Al día siguiente se encontró con la señora Malfoy en la sala. Un elfo le dio el mensaje que se presentara a primera hora que la señora Narcisa la estaría esperando. Y ahí estaba la señora Narcisa con una sonrisa torcida.

—buenos días señora Narcisa

—buen día señorita Hermione. No nos presentamos formalmente ayer. Tuve un día muy ocupado y ruego que me disculpes —dijo la rubia con un toque serio

—no, no hay un problema. —Hermione quería decir algo pero lo primero que dijo fue: —¿Malfoy se encuentra bien? ¿Paso algo?

Narcisa le dio una sonrisa más torcida.

—es curioso, que digas o te presentes ante nosotros como la amante de mi hijo cuando no puedes tutearlo —comento mordaz.

—y-yo yo —Hermione no podía gesticular palabra alguna parecía un pez fuera del agua.

—¿tu? —levanto la ceja la rubia

—realmente, no sé que soy para su hijo —confesó— el solo me dijo que quería ser más que amigos… y ese día tuve un momento emocionalmente irracional… yo solo quería alguien quien me abrazara —explico con la cara roja—, y además, sé que su hijo jamás se enredaría en alguien como yo. Es más, estoy 100% segura que Malfoy nunca hablo de mí y tan solo menciono algunas cosas sobre mí. Realmente me disculpo por tomar la oferta de su hijo. Pero no quería quedarme en el castillo y tampoco tengo donde ir… y… y ya no sé qué decir. —sus ojos la traicionaron y sin proponérselo empezó a sollozar—. R-realmente lo siento

Narcisa se acercó para abrazarla. Entendía que se sentía estar solo. Así se sintió ella cuando su esposo estaba en Azkaban y su hijo estaba lejos siendo amenazado por Voldemort.

Le palmeo la espalda mientras la chica rompió en llanto. La dejo llorar porque eso hacían los padres. Los padres tenían que estar para sus hijos; darles los ánimos y el alivio que ellos necesitaban.

—está bien Hermione. Todo está bien

Otro sollozo se rompió mientras la chica se aferraba al abrazo.

—todo está bien…

Todo iba estar bien.

Todo iba estar bien…