Remus había visitado varias manadas, con la ayuda de Jamie habían reclutado más jóvenes dispuestos a luchar por sus derechos.

Algunos, como el caso de Jamie, habían nacido en el seno de una manada, no conocían de verdad el mundo mágico. Pero querían formar parte de él, querían ser ciudadanos, poder vivir con tranquilidad y no teniéndose que esconder en lugares recónditos.

Otros sin embargo sí procedían de la comunidad mágica, ellos añoraban a sus familiares, sus antiguas vidas. Sabían lo que era ser magos y brujas de pleno derecho y querían volver a serlo.

Y luego había un pequeño grupo, uno en el que Remus en un principio no había pensado. No todos los hijos de un licántropo heredaban la maldición y ellos quedaban en un vacío legal del que no podían salir.

Jamie le había contado como su hermana, Lea, aquella chica que estuvo a punto de ser asaltada por un grupo de muggles, era casi incapaz de realizar un hechizo básico.

Ese grupo de magos y brujas que no habían podido desarrollar su magia, casi squib por la falta de desarrollo de sus habilidades mágicas y carecer de varitas, eran un colectivo olvidado.

Padres, madres y hermanos querían un mundo mejor para ellos, querían que pertenecieran a algo más allá de una manada nómada.

Lo había visto manada tras manada, y Remus no llegaba a entender porque no eran aceptados. Al final fue Jamie quien se lo contó.

—Ellos son obligados a revelar sus orígenes, ¿delatarías a tu familia?—razonó el joven.

No, sin duda él no lo haría, sabía cuanto les había costado a sus padres mantener su secreto, como su padre había tenido que ir realizando trabajos de rangos mucho inferiores a los que podía optar, como vivían con precariedad ocultándolo de todos.

Y como fue Dumbledore quien le dio una oportunidad, como creo una red de contención para aquella noche al mes en la que dejaba de ser él mismo. Donde conoció a sus mejores amigos, a sus hermanos. Donde se convirtió en un hombre. Pero nunca pudo desarrollar a su lobo.

Casi cuarenta años después estaba en paz con la fiera, no la rechazaba y él tampoco a Remus. Ya no eran dos seres desligados, sino uno mismo.

Los lobos necesitan las manadas, pero los hombres necesitan a la sociedad mágica.

Eso es por lo que iban a luchar, la poción matalobos era realmente costosa, accesible a muy pocos, algo que el Ministerio podría solucionar si quisiera.

Pero aún sabía que aquello no sería una solución, los nacidos como lobos no contemplaban la opción de drogar a sus lobos, ellos eran capaces de controlarlos.

Si la comunidad mágica los conociera, entenderían que no eran una amenaza.

Su campamento, cada vez más nutrido de lobos y lobas no estaba lejos. Jamie y él habían salido de caza. A veces no era fácil lidiar con todos aquellos prospectos de alfas, algo que también debían tener en cuenta.

Pero lo que todos tenían claro es que Remus estaba al mando, le habían erigido como macho Alfa de la nueva manada sin tener que dudar sobre ello. Los betas eran los que más problemas tenían entre ellos, Jamie no había nacido para ser beta, y Remus lo sabía.

Su segundo, su amante, y un verdadero amigo a veces necesitaba tiempo fuera de la manada.

Fue así como dio con un olor demasiado familiar, un olor que aunque ya no le volvía loco del mismo modo reconocería en cualquier lugar.

La casucha desvencijada cobijaba a Severus y a un muy embarazado Draco Malfoy.

Cuando Jamie vio a Draco sus instintos salieron mucho más rápidos de los de Remus, demasiados años como un mago humano.

Se acercó al rubio no sin que Severus le amenazara con su propia varita.

—Puedes confiar en él, está conmigo—dijo Remus.

Severus asintió, pero tenía un brazo sobre el vientre de Draco de un modo protector.

Los ojos negros no se apartaban de la imponente presencia de Jamie.

—¿Cómo es posible?—preguntó en voz baja casi reverenciando la evidencia del vientre de Draco.

—Una poción, una horrible poción—contestó seco Severus.

Jamie siempre había querido tener cachorros, pero no le gustaban las hembras. Sabía que llegado el momento montaría a alguna loba para tener descendencia como heredero de su manada, pero ver el cuerpo masculino de Draco embarazado, llenó de ideas su salvaje mente.

—No—dijo Remus a su lado—. No es natural, el riesgo de que muera es elevado. Es magia negra.

—¿Por qué lo habéis hecho?—preguntó entonces Jamie resentido.

—Es una larga historia—suspiró Severus.

—Aquí no estáis seguros, nuestra manada está cerca y creo que tenemos mucho de lo que hablar—ofreció Remus.

Severus miró a Draco, aún dormido, podía notar cómo hacía cálculos y llegó a la misma conclusión.

o0o

Volver a encontrarse con Remus fue extraño, pero agradeció poder tenerlo de su lado. Siempre había confiado en él, y por lo que los recuerdos que el hombre le había dado a Sirius, Severus siempre acababa recurriendo a él.

No era prioritario, pero también quería hablar de ello con Remus. De sus recuerdos, de porqué no se lo contó antes. Aunque nada cambiaba el hecho de que había sido él el que había pedido olvidar a Sirius.

Cuando Draco despertó y pudo explicarle la situación ambos acompañaron a los licántropos a su campamento.

Severus nunca había estado con una manada, los único lobos a los que conocía eran a Fenrir y a Remus, y no podían ser más opuestos.

Lo que vio fue un grupo variopinto que seguían a Remus como si fueran uno. Su antiguo amante había cambiado, o quizás había llegado a un estado de compresión de su naturaleza que antes no tenía.

Sin duda el chico que le acompañaba, Jamie, era su actual amante y ambos se movían al mismo son.

¿Cómo estaría Sirius? El pensamiento que había tratado de eludir todo aquel tiempo renació en oleadas de ansiedad.

Harry había caído cuando Draco y él escaparon, el tiempo que les había dado fue crucial para que pudieran huir. Pero el pronóstico que dejaron atrás era muy lúgubre.

Algo le decía que ambos estaban en manos de los mortífagos, y que él no podía hacer nada. Draco no se separaba mucho de Severus. Aunque era claro que el líder era Remus, y él era un amigo, el ambiente salvaje de la manada no le inspiraba ninguna confianza.

Menos cuando todos miraban su vientre entre horrorizados y curiosos.

—Nos tendieron una trampa—le contó en la tienda que Remus y Jamie compartían—. Sirius, Narcisa y los gemelos estaban inconscientes cuando trasladé a Draco y Harry a Grimmauld Place.

Cuando el estado de Draco fue descubierto creamos una historia sobre que ambos habían huido. Si el castillo era atacado los llevaríamos a Grimmauld place pero era allí donde nos estaban esperando.

—Harry se interpuso entre ellos y nosotros—señaló Draco—. Él nos dio la opción de escapar.

El silencio tras eso fue pesado, y la preocupación de ambos por Harry muy dolorosa.

—¿Quizás pudieron escapar?—dijo Jamie. Los tres le miraron, sabían que no sería así. No desperdiciarían la oportunidad de atrapar a Harry, y de camino saldar cuenta con los otros.

—Los habrán llevado a Malfoy Manor—dijo Draco, Severus lo había pensado, y que Draco también lo hubiera hecho solo eran malas ideas.

—No Draco, no pienses en eso—le aconsejó Severus.

—¿Qué no piense en eso? ¿Y en qué demonios quieres que piense?—Se exasperó el muchacho—Tienen a Harry, tienen a mi madre, ¿sabes lo que le harán a mi madre?

Sí, lo sabía perfectamente.

—Sin la magia de Potter tendrás que dar a luz en pocas semanas—declaró Severus.—El bebé no lo soportará.

Draco sostuvo su vientre, para Severus era tan joven, tan indefenso como lo había sido de niño. Pero Draco no era más un niño asustadizo.

—Vayamos a por su padre—dijo acariciando su vientre—, también tendrán a Sirius—. Aquello último fue dicho con la clara intención de alterar a Severus.

—El Señor Oscuro debe de pensar que este niño es suyo, no atacaría Hogwarts e iría tras de ti por una simple venganza, piénsalo—pidió comprensión Severus—. Si pones un solo pie en la mansión te rajará para arrebatártelo y usarlo—expuso sin paños calientes—¿En qué les ayudará eso?

—Solo un Malfoy puede entrar en la mansión, si mi padre sigue con ellos estará protegida de aurores, del Ministerio y de cualquiera que quiera entrar sin su permiso—explicó resuelto Draco—, y que yo sepa soy el último Malfoy.

—¿De cuántos meses estás?—preguntó Jamie.

—Casi siete—contestó Draco.

—Puedes tenerlo—aseguró.

—Un bebé prematuro...—comenzó a explicar Severus.

—Conozco a un medimago—dijo Jamie haciendo que todos guardaran silencio.

o0o

Fred estaba sangrando, un reguero de sangre corría por su cuello desde varios puntos de su rostro.

George no se encontraba en mejores condiciones, ambos habían sido torturados una y otra vez.

Pero ninguno de ellos sabía absolutamente nada del paradero de Draco.

A veces la ignorancia era la mejor de las defensas.

Ambos se encontraban recostados sobre la fría piedra de las mazmorras de Malfoy Manor, desde que fueron atacados al entrar en Grimmauld Place el caos se había desatado.

Narcisa no había bajado con ellos, ella había sido arrastrada por su hermana hacia otro pasillo. La última vez que la vieron solo negaba hacia ellos, pidiéndoles que no dijeran ni hicieran nada.

Pero no obedecieron, lucharon contra los agarres mágicos que los tenían retenidos. Aún así no había servido de nada, y ella había desaparecido.

—¿Qué vamos a hacer?—preguntó George apoyándose contra su hermano.

Fred suspiró sabiendo que tenía varias costillas fracturadas. No se le ocurría nada que pudieran hacer para salir de allí, no había artilugio o ingenio que pudieran sacarlos de aquellas mazmorras en las que un día se olvidarían de ellos.

No tenían información, no tenían más importancia para los planes de Voldemort, pero no quería decírselo a George. Tampoco quería decirle que era muy probable que no volvieran a ver a Narcisa.

Ella había ayudado a escapar a Draco de las garras de su padre y de Voldemort, y dudaba que este último tuviera ningún tipo de clemencia con las personas que le traicionaban.

La puerta se abrió y arrojaron el cuerpo de Sirius malherido. A Harry lo habían separado de ellos desde el principio, al menos Fred había entendido que aquel ser detestable tenía miedo a enfrentarse a Harry.

No llegaba a entender las implicaciones de Draco en todo aquello, pero lo que sí entendía es que el hijo que esperaba el rubio era importante para sus planes.

Necesitaban a Draco vivo, y creía que era la única garantía de que aún estuvieran todos ellos vivos.

George y él reptaron para colocar de lado a Sirius evitando que colapsara.

—Severus—gemía Sirius en medio de lo que debía ser una alucinación.

—Tranquilo—susurraba para calmarle, fuera lo que estuviera viendo en sus pensamientos le estaba llenando de dolor.

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—Tengo que volver—dijo Remus a Jamie que estaba recuperando el aliento tras una corta sesión de sexo donde el joven lobo había impregnado su olor en él.

A Remus el gesto le pareció tierno, no podía decir que Severus le resultara indiferente. Pero sabía desde que ambos había comenzado aquella aventura que el pocionista nunca hubiera sido suyo. Desde que apareció Sirius todo había cambiado, y por las palabras de Draco, la relación de ambos había avanzado.

Confiaba en que tanto Sirius como Severus hubieran visto los recuerdos de Remus, tendría que hablar con ambos, pero ese tema tendría que esperar.

Era vital que Remus fuera a Hogwarts, si las sospechas de Draco y Severus sobre el paradero de Harry, Sirius y los gemelos Weasley eran ciertas, nadie podía saber qué había ocurrido.

—Déjame ir contigo—le pidió Jamie jugando con su piel.

—No confío en nadie más que en ti para protegerlos.—Y era la verdad, había creado una manada en donde todos le había seguido. Pero si él se iba ¿a quién iban a seguir? ¿Dónde estaría su lealtad?

Solo Jamie podría ocupar su lugar, y solo en él confiaría la protección de Severus y Draco.

Además del hecho de que él era quien conocía al medimago con el que tendrían que contactar para mantener al bebé.

—Volveré—le prometió besándole.

—No creo que se lo tome muy bien.—A veces se olvidaba de que a pesar de la fiereza de Jamie, este solo era un joven adulto.—No le gusto nada.

—¿A Severus?—Era obvio que se refería a él—A él no le cae bien nadie, pero es un gran mago.

Vio el mohín molesto que realizó y tuvo que volver a besarle, no estaba acostumbrado a ese tipo de reclamos. Girando bruscamente su cuerpo se colocó sobre el joven lobo agarrando sus piernas separadas. Adoraba la rudeza con la que ambos podían practicar sexo, y como Jamie siempre estaba dispuesto a recibirlo en su interior.

Había momentos para ser tierno, y momentos para dejarle claro algunas cosas.

—Volveré—gimió prometiéndoselo, no hubo más cuestionamientos, solo gemidos difícilmente ocultables para sus invitados.

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Un chico embarazado en una manada de lobos, mi amor por el omegaverse me está pidiendo acción, jajajaja.

Me gusta ver que Draco tiene claras sus prioridades y que no piensa dejar solo a Harry.

¿Qué opináis de Jamie? ¿Os gusta para Remus? ¿Les ayudará de verdad?

Hasta el miércoles que viene.

Besos, Shimi.