—¿Helga? ¿Qué haces aquí?
La aludida estaba sudando frío. No podía creer, lo rápido que se habían complicado las cosas, y mucho menos que ahora fueran tres personas —entre ellas el camarón con pelos— las que hubieran visto su cara.
Eso no estaba bien. Nada bien.
—Helga, ¿Por qué estabas…?
Sin darle tiempo al rubio para que hablara, la niña negó con violencia y corrió con todas sus fuerzas por la calle. Ambos adultos parecieron rendirse a sus intentos por atraparla, pero no podía decir lo mismo de cierto cabeza de balón testarudo.
Arnold se lanzó a la carrera justo detrás de ella, pisándole los talones y a cortando su distancia con la rubia de forma peligrosa. Aquello no iba a resultar bien; o eso pensaba la niña cuando se internó en el parque, jadeando con fuerza mientras buscaba un lugar donde ocultarse de su imparable perseguidor. Ya casi no tenía fuerzas en las piernas, y un agudo dolor en el pecho la estaba atormentando con más frecuencia.
Fue ahí cuando lo vio.
Estaba segura de que era uno de los tipos que la había intentado secuestrar. Nunca olvidaría su cara, o el lunar en forma de media luna que tenía en la frente.
¿Por qué estaba ahí? ¿La buscaba?
Esa y más preguntas taladraron su mente, al tiempo que sus piernas frenaron en seco su violento andar. Se había quedado paralizada casi frente a él, y por más que le ordenaba a sus piernas que continuaran, estas parecían estar muy ocupadas decidiendo cuál de las dos se movería primero.
—Helga. Por fin te alcance, ¿Qué…?
La voz de su amado fue como un tónico revitalizante. Sus piernas volvieron a recobrar la movilidad y, de forma inconsiente, tomó la mano del rubio y dio media vuelta, recobrando su frenético andar al tiempo que esta hacia lo posible por que el sujeto no los viera.
—Espera, Helga, ¿Por qué…?
—Solo cállate y avanza, camarón con pelos. No nos debe de ver ese tipo.
—¿Cuál tipo? ¿El de hace unos momentos? ¿Por qué?
—No hagas tantas preguntas y apresúrate; sino no me hago responsable por lo que pueda sucederte.
Viendo que la niña hablaba en serio, Arnold asintió y le concedió el beneficio de la duda, igualando su ritmo y alejándose del sitio junto con ella.
Se encontraban a punto de salir del parque cuando un señor se atravesó en su camino. El hombre traía una barba de varios días y, por las ropas que llevaba, ambos niños supusieron que llevaba un buen rato sin cambiársela.
Helga lo reconoció.
Era el tipo que le había amarrado las manos, cuando la intentaron secuestrar.
"No. Ahora no, por favor."
Las manos de la rubia iniciaron una danza que no pudo ocultar. Arnold podía sentir como la seguridad de su acompañante se iba esfumando, y lo que era peor, parecía estar a punto de hiperventilar.
Algo no estaba bien, y por el bien de la niña, tendría que ser pronto.
El tipo frente a ellos volteó y, cuando vio a la pareja de rubios, aun tomados de la mano, señaló a Helga y arrugó el ceño, hablando en un tono suficientemente fuerte como para que quienes estaban cerca, lo escucharan.
—Eh, ¡Eres tú!...
Las piernas de Helga se movieron por inercia, retrocediendo. Había perdido todo el color del rostro y sus ojos estaban tan amplios, que parecía un cervatillo a punto de recibir el tiro de gracia por parte del cazador.
Arnold no espero a que el sujeto dijera algo más. Tiró de Helga con fuerza y retomó el ritmo de huida que habían estado llevando hacia unos momentos. La niña pareció recobrar sus fuerzas al poco tiempo, ya que se acoplo a sus pasos, al tiempo que buscaba con la mirada un sitio donde pudieran esconderse de ambos tipos.
—¡Hay! ¡Rápido! —, señalando uno de los arbustos más grandes en el parque, Arnold apresuró a su acompañante para que se metiera entre ellos, y después la siguió.
Del otro lado estaba una Helga llorosa que, a pesar de sus esfuerzos no podía ocultar lo asustada que estaba.
—No hagas ruido. Vamos a dejar que se vayan… —, a pesar de sus palabras, los hombros de la niña seguían temblando. Arnold nunca la había visto así de temerosa; era como si la gran Helga Pataki hubiera destapado su más grande secreto.
Claro que todavía le quedaba lo que había visto la noche pasada; pero en esos momentos no podía preguntarle nada sobre el tema. Ella necesitaba que la ayudaran, y él no iba a permitir que le pasara nada más; suficiente con lo que se había enterado, como para permitir que la rubia fuera atacada por algo más.
—Yo… No creo que estemos bien cubiertos —, con palabras atropelladas, Helga se hizo escuchar por entre los ruidos que abundaban en el parque. Su tono era bajo, pero conforme siguió hablando este se fue elevando. — Lo siento, Arnold. De verdad lamento haberte metido en esto… Tenía que haberme ido anoche de tú casa, pero quería… Una vez más y… No.
Antes de que la niña pudiera delatar su localización, su acompañante le tomó la mano y se la apretó; después le dedicó una media sonrisa y le pasó una mano por los cabellos, alborotándoselos a la par de sus palabras.
—No te preocupes por eso. Ahora, lo que tenemos que hacer es pensar con cuidado, y no hacer ruido —. Su acompañante asintió. Aquellos gestos la habían calmado un poco, pero aún seguían temblándole los hombros. —… Dime algo, Helga, ¿El sujeto que vimos… Es uno de los tipos que te intento secuestrar?
Sorprendida por sus palabras, la mencionada bajo la cabeza y, sujetando el dobladillo de su vestido con ambas manos, asintió. No entendía como se había enterado de eso el cabeza de balón, pero por lo menos agradecía el no tener que explicar ese asunto.
Suficiente con estarse portando de esa forma frente a… Oh, no.
Lo había hecho. Se había comportado como una niñita cobarde y necesitada de cuidados; casi igual que cuando estaban perdidos en la jungla.
No. Ahora, ¿Qué iba a hacer?
Hola, hola.
¿Qué les pareció el capítulo de este lunes? ¿Bastante intenso, no? Mientras estaba escribiéndolo, me entraron unas ganas locas de poner que los dos niños huían juntos, pero como siempre, mi parte racional me detuvo y dijo: haber, eso ni es coherente ni viene al caso. Deja de pensar en tontería y media y termina de escribir el capítulo como dios manda.
Aquí esta. Lo intente hacer un poco más largo, pero las benditas palabras se me resistían. Bueno, aunque sea pude meterle 100 más.
Y ahora, los saludos.
Chiryta: jajajaja, ya sé que me estoy viendo bien machada con mis finales de capítulo, pero les juro que no es a propósito... Bueno, por lo menos la mayoría :P
No te preocupes, Helga es una chica fuerte y siempre ha conseguido salir adelante, así que ahora no sera la excepción. Gracias por tú mensaje.
Luit2: ¡Qué bueno que todavía estas aquí!
No te preocupes por Helga. Esa mujer es tan necia, que en definitiva no va a dejar que Arnold se le escape del radar.
Que bueno. No pasa nada, cada quien tiene su ritmo de lectura. Nos vemos.
kaialina: ¡Bienvenida y muchas gracias!
Wow, ¿De corrido? Órale, eso sí que me dejo con una sonrisa boba. No puedo creer los buenos comentarios que está recibiendo la historia.
Gracias, que bueno que te está gustando. No te preocupes, este fic va a ser terminado. Palabra de escritora.
serenitymoon20: jajaja, así es. Helga cayó redondita en su trampa, y como seguro ya viste en el capítulo de arriba, nuestro amado cabeza de balón no podía dejarla ir sin antes hablar con ella.
Andale, tu si me entiendes. Es horrible, y yo sé por qué también sigo algunas historias en la página. Tienes tantas ganas de saber que sigue, y al autor se le ocurre dejar todo en lo más bueno :S El problemas es cuando tu ya te pones a hacer una historia y te das cuenta de que no es tan fácil como creías :P
¿En sábado? :O Órale, eso sí que es tenerle mucho amor a tu carrera. Esta bien, si es lo que te gusta entonces que mejor que echarle todas las ganas.
¡No mueras! Ya subí capítulo, así que te estoy dando más tiempo para que lo leas :D jajajaja, no hay problema, a mí me gusta que me dejen comentarios, así que no me fijo si son cortos o largos.
Más saludos XD
Y... Ya quedo.
Bueno, con esto me despido de ustedes por hoy. Ya saben, la historia de nuestros rubios favoritos sigue, así que si quieren saber que será de ellos no se olviden de leer el capítulo del viernes.
Nos vemos.
Cuídense tod s.
