Perdón por las letras cambiadas y horrores de ortografía, hice este capítulo hoy xD jejejeje
GreenEyesSpn: Muchas gracias por el comentario, espero que este capítulo también te guste. Nos acercamos un poco más al final jojojojojo...
Ya no me funciona el cerebro, me voy a dormir xD muchas gracias por leer, dobles a quienes dejan comentarios, amo los comentarios.
hasta luego ^^
La caída
Sam navega por internet sin encontrar algo realmente útil, muchas páginas donde se idolatra a los ángeles. Sam siempre se ha visto seducido por la idea de los ángeles, criaturas de luz protectoras, cuando era niño no dejó visita con el pastor Jim sin preguntas de los ángeles.
Toda la información que conoce de los ángeles no lo sirve, es peor que los demonios. Muchos odian a los demonios, han buscado destruirlos, hay forma de exorcizarlos; pero los ángeles, nadie parece querer dañarlos. Lo peor, es que avistamientos de demonios hay muchos, pero de ángeles no.
La puerta se abre, entran Ben y Max, ambos sonríen, traen bolsas con comida chatarra, bebidas y películas. Ella pregunta al ver a Sam:
— ¿Dónde está Alec? — Sam no quiere responder, piensa en ignorarla, pero ella repite con voz de mando. — ¿Dónde está mi segundo al mando? —
Sam necesita a alguien para descargar su ira, puede ser una de las peores ideas, pero su ira le hace levantarse y gritar:
— ¡Miguel se lo llevo! ¡Un ángel se lo llevó! Mientras ustedes estaban fuera divirtiéndose, un ángel lo poseyó y se lo llevó. — Max da un paso al frente, pregunta:
— ¿Dónde estabas tú? — La ira de Sam se desinfla cuando siente las miradas acusadoras de los transgénicos.
— Aquí… —
No faltan más palabras, la pregunta queda en el aire:
"¿Qué hiciste para evitarlo?"
Los transgénicos ponen las bolsas en la mesa, Max mira a Ben, le dice:
— Sé que tú también hablaste con el "magnífico ángel". Este es el momento para que me digas todo. — Ben mira fijamente a Max, no puede negarse, le dice:
— Es el arcángel Miguel. Necesita su recipiente verdadero para enfrentar a Lucifer. Lo ángeles pueden poseer un cuerpo si obtienen el permiso.
— ¿Te pidió permiso?
— Sí.
— ¿Se lo diste?
— Sí. — Max le grita:
— ¿EN QUÉ DIABLOS ESTABAS PENSANDO BEN?
— Yo no lo pensé Max. No soy tan fuerte como Alec, no pude resistirlo. Es una sensación de querer ir a un lugar donde perteneces. Sabes que perteneces y te pertenece. Te hace sentir una necesidad incontrolable. —
Max no dice más, guarda silencio. Ben sigue:
— No soy compatible, aunque Alec y yo llevamos la misma sangre, no soy compatible. No soy completamente humano, ningún transgénico lo es. — Max cuestiona:
— Alec es transgénico, ¿por qué se lo llevó? — Ben muerde un momento sus labios, responde:
— Alec no es transgénico.
— ¿QUÉ?
— Alec no es transgénico.
— Pero, él puede correr como nosotros, saltar como nosotros, ver como nosotros, casi no duerme, necesita leche…
— No, Max. Alec llegó a Manticore con genética superior, pero ellos no le hicieron esto.
— ¿Quién fue?
— Su padre. — Sam se sorprende también, pregunta:
— ¿El hombre de la luna? — Ben asiente. — ¿Por qué?
— Para protegerlo, para esconderlo. — Sam casi ruega:
— ¿De quién?
— De ustedes, los demonios, los fantasmas, los ángeles, el consejo, de todos.
— Ben. — Max dice despacio y peligrosamente. — Necesito que me digas ¿por qué?
— Alec. Alec es especial. Ningún Stalker pudo modificarse para ser un transgénico, pero ellos tenían sus habilidades; ningún transgénico pudo llegar a ser Stalker. Un Stalker es más peligroso que un transgénico, por la activación, pero sobre todo porque no tienen límite. El consejo se dio cuenta, ellos comenzaban a enloquecer deseando controlar el mundo, todos menos uno. — Max adivina:
— Alec.
— Sí. Ellos creían que fue porque Alec era capaz de soportar más poder, por eso no había mostrado habilidades. Todos los Stalker, menos uno, recibieron un tratamiento liberador de límites. Alec fue sometido a más de cien.
— ¿Cómo lo sabes?
— Escuché a Sandeman, además intercepté los informes originales y los cambié por falsos.
— ¿Por qué?
— Porque Alec tomó mi lugar, me iban a llevar a mí, querían que yo fuera Stalker. Max, Alec tomó mi lugar. Yo no estaba seguro, pero sabía que no podía permitir que ellos supieran la verdad. El anomali que me secuestró, él quería que matara a John Winchester, para que viera el rostro de su soldado perfecto matarlo; él tenía resentimiento a Alec, solía decir que un mocoso no lo mataría. Cuando vi el apellido Winchester en el expediente, sabía que el consejo al igual que el anomali no quería algo bueno. Introduje misiones suicidas para los Stalker.
— ¿Por qué Ben?
— Nadie debía tener a Alec.
— No estuvo bien.
— Ahora lo sé Max. Pero si él hubiera muerto no habría sido capturado. —
Max le dice a Ben, le dice:
— Vamos a salvarlo. A ti te agrada el hombre de la luna. — Ben asiente. — Tal vez, si se lo pedimos, él pueda esconder a Alec.
— ¿Por qué Max?
— Ben, no comprendo a Alec. Él es molesto, irresponsable, mujeriego y busca problemas; pero él ha salvado mi vida muchas veces. No sé cómo lo hace, pero mantiene unidad a Ciudad Terminal, conoce a casi todos, sabe qué es necesario y puede conseguirlo. Pero sobre lo táctico, los recursos y sus defectos es mi amigo, mi hermano. — Ben sonríe:
— Es nuestro hermano. — Max corresponde el gesto:
— Es nuestro hermano y vamos a salvarlo. — Sam interrumpe el momento:
— ¿Cómo es que no es transgénico?
— Alec sigue siendo humano. Entendí que el hombre de la luna hizo su cuerpo evolucionar, así podría mezclarse entre nosotros y no ser detectado por Manticore. — Max pregunta:
— Tú has hablado mucho con Adam y Alec. ¿Alec les dijo cómo detener a un ángel?
— Hay que encerrarlo en un círculo de fuego sagrado. — Sam pregunta:
— ¿Dónde conseguimos el fuego?
— No sé, Alec no lo dijo. — La voz de Singer interviene:
— Debemos encontrar aceite sagrado, un ángel puede proporcionarlo. — Mira las bolsas en la mesa. — Esa fue una buena idea, a papá le agradan las tardes de películas. Cuando él regrese le encantará la idea. — Max pregunta:
— ¿Cómo puedes estar tan segura? — Singer sonríe al decirle:
— Porque mi papá es un luchador, el arcángel Miguel tiene palabra y no caminamos ciegos.
— ¿Por qué? — Singer explica:
— Los dioses paganos y otras criaturas sobrenaturales de alto nivel, aman los sacrificios y las cosas únicas. En el mundo hay muchas almas, pero pocas son demasiado malvadas o demasiado puras. Las almas de las personas que se han sacrificado desinteresadamente por alguien más, son un puñado, pero de ese número hay uno aún más reducido; aquellas que han sacrificado su vida casi por completo por alguien más por amor. Las personas así, son objetivos obvios para las criaturas sobrenaturales. John Winchester siempre protegió a Samuel Winchester, él creía que las criaturas sobrenaturales querían a Samuel únicamente. Los demonios están tras Samuel, pero tras Dean siempre hubo ángeles, hadas y otras criaturas. A él jamás le importó, jamás se sentó a preguntarse si Dean estaba en peligro. — Singer sonríe. — No correspondía a John, él renunció a mi padre, le correspondía a mi abuelo y él hizo todo lo posible. — Sam pregunta con temor:
— ¿Cómo renunció mi padre a Dean? — Singer responde:
— No lo sé, sólo sé la historia que mi abuelo cuenta de cómo conoció a mi padre en aquel motel. El abuelo nos dijo que él jamás hubiera podido tomar a mi padre, su sus progenitores no hubieran renunciado a él.
— ¿Cómo mamá renunció a Dean si estaba muerta? — Singer responde:
— Ella renunció antes que naciera Dean. — Sam grita:
— ¡Imposible!
— Hizo un trato con el demonio de ojos amarillos, el mismo que la mató. Ella quería que el demonio reviviera a John, el demonio quería entrar en unos años a la casa de Mary por algo. Ella, sin saberlo, hizo el trato con alguien más. El demonio revivió a John, pero no trajo su alma, mi abuelo trajo el alma de John. El demonio te quería a ti, mi abuelo quería a Dean. Esa es la razón que él tiene álbumes de fotos, el nacimiento de Dean Winchester, los primeros pasos de Dean Winchester, Dean y sus juguetes, Dean y Samuel. ¿Alguna otra pregunta?, porque tengo que seguir buscando una manera de salvar a mi padre.
— Me estás diciendo, que mis padres abandonaron a Dean desde siempre y una criatura ha cuidado de él.
— Sí, además tú también lo abandonaste. Me es ilógico el repentino interés de tu parte.
— Tú y tus hermanos saben que él es mi hermano. Yo soy Sammy. — Singer corrige:
— Sam, una sílaba, tres malditas letras.
— Yo soy Sam.
— Exactamente, eres Sam, sólo Sam. Sammy amaba a su hermano y jamás lo hubiera abandonado. Tú no eres Sammy. Nosotros jamás pudimos entrar a Sammy, porque él ya no existe, no existe en ninguna parte de este mundo. ¡Te odio! ¡YO TE ODIO SAMUEL WINCHESTER! ¡TE ODIO CON CADA PARTE DE MI CUERPO MECÁNICO! ¡ODIO VERTE Y SABER QUE MI PADRE JAMÁS ENCONTRARÁ A SU HERMANO! ¡TE ODIO PORQUE TÚ YA NO ERES SAMMY! ¡TE ODIO PORQUE ABANDONASTE A MI PADRE! ¡TE ODIO PORQUE PREFERISTE A UN PERRO QUE A LA PERSONA QUE TE DIO TODO! ¡TE ODIO PORQUE PREFERISTE A UN DEMONIO Y ÉL DECIDIÓ REGRESAR A MANTICORE CUANDO YA ERA LIBRE! —
Singer sale corriendo de la casa de Bobby. Max pregunta:
— Ahora ¿qué? — Ben propone:
— Los demonios son enemigos de los ángeles, tal vez uno sepa algo. — Max pregunta:
— ¿Piensas ir a buscar a un demonio?
— Max, ¿quieres quedarte aquí sin hacer nada?
— No.
— Tenemos dos opciones, buscar a ángeles o demonios. Podemos llamar al amigo ángel de Alec.
— ¿Cas?
— Sí.
— Vamos por él. —
Ben y Max salen también. Sam se sienta en una silla, sigue escuchando las palabras de Singer. Él jamás preferiría a un demonio sobre su hermano, él no lo haría. Intenta recordar cuándo pudo preferir a un demonio, no lo recuerda, él jamás le haría eso a su hermano. Siente la pesada mano de su padre sobre su hombro, lo escucha:
— Esa cafetera no sabe lo que dice Sam. Tu madre no sabía nada de esto, ella no pudo hacer un trato con un demonio. Están equivocados. —
Sam voltea a ver a su padre, escucha la convicción en su voz que le cree. Necesita creerle, necesita saber que pueden recuperar a Dean. Necesita que Dean le perdone y las cosas estén bien de nuevo. Se da cuenta que con toda la locura él y John no han peleado, sonríe al decir:
— Vamos a recuperar a Dean. —
Bobby interrumpe el momento:
— Idjits hay un problema. — John pregunta:
— ¿Cuál?
— Nos enfrentamos al arcángel Miguel.
— Ve al punto Bobby.
— Todos los símbolos de protección tienen base en los que hizo una criatura. — Sam adivina:
— El arcángel Miguel.
— ¡Balls! Toda la información, todo. ¿Cómo protegerse de quien instaló las alarmas?
— ¿Por qué Bobby? — Una voz interviene:
— El arcángel Miguel es que protege a todos. — Voltean, ahí está Dante, quien lleva una enorme pila de libros. — ¿Dónde está Alec? — Sam responde:
— El arcángel Miguel se lo llevó.
— Mal plan, quiero hablar con él. — Bobby pregunta:
— ¿De qué se trata? — Dante sonríe de lado:
— Sólo quería molestarlo un poco, en realidad. Siempre es divertido molestar a los niños. — Sam cuestiona:
— ¿De qué son los libros? — Dante los deja caer sobre la mesa.
— El chico me pidió que investigara sobre los ángeles. — Comenta. — Como si existieran. — Sigue. — Lo importante es que en el infierno creen realmente que existen, le traje algunos, después le traeré más. Hay toda una biblioteca sobre ellos. Me voy, regresaré después. — Sam le pregunta:
— ¿No vas a ayudar? — Dante responde:
— No, los ángeles no son mi especialidad sino las criaturas infernales. Sé que él logrará salir de esta, como lo ha hecho de muchas otras. —
Sam intenta persuadirlo, no sabe por qué, pero si es un demonio y siguiendo la lógica de Ben, podría ayudarlos a pelear con Miguel.
— Los demonios son enemigos de los ángeles y te dices ser su amigo.
— Soy su amigo, pero esta lucha es una que el chico debe hacer solo. Él me pidió que no me metiera entre él y los ángeles. — Se ríe. — Además yo no creo en los ángeles, tal cosa no existe. — Bobby cuestiona:
— ¿Con qué querías molestar a Alec? — Dante toma el primer libro de la pila, sonríe traviesamente, lo abre en la página que dejó marcada.
— Hay unas descripciones de Miguel, suenan como el chico. — Lee dramáticamente. — Es atemorizante, sus ojos verdes se vuelven azules cuando viene por ti. Yo vi cuando mató al gran Asbtril. Todos creímos que eran ángeles menores, jugaban a la orilla del mar, nos sorprendió que nadie los cuidara, era nuestra oportunidad, Satanás nos recompensaría. Nos acercamos, uno de los ángeles nos encaró, parecía demasiado engreído para ser un pequeño ángel, a simple vista no era brillante como Luzbel, tampoco desplegaba grandes poderes como Gabriel, no parecía extraordinario, sus ojos no eran azules como los de los otros ángeles sino verdes. Nos burlamos de Dios al decir que hizo un ángel defectuoso. El pequeño ángel nos dijo que podríamos decir de él cualquier cosa, pero no de su padre. Nos reímos, pero las risas cesaron cuando la mitad de mis compañeros cayeron hechos pedazos al suelo. Asbtril intentó tomar a un ángel de rehén, pero no llegó a tomar uno antes de caer entre llamas azules. Él hizo otro movimiento y los otros se incendiaron. Los otros ángeles seguían jugando indiferentes a nosotros. — Dante sonríe, hace una pausa dramática al seguir. — Sus ojos eran azules cuando me miró, pero seguían siendo diferentes a los de los otros ángeles. Él me dijo con una sonrisa: "Regresa a casa, dile a Satanás que no obtendrá a mis hermanos." — Dante cierra el libro. — Cuando el chico regrese lo molestaré con esto, va a odiarme. Cuando regrese, díganle que no se preocupe si no entiende los libros, le enseñaré el idioma de las criaturas infernales cuando nos veamos. — Sam cuestiona:
— Espera, ¿por qué él se disgustaría con algo como eso?
— Es sencillo. — Dante empuja los libros que caen pesadamente al suelo. — En todos estos libros, describen a los ángeles como seres llenos de amor, luz, con almas valientes y aguerridas. El amigo ángel de Alec no tiene alma, tampoco parece estar lleno de amor; sin embargo el chico. — Señala a Sam. — Su alma es aguerrida, es valiente y una de las más luminosas que he visto, brilla más que la de un humano de la media. Siempre luchando queriendo salvar a todos, intentando una y otra vez salvar a las personas. Si aceptara la existencia de los ángeles y fuera por ellos, mi primer objetivo sería el chico. Cumple con la descripción, aunque es humano, sus ojos son verdes pero cuando las llamas azules lo controlan sus ojos son azules. Él se enojará tanto ante la insinuación. — John acusa:
— Tú sospechas que él es el arcángel Miguel. — Dante sonríe al cuestionar:
— ¿Tú no lo sospecharías? — John niega:
— No, él no puede ser. Jamás mostró habilidades psíquicas, era un mal estudiante en la escuela, es inteligente pero Sam lo es más, le encanta beber y las mujeres. No puede ser un ángel. — Dante da un bufido antes de responder:
— Ustedes lo subestiman, como los demonios de la historia, lo ven pequeño e insignificante. Si ustedes fueran enemigos del chico ya los habría matado. La vida me ha enseñado a no subestimar, ni siquiera a quien parezca pequeño. Si puedo decir algo, es que el chico es demasiado listo, tanto como para hacer creer a todos que es idiota. — Su teléfono suena. — Lady… Estoy hablando con unos imbéciles. Sí, muy graciosa. Voy para allá. — Cuelga. — Quisiera seguir hablando con ustedes tengo trabajo. —
Dante desaparece ante ellos, los libros siguen tirados en el piso. Sam se arrodilla, comienza a hojearlos, busca alguno que comprenda. Bobby le pide uno por uno, intenta entender algo. Mientras eso pasa John sigue de pie, piensa en lo que el peliblanco le dijo: "¿Tú no lo sospecharías?"
John jamás sospecharía de su hijo, él es humano, no es un ser sobrenatural. Sin embargo, Mary siempre decía que Dean era un ángel. Dean haría cualquier cosa por Sam, eso no lo hace un ángel, hace que sea culpa de John por siempre ordenarle a Dean cuidar a Sam. Dean salva a las personas porque es un héroe, es el negocio familiar, como él siempre dice.
Mira a Sam, él lo acompañó para vengar a Jessica; él mismo lo hace por vengar a Mary. El negocio familiar es buscar venganza, salvar los que se pueda, pero sin olvidar la venganza. ¿Cómo Dean pensó en salvar personas como el negocio familiar? Por los héroes de las historietas, prefiere creerlo así, antes de aceptar que su hijo Dean no es del todo humano. Niega al decirse:
"Dean se parece a Mary."
Los tres cazadores hojean desesperadamente los libros, finalmente encuentran uno que comprenden, habla de intentos fallidos por capturar un ángel. Las horas siguen pasando, la noche llega y ellos están más y más frustrados.
Ben baja por las escaleras acompañado de su mamá, ambos ríen, no pueden creer que han dormido tanto. Al sentir el ambiente tenso, el chico pregunta:
— ¿Pasa algo? —
La puerta se abre y Alec entra. Adam corre hacia él al decirle:
— ¡Hermano! ¿Puedes creer que dormí todo el día?
— Estabas muy cansado Adam. — Le dice con seriedad. — Adam, esto es serio.
— Me estás asustando.
— Adam, necesito que me jures, júrame que jamás vas a decirle Sí a un ángel, ni vas a escuchar a los demonios.
— Lo juro Alec. Te lo juro hermano. — Alec abraza a Adam.
— Todo estará bien. Todo estará bien. — Mira a la mesa, suelta a Adam. — Mira, los chicos estaban planeando una tarde divertida. —
Alec se acerca a la mesa, toma las bolsas, las revisa al comentar:
— No guardaron las bebidas. — Adam se acerca, toma unas bolsas:
— Yo te ayudo. — Kate se acerca:
— Prepararé la cena. —
Bobby se acerca a Alec, le da un abrazo al decirle:
— Idjit, no me asustes así.
— Estoy bien Bobby. Voy a llevar esto a la cocina. — Bobby suelta a Alec, Adam pregunta mientras ambos van a la cocina:
— ¿Dónde fuiste?
— Acompañé a un conocido a realizar unas averiguaciones.
— ¿Averiguaron lo que querían?
— Desafortunadamente sí.
— ¿No es eso bueno? — Alec no responde, al menos los Winchester no lo escuchan. La voz de Alec sale de la cocina. — Tengo que hacer unas llamadas. — Adam se queja:
— Pero aquí hay tantos teléfonos. — Alec se ríe.
Alec camina hacia donde están los libros, abre uno, antes de preguntar a los presentes:
— ¿Alguno está en un idioma conocido? — Bobby responde:
— Uno. — Alec asiente, saca su celular, marca un número, dice:
— ¡Amigo no pudiste traer libros que se entendieran! — Alec se ríe. — Asaltaste una biblioteca, y trajiste esto, eso suena tan lógico. ¿Qué es ese ruido?… ¿Quieres ayuda anciano?… ¿Estás loco? — Se ríe. — Un ángel, ¿yo? Estás demente. — Se carcajea. — Sí igual, deja de comer tanto helado un trozo de fresa se te atorará en la garganta y morirás. — Carcajea. — Claro que es gracioso, el gran Dante Sparda asesinado por un helado. — Recupera la compostura. — Tengo un mal presentimiento. No sé si estoy soñando… En realidad me siento muy bien. No, estaré bien, no vengas. Hasta luego. — Alec cuelga, marca otro número. — Mandy, estoy bien cariño. Estoy en casa de Bobby. Estoy bien, lo juro, no es necesario que vengan. ¿Max y Ben? Sí, está bien. Mandy, escúchame bien, necesito que tú y tus hermanos, busquen cualquier indicio que algo está mal, sobrenatural o no sobrenatural. Tengo un mal presentimiento. ¿Singer?, ¿qué le sucede? Dile que venga con Max y Ben, hablaré con ella. En cuando encuentren algo deben avisarme. —
Alec cuelga. Bobby pregunta:
— ¿Pasa Algo malo Alec?
— No sé, Bobby, no estoy seguro.
— ¿Cómo te soltó el ángel?
— Teníamos un acuerdo. — El teléfono de Alec suena, él responde de inmediato:
— ¿Qué pasa? Sí. Tenemos que sacarlos de ahí. Lo sé Mandy, es una trampa, pero no podemos dejar a esos chicos ahí. No, comunícate con Singer, dile que los veré allá, debemos llegar al techo del orfanato. Ideen una misión de rescate, quiero escuchar su plan en cinco minutos. — Sam pregunta:
— ¿Qué está pasando?
— Los demonios, se dirigen a un orfanato, lo están rodeando. Ellos lo exponen porque es una trampa, ¿para quién? — Adam sale de la cocina:
— Mamá dice que la cena estará lista en unos minutos. — Alec se acera a él, le dice con suavidad:
— No puedo quedarme a cenar Adam.
— ¿Por qué?
— Tengo trabajo.
— ¿Qué clase de trabajo? — Alec responde con calma:
— Un grupo de demonios se dirigen a un orfanato, voy a ir para ayudar.
— ¿No puede ir alguien más?
— Adam, no hay muchas personas especializadas en la eliminación de demonios. ¿Recueras lo que te conté de mis trabajos y las cosas sobrenaturales?
— Eres un mercenario cuando trabajas por dinero en la clase de cosas que hace mi papá gratis, eres un cazador cuando no recibes nada a cambio.
— Esto lo haré como cazador. No hay un contrato que diga que voy a volver. Los cazadores son héroes porque no esperan un pago.
— ¿Por qué tú?
— Porque como mercenario no me especialicé en nada, se cazar casi cualquier cosa. ¿Recuerdas la daga que te di? — Adam asiente. — Con ella puedes protegerte de los demonios, los vampiros y casi cualquier cosa; menos de la muerte, Dios y los ángeles, por alguna razón no mata a Dante, pero lo investigaré después. — Prosigue. — Existen pocas armas así y en este momento sólo hay un humano que puede hacerlas.
— Tú. — Alec asiente.
— No hay otro cazador con tantas armas para matar demonios como las que tengo. — Saca una esfera azul de un bolsillo de su chaqueta, la pone en la mano de Adam. — Esto es una granada, puede ser usada tres veces, sólo la dejas caer al piso hacia donde están tus enemigos y ellos desaparecerán. Te la doy para que puedas protegerte a ti y a tu mamá. Mismas reglas que la daga. — Adam abraza a Alec:
— Pro favor regresa Alec. Tienes que volver, porque yo no me siento seguro si tú no estás.
— Haré lo posible. —
Adam lo suelta. Alec le dice a Bobby:
— Cuida de ellos Bobby. — Bobby asiente al decirle:
— Cuídate muchacho. —
Alec asiente antes de dirigirse a la puerta. Los Winchester lo alcanzan en el porche. John dice:
— Iré contigo.
— Yo también. — Alec sólo asiente.
Los tres se dirigen al impala, entran. Alec contesta su teléfono:
— Escucho. No funcionará sin un sebo. Todos sabemos que ellos no van a ir tras ustedes. Yo me quedaré atrás. Mandy, Mandy, escucha, la prioridad son los civiles. Lo sabes Mandy. Salvar gente, cazar cosas… el negocio familiar. — John traga duro al escuchar esas palabras, mientras Sam siente un puño estrujar su corazón. — Dile a Singer que nos veremos en el helipuerto. ¿Ya les informaron a Max y Ben?… ¿Qué dijeron?… Era de esperarse. No te preocupes cariño, todo estará bien. —
Suben al auto, John conduce, Sam va de copiloto mientras Alec va atrás. El transgénico observa por la ventanilla mientras el silencio se cierne sobre ellos. Sam comienza:
— Alec, yo sé que eres Dean… — Alec interrumpe:
— Yo también. — La declaración sorprende a los Winchester. John pregunta:
— ¿Tú sabes que soy tu papá y Sam es tu hermano? — Alec asiente. — ¿POR QUÉ DEMONIOS NOS TRATAS COMO DESCONOCIDOS? ¡SOMOS TU FAMILIA! — Alec responde con calma, sin dejar de ver la ventana:
— No recuerdo cómo ser Dean. No estoy dispuesto a soportar los desplantes de Sam y los suyos.
— ¿Qué dijiste?
— Lo que escuchó. — John siente por un momento que está hablando con Sam. Sam pregunta:
— ¿Por qué no quieres volver con nosotros? — Alec voltea a verlo, responde:
— Por curiosidad en ocasiones, intento recordar lo que es ser Dean y no me gusta cómo se siente. Siento que me odio, me siento inútil, fracasado, solo, traicionado, con un vacío enorme; entonces la voz de Miguel se hace más fuerte y tentadora, jura no dejarme jamás, jura no traicionarme, jura no abandonarme como lo hicieron los Winchester. Abro los ojos, aparto a Dean de mi mente, si salgo a la calle saludo a todos en Ciudad Terminal, en ocasiones mi padre está ahí para decirme que no sería bueno ir de viaje, puedo hablar por teléfono y alguno de mis amigos me invitará a salir. Me digo que no soy Dean Winchester, Max no me abandonó, mi padre me sacó de Manticore y tengo a mis hijos, ellos jamás me abandonarían, entonces la voz del ángel se hace menos tentadora. Pero escucho la voz de Dean Winchester, grita, maldice, pelea, me dice que Sammy me necesita, debo proteger a Sammy, no le pertenezco a Manticore ni a mi padre sino a Sammy; me dice que John me necesita, necesita alguien que le cubra la espalda, alguien me lo ponga de lado cuando se duerme borracho para que no se ahogue con su vómito, alguien que lo saque de los muladares. Salgo corriendo, me desaparezco de Ciudad Terminal, sigo buscando a Sammy, sigo a John. Dos ocasiones tuve que sacar a John de los muladares, cuando lo llevé a su cuarto él sólo decía cuánto se alegraba que Dean hubiera desaparecido, entonces yo le digo a Dean que John no lo necesita. Seguí a Sam, nos cruzamos una vez en Stanford, él no me reconoció, lo estaba haciendo muy bien, una hermosa novia y un amigo demonio. Le digo a Dean que Sam no lo necesita; entonces su voz se vuelve menos molesta, pero aún dice Sammy me necesita. Me hace sentir como un usurpador, pero puedo vivir con eso. Porque a diferencia de Dean, Sammy no es toda mi vida, todo mi mundo y razón de existir, porque sigo siendo alguien aunque Sammy no me necesite. Pero en el fondo, sigo siendo Dean Winchester, me quedo junto a Adam porque me necesita y estoy sentado en este auto, con ustedes dos para ir a una misión suicida y ser un héroe, cuando me juré no ser un héroe; porque yo soy como Sam siempre quiso que fuera Dean. — John pregunta:
— ¿Cómo?
— Tengo ideas propias y no lo escondo. No estoy dispuesto a seguir ciegamente a John Winchester, no soy el soldado perfecto de nadie, ni de Sam Winchester. Soy independiente y tengo una vida aparte de la caza. — Alec sonríe de manera desagradable. — Lo que Sam jamás pensó, es que para lograrlo su hermano tendría que dejar de ser Dean Winchester, su hermano. Sam era todo para Dean y para proteger a Sam, Dean sabía que tenía que cazar a todas las criaturas posibles. —
Sam siente las lágrimas resbalar por sus mejillas. Él no quería esto, él jamás pidió esto. Él quiere a su hermano, su hermano molesto que puso Nair en su champú, el hermano que siempre prefirió estar con él en la escuela, el hermano que en ocasiones se iba tras una chica y lo dejaba solo. Sam comienza:
— Dean… yo… yo no quería esto. — Alec lo observa, Sam siente esa mirada perforarlo. — Eres mi hermano, eres mi familia, yo te necesito. —
Alec regresa su mirada a la ventanilla, no le responde. Sam mira al chico, repite:
— Te necesito Dean. — Alec lo mira al preguntar de manera mordaz:
— ¿Qué quieres que diga Sam?
— Algo, lo que sea.
— ¿Quieres que mienta? ¿Quieres que te prometa intentar ser Dean? — Sam parece abatido:
— ¿No quieres ser Dean?
— Mira amigo. — Alec pasa sus manos por su cabello. — No tengo tiempo, me estoy muriendo. — Sam sigue mirando a Alec con su mirada de cachorro pateado. — Me encantaría volver a ser Dean Winchester… — Sam siente esperanza. —… pero se requeriría de rehabilitación, ir a los sitios donde estuve siendo Dean, requiere tiempo. Tú volverás a Stanford y serás un gran abogado, John seguirá haciendo lo que hace y yo… Yo en el mejor de los casos estaré muerto, en el peor seré la perra de Miguel. Los tres tenemos las agendas llenas. — Sam dice sin poder evitar dejar de llorar:
— No, no voy a volver a Stanford.
— Sam, no tienes que mentir. — Sam explota:
— ¡Maldición Dean!, no puedo arrepentirme por querer una vida mejor. No puedes recriminarme por irme a Flagstaff, ni por nada. — Alec regresa su vista a la ventana, murmura:
— No recrimino ni les pido nada.
— Dean, yo… no quise… —
El teléfono de Alec responde, es su oportunidad para terminar con el momento de chicas, sonríe al escuchar la voz del otro lado.
— Tadashi-San, ¿cómo está Asami-San?… Me alegra. No, no estoy corriendo acciones… Me encantaría. — Se ríe. — ¿Vernos?… Tadashi-San, me queda poco tiempo. — Alec sonríe. — No, no son las chicas ni los negocios. Tadashi-San, me estoy muriendo. — Hay una larga pausa. — ¿Sigues ahí Tadashi-San?… No hay cura… no me estoy dando por vencido. Sí, Tadashi-San, no es necesario que vengas… ¡No! Moriré como un soldado Manticore, anónimamente entre una lluvia de balas. Tadashi-San, no es necesario… Es una cripta familiar… Yo… Gracias Tadashi-San. Cuídate también, saluda a Asami-San de mi parte. —
Alec sigue mirando fijamente hacia fuera. Ignora a Sam llamándolo Dean, ignora los gruñidos de John y las palabras que no logra decir. No puede engañarse, sabe que al igual que Dean, quiere una familia que lo quiera y no quiere estar solo.
Sam sigue intentando hablar con su hermano, pero es ignorado, cosa que le duele más; no está acostumbrado a ser ignorado por Dean. Llegan al helipuerto, Alec casi salta del auto en movimiento, camina lejos de ellos.
Sam se baja, lo que ve le descorazona, Singer corre hacia Alec, lo abraza con fuerza como si de eso dependiera su existencia. Max y Ben se acercan a Alec. Ella le da un puñetazo en el brazo. Sam no es ciego ni tonto, ellos aman a Alec y no planean renunciar a él; pero Sam tampoco planea dejar ir fácil a su hermano, fue suyo primero y Dean jamás le enseñó a compartirlo.
John toma las armas que ha dejado en una bolsa en el maletero, camina hacia el helicóptero que espera. Sam también se acerca. Ambos logran escuchar parte de la conversación que tiene Singer y Alec:
—…El odio sólo te dañará a ti cariño. No puedes odiarlos, porque si las cosas no hubieran pasado así… — Sonríe. —…no estaríamos aquí. — Singer discute:
— Pero tú sufres.
— Estoy bien, porque sé que tú y tus hermanos no van a dejarme. — Singer abraza con más fuerza a Alec, le dice:
— Te amo papá.
— También te amo mi pequeña. — Max les grita:
— ¡La gente muere! — Alec le dice a Singer:
— Vamos, la bruja de mi jefa nos espera. —
Singer sonríe, ambos caminan agarrados de la mano cerca de los Winchester. Llegan al helicóptero, Singer abre un compartimiento, deja ver ballestas, esferas azules, espadas y varias pistolas con sus cargadores. Alec informa:
— Estas armas fueron diseñadas para combatir demonios. — Singer toma una ballesta. — Las puntas de las flechas tienen un poderoso veneno para los demonios, no importa donde les den morirán. Si la herida no es grave el portador vive. — Singer deja la ballesta y la cambia por una pistola. — Las balas están llenas de veneno contra demonios, las puntas tienen trampas del diablo, no importa dónde den el demonio morirá, si la herida no es grave el portador vive. — Singer toma una esfera azul. — Una carga, deben arrojarla contra los demonios, desintegrará a los demonios y los cuerpos portadores, tienen una acción de cien metros cuadrados. — Singer muestra una espada. — Las armas punzo cortantes, están revestidas en veneno contra demonios y hechizos, sirven contra la mayoría de las criaturas sobrenaturales, no importa donde dañen, matará a la cosa. Lo importante es que la hoja se ponga en contacto con la sangre. Cuando la misión termine deben regresar todas las armas. ¿Preguntas? — Max y Ben dicen al unísono:
— No hay preguntas. — John dice:
— Necesito estas armas para matar a lo que mató a tu madre. — Alec dice:
— No hay distinciones, todos deben regresar las armas. — John se exalta:
— ¿Por qué no puedo tenerlas? ¡Las necesito!
— Los demonios son astutos, no puedo permitir que alguno tenga una de estas armas.
— ¡No soy un demonio! — Alec responde:
— Ellos te matarían por conseguirlas.
— ¡No me importa! — Alec respira profundo, comenta:
— La venganza es lo más importante en el mundo para ti, John Winchester. — Alec sigue. — Nos dividiremos en dos grupos. Singer y yo lucharemos contra los demonios. Ben tú llevarás las granadas, si ellos se acercan tú vas a protegerlos. Max, John y Sam, ustedes deben vigilar que todos los civiles salgan. ¡Es hora! —
Singer cierra el compartimento, John observa la clase de cerradura que es, electrónica con código. Abordan, Ben y Alec se ponen en los controles, Max decide concentrarse para la batalla, Singer observa por la ventanilla. Sam se siente incómodo, repasa en su mente las palabras de Dean, necesita, debe demostrarle a su hermano que lo necesita.
John por su parte piensa en las posibilidades, la posibilidad de robar las armas de Alec, la posibilidad de tomar la daga de Adam y la de Bobby. Si él obtiene esas armas, podrá vengar a Mary. Debe vengar a Mary, porque ese demonio la mató y porque le hizo daño a su hijo. Se dice que lo que está pasando es culpa del demonio.
Ben dice:
— Aterrizaremos sobre el techo del orfanato, prepárense. —
El helicóptero comienza a descender, sin contratiempos se posa sobre el techo de un edificio de cuatro plantas, las paredes son de ladrillo. Una luz roja recibe a Alec, él levanta los brazos al decir:
— Venimos a ayudar. Gente mala viene a atacarlos. —
Un hombre surge de las sombras, dice al acercarse:
— Gracias al cielo Dean, creí que moriste. — Alec sonríe al decir:
— ¿Richard? —
Richard es visible, ambos se dan la mano. El hombre dice:
— Dime lo que pasa.
— Muchos demonios viene hacia acá, deben evacuar. Hay un viejo túnel, del alcantarillado, llega a una vieja granja a las afueras de Detroit. Tengo gente trabajando, al salir ellos van a llevarlos a un lugar seguro.
— Dean, te debo más de lo que imaginas. Aún espero que puedas perdonarme. — Ve a las personas que bajan del helicóptero. — Veo que encontraste a Johnny y Sammy. — Alec interrumpe:
— Me encantaría conversar, pero no tenemos tiempo. — Richard asegura:
— A los chicos les encantará verte. —
John se acerca a Richard, le da un puñetazo en la cara al decirle:
— ¿Qué te hizo pensar que tenías el derecho de llevarte a mi hijo? — Alec detiene el siguiente golpe de John, le dice:
— Es mejor que se calme señor Winchester, estamos aquí para salvar a los civiles. — Richard dice al levantarse:
— Me merezco eso y más Dean. — Escupe sangre. — Resolveremos esto después, como hombres. — Max pasa entre ellos al decir:
— Dejen sus juegos de niños, tenemos una misión. —
Alec suelta a John, se encamina adentro junto a Richard. Singer se queda atrás para vigilar y tomar las armas.
Bajan una escalera, al llegar abajo, Richard dice:
— ¡Chicos!, ¡todo está bien! — Niños de diferentes edades comienza a salir de su escondite. — ¡Alguien especial vino a visitarnos! —
Los niños saltan cuando ven a Alec, corren hacia él, lo abrazan entre lágrimas. Es tanto el entusiasmo que lo tiran al suelo. Max aparta a los niños, les dice: "Dejen a mi segundo al mando." Ben se ríe con suavidad. Una niña de diez años se acera, le pregunta:
— ¿También eres Urano? — Ben responde al tenderle la mano:
— No, soy Ben.
— Mucho gusto Ben, soy Enea. — Ben pregunta:
— ¿Quieren mucho a Urano? — La niña responde:
— Sí, él nos cuidó cuando nos secuestraron. A él también lo secuestraron, pero él nos cuidaba, hacía que las cosas fueran mejores. —
Alec se levanta sin dejar de reír. Max dice de mala gana:
— No le veo lo gracioso. —
Alec se acerca a una chica de cabello castaño claro, enormes ojos café, de la misma edad e Sam. Ella lo abraza con fuerza, llorar, al decirle entre su llanto:
— Te extrañé tanto… ¡Urano!… lo siento… — Alec pregunta:
— No has hecho algo malo Jesé. — Ella llora con más fuerza, se abraza a él como si de eso dependiera su vida al decirle:
— ¡Te necesito Urano!… Yo… yo… — Alec la separa de él, la mira al preguntarle:
— ¿Qué hiciste Jesé? — Ella se calma, toma un respiro y dice:
— Hace unos días un hombre de ojos amarillos se me acercó en el parque. Él me dijo que era uno de sus niños especiales. Me preguntó por qué lloraba, yo le dije que hacía mucho tiempo que no veía a mi ángel. Me dijo que me ayudaría, pero debía saber el nombre del ángel. Yo le dije sobre ti Urano y tú estás aquí. — Alec le dice con calma:
— Jesé, no soy un ángel. — Ella le sonríe, le dice con dulzura:
— No puedes engañarme Urano, yo puedo ver tus alas. Mi papá siempre me dijo que un ángel me cuidaba, luego él murió, muchas cosas malas pasaron y dejé de creerlo. Ellos nos secuestraron, pensé que iría al infierno pero ahí estabas. Vi tu ala, creí que había enloquecido. Entonces nos cuidaste, nos contabas historias, hacías que los monstruos se fueran. Nadie se había preocupado en años por mí, pero tú te preocupaste. Supe que mi papá tenía razón, pero mi ángel no había venido porque la gente mala lo enjauló. — Alec mira a los otros niños, pregunta:
— Alcen la mano quienes creen que soy un ángel. — Todos los niños alzan sus manos. Alec suspira con cansancio. — No soy un ángel. Soy una persona como ustedes. — Jesé le dice:
— Los ángeles en ocasiones son mortales, humanos como nosotros. — Alec pregunta:
— ¿Quién les dijo eso? — Un niño de siete años levanta su mano al decir:
— Un hombre, Jesé dijo que era ángel porque tenía alas. Es un vagabundo que en ocasiones viene, nosotros le damos comida. Él nos dijo que Dios, da a la humanidad ángeles especiales, los ángeles especiales viven entre las personas, son humanos como nosotros, pero sus corazones son grandes y llenos de amor, por eso Dios los da a la humanidad para que la cuiden. — Alec rueda los ojos al preguntar:
— ¿Quiénes creen que soy un ángel especial? — Todos los niños levantan sus manos, Richard y Ben también. Max se le queda viendo fijamente a Ben, él pregunta:
— ¿Qué? — Max rueda los ojos. Alec sigue:
— Hay monstruos que viene para acá. — Alguien pregunta:
— ¿Cómo aquel día? — Alec niega:
— Ellos son peores; pero los vamos a proteger. — Señala hacia donde están Max, Ben y los Winchester. — Esas amables personas van asegurarse que ustedes salan con bien de aquí. En el sótano encontrarán a dos personas, ellos van a llevarlos por un túnel, me quedaré para darles tiempo. — Hay un descontento general. — Silencio chicos. Necesito que todos se marchen, sobreviviré, como lo hice aquel día. Incluso, si no volvemos a vernos, mientras me recuerden jamás los abandonaré. —
Sam observa a los niños abrazar a su hermano, ellos abrazan a Dean, ellos lloran al suplicarle que se quede. Ellos se despiden al caminar penosamente hacia el sótano. Su hermano es el ángel especial de todos estos niños. Sam piensa en la ironía, si los niños tienen razón y Dean es un ángel, eso quiere decir que mientras estos niños buscaron un ángel, Sam dejó atrás a un ángel.
Max le dice a los Winchester:
— Tenemos que ponernos al día. —
Sam sigue a Max y su papá, da una última mirada a su hermano. Él abraza a Jesé, ella corre llorando hacia el sótano cuando lo suelta.
Mandy y Ulises los esperan en el sótano, ellos les indican a los niños que entren al túnel y sigan las luces. El túnel está bien iluminado, pero no tardan en darse cuenta que es una larga caminata. Sam ve a su padre acercarse a Jesé para interrogarla, no puede creer que su padre se preocupe más por la venganza que en recuperar a Dean.
Los chicos salen en la granja, donde hay ocho helicópteros esperando. Max y Ben ayudan a conformar los grupos, John sigue hablando con la chica mientras Sam se siente inútil. Sam odia sentirse inútil.
Siete helicópteros despegan, Singer llega cinco minutos después. Richard pregunta:
— ¿Dónde está Dean? — Singer informa:
— Él viene por el túnel, no le gusta volar. — Ella va al último helicóptero, pregunta al ver que Richard no se mueve. — ¿Va a subir?
— No, debo hablar con Dean. — Singer asiente, le dice:
— Él ya lo perdonó. —
Singer sube al último helicóptero que despega. Max se alegra cuando ve a Alec salir del drenaje quejándose. Sam también se acerca, está por ir hacia su hermano, cuando los transgénicos comienzan a mirar a todos lados. Ben grita:
— ¡Manticore viene! — Alec dice:
— ¡Al granero! —
Todos corren al granero, Richard comenta:
— Ellos nos encontrarán. — Alec dice:
— No. — Señala a Richard. — Los niños te necesitan, confían en ti, debes cuidarlos. — Señala a Max y Ben. — Max, Ciudad Terminal te necesita. Ben, Max te necesita. — Señala a los Winchester. — No tienen nada que ver con Manticore, serán daño colateral. — Max da un paso al frente, encara a Alec:
— No, tú no te vas a quedar. Es una locura Alec. Si tú eres un Stalker, ellos matarían por ti. No puedes. — Alec lanza a Max al suelo, da dos pasos atrás, pone su mano al frente, una pared de fuego azul aparece, dice:
— Ninguno de ustedes sabe hacer esto. — Alec le da una de sus sonrisas petulantes a Max. — Maxie, cuida de Logan. —
Ella se levanta, golpea la pared al gritar. Ben sólo dice:
— Adiós Alec. —
Sam voltea a ver a Ben, luego a Max. Corre también hacia la pared, lanza un trozo de madera, intenta derribarla igual que Max. Las puertas caen, luces brillantes entran junto a los soldados. Uno de ellos dice:
— Identifíquese soldado. — Alec dice:
— X5 494.
— Soldado, vamos a detenerlo y llevarlo de regreso a Manticore. — Alex les dice:
— Deben matarme primero. —
Alec comienza a luchar, los abate con facilidad, comienzan a dispararle, pero una voz distorsionada interviene:
— ¡No lo maten idiotas! ¡Él los está engañando! Dime si me equivoco 494 Urano. — Alec pregunta:
— ¿Tú eres el jefe? — Un hombre entra, viste todo de negro, lleva un traje sastre caro, trae un casco.
— Lo soy Urano. Eres importante para mí, porque juntos salvaremos al mundo.
— No, gracias.
— No es una propuesta Urano.
— Muérdeme entonces. —
Alec siente una fuerza inmovilizarlo, lo obliga a hincarse. El sujeto ordena:
— Retírese junto a sus hombres. —
Los soldados se van. El hombre camina hacia la pared de fuego, la cual él ve normal, comenta:
— Urano, eres increíble. Esta pared falsa, me impide saber quién está del otro lado, pero no me importa, porque ahora te tengo.
— ¿Qué te lo hace pensar hombre de letras? — El hombre de letras se voltea, pregunta:
— ¿Qué eres?
— Soy lo que va a matarte cruel, dolorosa y lentamente, entonces me dirás todos tus planes. —
El hombre de letras deja caer una flama al piso, el cual comienza a incendiarse. Alec sigue con el mismo gesto inexpresivo.
— Los ángeles no soportan el fuego sagrado.
— Tienes la desventura de estar frente al ángel al que menos daño le hace.
— Miguel… —
Miguel chasquea sus dedos y el fuego desaparece, dice al aparecer su espada angelical:
— No puedo dejarte vivir ahora. —
Miguel levanta su mano, está por acabar con la vida del hombre de letras, pero su mano se detiene en lo alto. Alec dice:
— Largo… — Se fuerza. — ¡Largo! —
El hombre de letras sale corriendo. Alec dice:
— No, no mato humanos. —
Clava la espada angelical en su pecho, le da vuelta, dice unas palabras mientras su cuerpo se ilumina por dentro. Saca la espada, cae de rodillas, sonríe al decir:
— Te lo dije… amigo… —
La habitación se llena de una luz blanca segadora. Alec queda tendido en el piso, mientras un charco de sangre. La pared de fuego desaparece. Ben y Max corren hacia él, se tiran al piso. Ben dice:
— No hay pulso, no respira… — Max le grita:
— ¡Cúralo! — Ben le dice:
— No puedo, Alec murió. —
Cassi y Catherine entran corriendo, llevan una camilla y una maleta roja. Ellas hacen de lado a Max y Ben. Sacan unas paletas. Cassi dice:
— Debemos detener la hemorragia. — Su hermana propone:
— Necesitamos ponerle sangre. —
Ellas comienzan a trabajar, ponen una intravenosa, conectan sangre y medicamentos. Hacen una incisión, intentan detener la hemorragia pero el corazón fue perforado. Cassi decide suturar. Catherine dice:
— ¡Tenemos pulso! — Las dos sonríen. — Revisaré las marcas. — Maldice. — Diablos, ese maldito le puso la marca de los pacientes que no despiertan. — Cassi regaña:
— Nos ocuparemos de eso después, debemos mantenerlo vivo ahora. —
Lo suben a la camilla, lo transportan fuera. Max, Ben, John y Richard las siguen. Sam se queda de pie, observa el charco de sangre y el amuleto que él le regalo a su hermano colgar del cuello de Alec.
