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Técnicas muggles

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Las pesadillas continuaban pero, aún así, Hermione seguía rehusándose a beber más del té "especial" de la Sra. Weasley. De hecho, no bebía nada que la Sra. Weasley le ofrecía. No después del infortunado incidente en el que Molly intentó fortalecer su jugo de calabaza durante el desayuno. Por supuesto, siendo la chica brillante que era, Hermione se dio cuenta de lo que estaba sucediendo en el instante en que comenzó a sentirse grogui. En vez de dejar que la ofensa pasara incuestionable, esperó a que Molly se diera vuelta y, rápidamente, cambió su vaso con el de Fred y se sentó a observar lo que sucedería.

No es necesario decir que el resto de la familia se sorprendió un poco cuando, quince minutos después, Fred comenzó a oscilar como un borracho y de inmediato se desplomó sobre la mesa. Las dos mujeres fueron las únicas que no miraron a Fred sin poder creer lo que veían cuando Bill lo sacó del plato con huevos. Ninguna de las dos dijo ni una palabra acerca de lo que habían hecho, aunque era bastante obvio para todos, excepto para el pobre de Fred que seguía profundamente dormido.

Habiendo probado su posición, Hermione se olvidó del asunto. Nunca lo mencionaba cerca de la madre de Ron, aunque finalmente sí les dijo a él y a Ginny lo que había pasado, para su total regocijo. Los dos hermanos no pudieron evitar encontrar el incidente bastante gracioso, ya que fue Fred el que terminó usando su plato como almohada. Era justicia poética, en realidad, considerando todas las veces que él los había engañado a uno o ambos para que probaran sus estúpidos brebajes.

Por supuesto, Ron no estaba muy contento con su madre. Sabía que lo había hecho de buen corazón, incluso aunque sus métodos fueran un tanto turbios. No podía decir que estaba sorprendido. Su madre no estaba acostumbrada a que las personas ignoraran sus consejos. Cuando ella le decía a alguien que hiciera algo, obedecía. Hermione, obviamente, era la excepción a esa regla nunca escrita.

En cuanto a ella, el hecho de que no le gustaba cómo el té la hacía sentir era razón suficiente para no beberlo. Aparentemente, su madre no estaba de acuerdo. Pero, en serio, ¿alterar su jugo de calabazas? ¿Qué conseguiría con eso? Seguro, ella podría haber dormido ininterrumpidamente pero, tarde o temprano, se despertaría y cuando lo hiciera, estaría furiosa. Ron comprendió que probablemente lo mejor para todos fue que Hermione se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo y tomara la postura pasivo-agresiva que adoptó. Merlín sabía que un poco de tensión era preferible a una completa pelea entre dos mujeres testaduras que creen tener la razón.

Siendo un huésped, Hermione no iba a quejarse, y Ron sabía que no se sentía cómoda discutiendo con su madre. Pero sólo porque se aguantara la lengua, no significaba que iba a dejar que la controlaran. Ya ella le había dicho a su madre que no le agradaba cómo esa poción la hacía sentir y eso era todo lo que diría del asunto. No la quería. No la bebería. Y si eso significaba no beber nada que ella misma no se sirviera, así iba a ser. Bastaba con negarse cortésmente a beber lo que le ofrecieran en las comidas familiares. Periódicamente, bebía del vaso de Ron, lo cual ya lo decía demasiado.

Ron no estaba completamente seguro de si lo hacía porque tenía sed, o porque estaba tratando de probar sutilmente que no necesitaba el té. Sospechó que la última era la respuesta. No que le importara demasiado. No tenía inconveniente en que bebiera de su vaso, siempre y cuando pudiera bromear acerca de ello.

Una noche en la cena, se atrevió a sugerirle a Hermione que pidiera prestado la petaca de Moody, pero todo lo que recibió por sus esfuerzos fue una mirada particularmente mordaz de parte de su madre. Ella era mucho más sensible por las bromas que Hermione, quien parecía indiferente. Aun así, los chistes no perdieron su encanto hasta que vio a Hermione observando su comida sospechosamente. O se estaba volviendo tan paranoica como Moody, o su madre había alterado su cena; ninguna de las cuales era aceptable.

Ron arrinconó a su madre al encontrarla sola y le pidió que no agregara nada "especial" a las comidas de Hermione. Fue algo incómodo al principio, pero no tenía otra opción. El no beber su té o su jugo de calabaza era una cosa, pero no le permitiría a su madre que la privara de la comida. Requirió preparación y muchas explicaciones, pero finalmente logró convencerla de no alterarla.

Después de la conversación, le había suplicado a Hermione, de parte de la Sra. Weasley, que tomara el té de vez en cuando, pero él sabía que era un intento vano. Ron sabía que no había manera de razonar con ella una vez que se empecinaba con algo. Era demasiado terca. Se caería del agotamiento antes de ceder, sin ninguna otra razón que mantenerse firme. Pero la falta de sueño comenzaba a afectarle. Sabía que Hermione ya estaba demasiado irritable y no vio razón para tentar a la bestia. Discutir con ella no resolvería nada, así que retrocedió tan pronto ella malhumoró y decidió hacerse cargo de la situación a su modo.

...

Ron estaba de espaldas profundamente dormido, a pesar de la extraña posición en la que se hallaba. Por supuesto, cuando agarró su almohada y se dirigió al estudio cerca del dormitorio de las chicas, no se había percatado de que el sofá era demasiado chico para que él pudiera dormir cómodamente. Tan sólo había pensado en Hermione y en si sería capaz o no de escucharla cuando tuviera otra pesadilla. Si ella era como Harry o Ginny, sospechó que llegaría a oírla, por lo que dejó la puerta abierta. Y si no, él aún estaría allí, esperándola. Hermione casi siempre iba al estudio cuando no podía dormir. Por lo menos, eso era lo que Ginny le había dicho.

Pero no fue Hermione la que lo despertó, sino su molesto gato. Claro que despertar a Ron de su profundo sueño no fue tarea fácil. Tirar su tablero de ajedrez de la mesa no tuvo efecto alguno. Así que el ruido obviamente no era una solución. Después de todo, estaba acostumbrado a dormir bajo un ghoul partidularmente ruidoso . Sólo había una forma de hacerlo, y esa tenía que ser de cerca y personalmente.

Por supuesto, Crookshanks era lo suficientemente listo para darse cuenta del riesgo que esto implicaba. La relación que tenía con este humano en particular era bastante turbulenta. Ambos se toleraban cuando Hermione estaba presente, porque no tenían otra opción. Cuando ella no estaba cerca, anulaban lo pactado y eran libres de actuar guiados por el resentimiento que sentían el uno por el otro.

Todo habría sido mucho más fácil si hubiera escogido al otro chico, pero ella quería a éste. El del mal genio. El chico pelirrojo que siempre le estaba gritando. El que la hacía llorar. Él era a quien ella llamaba en sus sueños. Él era a quien ella quería para consolarla.

Con una increíble agilidad, el gran gato canela saltó de la superficie de la mesa y aterrizó sobre el pecho del impulsivo muchacho. Mantuvo su flexible cuerpo tenso para así poder saltar en cuanto éste diera signos de vida.

—¡MALDITO IDIOTA! —gritó Ron, enderezándose y mirando al gato que ahora se encontraba cerca de la puerta—. ¡Lo hiciste a propósito! —gruñó él, agarrando su almohada y arrojándola hacia la puerta—. ¿Qué? ¿No pudiste hallar ninguna araña que tirarme, y por eso te lanzaste tú a cambio? —preguntó él, al posar sus pies descalzos sobre el piso.

En cuanto se levantó, Crookshanks salió disparado al pasillo.

—Maldita amenaza —murmuró Ron entre dientes, al cruzar el cuarto y salir al pasillo para recuperar su almohada—. No tiene nada mejor que hacer que... cobarde —siseó él, en el instante en que vio la cabeza del gato asomarse por la puerta agrietada que conducía al dormitorio de las chicas—. Primero me atacas mientras estoy durmiendo —dijo en un tono acusador, al avanzar hacia el gato—, y luego huyes y te escondes allí porque piensas que no iré tras tuyo.

Para su sorpresa, Crookshanks no retrocedió. Se mantuvo firme hasta que Ron llegó a la puerta y sólo entonces el gato entró a la habitación. Por un minuto Ron consideró sólo cerrar la puerta y volver a su cama, pero él había dejado la puerta abierta por una razón. Si la cerraba, ahora no sería capaz de oír a Hermione si llegaba a necesitarlo.

—«Estúpido y maldito gato —pensó Ron, al abrir la puerta un poco más y echar un vistazo al interior—. Será mejor que compruebe si está bien ya que estoy aquí».

Como lo esperaba, Crookshanks ya estaba acurrucado al pie de la cama de Hermione, pero sin hacer nada para incitarlo. El gato no lo miraba. Sus orejas no estaban bajas. Su espalda no estaba arqueada. Su cola no se movía. No había absolutamente nada polémico en su postura. Sólo que parecía inquieto, y con razón. La cama era un desorden y las sábanas estaban enredadas en nudos alrededor de los pies de Hermione. Todavía estaba dormida, pero era obvio que había estado dando volteretas y girándose por algún rato.

Sin prestarle atención al gato, Ron se acercó a la cama para despertarla. Pero de alguna manera, ella pareció presentir su presencia y sus ojos se abrieron justo antes de que él se inclinara a tocarla.

Hermione jadeó fuertemente por el asombro e inmediatamente retrocedió de la figura oscura al pie de su cama.

—Soy yo —murmuró Ron, en un intento apurado por darse a conocer antes de que ella pudiera tomar su varita—. Lo siento. No quise asustarte.

—¿Ron? —Hermione preguntó, vacilantemente, al tratar de apaciguar los latidos de su corazón—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Estabas teniendo una pesadilla —contestó él, agarrando las sábanas envueltas alrededor de sus piernas, sacudiéndolas y colocándolas como deberían estar—. Hazte a un lado —añadió él, subiéndose a la cama y acostándose a su lado—. ¿Algo que pueda hacer por ti?—preguntó Ron, en el momento en que vio a su hermana apoyarse en sus codos y observarlos fijamente.

—N-no —contestó Ginny, acostándose nuevamente y girándose para darles la espalda de inmediato.

—No deberías estar aquí —protestó Hermione, en silecio.

—Y tú no deberías rechazar el té de mamá —respondió Ron, arrimándose un poco más y colocando su brazo alrededor de ella—. Ahora quédate tranquila y vuelve a dormir —agregó, entrelazando sus manos y descansándolas sobre su estómago.

—Tú sabes por qué no lo tomo.

—Nadie va a atacarnos, Hermione.

—¿Y qué pasará cuando me vuelva dependiente al té?

—No vine aquí a pelear contigo, amor —dijo Ron, presionando su cuerpo contra el de ella—. Sólo a dormir.

—Está bien —cedió Hermione. Era difícil oponérsele teniendo a Ron abrazándola para dormir en cucharita. Tan sólo el estar cerca de él y tener su brazo a su alrededor era suficiente para tranquilizar su mente. La verdad es que no quería que se fuera. Y a Ginny parecía no importarle, así que, ¿cuál era el daño? Después de todo, sólo iban a dormir.

...

—¿Estás segura de que no te importa que se quede aquí? —le preguntó Hermione a Ginny una vez más mientras se vestían a la mañana siguiente—. De verdad, está bien. Yo entenderé si te molesta.

—Dormiste mejor con él a tu lado, ¿no? —replicó Ginny.

—Bueno, sí, pero…

—Y todo lo que van a hacer será dormir, ¿verdad?

—Por supuesto que eso es todo lo que haremos —dijo Hermione con la voz llena de indignación—. Sinceramente.

—Entonces, ¿por qué tendría que importarme?

—No lo sé. ¿No es raro tener a tu hermano durmiendo en la misma habitación?

—No —rió Ginny—. Compartimos un cuarto por años.

—¿En serio? —preguntó Hermione con evidente asombro—. Pero…

—Yo no tuve mi propio cuarto hasta que Bill y Charlie se mudaron.

—Ah —replicó Hermione—. Pero… bien, eso era diferente, ¿o no? Es decir, ambos eran muy pequeños. No deseo que tengas que lidiar con mis problemas. Yo puedo ir a su cuarto —sugirió ella.

—¿Te volviste loca? —se burló Ginny—. ¿Tienes alguna idea de lo que mamá haría si los agarra a los dos revolcándose en el cuarto de Ron?

—No íbamos a revolcarnos —indicó Hermione, defensivamente—. Todo lo que vamos a hacer es dormir.

—¿Sí?, ¡pues trata de explicarle eso a mamá! —rió Ginny.

—No me causa gracia.

—Lo sé —respondió Ginny—. Lo siento. Mira, no es la gran cosa. Ron y yo… bueno… tú sabes como es esto—dijo ella, incómodamente—. Somos los más jóvenes y nos hicieron a un lado en muchas ocasiones cuando éramos pequeños. Bill y Charlie siempre estaban haciendo cosas juntos y a Percy no le gustaba que lo molesten. Fred y George siempre se tuvieron el uno al otro y… bueno… yo tenía a Ron. Aún después de tener nuestra propia habitación, éramos muy unidos. A veces… cuando tenía pesadillas subía a su cuarto y dormía con él. La verdad es que siempre manejó muy bien esas situaciones, lo cual es sorprendente considerando que en general es un imbécil. Probablemente sea una de esas cosas de hermano mayor. Sólo te está cuidando.

—Excepto que no es mi hermano —dijo Hermione, quedamente.

—Aunque sí se preocupa por ti —indicó Ginny, mientras las dos chicas salieron de su habitación y bajaron para desayunar—, lo que significa que va a comportarse sobreprotectoramente. En general es como un grano en el trasero, pero a veces… puede ser algo positivo.

...

Cuando Ron recobró el conocimiento, comenzó a sentir el hormigueo recorriendo su brazo. Después de unas pocas noches de compartir la cama, Hermione tomó a Ron como su almohada favorita, por lo que siempre se le acurrucaba encima. Por suerte, él tenía la costumbre de dormir en su espalda, lo cual lo hacía fácil para ella. No que tuviera algún inconveniente. Era agradable despertar con ella en brazos, incluso si esto implicaba entumecerse de vez en cuando.

Entreabriendo los ojos, Ron los dirigió a la ventana para intentar descifrar qué hora era.

—«Maldición» —murmuró cuando notó que el cielo ya se teñía de una sombra azul oscuro y no negra. Quizá el sol aún no estaba en alto, pero pronto se elevaría y su madre también.

Lo que realmente quería hacer era cerrar los ojos y volver a dormir, pero sabía que el sueño tendría que esperar hasta que regresara a su propia cama. Si era cuidadoso podría hacerlo sin necesidad de despertar a Hermione.

—«Merece dormir un ratito más» —pensó, sacando su brazo cautelosamente debajo de ella.

Ella había estado durmiendo mucho mejor desde que él comenzó a escabullirse en su cuarto, pero rara vez se quedaba en la cama una vez que él se iba. Ron no estaba seguro de si sus pesadillas habían finalizado o no. Sospechaba que sí, pero no quería preguntar. A fin de cuentas, ésa era la razón por la que se quedaba con ella. Si ya no las tenía, entonces no tendría ninguna excusa para dormir en su cuarto. No una que su madre fuera a aceptar.

Aunque muy en el fondo, sabía que tampoco aceptaría las pesadillas como una excusa, por lo que era necesario regresar a su propio cuarto antes de que alguien se despertara. Ni quería pensar en lo que pasaría si su madre lo descubriera. Se preocuparía por eso cuando ocurriera. Hasta entonces, continuaría haciendo lo que venía haciendo. ¿Y qué si se tornaba más y más difícil dormir al lado de Hermione sin pensar en las otras cosas que los dos podrían hacer en una cama? Podía pensar en ello todo lo que quisiese, ¿verdad?

Bueno, no, no podía. No sin que su cuerpo reaccionara a sus pensamientos. Tarde o temprano, Hermione se despertaría antes que él y cuando lo hiciera, descubriría el estado en que se encontraba. Sería entonces cuando estaría en serios problemas.

—«Aunque tampoco es culpa mía —pensó Ron, al ver a Hermione darse la vuelta sobre su espalda y estirarse como si fuera un gato que había estado enroscado como una pelota por mucho tiempo—. ¿Cómo se supone que no voy a reaccionar a eso?» —se preguntó a sí mismo, mientras la miraba y apreciaba la manera en que su brazo descansaba por encima de su cabeza y en que su camiseta de los Chudley Cannons se elevaba hasta sus senos, exponiendo su estómago.

Su piel era muy pura, a diferencia de la suya, salpicada de pecas. La de ella era impecable; un perfecto blanco crema que le fascinaba. Sin pensarlo, Ron estiró su mano y recorrió con la punta de sus dedos el estómago de ella suavemente, mientras lo admiraba.

—«Es tan suave» —pensó, al mover su mano sobre su piel.

Ron se sobresaltó de inmediato al sentir la mano de ella descender sobre la suya. No se había dado cuenta de que estaba despierta. Avergonzado por el hecho de ser atrapado manoseándola, Ron trató de alejar su mano, pero para su sorpresa, Hermione lo sostuvo firmemente en el lugar.

—Hay algo que querio enseñarte —dijo ella, suavemente y guiando su mano sobre su estómago.

—«Oh, Merlín» —pensó Ron, tragándo saliva—. Ginny está justo ahí —murmuró él, mirando a la cama de su hermana nerviosamente.

—No pasa nada —dijo Hermione—. Se lo voy a enseñar a ella también.

—¿Eh? —preguntó Ron, frunciendo el ceño en confusión—. Exactamente, ¿qué es lo que vas a enseñarle?

—¿Sientes esto? —preguntó Hermione, presionando su mano fuertemente y frotándola sobre su tórax, deteniéndose justo debajo de su seno.

—¿Qué? —cuestionó Ron, mirando fijamente su pecho.

—El lugar donde mi tórax se conecta con mi esternón —contestó Hermione—. ¿Puedes sentir el final de mi esternón? —preguntó ella, llevando su mano hacia abajo para que él lo sintiera con la punta de sus dedos—. ¿Ese punto justo ahí?

—S... sí —tartamudeó Ron, tratando de comprender a qué llevaba todo eso. ¿Era alguna clase de zona erógena que él no conocía?

—Voy a soltarte —dijo Hermione, deslizando la mano de él hacia su estómago y liberándolo—, y quiero que lo encuentres nuevamente por ti mismo —instruyó ella.

Ron miró fija y dudosamente dentro de sus ojos por un momento, y luego hizo lo instruido.

—Bien —dijo Hermione—. Ahora coloca dos dedos sobre el final —enseñó ella, subiendo su camiseta en el centro para exponer el área entre sus senos.

—«Mil demonios» —pensó Ron, al fijar sus ojos sobre el escote que ella había expuesto.

—Presta atención, Ron —regañó Hermione—. Lo que te estoy mostrando puede salvar mi vida… o la de Harry.

Eso definitivamente captó su atención.

—¿Qué? —preguntó él, buscando sus ojos y viendo que hablaba en serio—. ¿Qué es exactamente lo que me estás enseñando?

—Es una técnica muggle —replicó ella—, usada para traer a los muertos de regreso a la vida.

—Eso no es posible —negó Ron—. Ni siquiera con magia.

—Algunas veces lo es —le informó Hermione—. Si una persona para de respirar o su corazón se detiene, esta técnica te permite respirar por ellos y bombear su corazón manualmente. Los doctores muggles lo usan todo el tiempo.

—Los doctores muggles son una manada de chiflados —se mofó Ron—. Es decir, mira todas las locuras que hacen. ¡Cosen a las personas como si fueran ropas rasgadas, por amor a Merlín!

—Es un procedimiento muy eficaz utilizado por personas que no pueden sellar heridas mágicamente —recriminó Hermione—. Y esta técnica que voy a enseñarte es igual de efectiva. Sólo porque no sea mágica, no significa que no funcione.

—No puedes revivir a los muertos, Hermione.

—Algunas veces sí puedes —persistió ella—. Depende. Por ejemplo, si alguien se ahoga y este procedimiento se utiliza en ellos inmediatamente, a veces es posible revivirlos.

—¿Vas a empujar a Harry dentro del lago o algo parecido?

—¿Qué sucede cuando alguien es golpeado por la maldición Avada Kedavra? —preguntó Hermione, ignorando la broma de Ron.

—Muere —contestó él, sobriamente.

—¿Cómo?

—No lo sé —dijo Ron, encogiéndose de hombros—. Sólo cae muerto.

—¿Y hay alguna marca en el cuerpo? —continuó Hermione—. ¿Algún trauma?

—Sabes bien que no hay mada —replicó él, incómodamente.

—Entonces, ¿por qué mueren?

—¿Cómo rayos voy a saber?

—Porque detiene tu corazón —contestó Ginny, suavemente del otro lado del cuarto.

Ron y Hermione se giraron instantáneamente y se dieron cuenta de que Ginny había estado sentada en su cama, observándolos.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Ron, estudiando a su hermana cuidadosamente—. Moody… eh… quiero decir, Crouch nunca nos enseñó cómo funcionaba.

—No lo sé —replicó Ginny, observando las sábanas de su cama para no tener que enfrentar la mirada de su hermano—. Sólo sé que así es.

—Ella tiene razón —dijo Hermione, sonriéndole tristemente a Ginny. Sospechaba que el conocimiento de su amiga era el resultado de su prolongado contacto con Tom Riddle, más que algo que aprendió de uno de su tantos maestros de DCAO—. Mata parando el corazón. Les voy a enseñar cómo ponerlo a funcionar otra vez.

—Si fuera así de fácil, ¿no crees que los sanadores magos lo estarían haciendo? —preguntó Ron, escépticamente.

—Nunca dije que sería sencillo —suspiró Hermione—. Esto es apenas el primer paso. Ahora, quítate la camisa y tírate al piso —dijo ella, dándole un empujón a Ron—. Serás la primera víctima.


N/a: Este capítulo me gusta, sólo que tengo que comentar algo. Hice cursos de RCP (resucitación) y la forma que dice Rogue en se deben ubicar las manos está mal. Se debe apoyar una mano entera justo en medio del pecho (no dos dedos), a la altura de los dos pezones (no al final del esternón). Luego, se ubica la otra mano encima de la primera, entrelazando los dedos palma contra dorso y allí se realiza la compresión, con los brazos bien extendidos, apoyando todo el peso de nuestro propio cuerpo sobre el pecho de la persona. Se realizan quince o treinta compresiones, y dos insuflaciones (respiración boca a boca). Los dos dedos sólo se utilizan en el caso de niños menores a dos años, y con niños menores a ocho, se presiona con una sola mano. Quería aclararlo por si alguna vez llegan a necesitar la información, para que no hagan lo que se describe aquí pensando que es lo correcto, porque no lograrían nada. El modelo viejo dice que se debía hacer de esa manera, pero el método de RCP cambia con los años, ya que se van descubriendo mejores maneras para obtener óptimos resultados.

Ahora: Les pido perdón por tardar una semana en actualizar. Pero si se ponen a pensar, ¡una semana no es nada! Pasa que yo los malacostumbré subiendo doce capítulos en menos de quince días, jaja. Me encantaría seguir con ese ritmo, pero empecé la facultad la semana pasada y ya me están mandando pilas y pilas de lectura y ejercicios (me recuerda a las épocas de TIMOs -las de EXTASIS las dejo para cuando lleguen los parciales-), y eso sumado más mi vida privada, no me dejan tiempo ni para lavarme los dientes. Sepan entender. Esto es sólo hasta que me acomode en mis horarios (ya que también empiezo a trabajar). ¡Un beso gigante a todos! ¡Y mil gracias por leer!