A pesar de todos sus problemas, Peter y Elia seguían manteniendo su amistad. Elia estaba muy contenta por eso, tenía la sensación de que, después de lo que había pasado en casa de Peter, todo se había destruido. No obstante, se sorprendió al verle al lunes siguiente en clase y hablar con él con normalidad, como si nada hubiera pasado. Eso le facilitaba las cosas, pero de nuevo le planteaba mil dudas. ¿De verdad a Peter le gustaba? Su actitud, aunque idónea para la situación por la que ella estaba pasando, no dejaba de resultarle extraña. Aun así prefirió no darle más importancia y continuar con su vida dentro de lo posible. Viktor la había obligado a quedar con él tan solo un par de veces, con lo que tampoco la estaba fastidiando tanto como pensaba en un principio, y durante las noches sacaba a patrullar al Guardián. Muchas veces se encontraba con Spiderman y esos pequeños instantes que tenían para conversar se habían convertido en lo mejor de sus días. Obviamente no le contaba nada, pero él era la única persona capaz de distraerla un poco de su complicada vida. Bueno, estaba Harry, pero él también se había distanciado un poco desde lo de la gala. Elia no sabía muy bien qué había pasado, pero tenía la sensación de que no quería que ella supiera que era hijo de Norman. Tal vez Harry sabía más de lo que aparentaba.
Elia estaba cansada de tanto secretismo, pero ya había aprendido a aceptarlo. La vida de superheroína implicaba eso y no podía hacer nada al respecto, tan solo seguir luchando porque aquellos que le importaban estuvieran bien. Sin embargo, ese día se iba a permitir un descanso. Era su cumpleaños y, extrañamente, Peter le había propuesto quedar. Por algún motivo, se acordaba de que ella no había visto Deadpool y le había dicho de verla y así pasar el día juntos. Ella estaba de acuerdo, ya que nadie más sabía que era su cumpleaños, con lo que no puso ninguna pega. Sabía que Peter llegaría en unas horas y sería un día increíble, igual que los que habían pasado juntos durante el verano.
Mientras esperaba a que llegase la hora acordada, Elia intentaba estudiar un poco, con todo lo que se traía entre manos apenas tenía tiempo. Nada más salir de las clases solía ir a su casa a reparar la armadura y mejorarla y, cuando llegaba a la mansión, lo último que le apetecía era estudiar, aunque muchos días se forzaba a hacerlo, ya que por las noches se centraba en proteger la ciudad e investigar sobre el Duende Verde. No había tenido demasiado éxito en esto último, pero no pensaba darse por vencida. Así había llegado a un punto en el que dormitaba en el descanso de la comida y aprovechaba las clases en las que se sentaba en última fila para poder descansar. No obstante, eso implicaba que los fines de semana tenía que centrarse en estudiar.
Pero alguien no parecía tener ganas de dejarle continuar con sus planes. Su móvil comenzó a sonar en esos instantes y el nombre de Vicky apareció reflejado en la pantalla.
-Capullo -masculló antes de cogerlo-. ¿Diga?
-Hola, feliz cumpleaños, preciosa -la felicitó Viktor.
-¿Cómo lo sabes?
-Tengo mis propias fuentes -respondió-. Vamos a quedar esta tarde, te llevaré a un sitio bonito, así que ponte guapa.
-¿Y si no quiero? -desafió. Ya no solo es que le hiciera quedar con él, es que su actitud con respecto a ella era absolutamente machista, pretendía exhibirla como si fuera un trofeo.
-No hay excusa.
-Vale, mira, hoy tengo planes -respondió enfadada.
-Sí, con Pene Parker -afirmó Viktor, llamando a Peter por ese absurdo mote que usaban para meterse con él-. Llámale para cancelarlo.
-No pienso hacer eso.
-Allá tú, ¿estás segura de que quieres enfrentarte a un Stromm? -amenazó Viktor-. Si quieres puedo llamar yo a Pene Parker y contarle de paso lo que haces todas las noches con esa armadura. Estoy seguro de que se tomará muy bien que su mejor amiga me lo haya contado antes a mí.
Elia permaneció callada, asimilando todo lo que acababa de oír. Claro que no quería que él llamase a Peter, pero tampoco quería llamarle ella. No obstante, no fue eso lo que más la impactó.
-¿Stromm? -preguntó sorprendida. ¿Por qué ese nombre siempre salía a la luz?
-¿No sabías mi apellido?
-No -negó ella, aunque le sonaba que la primera vez que le vio Ned o Peter mencionaron su nombre completo: Viktor Stromm. ¿Cómo no se había fijado antes en eso? Ese chico tenía que ser familia de Mendel Stromm.
-Llama a Parker y dile que no quedarás con él -dijo antes de que ella pudiera seguir pensando en nada más-. Te veo esta tarde a las 6 en la cafetería de siempre -y colgó.
Elia dejó caer el teléfono sobre la mesa, frustrada. No quería hacerlo, pero debía ir, no solo por miedo a sus amenazas, sino porque tal vez él tuviera algo más de información. Stromm había destruido las investigaciones de su madre e iba a pagar por ello, la condena que sufría en la cárcel no era suficiente. Aun así, era consciente de que Viktor no iba a darle la información con tanta facilidad, con lo que dejó de lado los apuntes y comenzó a trabajar. Tenía que averiguar dónde vivía ese chico y conseguir descubrir todos sus trapos sucios, aunque antes de ponerse con ello debía llamar a Peter.
Peter llevaba ya un rato en la mansión de los Vengadores preparando la fiesta de Elia. Había conseguido hablar con Happy un día que había salido antes del instituto y se esfumó antes de que Elia apareciese. Esa misma noche, el señor Stark le llamó y accedió a prepararle una fiesta sorpresa a su hija. Así había llegado a esa situación, donde todos estaban decorando la sala de reuniones para que pareciera una auténtica fiesta de cumpleaños. El señor Stark había pedido pizzas y supervisaba la decoración, mientras Pepper, Visión y él colocaban todo en su sitio. Happy y el señor Rhodes se encargaban de la bebida y de la música, aunque sabía que en cuanto llegase Ned la cambiaría totalmente. Él y Harry también estaban invitados, pero ninguno había llegado todavía.
Admiró con orgullo el resultado, sabiendo que a Elia le encantaría. Había seguido el consejo de su tía y le había dejado espacio, asegurándose de mantener la amistad con ella, que era lo más importante. Así, no había sonado para nada extraño que quedase con ella en su casa para ver una película, alegando que ella tenía mejor equipo para verla; algo que, por otra parte, era totalmente cierto. Dentro de unas horas él simplemente aparecería en su habitación y la sacaría de allí con la excusa de bajar y aprovechar el gigantesco proyector de la sala de reuniones para ver Deadpool. Ella tal vez se extrañaría, pero le diría que cogiesen algunos cojines para estar más cómodos. Además, estaba seguro de que, cuando viera todo lo que había preparado, le tiraría algo a la cabeza, con lo que mejor que fuese blandito.
-¿Estás seguro de que a Elia le gustará esto? -preguntó el señor Stark, acercándose a él.
-Creo que sí -asintió, sabiendo que su amiga también necesitaba despejarse un poco. Entonces su móvil comenzó a sonar-. Disculpe, señor Stark -dijo mientras sacaba su teléfono-. ¿Sí? -preguntó extrañado al ver el número de Elia.
-¡Peter! Lo siento -comenzó a decir ella. No le gustaba nada que empezase así-, pero no puedo quedar hoy.
Y ahí estaba, el gran pero del día. Un nudo comenzó a formarse en el estómago de Peter, una extraña combinación de preocupación y enfado.
-¿Qué ha pasado? -suspiró, resignado.
-Me ha llamado el abogado de mi madre -explicó ella, aunque él no sabía si creerla-, tengo que ir sin falta.
-Vale, no pasa nada -dijo. En realidad no podía hacer otra cosa, si ella había decidido que era más importante acudir a cualquier otro sitio no podía obligarla a estar con él.
-Lo siento, Pet -se disculpó antes de colgar.
Peter suspiró, sin saber bien cómo tomarse la situación. Había trabajado mucho para conseguir que esa fiesta fuese increíble y ahora tenía que cancelarla.
-¿Quién era? -preguntó Tony al verle tan alicaído-. ¿Elia?
-Sí -suspiró de nuevo-, dice que no puede venir.
-¿Por qué? -esta vez fue Pepper la que se acercó con cara de pena.
-Algo de un trabajo de clase, no me ha contado mucho más -mintió. Encima ahora tenía que cubrirla.
El teléfono de Happy sonó en esos instantes e hizo que todos callasen.
-¿Elia? -contestó, confirmando las sospechas de todos-. Sí, ahora te llevo sin problemas. Hasta ahora -se despidió-. Tengo que llevarla a la ciudad, os veo luego -dijo antes de marcharse.
-¿Por qué no llevas a Peter también? -propuso Pepper.
-No, no -contestó Peter-, es mejor que Elia no me vea ya aquí, hará preguntas. Además, os ayudaré a recoger.
Antes de bajar, Elia se miró al espejo y se aseguró de no estar excesivamente arreglada. Quería estar acorde con el lugar al que fuera a llevarla Viktor, pero tampoco pensaba cumplir con sus expectativas. Esa blusa y los vaqueros parecían el término medio perfecto.
Salió de la habitación y llegó a la puerta principal, donde Happy la miró con el ceño fruncido.
-¿A dónde tienes que ir? -preguntó directo. A Elia le extrañó su reacción, pero le dio la dirección sin más-. ¿Siempre haces trabajos en cafeterías? -quiso saber.
Elia se quedó callada, extrañada de que él hubiera mencionado que iba a hacer un trabajo cuando ni siquiera ella lo había dicho. No obstante, prefirió no llevarle la contraria, era mejor así.
-Sí -afirmó.
-¿Y tan arreglada?
-¿Ahora eres igual que Tony? -replicó ella-. Pienso vestirme como quiera -añadió.
Happy se calló y se montó en el coche. El viaje hasta la ciudad fue tenso y extrañamente silencioso, pero Elia lo agradeció. Estaba repasando el plan en su cabeza para asegurarse de que todo saldría bien: fingiría estar encantada con la cita, conseguiría que Viktor confiase en ella, le sonsacaría información sobre su tío poco a poco y luego le colocaría el localizador. Simple y sencillo; si lo primero salía bien, el resto iría en cadena.
-Espero que salga todo bien -dijo Happy cuando llegaron al sitio.
-Yo también -suspiró y se bajó del coche.
Elia entró en la cafetería y esperó. La camarera ya la conocía, así que comenzó a hablar con ella. Fue un momento incómodo ya que lo primero por lo que preguntó fue por su novio. Su cara de confusión fue suficiente para que la chica se disculpase en cuanto lo dijo, pero que Viktor llegase al rato tampoco fue de gran ayuda. Elia le saludó con desgana.
-Vayámonos de aquí -dijo él.
Ella aceptó y le siguió. Como si tuviera otra opción. Su plan comenzó a funcionar en esos instantes, escuchándole y comportándose de una forma amable con él. Parecía que tenía efecto, pero el hecho de que hubiera sido tan fácil también la enfadaba. ¿Por qué todos los hombres se pensaban que cualquier chica que fuese amable con ellos intentaba ligar? Alejó esos pensamientos por el momento, no podía hacer nada al respecto en esos instantes y, además, se estaba aprovechando de ello. No era lo mismo, pero sabía que Nat había tenido que hacer todo lo posible para conseguir la información que necesitaba y, en cierto modo, se sentía como ella, aunque nunca tendría sus habilidades.
Finalmente, llegaron a un lujoso restaurante. Viktor ya había mostrado su descontento en lo referente a la elección de vestuario de Elia.
-No sabía a dónde ibas a llevarme -respondió con amabilidad-. Esto es lo más arreglado que tengo, quitando los vestidos que me pongo en las galas, y como no estaba segura pensaba que sería excesivo.
Viktor sonrió, complacido, pero Elia quería sacarle los dientes a patadas. Ese chico seguía buscando a la novia trofeo ideal y esa no iba a ser ella. Sin embargo, hoy iba a comportarse como una. Respiró hondo y continuó escuchándole. Durante la cena, Elia favoreció que él hablase, fingiendo un repentino interés por su vida y su familia. Así fue como descubrió que Viktor era sobrino de Mendel Stromm, pero tampoco llegó a mucho más. Nunca había tenido excesiva relación con su tío, un hombre solitario y centrado en su trabajo. Con todo lo del incidente de Oscorp la familia le había dado de lado, dejando que se pudriera en la cárcel. Sin embargo, no se lo creyó del todo y, cuando se despidieron con un abrazo, le colocó el localizador que había creado en el cuello de la chaqueta. Tendría que darse una ducha desinfectante, pero si funcionaba habría merecido la pena. No había tenido tiempo de probarlo antes de salir de casa, así que iba completamente a ciegas.
Peter se puso el traje y salió de la mansión. Siempre lo tenía encima y esa vez le venía de maravilla para llegar desde allí hasta su casa, aunque antes se daría una vuelta para despejarse. El plantón de Elia no le había sentado nada bien, especialmente porque le olía a chamusquina. Tenía motivos para desconfiar de su amiga y, aunque no quería parecer un acosador, comenzó a buscarla. El primer sitio que se le pasó por la cabeza fue la cafetería donde la había visto con Viktor la otra vez, así que fue hacia allí, pero no encontró nada. Dio una vuelta por los alrededores hasta que la vio, de nuevo junto a Viktor. Los celos se apoderaron de él, pero trató de controlarlos. No merecía la pena hacer ninguna estupidez y menos cuando ella ya había demostrado que prefería estar con Viktor antes que con él, pero lo que más le molestaba es que no confiase en él. Vale, todo lo que había salido de su boca relacionado con Viktor era horrible y quizás por eso no se atrevía a contarle la situación, pero pensaba que eran lo suficientemente amigos como para que ella supiera que no iba a juzgarla por eso. Si había decidido estar con Viktor, tenía que aceptarlo, por muy imbécil que le pareciese. Sin embargo, no estaba dispuesto a soportar muestras de cariño entre ellos, así que, cuando Elia le abrazó, decidió que había llegado su límite.
Por su propia salud mental, lo mejor era marcharse de allí.
