Disclaimer: Shingeki no Kyojin así como sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Ésta historia es para entretenimiento, sin fines de lucro. Queda prohibida la copia o re-subida a cualquier otro sitio o plataforma sin mi consentimiento.
Advertencias: Esta historia contiene Riren (LevixEren) y avanzará de manera lenta aunque los capítulos puedan ser relativamente cortos. Uso de Ooc, Au, lenguaje soez, violencia y actividades ilegales. Recuerden, esto no es nada más que mera ficción, en ningún momento fomento o aliento la realización de cualquier comportamiento o actividades acá descritas. Posibles Spoilers, quiero advertir sobre esto, ya que sacaré personajes cuya aparición aún no se ven en el anime así como nombres de lugares/territorio, intentaré no comprometer detalles mismos de la trama original.
Beteo por: Rattation. ¡Eres maravillosa! Avanzamos esto en tiempo récord! jajaja
Por cierto, aunque creo que ya lo mencioné mucho, no he hecho un anuncio formal, así que aprovecho para decir: En la plataforma de wattpad me di a la tarea de resubir todo el fic con sus respectivas correcciones, desde ortografía hasta cambio de palabras y/o términos. También creo que haré un cambio en la descripción y veré la posibilidad de resubir todo en alguna otra plataforma (sinceramente, wattpad me estresa). Tenía que decir esto porque noto que hay nuevas lectoras que marcan este fic como favorito y bueno, hice muchos cambios de errores que ahora ya no tengo (o no tengo tanto).
Capítulo 24
—Krista, andando —la voz ronca de su padre desde el umbral en la puerta la hace levantar la cabeza—, quiero dejar este inmundo lugar. —Arruga la nariz mientras observa el pequeño cuartucho en el que solo hay una litera a medio hacer.
—Papá, no puedo irme. Aún no veo a Eren. Quiero saber que está bien —dice con voz desesperada—. Sé que estará molesto conmigo y por eso mismo tengo que disculparme.
—¿Disculparte? No exageres. No podrás ver a ese chico, está muy ocupado. Tenemos que irnos ya.
—¿Hasta cuándo lo podré ver?
—No lo sé, tal vez pronto en la academia.
Krista baja la mirada unos segundos sintiéndose decepcionada para luego encarar de vuelta a su padre.
—Al menos déjame despedirme de Annie, ¿Sí? —el mayor gruñe como respuestas mientras ella sale de la habitación sin decir más.
Krista está consciente de que una vez el contrato que firmó la chica con su padre llegara a su fin, nada las obligaba a seguir guardando apariencias, no volverían a verse a menos que tuviera otro trabajo que hacer.
Encontrarla dentro de aquel complejo no fue una tarea difícil, aquella se encuentra al final del pasillo en su turno para montar guardia. Krista la observa con asombro, después de verla usar todos los vestidos bonitos que le regaló, se le hace increíble que ahora vista ese uniforme militar. No puede pensar en otra cosa que no sea admiración hacia ella, pese a que su expresión dura le hiela la sangre.
—Annie —llama su atención. A pesar de que se encuentra justo en su campo de visión, la joven apenas la mira—, no pude ver a Eren y necesito que me digas que está bien. —Su tono de voz se escucha afectado.
—Ese no es mi trabajo. —masculla escueta.
—¡Lo sé! Al parecer todos aquí tienen un maldito trabajo que nadie quiere dejar de hacer —espeta enfurruñada—. Sé que mi petición no es un trabajo que te pueda pagar, pero tampoco te costará nada ver a Eren y decirme si él en verdad está bien. —Rod pasa al lado de ella y le toca el hombro indicándole que su tiempo se terminó. Krista sostiene las manos de Annie y con mucho cuidado y discreción le deja su celular—. Un mensaje bastará. Él único número guardado es el de Ymir, sé que te molesta hablar con ella, pero no hay opción. —Krista esboza una sonrisa forzada antes de alejarse.
Para Annie es muy fácil leerla, sus ojos son demasiado expresivos, sabe que no la está pasando nada bien. Observa el pequeño aparato en sus manos recordando a la perfección la acalorada discusión que tuvo con el tipo que custodiaba la entrada de la base militar. Los celulares y otros aparatos están estrictamente prohibidos tanto para visitantes como para reclutas. Quizás debe darle merito a Krista por oponerse ante aquel haciendo uso de su nombre e influencias con tal de que no la despojaran de sus pertenencias, sin embargo, ya no tiene nada que ver con ella.
—Annie —la mujer de larga cabellera negra la llama desde la dirección opuesta del pasillo. Abraza una pila de archivos al mismo tiempo que trata de no derramar el café de su taza—, ¿Qué estás haciendo? Aún no eres una recluta oficial. ¡Agh! Ese desgraciado —gruñe—. Te declara el arma del mañana, pero no le importa si te mueres. Camina, tenemos que hacerte más pruebas.
—Me siento bien…
—No seas testaruda —interrumpe su protesta—, tengo que aplicarte otra dosis.
La rubia la sigue por los pasillos a regañadientes. Odia Dauper, el lugar es un intrincado laberinto de pasillos que lo hace no solo ostentoso, sino también un blanco fácil para perderse. Ella cree que es una excusa perfecta para enaltecer el ego de los altos mandos y por eso prefiere estar recluida y olvidada en aquella pequeña habitación de Wall Sina. Chasquea la lengua cuando Pieck le coloca la vía intravenosa.
—¿Qué ocurre? —la mayor pregunta sin perder la concentración en la bolsa de solución extraña que cuelga del portasuero.*
—Parece que Smith terminó de jugar al policía bueno y malo. —musita de mal humor.
—La estrategia del comandante funcionó después de todo. Grisha Jeager ya es nuestro colega. —Sonríe satisfecha.
—¡Felicidades! —exclama con sarcasmo—. Eso quiere decir que van a dejar ir a Eren, ¿No? Tanto trabajo para esto. —refunfuña.
—Me temo que no es tan fácil cómo piensas. —La mujer toma asiento cerca de la camilla y hace anotaciones en una hoja limpia de su porta block.
—¿Qué quieres decir? —pregunta al notar que Pieck dejó de lado la conversación.
—¡Oh! Bueno, no sé si yo debería decirlo. Es un asunto confidencial.
—No sé si tengo que recordarte que estoy hundida hasta el cuello en este asunto.
La mujer medita unos minutos. Está al tanto sobre su participación en el caso y que gracias a ella el chico se encuentra dentro de las instalaciones.
—El comandante dio la orden de suprimirlo —Annie la mira con sorpresa—, sería fácil hacerlo de un disparo. Pero él quiso que le dieran un trato especial, me pidió que le informara a Zeke sobre el trabajo.
—No pueden hacer eso. —Mantener la calma se le hace difícil.
—Son órdenes, Annie. Bien sabes que cualquiera que pise este lugar y no sea de utilidad será desechado.
Pieck se pone en pie y coloca las notas sobre la mesilla para revisar las ampolletas en la gaveta al otro extremo de la habitación. Lo que le dio a entender que su charla terminó.
La rubia se queda inmóvil, obligada a guardar silencio, ni siquiera sabe por qué la noticia la hace sentir tan mal, quizás no es tan insensible cómo cree. Reconoce que Eren es un gran rival, algo estúpido también y a pesar de eso es un chico muy agradable. Sus labios se curvan por una ligera sonrisa, en otras circunstancias habrían sido muy buenos amigos, sin embargo, en esa realidad están destinados a tener un final, como cualquier cosa prescindible. Le resulta extraño después de todo ese circo que lo hizo ver cómo el ser más preciado del planeta.
La sonda por donde fluye aquel líquido hasta su brazo tiñendo de un rojo intenso sus venas, la hace darse cuenta. Eren y ella no están lejos de ser iguales, está segura de que aquel corrió el mismo destino; su idea puede ser arriesgada y muy peligrosa para el castaño si descubren que su presentimiento es cierto, pero de algún modo debe retrasar su fatídico final. Él no se merece eso.
—Zeke debería tomar muestras de Eren, hacerle algunos exámenes.
—¿Qué? ¿Estás loca? —espeta con la esperanza de que se olvide del tema.
—Piénsalo, es el hijo de un científico loco, ¿No crees que eso lo hace especial? —A Pieck se le iluminan los ojos.
—Pero tenemos una orden en marcha, hacerle una prueba como a todos le tomaría poco más de un día… —habla temerosa.
—¿Dejarás pasar esta oportunidad? Solo existe un Eren Jeager. Además, nadie sospechará nada, Smith está complacido con su nuevo "amigo", ¿No? —La mujer la mira dubitativa—, entre más rápido corras, más tiempo para pruebas tendrán.
—Vendré a revisarte en quince minutos. Quédate quieta y no dobles el brazo. —advierte antes de salir con premura.
Annie resopla aliviada mientras esculca con la mano libre sus ropas hasta sacar el celular que Krista le entregó, duda unos minutos con la mirada fija en la pantalla apagada del aparato. De verdad perdió la cabeza porque en otro tiempo le hubiera importado poco el desenlace de aquel hecho, pero ya está harta de todo, de todos. Puede ser que ella no tenga escapatoria, sin embargo, quiere darle la oportunidad a un pobre chico que no tuvo elección.
—
—Ymir, no quiero ir a casa. —Krista masculla adormilada desde el asiento trasero.
—No hay opción. El auto de tu padre va adelante, si nos desviamos lo notará —la rubia deja escapar un sonoro bostezo—. Además debes descansar, no has dormido nada.
—Tu tampoco. —riñe con tono molesto.
Ambas guardan silencio, Krista no se siente con ánimos de discutir. Resopla exasperada luego de intentar revisar el celular y notar que su mano se enreda entre su vaporoso vestido. Aprieta los dientes con rabia al visualizarse cómo una princesa, lo odia porque no lo es. Desde su asiento apenas puede ver la espalda de la morena, quien cada tanto la observa por el espejo retrovisor. Frunce los labios antes de desviar la vista al paisaje de grandes árboles que conforman el espeso bosque de Dauper.
Lo único que agradece es que desde que salieron de aquella base militar, Ymir le da su espacio. Tiene la impresión de que se volvió más flexible que antes, incluso defendió su deseo de viajar en un coche diferente al de su padre. Eso solo la hace rabiar, no cree que sea justo que haya tenido que demostrar que también puede ser un monstruo para que aquella, quien se dice ser su amiga, la reconozca como una igual.
El vibrar del aparato entre sus manos capta su atención, la llamada se marca como un número privado, lo que significa solo una cosa. A penas responde escucha la voz de Annie.
—No sé qué es lo que harás, pero tienes un día para liberar a Eren. No te puedo dar más tiempo.
Termina la llamada en nada, sin explicaciones, tratos o planes. Annie ya no quiere estar involucrada en aquel asunto, no obstante tiene curiosidad por saber de qué más puede ser capaz aquella niña rica o cómo es que un famoso arquitecto podrá rescatar a Eren. En cualquier caso, ambos pueden disponer de cualquier tipo de personal, solo basta con pagar el precio. Si ha de quedarse, será una espectadora más.
—Ymir, apresúrate. Tenemos que llegar a casa antes que mi padre.
—¿Pasó algo?
—No preguntes y acelera. Es de vida o muerte.
La morena acata su orden para rebasar la caravana en la que viaja Rod Lenz. El hombre no le da importancia.
—0—
—Mikasa, no lo sé —Armin articula con nerviosismo—, que no tengas una llave solo lo hace ver más sospechoso.
La joven se hace a un lado para invitarlo a pasar al recibidor.
—No tienes de qué preocuparte. Oficialmente es mío, legalmente me faltan unos meses para tomar posesión del departamento. Está en el acuerdo de divorcio de mis padres y, seamos sinceros, a ninguno de los dos les importará.
Armin la observa con semblante dubitativo, si bien le parece muy conveniente el pasar algunos días en aquel departamento semi-amueblado, no deja de pensar que no es lo correcto.
Mikasa deja su equipaje a un lado y se pone a explorar el lugar hasta quitar la sábana que cubre uno de los sofás en la sala.
—Puedes ayudarme a limpiar o pasar todo el día parado ahí, cualquier opción está bien para mí. —masculla con mal humor.
—Mikasa, esto es incómodo para mí.
—Es mejor que seguir pagando una habitación de hotel. Hay más habitaciones aquí, puedes dormir en cualquiera de ellas.
—No estoy hablando del hecho de quedarme contigo, quiero decir que no me parece correcto. Podemos regresar a casa y esperar a que nos llamen.
—¡Eso es absurdo! ¿De verdad crees que esa mujer es de fiar?***
—Nos dio un numero…
—Armin, eso no significa nada —interrumpe—. Yo no estaré tranquila hasta no ver a Eren y comprobar que está bien. Además, es muy probable que nos pueda necesitar, lo mejor es ofrecerle un buen lugar dónde dormir y estar seguro, ¿No lo crees?
El joven no responde, baja la cabeza resignado. Todo lo que su amiga dijo es cierto, pero también es cierto que no conoce las razones de Eren ya que, en algún caso nada extraordinario, su amigo no necesitara la ayuda de nadie y él simplemente haya decidido tomar las riendas de su vida alejado de todo lo que conoce, mas Mikasa tiene razón, eso no es algo que Eren haría. Así que debe confiar y estar preparado para cuando su amigo aparezca pidiendo ayuda.
—0—0—
—Ymir, date prisa. —Krista murmura para sí misma.
Camina de un lado a otro dentro de su habitación al mismo tiempo que muerde sus uñas. Le dio una orden absoluta a la morena, "consigue el número personal de Ryven sin importar qué". No quiere hablar con alguna asistente o tener una cita una semana después, no, lo que menos tienen es tiempo y quiere ser ella la que le dé el mensaje a pesar de que no tiene el valor de enfrentarlo cara a cara.
—Aquí está —Ymir dice entre jadeos apenas entra al dormitorio—. Tuve que meterme al sistema de la academia y…
—Sí, sí, dámelo. —Le arrebata el trozo de papel antes de que termine su explicación.
El tono de espera la hace entrar en ansiedad y su cuerpo tiene un leve temblor que no puede controlar. Cuando deja de escuchar el timbre, pero lo único audible son tenues rumores de personas, sabe que es ahora o nunca.
—¿Señor Knoks? —musita con voz trémula—, base militar Dauper. Solo tiene un día y debe darse prisa antes de que sea demasiado tarde.
Corta la llamada y apaga el celular antes de que pueda ser interrogada. Sus lágrimas ruedan por sus mejillas, está aterrada de que sus pocas palabras no sean suficientes para que aquel hombre le crea, pero no puede hacer más. Ya no quiere involucrarse y arriesgarse a empeorar la situación.
—Krista, ¿Estás bien? —La pecosa corre a su lado.
—Ymir, quiero estar sola. —murmura con voz gélida.
—Krista, yo…
—¡Déjame sola! —grita impetuosa.
No está llorando en su cama hecha un ovillo cómo una niña desvalida, permanece de pie, firme en medio de su habitación con semblante serio pese a sus mejillas húmedas. Ya tomó una decisión, incluso antes de pensarlo con detenimiento.
—0—0—
—¿Levi, estás bien? —Petra le toca el hombro.
Sostiene una bandeja de plata con una mano, dispuesta a recoger los platos de la cena de los que aquel hombre apenas probó bocado. Observó atenta durante todo el día cómo Levi iba tras una pista falsa y regresaba furioso por no obtener éxito. Y ahora está ahí, absorto con el celular en una mano. Ella vuelve a tocarle el hombro.
—Dauper. —musita con voz profunda.
—¿Dauper? —Piensa un poco, pues duda sobre si él quiere que le responda algo o si al fin se volvió loco—. Es un lugar a unas cuantas horas de aquí —prosigue—, hay un pequeño pueblo turístico. Es una zona muy popular para acampar, pescar o cazar. Además cuenta con muchas reservas naturales, eso es lo que todos saben.
Ella no dijo nada que no supiera. Todo mundo sabe que el lugar más atractivo de Rose son sus bosques y no importaba si lo habían frecuentado o no, la publicidad turística la veían hasta en la sopa. Incluso Levi puede recordar aquella ocasión en la que Kenny planeó un fin de semana familiar y lo terminó llevando de cacería para medir sus capacidades. Fue todo un desastre cuando Kuchel se enteró.
—Hay una base militar. —masculla con cierto aire misterioso.
—Claro que no —Petra contradice entre risas—, esos son inventos de la gente, de activistas cuya pobre mentalidad solo crea conspiraciones imaginarias.
—Eren está ahí. —habla con aparente calma.
—¡Perfecto! Ya perdiste la cabeza. —Recoge la vajilla en la bandeja y limpia el escritorio.
—Acabo de recibir una llamada.
—Por favor —protesta con fastidio—, has recibido infinidad de llamadas durante el día con supuestas pistas, ¿Ahora vas a creer esta nueva tontería? Tienes a tus mejores hombres investigando, deja…
—Cierra la boca —interrumpe su alegato—, hasta el momento es la pista más creíble que he tenido. Voy a investigarlo.
Petra resopla hastiada antes de salir de la estancia con la bandeja en sus manos. Mueve de un lado a otro la cabeza declarando mentalmente la locura de Levi. Por supuesto que está preocupada por él y por Eren, pero no imagina que aquella descabellada idea sea su única esperanza.
—
Levi chasquea la lengua luego de apartar la vista de su computadora, cómo es de esperarse, ningún resultado de búsqueda arroja una confirmación de la existencia de dicha base militar en medio del bosque. Son solo temas de discusión en foros con personas que mantienen acalorados debates afirmando que tal o cuál organización gubernamental hace pruebas militares secretas. Está claro que él no se conformará con tan poca información, por lo tanto, hizo varias llamadas a sus contactos más importantes, alguno deberá acceder por las buenas.
—Jefe —Auruo irrumpe por aquella pequeña puerta, agitado y sudoroso—, vine lo más rápido que pude. Uri Reiss negó rotundamente las actividades militares en Dauper, según los acuerdos con Frieda. También te recuerda que esos temas políticos no están en discusión, no importa cuál sea tu curiosidad —Levi aprieta la mandíbula para reprimir su impulso por maldecir—. Sin embargo —desliza una nota a puño y letra de Uri por el escritorio—, te considera como el hijo que nunca tuvo. Solo encontramos ruinas en el lugar y a un par de guardias que custodian la propiedad.
—¿Y yo me voy a tragar eso?
—Por supuesto que no, jefe. Estos son los resultados del GRD** —lo que le entrega en sus manos le devuelve la vida a sus ojos—. Bajo tierra las cosas se ponen interesantes.
—Alerta a los elementos necesarios. Iremos de cacería.
—¡Levi! —Petra exclama con desespero apenas abre la puerta del estudio.
—Pensé que ya no tenías el hábito de escuchar tras las puertas.
—No trato de detenerte, pero no puedo permitir que te expongas de esta manera. ¿Hacer una maniobra tan improvisada solo por Eren? No lo apruebo, necesitas un plan para no entregar tu identidad en bandeja de plata. Y yo iré con ustedes. —Frunce los labios con aire presuntuoso al ver a Auruo.
—Creí que eso de tu retiro era para siempre. —Levi habla extrañado.
—Estoy harta de ser una espectadora. —alega con firmeza.
—0—0—
—Dime, Eren, ¿Cómo es vivir con Grisha? —Zeke no puede ocultar su excitación al hablar.
Da unos cuantos sorbos a la taza de café sin apartar la vista del castaño, el cual permanece impávido en la silla de exploración con sus ojos bicolor en un punto fijo en la nada.
—No me malinterpretes —carcajea tras no obtener respuesta—, ya sabes, pregunto porque es tu padre y yo no solo soy gran admirador de él, también de su trabajo. Lo que más quiero en este mundo es ser así de grandioso —esto último hace que Eren lo mire con odio y apriete sus puños—. Creo que sé lo que estás pensando, pero quiero que lo mires con otros ojos, que reconozcas la grandeza de tu padre. Él es un pionero en nuestra área y sus avances son un gran paso para la ciencia. Ayudará a más de una persona, no se trata solo de intereses personales ya que la humanidad se puede beneficiar de ello.
—Solo los monstruos dirían eso —espeta con rabia—. ¡Muchos inocentes murieron por la mierda que hacen! —El mayor lo mira con atención y se percata de que el joven sabe muy poco del tema.
—Veo que no conoces el verdadero alcance de los experimentos de tu padre —masculla con calma—, pero lo lamento, tampoco estoy aquí para charlar tranquilamente contigo. Quiero tomar unas cuantas muestras de ti. Nada del otro mundo.
—¡No! ¡Yo no estoy dispuesto! —exclama con enojo.
—La verdad es que no estás en posición de negarte, tengo una orden bastante sería contigo, pero si logro comprobar mis sospechas tendrás una segunda oportunidad —dice con semblante sombrío—. Te prometo que no te dolerá, algunas muestras de sangre y cabello y será todo. Después podrás irte a casa —Zeke guarda silencio unos segundo mientras observa la mirada rencorosa del joven—, pero esto será nuestro secreto, ¿De acuerdo?
—De cualquier forma yo ya no tengo un hogar. —suelta con rabia.
—No puede ser tan malo —el mayor coloca un torniquete de caucho en su brazo y lo pincha con la aguja para llenar de sangre un tubo de muestra*—. Siempre tengo un tubo de laboratorio conmigo, pero necesitaré más.
Eren guarda silencio mientras observa la bolita de algodón que aquel hombre dejó en su brazo para detener las gotas de sangre que salen de su vena. Está tan cansado que no le importa lo que le haga y sus ideas en su mente son confusas.
Se dirige con demasiada calma hasta uno de los gabinetes que están en el extremo de la habitación. Al tiempo que intenta sacar más tubos y frascos para muestra, un cuadernillo cae al suelo.
—¡Ah! Casi lo olvido, más temprano tu padre dejó esto en mi poder, creo que fue un regalo demasiado generoso de su parte —sonríe—. Cómo sea, de algún modo supo que sería la última persona en verte porque también me dio esto —del bolsillo de su bata saca una fotografía doblada y se la entrega al joven—, pienso que tú querrás conservarla.
El rubio deja de prestarle atención para tomarle algunas muestras de cabello y luego seguir hurgando en la gaveta, mientras Eren observa con detenimiento aquel trozo de papel. En aquella maltratada fotografía la hermosa mujer de grandes ojos y largo cabello castaño sonreía con expresión radiante. Su madre, congelada en un momento de su vida, jovial como la había imaginado, cariñosa como le gustaba pensar, tan parecida físicamente a él y ¿Por qué antes no podía tener una imagen tan nítida de ella en su mente?
—¡Eren…!
Aquella voz en su cabeza lo alerta apenas siente el segundo pinchazo en su brazo, esta vez no se detiene a observar cómo se llena aquel tubo con su sangre sino que mira en todas las direcciones que le es posible, ellos son los únicos en el cuarto.
—No te muevas, Eren. —Zeke murmura con voz calmada.
—N-no… —balbucea— ¡No! —Arrebata su brazo con brusquedad.
El tubo cae al piso haciéndose añicos.
—¿Qué demonios, Eren? —exclama con molestia—. No puedo lidiar contigo porque no tenemos tiempo. Tendré que ponerte las correas.
—¡No! ¡Quiero salir de aquí! —grita aterrado al ver cómo aquel saca unas correas de un cajón.
—Por favor, no te pongas difícil ahora, solo necesito unos tubos más.
—¡Atrás! —Se pone en pie y se aleja varios pasos.
—¿Cuál es el problema? —Zeke se acerca con rapidez hasta la puerta para ponerle el seguro—. De cualquier forma no puedo dejarte salir de aquí.
Camina con paso firme y pausado hasta el castaño. Logra sostenerlo de la mano y dirigirlo a una silla donde lo sienta para inmovilizarlo. El joven se deja hacer pese a que su cuerpo tiembla.
—Permíteme —el mayor toma la fotografía de Carla y la dobla para meterla en el bolsillo de sus jeans—, ahora, tranquilízate un poco. No te haré daño, una muestra más y podré dejarte ir.
Zeke le limpia la sangre del brazo izquierdo y cuando está a punto de introducir la aguja, las alarmas suenan.
—¡¿Ahora qué…?! —exclama con enojo al mismo tiempo que corre hasta la puerta para echar un vistazo.
Eren permanece en la silla removiéndose con desespero para liberarse de las correas.
Notas:
1) Dauper. Quiero comentarles que aquí cometí un error, es algo que se remonta a los primeros capítulos. En pocas palabras, no pretendía salirme del territorio canon, pero al escribir comencé a meter lugares del mundo real. La verdad es que este hecho no afecta la trama, pero como habrán notado me enfoco más al territorio revelado en el manga/anime. En Fin, según la wiki, Dauper es un bosque que se encuentra dentro de la muralla Rose, si mal no recuerdo, el pueblo de donde es Sasha. Como base militar es estilo el "Área 51" antes de aparecer en los mapas, "un mito".
2) Cuando Krista regresa a casa quien maneja el auto es Ymir. Su trabajo no incluye ese servicio porque tienen un chófer, pero dadas las circunstancias ella se puede hacer cargo de varias labores sin problemas.
2) El departamento de Mikasa es en el que vivía antes de mudarse (cuando era una niña). Está ubicado en Yarckel.
3) Cuando Mikasa se refiere de forma despectiva a "esa mujer" obviamente habla de Petra.
4) GRD. Es un georadar detector de estructuras subterráneas. (Espero que las siglas no pertenezcan al modelo del aparato que encontré primero). Por lo que estuve leyendo hay una variedad bastante amplia entre lo que pueden hacer estos aparatos, desde detectar huecos/cuevas hasta estructuras de concreto a determinadas distancias bajo el suelo. Puede que haya exagerado un poco cuando escribí que Auruo le muestra a Levi los resultados que arrojó el aparato (a modo de enseñarle un papel impreso, cómo si se tratara de un electro o algo así jajaja), pero se los dejo a su consideración, porque también pudo mostrárselos en una lap, ya que el aparato funciona con un programa para sistema operativo Windows (al menos el modelo que encontré para escribir esta explicación).
5) Hay un detalle que ahora puede parecer raro, pero cuando llegue a ese capítulo entenderán por qué Grisha presentía que Zeke sería la última persona en ver a Eren (espero no olvidarlo y cambiarlo a último momento). Ahora, el cuadernillo que les entregó a Zeke y a Pieck tiene muchas notas útiles para ellos y es su forma de encubrir su traición y posiblemente proteger a Eren en el futuro, creo que les quedará más claro en los próximos capítulos.
6) La fotografía de Carla que le entregaron a Eren es la misma que Grisha lleva a todos lados, pero ahora es muy pronto para explicarles el por qué Erencito no recordaba con claridad el rostro de su madre.
7) Aquí tengo que aclarar que las correas que tiene Zeke no son "normales" de esas que usan en los hospitales y están acolchadas para que no te lastimes. Detalle que tienen que recordar para el capítulo 25.
Próxima fecha de actualización: No sé. Afortunadamente en este tiempo me puse las pilas y pude avanzar un montón en los capítulos, oficialmente tengo beteado el cap 25 y el 26 está en proceso. Me gustaría adelantar más capítulos para no sentir la presión de actualizar... veré que puedo hacer, acá donde vivo hace ¡un calor! Y es un infierno trabajar en la lap jajajaja. En fin, sepan que todo va de maravilla, me gané la lotería con Rattation.
Muchas gracias por seguir leyéndome, de verdad, son maravillosos.
