Nota del autor:

24 de enero de 2013. En esta fecha se da por finalizada la primer ronda de negociaciones del 2013, y por tanto, debería de darse por concluido el primer punto tocante a la política agraria. Recientemente las FARC han solicitado la presencia del ministro de agricultura, para poder discutir en la mesa de negociaciones el plan agrario de desarrollo, por lo que he tenido que tocar esto, y también la acerada división entre el ex presidente Uribe y Santos-sama.

Recientemente, en declaraciones hechas ante la prensa los negociadores de las FARC han solicitado la presencia del ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo en la mesa de diálogo, agregado a la posibilidad de la convocatoria de una asamblea nacional constituyente que ratifique los acuerdos a los que se alcancen a llegar en medio de las negociaciones. Santos ha negado de tajo prácticamente ambas proposiciones, aunque sin embargo se ha puesto en discusión un referendo que ratifique los acuerdos. Solo queda entonces esperar, aunque decirlo suene repetitivo.

Ya con respecto a lo segundo, quiero explicarlo para los que sean extranjeros la situación que se ha desatado ente Santos-sama y Uribe. Durante los dos periodos presidenciales de Uribe era notoria y evidente su unión y confianza con Juan Manuel Santos (por ese entonces su ministro de defensa). Ya después del triunfo de Santos en 2010, se empezó a notar una marcada división entre él y su ex superior al mando con ciertas medidas que tomó apenas iniciar su mandato. Y con el paso de los años (del 2011 para acá) la división se hizo más marcada con cruces verbales, pullas, ataques de lado y lado, agregado al hecho de que intentan no cruzar ningún tipo de palabra durante actos públicos donde su presencia es requerida. Las cosas tomaron un cariz mucho peor en recientes días, cuando el ex presidente Uribe por Twitter-sama se atrevió a decirle al presidente Santos "canalla", algo jamás sucedido durante los años de disputa entre estos dos. Y por más raro y curioso que suene, Álvaro Uribe Vélez en meses pasados solicitó la convocatoria a una Asamblea nacional constituyente, cosa más rara.

Para variar, este capítulo lo narraremos desde la perspectiva de Noru. También merece algo de protagonismo, no cualquiera se mete en semejante boca del lobo. Fuerza Noru!

Comenten, se los suplico, sus comentarios siempre son tenidos en cuenta.

Melisa: lo que intento relatar con los capítulos que aluden a la situación del gobierno Chávez es como esto afecta los diálogos de La Habana. No me siento con la autoridad moral para tocar un tema tan espinoso como ese, dado que solo conozco la situación de forma superficial (por si no lo has notado, soy colombiano). Sin embargo te recomiendo un one-shot con Fem! Venezuela llamado "réquiem para un final" de Littlemonsterstick, una autora de Venezuela que puede conocer de primera mano lo que sucede.

Capítulo 25: una concepción de "democracia".

La Habana, el 16 de enero de 2013 por la mañana.

El nuevo día se iniciaba con la rutinaria agenda de siempre. Lukas se levantó temprano, indiferente a todo y sofocado de calor. No estaba aún acostumbrado al clima excesivamente cálido de La Habana , agregado a que siempre había dormido con pijamas abrigadoras, por el frio nórdico al que estaba acostumbrado. Quizás después de que pudiese concluir todo aquel meollo de los diálogos se podría tomar unas cuantas pequeñas vacaciones en el fin del mundo, o mejor dicho, en la isla de Svalbard, solo o con Mathias[1].

Por lo visto Manuel dormía aun como un lirón, también con un pijama color azul. Carlos, con una playera blanca y una pantaloneta roja sin mangas retozaba aun en su habitación, roncando a pierna suelta. Al reino de Noruega le daba lo mismo que su homólogo roncase como un motor de auto usado, pues estaba ya acostumbrado a los ronquidos del danés. Pero al descender, hacia los cuartos del primer piso nota que están vacíos. Ambos.

No quiere pensar lo que están haciendo esos dos. Y no hablan precisamente de política, o de la situación reinante en Venezuela, o de las recientes declaraciones. Aunque no le veía ningún problema tomarle un par de fotos a esos dos, enviárselas a Hungría, para así ganar una gruesa suma de dinero por semejante material, aunque no le interesara hacerlo. No es que necesitara del dinero, pero unos cuantos euros no le vendrían nada mal.

Se dirige hacia la cocina, aunque inevitablemente tiene que pasar por la sala. Son cerca de las 6:30 de la mañana, y el sol empezaba a despuntar en la ciudad, amén de que toda la rutina consabida vuelve a su ritmo. Pero le es inevitable curiosear un poco en el balcón de la sala, viendo a Juan Pablo y a José Francisco desnudos, recostados ambos en la silla de la sala, dormidos. Ya suponía que habían hecho en medio de la noche, aunque nota unas débiles lagrimas rodando por la mejilla del venezolano, y como los dos se aferraban de tal forma que no deseaban separarse jamás.

Los miraba con indiferencia aparente, pero en sus adentros deseaba tener a Dinamarca en situación semejante. Y también le ronda la idea de tomarles unas cuantas fotos, la idea de hace unos instantes no le vendría nada mal, aunque eso sería incorrecto en todo sentido.

Decide entonces optar por algo más prudente. Regresa a su cuarto por un par de sábanas, y al retornar las extiende sobre la pareja de bellos durmientes. No se siente con la capacidad de despertarlos, de interrumpir tan íntimo instante de privacidad. No sería agradable que su relación se ventilase, y que a Antonio le diese un soponcio al saber que dos de sus hijos más "consentidos" están juntos en semejante relación cuasi-incestuosa. Pero el deber llama, así que los tiene que despertar.

―¿descansaron bien el par de tortolitos? ―atinó a decir mordaz el noruego de ojos purpura.

―eh,… yo… no es lo que… ―respondió el colombiano atarantado, mientras que su hermano le abrazaba de nuevo, rodeando con sus brazos su cuello.

―no tienes porqué excusarte. Pero ten en cuenta que es mejor que hagas "tus cosas" en un cuarto, como la gente decente, no vaya a ser que "cierta persona" te vea y un día de estos, quien sabe, te encuentres un videíto por internet en donde tú y tu hermano salgan de protagonistas, y no precisamente en una posición muy cómoda.

Lo sabía porque lo había sufrido en carne propia. Media Europa era acosada por Hungría que prácticamente en su afán de buscar material fresco, tenía redes bárbaras de espionaje tan eficientes como las de la KGB o la Stasi.

―lo tendré en cuenta.

―vístete rápido, que ya va siendo hora de que salgamos a la ronda de hoy. Y despierta a José rápido, antes de que me vea y me tilde de pervertido voyerista.

Dicho esto se retiró. Dejó las dos sabanas en la mesita de la sala. Se dirigió hacia la cocina, y preparó una bebida caliente, a pesar del calor matutino que empezaba a sentirse en la atmósfera. Juan simplemente miró con sus ojos verde esmeralda a su hermano, jugueteando con su pelo. Desea que ese momento se eterno, pero Luke tiene razón, el deber llama.

—oye… dormilón. —le musita cariñosamente al oído— despierta…

—eeeh, ¿Qué horas son?

—no te preocupes, es temprano.—le responde el colombiano.

El pelirrojo tiembla un poco. Juan Pablo toma una de las sabanas.

—lo mejor es que te cubras, no quiero que te enfermes.

Dicho esto le extiende por encima una de las sábanas.

Noruega sin embargo no resiste interrumpir tan delicioso momento, porque hay que apresurarse y el tiempo corre.

—buenos días José —exclama de forma algo irónica el noruego.

Su rizo se movió levemente. José se cubrió con la sabana, enrollándose la cadera con esta, improvisando una túnica. Juan estaba algo avergonzado, pues parecía que Lukas no le quitaba la mirada, y eso en cierto modo le intimidaba.

—¿podrías retirarte?, es que me da cosa que estés cerca. —atinó a decir el colombiano avergonzado.

—tranquilo Juan Pablo, no tienes nada que no haya visto ya con Mathias…

Y por alguna extraña razón, parecía que sus pensamientos llegaban a girar alrededor del danés en esos instantes, las pocas veces que lo había visto desde el comienzo de los diálogos, la última vez que pudo estar con él esa noche de navidad en su chalet, desatando su pasión contenida al lado de la chimenea.

Sin embargo, notó un libro caído. Parcamente se agachó y lo recogió, mirando la cubierta con atención. Sabía al menos el suficiente español como para darse a entender y desenvolverse con claridad durante los diálogos. Algo de literatura ligera no le vendría mal en esos momentos. Pero es de la biblioteca de su anfitrión, así que lo mejor es devolverlo a su sitio.

Carlos y Manuel se levantan algo más tarde que de costumbre. Organizan el desayuno y lo sirven también al aire libre, al pie del naranjo del jardín, en la misma mesa de piedra de la anterior ocasión. Las flores de naranjo empezaban de nuevo a despuntar, dándole un colorido y vivaz tono a los tonos verdes del árbol.

—Carlos, deberías de ir a un médico —afirmó el chileno— roncas como un motor fuera de borda, me vas a sacar el quicio!

—te aguantas —exclamó el cubano— no creo que ronque tan duro, ¿no es verdad chicos?

No sabían que decir, intentaron evadir la responsabilidad de decirle a Cuba que roncaba atrozmente. Sencillamente les era difícil quejarse de un anfitrión tan atento y querido como lo era Carlos Machado, representación de la república Cubana.

—ehh… creo que tengo unos documentos pendientes por revisar, adiosito —exclamó el colombiano azorado y salió rápidamente del jardín.

—yo… creo que mi vice me necesita —dijo el venezolano de forma evasiva, saliendo como "volador sin palo".

Chile también se fue.

—Algo se quema en la cocina, YO VOY!

Y salió corriendo.

—¿y a estos que les picó? —inquirió el cubano perplejo.

—no quieren decirte la verdad, Karl… y si, roncas mucho. —soltó el noruego— pero consuélate, Mathias ronca peor que tú.

Eso dejó perplejo al cubano. Ya después de terminar, se arreglaron y salieron con destino hacia el palacio de convenciones en donde le esperaban ambas delegaciones de negociadores.

Ya en el palacio de convenciones…

Después de un rápido, agitado y tensionante viajecito en el que era más que evidente el silencio incómodo con que todos se miraban, llegaron a la portada del palacio de convenciones, en donde todos les esperaban. La prensa toma unas cuantas fotos, las naturales declaraciones de siempre, preguntas comunes y corrientes. La prensa se enfoca especialmente en José, preguntando persistentemente por el estado de salud de su presidente. Y no sabe cómo responder frente a la sarta de preguntas de la prensa, aunque no puede esperar el brazo protector de Juan Pablo, abriendo paso en medio del caótico desorden que había generado su presencia.

Pero notan a dos agentes del gobierno venezolano que parecían esperarlos. Los acompañaba el nuevo canciller del gobierno chavista, Elías Jaua.

—sabes bien que tu deber es estar al lado del comandante presidente, José —le dice de forma dura y fría el diplomático.

Juan lo mira iracundo. Lukas advierte la tensión entre la nación colombiana y el funcionario. José mira con atención el ambiente, la patente incomodidad y sumisión.

—tengo que ponerme al tanto de la situación con el proceso de paz, señor —dijo José de forma sumisa— mi presencia es necesaria con…

—tu presencia es necesaria en el hospital con el comandante, José —le cortó intempestivamente Jaua— no aquí. Tenemos bastante con nuestros delegados que perfectamente pueden hacer ese trabajo.

Colombia apretaba los puños, conteniendo una rabia sorda e impotente que quería salir a flote. Otra de las recomendaciones de su mandatario, al momento de despedirse en el aeropuerto surgía de nuevo.

"el silencio es la mejor defensa Juan, recuérdalo. Por más que estés tentado a dar tu opinión, no lo hagas: ni a favor, ni en contra. En todo lo que está pasando con nuestros vecinos, lo mejor es el silencio y la prudencia".

Pero el estupor era evidente al ver el estado de sumisión servil en el que estaba su hermano. Sentía un enorme asco al verlo así, en ese instante, amonestado como un vulgar niño chiquito. Y extrañamente recordó a Antonio, en los tiempos de la colonia cuando lo amonestaba con severidad. Y aunque no le guardaba ya rencor al español, sintió una enorme repugnancia al ver que las cosas parecían repetirse.

—pero…

—pero nada. Nos espera un auto de la cancillería cubana que te llevará a la clínica. —siguió Jaua de forma cortante— y recuerda bien tu lugar José. Ya no está aquí, sino que está al lado de tu superior en jefe.

Noruega miró al funcionario con una desaprobatoria y fría mirada. Colombia aun apretaba los puños, mientras Venezuela se intentaba aferrar a uno de sus brazos. Cuba estaba respondiendo a unas cuantas declaraciones de la prensa, indiferente hasta cierto punto. Chile por su parte, también contenía su patente incomodidad, mirando con reproche iracundo a Jaua.

La mirada de triste desesperación invadía al venezolano. El colombiano estaba como una estatua, intentando no reaccionar mientras la prensa los miraba atentos. No quiere soltarlo, quiere abrazarlo hacia sí y llevárselo consigo a un lugar seguro para que no sufra. Le duele enormemente lo que le sucede, lo ha vivido en carne propia pero la conveniencia política le dicta que silencie sus verdaderos sentimientos.

Por más que le doliera tenía que dejarlo ir. Aunque sin embargo, no deseaba dejarle las cosas así como así.

Lo acerca hacia sí. Los dos se miran fijamente. A ellos dos les importa poco que la prensa los mire, que ya estén reclamando la presencia de ellos en la sala de conferencias, que la señorita Nieljmeier y el doctor de la Calle los estén esperando.

—perdóname por dejarte. —le dice suavemente Colombia, sus ojos color verde esmeralda están llorosos de impotencia.

Impulsivamente acerca el rostro de su hermano hacia sí, dándole un apasionado beso enfrente de todos, mientras las lágrimas fluían de entre ambos con esa desesperación brutal que los invadía. La prensa no cesaba de tomar fotos, las miradas de estupor de algunos concurrentes no se hicieron esperar, aunque las naciones estaban en cierto modo indiferentes frente al drama personal de aquellos dos. Jaua entonces corta repentinamente el momento, jalando de forma brutal al venezolano de cabellos castaños, el cual de forma triste sale de la portería, aun con las lágrimas entre sus ojos, triste e indiferente, mientras que el funcionario venezolano miraba al colombiano con un evidente asco.

—tenemos que entrar —le dice suavemente el nórdico, después de ponerle una mano reconfortante en uno de sus hombros.

Evadieron entonces el barullo de la prensa, ingresando al interior del palacio de convenciones. Y al otro lado del atlántico, un español de ojos color aceituna escupía con consternación el café de la tarde, al ver la escena que sus dos hijos acababan de dar. Y prontamente, en cierta ciudad húngara a orillas del Danubio, cierta húngara de vivaces ojos color verde prado, buscaba azorada su pasaporte y reservaba un vuelo sin escalas hacia la Habana, Cuba.

Lukas lo orienta, dirigiéndose hacia la sala de conferencias. No se siente con la autoridad para poder discutirle a su colega lo que acababa de hacer, es un acto tal vez demasiado valiente o demasiado desesperado lo sucedido en la portería a su entrada. Los negociadores estaban esperando desde hacía ya mucho, aunque Humberto de la Calle tiene un tacto impresionante al acallar lo sucedido. Ya Tanja Nieljmeier nota en cierto modo que el repentino romance que se ha revelado al mundo puede servir a la causa socialista latinoamericana, pero no lo considera prudente. No sería justo que el amor que ellos dos tienen, ilícito y todo por sus lazos de hermandad (pues es un incesto en toda propiedad y extensión de la palabra) se politizara. No, se notó en ese instante el genuino y silencioso sufrimiento que ambos comparten, esa muda impotencia que invade a Colombia, y que le impide decir claramente lo que piensa.

—tenemos un retraso de 20 minutos, y no podemos permitirnos desperdiciar más tiempo —sentenció Frank Pearl.

Empezaron entonces con la rutinaria discusión, proponiendo la comparecencia del ministro de agricultura ante la mesa de negociaciones. Saben que es innecesario, que es una estrategia para ganar tiempo y seguir dilatando las conversaciones en ese punto. A pesar de que habían concordado ambas partes en decir que "se necesitaba celeridad", evidentemente no se cumplía esa premisa. Día tras día las discusiones eran un constante contrapunteo político e ideológico entre dos visiones diferentes del mundo, dos concepciones políticas distintas que chocaban continuamente. Lukas era consciente de eso: sus años de negociador lo habían dotado de una espartana paciencia frente a todo este asunto de los procesos de negociación. A el recurrían siempre las naciones desesperadas y cansadas de sus tremendas guerras civiles, conflictos eternos e insalvables de años y años de muerte y destrucción. Pero por mucha paciencia, y mucha disposición de negociar, todo dependía claramente de la voluntad de ambas partes.

—insistimos en la necesidad de una asamblea constituyente para que se ratifiquen los acuerdos, para que el cambio sea realmente de fondo señores —exclamó entonces Iván Márquez— el pueblo debe de despertar hacia la realidad de la nueva Latinoamérica.

—se ha dicho, se repite y se repetirá de nuevo, señor Márquez —atinó a responder De la Calle— no podemos convocar a una asamblea constituyente, es improcedente… la constitución de 1991 tiene herramientas suficientes para garantizar la libre participación política después de superada la etapa del postconflicto.

Noruega había leído con atención impasible la constitución colombiana. Como negociador, tenía que conocerla al derecho y al revés. Los constituyentes de 1991 habían previsto la posibilidad de un diálogo en un futuro no muy lejano, los grupos insurgentes podían tener representación en el senado, siempre y cuando cumplieran con las condiciones debidas.

—nosotros pensamos claramente que la constitución de 1991 es una burla a los reales intereses y anhelos del pueblo, una ley corrupta que sirve a los intereses de los grandes oligarcas de siempre —dice entonces Granda de forma mordaz.

—No admito insultos con mi carta constitucional —exclamó el colombiano de ojos verde esmeralda— ¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE REPETIR QUE NO HABRÁ UNA HIJUEPUTA CONSTITUYENTE? —espetó iracundo el colombiano— ¡¿CUÁNTAS?!

Lukas miró silencioso la reacción histérica de su homólogo. No parecía estar en sus cinco sentidos. Y eso era preocupante. Para atemperar los ánimos pidió la palabra.

—señores… como dijo el señor Humberto de la Calle, convocar a una asamblea constituyente es inconveniente —dijo Noruega de forma seria y práctica, mientras en su mano tenía un ejemplar de la constitución colombiana— he leído con detenimiento la constitución de Juan Pablo, y no encuentro problema alguno con ella.

—usted no tiene derecho de opinar, es extranjero —intervino Sandra Ramírez de forma seria, intentando buscar un quiebre a la intervención del mediador noruego.

—si señora Ramírez, soy un extranjero —afirmó Noruega— pero eso me da la facultad de ver las cosas desde una óptica distinta —posteriormente buscó entre el ejemplar de su constitución, un artículo en especial. El libro tenía unas cuantas anotaciones manuscritas hechas precipitadamente con esfero, algunos artículos estaban resaltados con marcador. A pesar de que estaba en español, tenía anotaciones manuscritas al margen en noruego, que el mismo Lukas había hecho—según tengo entendido, la constitución colombiana establece tres herramientas para su reforma: una asamblea constituyente, un referendo y un acto legislativo.

—si, ya lo sabemos —intervino entonces el comisionado Botero.

—para que el acuerdo sea aprobado, no necesariamente se necesita de una asamblea constituyente. Un referendo es la opción más sabia, pues expresa con más claridad los deseos del pueblo frente a la aprobación o el rechazo al acuerdo.

—pero existe el riesgo de que rechacen el acuerdo —exclama entonces Andrés París— miren lo que pasó con el proceso de Guatemala. Se convocó a un referendo para que el pueblo aprobara el acuerdo de paz, pero fue rechazado. Un referendo no es garantía de que sea aceptado el acuerdo final, las conclusiones de esta mesa serían aprobadas de forma más eficaz a través de una asamblea constituyente.

—pero es más realista señor París —insiste el nórdico, su rizo parecía moverse levemente— claro, existe un riesgo, pero es una medida mucho más efectiva que la convocatoria a una asamblea de este tipo.

—una constituyente es el ejemplo más claro de democracia, señor Bönndevik. —insiste Iván Márquez.

Resopló cansado.

—¿conoce a Vash Zwingli, señor Márquez?

—claro, pero no en persona. —dijo el jefe negociador de la guerrilla— la gloriosa confederación helvética es un ejemplo claro de pluralismo y democracia para Europa misma.

—Vash y yo nos llevamos a las mil maravillas, a pesar de las guerras y todo el asunto de su neutralidad. —dijo entonces Noruega— pero no quiero hablar de mi relación con él, sino de una pequeña demostración de lo que llaman ustedes "ejemplo de democracia". Para que se puedan aprobar proyectos de ley, después de que han pasado por las cámaras y han sido sancionados por el presidente federal de Suiza, cualquier agrupación de ciudadanos puede solicitar un referendo para subvertir o ratificar esa ley[2]. Siguiendo esta premisa, Vash tiene que atender casi 20 convocatorias de referendos cada año. Y para eso nunca ha requerido invocar una asamblea constituyente.

—un referendo no representa enteramente a la ciudadanía, señor. —insiste Márquez de forma obstinada— es improcedente.

—no lo es. El acuerdo puede ser puesto en discusión, y sencillamente se convoca a un referendo que apruebe o desapruebe el contenido del mismo. —Atinó a decir Noruega. Luego, concluyó de forma ecuánime, después de tomar un vaso de agua— el pueblo tiene una voluntad voluble, dependerá de él ratificar o rechazar las conclusiones de esta mesa. Si lo ratifica, esplendido, ya podré decir que mi trabajo está hecho, pero si sucede como pasó en Guatemala simplemente tendremos que regresar a la mesa de negociaciones y corregir lo que está mal.

—el señor Noruega tiene razón. Es lo más pertinente. —afirmó Humberto de la Calle.

Noruega volvió a tomar su asiento. Colombia lo miró, con algo de asombro. No por nada la fama de Lukas como negociador no era inmerecida. Su mediación era útil en todo sentido, y no como hace cerca de 14 años atrás, cuando todos intentaron ayudarlo, más no pudieron debido a los incesantes conflictos y discusiones en aquellas negociaciones, que le parecían recordar a una reunión común y corriente en la ONU. Un completo desastre, del cual parecía ser protagonista Francia, que de acuerdo al criterio de la nación noruega era un "negociador inútil e ineficaz".

Sin embargo, Noru parecía advertir que sus proposiciones esta vez sí serían tomadas en serio. Aunque solo quedaba saber, si al menos encontrarían otro punto en común entre ambas partes, a medida que pase el tiempo.


[1] A partir de este capítulo establezco la corrección correspondiente para el nombre de Dinamarca: Mathias Køhler.

[2] Para que se pueda admitir un referendo en el sistema electoral suizo, se deben de presentar 300.000 firmas respaldando la solicitud, si es a nivel cantonal, o 500.000 firmas si la solicitud es a un nivel federal.