CAPÍTULO 26

Interludio. BLUE BIRD

Ryou Bakura era más fuerte de lo que todos sus amigos querían creer.

Claro que tenía enormes momentos de debilidad, momentos que Bakura siempre aprovechó para utilizarlo, pero eso no disminuía la fortaleza que el joven albino poseía en su ser.

Y con esa fortaleza de su ser, de su alma, había decidido que aunque doliese y su alma pareciera quebrarse, iba a encargarse de olvidar a Bakura.

Un amor no correspondido es mucho más fácil de superar a tener que reconstruir un corazón roto por culpa de las humillaciones a las que ha sido sometido.

Ryou sabía que todo lo que había sufrido al lado de Bakura estaba en el pasado.

Aunque una parte de él seguía creyendo que de un momento a otro el espíritu de la sortija se iba a presentar, arrepentido del mal que le había causado, sabía que ya no podía seguir rigiéndose por ese pensamiento tan irracional. Bakura no es del tipo de personas que se arrepienten, y mucho menos de las que se disculpan.

El joven sentía que ya ni siquiera tenía lágrimas, porque por más que intentaba, ya no podía llorar… o tal vez su subconsciente le impedía llorar por alguien que no se merecía todo su sufrimiento.

Y es que, el torrente de emociones que estaba experimentando era tan intenso y al mismo tiempo tan apacible que le sorprendía, era como si de un momento a otro toda la tristeza en su interior fuese a tornarse en ira, rencor y molestia, pero al mismo tiempo se sabía incapaz de sentir algo tan cruel hacia otro ser humano.

Se abrazó con la gruesa cobija que Yami le había dado y aspiró fuertemente, disfrutando el aroma a suavizante que se sentía aún en la tela.

La noche fría parecía cubrir todo a su alrededor y la oscuridad cruel lo bañaba sin piedad, el cielo sin estrellas ni luna parecía tan carente de vida, Ryou creía que estaba simpatizándose con él.

La sonrisa de su rostro era de tristeza, porque en serio no podía seguir llorando ni hundiéndose aún más en aquella patética depresión, no cuando todos sus amigos hacían todo lo imposible por mantenerlo alegre, y uno de ellos, Joey, necesitaba su apoyo.

Pasó una mano por su cabello.

Tenía que pensar seriamente en como ayudar a Joey, porque el rubio siempre se preocupaba por los demás, y era hora que todos ellos se ocupasen del rubio, aunque fuese una sola vez.

Ayudar al rubio era complicado, porque éste siempre fingía ser fuerte y ocultaba su dolor a los demás, lo cual complicaba todo el asunto.

Quizás no era buena idea inmiscuirse en los asuntos del rubio, pero no lo hacía con mala intención, simplemente quería ser un apoyo para él, del mismo modo en que el rubio siempre se las arreglaba para estar pendiente de sus necesidades, sin importarle que él mismo estaba en una situación similar, donde sus propios sentimientos quedaban en segundo plano por el bienestar de otra persona.

Eso era un amor desinteresado.

Sabía de lo suyo con Kaiba, lo supo por error, pero sabía que ese conocimiento iba a serle de utilidad… quería ayudar a ver que la sonrisa del rostro del rubio volviese a aparecer, siendo tan real como lo había sido en el pasado.

Con ver a su amigo recuperar su siempre contagioso buen humor, sabía que él iba a iniciar aquel proceso de curación que tanta falta le hacía.

No era tan buen amigo como debería ser, pero se esforzaba.

Cerró los ojos, con la firme convicción de que era deber suyo intentar devolverle un poco del buen humor que parecía haberse evaporado de la persona que antes solía ser el rubio.

Podría intentar hablar con Kaiba, aunque sabía que ahí no iba a encontrar un plan, porque el ojiazul tenía sus propios motivos, fueran éstos cuales fueran, para hacer todo lo que hacía… entre esto, confundir la mente de uno de sus más cercanos amigos.

Quizás le saldría mejor si hablaba con el otro habitante de la mansión Kaiba para poder planear algo satisfactorio para el bienestar del rubio, porque sabía que Mokuba apreciaba mucho a Joey.

Todos lo hacían.

Y últimamente había estado tan decaído… y él lo había notado, porque no se encerraba en su propia depresión para negarse a aceptar que el resto de los habitantes del mundo tenían problemas propios.

Jamás creyó que el mundo había dejado de girar simplemente porque ya no compartía su tiempo libre con Bakura.

No era tan egoísta ni egocéntrico.

Estaba decidido, iba a ayudar a Joey.

Quería verlo recuperar un poco de su humor, quizás así, el rubio fuera capaz de ayudarlo a salir del hoyo negro en que estaba atrapado.

Con este pensamiento en mente, cerró los ojos y se entregó a una noche de sueño, finalmente libre de pesadillas.

OOOOO

Cuando Joey abrió los ojos, estaba cobijado, además de las mantas, por el abrazo protector de Seto Kaiba, quien lo presionaba firmemente contra su pecho, compartiendo su espacio personal, aunque fuera en sueños.

Joey suspiró, un poco cansado de todo lo que estaba viviendo.

Podía culpar a aquellas alucinaciones de la cercanía con Kaiba, pero sabía que el motivo verdadero no se escondía en aquellos recuerdos, sino en las decisiones propias tomadas por cada uno de ellos.

Su situación actual no era sencilla de definir, y había vivido tantas cosas que tomar una decisión era demasiado complicado, ya que muchos factores influían en la toma de una decisión acertada… o tan acertadamente como pudiera ser posible, tomando en cuenta que uno como ser humano siempre es propenso a cometer errores aún cuando uno intente evitarlos.

¿En qué problema se había metido él mismo?

Pero había aceptado las condiciones de Kaiba, y aunque éste demostraba afecto hacia él aún parecía negar el hecho que realmente sintiera algo por Joey.

Era demasiado necio para ser verdad.

Al momento en que las cosas se tornaban más reales, siempre le daba la espalda a la realidad y se ocultaba bajo su carácter intratable, diciéndole a Joey que lo único que había entre ellos era por el bienestar de su salud mental.

Misma salud mental que él estaba a punto de perder.

Se liberó cuidadosamente del abrazo protector del ojiazul, aunque no fue sencillo, el ojiazul ejercía una leve presión sobre él, apretando el abrazo lo suficiente para que el rubio no escapara de sus brazos.

Cubrió al ojiazul y salió de su habitación.

Descubrió una nota en el pequeño comedor.

Joey:

Fui al trabajo, hoy no llegaré a dormir, tengo que realizar un pequeño viaje de trabajo, regresaré mañana por la noche. Hay dinero en el mismo lugar de siempre para que compres algo de comer. Cuídate.

Atte. Tu padre.

Sonrió de lado.

Sabía que su padre no era un gran partidario de dejar solo al rubio por todo lo que éste había vivido últimamente, aunque su padre sólo conocía el hecho que el rubio había perdido a una de sus mejores amigas, pero siempre intentaba estar al pendiente de él, para ayudarlo a no dejarlo sumirse en una profunda depresión de la cual luego no podrían sacarlo.

Se pasó una mano por el cabello, guardó la nota de su padre y regresó a su habitación, eran las 10:00 AM y el CEO de seguro iba a estar molesto si se enteraba que iba a llegar muy tarde a su oficina.

OOOOO

Para Ryou había sido complicado lograr comunicarse con Mokuba… sabía que habría dificultades, pero jamás imaginó que hubiera tantos problemas para ponerse en contacto con el niño.

Sus guardaespaldas habían sido bastante estrictos con respecto a la seguridad del chico, especialmente al verlo a él, ya que lo habían confundido con Bakura, y éste no tenía una buena imagen a los ojos de nadie.

Finalmente lo habían dejado ver a Mokuba cuando éste había aceptado que uno de sus guardias estuviera en la misma habitación que ellos.

Cuando le había contado todo al niño, éste había estado principalmente sorprendido por toda la información que Ryou parecía tener, y por un momento pareció reacio, como si creyera que frente a él quien se encontraba era realmente Bakura, pero luego pareció considerarlo un poco y reaccionar al darse cuenta que el ladrón de tumbas jamás le pediría ayuda para hacer algo que fuera de ayuda para Joey… y mucho menos para Seto.

Así que había aceptado.

"Es una excelente idea, Ryou." Había dicho el niño con los ojos iluminados, su entusiasmo era lo que el albino necesitaba para recuperar la confianza y saber que lo que estaba haciendo era lo correcto para su amigo. "Cuenta conmigo en todo lo que necesites… es más, ahora mismo voy a iniciar con los preparativos… te llamo en un par de horas."

Ryou había agradecido copiosamente, sabiendo lo sencillo que era para alguien con el apellido Kaiba realizar lo que él le había pedido.

No se estaba aprovechando de la bondad del niño, estaba pidiéndole un favor que también iba a beneficiar al mayor de los Kaiba.

Mokuba le pidió a uno de sus guardaespaldas que llevara a Ryou de vuelta a casa de Yuugi, y le dijo al albino que esperara su llamada, porque definitivamente iba a llamarlo.

OOOOO

Lo despertó el sonido de su celular, al mismo momento en que una mano tibia tocaba su brazo.

Estiró su mano y cogió el móvil.

"Seto Kaiba." Respondió secamente, con el mismo tono frío con el que atendía todos sus negocios. Pero de inmediato su tono cambió. "Lamento no haberte avisado que no iba a poder llegar, tuve un pequeño inconveniente."

"¡No finjas demencia, Seto! El chofer me lo dijo todo, y antes que amenaces con despedirlo, te digo que no lo permitiré… tuve que amenazarlo yo mismo para que me dijera la verdad." Era Mokuba.

Seto gruñó levemente.

"Lo siento. Iré en un momento."

"Trae a Joey contigo, les tengo preparada una pequeña sorpresa."

Kaiba lo pensó un momento antes de responder, sabía que su hermano estaba relacionándose demasiado con el rubio, y no quería que ninguno de los dos lo hiciera porque creían que había posibilidades que aquella relación fuese a durar largo rato… porque no era así.

"Bien. Iremos en un momento."

Joey miró confundido al ojiazul.

"¿Trabajo?" Preguntó, sentándose al lado del CEO, ofreciéndole una taza de café… motivo por el cual había tardado un poco en irlo a despertar. "Toma esto, no te dará tiempo de desayunar nada."

Kaiba aceptó la taza de café y tomó un largo sorbo, sin importarle que el contenido estuviera extremadamente caliente.

"No tendremos tiempo de desayunar nada. Tú vienes conmigo."

"¿Disculpa?"

El ojiazul rodó los ojos, exasperándose un poco.

Le entregó la taza a Joey, se puso en pie y se alisó tanto como pudo la camisa.

"Quien habló era Mokuba. Quiere que ambos vayamos a su encuentro, dice que tiene una sorpresa para ambos."

El rubio asintió.

Regresó a su antiguo mantra.

"Ok… lo haré por Mokuba."

Y aunque ninguno de los dos creyó realmente esas palabras, no dijeron absolutamente nada.

OOOOO

Cuando llegaron a la mansión Kaiba había una limosina esperándolos para partir… Joey estaba sorprendido por toda la formalidad de la situación, y sabía, aunque éste no lo demostraba, que Kaiba estaba en la misma situación que él.

"¿Sabes a dónde vamos?" Preguntó el rubio, distraídamente, acomodándose más cómodamente en su asiento.

El CEO negó, después de haberse asegurado que el rubio hiciera uso de su cinturón de seguridad, y comprobar que el suyo también estuviera bien asegurado, en caso de algún accidente.

No que fuera pesimista, era simplemente precavido.

El viaje fue relativamente corto, el rubio la pasó disfrutando el paisaje por la ventana del automóvil, ocasionalmente sintiendo leves caricias en su mano, pero se contuvo de devolverle la mirada a Seto.

Cuando el automóvil se detuvo, estaban en un puerto.

Y antes que hubieran bajado, Mokuba ya se acercaba corriendo a donde estaban ellos.

"¡Sorpresa, Joey!" Gritó el pequeño, saltándole encima a Joey y dándole un fuerte abrazo que el rubio supo apreciar. "Alquilé un barco para que tú y mi hermano vayan a dar un paseo…"

El rubio tenía lágrimas en los ojos.

Seto desconocía el por qué.

Pero Mokuba sí lo sabía… todo se lo había dicho Ryou esa mañana, e iba darle el crédito merecido al albino.

"Todo fue idea de Ryou… él me contó todo lo que una vez tú le dijiste Joey… Como tú y tu amiga soñaban con un hermoso día en medio del mar, para poder disfrutar del azul del cielo y el azul del mar… y por eso mismo me permití alquilar un barco."

"Gracias." Dijo el rubio.

Había tanta emoción contenida en su voz, y el pequeño lo comprendió y se sintió feliz.

"Y quiero que tú lo acompañes, Seto… porque Joey merece cuando menos que le des eso… a cambio de todo aquello por lo que él está renunciando, por ti."

El ojiazul se sorprendió por las palabras de su hermano, pero asintió.

Él agradecía un momento a solas con Joey, lejos de cualquier tipo de molestia, pero eso, no iba a decírselo a nadie. Al menos no aún.

-Continúa…-