ella mientras tanto. Los otros niños están bien. —se despidió de él pero antes de que diera un paso, la miró de nuevo.
—¿Y dónde está Potter?
—Está con Albus.
Severus asintió y se marchó. Al menos el chico había vuelto sano y salvo, y aparentemente, sin sufrir daño alguno.
Al contrario que sus amigos.
-/-/-
Los cálidos vapores que venían del caldero cargaban su pelo con más peso. Sin detenerse, continuó removiendo el líquido mientras abría el vial con su pulgar, dejando que el corcho volara hacia algún lugar aleatorio de su laboratorio. Vertió la sangre de la muchacha en el caldero, observando como los ingredientes se mezclaban sin problema. Era una buena señal. Sí los trazos purpuras desaparecían, habría logrado el remedio más rápido de lo que había esperado.
Tras un minuto una sonrisa orgullosa apareció en sus labios. No había rastro del color morado.
Llenó algunos viales, asegurándose de que tendría suficiente en caso de necesitar dosis extras si la maldición era resistente en ella. Aunque dudaba de que ese fuera el caso por los resultados que había observado en el caldero.
Cerró los viales y los dejó a su derecha sobre la mesa de madera.
La pesada puerta se abrió y sus ojos se movieron hacia el intruso, sabiendo que sería alguien del profesorado. Los estudiantes eran incapaces de traspasar sus hechizos de protección.
Cuando vio aparecer una túnica plateada y una larga barba blanca, se dio la vuelta para saludar al hombre del que buscaba sacar respuestas.
—Director. —dijo Severus con respeto al mismo tiempo que dejaba el último vial sobre la mesa.
—Supongo que esa es la cura para la señorita Granger. —dijo el anciano con una sonrisa sincera mientras cerraba la puerta tras él.
—Lo es. Solo necesita reposar por unos minutos, y luego se la administraré personalmente. Necesito comprobar que funciona apropiadamente.
—No espero menos de ti, Severus. —el anciano dio un paso adelante. —¿Tenemos tiempo para hablar mientras la poción reposa?
—Sí. Asumo que Potter y sus amigos fueron al ministerio tras caer en la trampa del Señor Tenebroso.
—Los muchachos pensaban que estaban haciendo algo bueno, y tú no estás libre de culpa en esto, Severus. Dejaste de darle clases de oclumancia a Harry.
Severus entrecerró los ojos, y poso su mano en la mesa que tenía al lado de una forma más fuerte de lo que había deseado.
—Ese niño cruzó la línea. No tendría que haber mirado mis recuerdos. Ya hemos hablado de esto, Albus. No necesito recordar mi humillación constantemente.
—Lo sé… Supongo que fui un necio al esperar tal esfuerzo por tu parte.
—¡Ya tienes suerte de obtener algo de mí! —respondió, esta vez con su voz adquiriendo un mayor volumen y rebotando en las paredes en forma de eco. Los ojos de Dumbledore se ensancharon —¿Es que no lo entiendes? ¿Acaso te importa por el infierno que tengo que pasar por alguien a quién desprecio?
No pudo contenerse más. Todo esto se había estado acumulando durante años y ahora parecía que se derramaba de él, de una forma tan fácil como si hubiese tomado veritaserum.
—Severus…—la voz era calmada y aquello lo enfureció aún más. Sentía como si quisiera provocar al anciano para que lo matase.
—¿Cómo te atreves a pensar por un momento que no me esfuerzo en lo que hago? No sé nada de tu plan pero sigo haciendo lo que dices como una mascota. Incluso sí me dijeras que ladrase, lo haría. A veces esto es peor que estar bajo las órdenes del Señor Tenebroso.
—Yo no te torturo, Severus.
—Lo haces pero de una forma distinta. ¡Casi son más preferibles los métodos del Señor Tenebroso! —dio un paso hacia el anciano. —¿Quieres saber algo? Me estás empujando, director, de vuelta hacia él. No eres consciente de lo cerca que he estado de mandar todo lo que hago aquí al infierno. Lucho contra ello pero…
—No te vas a marchar. —le dedicó una sonrisa risueña que al instante lo calmó. —Eres más fuerte que todo eso.
Deseaba poder creer esas palabras. Pero no pensaba que el anciano realmente se creía cuan cerca había estado.
Suspiró.
—Lo siento si te has sentido así, Severus. Quizás debería haber…
—No importa. Simplemente dime que ha sucedido. No quiero posponer la cura de Granger más tiempo del necesario. —en parte era verdad, pero quería olvidar el hecho de que había volcado sus emociones en presencia del anciano. Lo mejor era contenerlas.
—Los niños han luchado con valentía incluso cuando la Orden fue en su ayuda. Potter, Granger, y Longbottom fueron los últimos en mantenerse en pie. —Severus arqueó una ceja al escuchar el último apellido. —Pero llegué tarde. No pude detener a Bellatrix y salvar la vida de Sirius. Y no pude detener a Dolohov antes de que maldijera a Granger.
Observó al anciano bajar el rostro. Conocía bien ese sentimiento de inutilidad, incluso cuando se tenía el poder para detener una tragedia. Aunque no lloraría la muerte de Black, perder un miembro de la orden era un gran pesar. Necesitaban a toda las personas que pudieran.
—Supongo que Potter no se lo tomó bien.
—No. No lo hizo. Persiguió a Bellatrix y Voldemort apareció. Tuve que luchar contra él para proteger a Harry. Casi poseyó al muchacho, Severus.
Sí el chico no hubiese sido patético con la oclumancia, todo esto podría haberse evitado.
—¿Pudo luchar contra la invasión? ¿Pudo echar al Señor Tenebroso? —sus músculos se tensaron y la preocupación se mostró en sus ojos. Sí el chico era un recipiente en potencia, nadie estaba seguro, y su trabajo no serviría para nada.
—Sí, al final pudo hacerlo. Con amor, Severus.
—Sabiendo esto, ¿supongo que el Señor Tenebroso no intentará poseerlo de nuevo? Él pensaba que ya estaba protegido de ese poder.
—Tendremos que asumir que sí. —dijo Dumbledore.
—Tendré que estar alerta en la siguiente reunión con él. Quizás revelará algo. Aún estoy en su círculo interno por mi posición en Hogwarts, pero no soy un miembro en el que se pueda confiar. A veces duda de que esté de su lado, Albus.
—No te preocupes. Aun no quiero que desperdicies tu vida fácilmente, así que pronto le daremos algo de información. —Severus fulminó los ojos joviales del anciano. —Te dejaré solo y hablaremos de esto cuando el curso termine. Por favor, asegúrate de que la señorita Granger sobrevive.
—Por supuesto. No podemos dejar que tal cerebro desaparezca. Si no fuera por ella esos idiotas ya estarían muertos hace tiempo.
—No seas cruel, Severus. —percibió un rastro de risa en las palabras del anciano, al tiempo que cruzaba el umbral de la puerta y salía al pasillo.
—Sabes que solo estoy exponiendo un hecho, Albus.
-/-/-
Cuando estuvo solo de nuevo, dejó caer sus hombros. Por ahora, no había fallado en su cometido.
Pero había estado cerca de hacerlo.
Cogió uno de los viales y lo estudió. No había ninguna fluctuación en el líquido y se permitió mostrar una pequeña sonrisa.
Había llegado la hora de romper esa maldición.
AN: Un pequeño enfrentamiento con Albus, mis lectores. Y… las cosas empiezan a cambiar. Decirme lo que os ha parecido y nos vemos el primer miércoles de Octubre. Tengo que ponerme a traducir como una locuela :D
