Muchas gracias de nuevo por todos sus comentarior, como ya les había dicho este es el último capítulo, por lo que notarán que la historia está inconclusa de cierta forma, pero es porque recibí varios reviews diciendo que querian que continuara con la segunda parte, que se llamará "Across the water" y según mis cálculos estará el primer capitulo probablemente en un par de semanas, ya tengo como ideas pero no se como empezarlo…
Bueno lean y ahora abajo sigo con mis notas aparte! Me gusto mucho escribir esto….
Estás en el ejército ahora
No debes hacer esto, Rachel, dijo el rubio sonriéndole a la chica que tenía al lado, la cuál deseaba que fuese sustituida por su esposa, pero no era así, era la morena quien lo miraba infundiéndole ánimos, no Quinn.
Quiero estar aquí, dijo la chica encogiéndose de hombros, se lo había prometido a Quinn, quedarse ahí al lado del chico hasta verlo partir, sonreírle para hacerle sentir que no era el final, abrazarlo antes de que tuviera que abordar el tren con rumbo desconocido para ambos.
El rubio la miró escéptico, sabía que Rachel mentía, por más extraña que fuese la chica nadie en su sano juicio querría estar en aquel lugar, aquel día y en aquella hora. El ambiente que se repiraba era de ultratumba, mujeres deconsoladas llorando con pañuelos de seda en sus manos cubiertas por guantes del mismo material, y aquellas más humildes secando sus lágrimas con la manga de sus vestidos.
Niños bien vestidos despidiéndose de sus padres, señoritas con lágrimas en sus ojos viendo partir a sus amantes, padres y madres ya avanzados en años abrazando a sus hijos ya adultos como si no hubiese un mañana.
Tal vez porque para la mayoría de ellos ya no lo habría, o bien porque su familia así lo pensaba, las esperanzas no eran muchas tampoco y rápidamente el entorno de llenó de promesas errantes y besos fantasmas por doquier.
Volveré
Te amo
No te olvidaré
Sé un buen hijo
Ayuda a tu madre
Escribeme
Miles de frases ahora sin sentido que se dedicaron las familias entre ellas, mientras a lo lejos se escuchaba el odioso sonido de los rieles del tren repiquetear, ante el impacto de la armazón de metal que se acercaba a toda prisa.
Quinn me pidió que te acompañara, confesó al rato, al tiempo que el rubio tragó grueso ante el sonido del tren, que cada vez se escuchaba más cercano.
Ella quería…intentó decir ella antes de que el la callara con una risa seca, nada sentida.
No tienes que explicármelo, dijo él encogiéndose de hombros, contemplando una pareja que se deshacía en un abrazo, la mujer aferrada al cuello de su esposo, impidiéndole irse, y los hijos de ambos, una niña y un niño aferrados a las piernas de su padre, que si se les miraba con atención se les podía ver temblar.
Esperaba que la guerra terminara pronto, que cuando él y Quinn tuviesen familia aquella locura hubiese terminado ya, y no fuese más que un vago y doloroso recuerdo.
La mujer se separó del pecho del hombre, ella lloraba al igual que los niños que a su pesar, y gracias a los tirones de ropa que recibieron de parte de su madre dejaron de abrazar las extremidades inferiores de su padre, que solo besó sus cabezas antes de partir, también con lágrimas en los ojos, aunque no se atreviera a enjugarlas en público.
Rachel…dijo él llamando la atención de la morena que contemplaba otra escena similar, completamente enternecida y en silencio, que hasta donde el rubio la conocía sabía que no era normal en ella.
La morena lo miró, los ojos el chico estaban fijos en la mujer y en sus hijos, mientras el hombre que amaba abordaba el vagón número uno, habían sido asignados al llegar a la estación, y a Samuel le correspondía el número cuatro, que según su cálculos debía de comenzar a ser abordado en unos diez minutos, si se consideraba la poca agilidad con la que los futuros soldados se movían, resignados a partir pero con la esperanza de atrasar su partida lo mas posible.
Puedes…dijo mirando a los demás presentes, el llanto y los sollozos seguían a su alrededor, y todos y cado uno de los soldados tenía algo que él no…alguien que sujetara sus manos.
Rachel estaba al lado suyo, completamente inmóvil como una simple espectadora más, rápidamente cayó en cuenta del deseo del chico y tomó una de las grandes manos del rubio entre sus pequeñas manos.
La mano de Samuel estaba fría, contrarrestando las suyas cálidas, el sonrió cuando los dedos de Rachel se enlazaron con los suyos, y sonriéndole le dio gracias por el gesto.
No era Quinn, definitivamente no lo era, no había comparación alguna entre lo que sentía cuando era la mano de la rubia la que se enlazaba con facilidad en la suya, y las sensaciones que despertaban las manos finas de la amiga de su esposa, pero era mejor que nada.
Sentir una pequeña muestra de cariño de parte de la chica lo hizo sonreír un poco, al menos hasta que escuchó el tren moverse lentamente, y a otro grupo de hombres abordar un vagón con un enorme número dos pintado en rojo sobre el metal.
Ella le sonrió débilmente, mientras esos hombres avanzaban cada vez más deprisa, para pesar del chico, el vagón número dos se llenó rápidamente, y los del tercer grupo comenzaron su travesía.
Los pocos niños que habían brincoteaban más adelante, en los vagones que ya estaban completos para ver por últimas vez el rostro de su padre, quienes solo les sonrían desde adentro, musitando palabras de cariño que por culpa de la actividad exterior los pequeños no llegaban a oír.
Más vale que regreses en una pieza, dijo Rachel para eliminar el silencio incómodo que se había formado entre ellos, como si fuesen dos extraños (lo cuál si eran)
¿Te puedo pedir un favor? Preguntó el chico riendo un poco ante la ausencia de tacto que había tenido su compañera, que asintió un poco emocionado, lo cual le pareció extraño, nunca había conocido a alguien como Rachel, el dolor en su interior saltaba a la vista, mas sus ojos no lo demostraban, era como si todo lo malo por lo que hubo pasado solo logró hacerla más fuerte y luchadora. Realmente le agradaba, también le parecía oportuna su reciente amistad con Quinn.
Lo que sea, dijo ella mirándolo a los ojos, esos inmensos ojos cafés con pobladas pestañas separadas entre sí de forma natural, le transmitían seguridad, cosa que en un momento así era bien recibida.
Cuídala, dijo en un susurro que se llevó el viento, y la morena no tuvo que preguntar sobre quien hablaban, ambos lo sabían.
Lo haré, prometió agachando la cabeza levemente.
Vagón cuatro…escucharon a un hombre de edad mediana y algunas canas pintadas en sus sienes, vestido con ropa militar, sin ningún rastro de miedo o dolor en sus ojos.
La sangre del chico se heló, y su corazón pareció detenerse por un segundo, mientras la morena apretaba su mano con fuerza, sin llegar a hacerle daño.
Lo último que escuchó fueron unos tacones impactar con gran velocidad y firmeza el suelo, antes de que le diera tiempo de voltearse, para contemplar quien rompía con el duelo que se había formado en la estación del tren, la sintió caer sobre su espalda, como tantas veces habpia hecho al sorprenderlo por detrás, solo que ahora no sonreía ni reía como una niña péquela, solo se aferraba con fuerza a su cuello mientras la mayoría de los presentes la miraban como si hubiese perdido la cabeza.
No necesitó voltearse inmediatamente para saber que era ella, que era su ángel que había regresado para estar con él antes de que fuese muy tarde.
Se volteó débilmente, procurando no dejar que ella lo soltara, hasta encontrarse con sus enormes ojos color avellana algo muertos, apagados con rastros inminentes de su llanto y sufrimiento, besó su frente, sus ojos, sus mejillas mientras la abrazaba por la cintura, encantado de que ella hubiese cambiado de opinión.
No reparó en que la mano de Rachel ya había dejado la suya, solo pensó en su cuerpo fundiéndose con el de Quinn como la noche anterior, aunque ahora llevaban la ropa puesta y todos los miraban.
Sus cuerpos calzaban de una manera casi imposible, sus caderas se rozaban levemente, los brazos de la chica alrededor de su cuello y los suyos moldeando su cintura femenina, la cabeza de la rubia enterrada en la curvatura de entre su hombro y su cuello, sus piernas que comezaron a flaquear, entrelazadas mientras ella se mecía débilmente, buscando estar más cerca suyo sin lograrlo, más cerca era imposible.
Respiró de su pelo, grabándose su perfume en su memoria, besó cada parte de su cara, planteándose recordar el sabor de su piel y las sensaciones que despertaba en él tenerla tan cerca, era imposible de describir, pero ahora que ella estaba a su lado, que podía acunarla en sus brazos, ya nada era tan terrible.
Vagón cuatro, repitió el mismo hombre, obligándolo a soltarla, besó por última vez sus labios, deseando jugar con el tiempo, y finalmente se separó de ella, convencido de que tan enamorado estaba de la rubia, de Quinn, de su esposa.
Sostuvo sus manos por un par de segundos más, en los que ninguno de los dos dijo nada, los ojos de Quinn estaban sobre los suyos.
Te amo tanto, suspiró besando su pelo, cerró los ojos, una vez más mientras ella sentía.
Tu…tu solo vuelve, le pidió, decidida a ya no sollozar más, estaba ahí a su lado, y eso era lo importante, su corazón le había ganado a último momento a su cabeza, y se descubrió a sí misma bajando las escaleras a tropezones mientras ordenaba preparar un coche, del cuál instantes después bajó a prisa, corriendo hasta donde él estaba.
Su corazón lo llamaba, su mente, su alma y su cuerpo también, todas las partes de ella lo buscaban con desesperación, cada pequeña parte de su ser lo anhelaba y lo amaba.
No se dio cuenta de que Rachel ya no estaba a su lado, su atención había sido captada por un moreno que le hacía señas a lo lejos, quien también contemplaba la escena que proporcionaban los recién casados, aunque a diferencia de la chica él lo hacía con dolor, no como Rachel quien en su interior deseaba tener algo igual algún día.
Sam besó a su esposa por última vez, antes de comenzar a caminar despacio hacia los peldaños que conectaban la estación con el imponente tren que los llevaría a su oscuro destino.
Volteó hacia atrás en el último peldaño, para mirar a su esposa quien sonreía tristemente, con los ojos completamente secos pero con el dolor palpable en su hermoso rostro de porcelana.
Sam, le gritó ella recordando algo de pronto, el volteó una vez más y sus ojos se encontraron con los de la chica que ahora sonreía débilmente.
Si tenemos un niño, dijo ella mordiéndose el labio inferior, como a él tanto le gustaba que lo hiciera. ¿Cómo quieres que se llame? Dijo con ambas manos en los costados de su boca para intensificar el sonido, el sonrió también, y de pronto ya no era como si estuviese a un pie de su destino más próximo, a segundos de ser oficialmente un soldado más de la guerra, sino que su mente se transporto a su nuevo hogar, en compañía de Quinn, donde no era un número de soldado solamente, si no un hombre…su esposo.
David…dijo antes de que el hombre lo obligara a dar el último paso, aunque la sonrisa que se formó en el rostro de su amada no pasó desapercibida para él, tampoco el "te amo" que musitó ella mientras con una mano lo despedía.
También yo, dijo suspirando mientras el hombre cerraba la puerta, dejando Ohio ya como un simple recuerdo, dejando a Quinn atrás suyo con una sonrisa conforme en su rostro.
Quinn no había notado hasta ese momento que Rachel ya había dejado de contemplarlos a ambos embobada, de hecho ya ni siquiera estaba a su lado, la buscó con la mirada, atemorizada por un par de segundos de que algo le hubiese pasado a su amiga.
Soltó un suspiro de alivio al mirarla, la morena caminaba hacia ella con paso decidido, enterrando algo en el bolsillo de su chaqueta, un papel arrugado y viejo.
Rachel se quedó a su lado, sujetando su mano izquierda con firmeza mientras ambas miraban como el tren empezaba a avanzar lentamente de nuevo, y el vagón número tres se perdía de vista, dándole paso al número cuatro, el último que transportaría soldados aquella tarde.
¿Estás bien? Preguntó Rachel mientras ambas observaban a los hombres que abordaban el nuevo vagón, con la misma expresión de desasosiego en sus rostros, al igual que los anteriores.
Sí, dijo ella sonriendo, ya no había lugar para la tristeza ni el adiós, solo importaba que lo amaba, y él a ella igual, no importaban demasiado la distancia ni las circunstancias de su partida, lo llevaría siempre con ella, por dentro.
Rachel sonrió, buscando con la mirada al hombre de ojos verdes y cabello al ras que subía al vagón de un salto, con una ligera maleta en una mano, era lo único que llevaba consigo, eso y sus sentimientos expresados en una carta previamente entregada a la morena, con instrucciones de entregárselas a su amada.
A Quinn.
¿Se puede saber quién es usted, caballero? Dijo la morena tan cortésmente como pudo, aunque el miedo y el desprecio saltaban a la vista para cualquiera que hubiese escuchado a los jóvenes discutir previamente, como llevaban haciendo por un par de minutos.
Noah Puckerman, repitió el cerrando los ojos exhausto, el tono de voz chillón de aquella mujer le estaba taladrándole el cerebro, volviéndolo loco de una manera muy poco agradable. Llevaba un par de minutos repitiéndole esa información a la pequeña morena que estaba al frente suyo con los brazos cruzados sobre el pecho y ella no parecía entender.
Lo único que él quería era que ella recibiera su carta y se la diera a Quinn, pero la muy testaruda parecía negarse a hacerlo si él no le decía de que se trataba antes.
Eso ya lo escuché, dijo Rachel agobiada también, ¿Quién se creía ese hombre? Tratarla como si fuese un ser insignificante, lo aceptaba dentro de la casa en la que trabajaba porque todos sus amos estaban muy por encima que ella, pero aquel campesino no era mejor que ella, ni por asomo. Solo quiero que me diga de que trata eso, dijo apuntando el papel que el chico le ofrecía con desdén, y que quiere usted con la Señora Quinn, dijo ella con la frente en alto, el moreno suspiró una vez más.
Esa mujer lo estaba volviendo loco.
Quinn sabe quien soy, explicó el a la extraña.
Y también yo lo sé, señor, dijo la chica sin perder la compostura aunque deseaba hacerlo, y estampar un golpe en la mejilla del chico para borrar de su rostro la mueca de desprecio que llevaba.
¿Entonces por qué no deja el interrogatorio y solo le lleva esto? Dijo él mirando en dirección a Quinn, por supuesto que la rubia no lo miraba a él, ni siquiera había advertido su presencia, estaba muy ocupada besando al rubio como si no hubiese mañana.
A su esposo, se recordó.
Precisamente porque sé muy bien quién es usted no pienso hacerlo, dijo la chica rodando los ojos, Noah bufó molesto una vez más.
Solo quiero que ella…dijo antes de que la chica lo cortara.
Ella no quiere nada suyo, dijo exasperada, algunas personas simplemente no se rendían, y le estaba quedando muy claro que su acompañante era uno de esos malos perdedores, que no aceptan un no por respuesta ni identifican cuando el juego acaba, y eso simplemente la hacía enojar.
Pero yo de ella sí, dijo él suspirando, la morena al frente suyo había tocado un punto delicado y ya no estaba tan dispuesto como antes a discutir con ella, ahora solamente quería irse, pero no lo haría antes de entregar aquella nota.
Ella es feliz, dijo Rachel mirando hacia Quinn, cuyas manos aún sostenían las de su esposo, decidida a no dejarlo ir, la manera en la que ambos se miraban, como si no hubiese nadie más alrededor despertó al monstruo verde de los celos dentro de Rachel, no porque pensara en alguno de los chicos de esa forma, si no porque ella nunca había tenido algo así con nadie.
¿Por qué te importa tanto? Preguntó el moreno confundido, mirando hacia donde los ojos de Rachel miraban, conteniendo el asco que la escena romántica de los rubios le provocaba.
Todos merecemos ser felices con quien queremos, dijo ella sacudiendo la cabeza, su cabello color chocolate se ondeo junto con el viento, y Noah solo la miró entre confundido y resentido.
Era una chica hermosa, definitivamente, Sus ojos eran enormes y de un hermoso color oscuro, al igual que su cabello, su cuerpo era pequeño y delicado, al igual que sus largas piernas, que parecían no tener fin, sus curvas se veían acentuadas por el ajustado vestido que llevaba. Era…bonita, pensé Noah, pero demasiado hablantina y con aires de superioridad para ser solo una criada, aparte se estaba interponiendo entre él y su objetivo, y eso era algo que Noah Puckerman no estaba dispuesto a tolerar.
Por eso necesito que le des esto, dijo enseñándole una vez más el sobre, una sonrisa triste se asomó por la comisura de su boca al mirar de nuevo en dirección a la rubia, que parecía estar hablando con el chico, ya estaban separados, pero un lazo invisible los unía, era imposible no darse cuenta cuan enamorados estaban, y eso le enfermaba aún más.
Si lo hago, ¿promete no volver a interferir en la vida de Sam y Quinn? Preguntó la chica dudando, aquel hombre comenzaba a darle lástima y de estar en su posición lo le gustaría ser tratada de aquella forma tan ruin.
Lo haré si así lo quiere ella, dijo él sonriendo, igualando la apuesta de la morena quien lo miraba de pies a cabeza, casi decidida por completo.
De acuerdo, dijo suspirando, no le gustaba ser vencida de aquella forma, pero así al menos se quitarían el peso de Noah Puckerman de encima.
Gracias, dijo él extendiéndole el sobre, la sonrisa que antes se mostraba en su rostro llegó hasta sus ojos, se inclinó ligeramente hacia la morena cuyo corazón se detuvo por un momento, depositando un suave beso de agradecimiento en su mejilla izquierda.
Rachel sintió el rostro enrojecer, y un ligero cosquilleo extenderse desde su mejilla a los lugares más remotos de su cuerpo.
Idiota, murmuró enojada, mientras el chico sonreía, más que por esa deliciosa sensación que el también había experimentado, por haber tenido la oportunidad de hacerla enfadar realmente.
Rachel sostuvo el papel con fuerza, formando aún más arrugas en el de las que ya tenía, mientras miró a Noah caminar sin prisa en dirección al vagón número cuatro, con una sonrisa de autosuficiencia grabada aún en su rostro.
Idiota, bufó una vez más antes de divisar a su rubia amiga que la buscaba preocupada con la mirada, suspiró un par de veces, ocultando el sobre que segundos antes Noah Puckerman acababa de darle, escondiéndolo de la vista de Quinn.
¿Cuándo crees que vuelva? Preguntó Quinn con la vista perdida entre los árboles, mientras caminaban de regreso a casa, ya podían verla a la distancia, aunque su paso era muy lento.
No lo sé, confesó Rachel, debatiéndose internamente sobre qué hacer con el sobre que tenía en su posesión.
Espero que pronto, dijo Quinn con una sonrisa en sus labios, Rachel solo asintió deshaciendo el nudo en su garganta.
Lo amas demasiado ¿verdad? Preguntó introduciendo su pequeña mano dentro de la chaqueta que llevaba puesta, el sobre aún estaba dentro.
Más que a nadie, confesó Quinn con una sonrisa. ¿estás bien? Preguntó mirando a la morena de arriba abajo, la chica estaba pálida, mientras asentía con la cabeza lentamente.
Si, dijo ella sonriéndole débilmente para tranquilizarla, Quinn le devolvió la sonrisa a su acompañante, y una vez más su mirada se perdió en el paisaje, pensando en Sam, ni siquiera notó cuando Rachel introdujo una vez más su mano dentro del bolsillo convirtiendo aquel sobre viejo en una bola de papel, dejándola reposar aún dentro de la prenda, con un plan en mente que favorecería a todos los involucrados, después de todo, lo único que ella quería era que su amiga y su esposo fuesen felices.
Y no había espacio para Noah Puckerman dentro de aquel cuadro.
Nombre…fue lo único que preguntó el hombre de cabellos cobrizos ensortijados al rubio que miraba melancólico por la ventana, la mitad de su cuerpo estab dentro del cajón del chico, que a pesar de tener la capacidad de albergar a cuatro pasajeros estaba ocupado solamente por Samuel y sus pertenencias.
Se despegó de la ventana en la que tenía su frente apoyada, pensando en todo lo que dejaba atrás para emprender un viaje sin retorno.
Samuel Evans, dijo en medio de un suspiro, el otro hombre asintió, y Sam notó las múltiples conmemoraciones que llevaba en su traje, un par de pequeñas medallas en las que el rubio no reparó mucho, y tres dimuntas estellas doradas sobre su nombre bordado en el uniforme.
"W. Schuester" dijo Sam para sí mismo, mientras el hombre garabateaba en unos documentos, llevaba muchas hojas, con cosas ya escritas, por lo qie el chico pensó que sería parte del protocolo y que aquel hombre ya había "entrevistado" a más de la mitad del vagón.
Edad…dijo una vez más el hombre, mirándolo de pies a cabeza, el rubio se veía fuerte y fornido, pero no debía de superar los veinte años, debía ser al menos unos diez años menor que él.
Sintió un poco de lástima por el chico, cuando en un murmullo casi inentendible dijo "18" para después tragar grueso y recuperar su vieja postura, con la cabeza contra el vidrio.
Lugar de procedencia…dijo deshaciendo el nudo en la garganta, era hasta ahora el chico más joven al que había censado dentro del tren entero, y si se veía con detenimiento podía verse aquel brillo soñador característico de la juventud apagarse lentamente en sus ojos.
Ohio, dijo sin mirarlo.
Tendrás muchos problemas si no miras a tus superiores a los ojos mientras le hablas, muchacho, dijo el secamente, haciéndole entender que él era su superior en auqel momento, el rubio volteó su cabeza con pesadez y repitió su respuesta un poco más alto.
Familiares o alguien a quien avisar en caso de que…mueras, dijo secamente, no había palabras para adornar aquella frase, tampoco tenía la intención de hacerlo, ni siquiera por la ternura que le resultaba de ver a aquel muchacho, que apenas y estaba comenzando el viaje de su vida.
Michael Evans, padre dijo Samuel, un vacío inundó su estómago al decir el nombre de su padre, ¿estaría orgulloso de él? William garabateó en la hoja que llevaba el nombre de Samuel Evans como título y lo miró esperando más respuestas.
Jenna Evans, su madre, ¿lo lloraría si no regresaba?
Schuester asintió y la experiencia de las notas se repitió
¿Alguein más? Preguntó el hombre mirando por la ventana también, la parte de atrás de la cabeza del rubio rozaba el vidrio que temblaba a causa de la inestabilidad del camino, solo había campo, ya habían dejado la civilización hacía una media hora.
Quinn Evans, mi esposa, dijo él y no pudo evitar que una pequeña sonrisa se mostrara en su rostro que hasta ese momento solo mostraba dolor y agonía.
William asintió mientras garabateaba otra vez.
Algo de valor que quieras dejarles en caso de tu muerte en combate, leyó con determinación, Sam negó con la cabeza mientras volteaba la vista a su anillo de matrimonio.
Lo único que llevó consigo fueron los recuerdos y el amor que mantenía hacia las personas por las cuales debía regresar, sano y salvo, y en caso de no poder hacerlo, dentro de una caja de madera con la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica cobijando su cuerpo.
De acuerdo Soldado Evans, dijo el hombre mirándolo, como si estuviese decidido a no olvidar su nombre ni su rostro, los ojos del rubio se encontraron con los de su superior, que tenía la mirada perdida, sin demostrar emoción alguna.
Preséntese en el Fuerte 0057 apenas toquemos tierra firme, que según mis cálculos será mañana temprano, Pelotón 17, Sam asintió débilmente, intentando retener toda la información en su cabeza, debe presentarse ante su superior…dijo dándo media vuelta.
¿Qué és….? Dijo el chico mirando al hombre que había parado en seco su escape y se volteaba lentamente.
William Schuester, dijo con una sonrisa torcida y Sam recordó haber leído ese mismo nombre en el traje de su interlocutor, Sam asintió y se puso de pie rápidamente para estrechar la mano de su superior, con ese hombre parecía que era mejor llevar las cosas en paz, no quería empezar el juego con tres puntos en contra.
Estás en el ejército ahora, dijo al soltar la mano del chico, dejándola caer junto a su cuerpo, la afirmación cayó sobre él como un balde de agua fría, aunque ya lo sabía ,probablemente esperaba un milagro, que alguien parara de golpe el tren diciendo que todo había sido una broma, que no había guerra y que podía regresar a casa y besar a su esposa hasta que no tuviera fuerza, pero no fue así.
Pasó una hora, luego dos, luego tres, y cada vez su desasosiego era más grande y más difícil de controlar, finalmente el tren detuvo su andar frente al muelle, en donde un imponente barco estaba esperando por ellos.
Adiós Quinn, dijo tomando su equipaje en mano, mezclándose con el resto de los soldados que más bien parecían ser prisioneros, dejando todo lo que conocía atrás, adentrándose en las aguas profundas que los conducirían hacia el Viejo Mundo, donde había una guerra que lidiar esperando por ellos a la vuelta de la esquina.
Espero les haya gustado, a mi parecer quedó bien, disfruté mucho escribirlo!
Muchas gracias a quienes me siguieron en esta locura en los últimos meses, a quienes comentaban siempre, a quienes últimamente no lo hacen y a quienes no comentan nunca, he aprendido mucho de todos ustedes que me motivan a hacer esto que me encanta, espero que nos veamos todos en un par de semanas con "across the water" y que les haya gustado la historia en general"}
Muchas gracias por todo!
Pd. Les conté que ya medio retomé LOVE GAME? No? Bueno ahora lo saben, díganle a sus conocidos, llamen a CNN, a la polica, a los bomberos a lo que quieran, porque me pidieron que volviera y ahora no pienso irme!
Besos fer
