DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
El sol pega fuerte en nuestras espaldas, siento una gota de sudor correr por mi frente y por mis pensamientos cruza el recuerdo fugaz de la brisa fresca golpeando mi rostro al ir montado sobre Kirara durante nuestra búsqueda de Naraku.
InuYasha parece notar mi fastidio por el calor de la temporada y sonríe de medio lado, soberbio ante la situación.
— ¿Acaso estás perdiendo la costumbre? ¿O ya no puedes llevar el ritmo de estas salidas?
Lo miro seriamente unos segundos, frunciendo el ceño ante sus palabras y su gesto burlón. Realmente puede ser muy infantil todavía, pero este tipo de comentarios demuestran que su ánimo ha ido mejorando. Exhalo de forma pesada y le sonrío, pasando mi mano bajo mi flequillo para limpiarme un poco el sudor.
— Claro que no, pero sigo siendo humano y las elevadas temperaturas junto al abrasante sol no son los mejores aliados para recorrer estos senderos a pie, menos vestido con mi kesa.
— Keh, entonces démonos prisa en llegar — espeta, cruzando sus brazos tras la cabeza y siguiendo a paso descuidado.
— XXVI —
"Caught-up"
Me vuelvo a acomodar la canasta con provisiones que llevo a la espalda y acelero el paso para darle alcance. Él lleva otra canasta, pero al parecer le es liviana, pues su andar sigue siendo rápido. Al llegar a su lado, noto una disimulada sonrisa en sus labios y sus ojos perdidos en el cielo, está distraído.
Sigo su paso sin quitarle la mirada de encima, InuYasha no se da cuenta de que lo observo, incluso ha comenzado a tararear una melodía. Abro la boca sorprendido, nunca hubiese imaginado que algo así podría pasar.
— ¿Te sientes bien?
Mi voz no logra ocultar el asombro que siento, sé que él lo percibe sin dificultad, se voltea un poco avergonzado al ser descubierto, sus mejillas han enrojecido levemente.
— S-Sí, estoy bien.
— No te había visto así hace tiempo. ¿Ocurrió algo? — Mi pregunta lo pone en alerta, de seguro no le gusta ser descubierto tan fácilmente.
— ¿P-Por qué piensas eso? Yo no he mencionado nada raro y… estoy bien… — Sus respuestas parecen excusas, como si quisiera huir de la situación.
— Oye, te conozco hace bastante tiempo, sé que algo te pasa. Y sé que es algo bueno, me alegra verte así de animado — lo tranquilizo, porque se ha puesto a la defensiva —. Sólo quiero saber a qué se debe tanta alegría.
— Keh, eso no te incumbe.
Suspiro, un poco abrumado por el clima y decepcionado por su poca comunicación. Sin embargo, prefiero no intervenir, sé que puedo confiar en que InuYasha hablará cuando deba hacerlo, él es así y, como suelo repetirme para no interrogarlo ni fastidiarlo demasiado, no hay que presionarlo. No andará con rodeos y si hay algo que decir, lo hará.
De pronto, podemos divisar las copas de los árboles del bosque que lleva su nombre aún, resaltan a lo lejos las ramas del Árbol Sagrado, sobresaliendo más altas que las demás. Los ojos de InuYasha se desvían a esa dirección casi como acto reflejo y luego dibujan el trayecto hasta el pozo devorador de huesos – que ha dejado de funcionar desde aquel día que volvió solo. Noto la nostalgia, pero también algo de anhelo y alegría.
— Aquella vez que te conté de mis sueños, dijiste que creías que realmente era Kagome — murmura de repente, sin dejar de mirar la misma dirección y con una sonrisa tranquila en sus labios.
— Así es, lo recuerdo perfectamente — le respondo, también con una sonrisa.
— He seguido soñando con ella — revela, sin mirarme, pero sé que está feliz por ello —. No es siempre, pero puedo verla. A veces la escucho. Incluso hemos hablado un poco. Sé que está bien y eso me deja tranquilo. Por lo menos hasta que regrese. ¿Sigues creyendo que sea ella?
Es extraño que InuYasha deje tanto al descubierto, pero dada la confianza que tenemos y que siempre compartimos nuestras preocupaciones por las chicas, comprendo que lo haga. Apoyo mi mano en su hombro para que me observe y asiento con un gesto.
— Siempre me maravilló la relación que ustedes tenían, la unión que había entre los dos era un misterio que aún no logro descifrar. Por eso, estoy seguro que siguen estando juntos, a pesar de todo lo que quiere separarlos. La señorita Kagome y tú estaban destinados a conocerse, eso es algo que descubrí a lo largo de nuestro viaje. Así que sí, estoy seguro que es ella. Y podría apostar que a ella también la reconforta poder saber de ti.
Sonríe, esta vez más notoriamente, y vuelve su atención de nuevo al camino. Le sigo el paso, agradeciendo que confíe en mí todavía, más para estas cosas. Saber que sigue en contacto con la señorita Kagome y que ella está bien, no sólo lo reconforta a él, sino que a mí también, y de seguro a mi esposa le encantaría saberlo.
De pronto InuYasha se detiene de golpe y olfatea el aire, un poco fastidiado. Lo miro con extrañeza por su repentina acción, hace una mueca de desagrado y me quita la canasta de la espalda.
— Creo que tienes visitas. Será mejor que vayas a la casa, yo llevo esto al almacén.
Arrugo la frente, sin comprender la urgencia de que llegue a la cabaña, él me indica con un gesto el sendero y veo a lo lejos un caballo amarrado en el árbol cercano a la entrada de mi hogar. Más confundido por esto, decido apresurar el paso para ver quién es el visitante. Y por qué a InuYasha le da tan mala espina.
Palabras: 929 sin incluir disclaimer ni notas.
¡Aquí de nuevo yo, reportándome! Dije que serían seguida, ¿no? Pues qué quieren que les diga, la musa ha estado activa y hay que aprovechar. Ahora quise darle un poco de cariño a InuYasha, digo no puede estar amargado por siempre. ¿No?
Quiero agradecer a Mor por su maravilloso revie K Ontani, a quien le aclaro que Shippô está en su entrenamiento, volverá pronto. Pero en especial a Nuez, quien me hace fangirlear de lo lindo, las haces de musa y eso es lo mejor :3
Aporte cultural: Kesa es el nombre que reciben los hábitos/prendas de los monjes budistas.
Me despido hasta la próxima, ¡saludos y un abrazo!
Yumi~
