Disclaimer and dedications eternals.
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26
Propuesta
Naruto y Kakashi corrían detrás de Kiba y Akamaru, quien había encontrado a Sakura tras olfatear la playera que Sasori les entregó. No llevaban más de media hora corriendo, así que tampoco se habían atrevido a hacer alguna especulación acerca de Sasori. Hasta que no se comprobara el bienestar de Sakura, no hablarían de él. Sin embargo, Naruto confiaba en él, sus ojos eran sinceros. Además, Sakura antes había confiado en él, por lo que no existían grandes cosas en su contra.
Se detuvieron un segundo cuando Kiba alzó la mano. Akamaru había alzado las orejas, confundido.
— ¿Qué ocurre, Akamaru? — cuestionó Kiba.
Akamaru gruñó por lo bajo antes de seguir andando, cauteloso. Kiba y los demás lo siguieron con el mismo cuidado. Se escondieron detrás de un arbusto en cuanto escucharon voces cercanas.
— ¿Un equipo para matar a Sasori? — preguntó Sakura a Jūgo.
— Un equipo para hacer lo que sea que Sasuke desee. — respondió Jūgo alzando la mirada. — Orochimaru dijo que le servimos a él.
— ¿Y si él decidiera regresar a Konoha?
— Nosotros lo seguiremos. — contestó Karin inyectándole su propia sangre a Sasuke. — Es nuestro deber.
— Es algo patético. — reconoció Suigetsu, recargado en uno de los árboles. — Orochimaru quiso tener a Sasuke a sus pies y le entregó toda la libertad del mundo.
— No es tan tonto. — dijo Itachi.
Kakashi dejó escapar un jadeo de sorpresa al reconocerlo. Kiba no tardó en preguntar quién era él.
Naruto apretó los puños tras ver la escena completa: Sakura con la capa de Akatsuki charlando con un puñado de muchachos. A su lado, un sujeto de aspecto tétrico, que también vestía aquella capa, la miraba de reojo. Itachi, a su otro lado, caminaba hacia Sasuke, quien parecía inconsciente en las piernas de una chica del grupo extraño. Ella le inyectaba sangre a Sasuke, como si fuera lo más casual. La escena no parecía ser amistosa.
—Éste es el sello de la maldición. — afirmó Itachi mirando la marca detrás del cuello de Sasuke. — Será un problema si regresa a Konoha.
— Puede arreglarse. — intervino Kisame introduciendo su mano dentro de la capa. Un instante más tarde, le entregó a Itachi una cápsula con un líquido verde. — Le dolerá, pero eliminará cualquier rastro de Orochimaru en él. No sentirá nada ahora que está inconsciente.
— Entonces despiértenlo. — musitó Sakura, aún enfadada con Sasuke.
— Orochimaru, ¿ah? — preguntó Kakashi. — Es nuestra entrada. Si lo que dice Sasori es lo cierto, nadie nos hará daño. — prometió saltando hacia el pequeño claro. Karin soltó un grito de susto al ver a Naruto y Kiba hacer lo mismo. Akamaru caminó hacia ellos. — Itachi Uchiha, el hermano de Sasuke. — dijo, resolviendo la duda de Kiba.
— ¿No estaba muerto?
Itachi suspiró antes de girar el rostro y clavar sus ojos en los de Kakashi. Hacía varios años que no lo veía a tan poca distancia. Tenía mucho que agradecerle a ese hombre: había evitado que su hermano sufriera la soledad completa además de regalarle una especie de figura paterna.
— Kakashi. — saludó Itachi antes de agacharse para acercarse hcia su hermano. — Supongo que el perro los guió desde Konoha hasta acá. — dijo mientras inyectaba sobre la yugular de Sasuke el antídoto de Kisame.
Sakura sintió cómo las piernas le fallaban tras reconocer los rostros de sus amigos. No tenía ni sesenta días de haberlos dejado y ya parecían otras personas. Kakashi, Kiba, Naruto e incluso Akamaru lucían diferentes; más maduros, tal vez. Pero ninguno la miraba: todos mantenían fija la vista en Itachi.
No le importó. Corriendo, se lanzó a los brazos de Naruto, quien sorprendido, la recibió gustoso, con una sonrisa en los labios y el tema de Itachi olvidado.
— ¡Naruto! — chilló ella. — No sabes cómo te extrañe, necesité tanto de ti.
— ¡Sa-Sakura-chan! — respondió él, impresionado por el cariño en su abrazo. Por supuesto que él la había extrañado, la había necesitado. Qué tonto había sido al olvidarlo. — No vuelvas a desaparecerte de esa forma, Sasuke y yo enloquecimos sin ti, dattebayo.
— Par de idiotas. — susurró ella separándose de él para acariciar su mejilla sin dejar de llorar. — Siento tanto haberles fallado ese día.
— Sólo basta con saber que estuviste bien estos días, Sakura. ¿Verdad, Akamaru? — intervino Kiba. El perro meneó la cola antes de ladrar, dándole la razón a su dueño.
Naruto rió ante la ocurrencia de Akamaru, pero el rostro de Sakura se contrajo. Le dolía recordar cómo había tratado a Sasori y cuánto debía odiarla en ese momento por haber olvidado todo lo que él hizo por ella. Ella estuvo bien esos cincuenta días a su lado, estuvo a salvo, tuvo comida, techo, compañía… y lo echó a perder.
— En realidad, llegamos hasta el refugio donde Sasori nos entregó esta prenda. — respondió Kakashi extendiéndole a su alumna la playera gris que Sakura usó como camisón durante días. Los ojos de Sakura volvieron a emitir lágrimas, pero esta vez de dolor. — Dijo que era tuya.
— Sasori… — respondió ella tomando la playera.
Sasuke gimió antes de abrir los ojos repentinamente. Contrario a lo que Kisame había advertido, el dolor en su cuello despertó a Sasuke y lo hizo aullar de dolor durante unos segundos.
— ¿Seguros que estará bien? — preguntó Karin retrocediendo.
— Sasuke, tranquilízate. — ordenó Itachi tomando a su hermano por los hombros para obligarlo a dirigir sus ojos a él.
Sasuke seguía jadeando de dolor y no dejaba de presionarse el cuello con fuerza, sintiendo un espasmo aún peor que cuando la maldita marca apareció. Quería desmayarse como antaño, desmayarse para que el dolor se desvaneciera. Pero éste no se detuvo hasta transcurrido medio minuto.
Hebi pudo divisar que la marca en el cuello de Sasuke había desaparecido, dejando solamente una cicatriz de una quemadura.
Sasuke se apretó el pecho, sintiendo que el ardor llegaba hasta su corazón. Abrió su camisa para ver su torso. Tal y como su mente lo había imaginado, el símbolo de Konoha había desaparecido de su piel, manteniendo también una marca de erosión.
Sakura no pudo evitar el recuerdo del escorpión con el que Sasori se deshizo del reloj de arena de su aldea.
— Esa cosa quema cualquier marca de obediencia. — explicó Kisame, rascándose la nuca. — Así es como desertamos los de Akatsuki.
— ¿Quieres decir que todos tienen esa marca en el pecho? — preguntó Naruto mirando de reojo a Sakura.
— Así es. — contestó Itachi poniéndose de pie ante la mirada de Sasuke. — Ahora Sasuke no corre peligro ni es peligroso. Kisame y yo nos retiraremos…
— Espera. — dijo Sasuke tomándolo del brazo. — ¿Qué vas a hacer? ¿A dónde vas?
— Tenemos que regresar a la guarida principal a entregar el cuerpo de Zetsu y a esperar nuevas órdenes. — contestó cargando el cadáver de su antiguo compañero. Naruto y Kiba hicieron una mueca de asco al verlo.
— Quiero formar parte de Akatsuki. — aseveró Sasuke con firmeza. Itachi sonrió. Sin desearlo, Sasuke había puesto la misma mueca de enfado que cuando tenía cinco años. Aún le parecía el ser humano más tierno del mundo.
— Lo siento, Sasuke, será para la próxima vez. — prometió golpeando levemente con dos dedos su frente.
Sasuke se quedó quieto, admirando el gesto que casi había olvidado. La sonrisa en Itachi se intensificó antes de intercambiar con Sakura la capa de Akatsuki por el kyūbi y caminar con Kisame hacia su destino.
Tras unos segundos, Sasuke se dio la vuelta para enfrentar a Naruto, Kakashi y a Sakura. Aun con su coraje, Sakura le sonreía. Ella era feliz si sus amigos lo eran.
— Muy bien, ya sabemos que Sasori no era malo, que Akatsuki tampoco era malo y que el hermano de Sasuke está vivo, ¿hay algo más? — mencionó Kiba estirando los brazos detrás de su espalda.
— Sí, necesitamos prepararnos. — dijo Sakura con más vehemencia de la que sentía. — Danzou atacó a Akatsuki creyendo que eran aliados de Konoha. Es probable que el próximo asalto sea contra nosotros.
— ¿Por qué creyó que Akatsuki era aliado de la Hoja? — cuestionó Karin poniéndose de pie con ayuda de Suigetsu.
— Porque Sasori es considerado miembro de Akatsuki y él… él evitó que los ANBU me mataran. — reveló Sakura entre murmullos.
Sasuke frunció el entrecejo, recordando su pleito con Sakura. Bufó desinteresado. Seguía sin considerar a Sasori como "bueno"; la envidia que sentía por él era grande, cosa que no podía disminuir a pesar de mantener a salvo a su amiga. La fama de Sasori, su poder, era algo que Sasuke no toleraría.
— Sasuke… — le habló Jūgo. El aludido giró el rostro hacia su subordinado. — ¿Qué haremos ahora?
— Sasuke vendrá con nosotros a Konoha, 'ttebayo. — afirmó Naruto con el puño frente a él.
— Entonces iremos con él. — resolvió.
— ¡¿Y ustedes quiénes son?! — espetó Kiba mirándolos con desconfianza.
— Somos Hebi, el equipo de Sasuke. — dijo Suigetsu, cansado de repetirlo. — Es patético, nuevamente, lo sé.
— Fuimos Hebi mientras estuvimos con Orochimaru. Hoy somos Taka. — dijo Sasuke antes de caminar hacia el equipo siete. — Ellos nos ayudarán en la batalla contra Danzou. — anunció, tanto si estaban de acuerdo como si no.
— ¿Y dónde dormirán, teme? — preguntó Naruto, de inmediato caminando a un lado de él.
—Hmph, no sé; en la sala, supongo… dobe. — agregó, molesto por el adjetivo que Naruto utilizó en él.
Sakura esbozó una delgada sonrisa al ver a sus amigos de nuevo sumergidos en una absurda discusión. Tal vez era eso lo que más había extrañado de Konoha: la amistad.
— Eh, Sakura… — dijo Kiba, a su lado. Ella volteó a verlo. — Supongo que querrás que no mencionemos nada acerca de lo tuyo con Sasori, ¿verdad? Quiero decir… terminaron, ¿no?
Sakura suspiró.
— En realidad, nunca empezamos. — respondió antes de alcanzar a sus dos mejores amigos.
Si ya había cometido la estupidez de perder a Sasori, cuidaría con creces a sus amigos. Los pondría a salvo y daría todo de sí para que nadie los tocara.
Kakashi, Kiba, Akamaru y Taka los siguieron de regreso a la Hoja, de regreso a su hogar.
Sasori tomó la canasta de píldoras soldado antes de subirse a la avioneta de Deidara, quien lo miraba con el entrecejo fruncido. No le cabía en la cabeza que quisiera llevarse la media docena que aún quedaba de esos vitamínicos. Podrían haber sido hechos con cariño y mil cursilerías más, pero tenían un sabor francamente horrible. Deidara hubiera aprovechado la ausencia de Sakura para tirar todas esas cosas a la basura.
— Tendrás que ofrecerle algo más que píldoras soldado a Nagato para que acepte tu petición. — le advirtió encendiendo la avioneta blanca.
— Las píldoras son para mí, cabeza hueca. — respondió Sasori con una sonrisa. — A Nagato le ofreceré algo que no podrá rechazar. — aseguró.
Durante el tiempo que el equipo siete ocupaba para volver a Konoha, Sasori escuchó la historia que Deidara le contó acerca de el sub liderazgo de Yahiko en Akatsuki. Le habló de Nagato, el verdadero líder de la organización. Dijo que últimamente no salía de su guarida porque Orochimaru lo había debilitado demasiado en su último enfrentamiento. Sin embargo, Yahiko y Konan lo mantenían al pendiente de cada situación en el país. Nagato, por lo tanto, conocía la situación de Sasori y sus habilidades. No le sería extraño, en ese caso, que Sasori acudiera a él.
Siguieron volando por arriba del bosque. Sasori se esmeró y consiguió no bajar la mirada para buscar a Sakura entre los árboles. No tenía que distraerse: serían los treinta días más difíciles de su vida, pero serían los treinta días que demostrarían qué era lo que Sasori sería capaz por salvar a Sakura. Le importaba un rábano lo que sucediera con el país; él sólo buscaba su bienestar. Lamentablemente para él, Sakura correría peligro si algo en el país se complicara, por lo que era menester acabar con la dictadura de Danzou para salvar a Sakura.
— ¿Ves la construcción del fondo? ¿Aquella roca enorme con forma de triángulo isósceles? — preguntó Deidara a medio viaje.
— Ajá. — respondió Sasori.
—Ése es nuestro destino. Llegaremos mucho antes que Itachi y Kisame, pero no habrá problema, hn. — aseguró Deidara girando el mando hacia la guarida de Akatsuki.
Sasori se aferró de la canasta mientras veía cómo Deidara se acercaba con suma rapidez a aquel lugar. Esa avioneta era bastante útil para emergencias; era increíble que Deidara hubiera pasado un año entero construyéndola. Siempre que Deidara le decía de alguna nueva creación, Sasori lo insultaba diciéndole que no era arte lo que hacía. Claro que seguía sin creer que explotar todo era una obra de arte, pero esa avioneta en realidad era algo fuera de lo común.
— ¡Eh, danna! — le llamó Deidara.
— ¿Qué?
— ¿Te conté que preparé esta avioneta para hacerla explotar en una batalla épica? — preguntó con orgullo. Sasori suspiró. Acababa de destruir cualquier respeto que pudiera llegar a tenerle en toda su vida.
— Qué estupidez.
— ¡Claro que no! — espetó Deidara entrando en el territorio Akatsuki. — El arte es un instante.
— Cierras los ojos un instante cada quince segundos, qué pérdida de sentido, Deidara. — lo regañó Sasori.
Deidara rió. En verdad, a veces sentía que Sasori lo trataba como a un alumno y eso le parecía sumamente divertido, siendo que él era mayor que Sasori. No obstante, le agradaba ese trato. Sasori era una persona a la que valía la pena escuchar.
Con sumo cuidado, Deidara aterrizó la avioneta en un claro cercano a la guarida. Tendrían que caminar cerca de veinte metros, mas no era algo molesto. En realidad, era la primera vez que Sasori se adentraba en un bosque y prefería vivir la experiencia tan siquiera una vez en su vida.
Bajaron del vehículo y enseguida Sasori caminó hacia su destino, sin darle tiempo a Deidara para pronunciar una palabra más. Para Sasori, el perder tiempo no era una opción. No le gustaba esperar o hacer esperar; ahora sus sentidos lo obligaban a apresurarse, a preparar todo para el rescate de Sakura.
— Sasori no danna, espérame. — dijo Deidara antes de alcanzarlo. — Créeme que Nagato no se moverá de ahí, no tienes por qué caminar tan rápido.
— No lo entenderías, es cuestión de tiempo. — respondió Sasori acelerando el movimiento en sus piernas hasta llegar a trotar suavemente. Deidara lo acompañó, tratando de comprender cuál era el problema de Sasori.
La entrada a la guarida era pequeña; consistía en una puerta redondeada que apenas se sostenía por sí sola. Sasori supuso que se trataba de una ilusión bastante fuerte de Itachi. Giró el cuello y encontró varios espejos atorados en los árboles, creando formas unos con otros para despistar al viajero.
Deidara se adelantó y abrió la puerta, ya acostumbrado a las habilidades de Itachi. Sasori lo acompañó enseguida, tomando las seis píldoras soldado con las manos para guardarlas en su pantalón. La canasta la arrojó a la pared del estrecho pasillo por donde Deidara lo llevaba.
Era frío, a pesar de todas las lámparas a su alrededor. Mientras avanzaban, a paso lento, el pasillo fue agrandándose y revelando cuadros muy similares a los que había en Artis gratia ars. Los símbolos que había ahí ahora los comprendía como la marca de cada miembro de Akatsuki. Se preguntó qué recibiría él si Nagato aceptaba su propuesta.
Entraron a una sala enorme con cuatro columnas viejas de un color vino. En las paredes había sillones, armarios, mesas y diversos muebles. Sasori reconoció el estilo de la madera; el comedor en Artis gratia ars lo habían llevado de esa guarida.
Deidara, a su lado, miró cómo los ojos de Sasori adquirían interés por tal o cual objeto a su alrededor. Parecía que su prisa se había esfumado a causa de la curiosidad.
— Detrás de esa columna, se encuentran las habitaciones. Son tristes, pequeñas y aburridas. — dijo Deidara señalando a su derecha. — Y al fondo de esta habitación está la enorme cocina donde todos nos preparamos los guisados que más nos gustan. Me pregunto quién nos conseguirá la comida si Zetsu no está. Prácticamente, ésa era su única función. — añadió, pensativo.
— Pueden ir ustedes mismos. — sugirió Sasori mirando un cuadro color morado con el kanji "esfera".
— Tal vez, pero será aburrido. Y Kakuzu no querrá darnos el dinero suficiente, te lo aseguro. — bromeó. — Anda, vamos a ver a Nagato. Pórtate bien y sé respetuoso. Se verá débil, pero por algo es el jefe.
— No me digas que le tienes miedo. — se burló siguiendo a Sasori a unas escaleras cortas frente a él.
— Por supuesto. Cualquiera con sentido común le temería. — aseveró deteniéndose frente a una puerta grande con un grabado que Kakuzu había hecho tiempo atrás. "Akatsuki" se leía.
Sasori se sorprendió de la firmeza en las palabras de Deidara y en la duda en su rostro. Empero, Sasori no estaba ahí para dudar de sus acciones. Con un movimiento, empujó la puerta haciéndola rechinar. El ambiente en la habitación a la que entraba era muy diferente a la del resto de la guarida. A pesar de que también era frío, el olor que desprendía era similar al que Sasori aspiraba cada vez que trabajaba con cuerpos humanos para crear sus marionetas. Además, el cuarto era de un color verde oscuro, denigrando la luz en el candelabro enorme en el techo. Sasori paseó su mirada por el lugar, fijándose en los pocos muebles que había: un armario, un librero, una mesa, un águila de pie en una vara de madera, una cama matrimonial y una silla alta, donde lo miraba un hombre flacucho con los ojos extrañamente de color morado y el cabello rojo pálido.
— Tú eres Sasori de la Arena Roja. — dijo Nagato desde la silla, sin moverse.
Sasori no respondió. Era cierto que sus ojos completamente morados causaban temor, pero él no lo demostraría. Ante la sorpresa de Deidara, Sasori caminó con decisión, pensando únicamente en su objetivo. No importaba qué era lo que Nagato fuera, tendría que ganárselo a como diera lugar.
— Y tú eres Nagato, líder de Akatsuki. — respondió una vez estuvo a dos metros de él. Deidara se quedó a varios metros de él.
— Hmph, tienes agallas al acercarte así a mí, muchacho. — dijo. — ¿Qué haces aquí? — preguntó. A pesar de su apariencia, Sasori se percató de que se trataba de una persona muy amable.
— No pareces sorprendido por mi presencia. — contestó Sasori, reconociendo en sus gestos la espera concluida.
— Conozco los rumores: Danzou atacará Konoha. Y según Yahiko y Konan me informaron, tu amiga Sakura Haruno pertenece a esa aldea. — reflexionó Nagato.
— ¿Aldea? — repitió Sasori, encarnando una ceja.
— Debes recordarlo, Sasori, antes de que Danzou Shimura dominara el país, Konoha y Suna eran aldeas, no trenes. A mi gusto, Konoha, Suna y las otras aldeas sobrevivientes siguen siendo eso: aldeas. — explicó con una muy pequeña sonrisa.
— Ya. — respondió antes de pensar durante unos segundos cómo dirigirse al líder de la organización revolucionaria más importante. — Supongo que no debo comunicarte qué hago aquí, en ese caso. Tú lo sabes.
— No obstante, insisto en que tú me digas tus razones para estar frente a mí. No has dejado Artis gratia ars, prácticamente nunca. ¿Qué te ha impulsado a dejar el confort que te ofrecimos?
Sasori desvió la mirada, incapaz de decirle que era el amor lo que lo había orillado a viajar en la avioneta de Deidara para aliarse con un puñado de locos revolucionarios y así salvar a la mujer que amaba. Eso sonaba tan fuera de él que hasta se sorprendía que palabras como "amor" cupieran en su vocabulario mental.
— Le debo mucho a Sakura Haruno. — respondió con simpleza. — Y ella merece que Konoha cumpla con su cometido.
— ¿Le debes tanto como para salvar a toda una aldea? ¿Qué fue lo que hizo esa muchacha? ¿Acaso fue la simple poción para tu abuela o tiene que ver un asunto más sentimental?
— ¿Vas a ayudarme o no? — espetó apretando los puños.
— Supongo que es algo bastante personal lo que estoy preguntándote y lo lamento. También espero que sepas que le estás pidiendo ayuda a Akatsuki y que no sólo por tener como amigo a Deidara podrá ser fácil para ti. — aclaró colocando las palmas de las manos sobre los brazos de la silla, para enfatizar sus palabras.
—Lo sé. Tampoco me gusta deberle nada a nadie. — respondió antes de bajar la cabeza, como símbolo de súplica verdadera. Poco a poco, dejó caer la rodilla derecha al suelo mientras entrelazaba los dedos en la izquierda. — Durante mucho tiempo, Yahiko y Konan han insistido que me una a Akatsuki. Si salvan Konoha, si luchan al lado de ésta, daré mis servicios completos a esta organización. — prometió.
— Sasori no danna… — susurró Deidara, asombrado por el acto tan sublime de Sasori. No creyó que fuera a pedírselo de ese modo, que fuera a arrodillarse sólo por la seguridad de Sakura. Una persona tan orgullosa como Sasori simplemente no podía hacer eso. De verdad tenía que amar a Sakura como para atreverse a suplicar de rodillas.
— Sólo respóndeme una cosa, Sasori de la Arena Roja: esa muchacha, Sakura Haruno, ¿qué pasaría si a pesar de nuestro apoyo, no sobreviviera? — preguntó Nagato cruzando los dedos frente a su barbilla.
El rostro de Sasori se alzó de inmediato, tan rápido que sintió cómo tronaba su cuello. No, no sopesaba esa posibilidad porque él no permitiría que ella siquiera se acercara a ese punto.
— No ocurrirá nada parecido. — afirmó, enfadado.
— Lo que pides es cuidar a toda una aldea, nosotros somos nueve personas, contándote. Será imposible que no haya por lo menos un muerto en la batalla, puede que alguno de nosotros muera también, así que no es inadmisible que Sakura Haruno…
— Es inadmisible. — contradijo Sasori.
— ¿Comprendes el estado en el que ella se encuentra? Será el primer objetivo en la guerra. — insistió Nagato.
— Ella tiene una habilidad increíble de ataque y defensa, no les será fácil tocarla aunque yo no esté. — argumentó un orgulloso Sasori. Deidara esbozó una sonrisa. Sí, en definitiva, Sasori amaba a Sakura más de lo que cualquier persona pudiera imaginar.
— Sin embargo, necesita nuestra ayuda, ¿no es así? ¿A pesar de que todo Konoha está entrenando? — inquirió, interesado en su respuesta.
— Prometí que vería por su bienestar y eso haré. Nadie tocará a Sakura porque ella no es ninguna chica débil y tonta. Además, Sakura tiene una familia por la cual sobrevivir. Y, añadido a eso — dejó escapar un hilo de sus dedos para atravesar con una aguja senbon el cráneo del águila de Nagato. — soy bastante rápido como para impedir una agresión a Sakura.
Nagato sonrió. Ésa era la actitud que había buscado ver en Sasori. Ahora comprendía la valía de esa niña, ahora comprendía por qué Yahiko y Konan insistían en que Sasori era un muchacho con un corazón entrañable. El único problema era que no cualquier persona podía acceder a él; sobre todo en menos de cincuenta días.
— Toma un par de capas de los armarios que hay por la guarida y nos veremos en veintinueve días para preparar la defensa de Konoha. — dijo Nagato sin dejar de sonreír. — Prepara tu arsenal, Sasori de la Arena Roja. Tú tienes suficientes agallas como para derrotar a Orochimaru; también se lo debes a Chiyo-bā.
Sasori asintió, sin sonreír. Por supuesto, esa maldita serpiente sería suya. Chiyo y Sakura habían sufrido demasiado por ese fenómeno. No permitiría que Orochimaru les hiciera más daño a las personas que quería.
Sin decir una palabra más, se puso de pie y caminó hacia Deidara, quien lo veía con orgullo. Ése era el sujeto al que admiraba y por esas razones lo consideraba su maestro.
— Muy bien, Sasori no danna, ¿vamos de regreso a Artis gratia ars? — preguntó pasándole un brazo por los hombros, haciendo notar su diferencia de estatura mientras salían de la habitación del líder de Akatsuki.
Sasori pensó unos segundos en esa pregunta. Si bien tenía el apoyo de una gran organización que causaba miedo con sólo el nombre, no creía que tuvieran una gran ventaja contra los extraños elementos que Orochimaru prepararía para el ataque; además, aún quedaban ANBU para matar. Konoha podía entrenar lo que quisiera, pero aún no era suficiente. Sasori temía porque las palabras de Nagato se cumplieran. Sasori no podría vivir con esa realidad, no podría y no quería comprobarlo. Necesitaba encontrar más apoyo, más refuerzos.
La respuesta llegó de inmediato a su cabeza, como si hubiera esperado durante días por salir.
— Haremos una parada, Deidara. Será rápido, lo prometo. — dijo enfundándose en una capa que le iba un poco grande.
Oficialmente, Sasori ya pertenecía a Akatsuki.
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¡Hola!:
Muy bien, aquí está por fin la afiliación de Sasori en Akatsuki. Ojalá les haya gustado este capítulo; el SasoSaku implícito en este capítulo es muy importante - sobre todo por parte de Sasori. Aunque sé que tal vez esperan que ya sea el reencuentro, los perdones y todo eso; pero deben recordar la situación en la que todos se encuentran. Es un fanfic romántico, mas Danzou está aquí para jodernos a todos. Ni modo, así las cosas.
Por otro lado, Sasuke ya no pertenece a Orochimaru y a Konoha - oficialmente. La neta, la neta, lo hice sufrir un poco para vengarme por lo que yo solita escribí. Pero no lo odien más, aunque está de "envidia mil", hará algo bueno. Lo prometo.
Y... bueno, Naruto es amor, así de sencillo. No tiene nada que ver en este capítulo, pero quería decirlo.
Les mando un fuerte, fuerte abrazo. Y a los que están en mi situación de "final de semestre", les deseo suerte en este último empujón.
Andreea Maca.
