Cap 26
La sonrisa en el rostro de Jane era más brillante y casi imposible de ignorar hasta en cierta manera contagiosa para cualquiera con quien se topaba.
Había llegado a su rehabilitación con tanto animo que sorprendió a la recepcionista pero no lo menciono, simplemente le permitió el acceso a las instalaciones donde la sonrisa se borró; tener que cambiarse con una sola mano era lo peor del mundo y eso sin duda lo olvido cuando escogió esos jeans ajustados que hace mucho no sacaba de su armario pero al parecer cuando su madre hizo la maleta olvido esos detalles, y ahora estaba ahí, rebotando con las paredes del vestidor como una bola de pinball.
Se detuvo un momento con su respiración era agitada recargando todo su peso en la pared –¿Porque compre un estúpido pantalón para zurdas cuando no lo soy? –. Gruño pero luego sonrió levemente –Je, cierto; estaban en descuento... aunque debería abrirle el ojillo para evitar esto.
Inhalo profundamente y volvió a su lucha apretando los dientes, en uno de sus tantos golpes y maldiciones fue escuchada; la puerta del vestidor se abrió de golpe y Maddy se asomó con un semblante preocupado.
-¿Estas bien?
Jane le sonrió infantilmente –Si, no es nada... solo un idiota botón que se resiste a mis dulzuras.
-¿No sé cómo eso es posible? –. Susurro la rubia introduciendo en el vestidor con una sonrisa coqueta mientras cerraba la puerta a su espalda.
Jane la observo en silencio sintiendo como su corazón temblaba nervioso –¿Qué haces...?
Maddy acaricio su mejilla con dulzura y bajo su mano sin dejar de mirarla a los ojos, se acercó un poco más a la vez que su mano sujeto con suavidad el extremo de su pantalón –Vencer al idiota...
Susurro zafando el botón a la vez que sus labios casi habían rozado los de la morocha cuando hablo luego simplemente le sonrió burlona alejándose hasta salir del vestidor. Jane se quedó inmóvil recargada en la pared, respirando aceleradamente mientras sus mejillas se sonrojaban notoriamente pero luego dejo escapar una carcajada.
-Solo se está metiendo conmigo... solo eso...
Termino de cambiarse con algunas dificultades menores pero al final lo consiguió; salió a la zona de tapetes donde comenzó a hacer estiramientos que le molestaban pero no lo suficiente para que se detuviera.
Y así continuo pasando por cada área, sintiendo como sus tendones se aflojaban un poco cada tanto hasta el punto en que al fin su brazo paso la altura de su hombro aunque algunas lágrimas se deslizaron por su mejilla pero ni así su sonrisa se ensombreció. Maddy al verla se acercó corriendo, sonriendo feliz sin importarle dejar atrás a otro de sus pacientes que por suerte tenía a su lado a una enfermera. Abrazo a la morocha y bailo a su alrededor como en una danza tribal.
-¡Bien hecho, Janie! ¡Es genial... ¿ves? Todo mejorada! ¡Dale tiempo, solo algo de tiempo!
Jane asintió bajando su brazo lentamente manteniendo un ritmo que forzó sus tendones un poco más provocando que su ceño se frunciera; Maddy se colocó a su lado y con sus manos sujeto el brazo de la morocha guiándola en el movimiento sonriendo por la cercanía hasta que se convirtió en un puchero cuando la extremidad apunto al suelo.
-Deberías tomarte un momento, no quiero que te sobre esfuerces y te lastimes más.
Jane suspiro y quiso negarse pero sentía como su hombro se encontraba como adormecido por el cansancio, demasiado podría dañar sus tendones, como deportista que era lo sabía perfectamente y por primera vez tal vez en su vida, prefirió no acelerarse. Asintió mirando hacia la rubia y le sonrió levemente dejándose caer en una de las bancas cercanas donde había dejado su toalla para el sudor y una botella de jugo fresco que su madre le había preparado aquella mañana.
La rubia la siguió y se acomodó a su lado –Estoy pensando tal vez modificar un poco tu plan de ejercicios, ya sabes, para presionarte un poco más… parece que es lo que funciona contigo.
La morocha sonrió abiertamente mientras se secaba la nuca con su toalla –Me gusta la presión… aunque no me gustaría darte más trabajo del debido.
-Lo hago con gusto –. Respondió sinceramente la mujer a su lado.
Negó silenciosamente –Lo sé y lo agradezco pero no me gustaría, pues, que descuidaras a otros por mi causa… no sería justo.
Maddy le tomo la mano mirándola a los ojos –Yo quiero hacerlo; tu recuperación es mi prioridad y te daré todo el tiempo que necesites para que ocurra… además, hay otras doctoras y fisioterapeutas que pueden cubrirme con mis demás pacientes.
-En serio, no es necesario –. Susurro Jane mirándola con cierta seriedad, algo en su interior le decía que algo andaba mal en aquello pero de nuevo lo negó y solo pensó que era amabilidad que agradeció sonriéndole con amabilidad.
Un suspiro fue robado de la rubia y sonrió torpemente –Insisto, y no aceptare más negaciones.
-Ok…
-… por cierto, te noto algo animada desde que llegaste ¿paso algo? –. Miro curiosa a la morocha que solo se encogió de hombros mirando hacia otro lado a la vez que su mano se escapaba de entre las de la doctora que observo el movimiento confundida y hasta dolida silenciosamente.
-No es nada… solo tuve un buen almuerzo con Maura –. Respondió con simpleza Jane; ignorando como el rostro de la doctora se tensaba y en su mirada podía verse la molestia.
-Ah… –. Susurro Maddy –Que bien que salgas e intentes continuar con tu vida con normalidad… ¿La vez a menudo? –. Pregunto mirando el semblante de la morocha que lucía relajado y feliz.
Jane rió por lo bajo –Pues claro, estoy quedándome en su casa…
Maddy no escucho nada más, fue como si un zumbido inundara sus oídos mientras sus puños se apretaban con fuerza y su mandíbula se apretaba hasta el punto en que sus dientes le dolieron. Estaba a punto de decir, o tal vez, gritar alguna queja a ello cuando fue llamada por otra de las médicas.
Forzándola a alejarse de la morocha que no le dio importancia y solo regreso a ponerse en movimiento…
Después de un rato al fin llego la parte favorita de la rehabilitación, el tiempo de jacuzzi. Jane se metió lentamente en la enorme tina donde otro par de pacientes ya se relajaba conversando entre ellos, casi como algo natural comenzó a hablar con ellos ignorante de la mirada que se mantenía en ella.
Maddy suspiro recargando su cabeza en su mano y enterrando su codo en su escritorio. Susurrando cosas indescifrables, una férrea discusión con ella misma donde el tema principal era la morocha que continuaba moviendo un poco su brazo.
-No... no... ella no es buena... no... –. Susurro con visible desanimo hasta que asintió poniéndose de pie con seguridad comenzando su trayecto hacia la tina.
Jane reía junto a los demás, contaban los cambios que habían sufrido sus vidas a causa de las lecciones y las extrañas, y cómicas situaciones que les habían acarreado. En sus miradas podía verse la pena que albergaban pero también la fortaleza y amor a la vida que los empujaba cada día a luchar contra sus limitaciones; Jane los admiraba en silencio y había momentos en que solo observaba su mano que apenas movía sus dedos unos milímetros, y luego veía a su nueva amiga que había perdido su brazo y pierna en una misión del ejército y entonces inhalaba profundamente sintiéndose afortunada y tonta, sintiéndose honrada por tener la oportunidad de conocer a esas grandes personas.
Con una sonrisa Maddy empezó a revisar los movimientos que cada paciente realizaba en el agua, ejercicios de bajo impacto pero que ofrecían mayor flexibilidad. Por supuesto mientras lo hacía se agregó a la conversación.
-... Y dime Eva, solucionaste tu problema alimenticio –. La doctora miro a la soldado que suspiro llamando la atención de la morocha.
-Digamos que he tenido un avance... –. Respondió la mujer.
Jane no pudo guardarse la duda –¿Qué problema tienes con la comida? ¿Te dieron una dieta muy estricta o algo así?
La soldado le sonrió –Nada de eso, es que es algo difícil cocinar si no puedes usar un brazo... tu entiendes.
La morocha asintió bajando la mirada; la doctora la observo y sonrió por lo bajo –Realmente no lo sabe bien –. Los demás miraron a la mujer con interés –Esta en la faceta bebe con su familia.
-¿Enserio? Jane –. La morocha asintió con cierta vergüenza que la soldado noto y le sonrió tratando de animarla –No tiene nada de malo, todos la pasamos... el problema es la duración y cuanto te acomodes a ello.
Jane elevo una ceja –¿Cómo?
Eva suspiro –Al principio, cuando regrese a casa mi madre y hermana se turnaban para quedarse en mi casa todo el tiempo y era algo bueno, me ayudaron a no sumirme en la tristeza pero absorbieron más mi independencia de lo que la misma herida hizo... no me dejaban moverme o hacer nada hasta el punto en que mi trabajo aquí no servía nada porque ya no volvía a moverme el resto del día.
La morocha asintió comprendiendo hasta recordando a su propia madre y hermano aunque en el fondo también hallo la imagen de la cobriza –Y ¿qué paso?
-Mi hermana poco a poco empezó a quejarse de tener que detener o poner su vida de lado por mi causa; y mi madre, bueno era feliz, había recuperado a su niña y no dejaba de tratarme como tal hasta que un día no pude más. Les grite que se fueran, cambie la chapa de mi casa para que mi madre no volviera a colarse y no les respondí llamadas ni nada que ayudara a que volvieran –. Eva rio suspirando –Y mira que trataron volver; hasta que entendieron que necesitaba el espacio.
Jane asintió en silencio sumiéndose en sus pensamientos mientras los demás conversaban con la doctora que los atendía con atención aun cuando en ocasiones su mirada se desviaba a la morocha que no volvió a hablar por el resto de la sección.
Cuando todos se habían ido y solo quedaba Jane, la doctora se acercó en silencio hacia ella que caminaba con su maleta al hombro mirando al suelo dejando muy atrás el entusiasmo que la había acompañado el resto del día.
-¿Estas bien? Jane –. Maddy la miro con amabilidad mientras se acercaba a ella hasta posicionarse a su lado.
Jane asintió –Si… bueno, un poco indecisa pero nada importante.
-¿Por qué? Tal vez si me cuentas te pueda ayudar con solo escucharte –. Agrego la doctora mirándola con interés.
La morocha asintió –Pensaba sobre lo que dijo Eva.
-Ya veo –. Asintió Maddy –Yo no quise comentártelo, aun es algo pronto para que te preocupes por la faceta bebe. Es algo común en las familias; cuando llegan aquí, la mayoría ha sufrido accidentes que los han dejado al borde de la muerte así que cuando salen sus familias se apegan para tratar de protegerlos en todo momento... para convencerse de que están vivos. Les da cierta seguridad pero ignoran que su actitud sobreprotectora solo perjudica al enfermo.
-Solo quieren ayudar –. Susurro Jane.
La doctora asintió –Por supuesto, pero al dar esa ayuda inutilizan... todos los que están aquí de una u otra forma ha sufrido lecciones que les han cambiado la vida en menor y mayor grado. No solo nos ocupamos de movilidad motriz como tu caso; en algunos es ayudarles a adaptarse a las nuevas dificultades que tendrán que enfrentar día a día como Eva y el tener a alguien que te facilite, a la larga no ayuda –. La morocha suspiro con desanimo –Pero tranquila, aun no es tu caso... tu sabrás cuando te sientas lista para vivir sola; tú y solo tú.
Jane asintió en silencio observando por el cristal de la ventanilla como el auto de su madre se detenía casi frente al lugar y esta desentendida con una sonrisa en su rostro, saludando con la mano a la doctora que le sonrió y le correspondió el saludo.
-Te veo más tarde –. Dijo tomando sus pertenecías para luego acercarse a la puerta en la que su madre casi se encontraba y que en cuanto estuvo lo suficientemente cerca le arrebato la maleta del hombro a la vez que la tomaba de la mano como si necesitara apoyo.
-Puedes apostarlo –. Susurro Maddy sonriendo.
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Maura se dio la vuelta y suspiro mirando su reflejo en el espejo de su vestidor, llevaba un precioso y elegante vestido en tono vino que le hacía resaltar el rostro de una manera hermosa pero por más que el atuendo le convencía su mente no dejaba de estar intranquila.
Desde el momento en que vio a Jane salir por la puerta algo salto en su interior, una profunda necesidad de ir a su lado, de aferrarla y no soltarla; no era miedo al mundo como supuso al principio ni era ese amor profundo que quería sentirla, era un derivado de ese amor, era un recelo a esa mujer de sonrisa brillante que tan animada actitud la que le preocupaba y aunque su cabeza se repetía una y mil veces que la morocha no le fallaría, viejas heridas le susurraban toda clase de escenarios.
En la oficina se atrapo una y otra vez pensando en ella, imaginándolas juntas y la sangre le hervía como jamás lo había hecho así que se concentró en el trabajo; en los datos que le daban seguridad pero cada sonido de la puerta le recordaba a su amada y por ende, también a ella. Al fin, frente a su computador con el trabajo listo solo pudo hacer aquello que la morocha le pidió no hiciera, y casi con desesperación busco entre sus conocidos a un mejor prospecto que mintiera diciendo que era un trabajo pro bono pero su misma rectitud le impedía levantar la bocina.
Una lista se encontraba impresa esperando en su maletín, tal vez mas tarde en calma podría volver a intentar convencer a Jane. Lo necesitaba, ella necesitaba la seguridad de que nadie intentaría arrebatársela; no aun, no cuando apenas y comenzaban a construir algo que tal vez no resistiera la intromisión de alguien.
A su oído llego el sonido de la puerta principal al abrirse seguido por su voz, por su preciosa voz que la hizo sonreír como no había podido hacerlo el resto del día y quiso golpearse, gritarse o al menos reprenderse por ser tan insegura; tan dependiente a ella.
La puerta de la habitación fue golpeada y casi enseguida entro Jane con el ceño fruncido, rogando en silencio a cualquier santo que le otorgara más paciencia para aguantar a su madre pero dejo su mal genio en cuanto vio a la cobriza. Maura la miro y le sonrió con dulzura sintiendo como su corazón se derretía solo con verla, sus mejillas se sonrojaron al ver a la morocha atónita observándola de pies a cabeza y antes de que pudiera reaccionar fue aferrada con cierta fuerza por el cuello.
-Hola –. Susurro Jane confusa, abrazándola lentamente.
-Hola... –. Dijo Maura con un dejo de voz que tenso a su amada que la abrazo con más fuerza tratando de darle lo que fuera que necesitara.
-Maur ¿qué pasa? ¿Ocurrió algo en el trabajo?
La cobriza con la mirada oculta en el cuello de la agente negó en silencio mientras respiraba profundamente aquel aroma que poco a poco empezó a relajarla, se sentía estúpida –Solo quería verte...
Jane sonrió tontamente y suspiro dejando fluir su tensión –Yo también, no me gusta andar por ahí sin mi wiki.
La cobriza rio por lo bajo y se separó a mirar los ojos caobas que la miraban con adoración silenciosa –No te preocupes; puedes preguntarme todas las dudas que hallas acumulado.
La morocha sonrió de costado –Estupendo... ¿porque el cielo es azul?
Maura con seriedad se disponía a responder pero ni una palabra logro salir por sus labios que fueron dulcemente cubiertos por los de Jane. Todo desapareció a su alrededor y simplemente se saludaron dándose un poco del afecto que se habían acumulado durante el día; un beso suave y tierno que desapareció cualquier duda en sus interiores o todo mal momento de sus pensamientos, solo se olvidaron de ser algo más que no fuera enamoradas...
Hola señoritas (si hay niños, hola también) xD
Una disculpa por el retardo (recuerden que ahora actualizo cada dos semanas) pero tuve fallas técnicas... mi colitis me hizo revolcarme tres días sin poder hacer nada, mas que dar vueltas lloriqueando en mi cama T_T. Justamente en el fin de semana que me concentro en solo esta historia, osea este sábado y domingo pasado; así que no acabe el capítulo hasta hoy.
Así que sorry, espero les guste y como notaran el próximo capítulo sera la cena muahahahahahaha
Saludos y gracias como siempre por todo su cariño a la historia, ya saben que pueden decirme lo que quieran por mail privado aquí, review o twitter.
